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20/6/24

Caso Carioca: El balance de las víctimas de trata que osaron destapar a guardias y proxenetas en el ‘caso Carioca’: olvidadas, “humilladas” y hasta muertas

 "Para unos ha salido gratis; para otros, a precio de saldo. El caso Carioca sobre la mafia del proxenetismo en Lugo fue tan grande y se dividió en tantas parcelas que es difícil echar la vista atrás y entender cómo aquel terremoto —que abrió las cloacas e hizo tambalear desde hace más de 15 años el apacible equilibrio de la pequeña ciudad gallega— ha tenido tan pocas consecuencias para los culpables. De todos los procesados, proxenetas y agentes del orden aliados con los dueños de los prostíbulos, el único que está entre rejas y que seguirá por un tiempo es el cabecilla de la trama, el temido dueño de los clubes Queen’s y Colina, José Manuel García Adán. El que en la primera década de siglo se labró fama de ser el tipo más duro de la ciudad cumple en la cárcel de Mansilla de las Mulas (León) la condena que le fue impuesta en 2014, casi 21 años, por maltratar y agredir sexualmente a la que era su pareja y madre de su hija. Luego, en diversas piezas separadas de la macrocausa Carioca, el gran proxeneta volvió a ser procesado como actor principal, pero ya se había inaugurado el periodo de rebajas en los Juzgados de Lugo. Las dilaciones indebidas que se acumularon en la causa son, explican desde la Fiscalía de Galicia, las que han motivado sucesivos acuerdos de conformidad con los acusados. El tiempo también hizo que muchos delitos prescribieran.

La parte más importante del sumario se liquidó en 2021 con un acuerdo en el que la Fiscalía pasó de pedir 520 años de cárcel a solo 10, a repartir prácticamente entre Adán y su fiel escudero, José Manuel Pulleiro. El jefe de la trama estaba acusado de 54 delitos de prostitución coactiva, 27 contra los derechos de los trabajadores y otros de amenazas, tenencia ilícita de armas, contra la salud pública por la venta de droga en sus locales y contra los derechos de los ciudadanos extranjeros. En su enésima cita con el banquillo, esta semana, antes de que en la Audiencia de Lugo quedase vista para sentencia la última pieza que aún no se había sobreseído o juzgado, Adán ya no se jugaba nada.

Las fiscalas reclamaban para él año y medio de cárcel por pagar con mordidas y favores sexuales a guardias civiles a cambio de protección y soplos sobre redadas. Pero un acuerdo de conformidad entre el Ministerio Público y cuatro acusados (entre ellos, Adán) dejó la pena para el explotador de mujeres en una simple multa de 2.000 euros. El juicio era contra cinco personas y una se negó a pactar, lo cual torcía el acuerdo. La Ley de Enjuiciamiento Criminal, en su artículo 655 determina que “continuará el juicio si fuesen varios los procesados y no todos manifestaren igual conformidad”. Pero en Lugo se siguió con la vista solo para la voz discordante, el subteniente de la Guardia Civil Julio Baquero, que se negó a declararse culpable como todos los demás. Este pacto parcial, “insólito” y “bochornoso” al que se llegó para liquidar de una vez la macrocausa es, en opinión del abogado Gerardo Pardo de Vera, que trabaja día a día con las víctimas, “una humillación más para ellas”.

Los colectivos feministas y de apoyo a las mujeres prostituidas creen que “algo falla en el sistema” para que no solo este caso, sino la mayoría de los juicios relacionados con la trata, acaben con un desenlace así: las dilaciones indebidas y la debilidad social de las testigos, a las que muchas veces se les pierde la pista tras la primera declaración judicial, suelen traducirse en penas menores, que ya no implican cárcel. O bien en multas que ni se pueden comparar con las deudas de 3.700 a más de 6.000 euros que ellas pagaron a los traficantes de seres humanos por venir a España.

Así sucedió esta semana con la última pieza, de las 50 que llegaron a ser en el mayor sumario contra la trata instruido en el país (274 tomos más 36 de pinchazos telefónicos; 90 imputados; 370 testigos). El juicio contra tres proxenetas y dos guardias civiles acusados, entre otros hechos, de convertir la actividad de los burdeles en un camino de rosas a cambio de dinero y favores sexuales “ha servido para demostrar varias cosas”, critica Mónica González, portavoz de la plataforma ciudadana Impunidade Carioca. Primera, enumera la activista, que “los delitos quedaron probados”, y así lo reconocieron cuatro de los cinco procesados a cambio de una drástica merma en sus condenas. Segunda, que “la Fiscalía ha actuado como abogada de los acusados y con ello ha mandado un mensaje superpeligroso: vale más la voz de los criminales que la de las mujeres que han sido valientes en ese entorno tan hostil”. Tercera, “por acción u omisión de la Fiscalía, que durante años no hizo nada y causó dilaciones que ahora sirven de argumento [para reducir las condenas], realmente existe impunidad y lo que les ocurra a estas víctimas invisibles importa poco”.

Sobre este último juicio, Roberto Brezmes, fiscal jefe de Lugo, valora “positivamente los acuerdos alcanzados con algunas partes”. Explica que era “necesario apreciar la atenuante de dilaciones indebidas muy cualificada, por las diversas paralizaciones que había sufrido la tramitación del procedimiento”. También defiende que “la importancia de obtener una indemnización económica para la principal perjudicada determina, a su vez, la necesidad de aplicar la atenuante de reparación del daño” y que “la aplicación de las dos atenuantes”, técnicamente, “lleva a la rebaja en dos grados de la pena”. Además, el fiscal insiste en “la dificultad de localizar a las testigos”, que provocó que muchos de los hechos “quedasen huérfanos de prueba de cargo”, con el consiguiente riesgo de que las acusaciones acabasen en una sentencia absolutoria. Otra de las razones que Brezmes considera que está detrás del resultado del caso es “la complejidad de la investigación llevada a cabo por el juzgado de Instrucción”. “En su momento”, recuerda, “se adoptaron medidas de investigación limitativas de derechos” y hoy, a la hora de los juicios, estas “son estudiadas desde el punto de vista de la jurisprudencia actual, muy diferente de aquel que existía” entonces. “Por todas estas razones”, concluye en su respuesta por escrito, “la Fiscalía considera importante haber alcanzado un acuerdo de conformidad al menos parcial, que garantiza una respuesta penal adecuada, a pesar del tiempo transcurrido desde la fecha de los hechos”.

Fue el anterior fiscal jefe de Lugo, ya fallecido, quien, en 2013, decidió “desguazar” el descomunal caso para hacerlo digerible a su equipo, pero esto, según las voces críticas, provocó que los delitos de cada acusado quedasen desconectados entre sí. La trama se parceló en medio centenar de minifundios y muchos ya no dieron frutos; se sobreseyeron. Por su parte, la magistrada que dirigió la investigación en el juzgado de Instrucción 1 de Lugo, Pilar de Lara, fue sancionada sin empleo ni sueldo y apartada en 2019 por el Consejo General del Poder Judicial, que vio “retrasos injustificados” y “desatención” en la gran cantidad de causas abiertas por ella contra políticos, empresarios y miembros de los cuerpos de seguridad del Estado. La jueza que durante un tiempo necesitó llevar escolta (para ella y para su hija) acabó siendo trasladada a Ponferrada.

Pero ¿qué fue lo que ocurrió con las trabajadoras de los prostíbulos que, con sus relatos, alimentaron un sumario judicial digno de serie de terror? Algunas rehicieron con dificultad su vida aquí y en otros países de Europa, encontraron trabajo como cuidadoras, como camareras, como peluqueras o maquilladoras; otras estudiaron FP, hicieron cursos de pastelería e incluso emprendieron sus propios negocios como autónomas. Unas cuantas regresaron a su país natal o se les perdió el rastro; y un buen puñado simplemente cambiaron de burdel, ignoradas por una maquinaria administrativa que no facilitaba las cosas. Algunas más, explican desde la ONG lucense Aliad Ultreia, creyeron encontrar una “salida de emergencia” casándose, y acabaron con “parejas agresivas”, como algún cliente que habían conocido en el club.

La testigo protegida que hizo estallar la causa después de denunciar la agresión sexual, en presencia de su arma reglamentaria, del cabo Armando Lorenzo, miembro del Equipo Mujer y Menor (Emume) de la Guardia Civil, fue primero deportada a su país y después traída de vuelta. Ahora no está en el mundo de la prostitución y no vive en Brasil, sino en Europa, pero padece “altibajos psicológicos brutales”, porque sigue “vulnerable y con trauma”, describen fuentes cercanas al caso. “Es la tónica general”, comenta Ana Barba, educadora social de la ONG Aliad Ultreia, incluso en las que lograron rehacer sus vidas: “La huella sigue ahí, porque el impacto de lo que padecieron fue muy fuerte. Tanto en las que vienen pidiendo atención psicológica como en las que creen que no la necesitan vemos secuelas”.

“Las mujeres se han querido olvidar, se han desconectado de un proceso muy largo, muy cansado”, prosigue la educadora. Según Impunidade Carioca, “ven que no se ha hecho justicia” con ellas. Una de las razones esgrimidas por las fiscalas para reducir las penas en el último juicio, además de las dilaciones, fue “la reparación del daño”. “Estas mujeres han sufrido intimidaciones y amenazas, a ellas y a sus familias”, recuerda Barba. Las integrantes de Impunidade que asistieron a la última sesión se preguntaban a la salida “si realmente” los responsables de impartir justicia “saben lo que es el daño”. En Aliad cuentan casos de mujeres que, después de atreverse a declarar, empezaron a recibir visitas de emisarios de los proxenetas encarcelados. El propio Pulleiro fue devuelto por De Lara a prisión después de saber que había violado la orden que lo confinaba en su pueblo para acudir al bar donde trabajaba una testigo. “Tu cara me suena”, le espetó a la joven.

En los días en que Adán estaba agotando su prisión provisional, antes del juicio por maltrato que lo encerró para dos décadas, se constataron huidas de mujeres a Brasil. Mientras el sistema de protección del Estado a las testigos hacía agua y no había recursos para las víctimas, un guardia civil a las órdenes de la jueza, Luciano López, se acostumbró a buscar y pagar alojamiento y comida, o incluso acoger en su propia casa, a víctimas que se habían quedado en la calle. Tal y como pudo presenciar EL PAÍS, la propia magistrada buscó habitaciones para las mujeres que la telefoneaban.

La muerte sin justicia de Angie Palencia

La colombiana Angie Lizeth Palencia Carrión murió de un tumor cerebral un año antes de poder ver sentados en el banquillo a los hombres que la obligaron a abortar con 18 años sin anestesia, en una tétrica clínica de Lugo, el bebé que quería dar a luz. Pese al profundo trauma que esta experiencia le causó, ella había salido del hoyo y cuando falleció era dependienta de Media Markt en Madrid. El juicio, con una víctima ya difunta, fue otra ganga para los acusados, en este caso Adán y el médico abortista, que también en 2020 pactaron con la Fiscalía. El padre del bebé, el empresario que había exigido “arreglar como fuera” su “problema gordo”, jugaba al golf mientras aspiraban el feto con una máquina rota. Ni siquiera llegó a juicio, porque previamente la Audiencia lo exoneró.

Cilene Domingues Lourenço, la brasileña que se enamoró obsesivamente de Adán hasta mandarle cartas con flores dentro; hasta tatuarse su nombre en la piel, vive su propio infierno. Desde hace 17 años está parapléjica y hace tiempo que reside en un centro especializado en León. En Brasil dejó, antes de viajar con deuda a España, dos hijos varones con los que aún mantiene contacto, pero que no pudo volver a abrazar. Nunca regresó a su tierra, porque se arrojó desde la altura de un sexto piso en un hospital de Pontevedra después de firmar, débil, desesperada y sola, un consentimiento para dar en adopción a la pequeña Laura Kiara (engendrada por un cliente) que dio a luz después de ser arrumbada por la mafia de proxenetismo en un psiquiátrico y luego en una residencia de monjas. En León, Cilene no ha olvidado a esa niña que a finales de este mes cumplirá la mayoría de edad, ignorante de todo esto, con otro nombre y otra familia.

Aquel fantasma del burdel

En las ruinas del Queen’s, el burdel central de la trama, donde se daban cita empresarios de postín, policías locales, nacionales, narcotraficantes, guardias civiles, ciertos políticos y demás consumidores de sexo de pago, un fantasma de mujer quedó vagando para la eternidad. En su despacho, la jueza guardaba un dibujo infantil, pintado por la hija de Adán, la niña de los ojos del proxeneta, que representaba, según explicó la propia pequeña, una chica enterrada. Cuando estalló la Carioca, Lugo amaneció con pintadas que preguntaban directamente “¿dónde está Ana?”. Algunas testigos dieron otros nombres, el supuesto fantasma que cobraba forma algunas veces, y otras se desdibujaba, podría conocerse también en aquel ambiente como Sandra, Sara o Paula.

Una extrabajadora recordaba en el juzgado aquella mañana en la que una brasileña de 19 años desapareció, después de una noche en la que se oyeron quejidos y un disparo en una habitación. Pasados los años, un día de 2014 los investigadores descubrieron que alguien había burlado el precinto judicial y había cortado y levantado el suelo de cemento de una caseta aledaña, en la finca del club. El condecorado pastor belga 'Elton', uno de los mejores canes que llegó a tener la Guardia Civil para detectar rastros de cadáveres humanos, marcó sin dudarlo el terreno donde De Lara sospechaba que había estado sepultado un cuerpo. El análisis de la tierra en el laboratorio nunca dio resultados y aquella pieza quedó en nada.

La mayoría de las piezas importantes del sumario, si no prescribieron o fueron sobreseídas (sobre todo en lo referido a agentes de todos los cuerpos), se despacharon con acuerdos de conformidad entre la Fiscalía y los acusados, como ocurrió con Marcos Grandío, jefe del club Eros, que vio rebajada de 26 a tres años su pena gracias a esta fórmula. Grandío fue otros de los proxenetas beneficiados esta semana en el último juicio de la Carioca.

Por su parte, el dueño del club Liverpool del municipio lucense de O Corgo, un antro donde se llegó a prostituir a dos menores y donde el jefe exigía hacerlo “sin goma” —porque los clientes eran señores mayores “de aldea” que estaban “limpios”— no llegó ni al banquillo. Con gran polémica entre colectivos feministas y partidos de izquierda, las fiscalas también pidieron archivar las pesquisas.

La trabajadora social Ana Barba, de Aliad Ultreia, aprecia, sin embargo, "un cambio de sensibilidad" por parte de los mandos de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado en Lugo. La Operación Carioca "visibilizó lo que estaba pasando" para una sociedad que ignoraba el submundo del proxenetismo y la trata. Sigue habiendo burdeles tradicionales, más de 15 en la provincia, pero ahora la actividad se ha trasladado a los pisos. La figura del explotador sexual sigue estando ahí, detrás de estos lugares que ya no son un establecimiento público, sino privado, y que requieren de una orden judicial para entrar. Pero ya parecen "impensables", concluye Barba, esas escenas que aparecían en la Carioca: los guardias transportando mujeres desde el aeropuerto en sus coches patrulla; comiendo y cenando gratis, uniformados, en el burdel; bebiendo y practicando sexo con sus favoritas; catando y dando el visto bueno a las recién llegadas.

 Caso Carioca en El País, ver aquí "             (Silvia R. Pontevedra , El País, 09/06/24)

7/6/24

Caso Carioca: el mayor golpe a la trata de personas y el proxenetismo en España, ha quedado reducido a cenizas por el pacto sellado entre las partes... un centenar de personas convocadas por la Plataforma contra la Impunidad del Caso Carioca se concentraron con pancartas frente al edificio de los Juzgados de Lugo para denunciar los que denominan “acuerdos de la vergüenza”. En esta acción ciudadana, los manifestantes empapelaron los edificios judiciales con cartulinas amarillas en contra de la “impunidad” de los procesados y en recuerdo de las mujeres víctimas de trata que denunciaron los hechos que dieron origen a la investigación y no han obtenido justicia. “Puteiros ao Caldeiro”

 "Si el mayor golpe a la trata de personas y el proxenetismo en España llegaba ya en los huesos a sus últimos estertores, el pacto sellado entre las partes lo ha dejado reducido a cenizas. A falta de que este miércoles la fiscal lea su nueva versión del escrito de acusación y se conozcan detalladamente los nuevos castigos que pedirá para los procesados, en la primera jornada del juicio de la Operación Carioca que se celebra esta semana en la Audiencia Provincial de Lugo, la representante del Ministerio Público avanzó que ninguno de los hombres que se sientan en el banquillo pagará más de seis años en la cárcel. Esta será la pena máxima, aunque seguramente será menos, que podría recaer sobre Armando Lorenzo, el cabo de la Guardia Civil de Lugo destinado en el Emume (Equipo de Mujer y Menor), acusado de una decena de delitos, entre ellos agresión sexual y cohecho, por los que inicialmente la Fiscalía pedía una condena de 21 años. Los tres proxenetas que se sientan junto a él en el banquillo se enfrentaban a penas de hasta año y medio por cohecho pasivo y finalmente no tendrán más que pagar una multa en ningún caso superior a 2.000 euros. Después de que todos ellos reconociesen este martes los hechos, el juicio solamente ha continuado para Julio Baquero, el jefe del Emume, también procesado. Este guardia civil se enfrenta a una solicitud de pena de 19 meses de prisión.

Los acusados que han firmado acuerdos de conformidad con la fiscal son los proxenetas José Manuel García Adán (que ha asistido a la vista desde el penal leonés de Mansilla de las Mulas, donde ya cumple prisión por otros capítulos de la Carioca), Marcos Grandío y Jesús Varela. El guardia civil Armando Lorenzo, principal encausado en esta pieza (de las 47 que eran en total), no irá a la cárcel previsiblemente dado su deteriorado estado de salud actual. Será en la segunda sesión del juicio, señalada para este miércoles en la Audiencia Provincial, cuando se conozcan los detalles de los acuerdos de conformidad alcanzados con carácter previo. Estos cuatro procesados se limitaron este martes a decir “sí, reconozco”, cuando se les ha preguntado en la sala por los cargos formulados en su contra. Pese a que durante los años transcurridos de la investigación, casi 16, la propia jueza instructora, Pilar de Lara, y colectivos antitrata gallegos pidieron al Ayuntamiento de Lugo y la Xunta de Galicia que se personasen como acusación para defender a las cerca de 400 víctimas que transitan por las páginas del macrosumario, estas dos administraciones nunca lo hicieron.

El único de los cinco imputados, en esta pieza que no es la más importante, pero sí la que inauguró las diligencias del juzgado de Instrucción 1 de Lugo, que se ha negado a firmar un acuerdo de conformidad, Julio Baquero, prestará declaración ante la jueza de la Audiencia María Luisa Sandar este miércoles tras la práctica de la prueba testifical. Su abogado ha solicitado durante el capítulo de cuestiones previas la “nulidad de todas las actuaciones” al asegurar que estas se encontraban “viciadas” desde el inicio de la instrucción, lo que ha motivado la “indefensión” de su cliente. También ha denunciado el letrado la “vulneración del derecho de defensa” del procesado durante toda la investigación, la existencia de una instrucción del caso “parcial y deficiente” y el “abuso en el uso de testigos protegidos de manera no justificada”. “La prescripción de los delitos es clarísima”, ha zanjado.

Antes de la vista, abogados de varios proxenetas han criticado el largo tiempo transcurrido desde el inicio de la investigación. El caso se inició después de que una de las mujeres con las que, según el sumario, Armando Lorenso mantuvo relaciones sexuales aprovechándose de su cargo como funcionario de un cuerpo del orden, denunciase una escena en la que el acusado la intimidó con una pistola, la obligó a realizarle una felación y la penetró vaginalmente después de decirle que sus “días como legal en España” estaban “contados”.

Críticas a la instrucción

“Este proceso lleva 16 años de instrucción y había que llegar a un acuerdo para que no se dilatase más en el tiempo. Este juicio es un ejemplo de antijusticia, un proceso totalmente inusual que no es justo ni para las víctimas ni para los acusados. Mi defendido lleva cumpliendo condena bastantes años y para él es fundamental que esto acabe aquí”, ha manifestado la abogada del proxeneta García Adán, el cabecilla de la trama Carioca y responsable del Club Queens y el Colina. “Es lamentable, esta instrucción debería exhibirse en las facultades de Derecho como ejemplo de lo que no debe ser la administración de justicia. Una instrucción a cañonazos, a diestro y siniestro, imputando alegremente a un montón de personas sin indicios”, ha reprochado, por su parte, el letrado de otro de los imputados, el proxeneta Marcos Grandío Ascariz, dueño del Eros.

Protestas en la calle

El lunes, en la víspera del juicio que pasó, por arte del pacto de la Fiscalía, de ocho sesiones con testigos a solo dos, cerca de un centenar de personas convocadas por la Plataforma contra la Impunidad del Caso Carioca se concentraron con pancartas frente al edificio de los Juzgados de Lugo para denunciar los que denominan “acuerdos de la vergüenza”. En esta acción ciudadana, los manifestantes empapelaron los edificios judiciales con cartulinas amarillas en contra de la “impunidad” de los procesados y en recuerdo de las mujeres víctimas de trata que denunciaron los hechos que dieron origen a la investigación y no han obtenido justicia. “Puteiros ao Caldeiro” o “acuerdos de Fiscalía, regalos de cortesía” eran algunos de los lemas que se podían leer en las pancartas y carteles de Impunidade Carioca."             (S. R. P., El País, 04/06/24)

17/7/19

El policía que puso los neones al burdel. La juez rechaza la "excusa exculpatoria" de la Fiscalía y plantea llevar a juicio a varios agentes implicados en la Operación Carioca. Sostiene que uno era socio de un prostíbulo, dirigía las obras de reforma y hasta se quejaba de la baja productividad de las víctimas

"Ramón V.R. era policía local de Lugo y, al mismo tiempo, socio del burdel Queen's. Tan implicado en el buen funcionamiento de la empresa que se ocupaba "personalmente" de la decoración y protestaba por la baja productividad de las víctimas de trata. 

Esto es al menos lo que sostiene Pilar de Lara, la instructora de la Operación Carioca, la mayor causa contra el proxenetismo en España, en el auto de transformación en procedimiento abreviado de una de las principales piezas en las que fue desguazado el descomunal sumario para facilitar su digestión a la Fiscalía. 

Pese a esto, las dos fiscales sobre las que recayó parte del trabajo de lectura no alcanzan a ver el delito y en diciembre pidieron exculpar antes de llegar a juicio a este y a otros agentes del orden que supuestamente engrasaban la maquinaria de "terror" gobernada por el jefe de la trama, el proxeneta José Manuel García Adán. El ministerio público cree que su papel era el de meros clientes.


"Todo apunta a que realmente Ramón V. R. constituyó una sociedad [inmobiliaria] con fines meramente instrumentales para ocultar su participación en el negocio" del Queen's. Y como socio, explica la magistrada, no solo gestionaba desde su posición de funcionario los problemas relativos a las licencias municipales de las que carecía el local, sino que se preocupaba por el suministro de electricidad y "se encargó directa y personalmente de las reformas del establecimiento en 2009". 

Contrató "la pintura de la fachada del club, la instalación del suelo de parqué, de las rejas, de las persianas y ventanas, de los revestimientos y los rótulos luminosos". La juez reprocha a la Fiscalía que busque alguna "excusa exculpatoria" frente a estas evidencias que ella presenta y así se libre del banquillo al agente.

Ramón "siempre entraba al local por la puerta de acceso de las mujeres, no de los clientes. Andaba por todas las dependencias del club", a cualquier hora y uniformado, "estuviera o no Adán. Por el comedor, la cocina, en el despacho del dueño y también en la recepción", describe De Lara. Según diversos testimonios del sumario, el municipal no pagaba las copas, entraba y salía del local como si estuviera en su propia casa, y además, sacaba a las chicas y las metía cuando le daba la gana sin pedir permiso al cabecilla de la trama de proxenetismo. 

Un exempleado del burdel aseguró en su declaración que el policía local le "controlaba el libro de subidas a las habitaciones" y le recriminaba que "se jodiera poco”. Esto "no lo hace un cliente", defiende la magistrada, "sino alguien interesado en el rendimiento económico del negocio".

"No se puede negar que tomaba copas y hacía uso de los servicios sexuales", reconocían las dos fiscales en su escrito de finales de 2018, pero "lo hacía como particular", defendían para a continuación excusarlo del delito de cohecho impropio. "Por más que la Fiscalía trate de deslindar la vida privada de la profesional", argumenta ahora la magistrada, "las obligaciones de un funcionario policial no son a tiempo parcial sino las 24 horas" cuando se trata de perseguir delitos. 

Además, "existen numerosísimos testimonios que refieren que en no pocas ocasiones acudía uniformado, con su arma reglamentaria y en coche oficial rotulado para disfrutar de toda clase de servicios ofertados por el club". Y además "comía y cenaba" en la sala "utilizada solo por las mujeres". Y según las víctimas de trata, se jactaba ante ellas de su condición de policía local.

La testigo R.S. asegura que "cuando llegaba una chica nueva, ya estaba allí Ramón presentándose él mismo" y enseñando "la placa" . C.L.O. recuerda en su declaración como testigo que les decía: "Aquí no hay riesgo de nada, este es el mejor club de Galicia, no marchéis a otro porque aquí estáis protegidas".

Violencia de género

"La relación de amistad" de Ramón V. R. con Adán, jefe del Queen's y de La Colina, "se remonta a varios años antes" de abrirse el primero de estos burdeles, narra la magistrada. "Existen varios testimonios" que aseguran que "habría ayudado a ocultar pruebas del apuñalamiento" de un hombre cometido por el proxeneta, un episodio anterior a la Operación Carioca. "Al margen de lo anterior, y de la participación que pudiera tener en el negocio, resulta indiciariamente acreditado que este funcionario policial daba plena cobertura a las actuaciones presuntamente ilícitas de Adán", concluye De Lara.

Y supuestamente ocultó "los malos tratos sufridos por la entonces esposa del proxeneta", sin "protegerla", ni "detener" al maltratador, ni "perseguir los hechos que conocía perfectamente". Adán cumple actualmente 21 años de prisión por violencia de género mientras espera los juicios de la Operación Carioca. 

La propia víctima relató que el policía local, supuesto socio de su marido en la clandestinidad, "le veía la cara", que "cuando curaba de un lado ya tenía el otro lado mal". Pero "nunca" la ayudó, sino al contrario, recuerda la juez; ya que supuestamente colaboró con el proxeneta "para que este pudiera expulsar a su esposa" de casa.

Además, "varios testigos" cuentan en las diligencias judiciales que Ramón V. R. "captaba mujeres para ir a trabajar a los locales de Adán y las trasladaba en coche" hasta los clubes. Siempre merodeando por allí, según De Lara "parece tener pleno conocimiento" de las condiciones de trabajo, con "intimidación y coacciones", y de las actividades de inmigración irregular desplegadas por el jefe de los burdeles y su encargado para traer a España mujeres con deudas.


La brasileña C.D.L., tan enamorada y abducida por Adán que llegó a tatuarse este nombre en el cuerpo, aseguró en su declaración que "a quien solicitó permiso para trabajar en el Queen's fue al policía local llamado Ramón", porque otra compatriota le dio el teléfono del agente y "le indicó que para trabajar allí debía hablar con él". Otra mujer, C. N., quiso dejar la prostitución y se fue de camarera a un bar. 

Trabajaba sin contrato y el policía local, recoge el auto, "amenazó al propietario con denunciarle ante la inspección", con lo que supuestamente forzó el regreso de la chica al burdel.

Esto no era todo, sigue desgranando el escrito judicial. "Según varios testimonios", el funcionario "hacía negocio con la situación de necesidad de las mujeres prostituidas, a las que vendía ropa falsificada, joyas e incluso lencería". Aunque hay personas que declararon que sí abonaba consumiciones y sexo, la magistrada recalca que otros testigos aseguran que "nunca pagaba las copas" ni los "pases sexuales".

 "Hacía uso de los servicios" de las mujeres "casi a diario". Y "gozaba de otros privilegios que no se permitían a otros clientes", sigue la juez: "Podía prolongar los pases más allá de la media hora" estipulada, "llevarse a mujeres fuera del club sin abonar la salida” y "tratar de imponerles prácticas sexuales" a su gusto. 

A veces, describe la instructora, se adelantaba y ya subía él a esperar a las chicas en la cama, y pedía "felaciones sin preservativo". Tal y como aparece en declaraciones y "reportajes fotográficos aportados por testigos de la causa", este agente y otros funcionarios policiales "participaban en fiestas privadas organizadas por ellos mismos o por Adán en distintos pisos con mujeres prostituidas".

Por último, "la Fiscalía omite los testimonios que avalarían que Ramón recibía dinero de Adán", afea la magistrada al ministerio público. "Así lo revela una testigo de peso" que describe cómo el proxeneta repartía entre este policía y otros agentes también implicados "dinero en fardos [fajos]" un poco menos gruesos que una cajetilla de tabaco: "A veces de 500 euros, otras de 100 y otras de 50". La mujer, cocinera del club, apunta una periodicidad ("cada 15 días") y asegura que presenció "cuatro o cinco entregas" al policía local. Según esta testigo, el proxeneta contaba delante de ella, en la cocina, los billetes, y luego los metía en un sobre para dárselos.


Un presunto coladero en la puerta 16 de Barajas


Pilar de Lara imputa 15 delitos al jefe de la trama, José Manuel García Adán, entre ellos, prostitución coactiva, tráfico clandestino de personas con fines de explotación sexual, asociación ilícita, prostitución de menor de edad, amenazas, falsedad documental, tenencia ilícita de armas, tráfico de drogas y cohecho. Al policía Ramón V. R. le atribuye cinco: omisión del deber de perseguir delitos en relación con los malos tratos sufridos por la esposa de Adán; otro también de omisión pero referido a las actividades del prostíbulo; cohecho; revelación de información privilegiada y un delito continuado de colaboración con la prostitución coactiva.

También en contra del criterio de la Fiscalía, en este auto en el que dicta el sobreseimiento provisional respecto a otra veintena de investigados la juez acuerda continuar con las actuaciones contra dos agentes más. A Manuel A. C., otro policía local asiduo al Queen's, le atribuye los presuntos delitos de tráfico de munición y cohecho. Según diversos testimonios era el que supuestamente proporcionaba los proyectiles a Adán para las pistolas que le fueron incautadas en los registros. El otro agente que Pilar de Lara plantea sentar en el banquillo es Francisco Javier F. B., policía nacional destinado en el aeropuerto de Barajas.

La instructora sostiene que las mujeres procedentes de Brasil eran aleccionadas por la mafia para que entrasen en España por la puerta 16 del aeropuerto, donde supuestamente las esperaba el agente, con sus nombres anotados (en su taquilla apareció un papel con los datos de tres víctimas). Pero las fiscales se basaron en un informe del aeropuerto, que en 2016 contestaba al juzgado que no se llevaba ningún tipo de registro de las cabinas que ocupaban día a día los policías del puesto fronterizo, para pedir su desimputación.

La magistrada blande, no obstante, una "abrumadora prueba indiciaria" contra el agente, que estaba familiarmente vinculado a un empleado del Queen's. Explica que el policía se veía "a menudo", en Madrid y en Lugo, con Adán y su fiel encargado, José Manuel Pulleiro. Y hasta la detención del funcionario, al que en el club se referían como Paco, durante la investigación se intervinieron 61 comunicaciones entre ellos.

Previsiblemente, este será uno de los últimos autos dictados por la juez como titular de Instrucción 1 de Lugo. A falta de que se resuelva el recurso que ella presentó, el Consejo General del Poder Judicial le ha impuesto una sanción que implica la pérdida de su plaza, castigada por lo que la cúpula de los jueces considera "retrasos injustificados". En su pequeño juzgado de provincias se instruyen las mayores causas anticorrupción de Galicia, y la Carioca cumple ya una década. Bajo la lupa de la magistrada están no solo policías y guardias civiles, sino muchos políticos, la gran mayoría del PP y del PSOE."                     (Silvia R. Pontevedra, el País, 18/06/19)

19/6/19

Varapalo de la jueza a la Fiscalía por exculpar a tres policías en la investigación por trata en los clubs Queens y La Colina

"El 10 de mayo de 2001 Javier Reguera y Manuel Santiso, investigados en el caso Pokémon, adquirieron una propiedad en Lugo. Esta contenía unos terrenos y edificaciones que anteriormente habían pertenecido a un empresario quesero, y se vendió a un precio muy por debajo de su valor real, según habría declarado este, debido a las presiones recibidas, entre ellas un aluvión de multas impuestas por la Policía Local. 

Javier Reguera era entonces funcionario municipal del Ayuntamiento de Lugo, prestaba servicio en las dependencias de la Policía Local y estaba encargado de la empresa gestora de la grúa y la el sistema de apartamiento regulado (ORA). Manuel Santiso administraba la empresa Construcciones SANLE. Los dos compartirían la titularidad sobre esta propiedad con Sagrario Vázquez, pareja de Javier Reguera y auxiliar administrativa en el departamento de sanciones de la Policía Local.

El 30 de julio de 2001 se constituía la sociedad Inmobiliaria Rivamar Lugo SL, compartida por Juan Carlos Pumares, el constructor Javier Río Vidal y el inspector de la Policía Local José Ramón Vázquez Río. Su objeto social era el servicio e intermediación en las actividades inmobiliarias, a pesar de que la única actividad que realiza en el ámbito inmobiliario es el arrendamiento de esta propiedad a Javier Reguera, Sagrario Vázquez y Manuel Santiso.

 En octubre, Vázquez Río comunica a Javier Río Vidal la intención de abrir un prostíbulo. Javier Río Vidal se encargaría, entre enero y septiembre de 2002, de las obras de acondicionamiento del local, que comenzaría su actividad aquel mismo mes de septiembre, pese a no contar con licencia para hacerlo.

Se trata del club Queens, epicentro del caso Carioca, alquilado a Rivamar Lugo por José Manuel García Adán, proxeneta que también explotaría el club La Colina, situado en Outeiro de Rei. Así consta en el auto firmado por Pilar de Lara que concluye la instrucción de la pieza relativa a estos dos prostíbulos incluida en el caso Carioca.

PROSTITUCIÓN COACTIVA

En los locales explotados por García Adán, “las mujeres trabajaban en un clima absoluto de presión, sometimiento, miedo, intimidación y terror”, señala el auto, 12 horas diarias por semana y hasta 14 en los fines de semana, con un único día de descanso (lunes, martes o miércoles). Muchas de ellas fueron insultadas, humilladas e incluso agredidas con brutalidad por García Adán. 

Otras amenazadas, y le tenían “auténtico pavor”, tal como recoge el texto, ya que Adán exhibía una pistola (sin licencia para tenencia de armas) con la que llegó a encañonar a varias de ellas advirtiéndolas de lo que les podía pasar, por ejemplo, si pretendían abandonar el club.

Arrastrándolas de los pelos, a patadas, a puñetazos... Así describen el trato recibido por el proxeneta varias de las mujeres explotadas sexualmente por él. Algunas de ellas también declararon haber sido agredidas por su mano derecha, José Manuel Pulleiro Núñez, y por José Unay Gómez Vila, recepcionista de La Colina encargado del cobro a las prostitutas. 

Alguna fue forzada a abortar sin anestesia, algo que se juzga en otra pieza separada. Para soportar estas condiciones extremas de vida algunas accedían a consumir la cocaína que el propio García Adán les suministraba, algo que a él le permitía engancharlas a la droga y garantizar su permanencia.

García Adán manifestaba ganar unos 6.000 euros semanales. Le retenía 43 euros diarios a cada una de las numerosas prostitutas que trabajaban para él y cualquier falta o retraso era susceptible de conllevar multas abusivas, incluso por enfermedad o menstruación. Algunas de las mujeres eran captadas para servir también como camareras sin contrato ni alta en la Seguridad Social en las “fiestas blancas” (cocaína y prostitución) organizadas por miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y empresarios de gran poder adquisitivo, muchos de los cuales frecuentaban el local. Algunos empresarios llegaron a gastar más de 4.000 euros en una sola noche.

Siempre según el auto, las mujeres “estaban claramente limitadas en su capacidad para dejar de acudir a los locales”, además de por las condiciones de trabajo impuestas, “por la pobreza” y “por la situación de necesidad en la que se encontraban” al tener también familiares a cargo, “condiciones y circunstancias que eran perfectamente conocidas” por los proxenetas.

Todo esto fue posible también con la connivencia de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, siendo usuarios habituales del local numerosos miembros, a los que las prostitutas veían relacionarse con García Adán, que patrocinaba el club de fútbol de la Policía Nacional. Una de ellas, de hecho, trató de denunciar la situación en Comisaría y los agentes, según declaró, se negaron a recoger la denuncia. En alguna ocasión los funcionarios policiales se presentaban en el club en los vehículos oficiales y uniformados con el afán de intimidar a las prostitutas.

Las mujeres eran captadas mayoritariamente en Brasil. La organización dirigida por García Adán organizaba el viaje, facilitaba el billete de vuelo y una cantidad de dinero en efectivo que debían mostrar en el control de entrada para pasar como turistas. De este modo contraían una deuda que debían devolver prostituyéndose en los clubs Queens -donde fueron identificadas 20 mujeres con deuda- y La Colina -22 mujeres identificadas-. En algunos casos estas mujeres podían reducir esta deuda si hacían ellas mismas de captadoras. Se han identificado hasta ocho mujeres prostituidas para pagar la deuda contraída por familiares (mayoritariamente hermanas) o amigas.

PROSTITUCIÓN DE MENORES

La investigación localizó a una menor de edad ejerciendo la prostitución en el club Liverpool –algo que fue investigado en la pieza separada correspondiente a este club de O Corgo (Lugo)– que anteriormente había sido identificada en el club Queens, donde ejercía la madre de ella. En la pieza correspondiente al Liverpool se juzgaba por prostitución de menores al dueño del local y a varios agentes de la Guardia Civil, entre ellos Armando Lorenzo Torre, a quien se le atribuyen en la pieza principal del caso Carioca más de 70 delitos como presunto cerebro de la trama.

El pasaporte de la entonces menor de edad fue falsificado a bolígrafo azul sobre la tinta negra del documento oficial, cambiando así el año de su fecha de nacimiento, 1991, por 1990. Para Pilar de Lara resulta “inexplicable” que los funcionarios policiales dedicados al control documental de ciudadanos extranjeros no advirtiesen la edad de la prostituta cuando, precisamente, la identificación efectuada tenía el objetivo de comprobarla, y en sus bases de datos, que fueron consultadas por diversos funcionarios policiales en varias ocasiones, figuraba la fecha real. No obstante, en el atestado hicieron constar la de 1990. Tras mirar su pasaporte, en palabras de la menor, quedaron “extrañados” y le dijeron “que no pasaba nada”, dejándola en libertad.
 
En la pieza relativa al Liverpool, la Fiscalía concluyó que, si “los propios funcionarios de policía” no se percataron de alteración alguna, “no se puede exigir al imputado una diligencia y celo mayor en la comprobación de los datos de nacimiento”, solicitando así el archivo tanto para los agentes como para el dueño del Liverpool.

Pilar de Lara, manifiestamente contraria al criterio de la Fiscalía, tuvo que archivar el caso en la pieza del Liverpool. Sin embargo, en la pieza del Queens y La Colina a quien se juzga es a García Adán y al encargado de los clubs, José Manuel Pulleiro, sobre quienes la magistrada incide en que de las conversaciones telefónicas intervenidas se extrae que ambos tienen conocimiento de la minoría de edad y se anticipa a las conclusiones de la Fiscalía: “Que los agentes policiales no hubieran realizado reseña alguna a la minoría de edad”, señala el auto, no significa que García Adán y José Manuel Pulleiro la desconociesen, sino que pudieron cometer un delito de falsedad documental. 

Basta, según el auto, escuchar las fluidas conversaciones telefónicas, intervenidas en la semana de la identificación, de García Adán con su encargado José Manuel Pulleiro, con el cabo de la Guardia Civil Armando Lorenzo Torre y con el propio jefe de servicio de extranjería de la comisaría del Cuerpo Nacional de Policía de Lugo, Evaristo Rodríguez.

CONCLUSIONES DE LAS FISCALÍA INCOMPRENSIBLES E INADMISIBLES

La jueza dedica una tercera parte del auto, de más de cien páginas, a contradecir las sorprendentes conclusiones de la Fiscalía, que en diciembre de 2018 solicitó, en un escrito al que O Salto también tuvo acceso, que la pieza del Queens y La Colina continuase exclusivamente contra tres personas de las 21 imputadas. 

Exculpó a todos los agentes policiales implicados y limitó la investigación al proxeneta García Adán, al encargado de los locales José Manuel Pulleiro y a su expareja. Esta última actuaría como captadora, pero cuenta a su vez con la condición de víctima de trata y, a criterio de De Lara, “podría haber actuado bajo la presión de José Manuel Pulleiro”, por quien hay indicios de que sería maltratada y quien, además, “aportó datos muy relevantes para la investigación” prestando una “colaboración esencial con la Administración de Justicia”.

Francisco Javier Fernández Becerra, yerno de un camarero del Queens, ejercía como agente policial destinado en el Aeropuerto de Madrid-Barajas. El caso investiga si colaboró con la organización permitiendo el acceso y tránsito de las mujeres que serían explotadas sexualmente por García Adán, así como la falsificación de pasaportes para hacer constar que las mujeres salieron y volvieron a España, prolongando así sucesivamente su estancia como turistas por periodos de tres meses. Para la Fiscalía, su participación no queda acreditada al no existir registro oficial de las cabinas en las que desempeñó su trabajo.

Según el auto, constan dos envíos a nombre de García Adán, con quien también se vería frecuentemente en Madrid, en ocasiones para entregarle pasaportes en mano, según varios testimonios (entre ellos el de exparejas del propio García Adán que identifican fotográficamente al funcionario), además de reunirse con José Manuel Pulleiro en Lugo. Mantenían un contacto fluido, llegando a intervenirse más de 60 conversaciones telefónicas, en las que se referían al agente como “Paco”. 

“Numerosísimos” testigos, indica el texto, avalan que su puesto era la cabina 16 del Aeropuerto de Barajas, por la que García Adán y José Manuel Pulleiro indicaban a las mujeres que debían pasar. Varias de ellas lo describen físicamente y lo identifican fotográficamente. Algunas lo vieron varias veces en el Queens con José Manuel Pulleiro. Pero, “por si fuera poco”, dice el auto, la Fiscalía obvió una prueba “revelantísima” [sic]: en el armario de Becerra se encontró una nota con los nombres de tres mujeres que contrajeron deuda con García Adán y el vuelo correspondiente. Teniendo en cuenta todos estos datos la instructora entiende que, “cuando menos, existen indicios serios, racionales y más que suficientes como para que sea en el acto del juicio oral donde pueda resolverse sobre su responsabilidad”.

Al agente de la Policía Local Manuel Álvarez Castro Pilar de Lara le atribuye delitos de tráfico de munición y cohecho, también en contra del criterio de la Fiscalía. A García Adán le fueron incautadas varias armas, algunas modificadas, y una gran cantidad de cartuchos de diferentes marcas y calibres. Varias testigos identifican a Manolo, 'el Coletas', como el agente que le proporcionaba la munición y una de las exparejas de García Adán, que lo identifica fotográficamente, declaró que lo vio llevándole balas “pequeñas y grandes”. Este agente era cliente habitual del Queens y no pagaba nunca las consumiciones.

Especial atención de la magistrada recibe la figura de Vázquez Río, frente a las conclusiones de la Fiscalía “que ni se comparten ni se comprenden”, según la cual el sargento de la Policía Local desconocería que se estaba llevando a cabo prostitución coactiva y tráfico clandestino de personas, en contra de las pruebas practicadas, y que desliga la vida privada de la profesional. 

Vázquez Río era un cliente habitual del Queens, donde no pagaba consumiciones (algo que, según la Fiscalía, no se debería a su condición de policía, sino a un trato de cortesía), y también accedió a servicios sexuales gratuitos o por más tiempo del estipulado y habría forzado a las prostitutas a actos y prácticas sexuales contra su voluntad bajo amenazas. No solo tendría conocimiento de los delitos infringidos por García Adán, sino que colaboraría en su comisión.

Tal como recoge el auto, el grado de implicación del sargento de la Policía Local sería tal que compartía la gestión del local con García Adán, según numerosos testigos. Entraba al local por la puerta de acceso de las mujeres (no de los clientes) y accedía a todas las dependencias del club, estuviera o no García Adán. También sacaba a las mujeres del club sin pedir permiso y se vio en bastantes ocasiones en la oficina con García Adán. De hecho, alguna mujer declaró que con quien habló para trabajar en el Queens fue con Vázquez Río y no con García Adán.

Para la jueza, “tampoco puede admitirse” que no supiese de la actividad de prostitución coactiva y tráfico clandestino porque todo apunta a que participó del negocio, pasaba el día y las horas en el interior del club y controlaba su actividad y rendimiento económico. Incluso acudió él mismo al aeropuerto de Santiago a recoger a mujeres de Brasil que venían con deudas.

Vázquez Río se encargó de las cuestiones relativas a las licencias del local, del suministro de la energía eléctrica y de contratar la pintura de la facha del club. También de la instalación de las rejas, persianas, ventanas, del revestimiento exterior, los rótulos, etc. Además, la sociedad Rivamar Lugo, cuya única actividad había sido interceder entre García Adán y los propietarios de la parcela y las edificaciones, no obtuvo ningún beneficio económico; es decir, actuó como una mera sociedad instrumental. Además, según sus socios de Rivamar, sus firmas fueron falsificadas y desconocían la actividad de arrendamiento y subarrendamiento de club, y cuando dejó de ser Rivamar la arrendataria de la propiedad siguió encargándose Vázquez Río personalmente de interceder entre García Adán y Javier Reguera.

Y es que, según se recoge en el auto, la amistad entre García Adán y Vázquez Río se remonta a años antes de abrirse el club, cuando García Adán se encargaba de otros prostíbulos. El sargento de la Policía Local había sido visto ayudando al proxeneta a ocultar pruebas tras apuñalar a una persona hasta dejarla con el pulmón a la vista, algo que corroboraron agentes policiales compañeros de Vázquez Río, que lo vieron pasándole la mano por el hombro a García Adán para tranquilizarlo.

Así, Pilar de Lara atribuye a García Adán y José Manuel Pulleiro delitos de prostitución coactiva (junto con Unay Gómez), contra los derechos de los trabajadores y ciudadanos extranjeros, tráfico clandestino de personas con fines de explotación sexual (junto con la ex pareja de Pulleiro), prostitución de menores, amenazas y asociación ilícita. También constituirían asociación ilícita Unay Gómez, la expareja de Pulleiro y Francisco Fernández Becerra. 

A García Adán le atribuye además los delitos de falsedad documental, tenencia ilícita de armas, depósito de munición, tráfico de drogas y cohecho; a Manuel Álvarez Castro tráfico de munición y cohecho continuado, y a Vázquez Río la omisión del deber de perseguir delitos y los delitos continuados de cohecho y de colaboración con el delito de prostitución coactiva.




LA XUNTA PUEDE PERSONARSE

Como ya hizo en la pieza principal del caso Carioca, la magistrada le ofrece a la Xunta de Galicia la posibilidad de personarse como acusación popular. De hacerlo, podría asegurar la justicia a las víctimas de trata que ven cómo la línea seguida por la Fiscalía es la de solicitar el archivo de la mayor parte de la macrocausa, tanto en esta como en otras piezas, archivo que la jueza está forzada a conceder de no formularse ninguna otra acusación. A tenor del escrito presentado por el Ministerio Fiscal, parece improbable que, si de él depende, el resultado para los agentes policiales sea otro que la impunidad."                  (Fran Pérez, El Salto, 16/06/19)

1/2/19

Dos muertos sin respuestas en la caja de un supermercado de Lugo

"Isabel López acudió con sus sobrinos, como cada sábado a última hora, a recoger a su hermana Elena, cajera del supermercado mayorista Cash Record en el polígono de O Ceao, a las afueras de Lugo. Aguardó un buen rato fuera, en el coche, entreteniendo a los niños con el partido del Dépor que sonaba por la radio.

 Pero Elena López no salía. El local estaba cerrado, aunque con las luces prendidas. Y se intuía una rara paz en el interior que la inquietó. Isabel marchó en busca de ayuda y cuando regresó con su padre y su marido, pasadas las nueve de la tarde del 30 de abril de 1994, en el almacén mayorista el hilo musical seguía sonando y la tele con la que el personal llenaba los tiempos de espera permanecía encendida. 

Frente al aparato apareció muerto el reponedor Esteban Carballedo, de 26 años. Y a escasa distancia, al otro extremo de una hilera de huellas de calzado deportivo de la talla 42 manchado de sangre, yacía Elena, de 32 años y madre de dos niños, junto a la caja registradora.

Alguien se había llevado el dinero, probablemente más de cinco millones de pesetas (30.000 euros), y había disparado a los dos empleados, en torno a las ocho de la tarde, con una pistola de 9 milímetros parabellum. María Elena y Esteban presentaban sendos tiros, certeros y a corta distancia, en la cabeza, y un tercer proyectil había rebotado derribando un bote.

 El arma de fuego empleada nunca llegó a aparecer, pero las pruebas de balística determinaron que era un modelo como los usados por los cuerpos de seguridad del Estado. Casi un cuarto de siglo después del suceso, acaba de expirar el plazo de la última prórroga judicial que logró el abogado de las familias de las víctimas para investigar un crimen que creen que alguien se esforzó en tapar.

Porque desde que empezaron las pesquisas, inicialmente a cargo de la Policía Local, el sumario que con la división de juzgados acabó varado en el número 1 de Primera Instancia de Lugo no ha acumulado más que cuatro tomos y nunca llegaron a realizarse interrogatorios que la acusación particular considera básicos para resolver el caso.

 Entre los folios hay además ausencias flagrantes, como un posible análisis de esas huellas ensangrentadas que hacían de cordón umbilical entre los muertos o el acta de registro de un Volkswagen Passat blanco que un mes después apareció abandonado en las inmediaciones con aparentes manchas de sangre.

 El dueño de un taller de coches que sí llegó a testificar había visto un vehículo idéntico, con tres personas a bordo, dando vueltas lentamente, como si vigilase algo, aquel fatídico 30 de abril en que jugaba el Dépor. Años después, pese al tiempo transcurrido, el mecánico llegó a señalar a uno de los supuestos ocupantes en una rueda de reconocimiento fotográfica.

"Cada hilo del que se tira acaba en un abismo", resume Gerardo Pardo de Vera, el último letrado de estas dos familias que claman justicia ante la "pasividad de la fiscalía". Y esto, a pesar de que ese pequeño sumario reúne importantes indicios contra un hostelero relacionado con el narcotráfico y las armas que regentaba un bar en la ciudad y era cliente habitual del Cash Record.

 Este hombre, que terminó marchándose de Galicia, cumplió prisión por otros asuntos, en 1996 negó saber nada del crimen y nunca más volvió a declarar. Un toxicómano ya fallecido había testificado espontáneamente (tras una redada por drogas en el local del sospechoso) que poco antes del crimen el hostelero le había paseado en su Talbot por delante del supermercado; le había puesto una 9 milímetros en la mano y le había planteado dar un golpe al establecimiento. Una tarea fácil en sábado a última hora, le dijo supuestamente, porque "solo está la cajera". El interlocutor se negó a hacerlo.

El abogado calcula que el delito todavía no habría prescrito para el sospechoso, porque el plazo de "20 años por asesinato del Código Penal de la época" deja de correr en el momento en que se acuerdan resoluciones que suponen una imputación implícita: "La prescripción se interrumpe cuando la causa se dirige contra el culpable".

“No se pudo hacer peor. Si se falla en la inspección ocular y en la toma de huellas en las primeras actuaciones, toda la investigación se ve viciada”, declaraba a EL PAÍS un mando de la policía nacional cuando en 2014, 20 años después, pareció reactivarse el caso con el desembarco, sin mucho éxito, de la UDEV (Unidad para la Delincuencia Especializada y Violenta).

Ahora Pardo de Vera lamenta el silencio del juzgado, que aún no ha respondido a las últimas diligencias solicitadas antes del fin de la prórroga ni se ha pronunciado sobre el esperable sobreseimiento de un caso que ya había sido archivado antes. La causa fue reabierta en 2010 después de que Isabel, la hermana de Elena López, se encadenase en la calle y protagonizase huelgas de hambre.

Entre las diligencias que reclama la acusación particular están la de que se investigue "el destino del acta de inspección ocular del vehículo sospechoso", el Passat blanco, y de "los resultados de las pruebas científicas practicadas". Pero para el abogado lo más importante es que el juez cite a declarar "al guardia civil que, supuestamente, tenía amenazado al único investigado si hablaba". 

Un agente que presuntamente "le proveía de armas y lo protegía de la policía para que pudiese trapichear en su bar". Existían dudas sobre la identidad de esta persona, que aparecía citada con el alias de El Paleto en unas cuartillas mecanografiadas, con el sello de la policía científica pero sin firma, que irrumpieron en noviembre de 2011 en la instrucción tras aparecer por sorpresa en la comisaría de Lugo. Estos papeles no estaban incorporados al sumario. "Había tres guardias civiles que podían ser, pero ahora creemos tenerlo identificado", comenta Pardo de Vera.

Aquellas hojas fechadas entre 1995 y 1998 semejaban una especie de seguimiento cronológico de algún agente interesado en dejar constancia de unos hechos que consideraba relevantes, y en los que otros policías parecían no reparar.

 En ellas, además de reveladores encuentros por la calle y detalles como la entrevista televisiva a familiares por parte de María Teresa Campos, o la nueva boda del viudo de Elena, figuraban novedosas declaraciones del hostelero en la cárcel lucense de Bonxe sobre ese misterioso Paleto. 

Según estas cuartillas el preso parecía vivir atemorizado por las amenazas del guardia civil, hoy exguardia, y afirmaba que "muchos comerciantes" del centro tenían pistolas Star BM 9 milímetros Parabellum, supuestamente gracias a los turbios negocios del agente. "Aquí se está encubriendo a alguien; hay un oscurantismo enorme", protesta el abogado de las familias."                     (Silvia R. Pontevedra, El País, 10/01/19)

30/1/18

Conmoción en la comisaría de Ourense: robo de armas, drogas y un falso suicidio

"Ourense no es el tipo de ciudad en el que pasan estas cosas, pero estas cosas nunca pasan donde se espera que ocurran. Nadie podía imaginar lo que bullía en el interior de la comisaría de As Lagoas; era difícil suponerle mayor relevancia a casos supuestamente menores de los que de vez en cuando llegaban noticia, como los relacionados con la desaparición de unas pistolas

Ni siquiera el aparente suicidio el 9 de abril de 2016 del policía Celso Blanco, una cara conocida porque era el encargado de facilitar información a los medios de comunicación, alteró demasiado el sosiego. Los que la frecuentan, en cambio, sabían que en esa sede policial hacía tiempo que nada encajaba en la normalidad.

 La reciente detención de dos policías como presuntos responsables de la muerte de Blanco ha venido a confirmar sus sospechas.

Ahora, la teoría es que Blanco no se suicidó, sino que lo mataron. Y que lo habrían hecho por una razón clásica de la novela negra: porque sabía demasiado. Sus presuntos asesinos son dos gemelos de 44 años, en los que ahora también recaen las sospechas del enrarecido ambiente que en realidad presidía la comisaría, con su trama, su robo de armas, irregularidades relacionadas con la lucha contra la droga y, ahora, también con el asesinato. 

Eso es lo que sostiene como posible la juez de Instrucción número 3 de Ourense, Eva Armesto, a la que nunca acabó de convencer el exceso de pruebas que apuntaban al suicidio, un tanto artificial. Tiró del hilo y, tras casi dos años de investigaciones, el 19 de enero ordenó la detención de los gemelos.

Los detenidos son R. D. L. y B. D. L., dos inspectores de la Policía Nacional que trabajaron en la comisaría de Ourense durante casi 20 años, a quienes la juez y la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) de la Policía Judicial implican en el robo de armas, en la elaboración de anónimos que apuntaron con falsedades a una mafia policial y en la muerte de Celso Blanco. 

La juez los investiga por los presuntos delitos de robo con fuerza, tenencia ilícita de armas, revelación de secretos, simulación de delito, acusación o denuncia falsa e injurias y calumnias.

R. D. L. fue del jefe del grupo de estupefacientes de la comisaría de Ourense antes de encontrar destino hace unos meses en la academia de Policía de Zamora, donde ejercía como instructor de tiro. Su hermano, jubilado hace un año por problemas psicológicos por los que se le concedió la incapacidad permanente, era el jefe del supuesto suicida en la oficina de prensa. Su detención viene a dejar en segundo plano, o más bien a superponerse, a la operación Zamburiña. 

De eso iban hasta ahora los problemas en la comisaría orensana: de la desaparición de armas y de una serie de anónimos sin pruebas que inculpaban a otros agentes en el supuesto pago con armas a confidentes. Sobre estos últimos recaían las sospechas, al menos oficialmente, mientras tenían manos libres quienes, según la juez, eran los auténticos responsables de las irregularidades.

El origen de la operación Zamburiña se sitúa noviembre de 2015, después de una investigación realizada durante un año largo por Asuntos Internos a raíz de un anónimo que alertaba de la desaparición de seis armas de un búnker de la comisaría y de toda una trama de corrupción. La operación, instruida por el juzgado de Instrucción 1 y muy criticada desde la propia policía orensana, acabaría implicando a 15 investigados por tráfico de estupefacientes y supuso la imputación de cuatro agentes del grupo de drogas con excelente reputación en la lucha antidroga en la ciudad.

 Uno de ellos era A. F. R., al frente del Grupo Operativo de Respuesta (GOR) de Seguridad Ciudadana, antes de pasar a la unidad antidroga. Fuentes policiales sitúan ahí el inicio de los celos profesionales que motivaron una venganza interna y que acabarían poniendo la comisaría patas arriba.

Fuentes próximas al caso incluso sitúan a Celso Blanco, inicialmente, en el entorno de los gemelos, con los que entonces mantenía buena relación. Pero la situación se fue desmadrando, y así fue como llegó el supuesto suicidio del responsable de prensa de la comisaría, un hombre alegre y de buen trato personal cuya muerte permitía dar por cerrado el caso del robo de las seis pistolas. 

En una serie de correos electrónicos a sus compañeros poco antes de su muerte, escritos en un tono que invitaba a pensar en una despedida, Blanco se atribuía la responsabilidad del robo y de los mensajes anónimos, enviados a Asuntos Internos y a cuatro medios de comunicación.

Cuando sus compañeros lo encontraron en medio de un charco de sangre en su despacho, en la quinta planta de As Lagoas, Blanco empuñaba en su mano izquierda una pistola de nueve milímetros. 

En la oficina había además un revólver y otra pistola, que los agentes que acuden a socorrerle encuentran sobre la mesa y en un cajón de su escritorio. Todas esas armas formaban parte, en efecto, de las que habían desaparecido del armería de la comisaría. Las pruebas contra el fallecido y la tesis del suicidio parecían por lo tanto algo más que sospechas.

El destino multiplicó las sospechas

Quiso el azar que este nuevo caso cayera en un juzgado distinto del de la Zamburiña, el de Instrucción número 3, y como a su titular no le encajaba aquel afán inculpatorio del fallecido ni el exceso de pruebas, comenzaron sus sospechas. 

Así que Eva Armesto se puso a investigar, y al poco de hacerlo, un mensaje anónimo en la bandeja de entrada de su correo electrónico la puso sobre una pista diferencia. El correo, enviado por una fuente secreta de la propia comisaría, advertía que Blanco había sido presionado por un superior para enviar los mensajes de disculpa y ponía en duda la tesis del suicidio

Resultó que el casquillo de la bala que acabó con la vida de Blanco no apareció, que la trayectoria del disparo no era la que se supone en un caso de suicidio y que la pistola que le causó la muerte tenía alguna huella que no era la suya. Los informes de balística y las pesquisas realizadas por la jueza a raíz del misterioso email acabaron por demostrar que uno de los anónimos de los que se autoinculpó el malogrado policía había sido remitido por uno de los gemelos, fueron confirmando las sospechas de la juez.

El 19 de enero pasado, la titular del número 3 ordenaba la detención de los dos hermanos, actualmente en liberad bajo una fianza de 60.000 euros cada uno, con la obligación de comparecer ante el juzgado de Instrucción más próximo a su domicilio todos los días, entregar sus pasaportes y la prohibición de abandonar el territorio nacional. 

La policía registró su casa en Toén (Ourense) y, entre otros vehículos, un Volvo de su propiedad en el que se encontraron restos de sangre en el maletero y en un mono de trabajo. Según uno de los gemelos, se trata de sangre de un cerdo sacrificado por la familia. La juez ha encargado que se verifique, y que a los hermanos se les someta a una prueba de ADN para cotejar sus datos con la sangre que apareció en la mano de Celso Blanco.

Los gemelos y su defensa están ahora a la espera de lo que determinen esos informes. Pero para buena parte de sus excompañeros, aquellos que sabían que la apariencia de normalidad de la comisaría era ir real, el caso está resuelto."              (Pablo López, El Confidencial, 29/01/18)

19/5/15

Acoso policial y de La Voz de Galicia a un testigo clave del caso Pokemon

"A.P., uno de los testigos de la operación Pokemon en la rama dedicada a las contrataciones del acuario de A Coruña, es desde que decidió denunciar ante la justicia, víctima de acoso en su lugar de trabajo, por parte de la Policía Local, y del periódico con mayor tirada de Galicia, según explica un auto del Juzgado de Instrucción Num 1 de Lugo fechado en enero de 2015.

El auto, al que Diagonal ha tenido acceso a través de Fíltrala, plataforma en la que colabora junto a La Marea, eldiario.es y Mongolia –en el marco de su campaña #TiraDeLaManta sobre casos de corrupción municipal–, le declara como testigo protegido a raíz de las noticias publicadas por La Voz de Galicia en noviembre del pasado año, cuando fue detenido por la Policía Local en circunstancias “poco claras”, según valora la titular del juzgado de instrucción.

En 2011, A.P. era el responsable, junto al director del Acuario de A Coruña, de elaborar los pliegos y el informe de valoración técnica de las las ofertas para la adjudicación del contrato de mantenimiento biológico del centro. 

El auto explica que, cuando informó que la adjudicación del contrato recayó en la empresa Aliart Engineer Bluedisplay, en vez de en Sermasa –Grupo Vendex, contratista habitual del Ayuntamiento–, se hizo un boicot contra la empresa adjudicataria y comenzó una campaña de desprestigio contra él y contra el director del centro acuático por parte de otros técnicos de la institución y por el delegado de Vendex en Galicia. Tras poner fin al contrato con la empresa adjudicataria, se intentó adjudicar por vía directa el servicio a Sermasa.

 Cuando A.P. Les advirtió de que esto era ilegal, decidieron acudir a un procedimiento de urgencia, pero en esta ocasión, A.P. fue relegado de sus funciones como responsable de los pliegos de la licitación y la valoración de las ofertas, tarea que recayó en dos trabajadores con familiares contratados en el grupo Vendex, según explica el auto.

Tras intentar denunciar las irregularidades en sede administrativa, en septiembre de 2012, quince días después de las detenciones del caso Pokemon, A.P. acudió a la comisaría de la Policía Nacional de A Coruña para denunciar de nuevo las irregularidades en las contrataciones del acuario, “sin que se le recogiera la oportuna denuncia ni se pusiera en conocimiento de este juzgado dicha circunstancia, lo que provocó su desánimo y desconfianza en el sistema”. 

En el mismo mes, A.P. recibió un email de sus superiores en el que le pidieron que “por orden de la concejalía” se abstuviera de mandar emails a los distintos departamentos del Ayuntamiento, a pesar de que, por su trabajo, estaba obligado a comunicarse con trabajadores localizados en otras sedes, comunicaciones que generalmente se hacían por correo electrónico. Ese mismo día 21 de septiembre, también le prohibieron salir del Ayuntamiento con documentación.

A.P. Acudió a declarar voluntariamente en diciembre de 2013, ante el Juzgado de Instrucción Num. 1 de Lugo para aportar información en torno al caso Pokemon –en la rama denominada Pikachu–, sobre la contratación irregular de una empresa para el mantenimiento del Acuario de A Coruña. 

 Su testimonio, según señala el auto del juzgado, sirvió para corroborar los indicios conseguidos durante la investigación a partir de escuchas telefónicas, el análisis de los expedientes administrativos y registros. 

 “Se vino a evidenciar el presunto trato de favor del que venían gozando las empresas del Grupo Vendex en el término municipal de Coruña y las técnicas presumiblemente defraudatorias utilizadas para la obtención de las adjudicaciones de servicios, obteniendo información privilegiadas, participando directamente en la redacción de los pliegos de condiciones o consiguiendo la alteración de los informes técnicos emitidos, todo ello a cambio, presuntamente, de dinero, contratación de recomendados o regalos”, explica el auto.

 En el caso del acuario, Vendex venía prestando el servicio de mantenimiento de forma ininterrumpida desde su inauguración en 1999 hasta 2011.

Represalias y campaña de La Voz de Galicia

“A causa de su colaboración con la presente investigación judicial, [A.P.] ha venido siendo objeto de una campaña de hostigamento y acoso”, explica el auto, que añade que, cuando fue a prestar declaración por primera vez, ya explicó en el juzgado la “situación de acorralamiento laboral que venía sufriendo por causa de oponerse a prácticas que consideraba ilícitas”. 

En febrero de 2014, denunció ser víctima de acoso laboral, hostigamiento, represalias y presiones, y pidió la baja laboral aportando un informe médico en el que se sostenía que A.P. sufría de un trastorno patológico ansioso-depresivo asociado a la situación de acoso laboral.

Un mes después, al acudir a su puesto de trabajo, encontró que los armarios de su despacho habían sido forzados. El auto señala que la Policía Local, en vez de avisar a la Policía Nacional, con competencias para investigar casos de robo, o a la Policía Judicial, ya que estaba abierta la investigación del caso Pokemon, se limitaron a dirigirse a la institución y, por su cuenta, interrogar a dos personas que, según sus informes, afirmaron que no se había producido allí ningún hecho delictivo. Fue entonces cuando A.P. decidió personarse en la causa como acusación particular, denunciando un posible delito de obstrucción a la justicia.

En los meses posteriores, el acoso contra el testigo del caso Pokemon se intensificó. El 30 de octubre de 2014, A.P. fue “detenido en circunstancias no aclaradas por varios agentes de la Policía Local de Ferrol”. La detención, plagada de contradicciones, se habría producido a raíz de que, con una pierna y brazo escayolados, le pidiera a una persona que conocía que estaba parada con su vehículo en un semáforo en rojo que le acercara a una pedanía. 

A.P. portaba consigo en ese momento una pistola de fogueo, un cuchillo de pesca submarina y una navaja, explica el auto en referencia al informe policial. Seis policías locales fueron hasta él y le pidieron la documentación. Supuestamente a raíz de su negación a identificarse, A.P. fue detenido, esposado a la espalda y llevado a dependencias policiales, donde pasó hasta 3 horas, durante las cuales pidió ser atendido por personal sanitario. 

El atestado policial fue filtrado a periodistas de La Voz de Galicia incluso antes que a los propios abogados de A.P. junto a una serie de imágenes del testigo tomadas con los teléfonos móviles de los policías –que no fueron adjuntadas al atestado–.En él se señalaba que A.P. fue detenido por negarse a identificarse ante los agentes de la Policía Local. 

Sin embargo, el periódico gallego publicó, casi al mismo tiempo de que sucedieran los hechos, que la Policía había detenido a una persona que estaba amenazando a los conductores con un arma de fuego, versión que mantuvo en las informaciones publicadas posteriormente sobre los hechos.

El auto señala cómo continúan las contradicciones: la comisaría de la Policía Nacional informó de que A.P. en ningún momento estuvo detenido, por lo que no se le informó de sus derechos ni se le apuntó en el libro de detenido. 

El Servicio Gallego de Salud (Sergas), por su parte, en vez de entregar a la policía un informe de la asistencia prestada al detenido, entregó un “pantallazo” de asistencias médicas que no tenían nada que ver con ese día, “vulnerando con ello su intimidad personal”; y la mujer a la que A.P. habría pedido que le trasladara el día de su detención, que “sería amiga de un inspector de policía nacional y abogada que en comisaría ‘tiene mano’”, compareció tras los hechos en las dependencias de la Policía Nacional en una entrevista informal y no fue hasta el día siguiente cuando prestó una declaración formal ratificando que no hubo amenazas.

El auto también explica como la grabación de cámara de seguridad de la policía nacional de ese día mostraba como A.P., esposado a la espalda con lazos de seguridad, parecía estar siendo empujado por un agente de la Policía Local para entrar en la comisaría. A la salida de las dependencias policiales, la grabación de la cámara muestra como fue increpado por otro policía local. También que regresó a la comisaría, para, según explicó A.P. y admitió uno de los agentes, denunciar la actuación policial contra él, pero no se le recogió la denuncia.

En los días posteriores, La Voz de Galicia siguió publicando informaciones sobre A.P. En la noticia publicada el 31 de octubre, un día después de los hechos, el medio afirmaba que el testigo del caso Pokemon amenazó a varios viandantes.

 El 1 de noviembre publicaba otro artículo, ilustrado con dos fotografías de los efectos incautados a A.P. por la policía, a pesar de que estas imágenes no están incluidas en las diligencias policiales. Según el medio de comunicación, fueron extraídas de la cuenta oficial de Twitter de la Policía Local de Ferrol.

 La versión de los hechos publicada por La Voz de Galicia fue la misma que se mantuvo por los agentes de la policía local actuantes el 9 de noviembre, señala el auto, que destaca el “carácter premonitorio” de la publicación, desde donde afirmaron haber recibido la noticia de la detención 20 minutos antes de que los propios policías llegaran a comisaría.

 Otro artículo del mismo medio, bajo el título “Un ‘testigo primordial’ de Pilar de Lara, en entredicho” y publicado el 2 de noviembre, también trató de desacreditar su testimonio, incluso insinuando que los armarios forzados en su despacho fueron invención de A.P.
 
“El atestado no reflejaba que hubiera una detención, cuando sí la hubo. Luego fue todo al mismo tiempo, se estaban publicando cosas en tiempo real. Todo hacía sospechar que algo pasaba, y luego, al practicarse las diligencias, empezaron a saberse cosas”, explica a Diagonal el abogado de A.P.

El auto de la jueza expone que hay relaciones aparentemente existentes entre los delegados del grupo Verdex en Galicia y varios funcionarios y autoridades del Ayuntamiento de A Coruña, alguno de ellos todavía no imputados.

 También entre varios imputados en la causa y el diario La Voz de Galicia, según se habría sabido a partir de las escuchas ordenadas en la causa y algunas anotaciones. Carlos Negreira, alcalde de A Coruña, habría ocupado cargos de director de servicios jurídicos y de recursos humanos en el grupo de comunicación. Algunas escuchas muestran cómo Negreira habría paralizado la publicación de determinadas noticias en La Voz de Galicia.

La detención de A.P. en octubre fue lo que finalmente motivó que el Juzgado de Instrucción Num 1 de Lugo lo declarara como testigo protegido. El auto señala que,“de las diligencias de investigación practicadas, se infieren indicios más que racionales para considerar que A.P. ha sido objeto de un ‘montaje’ urdido para tratar de desacreditar su testimonio, por el que partiendo de lo que pudo iniciarse como un incidente casual desencadenó una actuación policial que sus letrados consideran desproporcionada e injustificada y que un determinado medio de comunicación aprovechó para, manipulando la realidad, desacreditar públicamente al testigo y con ello la instrucción”.            (La Marea, 18/05/2015)