"El mapa de las zonas con sequía dentro de la península ibérica
no se corresponde este año con la distinción que hacen los atlas
climáticos de cuáles son los territorios secos y cuáles los húmedos. Los
mapas de seguimiento que elabora mensualmente el Ministerio para la
Transición Ecológica llevan meses señalando como zonas con sequía
prolongada áreas que se asocian a precipitaciones frecuentes, en el
norte. En el último año Galicia ha recibido menos lluvias de las que
acostumbra. Las reservas se resienten, buena parte del territorio está
en alerta o prealerta por escasez de agua y en algunos municipios el
problema se ha agudizado hasta el punto de que hay cortes en el
suministro doméstico y se ha empezado a repartir agua embotellada a los
vecinos, como en el caso de Ribadavia (Ourense) o Ferreira de Pantón y
Guntín (Lugo).
La situación es “bastante excepcional” en una Galicia “ligada a
esa España húmeda que se enseña”, asegura Pilar Paneque, catedrática de
Geografía Humana de la Universidad Pablo de Olavide. El motivo
fundamental por el que está ocurriendo esto es que “los patrones de
precipitaciones están cambiando en un contexto de cambio climático”. “Es
ahí donde hay que situar el análisis de lo que está pasando este
verano”, señala la experta, que destaca que hay que tener en cuenta el
descenso en las precipitaciones, pero también el aumento de las
temperaturas, que provoca mayor evaporación del agua en embalses y lagos
y más sequedad en el suelo. La explicación meteorológica para esta
falta de lluvias y también para las olas de calor de este año es una
situación “excepcional” del anticiclón de las Azores que no permite que
entren las borrascas en general a la Península y en concreto a Galicia.
Los expertos recalcan que sequía y escasez de agua no son
equivalentes. La primera tiene que ver con la falta de precipitaciones,
la segunda con si los recursos disponibles pueden cubrir toda la demanda
que existe. Es decir, ni una sequía deriva necesariamente en escasez de
agua ni una situación de escasez de agua se debe necesariamente a una
sequía. En el caso de Galicia, todo su territorio está en situación de
sequía prolongada y la mayor parte lo está desde principios de año. El
pasado otoño fue muy seco, con precipitaciones un 34% por debajo de lo
normal, según el informe de la agencia meterológica gallega,
Meteogalicia. En invierno llovió un 37% menos de lo esperable y en
primavera, un 27% por debajo de la media. Junio sí fue un mes húmedo,
pero julio volvió a ser especialmente seco y registró una ola de calor
histórica en Galicia.
En cuanto a la escasez, los planes de sequía establecen varios
grados, desde la normalidad a la emergencia. En la demarcación Galicia
Costa -gestionada por la Xunta y que se corresponde a grandes rasgos con
el territorio que quedaría al oeste de una línea diagonal entre
Ribadeo, en el extremo noreste de la comunidad, y Tui, en el suroeste-
están en prealerta las cuencas de dos ríos. En la demarcación Miño-Sil
hay alerta en las cuencas del río Limia y del Cabe, normalidad en las
áreas del Alto y Baixo Miño y prealerta en el resto.
Julio Barea, doctor en Geología y responsable de la campaña de
agua de Greenpeace, explica que, además de que el cambio climático “está
actuando” y cada año las situaciones serán “más dramáticas”, la
disponibilidad del agua en Galicia se ve condicionada por su red de
abastecimiento, “dimensionada en función de sus condiciones húmedas”.
También le afecta, añade, una demanda “que no hace más que aumentar año
tras año”. Los cultivos de regadío no tienen tanto peso como en otras
zonas de España, pero las áreas turísticas y, en especial, la costa
gallega multiplican su población en verano y aumentan la presión sobre
los recursos hídricos.
Las redes de abastecimiento
Este aspecto, el de los veraneantes, se tiene en cuenta en sus
cálculos para las alertas, afirma el gerente de Augas de Galicia,
Gonzalo Mosqueira. Este organismo mantiene la prealerta en los
ayuntamientos de la cuenca del río Lérez -entre ellos la ciudad de
Pontevedra y la turística localidad de Sanxenxo-y en los del área del
río Anllóns -el entorno de Carballo-, pero también ha advertido a los
que dependen de los embalses Bahíña y Zamáns -Baiona, Nigrán y, en una
pequeña parte, Vigo-.
Mosqueira explica que la situación varía entre distintas zonas
de Galicia tanto por las lluvias como por la forma de abastecerse. Lo
ilustra con los sistemas de las cinco ciudades que forman parte de la
demarcación Galicia Costa: Vigo toma el agua fundamentalmente del
embalse de Eiras; Ferrol lo hace del de As Forcadas, que es grande en
relación a la población que cubre; A Coruña obtiene el agua del de
Cecebre. Pontevedra y Santiago, sin embargo, se abastecen directamente
desde un río, el Lérez en el primer caso y el Tambre, más caudaloso, en
el segundo. La única que preocupa, por el momento, es la de Pontevedra.
En Galicia hay otro recurso frecuente para llevar agua a las
casas, las traídas vecinales: redes que se abastecen de pozos
particulares. Algunas, dice Mosqueira, han trasladado ya que tienen
problemas por la falta de lluvias. Otras cuentan con pozos de reserva.
También hace alusión a la situación en algunas granjas que tienen sus
fuentes de agua secas. El Gobierno gallego ha autorizado extraer agua de
los ríos y trasladarla en camiones cisterna para estos casos y también
para situaciones en las que la población sufra cortes. A esta
posibilidad se ha acogido el Ayuntamiento de Ribadavia, que ha declarado
la emergencia porque el arroyo del que se abastece está prácticamente
seco y que tiene el consumo restringido a unas cuatro horas diarias.
Los embalses, en mínimos desde 1990
El gerente de Augas de Galicia apunta que, en caso de emergencia
en la comunidad, hay un último recurso: tomar agua de los embalses de
las centrales hidroeléctricas. Explica que las presas para abastecer a
la población se construyeron específicamente con este propósito y son
una red distinta a la de las eléctricas, pero en caso de necesidad las
normas prevén que se pueda echar mano de ellas.
La situación de los embalses tampoco invita al optimismo. En la
demarcación Galicia Costa están al 62% de su capacidad, mientras que en
la Miño-Sil la ocupación baja al 50,5%. Sumada la cantidad de agua en
las dos demarcaciones, los embalses gallegos albergan 1.953 hectómetros
cúbicos, el nivel más bajo desde 1990. A estas alturas de agosto en
aquel año había 1.793 hectómetros cúbicos.
“No podemos hacer las cuentas del siglo XX”
La catedrática Pilar Paneque considera que ante una disminución
de las precipitaciones como la actual, en el corto plazo “poco se puede
hacer porque es un fenómeno natural”. Las sequías, recuerda, son
inherentes al clima de la Península y ahora se sabe que, con el cambio
climático, van a ser “más intensas y recurrentes y, probablemente, más
largas”. La mitigación es algo que entra en las medidas a largo plazo,
dice, pero lo que sí pueden hacer ya las administraciones es anticiparse
a los cambios en los patrones de lluvia y a las predicciones seguras de
que habrá menos recurso disponible. “No podemos hacer las cuentas del
siglo XX en el siglo XXI”, añade.
Reclama hacer un control de los usos, es decir, actuar sobre la
demanda, y “reflexionar muy profundamente sobre qué se puede cubrir y
qué usos se priorizan”: “No tenemos tanta agua como piden todos los
sectores. Tenemos que repensar nuestra agricultura, ganadería, modelo
turístico, modelo urbanístico... No podemos crecer ilimitadamente”. El
problema, insiste la experta, está en cómo se gestiona el agua en
periodos de normalidad, no en la respuesta ante las sequías, en la que
España, dice, “está a la vanguardia”:
En el mismo sentido, Julio Barea critica lo que considera una
ausencia de políticas de reducción de la demanda y que se use el agua
como si fuese un recurso ilimitado. Las medidas que cree que hay que
adoptar son “impopulares” y pasan por meter la tijera en el regadío para
el sistema agrícola industrial y recuperar el modelo tradicional de
producción." (Beatriz Muñoz, eldiario.es, 14/08/22)