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7/9/23

Las meninas buscan piso en Ferrol: de los botes de pintura de Yolanda Díaz a fenómeno artístico... Esta es la historia de la dignificación de un barrio obrero y deslucido de Ferrol a través del arte urbano y del flechazo entre artistas y vecinos. El icono de Velázquez ha revalorizado Canido, el distrito por el que se pelean las inmobiliarias

 

 Intervención artística en Las Meninas de Canido

"Cuando Velázquez pintó La Familia de Felipe IV en 1656, ni remotamente imaginaba que su obra maestra acabaría llamándose Las meninas. Ni que serían el icono pop del arte barroco, etiqueta en Instagram y mucho menos el ingrediente para la recuperación de un barrio —y la autoestima— de toda una ciudad.

¿Y cómo ocurrió? De una anécdota de barrio a fenómeno cultural. Aquí la secuencia: vecino desconocido hace una pintada chapucera sobre un mural del artista coruñés Jorge Cabezas contra una antena de telefonía y lo estropea. Vecino indignado con dotes para el dibujo propone pintar una menina —icono pictórico fácil de identificar— para defender la cultura contra la barbarie desde las paredes de su barrio y otros compañeros del gremio le aplauden y se suman. 

 Así se plantó en 2008 la semilla de Las meninas de Canido que este fin de semana llega a su 15.ª edición, situando a Ferrol como epicentro del arte urbano de pincel y espray a pie de calle en una fiesta popular que también es un fenómeno sociológico: de cómo el color ha alejado la tristeza de las calles de un barrio obrero degradado en la parte alta de la ciudad naval que ahora está señalado en el mapa de la Unesco como punto de interés cultural y por el que se pelean las inmobiliarias.

La feliz idea de repoblar con meninas un barrio que se iba deteriorando a pasos agigantados explotó en la cabeza de Eduardo Hermida junto a otros dos compañeros con inquietudes artísticas. Juntos llamaron a las puertas de la concejalía de Cultura de Ferrol, que entonces ocupaba la vicepresidenta en funciones y líder de Sumar, Yolanda Díaz. Aplaudió la idea de vestir de arte las ruinas y, aunque eran tiempos de austericidio económico, accedió a costearles 40 kilos de pintura y un equipo de sonido, recuerda su entonces asesor cultural, Suso Basterrechea. "Mantuvimos un primer encuentro con ellos y nos pareció bonito intentarlo. El presupuesto era irrisorio, pero recuerdo aquella primera edición como espontánea y auténtica", apunta Basterrechea, profesor y artista plástico que se cuenta entre los íntimos amigos de la vicepresidenta en su ciudad natal.

Fue una acción cultural en precario y sin apenas presupuesto, con las pinturas compartidas en vasos de plástico, pero ese espíritu cuajó por las callejuelas de Canido y movilizó a buena parte del barrio. Los vecinos fueron sacando empanada, rosquillas y bebidas frías para animar a los que pintaban en sus puertas. Se inflaron los fuelles de las gaitas y otros músicos se asomaron con sus instrumentos para animar el cotarro.

 Si en 2008 empezaron siendo unas decenas que repartieron algunas paredes desconchadas del entorno del Cruceiro, en esta edición 2023 hay 60 pintores y muralistas inscritos —Sfhir, Toni Espinar, Moami, Andrés Gabarres...— para intervenir en cuatro fachadas (con andamios y grúas) y medio centenar de paredes. La fiesta va más allá del marco y suma conciertos, mercadillos, talleres, performance y la participación de ponentes reputados como Malen Gual, conservadora del Museo Picasso de Barcelona, o Enrique Bocanegra, al frente de la casa natal de Diego Velázquez en Sevilla. "Estamos creando un barrio con una identidad muy personal. Es como tatuarlo", presume Eduardo Hermida, que sigue al frente del proyecto. De aquella primera menina en la calle de la Estrella nació también una exposición de Manuel López que abre sus puertas en el Torrente Ballester.

Canido espera a Banksy

Al presupuesto total que manejan ahora las meninas de Canido (del 1 al 3 de septiembre) suman fondos Xunta, Ayuntamiento, Diputación y patrocinadores potentes como Estrella Galicia, y son cabeza de cartel en las presentaciones turísticas de la ciudad en Fitur como reclamo para instagramers e influencers. Hasta se le cedió un espacio en blanco al mismísimo Banksy y se especuló con su paso, nunca confirmado, por la ciudad naval.

 Las derivadas de la intervención cultural en Canido también tienen su repercusión en el mercado inmobiliario. De barrio decadente ha pasado a pujante y bullicioso. Combina lo rural con lo urbano a medio camino entre pequeñas casas con huerta y bloques de nuevas promociones inmobiliarias. La búsqueda de pisos en la zona —y sus precios— tanto en vivienda nueva como de segunda mano se han incrementado, al mismo tiempo que se multiplicaban las meninas por el barrio, puntualizan desde una agencia local.

Una vivienda de 90 metros y tres habitaciones ya se acerca a los 180.000 euros en un municipio donde el precio medio del metro cuadrado todavía está en 853 euros. Incluso una vieja edificación tiene en proyecto convertirse en pequeño hotel para alojar a los turistas que se pasean por el barrio escudriñando paredes y fachadas a tope de color.

Mientras, las nuevas vecinas pictóricas de Canido hacen toples ante un Velázquez desnudo o con gafas de sol y que también es protagonista en muchas fechadas. Sus meninas se pasean colgadas del móvil, con paraguas y llevan la compra en bolsas del súper como cualquier vecina. Las hay góticas, tridimensionales, superheroínas, reivindicativas, en relieve o picassianas, en un guiño al año del centenario del genial artista que comenzó su periplo artístico al otro lado de la ría, en A Coruña."                   (Lorena Bustabad , El Confidencial, 04/09/23)

14/2/23

Los murales de Lugrís, el pintor gallego del mar, que están a punto de perderse en un edificio camino de la ruina

 "A la figura del pintor gallego Urbano Lugrís González (A Coruña, 1908 - Vigo, 1973) la acompaña el aura del bohemio que pasaba sus horas en los bares. Y en muchos de ellos ha perdurado el rastro de su presencia. El autor aceptó contratos para decorar varios locales y todavía en la actualidad se pueden encontrar obras suyas, sobre todo de la ciudad de A Coruña. En la Rúa Olmos, en el número 27, hay un edificio abandonado que preocupa por su deterioro y que guarda en su interior varios murales del artista, que corren el riesgo de desaparecer. No se conoce con exactitud su estado actual porque la propiedad, privada, está cerrada desde que dejó su actividad el último restaurante que la ocupó, y en el que se podía cenar sentado junto a una de las pinturas de Lugrís, con su característica temática marina.

El pasado mes de noviembre, la caída de unos cascotes de la fachada volvió a llamar la atención sobre el inmueble. El Ayuntamiento colocó unas vallas en la zona, pero sostiene que no puede intervenir más allá para tratar de proteger los murales, que están catalogados como patrimonio cultural por la Xunta. El más llamativo ocupa una pared y trozo de techo abovedado. Cuanto todavía estaba abierto el último restaurante que se instaló en el local, el Brasa y vino -antes estuvieron el Fornos o La Bottega-, ya se apreciaban daños en la pintura. Rodrigo Osorio, del colectivo In Nave Civitas que, junto con la asociación O Mural, se está movilizando para pedir que se protejan estos bienes, señala que estaban oscurecidos por años de humo de la cocina y el del tabaco -la obra es del 51- y que la humedad había desconchado la pintura en algunas partes.

Desde hace unos tres años, con el cierre del restaurante, no han podido volver a verlos. Por ese motivo, y porque les preocupa que los destrozos se extiendan rápido en un edificio en estado de abandono, estos dos colectivos presentaron en junio de 2021 un escrito al Ayuntamiento para que hiciese una inspección. No obtuvieron respuesta, dice Osorio, que expresa el temor de que el propietario quiera dejar que el edificio termine en estado de ruina para demolerlo -han dejado ventanas abiertas, apunta- y levantar otro. Con los recientes desprendimientos de la fachada, estas agrupaciones se dirigieron a los grupos políticos municipales para exponer el problema. El PP, Marea Atlántica y el BNG se han interesado por el caso.

Por su parte, el Ayuntamiento, gobernado por el PSOE, argumenta que no puede acceder a una propiedad privada sin que haya algún tipo de emergencia, como un incendio, y que trasladó a la Dirección Xeral de Patrimonio Cultural del Gobierno gallego la situación. La respuesta, indican fuentes municipales, es que la Xunta tratará de ponerse en contacto con el propietario del inmueble. El gobierno local dice compartir la preocupación por los murales. La Consellería de Cultura se limita a señalar que los técnicos “ya están sobre este caso para actuar con la mayor diligencia”.

Rodrigo Osorio cuestiona que el Ayuntamiento no pueda hacer algo más, pero en cualquier caso señala que la protección con carácter general de los bienes culturales gallegos corresponde a la Xunta. Los murales están catalogados, una protección inferior a la que tienen las obras declaradas bien de interés cultural (BIC), pero que obliga a las administraciones a hacer labores de protección e inspección, dice. Otro de los murales que Lugrís pintó en la ciudad, en la sede del entonces Banco Hispano-Suizo, que luego fue la cafetería Vecchio, sí es BIC. Esta obra, Vista de A Coruña 1669, corrió otra suerte: ha sido retirada de su emplazamiento original y restaurada por Abanca, que la ha instalado en su sede de -también- la Rúa Olmos.

El informe de la Academia de Belas Artes

La preocupación por el deterioro de los murales de Lugrís ha llegado a la Academia Galega de Belas Artes. Su presidente, Manuel Quintana Martelo, explica que abordaron el asunto en el último pleno de 2022, en diciembre, y han acordado elaborar un informe que presentarán a las administraciones públicas. Les consta, dice, que el edificio está en “muy malas condiciones” y parece que el estado de los murales es “bastante calamitoso”. “Como órgano consultivo de la Xunta y de las administraciones, nos ocupamos de alzar la voz ante estas situaciones”, añade.

Los murales pintados por Lugrís son, según Rodrigo Osorio, muy delicados. No siempre utilizaba para estos trabajos los mejores materiales, apunta. Con motivos siempre relacionados con el mar y una influencia que algunos autores trazan en el realismo mágico, dejó varios murales en diferentes edificios. Se conservan sus pinturas en el número 10 de la Rúa da Estrela de A Coruña y en el 56 de la Rúa do Franco de Santiago de Compostela, ambos locales dedicados a la hostelería. También en la escuela de la iglesia de Vilaboa, en el municipio coruñés de Culleredo.

Osorio destaca que era un pintor valorado y bien pagado en la época. Por el mural que pintó para el Banco Hispano-Suizo le pagaron 50.000 pesetas. Rebaja la historia de que hacía algunas de sus obras a cambio de comer y beber en los lugares que decoraba. “Lo contrataban y le pagaban. Otra cosa es cuánto le durase o que se lo gastase de juerga”, asegura."                 (Beatriz Muñoz, eldiario.es , 03/01/23)

18/9/20

El Pórtico de la Gloria, visto en un detalle inédito La Fundación Barrié presenta una ’app’ que bucea en los secretos del monumento y permite apreciar detalles imperceptibles al ojo



"A plena vista, bajo una gruesa capa de mugre amontonada a lo largo del tiempo, se escondía un tesoro. Tras 12 años de trabajo, lo rescataron en 2018 los profesionales de distintas universidades europeas —desde arquitectos a geólogos, informáticos y físicos— que colaboraron bajo la dirección del Instituto de Patrimonio Cultural de España en la restauración del Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela.

Lo que destaparon bajo los restos de suciedad, sales o morteros de cemento que se acumulaban sobre los cuerpos y rostros de las figuras diseñadas en buena parte por el Maestro Mateo y su obrador en la segunda mitad del siglo XII fueron tres capas de policromía realizadas respectivamente en época medieval, en el siglo XVI y en el XVII: viejos colores recién descubiertos que aportan una nueva vida a una de las joyas de la escultura románica en España y que, como muchos monumentos antiguos, en realidad no vestía del gris al que nos tenía acostumbrados.

Ese azul lapislázuli primigenio, junto a los rojos de bermellón y cochinilla, verdes cobre y blancos de plomo y azul azurita de la segunda intervención y los mejor preservados tonos de la tercera pueden verse hoy con un detalle inédito con la app gratuita para Apple y Android que ha presentado este viernes la Fundación Barrié, financiadora también del proyecto de restauración del Pórtico, que costó 6,2 millones de euros.    

Las imágenes en súperalta resolución que se pueden ver en la aplicación posan una mirada inédita sobre la obra: por medio de 2.700 fotografías tomadas a lo largo de 14 horas del pasado mes de julio sobre los 200 metros cuadrados del Pórtico, resulta posible acercarse a las figuras con un detalle sorprendente. Desde la perspectiva de alguien que se encontrara de pie frente al Pórtico, se pueden apreciar con nitidez las pestañas de los personajes, los brocados de oro de las vestiduras, los prolijos gestos de aquellos que han encontrado la gracia y los que han quedado suspendidos en el limbo…

Más allá del zoom, la app proporciona otras cuantas herramientas para adentrarse en el monumento y sus recovecos desde la distancia, ya sea a través del móvil u otro dispositivo. Estas van desde un repaso resumido por la obra con parada en sus componentes principales (el limbo, el árbol de Jesé, la figura del apóstol Santiago, el Pántocrator, los evangelistas y los bienaventurados) y en los principales daños que hubo que tener en cuenta antes de acometer la restauración, hasta un recuento de sus figuras más destacadas, ente estas los ángeles de la Pasión, el profeta Daniel, el apóstol San Juan y los 24 ancianos del Apocalipsis, que sujetan entre todos 21 instrumentos musicales.

Como parte de los trabajos de restauración se incluyó precisamente un proyecto de reconstrucción en madera de álamo, abedul, tilo, cerezo, nogal y boj de esos objetos musicales de la época, testigos de excepción de la historia musical medieval cuyos sonidos se incluyen en la aplicación junto con reproducciones en 3D que permiten observarlos desde todas sus perspectivas. Desde que la fídula oval, el arpa-salterio, el laúd o el organistrum fueron devueltos a la vida a partir de sus imágenes esculpidas en piedra, han realizado varios conciertos y se ha grabado un disco con ellos.

Otra de las funciones que presenta la aplicación ofrece una comparativa de las fotografías del antes y el después de la restauración, en las que se puede apreciar el renacer del intenso colorido de las estatuas. Junto con imágenes de los trabajos de restauración, se incluye también un repaso de las fases de la rehabilitación del conjunto: análisis de materiales, intervención en la piedra y en la policromía, documentación… La visita virtual por el pórtico se puede hacer además en compañía de una audioguía, con parada en algunos de los detalles más llamativos de la composición, como las túnicas de los personajes, las escrituras que portan o sus logrados rostros."   (Silvia Hernando, El País, 04/09/20)

13/7/18

As cores do Pórtico da Gloria


 Imaxe do Pórtico da Gloria despois da restauración das súas policromías. Foto: Fundación Barrié.

"En 2009, o Programa Catedral de Santiago —sufragado pola Fundación Barrié con máis de 11 millóns de euros e coordinado por Ana Laborde— iniciou os diagnósticos que conduciron á restauración do Pórtico. Seis anos despois, montouse o andamio e comezou “a intervención directa sobre os materiais”.

Segundo indican desde a Barrié, a decisión de intervir sobre o emblemático lugar adoptouse debido ás “evidencias do seu dramático deterioro, acelerado nos últimos dez ou quince anos”. As probas manexadas, sobre todo material fotográfico, levaron o equipo de restauradores e restauradoras a considerar “urxentes” os traballos.

“Estabilizouse o conxunto e preservouse a policromía que aínda se conserva”, sinalan na fundación, “dun risco inminente de perda definitiva, conservándoa para futuras xeracións”. Policromías, sería máis axustado dicir.

As tres fases

Porque na representación de apóstolos e profetas, do Xuízo Final e outras escenas do Antigo Testamento, obra do Mestre Mateo —e outras tres mans, como mínimo, segundo os estudosos—, houbo polo menos tres fases diferentes de coloración. Todas en óleo.

A primeira man de pintura data do Medievo. É dicir, da época en que se construíu o Pórtico —entre 1168 e 1188. “Dela consérvanse bastantes vestixios”, informa a Fundación Barrié na nota de prensa en que anunciaron o remate das obras hai tres días, “como se pode aprezar no anxo que porta a columna ou nos que portan a cruz”. Cada unha das esculturas foi examinada no lugar mediante “microscopía estereoscópica”.

Albaialde, lapislázuli, vermellón, pigmentos de terras, pigmento laca vermella, resina de cobre, acetato de cobre, carbón negro vexetal e negro de ósos, “sempre amalgamado con aceite de liño”, eran os materiais cos que pintaron esa primeira policromía. 

Houbo que agardar ao Renacemento, cando se modificou por primeira vez a portada exterior da basílica, para a segunda intervención de cores. Foi no século XVI e supuxo a decoración de mantos e túnicas con brocados aplicados, técnica de orixe flamenca.

A terceira policromía foi no século XVII. É a que se atopa máis visíbel na actualidade, achegou “un carácter barroquizante” e entre os autores atopábase Crispín de Evelino. Este artista policromou rostros, mans e pés en 1651.

 Deixou constancia nun documento, depositado no arquivo da catedral e que constitúe “o único documento que se conserva sobre as policromías do Pórtico da Gloria”.

Desde aquela, houbo “policromados parciais” destinados a reparar “as zonas máis degradadas”.

A restauración que agora se presenta seguíu “criterios de intervención moi conservadores. Mantivéronse todos os restos de cor conservados e retiráronse unicamente os depósitos nocivos acumulados sobre a superficie e que poden afectar a estabilidade dos materiais históricos”.           (Sermos Galiza, 02/07/18)

23/4/13

Si quería ser promocionado por la Xunta de Fraga tendría que cambiar de estilo, “ir más con la moda”

 
 A la izquierda, Ignacio Ramonet, a la derecha, Ángel Lemos, y en el centro su amigo Simeón, en Redondela, en 1933

"En el salón de su casa de A Estrada, cuando su amigo Laxeiro iba de visita, los dos pintores, el célebre y el ignorado, hacían terapia colectiva. A Ángel Lemos parece ser que no le hacía mucha falta sincerarse, pero al artista de Lalín lo liberaba bastante: “Ángel, non me deixan pintar os meus nenos”, asegura una hija de Lemos, Natalia, también pintora, que le oía confesar a Laxeiro. 

“Lo obligaron a estar en la vanguardia para triunfar, y accedió”, describe ahora ella, “mi padre, no. Moriría sin ser conocido, pero se conocía a sí mismo y fue fiel a sus principios”. “En los años noventa, el conselleiro de Cultura [Xesús Pérez Varela], le dijo ‘señor Lemos, nos interesa su figura [un republicano que en pleno frente, bajo el fuego cruzado, corrió desde las filas de Franco para cambiarse de bando], pero esto que usted pinta es demasiado realista”. 

Si quería ser promocionado por la Xunta de Fraga, le aconsejaba el político, tendría que cambiar de estilo, “ir más con la moda”.

 Ángel Lemos (Vigo, 1917-A Estrada, 2002) vivió una vida de novela y con su trabajo artístico sacó adelante a los ocho hijos que nacieron de sus dos matrimonios, pero no fue un pintor de éxito. Sin embargo, el suyo es el primer caso en Galicia que prospera en un juzgado de una denuncia por falsificación, presentada ante la policía nacional (Grupo de Delincuencia Organizada de A Coruña) por la familia del pintor muerto. 

El 14 de marzo, tras siete años de investigación, el juzgado de lo Penal número 3 de Vigo declaró culpable de un delito contra la propiedad intelectual y otro de tentativa de estafa al marchante Carlos Vila Rodríguez, gerente de las salas de arte Alpide.

En enero de 2006, el galerista estrenó el segundo de sus locales, en la calle López de Neira, con una retrospectiva del pintor, fallecido cuatro años antes. La muestra, que supuestamente era una promesa que Vila le había hecho a Lemos en los últimos años de su vida (antes de cortar su relación en 2000), se prolongó dos meses.

 Los cuadros, pagados al artista por el que podría entenderse como su mecenas a unas 25.000 pesetas, se pusieron a la venta, según la sentencia, a precios comprendidos entre 300.000 (1.800 euros) y 350.000 (2.100 euros). En los primeros días de la exposición, Natalia Lemos visitó la galería Alpide con su madre. Desde el primer instante ambas tuvieron la convicción de que siete de los cuadros expuestos, (Lavandeiras, Regreso del mercado, Fiesta de San Xoán, Meigas, Meigas —adornos en campaña—, En Santiago chovendo y Sendero) no eran del hombre que tantas veces habían contemplado pintar. 

“Me parecieron horribles. La pincelada no era la de mi padre, y esos colores él jamás los habría usado”, argumenta la hija, que aprendió pintura, como varios de sus hermanos, a la vera de Ángel Lemos.

 Así que les hizo fotos allí mismo a los lienzos que le parecieron sospechosos y a los dos días buscó instantáneas de las mismas obras que conservaba en casa para “cotejar”. Dos meses después, formuló la denuncia en la policía nacional. Pasado el tiempo, no se presentó como acusación en el juicio porque “no quería recibir nada a cambio”. 

Como apunta el propio magistrado en la sentencia, la aspiración de la hija, únicamente, es proseguir con el trabajo de catalogación de la obra de su padre, un afán que persigue desde 2001.  (...)

A los 14 años, Lemos huyó con su amigo Ignacio Ramonet con el sueño de ser actores en París. A los 17, embarcó como polizón rumbo a América, pero fue descubierto, preso en Portugal y devuelto a Vigo. En Toledo cambió de frente. Después vivió escondido y fue encarcelado en Ferrol. 

 La traición a Franco lo perseguía y, junto a las penurias de postguerra, lo empujó de nuevo a emigrar, como polizón, a Buenos Aires. Dejaba atrás esposa y cinco hijos, y no regresó hasta que murió el dictador."         (El País, 04/2013)