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12/10/23

De Fraga a Caballero: 'nuestros' populistas galegos, entre el orden y el miedo al cambio Un análisis de los populismos que llevan gobernando en Galicia desde la Transición. Repasamos los perfiles de Fraga, Paco Vázquez, Baltar Pumar y los actuales Caballero y Jácome

 "Julio Gil Pecharromán y Luiza Iordache Cârstea identifican en el Reino de España tres variantes populistas, dos en el campo de la derecha: el populismo neoliberal, partidario del Estado mínimo y del gobierno de una élite tecnocrática; y la derecha radical populista, ultrapatriótica y xenófoba, heredera (y modernizadora) de la vieja cepa franquista. Otra en la izquierda, que denominan “social-populismo poscomunista" surgida del 15M y las movilizaciones antisistema.

Contemplado como 'estilo político', 'formato de comunicación', 'discurso', 'construcción de un imaginario colectivo' o 'expresión de la política contenciosa' es fácil encontrar trazas de populismo en la mayoría de los partidos. En unos como fundamento y en otros como consecuencia de la contaminación cruzada que favorece la mediatización de la política. Con todo, el populismo sometido a escrutinio crítico, con voluntad de proscripción política, es esencialmente el populismo de izquierdas por ser el que impugna —y aspira a superar— el Régimen del 78.

 La cruzada contra el populismo impulsada desde 2014 por los medios conservadores edulcoró el populismo neoliberal y el de la ultraderecha. En el libro El populismo en España. Claves de identificación y presencia en los partidos políticos (Dykinson, 2003), Juan Manuel Burgos e Santiago Leyra-Curiá confeccionaron un índice del grado de populismo de los partidos. Los autores están vivamente preocupados por la emergencia de la razón populista de izquierdas y el resultado de su investigación no deja de ser tan chocante como ridículo. De mayor a menor grado de populismo: Unidas Podemos: 8,8; ERC: 8,2; PNV: 7,1; PSOE: 6,9; Vox: 5,8; PP: 4,4; e Cs: 3,8.

Les duele el populismo de la izquierda. En Galicia, sin embargo, los populismos más duraderos estuvieron históricamente —y están, en la actualidad— relacionados con el PP y el PSOE— Fraga, Paco Vázquez, José Luis Baltar, Abel Caballero...— o fueron utilizados como solución extrema para estancar el cambio político (Pérez Jácome).

Fraga, el populismo autoritario

En un vídeo electoral de 1977, Fraga afirmaba con rotunidad que Alianza Popular era “una fuerza populista” e insistía: “Somos una fuerza populista que viene del pueblo y va al pueblo, contra los viejos y nuevos caciques”. El relatorio del III Congreso de AP, redactado por él en 1979, definía el partido como populista, conservador y reformista. En su libro Ideas para la construcción de una España con futuro (Planeta, 1980), aboga por un “verdadero populismo (...). Ni podemos renunciar a él, ni actuar de forma incongruente con esa idea; en la que quepa todo el pueblo, toda la sociedad real”. Para Fraga, el populismo no era una idea pasajera.

Fraga no fue capaz de encontrar una fórmula populista triunfante que lo llevase a la Moncloa. Lo consiguió en Galicia. En 1981, arropó, como presidente de Alianza Popular, la campaña de Gerardo Fernández Albor con el lema “Gallego como tú”. En 1989, se presentó a las autonómicas con un eslogan rotundo: “El presidente para un gran Pueblo”. Carlos Calvo definió el fraguismo como un “proyecto hegemónico a la vez regresivo y modernizador, impulsado por un populismo autoritario que se abalanzó sobre el galleguismo histórico como fuente de legitimación democrática”. Una exitosa estrategia que “a través de la piratería simbólica de la expropiación y la confiscación de los referentes galleguistas”, permitió a la derecha crear un “nuevo galleguismo desactivado de toda carga soberanista y que consiguió hacerse tremendamente popular”. En la matriz, un populismo autoritario que tenía mucho en común con el populismo de Margaret Thatcher.

 

La oposición afeará su populismo rebajándolo a folclorismo. Bautista Álvarez denunciará su “populismo gastronómico” y destacará que “es a través de la gastronomía donde tradicionalmente se practica el clientelismo” y “donde se reparte el pastel”. Camilo Nogueira le critica que su “populismo es la negación de la democracia, de la política auténtica, de la seriedad, de la imaginación y del rigor”. Xosé Manuel Beiras lo va a señalar como un “un populista que manipula al pueblo, como Perón”. En la polémica, Fraga no renegará de su populismo. Contestará con retranca a Beiras que “no hay que ser ruso para ser un buen populista” y se reafirmará en la idea de que “populista es simplemente el hombre que cree en el pueblo”. Corregirá a Nogueira: “El populismo es una de las más nobles palabras de la historia del pensamiento político”.

El ideario de Fraga definirá un complejo —y muchas veces contradictorio— mix de conservadurismo autoritario y neoconservadurismo, con trazas de democracia cristiana, populismo, regionalismo galleguista fuerte e, incluso, un keinesianismo confiado en la intervención determinante de la Xunta. Contradictorio, afirmándose en su elitismo y, al mismo tiempo, en una política de proximidad a la que se le ajusten eventos masivos y de creación popular. Hiperliderazgo y autoridad omnipotente y omnipresente como expresión personalista de una revolución conservadora pasiva y desde arriba. Sus resultados: un régimen de partido ultradominante y la institucionalización Autonomía gallega como una construcción conservadora.

Francisco Vázquez, el localismo populista

A pesar de todo, en Galicia, el populismo empezó antes a destilarse como localismo a causa de la disputa por la capitalidad. La designación de Compostela como sede de las instituciones autonómicas fue duramente contestada por las fuerzas vivas de A Coruña que entendieron que se vulneraban los derechos históricos de la ciudad. La indignación ciudadana se tradujo en movilizaciones masivas y en una oposición política unánime de las agrupaciones coruñesas de la UCD Alianza Popular y el PSdeG.

 El coruñesismo cristalizó, inicialmente, como reacción a la frustración por la elección de Compostela como sede del autogobierno y, después, como materia para la imaginación populista de una nueva identidad en la ciudad. Un coruñesismo transveral que sería hegemonizado por Francisco Vázquez. En las municipales de 1983, solo obtendrían actas los partidos que apoyaran la capitalidad de A Coruña y Vázquez logrará su primera mayoría absoluta, revalidada después en 1987, 1991, 1995, 1999 y 2003. Su “largo mandato” suma 22 años, 10 meses y un día.

El principio activo del coruñesismo regresivo de Vázquez juntó localismo con grandes dosis de victimismo populista y conservadurismo —amparado en la pantalla progresista del PSOE—, cada vez más escorado hacia los posicionamientos antigalleguistas. Con el tiempo, el coruñesismo mutó políticamente en vazquismo: poder local ilimitado y un peso determinante en el PSdeG para definir su estrategia, directamente como secretario general (1980-1982 y 1994-1998) o indirectamente hasta la llegada de Pérez Touriño. El vazquismo formateará el PSdeG como un complemento subalterno del PP, se desentenderá del autogobierno gallego e investirá el municipalismo como su espacio de poder. Sus efectos más persistentes serían la desconexión de A Coruña de todo proyecto de país y la desactivación del PSdeG como alternativa real al Partido Popular.

El componente populista de la acción de gobierno de Vázquez se fue rebajando a medida que se convertía en un broker de las principales corporaciones económicas y mediáticas de la ciudad. Puente Ojea, que también ejerció como embajador en el Vaticano, lo cualificó con crudeza: “Paco Vázquez solo es un hombre de negocios” A Vázquez le vale más presentarse, aún hoy, como el abanderado del “coruñesismo invicto”.

Baltar Pumar, caciquismo popular y populista

El periodista Víctor Rodríguez resumió la biografía de José Luis Baltar Pumar en una frase: “Un historial político marcado por el populismo”. El prefería definirse como un “cacique bueno”. Un historial político de éxito, en todo caso. Antes de integrarse en el PP, su linaje política empata con el centrismo al que dio vida Eulogio Gómez Franqueira, en connivencia con el desarrollo del cooperativismo (UTECO, COREN) y la creación de la Caixa Rural de Ourense. De la UCD a Centristas de Ourense y a Coalición Gallega (CG). Centristas de Galicia en 1985, tras el cisma de CG. Al frente del nuevo partido dos hombres de Franqueira: Victorino Núñez, presidente, y José Luis Baltar, secretario general. Núñez, presidente de la Deputación desde 1979; Baltar, alcalde de Nogueira de Ramuín desde 1976 y sucesor suyo en la Diputación a partir de 1990.

 

En las baronías y cacicados de la derecha gallega es fácil diferenciar dos castas, una patricia y otra plebeya. Baltar, adornado de galleguismo blando y ourensanía, encarnó su expresión más popular y populista. Desde la Diputación tejió una red clientelar de fidelidades y de favores, desarrollando una suerte de Estado de bienestar bastardo que aseguraba empleos, servicios y ayudas a los leales. Políticamente poco cauteloso y bocazas, ensució las campañas electorales con acusaciones falsas y jugosas promesas. Abogó por un caciquismo sin escrúpulos y el recurso de las peores prácticas: “Buscar los votos donde sea, convencer a quien sea y robárselos a ellos o a quien sea”. En su idea, el éxito electoral lavaba toda mancha.

En las disputas partidarias batió con Fraga, ya en su crepúsculo, y se repuso a las injerencias de Feijóo en su feudo político. Se retiró en 2012 y se lo cedió en herencia a su hijo, Xosé Manuel Baltar Blanco. Dos años después fue condenado por realizar más de cien contratos irregulares de trabajadores en la Diputación, muchos de ellos compromisarios en el Congreso del PP de Ourense en el que se eligió Baltar Blanco como sucesor. La continuidad dinástica se quebró en 2023. Tras esquivar distintos escándalos, X. M. Baltar se vio obligado a renunciar a sus cargos al ser imputado en un delito de conducción temeraria. Se retiró mansamente y fue premiado con un puesto de representación autonómica en el Senado.

Abel Caballero, un populista neroniano

La sociedad viguesa de orden envidió durante décadas a Coruña, ansiaba que Vigo tuviese un Paco Vázquez, un alcalde que aportase un localismo solvente y autoridad, y que, al mismo tiempo, dejase las manos libres para hacer de la ciudad un monopoly con muchos beneficios y muy pocas reglas. En 2007, Corina Porro, alcaldesa del PP, se quedó a 2.500 votos de la mayoría absoluta. BNG y PSdeG acordaron un gobierno de coalición y Caballero fue elegido alcalde. En 2011, repitió en la alcaldía con un nuevo pacto con el BNG que ya no formaría parte del gobierno local. Después sumó mayorías absolutas en 2015, 2019 y 2023.

 

Vigo es ahora una suerte de Ciudad-Estado en la que Caballero concentra todo el poder. Combina un viguismo defensivo —de queja y protesta— con una identidad positiva y orgullo de ciudad. Sin marcas ideológicas fuertes, guarda las distancias, si es necesario, con el PSdeG. Alienta un antagonismo exacerbado contra la Xunta y explota de forma victimista los agravios presupuestarios con la ciudad. Abusa de un hiperliderato histriónico, saturado de egocentrismo, hiperbólico en emociones y narcisismo.

Un populismo neroniano que engorda con políticas de proximidad y el acercamiento informal a los ciudadanos. Incansable, es un alcalde stakhanovista, en campaña electoral permanente. El suyo es un populismo de orden, pragmático, muy competitivo y adaptado a las exigencias de una democracia de audiencias siempre en busca de la viralidad y el mayor impacto en el público. Un triunfo populismo como política-espectáculo.

Pérez Jácome, un populismo grotesco

En 2003 Gonzalo Pérez Jácome, gestor de un pequeño negocio familiar de instrumentos musicales, creó Democracia Ourensana (DO), un proyecto político personalista, ideológicamente desdibijado, “ni de izquierdas, ni de derechas, de Ourense”. Jácome imita los “empresarios políticos” del primer populismo como Jesús Gil o Ruiz-Mateos, con los que comparte trazos psicológicos y políticos: narcisista, extrovertido, audaz, destemido, provocador, malhumorado, grotesco, pero también carismático y popular.

Jácome aumentó su crédito ciudadano a base de impugnar el régimen caciquil del baltarismo y los límites estrechos del bipartidismo y la política convencional. Prosperó a caballo de la antipolítica y un caudillismo desbocado. Su política antagonista y contenciosa, denunciando la discriminación de Ourense, achicó el espacio de las fuerzas políticas de cambio y, en las municipales de 2015, Democracia Ourensana se convirtió en la segunda fuerza política en la ciudad. Y sería, de hecho, la oposición al alcalde del PPdeG, el exconselleiro de Educación, Xesús Vázquez, desbordando con su iniciativa a PSdeG y Ourense en Común.

No hubo sorpaso de DO al PP en las municipales de 2019. El PSdeG favorecido por el efecto Sánchez fue la lista más votada. Retrocedieron PP y DO. La correlación de debilidades de las dos derechas ourensanas facilitó la solución más impensable. Con el apoyo recíproco, Baltar ocupó la presidencia de la Deputación y Jácome la alcaldía. DO dejó de ser alternativa para ser complemento. Creció el descontento por el autoritarismo mesiánico de Jácome. La lealtad de Baltar duró poco e impulsó un motín en su grupo municipal. Jácome sobrevivió al cisma de Democracia Ourensana.

En las elecciones del 28M, los partidarios de la Orden aspiraban a la normalización del ayuntamiento impidiendo un nuevo mandato de Jácome y lisiando su capacidad para decidir la presidencia de la Diputación. Normalización que exigía minimizar electoralmente la anomalía populista (ultra)conservadora de DO. La operación de acoso y derribo de Jácome divulgando audios, en los que se acreditaban malas prácticas y se acumulaban indicios de delitos, arrebatos autoritarios y una grotesca personalidad, no erosionaron sus apoyos y favorecieron su victimización.

 El pasado 23M, Democracia Ourensana se convirtió en la primera fuerza política en el Ayuntamiento de Ourense: sumó más de un tercio de los votos y 10 concejales. Como en 2019, a la derecha conservadora le valió la derecha populista como solución de emergencia para ahogar las fuerzas de cambio e impedir la democratización del gobierno municipal y de la Diputación de Ourense."                 (Manuel M. Barreiro  , El Salto, 12/10/23)

10/4/23

Sobre o PPdeG... No período de Feijóo, e agora no de Rueda, non houbo o máis mínimo signo de que a autonomía política tivese algún valor. Descenderon a poboación e o PIB... Toda a súa acción de goberno foi puramente reactiva e administrativa. Tampouco se rexistrou obra ou investimentos públicos significativos. Na desaparición das caixas, na absorción do Banco Pastor, no peche de diversas industrias... en todos os asuntos importantes a Comunidade Autónoma foi silente, mero espectador pasivo... o poder de intermediación do PPdeG é reducido en relación ao que foi. Na maraña de intereses creados hai moito menos para repartir e os vellos mecanismos clientelares teñen un nivel máis baixo de aceite... Hai unha certa Galicia que deixou de ser. Hai outra que, para ser personaxe, busca autor. De momento, a inercia dálle ao PPdeG o control da situación, pero diría que o seu poder está perdendo base

 "Cumpríronse -o ano pasado- dez anos da morte de Fraga, que coincidiron, por moi pouco, co centenario do seu nacemento. Non deixou de chamarme a atención a falta de interese que tanto o PP central coma o mesmo PPdeG mostraron na conmemoración. A efeméride pasou sen pena nin gloria. Os seus correlixionarios parecen ter esquecido a quen, no lugar común, era designado como “a figura política máis importante da dereita española na segunda metade do século XX” e que, sen dúbida, foi o presidente que modelou a autonomía galega. A Fundación Manuel Fraga está sen un só euro e as caixas amóreanse na súa casa natal sen que un só arquiveiro ou investigador intente poñer orde no seu legado.

Por que? Responder esa pregunta non carece de interese. O seu papel como redactor da Constitución podería ser posto en valor polos seus compañeiros de partido. A súa evolución, do falanxismo de orixe a unha especie de Cánovas del Castillo da nova Restauración, tamén. Pero ninguén, precisamente entre os seus, parece querer lembralo. 

 Pode estar a clave no Fraga último? É o Fraga presidente de Galicia o intragable para o novo integrismo centralista ? É o Fraga reformista, civilizado en Londres na súa etapa de embaixador, o inasumible para unha dereita que está involucionando?

Sendo Fraga quen era, e vindo de onde viña, intentou darlle un contido político á autonomía e facer que Galicia tivera peso e capacidade de negociación no marco estatal. No seu momento esa circunstancia causou grande desconcerto. De feito, a mera enunciación das iniciativas que puxo Fraga en circulación dános a medida exacta na que a Xunta de Galicia pasou a ser dende entón unha mera oficina de xestión.

Fagamos unha pequena recopilación dos temas que puxo sobre a mesa. A “administración única”: a idea de que a comunidade autonóma debería de ser a única forma que adquire o Estado en Galicia. O principio de subsidiariedade, que ten como función xeral garantir un certo grao de independencia a un poder local respecto dun poder central. A proposición da reforma do Senado para dárlle representación ás comunidades autonómas na gobernación do Estado. A participación das CC.AA. na elaboración da política da UE. A noción de “autoidentificación” como defensa da singularidade galega. E o último, pero non o menor, o pacto que deu lugar á Lei de Normalización Lingüística.

A lista deixa negro sobre branco o baleiro intelectual e político das administracións de Feijóo e Rueda: esa falta de peso político determinado pola necesidade de non molestar aos cenáculos madrileños. Dado que o destino final de Feijóo era aspirar á Presidencia do Goberno español convíñalle non incordiar aos que podían ser os impulsores da súa carreira persoal. Pero iso deulle á Xunta menos capacidade de negociar e, por tanto, de favorecer investimentos en Galicia. Rueda, no seu caso totalmente gratis, segue o mesmo camiño.

 No período de Feijóo, e agora no de Rueda, non houbo o máis mínimo signo de que a autonomía política tivese algún valor. Descenderon a poboación e o PIB. O elemento “Galicia” foi adelgazando, na acción política e na sociedade, cada vez máis marcada pola ecosfera mediática madrileña e polo poder das redes, ata extremos irrecoñecibles. Toda a súa acción de goberno foi puramente reactiva e administrativa. Tampouco se rexistrou obra ou investimentos públicos significativos. Na desaparición das caixas, na absorción do Banco Pastor, no peche de diversas industrias... en todos os asuntos importantes a Comunidade Autónoma foi silente, mero espectador pasivo. Rueda está impulsando agora o Corredor Atlántico fronte ao Goberno central. Fai ben. Continuará a facelo se Feijóo é presidente?

Fraga tiña admiración por Franz Joseph Strauss e o modelo bávaro, dentro da Alemania federal, o que lembra que as concepcións da dereita non necesariamente teñen que partir dun esquema centralista. Intentou erguer un partido de masas, con alma, que intentara emular a penetración social do PNV en Euskadi. A identificación entre o PPdeG e a mesma autonomía ía implícita na política elaborada. Deses logros bebeu a hexemonía conservadora nos últimos lustros. Creo que iso é indiscutible, como o é que as propias maiorías de Feijóo debéronse, nunha certa medida, a non rachar ostensiblemente con ese modelo.

É posible que todo iso cambiara e que nas tensións da España actual o cabalo gañador, especialmente o de dereitas, teña que poñerse en liña e ser un mero poste de repetición das vareadas dogmáticas que os medios madrileños reparten urbi et orbi, soberbios e fatuos.

É posible. Pero, é seguro? Está o PPdeG convencido de que a súa é unha fórmula de éxito? O seu perfecto aliñamento coas consignas de Génova non entraña ningunha ameaza a medio prazo para o seu dominio? Ou dito doutro modo, cal é a funcionalidade política, para a sociedade galega, deste PPdeG? Unha acción de goberno con activos tan escasos e limitados pode perpetuarse no tempo?

Pode que algunhas cousas estean pasando desapercibidas para o radar non só do PP, senón da súa circunspecta, roma, burocrática e pouco imaxinativa oposición. As empresas, cada vez máis, viven nun mundo globalizado que lles dá independencia respecto do goberno galego. As caixas foron substituídas por Abanca, un banco privado no que a Xunta ten pouco ou nada que dicir.

Parece claro que o poder de intermediación do PPdeG é reducido en relación ao que foi. Na maraña de intereses creados hai moito menos para repartir e os vellos mecanismos clientelares teñen un nivel máis baixo de aceite. O elector conservador galego vai dende logo polo rego, e secunda a polarización, a ira inducida, o antifeminismo, o nacionalismo español e o que sexa necesario, pero non é evidente que a sociedade galega camiñe tan rápido por ese carreiro. O seu ritmo é outro.

Ademais, o PPdeG carece hoxe dese tipo de líderes con arraigo local, ou caciques, que tiraban para casa. Eses que no pasado tanto contribuiron a asentar o seu dominio -coa evidente excepción de Baltar fillo, moi lonxe das habilidades de seu pai. Tamén está orfo de figuras con perfil político. A nova caste de líderes son seres encastelados na administración. Birretes que, no mellor caso, teñen alma de opositores, no peor, de enchufados. En todo caso, en ningún sentido xestionan con eficacia os bens e servizos públicos.

En definitiva, a pregunta é: serve o PPdeG para articular os intereses locais? Non me refiro só -que tamén e sobre todo- aos xenéricos e abstractos, que producen bens e servizos e melloran o benestar e a atmosfera social, senón aos concretísimos do interese particular.

A economía galega é extraordinariamente aberta. O éxito ou o fracaso da súa sociedade tense que medir cos parámetros da súa inserción na economía global. Non estou pensando só en Inditex ou Citröen, en Coren ou a conserva, senón na malla de empresas que producen para mercados externos.

Hai unha certa Galicia que deixou de ser. Hai outra que, para ser personaxe, busca autor. A Galicia urbana, competitiva en produción industral e de servizos realmente atopa no PPdeG a forma política que saiba xestionar os seus retos dun modo proactivo? Realmente hai na Xunta actual alguén que saiba negociar prioridades co goberno central e reorientar a economía e a sociedade galegas? De momento, a inercia dálle ao PPdeG o control da situación, pero diría que o seu poder está perdendo base, ou depende, simplemente, do tornadizo humor popular."               (Antón Baamonde  , eldiario.es, 9 de abril de 2023)

2/12/22

“Camarada Fraga. Memoria de un fascista”, documental con visión memorialista

 "La Comisión por la Recuperación de la Memoria Histórica de A Coruña ha presentado este viernes el documental “Camarada Fraga. Memoria de un fascista”, con los aspectos de la vida del político que habría cumplido cien años esta semana desde el punto de vista de la memoria histórica.

El documental lo han preparado los expertos en memoria y miembros de la comisión Manuel Monge -que también fue preso político durante la dictadura-, Beatriz Gómez y Carlos Babío, con el trabajo audiovisual de Daniel Carballada y la imagen de portada de Fraga mientras hacía el saludo fascista.pp

“Como servidor del franquismo y ministro de una dictadura criminal, Manuel Fraga no merece reconocimiento social, ni la distinción de hijo adoptivo”, ha resumido Monge, en referencia a un manifiesto de otros represaliados del franquismo que reclamaron hace años la retirada de honores.

Este experto ha detallado que el objetivo de este trabajo es “informar de la parte silenciada de la biografía de Fraga” sin dar “ninguna opinión”, pues solo reproduce “la historia” y lo hace desde el título, pues es el propio Boletín Oficial del Estado (BOE), firmado por Franco, el que se refiere al “camarada Manuel Fraga Iribarne” en 1961.

“Lo de fascista es porque se afilió muy joven, en 1937, con 15 años, a la Falange. La explicación que dio es que de aquella era lo más interesante que había y continuó esa militancia fascista durante 35 años, hasta llegar a ser un alto cargo”, ha proseguido.

A lo largo del vídeo se recogen varias facciones del expolítico, como su papel de fundador de Alianza Popular, que creó junto a otros exministros de Franco y se reflejó en la época como “neofranquistas entusiasmados celebraron su primer Congreso” que terminaron esa primera sesión con “gritos de 'Franco, Franco, Franco'”.

“Después que nos cuenten milongas de que es el padre de la democracia”, ha añadido Monge.

Este experto ha recordado que los promotores de la Fundación Francisco Franco fueron dirigentes populares, y el propio Fraga, en un libro, dijo lo siguiente: “Serví lealmente a Franco. Serví al Estado franquista”.

Ha puesto también en duda su papel como galleguista, pues “ordenó el secuestro de la obra de Castelao” en su momento y luego, en la Xunta, “aparece entregando las medallas Castelao”.

Cuando se produjo el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 dijo que los golpistas “estaban llenos de buena voluntad”, ha añadido.

En el documental también se habla sobre su supuesta faceta de “honrado y buen gestor”, con referencia a la financiación del Partido Popular.

Otro de los puntos abordados es su actividad como “buena persona”, ya que calificó de “piojosas” a las mujeres de Asturias que se manifestaban y se opuso al regreso a España del poeta Luis Cernuda por ser homosexual.

Son varios los puntos abordados en un documental que recoge muchos elementos históricos y que tiene “mucha fuerza”, según ha defendido el presidente de la Comisión por la Recuperación de la Memoria Histórica de A Coruña, Fernando Souto.

Beatriz Gómez, por su parte, ha asegurado que el vídeo recoge “la parte de Fraga que es menos conocida y que estos días no va a figurar”.                 (eldiario.es, 25/11/22)

25/11/22

El centenario de Fraga... diez años después de su muerte se va desvaneciendo el recuerdo del mayor superviviente político de la dictadura... su mayor legado, el impulso del Xacobeo... En el plano negativo, su herencia se percibe en la manifiestamente mejorable calidad de la democracia en Galicia... y en que no sólo no se aprovechase el gran maná de los fondos europeos para ordenar este país, sino que se incrementase su caos, sin que sirviesen para conseguir el ansiado salto cualitativo en el desarrollo económico. El monumento al despilfarro se halla en el monte Gaiás, en la Cidade da Cultura

Anxo Lugilde @anxoluxilde

1. Estos son los destacados de mi texto de hoy del centenario de Fraga, el político al que dediqué más tiempo: "Cien años después de su nacimiento y diez después de su muerte se va desvaneciendo el recuerdo del mayor superviviente político de la dictadura"... "El centenario de Fraga, el político que triunfaba fracasando" (abajo)

2. "El azar de las efemérides ha juntado los cien años del nacimiento de Fraga con el vigésimo aniversario de la marea negra que le impidió morir en el poder"

3. "Fraga no logró ser el franquista que liderase la transición, pero después, pese a su posición minoritaria, se convirtió en uno de los redactores de la Constitución"

4. "Fundador de AP/PP, Fraga fracasó en sus asaltos electorales a la Moncloa y se hizo fuerte en Galicia con más del 50% de los votos"

5. "Fraga pasó de ser un iracundo político en Madrid a, con los años, ofrecer una cierta imagen de cascarrabias abuelete de los gallegos"

6. "Dotado de un destacado intelecto, Fraga acabó como un hombre de otro tiempo, con diatribas conta el condón, la igualdad de género y la homosexualidad"

7. "Marcado por su muy estricta madre vasco francesa, María Iribarne, en Fraga no cabía la idea de una retirada. "'Soy una bicicleta, si paro me caigo'"

8. "Su discípulo Feijóo se enfrenta ahora en la sede de la calle Génova que creó Fraga al riesgo de fracasar como él o acabar ganando como Rajoy"

9. Si Feijóo fracasa en Madrid, como Fraga, yo no descartaría que acabase regresando a Galicia, como Fraga, aunque quizá para ello el PPdeG debería perder antes la Xunta. Son muchas hipótesis juntas pero ya lo vimos (esto ya no es del texto).

10. En el legado de Fraga en la Xunta destacan el Xacobeo, que situó a Galicia en la globalización, y la consolidación del autogobierno. También el desaprovechamiento del maná de los fondos europeos para lograr un salto en el desarrollo y una democracia de muy baja calidad

11. La primera vez que vi a Fraga fue en las fiestas de Vilalba de 1990, cuando hacía prácticas en La Voz de Galicia. Me escondí detrás de un cámara de la TVG para no tener que darle la mano. Me vio y dijo: "Usted, venga aquí". Me estrechó la mano y se marchó raudo y veloz

12. La última vez que vi a Fraga fue en Madrid, en el Senado, en 2010, cuando lo entrevisté para mi tesis. Me trató muy correctamente, todo el tiempo en gallego. El problema fue que había incoherencias, como dar por viva a gente ya fallecida, por lo que estimé inadecuado usarla

13. Hay una catarata de libros sobre Fraga, incluso alguno obra mía, en solitario o en compañía, y él dejó un torrente de volúmenes, hechos deprisa y corriendo. De los que leí, para mí el que mejor retrata su personalidad es el de @FjaureguiC, que lo siguió en la oposición

14. "La extinción de Manuel Fraga". Éste fue el obituario que hice en El Progreso cuando se murió. Fueron unas horas tremendas, porque, como nunca hago como en Sostiene Pereira, no tenía preparado ni éste ni el de La Vanguardia. "La extinción de Manuel Fraga" (abajo)

2:11 p. m. · 23 nov. 2022
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 "El centenario de Fraga, el político que triunfaba fracasando.

Existe aún una parte significativa de la sociedad española que cree el disparate de que el Prestige no perjudicó al PP gallego. Se trata de un error generado por muy desenfocados análisis de las municipales de 2003, centrados sólo en algunos pueblos de A Costa da Morte. Como si intentase desterrar tal dislate, el azar de las efemérides ha acumulado el vigésimo aniversario de la peor marea negra, que se conmemora estos días, con el centenario este jueves del nacimiento del más longevo superviviente político de la dictadura, Manuel Fraga, cuya carrera política duró casi seis decenios. Dejó escrito que el Prestige fue el principal factor de su salida en el 2005 del cargo que ocupó más tiempo, el de presidente de la Xunta. Lo hizo durante 15 años, si bien su puesto más determinante fuese el de ministro de Franco durante un septenio.

Sin la catastrófica gestión de la manera negra por el Gobierno popular de José María Aznar y sin también la conmoción que supuso en Galicia el saber que Fraga se había ido a Castilla de cacería en esos días teñidos de chapapote, el león de Vilalba, como era conocido este político en honor a sus rugidos y a la villa lucense donde nació el 23 de noviembre de 1922, estaría en condiciones de alcanzar su sueño de morir en el poder. Después de entrar en la Xunta por la mínima en 1989, gracias a un todavía hoy polémico recuento de Ourense y la diáspora, Fraga tocó techo en 1993 con 43 escaños, cinco por encima del umbral de la mayoría absoluta

El azar de las efemérides ha juntado los 100 años de su nacimiento con el vigésimo aniversario de la marea negra que le impidió morir en el poder

A partir de ahí empezó a perder uno en cada elección, hasta los 41 con los que compareció en las urnas en el 2005, cuando bajó a 37. Si hubiese mantenido el ritmo anterior, de dejarse un escaño por convocatoria, habría gobernado hasta 2017.

Lo de Fraga 2017 resulta un juego de hiperbólica ciencia ficción política. No hay manera de saber lo que hubiera pasado a partir del 2002 sin el Prestige. Y él murió el 15 de enero de 2012 en Madrid, en el piso de una de sus cinco hijos, Isabel, médico de profesión. Quizá la crisis financiera se lo hubiese llevado por delante o lo hiciese el estado de guerra perpetua en el PP gallego para preparar su sucesión o, efectivamente, presidiese la Xunta hasta su último día.

Sobre lo que no hay duda ninguna es que tal era su objetivo. Lo dijo en innumerables ocasiones, con frases como "hay que morir con las botas puestas" o los "grandes toreros mueren toreando" o cuando, en su última campaña electoral, proclamaba su disposición a servir a Galicia "hasta el último suspirito".

No logró ser el franquista que liderase la transición, pero después, pese a su posición minoritaria, se convirtió en uno de los redactores de la Constitución

Acercarse a la figura de Fraga cien años después de su nacimiento, cuando estaba empezando la dictadura de Primo de Rivera, haciendo juegos numéricos tiene todo el sentido, porque él era ante todo una persona cuantitativa. No estudió Matemáticas, sino que se doctoró en Derecho y Políticas, pero todo lo convertía en cifras. Nada lo expresó mejor que su gusto por juntar a miles de gaiteiros en la compostelana plaza del Obradoiro para celebrar sus tomas de posesión, con independencia de que el más gallego de los instrumentos musicales no es precisamente un tambor que suene bien tocado en masa, sino que más bien genera una cacofonía.

Su obra ensayística resulta ingente, con alrededor de un centenar de títulos, sin que haya ninguno de gran fama, que condense su pensamiento, sobre todo por estar escritos con su estilo apresurado, de grandes zancadas. A comienzos de los 90, con casi 70 años y antes de sufrir un desgaste de cadera, alguna vez se vio a los escoltas correr para seguir el ritmo del patrón, como le llamaban en el Partido Popular, la fuerza política que fundó en 1976 en Madrid, bajo el nombre de Alianza Popular.

Fundador de AP/PP, fracasó en sus asaltos electorales a la Moncloa y se hizo fuerte en Galicia con más del 50% de los votos

Sí fueron un éxito de ventas sus libros de memorias, sobre todo los dos primeros tomos. Se trata en realidad de dietarios de sus actividades de cada día en la escena pública, salpicados en ocasiones de comentarios jugosos y algunas revelaciones, pero deslabazados por su propio formato y por la falta del enfoque más profundo que se podía esperar de su nunca discutida gran capacidad intelectual. Ésta llevó al expresidente Felipe González a proclamar que a Fraga le cabía "el Estado en la cabeza" y al exministro Pío Cabanillas Gallas, a afirmar que era casi un súper hombre en todos los aspectos, "de los que nace uno en décadas".

Si bien ya en democracia no hablaba mucho de su jefe por antonomasia, el tirano Francisco Franco, gallego como él, y le reprochaba su inmovilismo, Fraga también elogiaba su papel de hombre de Estado. Parecía llamado a ser ministro de Educación, pero en 1962 llegó, a los 39 años, al Ministerio de Información y Turismo, que en realidad era el departamento de propaganda del franquismo. Así uno de sus logros es que incluso hoy se le siga llamando con el falso nombre de Información, aunque informaba poco y cuando lo hacía, como de la ejecución del comunista Julián Grimau, era mucho mejor que no lo tuviese que hacer. Ganó popularidad fomentando el turismo, la "industria sin chimeneas", sobre todo con su famoso baño en la costa almeriense con el embajador estadounidense, tras un accidente con una bombas nucleares norteamericanas.

Pasó de ser un iracundo político en Madrid a, con los años,  ofrecer una cierta imagen de cascarrabias abuelete de los gallegos

Aprovechó la oportunidad de que aún estuviese en vigor la draconiana Ley de Prensa de 1936, de guerra, con la que, por ejemplo, el Gobierno nombraba a los directores de los periódicos. Sin ser ninguna maravilla, el salto cuántico sobre el texto anterior de su norma de 1966 le dio una pátina de reformista, acentuada con su caída en 1969, enfrentando con los ministros del Opus Dei, y su forzado alejamiento del poder, con un breve paso por la empresa privada y su estancia de embajador en Londres.

El sueño de Fraga de liderar la transición debía de ser en realidad imposible. Y si tenía alguna opción remota la frustró su papel de vicepresidente segundo en el llamado primer Gobierno de la monarquía, ya sin Franco, pero con el durísimo Arias Navarro al frente, mientras Fraga, en lo que hoy es el Ministerio del Interior, daba miedo con frases como "la calle es mía" y sus nunca ocultadas pulsiones represivas. Su proyecto de reforma política poco ambiciosa fracasó. Y el sucesor de Arias, Adolfo Suárez le ocupó el centro. Según sus biógrafo que le atribuyen ese papel aperturista, perdió su crédito al aliarse con la línea dura del franquismo en su nueva formación política, AP. Eran los llamados ‘Siete Magníficos’, por el título de una película de la época y por ser otros tantos jerarcas de la dictadura. AP fueron vapuleada en las urnas en 1977 y 1979. Fraga, sin embargo, inasequible al desaliento, se ganó un papel como "padre de la Constitución", al ser uno de sus redactores. Y acabó logrando su objetivo de formar el embrión de "mayoría natural" agrupando a toda la derecha, unión que en los últimos años saltó por los aires, con Ciudadanos y Vox, después de haber sido la clave que permitió al PP gobernar en solitario, ya sin Fraga, entre 1996 y el 2004 y del 2011 al 2015.

Dotado de un destacado intelecto, acabó como un hombre de otro tiempo, con diatribas conta el condón, la igualdad de género y la homosexualidad

El periodista Fernando Jáuregui escribió uno de los libros que mejor lo retratan, titulado "la historia de un fracaso admirable". Sin embargo, esos fracasos alimentaron los éxitos de Fraga que, aunque fuesen más modestos, le permitieron sobrevivir sobreviviendo. No lideró la transición, pero estuvo en primera línea en el parto constitucional. La UCD primero lo aplastó, pero él se cobró venganza al derrotarla en Galicia en 1981 y sustituirla en España a partir de 1982 como el gran partido conservador. No pasó de jefe de la oposición, barrido por Felipe González en 1982 y 1986, pero encontró su sitio en Galicia, en la Xunta. Allí sació sus ansias de estadista y donde, frente a su pasado negador de cualquier descentralización y el uso de la lengua propia, hasta se hizo más autonomista y más galleguista, por ejemplo, de lo que fue luego Alberto Núñez Feijóo. E incluso menos restrictivo con la libertad de expresión, aunque lo fuese bastante.

"Don Mauel, deje de atacar a las mujeres y a los maricones. Espere a que pasen las elecciones", le exhortaba desesperado su director de campaña del 2005. Paradójicamente, el hombre de la censura del franquismo, invocaba su derecho a la libertad de expresión para decir lo que le venía en gana. Era un personaje de otro tiempo, el que había bramado ya en los 80 contra el condón. Sufría grandes achaques de salud, imposibles de ocultar tras su dramático desmayo en la tribunal del Parlamento en octubre del 2004

Marcado por su muy estricta madre vasco francesa, María Iribarne, no cabía la idea de una retirada. "Soy una bicicleta, si paro me caigo"

Pese a que el mejor resultado lo obtuvo en 1993. En el 2001, apenas un año antes del Prestige, Fraga había alcanzado su nirvana. Sus dos rivales, BNG y PsdeG, estaban empatados en escaños y competían por reunirse con él. Incluso mantenía una sorprendente buena relación, de catedrático a catedrático, con el nacionalista Xosé Manuel Beiras, que poco antes le llamaba "la peste Fraga", por el libro de Albert Camus, y "Fragagá", por su edad. Por primera vez, ya nadie discutía su legitimidad, pese a su origen dictatorial. Hasta que con el Prestige entró en caída libre. Perdió por primera vez unas elecciones ante la suma de PSOE y BNG, las municipales de 2003, a las que siguieron las generales del 2004, con la victoria socialista de Rodríguez Zapatero, preludio de una derrota autonómica de la que no le salvó ni un sistema electoral muy favorable.

En la cabeza de Fraga, marcado por su muy estricta madre vasco francesa, María Iribarne, no cabía la idea de una retirada. "Soy una bicicleta, si paro me caigo", aducía. Y Mariano Rajoy, presidente popular, se limitó a exigirle que en el 2004 nombrase vicepresidentes. Al caer en el 2005, se apartó de la batalla de su sucesión. Se dijo que apoyaba al candidato autóctono, Xosé Manuel Barreiro, pero meses antes, como había pasado siempre antes, se puso del lado de la calle Génova, al ungir a Feijóo como vicepresidente primero.

El recuerdo de Fraga se desvanece hoy, aunque sean algo populares en Youtube los vídeos de sus salidas de tono, como uno hilarante abroncando al colaborador que quería enderezarle la corbata en un plató de televisión. Incluso en Galicia cada vez se habla menos de él, como se vio en la campaña del 2020 o en estos años posteriores. Sin embargo, la autonomía está moldeada por él, con la recuperación de la peregrinación a Santiago, el Xacobeo, como su gran logro, junto a la consolidación del autogobierno, así como el hecho de ser el único presidente con un proyecto de país que ejecutó, con independencia de sus efectos perversos, como el de potenciar el caciquismo. En la parte negativa destaca también el desaprovechar el maná europeo para un salto económico y la democracia de baja calidad que legó.

Su discípulo Feijóo se enfrenta ahora en la sede Génova que creó Fraga al riesgo de fracasar como él o acabar ganando como Rajoy

El mayor discípulo de Fraga, auque acabasen fatal, fue José Manuel Romay Beccaría, que estuvo 20 años con él hasta ser ministro con Aznar. Romay fue el maestro de Feijóo, convertido así en alumno indirecto de Fraga, hasta que entre el 2003 y 2005 fue el número dos en la Xunta y el magisterio del patrón ya fue directo. En estas últimas semanas aciagas en la sede central de la calle Génova, en la sede inaugurada por Fraga, a Feijóo parece habérsele aparecido el fantasma del patrón, con el riesgo de no llegar a la presidencia del Gobierno como sí hizo Rajoy. Esa sigue siendo la gran cuestión del tercer gallego al frente del PP, ¿será como Fraga o como Rajoy?

De Fraga ya apenas se habla, pero 100 años después de su nacimiento, sigue estando ahí, subyacente. Sin él no se entiende bien ni la España ni, sobre todo, la Galicia recientes."             (Anxo Lugilde , La Vanguardia,  23/11/22)


"La extinción de Manuel Fraga.

 ¡Usted, venga aquí! Usted era yo, un periodista en prácticas. Estábamos en la casa consistorial de su Vilalba, el 31 de agosto de 1991, día de San Ramón. Me había escondido detrás de un cámara muy alto de la TVG. Pero como me temía, Manuel Fraga Iribarne me había descubierto. Pensé, y sigo pensando, que el cuantitativo patrón de la derecha galaica tenía algún objetivo numérico que alcanzar, en plan de le daré la mano a 2,7 millones de gallegos, haré 2.367 kilómetros de autovía, llamaré 100.000 veces a América para inaugurar otros tantos teléfonos rurales, llenaré el mundo de Pelegríns o inundaré Galicia de millones de toneladas de cemento… Creo que me dijo algo así como “buenas tardes”, me dio la mano y siguió para adelante, sin perder más tiempo. Era el presidente legítimo de mi país, pero también era, para mí, el máximo exponente de la supervivencia del franquismo.

 Fue la primera vez que lo vi en persona, aunque ya llevaba más de media vida en mi vida, como en la de todos. Mi último encuentro con él fue hace dos años, en enero de 2010, en Madrid. Fui a hacerle una entrevista para mi tesis doctoral. El Fraga que me recibió en el Senado había cambiado bastante a mis ojos. Seguía sin creerme la versión de su propaganda de que, en clave española, era el padre de la democracia y, en clave gallega, el fundador de la Galicia moderna. Pero en lo primero había llegado a la conclusión de que, desde su pasado franquista, se había implicado tan activamente en la transición a la democracia que creía en ello, pues no conocía otra manera de hacer las cosas. Y en cuanto a su papel en Galicia, desde luego continuaba aborreciendo los halagos extremos en plan Jaime Pita, que le llamó el fundador de todo, pero consideraba que si los gallegos le habían votado tan masivamente tantas veces, como nunca a nadie, pues Fraga merecía mi sincero respeto e incluso cierta admiración. Además, sus sucesores habían ido cambiando la valoración que tenía de la gestión del león de Vilalba. Con el bipartito aprendí que el clientelismo no es ni de derechas, ni de izquierdas, sino gallego, mientras el voraz uso de la propaganda y el control de los medios de comunicación dejaban de ser patrimonio del fraguismo. Y con Núñez Feijóo llegué a la conclusión de que, en comparación, Fraga era un galeguista que trabajaba en equipo.

Su mano ya no tenía en 2010 la energía con la que me ordenó estrecharla en 1991. Era fría, como casi todo en aquel pequeño despacho del Senado. Estaba empezando a extinguirse, porque la suya no es una muerte normal, sino más bien algo parecido a la extinción de una especie. Pío Cabanillas Gallas, el genial político al que se le atribuyen las más divertidas anécdotas sobre Fraga, afirmó hiperbólicamente de quien fue su jefe en el Ministerio de Información y Turismo franquista que era física y mentalmente un ser extraordinario, de los que nace uno en varias décadas.

 Desde el jueves, cuando Xosé Manoel Beiras volvió a hacer una de sus espectrales apariciones públicas en la eterna crisis del Bloque, intentando a los 75 años mandar en la parte que puede del frente nacionalista, no he parado de acordarme de una frase que le escuché en 1991. Decía de Fraga, que tenía 69 años, que era un “diplodoco do cuaternario antediluviano que só co axeitado tratamento de carbono 14 chegou á presidencia da Xunta porque en Madrid non o quixeron”. Faltaban todavía más de dos lustros hasta el histórico abrazo entre Fraga y Beiras, a finales del 2001, en aquel tiempo en que tanto el líder del BNG como el del PSOE, Pérez Touriño, competían por reunirse con el ‘león de Vilalba’.

Fue su momento de mayor gloria en Galicia. Es verdad que entonces contaba con 41 escaños en el Parlamento gallego y que en 1993 había llegado a 43. Pero en 2001 ya nadie cuestionaba la legitimidad democrática de sus arrolladores triunfos. Sus rivales, empatados a 17 diputados y peleados por enseñar la cabeza, se habían rendido ante un Fraga que iba cediendo un escaño por elección, un ritmo que le hubiera servido para cumplir el que era su sueño, que el día de ayer le hubiera llegado como presidente de la Xunta. Lo reconoció en varias entrevistas, como cuando habló de que los grandes toreros mueren en la plaza o que hay que morir con las botas puestas. Camino de las elecciones del 2005 hablaba de que pretendía estar en su puesto hasta el último “suspirito”.

 Pero entonces, como afirma en su libro “Final en Fisterra”, ya había sucedido el hecho decisivo que terminó con el fraguismo, el Prestige. Como suele ocurrir, lo determinante no fue la marea negra en sí misma, sino la gestión que hizo de ella. Tardó 190 horas en pisar las zonas afectadas, frente, por ejemplo, a las apenas diez horas en que se demoró en aparecer en el destrozado puente de As Pías en 1998. Y le cazaron yéndose de cacería en plena emergencia, lo que destruyó el mito de su absoluta entrega a Galicia.

Entre aquellas imágenes de Vilalba de 1991 y la de Madrid de 2010 hay otras muchas imborrables, como una, bajándose de un helicóptero en la ensenada de A Malata, en Ferrol, cuando él andaba con sus grandes zancadas y los guardaespaldas corrían para ir a su ritmo. Fraga era el movimiento. “Soy como una bicicleta, si paro me caigo”, dijo muchas veces, en una profecía que se cumplió, pues la muerte no tardó en llegarle tras dejar los cargos públicos que ocupó casi ininterrumpidamente durante 60 años.

En perspectiva, de sus quince años largos de presidente de la Xunta destacaría la evidente consolidación del autogobierno que supusieron sus mandatos. Se ve muy claramente en la progresión de las tasas de participación en las autonómicas, aunque éstas también reflejen la mejora técnica de los censos. El prestigio de su figura ante buena parte de la sociedad prestigió a la autonomía. Y a diferencia de sus sucesores, al llegar al poder aplicó su idea de lo qué hacer de Galicia, de la que quedó como mayor legado el impulso del Xacobeo, que nos situó en el mapa turístico internacional. En el plano negativo, su herencia se percibe en la manifiestamente mejorable calidad de la democracia en Galicia y en que no sólo no se aprovechase el gran maná de los fondos europeos para ordenar este país, sino que se incrementase su caos, sin que sirviesen para conseguir el ansiado salto cualitativo en el desarrollo económico. El monumento al despilfarro se halla en el monte Gaiás, en la Cidade da Cultura.

Fraga fue el hombre al que más votaron los gallegos, que hasta ahora nunca le han concedido a nadie tantos triunfos arrolladores. En la pequeña política de hoy, la suya parece una figura de un tiempo bastante lejano."                     (Anxo Lugilde , El Progreso, 16/01/12)

24/11/22

Es patético seguir escuchando que el Prestige no tuvo efectos políticas. En las municipales de 2003 la suma de PSOE y BNG ganó al PP por primera vez en toda la era Fraga. Y en las autonómicas de 2005 cayó Fraga, con el primer y único Parlamento gallego sin mayoría de derechas... Al saberse que Fraga se fue de cacería esos días cayó un mito esencial, el de que él, incluso antes de enviudar, estaba casado con Galicia y que tenía la versión de la"lucecita del Pardo" de Franco", siempre encendida

Anxo Lugilde @anxoluxilde

Es patético seguir escuchando que el Prestige no tuvo efectos políticas. En las municipales de 2003 la suma de PSOE y BNG ganó al PP por primera vez en toda la era Fraga. Y en las autonómicas de 2005 cayó Fraga, con el primer y único Parlamento gallego sin mayoría de derechas.

Desde la misma noche del 25 de mayo de 2003 hubo el error de tomar resultados de municipios de A Costa da Morte como el reflejo de toda Galicia. Y pesaba también el disparate de esperar que algo tan sólido como el PPdeG se desmoronaría. No lo hizo pero sufrió una derrota decisiva

El propio Fraga, que además de político atornillado a una silla de la dictadura en adelante era catedrático de Derecho Político y Teoría del Estado, dice en sus memorias que de los varios factores que explican su caída «el más importante ha sido sin duda el desastre del Prestige»

Desde aquella misma noche del 25 de mayo de 2003, cuando, en la redacción de La Voz analicé los datos de, por un lado, PP y de PSOE y BNG, por otro, con la inédita victoria de éstos desde que en 1990 Fraga entró en la Xunta, llevo luchando contra esa versión errónea por completo

Eran tiempos en los que Feijóo y otros muchos dirigentes del PPdeG afirmaban que era un sinsentido y hasta un disparate hacer análisis sumando a PSOE y BNG. Claro, porque ellos no tenían a quien sumar, pues ya se ha visto cuando lo han tenido como han hecho las mismas cuentas

El Prestige no sólo supuso una gran erosión de la marca PP. Al saberse que Fraga se fue de cacería esos días cayó un mito esencial, el de que él, incluso antes de enviudar, estaba casado con Galicia y que tenía la versión de la"lucecita del Pardo" de Franco", siempre encendida

Aunque lo de que el Prestige no influyó en las urnas sea una leyenda urbana, no estoy seguro si sería la clave del fin de Fraga. Si PSOE y BNG no hubiesen querido hacer juntos el cambio, no habrían podido. Pero Touriño quería presidir y Anxo Quintana, salvarse como vicepresidente

Desde el Prestige nunca volvió a haber un compromiso conjunto de PSOE y BNG de derribar al PP en la Xunta, ni tampoco cuando surgió AGE/En Marea. Ninguna de estas fuerzas tuvo la voluntad derrotar a Feijóo, sino de ajustar posiciones con sus rivales y vivir bien en la oposición

5:17 p. m. · 14 nov. 2022
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21/2/22

A pugna interna do PP evoca a defenestración de Xosé Cuíña durante a crise do Prestige... nos primeiros días da catástrofe do petroleiro, unha das empresas da familia Cuíña, Gallega de Suministros Industriales, vendera 8.520 traxes de augas e 3.000 pas para o dispositivo de recollida do chapapote... e Feijóo foi nomeado novo conselleiro

 "O 16 de xaneiro de 2003, Manuel Fraga asinou o seu primeiro decreto do ano. O do cesamento de Xosé Cuíña como conselleiro de Política Territorial, Obras Públicas e Vivenda, "por petición propia". En plena crise do Prestige, pero tamén en vésperas dunha agardada remodelación do Goberno galego para dar saída a Corina Porro e Manuela López Besteiro, candidatas do PP ás eleccións municipais daquel ano en Vigo e Lugo, era defenestrado do Consello da Xunta e da primeira liña política quen fora considerado sucesor natural de Fraga, peza central para entender a hexemonía que o PPdeG lograra consolidar durante a década anterior.

Un día antes, a Cadena SER informara de que, nos primeiros días da catástrofe do petroleiro, unha das empresas da familia Cuíña, Gallega de Suministros Industriales, vendera 8.520 traxes de augas e 3.000 pas para o dispositivo de recollida do chapapote. A noticia falaba dunha venda duns 40.000 euros á empresa Peycar, especializada en vestiario laboral e de seguridade, á que Gallega de Suministros fornecía habitualmente de mercadoría e que era provedora da semipública Tragsa, á súa vez encargada de achegar á Xunta boa parte do material de limpeza nuns días nos que, como ao comezo a pandemia da COVID, escaseaba case todo.

Aqueles días de principios de 2003 son clave para entender o acontecido no PP de Galicia e en boa parte da política galega da década seguinte, mesmo da actual. Os feitos ecoan na actualidade deste 2022, dados os paralelismos entre aqueles sucesos e os que agora están no centro da guerra polo poder no seo dos populares, con Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso como polos dunha pugna na que, igual que naquela de 2003, emerxe en segundo plano -cando menos, de inicio- Alberto Núñez Feijóo.

Cuíña oficializara o que formalmente era unha dimisión cunha carta a Fraga. "Considero un deber presentar a miña dimisión e agardo poder aclarar que as empresas participadas pola miña familia non cometeron ningunha ilegalidade nin irregularidade, senón, simplemente, unha doazón e unha colaboración no caso do Prestige", dicía. Pouco despois, brindárase a ser investigado polo Parlamento e divulgara un informe no que dous catedráticos e un profesor de Dereito Administrativo (Alfredo Gallego, Ángel Menéndez e Francisco Javier Jiménez) vían certificada a "legalidade" dunha venda que, subliñaban, fora a prezo de custo, sen beneficios, en semanas de escaseza de material de primeira necesidade.

A venda nunca derivara nun proceso xudicial. Menos aínda a doazón de material para a recollida de chapapote (contedores valorados en 36.000 euros, segundo afirmara Fraga ante a prensa, mentres que outras fontes apuntaban a uns 50.000) doutra empresa dos Cuíña. A controversia nunca abandonara o eido político, onde comezara, de onde viña de lonxe e onde afastar o noutrora poderoso conselleiro de Obras Públicas, a célebre COTOP, propiciara unha remodelación do Executivo á medida da dirección central do PP de José María Aznar e Mariano Rajoy coa bendición de dirixentes galegos como José Manuel Romay Beccaría, mentor político de Feijóo.

A hostilidade dende a madrileña rúa de Génova cara a Cuíña viña de lonxe e non fixera máis que aumentar dende o afundimento do Prestige, cando o lalinense fora situado á fronte do gabinete de crise para coordinar a resposta da Xunta á parte máis material do sinistro mentres un Fraga enfraquecido política e fisicamente se vía sobrepasado polas circunstancias. Cuíña amosárase partidario de que o Goberno galego marcase perfil de seu na xestión da catástrofe, afastándose da liña de Aznar e Rajoy. Mesmo de que o PP de Galicia secundase a que acabou sendo histórica primeira manifestación da plataforma Nunca Máis (1 de decembro de 2002), abertamente desprezada pola cúpula central dos conservadores e por diversos cargos en Galicia.

Se a vía Cuíña triunfase, podería cristalizar a hipótese que circulaba daquela polos círculos do poder galego e que o situaba na remodelación gobernamental como vicepresidente da Xunta, con amplos poderes ante a catástrofe do Prestige. Un paso clave para a sucesión. Pero aconteceu todo o contrario; a publicación do asunto da venda de material precipitou a súa defenestración. "Eu non quería ser un factor de perturbación, porque estaba á fronte do comité de intendencia" para o Prestige, declarara Cuíña dous anos despois na comisión parlamentaria que analizou a crise do petroleiro, onde reiterou que non tirara beneficio ningún.

Con Cuíña fóra de xogo, a nova estrutura da Xunta foi do gusto da dirección estatal do PP, con fichaxes do círculo de Rajoy -como Pilar Rojo- e mais de Romay Beccaría: Feijóo foi nomeado novo conselleiro de Política Territorial mentres en Ourense ardía a coñecida como revolta do piso, coa que os Baltar deran en poñer en risco a maioría absoluta do PPdeG precisamente como resposta á destitución de Cuíña. Apenas ano e medio despois, o actual presidente da Xunta ascendeu a vicepresidente primeiro.

"Se eu non chamase ao presidente da Asociación de Empresarios do Deza para que axudase [na crise do Prestige] non tería que dimitir, pero nesta vida non abonda con ir polo camiño correcto e respectando os parámetros que se nos exisen", afirmara Cuíña dous anos despois, a principios de 2005, ante a comisión parlamentaria sobre o Prestige, na que ofrecera aos grupos da oposición as facturas da venda en cuestión. Poucos meses despois, o PP perdía o Goberno da Xunta e Xosé Cuíña confirmaba que optaría á sucesión de Fraga no congreso convocado ao efecto. Tiña, dicía, a aspiración de "refundar" o PP de Galicia "en clave galega sen paliativos e radicalmente democrática", co primeiro obxectivo de frear a "paulatina perda de autonomía" a respecto da dirección estatal. 

Pero a aposta de Rajoy, novo presidente do PP, era outra, e Romay así o fixo saber. Os alcaldes da provincia de Pontevedra baixo o influxo de Rafael Louzán -presidente da Deputación de 2003 a 2015- apoiaron en masa a Feijóo e, en consecuencia, Baltar pai freou a aposta por Cuíña, que decidiu retirarse da carreira.

Feijóo chegou ao congreso da sucesión sen rivais e converteuse en novo presidente do PP de Galicia, mentres que Cuíña continuou como deputado raso do Parlamento ata a súa temperá morte, en decembro de 2007, con 57 anos. Apenas un mes antes, o antigo conselleiro constataba en declaracións a El País que, despois del, "caeran todos" os do seu sector, alcumado como da boina. Aseguraba que "o que máis lle doera" no episodio da súa defenestración é que fora o propio PP o que non lle permitira defenderse publicamente. A súa familia non gañara "un céntimo" co material do Prestige, reiteraba."                (David Lombao , Praza Pública, domingo 20, febreiro 2022)

19/1/21

A zona cero das vacas tolas, 20 anos despois: "Non esquecemos, foi unha atrocidade"

 "O 31 de decembro do ano 2000, mentres a xente despedía o ano cabo das badaladas de calquera canle de televisión, houbo dúas familias en Mesía que decidiron tomar as uvas aos pés dunha canteira abandonada da parroquia de Lanzá; e é que aquel lugar estaba sendo protagonista dun dos episodios máis polémicos dos últimos tempos en Galicia. 

O goberno da Xunta, por aquel entón gobernado por Manuel Fraga Iribarne, dera a orde de depositar centos de vacas mortas naquel burato na terra que deixaran as actividades de extración de cuarzo da empresa Erimsa, detrás da que estaba o exministro Villar Mir. Estes feitos aconteceron no medio da crise das vacas tolas, unha epidemia causada por un axente infeccioso que se transmitía a través dos pensos de orixe animal, o prion, e que facía enfermar o animal máis importante do país, social, cultural e economicamente falando: a vaca. 

Máis de 300 reses resultaron infectadas en Galicia por esa enfermidade chegada do Reino Unido, pero moitas máis foron eliminadas no intento de conter a epidemia. Por aquel entón, unha pregunta sobrevoaba aquela discutida xestión da crise por parte da Xunta: a onde ían parar todas aquelas vacas mortas? Neste punto, o lugar de Mesía, un concello do interior da provincia da Coruña, entrou na ecuación. Os ollos inocentes dun cativo foron os que descubriron os enterramentos de vacas que o goberno galego estaba realizando de maneira clandestina nunha canteira da aldea de Lanzá. "Aqueles días, cando aínda non sabiamos nada na aldea, chamábanos a atención un cheiro apestoso. Cando collías a roupa non valía para gardar, había que volvela á lavadora", lembra Carmen [nome ficticio], unha gandeira da zona implicada na loita.

A veciñanza pronto se organizou para impedir que máis camións con vacas entraran naquel lugar, hoxe cuberto de toxos e xestas, rodeado dun aramado a medio caer, mais coa consciencia do pobo ben fresca sobre o que alí debaixo permanece. "Sabes que hai algo: moita borralla, unha atrocidade; e iso non se esquece", relata a veciña. As impactantes imaxes das vacas tiradas sen control, dos regos de sangue cara ás augas, "dos vermes andando pola pista" forman parte da memoria colectiva do lugar e chegaron daquela a milleiros de casas a través da televisión e das portadas dos xornais. Foi, de feito, a ocasión de que as persoas emigradas puidesen volver ver os seus veciños e o seu territorio, a través dunha loita que cruzou fronteiras.

O portavoz veciñal naquel tempo, José Lino Bermúdez, foi a cara visible do conflito ante a prensa, a persoa na que recaeu a comunicación de todo aquilo que estaba acontecendo no seu pobo. Bota a ollada atrás e lembra con nitidez a "tensión" de ter que atender todos aqueles medios famentos de declaracións, e de ter que lidar contra manipulacións e intentos de aproveitarse da situación. Descubriu de golpe, di, "que a política estaba chea de astucias": "Viñéronnos tirar a merda aos fuciños, -cando eu cheguei xa había dous montóns de vacas e moitos sacos do que parecía ser fariña cárnica contaminada -, pero o que máis nos fastidiaba era a impotencia ante como nos trataban, seguido con mentiras e falsidades. Non nos deixaban pasar, queríannos tapar a boca con esa porquería, sen respecto ningún pola xente, pero nós defendémonos o máximo posible", conta.

Tanto é así que mesmo fixeron gardas para vixiar o lugar. Noitevella foi o punto de inflexión. "Aquel día, a Garda Civil díxonos que marcharamos para as nosas casas, que alí non se ía tocar nada, pero á noite atopámonos con que as máquinas estaban traballando a tope", relata José Lino. A partir de aí, durante seis días e seis noites, a veciñanza, organizada en quendas, deixou de atender os seus quefaceres diarios para defender aquela terra. "Montamos unha especie de campamento onde cada un aportaba o que tiña e onde todos compartían o que había. Lembro que unha noite levei un termo de café e unha botella de augardente para correr o frío", relata Fernando García, outro dos moitos implicados naquela loita en pleno inverno. "O primeiro que me vén á cabeza é a satisfacción de ter participado dunha protesta pacífica e cívica. Nós tiñamos claro que os protagonistas do que estaba pasando non eramos nós, senón as vacas que estaban aló arriba. Tiñamos que protestar no sitio delas".

Todo o que rodeou a xestión da crise das vacas tolas en Mesía foron "enganos, ameazas, ilegalidades e imcompetencias", resumen as testemuñas. O máximo responsable da Xunta naquel tempo, Fraga Iribarne, tardou en desistir da súa idea de seguir mandando vacas mortas para Lanzá. "Quíxonos dar caña", di Bermúdez. "Sabemos por fontes fidedignas que tiñan preparados antidisturbios ao salvaxe para vir aquí e limparnos". Salvounos, conta, que un dos tenentes "non viu motivos" polo carácter pacífico da protesta, mais nun momento dado, a policía si que chegou a reter algúns veciños durante un tempo. 

Tardaron "moitos días" en tapar aquelas vacas falecidas. Primeiro trouxeron material das minas de Touro, "unha especie de arxila que dicían que era impermeable", pero pouco despois alguén comunicou que aquel material "tamén era contaminante", lembra o portavoz. Finalmente instalaron un sistema de queimadores e de gas, que, segundo intúe o veciño, "nunca chegou a funcionar". "Un paripé de tres pares de narices!", resolve. Hoxe, aquel lugar segue sendo sinónimo de toxicidade para moitas persoas da contorna. "Non só polo que había alí, senón tamén polo pouco interese e a pouca consideración dos políticos por solucionar o tema", fala Carmen.

Aquela crise provocou, de feito, a dimisión do conselleiro de Agricultura, Castor Gago, a comezos de xaneiro do 2001. "A xente dicía que ese feito era moi relevante, pero a min parecíame básico", di Bermúdez. 20 anos máis tarde, "aquí non vimos perdón nin compensación de nada". Segundo a ollada de Fernando, "as vacas tolas foron o principio do final de Fraga". Tamén en Mesía a crise se viu como un antes e un despois para a política do concello, posto que "arrancou o compromiso da xente". "O Concello tardou catro días en recoñecer que recibira un fax onde se avisaba de que ían enterrar as vacas", entende Fernando, unha actitude que provocou un "espertar" na sociedade, mesmo co nacemento dun novo partido político no concello.

CONTRA O ESQUECEMENTO

Hoxe en día, o lugar no que se atopan soterradas as vacas segue resultando inhóspito. Boa parte da contorna máis próxima, tamén en mans de Erimsa, preséntase degradada: terreos afondados pola extracción do cuarzo, desniveis provocados polas antigas canteiras, espazos ermos nos que non medra nin sequera herba, un lago con elevados índices de acidez nas súas augas... Por alí ninguén adoita pasar. Carmen lembra que volveu unha vez, hai tempo, "por curiosidade". "Daquela o lugar onde foran enterradas as vacas estábase cubrindo de maleza, e... Parece que me entrou un pouco de paz", recoñece a veciña. 

As imaxes daqueles días quedaron gravadas na retina de toda a veciñanza implicada naquela intensa loita, mais por se o esquecemento chama á porta dalgunha persoa, en Mesía teñen como defenderse. Durante o tempo da crise, Fernando dedicouse a recompilar todas as noticias e documentos gráficos que agromaban en torno aos enterramentos das vacas tolas. A súa intención, explica, é "recordarlle o acontecido a aquela xente que ten memoria moi selectiva". "As vacas están aí, o monte está aí. Así que co paso do tempo, que ninguén diga que isto non pasou. Cando foi o Prestige, houbo xente que aseguraba que o petróleo non chegara ás praias. Se a alguén se lle ocorre dicir que en Lanzá non enterraron vacas, ensinámosllas. Temos o recordo gráfico do que aquí fixeron".

"Tan só polo respecto á xente que estivo á fronte, isto merece non ser esquecido", sente tamén Carmen. E así, a pesar das gretas, co recordo ben lúcido e coa satisfacción da loita conxunta, é como a ferida vai curando."                   (Galicia Confidencial, 14/01/21)

28/7/20

As prácticas do PP na emigración: "Na época de Fraga pagaban 50 dólares e todos votaba polo PP"

"O músico J.C. Cambas lembrou unha curiosa anécdota que aconteceu nunha visita de Fraga a Arxentina nunha entrevista na Radio Galega que se pode escoitar aquí. "Fue una vez Fraga y había llevado como 400 kg de pulpo... y te pagaban 50 dólares por ir a votar y entonces solo fuimos a votar a Fraga... La verdad que pasaban cosas muy raras”.

Ademais, Cambas lembra que votou sen saber a quen votaba e que na Arxentina había moitos votantes, "máis que os de Lugo e Ourense xuntos".


A afirmación deste músico non pasou desapercibida por traballadores da Radio Galega e tamén polo secretario Xeral do PSdeG que xa lanzou un Tuit no que pregunta : “E Feijóo que di disto?”.

"O músico J.C. Cambas presentounos ´ A Viaxe ´: "É a historia de meus pais, pero tamén a de Galicia e Arxentina".     (Radio Gallega, 29/05/20) "                  (Galicia Confidencial , 30/05/20)          

15/11/17

15 anos do ‘Prestige’: un crime estatal-corporativo que quedou impune

"Especialistas das universidades de Liverpool e Girona describen esta catástrofe como "un crime corporativo na medida en que implicou serias rupturas da legalidade que levaron a un enorme dano humano e ambiental", grazas a un "réxime de permisividade". Recuperamos, ademais, a ampla reportaxe de investigación que GC publicou sobre a intricada trama empresarial detrás da carga e sobre o fretador do 'Prestige', Mikhail Fridman, oligarca relacionado co Kremlin e a mafia rusa.

Tal día coma hoxe, hai 15 anos, o petroleiro monocasco Prestige accidentouse nun temporal con 77.000 toneladas de fuel óleo fronte a Costa da Morte, causando nos días posteriores a maior traxedia ecolóxica en Europa por vertedura de petóleo, pero sen consecuencias para os máximos responsables do buque, da carga e da xestión do accidente e da catástrofe ecolóxica. Un caso que responde ao "patrón de impunidade que protexe aos actores estatal e corporativo claves".

 Ignasi Bernat Molina, da Facultade de Dereito da Universitat de Girona, e David Whyte, do Departamento de Socioloxía, Política Social e Criminoloxía da University of Liverpool, así o aseguran nun traballo de investigación publicado recentemente na revista académica Critical Criminology (American Society of Criminology), no que cualifican de "crime estatal-corporativo" aquela traxedia.

"O desastre do Prestige pode ser entendido, no nivel máis obvio, como un momento de ruptura na relación reguladora entre o 'mercado' e o Estado", xa que "as circunstancias claves que levaron ao desastre non son a falta de normas ou a ausencia de regulación, ou mesmo a falta do seu cumprimento, senón as condicións que están realmente moi reguladas", aseveran os dous especialistas.

Nesta liña argumentativa, expoñen que "as condicións reguladas permiten aos actores claves no transporte de petróleo permanecer case completamente invisibles", de xeito que "os aspectos formativos" do desastre "son enmascarados e reproducidos, non porque o Estado fose desobedecido, ou porque o Estado fallou en facer cumprir a lei, senón porque o Estado foi obedecido".

Para evidenciar a súa tese, Bernat e Whyte desenvolveron un relato empírico que se centra na relación entre o Estado e os actores públicos (gobernos español e galego) e o actor privado neste caso (o operador do Prestige). Os investigadores aportan o traballo académico máis contundente e crítico coa xestión da crise do Prestige, analizando a xénese e as consecuencias dun desastre que "pode ser descrito, sen ambigüidade, como un crime corporativo na medida en que implicou serias rupturas da legalidade que levaron a un enorme dano humano e ambiental", din sen ambaxes.

Sendo así, para Bernat e Whyte resulta raro que o caso do Prestige non sexa discutido en "ningún texto criminolóxico do que teñamos coñecemento". Por isto, a súa aportación é pioneira dende un punto de vista xurídico e crimonolóxico sobre este caso.

Para cubrir este baleiro crítico, os investigadores analizaron tanto as causas complexas e os efectos do desastre, como a resposta do sistema legal. En concreto, argumentan que "a ausencia de asunción de responsabilidades por parte dos actores estatal e corporativo neste caso só pode ser entendida como parte dun réxime de permisividade dun sistema de acumulación de capital".

"É neste réxime de permisividade onde atopamos a formación das condicións para o desastre e a formación dunha estrutura de impunidade que subseguientemente protexeu os responsables", subliñan.

Os investigadores reiteran: "O desastre non foi causado meramente por un fallo identificable de regulación", senón que "máis ben se produciu como resultado dun réxime de regulación concreto".

Bernat e Whyte desafían deste xeito a idea xeralizada de que Estado e corporacións existen como institucións independentes e autónomas, e polo tanto, "o erro que supón entender a estes como representantes dos intereses opostos entre o público e o privado".

"O crime estatal-corporativo non é simplemente un problema de 'desregulación' ou de 'ausencia de regulación', senón máis amplamente parte dun réxime de permisividade complexo", clarifican.

Para estes autores, os sistemas reguladores permiten en casos como o do Prestige "a redución do dano corporativo, pero non poden resolver os conflitos profundos, pois han de permitir que a industria continúe en funcionamento". Aínda máis: "A impunidade do crime corporativo non é un mero efecto secundario do capitalismo, senón que debe ser sempre un patrón central do mesmo", aclaran.

NEGLIXENCIA GUBERNAMENTAL

É obvio, para estes dous investigadores, que "a crise do Prestige se agravou como consecuencia da neglixencia e o mal facer do Goberno español". Pero tamén sinalan como responsables directos tanto ao Goberno galego como a Unión Europea, xa que "no seu rol como reguladores foron tamén neglixentes". Cuestion esta que, remarcan, "é difícil de ignorar".

Para evidencialo, analizan os problemas asociados co remolcador e a desobediencia do capitán do Prestige no momento da traxedia, Apostolas Mangouras; e logo, a decisión de remolcar o petroleiro cara a alta mar. Os autores detallan:

Primeiro, o Goberno español tiña contratado un remolcador para facer os labores de salvamento. O remolcador non era propiedade do Goberno español, senón que estaba subcontratado. O problema veu cando o capitán do Prestige (Mangouras) falou co propietario do petroleiro (Universe Maritime) e contratou a unha empresa holandesa (Smit Tak) para rescatar o barco polo 30% do valor do barco e do cargamento.

 A empresa holandesa contratou o mesmo remolcador que as autoridades españolas crían que operaba baixo o seu mando (Ría de Vigo). As cinco horas seguintes ao envío da mensaxe de auxilio, o propietario do barco estivo a negociar coa compañía holandesa e o barco seguiu á deriva e perdendo cru. Este tempo precioso e a omisión das ordes directas das autoridades españolas foi o que levaron a Mangouras a acabar ante un tribunal por desobediencia.

Segundo, na decisión de remolcar o barco cara a alta mar, podemos observar serios problemas coa xestión política da crise. Despois de ter constancia da vertedura de petróleo, o 14 de novembro, o Goberno estableceu a sala de control da crise na Delegación do Goberno en Galicia despois dun breve encontro na Capitanía Marítima do porto da Coruña. José Luis López Sors, o Director Xeral da Mariña Mercante, recentemente chegado de Madrid, e Arsenio Fernández Mesa, o Delegado do Goberno en Galicia, tomaron as decisións crave de resposta á crise. De acordo co Plan Nacional de Continxencia, aprobado en febreiro de 2001, había que seguir dous pasos. 

Primeiro, o PNC era claro á hora de constituír un organismo reitor para xestionar a crise. Este organismo debía incluír a representantes da Armada, a Cruz Vermella do mar, o Servizo Aéreo de Rescate, o Servizo de Protección da Natureza da Garda Civil, o Servizo de Vixilancia Aduaneira, o Goberno de Galicia e representantes de todos os países potencialmente afectados pola vertedura. Este organismo nunca se constituíu. Segundo, o PNC dicía que en caso de accidente había que seguir as recomendacións dos simulacros.

 En outubro de 2001, xusto un ano antes, realizouse un. As recomendacións do exercicio eran que o capitán fose consultado para coñecer os danos a bordo e enviar persoal cualificado (polo menos, dous enxeñeiros) para avaliar a situación. No simulacro cun petroleiro a decisión foi enviar o barco a porto. A decisión de mandar o petroleiro a alta mar, entón, parece contradicir o propio PNC do Goberno. Ademais, ningún persoal cualificado foi enviado para avaliar a estrutura e tomar unha decisión informada. 

A única persoa que foi enviada a bordo foi Serafín Díaz, un técnico coa explícita tarefa de poñer de novo o motor en funcionamento, pero non era un enxeñeiro e, en consecuencia, non podía avaliar a condición estrutural do cargueiro. Ángel del Real, Capitán Marítimo do porto da Coruña, deu a orde ao capitán da compañía Smit Tak (Wytse Huismans) de afastar o barco 160 quilómetros da costa, foi informado o 14 de novembro de que sería escoltado pola Mariña española. 

A decisión foi asumida polo Ministro de Fomento, Francisco Álvarez Cascos, e, despois polo Presidente do Goberno José María Aznar. O armador e a compañía encargada do rescate opoñíanse á decisión de afastar o petroleiro da costa. Con todo, foi mandado cara ao norte inicialmente, logo cara ao oeste, e máis tarde ao sur, aumentando a probabilidade dunha ruptura do barco porque semellantes cambios de dirección elevaron enormemente o risco de que a tormenta impactase directamente sobre a parte do buque gretada, facendo máis difícil a transferencia da carga.

 Esta estratexia, por tanto, incrementou a probabilidade de dano ambiental. Remolcar o buque cara ao mar foi, probablemente, motivado pola esperanza de evitar unha crise política en España. Máis aínda, parece que a decisión de cambiar a dirección do petroleiro foi resultado das presións do Goberno francés.

Os días que seguiron ao incidente do Prestige estiveron marcados por unha xestión caótica. Durante a primeira fin de semana da crise, unha combinación sen fin de erros graves puxo en evidencia os fallos do Goberno. O Ministro de Fomento e para a Seguridade Marítima, Francisco Álvarez Cascos, e o Presidente de Galicia, estaban a cazar. 

O Ministro de Medio, Jaume Matas (actualmente en prisión por corrupción), pasou a fin de semana coa Ministra de Sanidade, Ana Pastor, e o Ministro do Interior e responsable de Protección Civil, Ángel Acebes, nun exclusivo resort no Parque Nacional de Doñana a máis de 1.000 quilómetros de distancia da traxedia. 

O Presidente do Goberno estaba na República Dominicana no cume Iberoamericano. O Vicepresidente Mariano Rajoy (actual presidente) fíxose, por tanto, cargo da situación. Unha falta de coñecemento experto parece obvio en todas as decisións que tomaron as autoridades, proba diso é que máis de 400 científicos do Consejo Superior de Investigaciones Científicas asinaron unha carta pública denunciando a actuación do Goberno.

MÁIS ALÓ DO IMPACTO ECONÓMICO

Máis de 2.000 quilómetros de costa quedaron afectados polo chapapote, dende o norte de Portugal e Galicia até Francia, en boa medida pola neglixencia política demostrada. Houbo, posteriormente, cálculos económicos do desastre (preto de 4.000 millóns de euros, só no Estado español), pero non sobre o impacto na saúde dos milleiros de voluntarios que colaboraron en limpar a costa de chapapote. 

Así o salientan Bernat e Whyte, quen lembran que, malia o coñecemento sobre a alta toxicidade canceríxena do cru que chegou á costa, moitos dos voluntarios implicados na masiva operación de limpeza traballaron sen protección algunha. "Non hai modo de coñecer o alcance para a saúde humana debido á falta de monitoreo", advirten Bernat e Whyte.

Ao mesmo tempo, é sabido que os compoñentes tóxicos do cru foron incorporados á cadea trófica. Os crustáceos, os mexillóns concretamente, quedaron fortemente afectados, así como moito peixe e marisco. 

Os polbos, especialmente, foron severamente castigados, caendo as capturas un 50 por cento en 2004 e 2005 en moitas áreas. Bernat e Whyte recordan, ademais, que de acordo coa Sociedade Española de Ornitoloxía, o número de aves mariñas mortas como consecuencia directa da vertedura sitúase entre 115.000 e 230.000, unha das máis elevadas por unha causa non natural e mesmo comparable ás consecuencias do desastre do Exxon Valdez., que verteu unhas 37.000 toneladas de cru en Alaska, en 1989, case a metade que o Prestige.

"Estes son aspectos das consecuencias do desastre que son dificilmente trasladables a termos monetarios, xa que están relacionados coa perda de biodiversidade, espazos protexidos e paisaxes para uso recreativo", comentan os investigadores das universidades de Girona e Liverpool.

"Ao mesmo tempo", proseguen, "a limpeza e a restauración son parte dos custos colectivos que son medibles en termos monetarios, por exemplo, o custo da limpeza superou os 107 millóns de euros. As persoas máis afectadas foron as e os traballadores con baixos salarios na industria pesqueira e marisqueira. O impacto nestes sectores pode ser calculado en termos monetarios de acordo ás transformacións na cantidade e da calidade dos bens e servizos ofrecidos no mercado". En 2003, recordan, o valor da pesca e turismo perdidos superaba os mil millóns de euros.

"Hai consecuencias ulteriores que son indubidablemente parte dunha cadea de eventos aos que o Prestige está directamente vinculado, pero que non aparecen inmediatamente como consecuencias directas do desastre", advirten Bernat e Whyte, que salientan que o desastre impuxo "cambios fundamentais sobre a estrutura global de produción de marisco e peixe".

RÉXIME DE PERMISIVIDADE NO 'PRESTIGE'

Para afondar na tese do crime estatal-corporativo, Bernat e Whyte explican como "os Estados xogan roles creativos e posibilitadores para os réximes de acumulación de capital", sendo as corporacións as "institucións claves na obtención da acumulación de capital" e os gobernos, os responsables de establecer o marco xurídico e administrativo para as corporacións, creándose unha arquitectura de poder na que "as liñas de separación entre o poder estatal e o poder corporativo non son sempre facilmente deliñables".

Así, por exemplo, "o poder para empregar traballadores, para comprar e vender bens e servizos, para negociar nos mercados financeiros, para transformar a plusvalía futura en capital nos mercados de capital son tamén posibles unicamente como resultado dun amplo complexo de réximes de permisividade", exemplifican.

E os réximes de permisividade que gobernan a distribución de petróleo por mar son, apuntan Bernat e Whyte, "notablemente complexos e fragmentados". Así o explican:

O réxime para rexistrar o Estado de orixe dun barco está separado do réxime de inscrición. Este proceso separado significa con moita frecuencia que o barco será rexistrado nun Estado nacional distinto ao do propietario do barco, unha práctica coñecida como 'bandeira de conveniencia'. Cada Estado-nación ten a súa propia estrutura reguladora para a mariña mercante. Ao mesmo tempo, hai un tratado internacional que estrutura e un número de organizacións internacionais responsables da regulación. 

Unha organización de Nacións Unidas, a Organización Marítima Internacional, é responsable do desenvolvemento e mantemento da seguridade, a protección ambiental e a seguridade dos asuntos relacionados coa navegación. As prácticas de emprego están gobernadas por outro conxunto de regulacións, principalmente, os estándares establecidos por outra organización da ONU, a Organización Internacional do Traballo.

Ademais, hai un réxime maior de permisividade que apontoa toda a regulación detallada que goberna a produción e distribución de petróleo: o permiso para continuar a extracción ininterrompida de petróleo. A regulación da produción de petróleo mesma está definida polo principio de que a extracción de petróleo non debe nin pode estar limitada. 

Proba diso é o punto no ciclo de produción no que se impoñen os controis máis restritivos: no punto final ou no punto do consumo. Por tanto, os tratados do cambio climático ou acordos internacionais que buscan mitigar o impacto do uso dos combustibles de hidrocarburos buscan limitar as emisións de carbono.

 Se hai un sistema rudimentario de regulación disposto en acordos tales como o protocolo de Kyoto, é un que busca regular o punto final do ciclo de produción, máis que controlar o nivel da extracción per se. Neste sentido, hai un réxime claro de principio de permisividade en funcionamento, no cal o dano potencial da produción de hidrocarburos está subordinado ao proceso de produción mesmo. Este é o amplo réxime de permisividade que encadra aquí a nosa discusión: o que establece as coordenadas para a comprensión do principio no cal se realiza a produción e distribución de petróleo.

As estruturas reguladoras separadas aplícanse a algúns materiais, concretamente os perigosos, que son transportados pola industria marítima. As regulacións da OMI sobre o transporte de petróleo cobren un abano de asuntos que van desde as especificacións técnicas aplicables ao cargamento e estabilidade, a localización dos tanques de petróleo nos barcos, a estrutura do casco (cargueiros de casco único están a ser substituídos como resultado da regulación do casco dobre da OMI), e as regras para a avaliación do risco e os informes sobre requisitos. 

Por tanto, hai algúns detalles sobre a regulación da distribución do petróleo. Hai tamén algunhas regulacións que cada Estado-nación impón que buscan minimizar o dano ao medioambiente, aos traballadores e ao público no momento da extracción, nos lugares onde o petróleo é extraído do subsolo en primeiro lugar, e hai regulacións similares que teñen por obxecto minimizar o dano ao medioambiente, aos traballadores e ao público cando os problemas xorden no transporte de petróleo.

TRAMA EMPRESARIAL E IMPUNIDADE

Os réximes de permisividade e as condicións de impunidade derívanse directamente, para Bernat e Whyte, dunha arquitectura de poder que "garante o dominio dun grupo social concreto dentro da economía, e en última instancia asegura que os grupos socialmente dominados sufrirán os danos colaterais".

Estes investigadores remarcan que para ter unha mellor comprensión do labirinto legal arredor do Prestige, como caso paradigmático desta arquitectura de poder, é nesario comprender a propiedade complexa das compañías, creada para evitar calquera responsabilidade.

O Prestige foi fretado por Crown Resource, compañía que dirixiu o buque cara a Xibraltar, onde debía esperar novas instrucións. Por tanto, Crown Resources estaba ao mando do petroleiro. Baixo o Protocolo de 1992 que emendou o Tratado da Convención Internacional para a Responsabilidade Civil por Contaminación de Petróleo de 1969 da Organización Marítima Internacional, a responsabilidade supostamente é do propietario do buque, non da empresa fretadora.

A corporación propietaria do Prestige estaba rexistrada en Liberia, unha xurisdición que permite aos propietarios dos barcos operar baixo 'bandeiras de conveniencia'. Liberia é unha xurisdición que permite o 'rexistro aberto' dos buques mercantes. A razón dos propietarios para optar por un rexistro aberto son moitas e variadas, pero poden incluír o segredo, a evasión fiscal ou evitar as regulacións nacionais en materias laborais ou ambientais, sinalan Bernat e Whyte.

As bandeiras de conveniencia, resaltan Bernat e Whyte, dificultan obter calquera información detallada sobre a compañía. Ademais, a responsabilidade pode ser minimizada usando unha bandeira de conveniencia, xa que basicamente aumentas a dificultade para que outro Estado poida procesar á corporación.

Crown Resources, a compañía propietaria do cargamento, estaba a usar tres empresas pantalla para protexer os seus propietarios de accións de responsabilidade. A compañía é propiedade dun holding con base en Luxemburgo que, á súa vez, é posuída por outro holding domiciliado en Xibraltar que, ao mesmo tempo, é propiedade doutra compañía con base en Liechtenstein. O terceiro holding é propiedade de Alpha Group, un dos maiores fondos de investimento de Rusia que se dedica á xestión de activos, seguros, comercio, servizos de auga e un amplo elenco de investimentos.

Alpha Group é o verdadeiro propietario do petróleo transportado polo Prestige, como detallamos neste xornal en 2012 nunha reportaxe de investigación. Este holding ruso, lembran agora Bernat e Whyte, é o suficientemente grande como para afrontar o custo da vertedura de petróleo. Pero usando distintas compañías situadas en varias xurisdicións dificultou a atribución de responsabilidade.

Todos os países fóra de Rusia involucrados nesta cadea secundaria de propiedade —Luxemburgo, Xibraltar e Liechtenstein— son paraísos fiscais coñecidos pola protección do segredo comercial. En consecuencia, "esta cadea de propiedade, implicando tres xurisdicións secretas, fixo difícil obter información fiable".

"É esta complexidade da cadea a que minimizou os danos á reputación e ás finanzas do grupo [Alpha Group]", comentan os investigadores, que lembran como despois do Prestige varios activos de Crown Resources foron vendidos en distintas partes e, logo reconstruídos para crear unha nova compañía, Energy Resources and Commodities Trading Company, ambas con sede en Suíza, país tamén coñecido pola súa política de segredo comercial.

"Esta estratexia permitiu que a compañía protexese a súa reputación polo desastre do Prestige e evitase as acusacións de malas prácticas, así como continuar comerciando exactamente igual que o facía anteriormente", explican os autores, que engaden: 

"Probablemente, coñecedor de todas estas dificultades, e tentando obter unha compensación maior, España, en lugar de perseguir a Alpha Group, tentou procesar o regulador que permitiu que o Prestige operase, o American Bureau of Shipping. Con todo, os tribunais americanos concluíron que España non puido probar que as accións de ABS constituísen a causa do naufraxio do Prestige. España tentou achegar diversas categorías de probas".

Unha delas está relacionada co fallo ao asegurar o cumprimento dunhas condicións concretas. Isto é, despois do desastre do Erika na costa de Francia en 1999, ABS propuxo que as grandes axencias de clasificación debían adoptar un número de reformas que inclúen: a clasificación dos cargueiros vellos, inspeccións anuais, a presenza de dous inspectores nas revisións especiais e o uso obrigatorio do programa Casco Seguro.

ABS foi acusada de omitir a súa actuación coñecendo o dano estrutural do casco do Prestige que lle constaba desde 1996.

"Claramente, as recomendacións non foron seguidas no caso do Prestige, pero de acordo co tribunal esas condicións non eran obrigatorias no momento do naufraxio", apuntan os expertos.

Relacionado con este primeiro punto, España tamén argumentou que ABS fora imprudente por non informar aos revisores locais dos problemas estruturais de fatiga que sucederon nos buques irmáns, o Alexandros e o Centaur, construídos no mesmo momento e cos mesmos planos que o Prestige.

 Como apuntan Bernat e Whyte, isto tería axudado aos inspectores locais a atopar a área de corrosión. Pero o tribunal concluíu que ABS non podía ser culpable debido a que era unha compañía externalizada de ABS, Marine Services, a que era coñecedora da fatiga estrutural nos buques irmáns do Prestige. O programa Casco Seguro foi realizado a aqueles, e Marine Services decidiu que debían ser despezados despois de que certos aspectos fosen propensos á fatiga e á corrosión.

 É dicir, Marine Services fixo as tres inspeccións, pero en portos distintos. Como o fretador do Prestige non pagou polo uso do programa Casco Seguro nas análises nin tampouco ABS compartiu a información que posuía dos exames previos cos inspectores locais, España alegou que ABS foi imprudente, pero o tribunal considerou que España non cuestionara que esta corrosión non era o resultado do seu cargamento nin das augas nas que operara, e dese modo ABS foi declarada non culpable, xa que estas variables poden afectar os buques, detallan Bernat e Whyte.

En terceiro lugar, os investigadores recordan que España suxeriu adicionalmente que ABS fora imprudente, xa que o anterior capitán do Prestige, Stratos Kostazos, enviara un fax a Marine Services en agosto de 2002 alertando de serios problemas no Estado do buque e pedindo unha inspección de emerxencia. Segundo o tribunal americano, polo feito de que ABS fose unha sociedade matriz non pode ser achada responsable polo coñecemento que teña unha sociedade subsidiaria. 

España non puido probar que Marine Services informase a ABS, ou que ABS tivese constancia do asunto, ou mesmo que o fax chegase ao seu destinatario. En consecuencia, o tribunal desestimou a petición española e decidiu que ABS non tiña ningunha responsabilidade legal polo Estado do Prestige.

Porén, advirten España fallou en aducir proba suficiente para crear unha disputa xenuína sobre o feito material sobre se os demandados 'romperon imprudentemente' a obriga que as súas accións constituísen unha causa próxima do afundimento. Neste caso, din, o principio de externalización aparece para permitir a minimización da responsabilidade, incluso do regulador mesmo.

O xuízo no Estado español, seguindo a xurisdición penal, comezou en novembro de 2012 na Audiencia Provincial da Coruña. Tres persoas foron procesadas: o capitán, o xefe de maquinas e o director xeral da Mariña do Goberno de España, López Sors. A sentenza ditouse un ano despois, once anos despois da traxedia. Só foi condenado o capitán Mangouras, a nove meses de prisión por desobedecer as instrucións das autoridades españolas.

Ninguén foi condenado por crimes contra o medioambiente, pola vertedura ou pola xestión da crise. López Sors, o único representante do Goberno central procesado, foi absolto, "malia que a neglixencia do Goberno central era clara".

"O organismo reitor nunca foi constituído, non se enviou persoal cualificado a bordo, e o barco foi conscientemente enviado cara a unha tormenta e, logo, obrigado a cambiar de dirección en varias ocasións, facendo inevitable a vertedura catastrófica", subliñan Bernat e Whyte, que lembran que o tribunal declarou que "aqueles que toman unha decisión técnica nunha situación de emerxencia, adecuadamente aconsellados, dentro das posibilidades, non poden ser persoas imprudentes".

En consecuencia, o xuíz absolveu ao Goberno de España de toda responsabilidade na xestión da crise. Unha decisión que foi cualificada de "disparatada" e "inexplicable" por "unha das revistas marítimas máis importantes de España, Naucher", lembran os investigadores.

Con todo, Bernat e Whyte obvian outra cuestión clave en toda esta trama: o enorme poder do fretador do Prestige, con vínculos co Kremlin e coa mafia rusa, como destapou Galicia Confidencial.

OS NEGOCIOS SUCIOS DO FRETADOR, UNHA EXCLUSIVA DE GC

O 13 de setembro de 2012 publicabamos en Galicia Confidencial unha amplísima e detallada reportaxe de investigación sobre o fretador do Prestige, cando faltaba un mes para o xuízo. Nesta exclusiva, e grazas á consulta de documentos confidenciais, debullamos as actividades do responsábel da carga, Mikhail Fridman, oligarca ruso relacionado co Kremlin e coa mafia.

Ameazas, subornos, extorsións, poxas fraudulentas, tráfico de influencias, tráfico de drogas, prebendas, evasión fiscal, lavado de diñeiro, violencia, asasinatos... O modus operandi do magnate ruso Mikhail Fridman baséase en todo tipo de artimañas, intrigas e amaños propios dun corrupto e mafioso para conseguir todo canto se propón nos seus negocios.

Así é descrito o oligarca ruso no informe confidencial "Mikhail Fridman: Background Investigation" que a axencia de intelixencia global Stratfor realizou no ano 2007 e á que tivemos acceso en 2012 a través da base de datos que WikiLeaks puxo a nosa disposición. En total, 27 páxinas nas que se describen os negocios e intereses escuros dun home con vínculos co Kremlin e presuntamente involucrado no branqueo de centos de millóns de euros e relacionado co crime organizado: Mikhail Fridman, fundador de Alfa Group, o consorcio que fretou o Prestige.

Stratfor cualifícao como un tipo "vil". Nin el nin ningún dos seus socios en Alfa Group e a súa filial Crown Resources foron xulgados pola vertedura do fuel óleo do Prestige.

Consulta a reportaxe completa: Os negocios sucios do fretador do 'Prestige'." (Por Alberto Quian, Galicia Confidencial,13/11/17)



"A maioría dos protagonistas políticos do Prestige seguiron ocupando cargos máis dunha década.

Os únicos políticos que perderon os seus postos nos meses seguintes á catástrofe por motivos ligados ao sucedido -cando menos formalmente- foron o daquela conselleiro de Política Territorial, Xosé Cuíña -falecido en 2007, menos de dous anos despois de optar ao liderado do PPdeG- e o titular de Medio Ambiente, Carlos del Álamo, actualmente membro do consello de Administración de ENCE.

Quen na altura era presidente da Xunta, Manuel Fraga, seguiuno sendo ata 2005, cando a perda da maioría absoluta por parte do PP deu paso ao Executivo de coalición de PSdeG e BNG. En 2006 foi nomeado senador por designación autonómica e mantivo o seu escano ata pouco antes do seu falecemento, en xaneiro de 2012.

Pola banda do Goberno central nin o presidente, José María Aznar, nin ningún dos seus ministros asumiron responsabilidades polo Prestige. O máximo referente do Executivo popular en Galicia tras o naufraxio foi o daquela vicepresidente, Mariano Rajoy, a quen apenas un ano despois Aznar designaría como substituto. A cúpula estatal do PP fora tamén determinante para que o substituto de Cuíña no Goberno galego fose Alberto Núñez Feijóo, quen como conselleiro de Política Territorial tivo encomendado a promoción do Plan Galicia. (...)"            (Praza Pública, 11/11/17)


"Dos 1.000 quilómetros de AVE ao parador: as obras que ían tornar o Prestige na "maior oportunidade".
 
"Estamos ante a máis grande oportunidade de Galicia na súa historia", exclamou Manuel Fraga. O 3 de decembro de 2003 o Goberno de España e a Xunta de Galicia organizaron dous actos oficiais para conmemoraren ao seu xeito o primeiro aniversario da catástrofe do Prestige.

O primeiro celebrouse en Tordoia, onde o conselleiro de Política Territorial, Alberto Núñez Feijóo, e o ministro de Fomento, Francisco Álvarez-Cascos, colocaron "as primeras travesas" da futura variante de Queixas do Eixo Atlántico de alta velocidade. O segundo, no que ambos gobernos puxeran todos os focos, celebrouse en Teo.

 Alí Fraga e José María Aznar iniciaron simbolicamente as obras "dos subtreitos Padrón-Osebe e Portas-Vilagarcía" do AVE. En total, prometeran, quedaban comprometidos máis de 100 millóns de euros que eran a mellor mostra do cumprimento "en tempo récord" do Plan Galicia, a "política de feitos" fronte á "desgraza" da que "outros, descaradamente, pretenderon sacar vantaxe política".

Aquela xornada de solemnidades, completada coa xuntanza en Santiago do Real Padroado da Cidade -o organismo ligado ao Xacobeo non se volveu reunir dende aquel día- presidida por Aznar e Xoán Carlos I, servira como resumo da abundancia de promesas coas que os dous gobernos responderan ao naufraxo do petroleiro

A maior parte do prometido foran obras, moitas anunciadas o 24 de xaneiro daquel ano no Consello de Ministros celebrado na Casa do Concello da Coruña con Francisco Vázquez como anfitrión de Aznar, que lle concedeu ao rexedor a Cruz de Isabel La Católica nesa mesma sesión. De todos os grandes proxectos do publicitadísimo Plan Galicia só un foi rematado nun prazo próximo ao anunciado -aínda que con amplos sobrecustos e sombras de xestión-, o porto exterior da Coruña, mentres que o resto seguen a acumular demoras ou, simplemente, nunca pasaron do papel.

O Plan Galicia na súa versión estatal -a Xunta lanzara un paquete de obras de seu baixo o mesmo nome- fora aprobado no medio da crise máis profunda do longo mandato de Fraga, que tivera como máximo expoñente o cesamento de Xosé Cuíña e a súa remuda por Alberto Núñez Feijóo na Consellería de Política Territorial mentres, como resposta, o baltarismo ameazaba ao presidente da Xunta con deixalo en minoría no Parlamento. Neste tenso clima polítíco e coas mobilizacións a ferver na rúa ao berro de "nunca máis" Aznar engadira dende María Pita unha morea de promesas ao reiterado anuncio do AVE a Madrid para 2010, ano sinalado por Feijóo no verán de 2003.

Entre as obras prometidas das que nunca máis se soubo destaca o que fora anunciado como "corredor ferroviario do AVE do Cantábrico", un tren de alta velocidade "Ferrol-Asturias-Cantabria-Bilbao" ao que se engadirían outras dúas liñas de AVE, unha de Ponferrada a Monforte e outra de Lugo á Coruña, e mais dúas autovías: Chantada-Monforte e Pontevedra-A Cañiza (esta última, nunha versión reformulada, avanza aos poucos aínda na actualidade como a futura A-57).

Once meses despois do Consello do Plan Galicia, na solemne inauguración de Teo, Fraga daba por feitos todos estes proxectos e proclamaba que só "no interior de Galicia" ía haber "case 1.000 quilómetros de AVE". "A rede ferroviaria galega é, nestes momentos, a máis adiantada de España" e "un emblema do desenvolvemento da alta velocidade ferroviaria en toda Europa", acrecentara Álvarez-Cascos, que en xullo dese ano fora condecorado por Fraga coa Medalla de Ouro de Galicia.

O porto exterior coruñés -que o coruñés Vázquez presentara como froito da súa teimosía persoal-, aqueles 1.000 quilómetros de AVE e outros tantos de "autovías, autoestradas, vías rápidas e outras actuacións para modificar o trazado convencional das vías", anunciara Feijóo, víñanse unir ás axudas directas a colectivos afectados pola catástrofe e a outras medidas e proxectos que, segundo a estimación do gabinete de Aznar, sumaban ata "12.459 millóns para o impulso de Galicia".

Contemplaban dende o levantamento do veto á construción naval civil nos estaleiros de Fene e Ferrol "para posibilitar a construción de buques de dobre casco" neles -isto nunca sucedeu- ata a construción do parador de turismo de Muxía, instalación que quince anos despois aínda é pouco máis ca un esquelete e que, despois de sucesivas demoras, ten 2018 como último prazo de remate.

Os sucesivos anuncios de obras e axudas inseríronse nun contexto político efervescente e nunha vaga de mobilizacións que xa antes do naufraxio axitaban o país ao fío da oposición á Lei Orgánica de Universidades (LOU) e que continuaron coas protestas contra a guerra de Iraq.

 Neste marco os gobernos conservadores de Galicia e España deron en librar unha batalla nos campos da política e da propaganda que comezaran minimizando os efectos da catástrofe e censurando a súa "instrumentalización política" a través da Plataforma Nunca Máis, que o ministro Jaime Mayor Oreja dera en chegar a equiparar coa contorna da banda terrorista ETA.

 No caso concreto da Xunta as súas accións de control da información concentráranse nos medios públicos, pero tamén nas principais cabeceiras privadas e mesmo nunha internet aínda incipiente como fonte informativa en Galicia; así, o Goberno galego decidira aquel inverno abrir un espazo na súa web para a difusión das súas propias novas sobre o Prestige.

Nuns meses nos que a Xunta mesmo chegou a mudar de imaxe corporativa mentres inzaba o territorio galego de paneis anunciadores do Plan Galicia, dende San Caetano deuse en defender o afastamento do buque da costa difundindo á prensa que en 1989 "o goberno socialista de España" fixera o mesmo "cun petroleiro accidentado" en Canarias.

 Ao tempo, inundábanse os medios con ducias de comunicados nos que, por exemplo, se insistía no "aumento do número de praias aparentemente limpas", se aseguraba que "os Plans Galicia vai moi de présa" ou se atribuía á Xunta boa parte do mérito da enorme vaga de voluntariado que respondera ao afundimento ofrecendose para limpar as praias.

Apenas oito meses despois do naufraxio o flamante novo conselleiro Feijóo, que en 2004 ascendería a vicepresidente primeiro, daba a catástrofe por "superada" e aseguraba que mesmo as forzas da esquerda renunciaran a manter as protestas, porque "o pobo" estaba "farto de que se protestase sen ofrecer solucións". "Despois das críticas electoralistas, a oposición xa cre no Plan Galicia", afirmaba o actual presidente da Xunta."                 (Praza Pública, 13/11/17)