"Xosé Manuel Baltar ya ha dicho que no va a dimitir. Y tampoco
nadie va a destituir al presidente de la Diputación y del PP de Ourense
por conducir a 215 kilómetros por hora con su coche oficial
por la autovía A-52 el pasado domingo. Darán igual la multa de 600
euros, que se apresuró a pagar en el acto, y la pérdida de seis puntos
en el carné, los códigos éticos del partido o incluso que en un juicio
rápido acabe condenado por conducción temeraria a varios meses de cárcel.
Nadie puede hacer caer a Baltar porque el dirigente ourensano
hace una década que no tiene jefes. Ni en el PP ni en la Diputación.
Mucho más que un cargo público, Xosé Manuel Baltar (Ourense, 1967) es el
representante de una dinastía que gobierna la provincia desde hace 30
años sin admitir intromisiones de nadie. Junior, como le conocían en el
partido cuando solo era un aspirante, heredó de su padre la presidencia
de la institución y del PP provincial. Xosé Luis Baltar, autodenominado
“cacique bueno”, hizo y deshizo en la Diputación y el partido desde
principios de los 90 hasta 2012, cuando dejó el trono al mayor de sus
dos hijos. En todo este tiempo, los Baltar han parado los pies a Fraga, a
Alberto Núñez Feijóo e incluso al Mariano Rajoy presidente del PP. No hay ningún indicio de que vaya a ser distinto esta vez.
La saga Baltar en Ourense no opera como representantes del PP:
ellos son el partido. Controlan a los alcaldes, a los diputados que
manda la provincia al Parlamento gallego o al Congreso y también a los
senadores. Manejan el presupuesto de la Diputación –90 millones de euros
el último ejercicio– que durante años fue el segundo empleador de la
provincia, con casi mil trabajadores, compitiendo con la firma de moda
de Adolfo Domínguez. El País llegó a publicar que 400 de ellos eran cargos del partido o familiares de estos.
La ristra de denuncias sobre las redes clientelares de los
Baltar y su nepotismo son interminables y han causado sonrojo en
diferentes cúpulas del PP. Pero puertas adentro todos esos escándalos
siempre han pesado menos que sus aportaciones en las urnas. Ourense, la
provincia más empobrecida de Galicia y también la menos poblada, es su
principal granero de votos en la comunidad. Para la última mayoría
absoluta de Feijóo en 2020, una de cada dos papeletas de la provincia
llevaba el logo del PP. En pequeños municipios el partido ha llegado a
rozar el 90% de los sufragios. El sistema es conocido: en estos últimos
30 años la institución se ha fundido con el partido. Imposible
determinar dónde acaba una y empieza el otro.
“Y si no eres del PP, jódete, jódete”
En una cadena casi perfecta, Baltar padre pone deberes a cada
alcalde los domingos electorales. Les apunta la cifra de votos que deben
conseguir. Y es habitual que a mitad de votación, estos repasen los
censos que les envían los interventores para llamar a casa de los que
todavía no han ido a la urna. “Trabajar el voto puerta a puerta”, le
gustaba decir al patriarca del clan. Y que nadie pida a los Baltar
distinguir entre lo público y lo privado. El episodio de la multa el
pasado fin de semana es apenas un síntoma más: Baltar viajaba el
domingo a 215 kilómetros por hora en un coche oficial de la institución
camino de unas supuestas reuniones que no figuraban en ninguna agenda
oficial y de las que nunca más se supo. Un portavoz dijo a elDiario.es
el martes por la noche que iba camino de Madrid; este viernes Baltar matizó que hizo noche en algún lugar aún por determinar.
Desde entonces repite que lo de ir a 215, 90 kilómetros por encima de
la velocidad permitida, fue “un despite en una recta larga”.
La oposición se ha apresurado a denunciar el mal uso de los recursos públicos. Peccata minuta
al lado de lo que hizo su padre en los cinco mandatos. Hay fotos de
Baltar entregando fajos de billetes a la salida de los mítines a
asociaciones y colectivos de lo más variado. Célebres eran sus campañas
trombón en mano cantando esas estrofas que resumen a la perfección una
manera de estar en política: “Y si no eres del PP, jódete, jódete, y si
no eres del PP, te vuelves a joder”.
Mientras los números salgan, y ningún número en el PP manda más
que los resultados en las urnas, los Baltar están blindados. No es
ninguna novedad. Lo sufrió incluso el fundador del partido, Manuel
Fraga, cuando vio cómo en 2004 cinco diputados autonómicos, todos de
Ourense y de la familia política de Baltar, se encerraron en un piso
dejando en el aire la mayoría absoluta del PP en el Parlamento gallego.
Baltar no estaba conforme con algunos cambios en el partido y mandó a
los cinco parlamentarios a encerrarse sin teléfonos en un domicilio
ourensano hasta que no se resolviesen las desavenencias internas. Entre
ellos estaba ya su hijo Manuel y la pareja de este por entonces, María
José Caldelas, diputada autonómica también por aquella época, que luego
acabó condenada por falsificar firmas para lograr una licencia municipal
en Ourense (aunque esa es otra historia).
El encierro del 'comando Baltar' mantuvo en vilo a la política
gallega durante días y terminó a la manera del barón ourensano: tras
sellar la paz con Fraga y pactar una serie de cambios en la cima del
partido, fue el propio Baltar padre el que llevó de vuelta a Santiago
–conduciendo él personalmente un monovolumen– a los diputados rebeldes.
Es probablemente el más tragicómico de los capítulos que
amenizaron la larga batalla que vivieron en los 90 y 2000 las dos
familias del PP gallego. Por un lado, los de la boina, la
facción rural y galleguista donde estaba Baltar, junto al eterno delfín
de Fraga, Xosé Cuiña, y el capo de Lugo, Francisco Cacharro, apoyados
por decenas de alcaldes y denunciados por sus métodos caciquiles.
Enfrente, el sector del birrete, urbano y vinculado al Opus Dei
y que tenía como representante más destacado al exministro José Manuel
Romay Beccaría, el padrino político de Alberto Núñez Feijóo.
“Con el caciquismo se puede acabar en un día”
En la pugna por la sucesión de Fraga tras perder las elecciones
en 2005, la dirección nacional del partido que ya lideraba Rajoy se
posicionó inequívocamente del lado de Feijóo, que había sido enviado a
Galicia en plena crisis del Prestige. En el bando de la boina
solo Cuiña intentó plantar cara al oficialismo en el congreso del
relevo. Baltar padre, que había detectado los nuevos vientos que
soplaban en el PP, optó por pactar con Feijóo, quien en 2006 se
convirtió en líder del PP gallego, entre promesas de regeneración y
grandes proclamas.
“Con el caciquismo se puede acabar en un día”, llegó a prometer
el hoy líder del PP. Han pasado 16 años de aquella frase, los Baltar
siguen mandando en Ourense y a Feijóo ya no se le ocurre repetir
semejantes desafíos. La única vez que lo intentó, ya de vuelta a la
Xunta con mayoría absoluta, recibió el mayor mazazo de su carrera.
Corría el año 2010 y Baltar padre decidió poner en marcha una sucesión
en dos fases: primero el partido y después la institución. El orden
elegido no es casual: en un proceso interno donde los alcaldes
ourensanos del PP iban a resultar claves, Baltar padre se garantizaba el
manejo de las subvenciones a los municipios y también los puestos de
trabajo de muchos militantes y familiares que tenían que votar en el
congreso (sobre esto último volveremos luego).
Feijóo y Rajoy intentaron sin éxito que Baltar desistiese de la
sucesión dinástica. Acabaron presentando una lista alternativa a la
presidencia provincial y haciendo muchas llamadas a alcaldes desde la
dirección regional y nacional del PP. Los Baltar demostraron a todo el
aparato del partido por qué Ourense llevaba dos décadas siendo su feudo:
reunieron 723 votos, frente a los 433 del candidato apadrinado por
Feijóo y Rajoy. La sucesión de padre a hijo estaba refrendada por las
primarias. Ante un pabellón repleto de fieles, Xose Luis Baltar y sus
alcaldes levantaron a hombros a su hijo Manuel, en una metáfora
definitiva para festejar su última victoria. Minutos después, Feijóo
trataba de escenificar unidad, cariacontecido en el escenario,
levantando los brazos de quien lo había arrollado.
Aquel congreso de 2010 dejó algunas otras secuelas menos
públicas: sirvió a varios asesores de Feijóo para sufrir en primera
persona los manejos del cacique ourensano. Se quejaban de que Baltar
había prometido obras a cambio de votos, de que había amenazado a
empresas con no volver a trabajar para la Diputación... Por unos días y
siempre en privado, el núcleo duro de Feijóo repetía lamentos como los
que llevaban escuchando tantos años a PSOE y BNG sobre los usos del baltarismo.
No duraron mucho tiempo. Feijóo y los suyos aprendieron la
lección y ni siquiera opusieron resistencia cuando dos años más tarde
Baltar Jr. tomó el bastón de mando de la Diputación de manos de su
padre.
No, el caciquismo no solo no iba a acabarse en un día sino que
se garantizaba, al menos, una generación más. Desde entonces, Feijóo ya
se limitó a dejar hacer. Los votos de Ourense contribuyeron a sus cuatro
mayorías absolutas y a cambio Baltar solo pedía que nadie se
entrometiese en su territorio y unos cuantos nombres en las listas del
PP a las diferentes elecciones. Nadie más le ha chistado.
Baltar padre, condenado por prevaricación tras salir de la política
Cuando Baltar padre estuvo fuera de la Diputación y de la
presidencia del PP, la Justicia acabó condenándolo por prevaricación. La
Audiencia Provincial de Ourense consideró probado que había enchufado
en la Diputación a 104 personas afines en vísperas del congreso que
debía elegir a su hijo. La sentencia lo inhabilitó para ocupar cargos
públicos durante nueve años. Los magistrados concluyeron en la condena
que el “elevado volumen de contratación pública” de la Diputación
evidenciaba la “consciente y deliberada omisión de la publicidad
exigible” en los procesos de selección de las administraciones.
Ninguna novedad. Lo que había hecho durante tres décadas tenía
por fin castigo. En algunas redacciones se recordó el día en que la
Diputación mandó una solicitud de rectificación al periodista que había
publicado que el organismo provincial había contratado a 33 porteros
para un edificio cultural con dos entradas. La nota de Baltar pedía
aclarar que el centro Simeón tenía tres puertas.
Baltar padre recibió su condena con la paz de un jubilado que
sabe que a su hijo no le va a faltar de nada. Y este, desde el despacho
más alto de la Diputación, vino a decir que él no tenía nada que ver con
la gestión de su antecesor, por muy padre suyo que fuese. Feijóo y la
dirección del PP volvieron a dejar hacer, a pesar de que la Justicia
había confirmado las quejas en privado de sus asesores durante aquel
humillante congreso.
Que Feijóo nunca pudo prescindir de Baltar volvió a quedar
patente tras las municipales de 2019. El presidente de la Xunta había
ido a hacer campaña a la ciudad de Ourense por su partido. Y aprovechó
el mitin central para cargar con dureza contra el candidato de una
formación independiente, Gonzalo Jácome, un personaje atrabiliario
que se había hecho famoso por las diatribas que soltaba en su
televisión local contra Baltar y compañía. Feijóo dijo aquel día de
Jácome: “Sería letal para la ciudad de Ourense”.
Solo unas semanas más tarde, los concejales del PP votaban en
bloque entregarle el bastón de mando a Jácome. ¿La razón? El apoyo de
ese partido independiente era imprescindible para que Baltar Jr. pudiese
conservar la Diputación, una vez perdida la mayoría absoluta. Feijóo
volvió a mirar para otro lado y el controvertido Jácome va camino de
sumar cuatro años en la Alcaldía de la ciudad, de escándalo en
escándalo. A cambio, Baltar pudo seguir al frente de la institución
provincial y el PP gallego, mantener la paz interna.
Por lo visto en las últimas horas, el sucesor de Feijóo al
frente de la Xunta y el PP gallego, Alfonso Rueda, tampoco tiene mucha
intención de cambiar las cosas. Este miércoles por la mañana un grupo de
periodistas le preguntaron si iba a tomar medidas contra Baltar, horas
después de que elDiario.es desvelase en exclusiva la sanción por conducción temeraria. Lo que sigue es la secuencia de ese corrillo con la prensa.
Periodista: “Pudo hablar con él? ¿Va a pedir su cese?
Alfonso Rueda: Efectivamente, hablé con él y lo
que ustedes conocen, reconoce los hechos hasta el punto de que había
una sanción que él paga, por tanto reconoce los hechos, y estoy seguro
de que el primero que lo siente es él mismo.
P. ¿Va a pedir su cese o va a tomar algún tipo de medida el Partido Popular?
A. R. Bueno, hasta donde yo conozco hay una
infracción administrativa que él reconoce y esto es lo que hay en este
momento. Adelantándome a su pregunta, sobre responsabilidades políticas,
yo creo que ya el hecho de que sea un representante político es lo que
motiva que yo esté respondiendo a esta pregunta y que haya esta
expectación y este nivel de atención que, probablemente, en el caso de
una persona que no tuviese estas responsabilidades, no se estaría dando.
Insisto: reconoce esto y abona la sanción y yo en estos momentos desde
el punto de vista de una sanción que es administrativa, poco más puedo
decir.
P. ¿Supongo que estará de acuerdo en que cualquier representante político debe dar ejemplo?
A. R. Sí, sí, por supuesto, yo hablé con él y el primero que no está conforme con esta conducta que tuvo fue él mismo.
P. No es una sanción, se juzgará un delito en un juicio. Los socialistas hablan de un uso indebido del coche oficial.
A. R. Desconozco todo esto, sobre si es un
delito o no, yo de momento lo que sé es el nivel administrativo, lo paró
la Guardia Civil de Tráfico, extendió esa sanción administrativa y
sobre otros condicionantes, para evaluarlos tendría que tener más
conocimiento, ver cómo se califican y yo no soy juez.
P. Lo que le preguntaba el compañero es sobre ir en un coche oficial a más de 200 kilómetros por hora…
A. R. Sí, a más de 200 kilómetros por hora, él
mismo lo reconoce cuando abona la sanción y efectivamente era un coche
oficial, según él mismo me dice, lo usa Baltar cuando se dirige a actos
oficiales, como era el caso que tenía reuniones en Madrid al día
siguiente y muchas veces conduce él coches de la Diputación. Con
independencia de la velocidad a la que fuera creo que esto no tiene
mayor relevancia.
P. Por dejarlo claro, el PP de momento no tiene ningún tipo de medida.
A. R. Vuelvo a decirlo, hablé con Baltar, esto fue lo que me dijo y esto es lo que tengo que decir en este momento.
Y en esos tres minutos se resume todo. Baltar, que no se
presenta como cabeza de lista en ningún Ayuntamiento, volverá a ser el
candidato del PP a la Diputación de Ourense. Si los números dan, por el
PP gallego tiene garantizado ese despacho el tiempo que considere
oportuno. Su padre estuvo veinte años. Él, de momento, lleva once." (José Precedo , eldiario.es, 28 de abril de 2023)