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26/2/24

Ha habido competición y, durante un momento, el PP parecía estar en la lona. Sin embargo, el PP ha mantenido su porcentaje de voto. Lo que se ha demostrado es la extraordinaria resiliencia del PP y de su enorme maquinaria... Con todo, la campaña ha puesto en evidencia un malestar de fondo de la sociedad gallega con el PP. Mayor del que se podía presumir. Lo bastante grande como para configurar una significativa ola de cambio, aunque al final haya marrado... Yo no recuerdo ninguna elección más incierta que esta... Nadie se atrevía a pronosticar de qué lado iba a caer el canto del duro a apenas una hora de que se abrieran las urnas. Finalmente ha caído del lado del PP. Lo que no quiere decir que el PP no haya salido dañado... Dañado en su credibilidad y dañado, también, en su legitimidad. Ha ganado, pero con las malas artes de las dádivas de los últimos días a diversos sectores... Al PP le han votado con una fidelidad extrema y perdonándole casi todo... Hay que consignar, aunque hoy no parezca importar, que su sociología está mutando. Está perdiendo transversalidad, pero ello no le ha impedido, por el momento, ganar las elecciones... Yo no me tomaría por la tremenda los datos del PSdeG. Pero sucede que el PSdeG tiene que tomarse Galicia en serio... Existe un descontento mensurable con el PP pero hay que saber articularlo. Esta campaña ha sido un paso de gigante, aunque hoy parezca irónico decirlo (Antón Baamonde)

 "El gran activo del PP era la inercia: la convicción general de que era imbatible. La del 18F ha sido una campaña en que esa creencia se tambaleó. Ha habido competición y, durante un momento, el PP parecía estar en la lona. Sin embargo, con una participación muy alta, el PP ha mantenido su porcentaje de voto. Es un éxito incontestable.  

El PSdeG ha transferido votos al BNG pero, en conjunto, no han conseguido traspasar el muro. Sumar y Podemos no han sido el problema, dado su exiguo número de votos. Lo que se ha demostrado es la extraordinaria resiliencia del PP y de su enorme maquinaria.

Con todo, la campaña ha puesto en evidencia un malestar de fondo de la sociedad gallega con el PP. Mayor del que se podía presumir. Lo bastante grande como para configurar una significativa ola de cambio, aunque al final haya marrado.

El PP se ha quedado con la Xunta. Ha sufrido hasta el último momento. El incremento de la participación es uno de los datos de la jornada. Hay que subrayar muy especialmente lo abultado de las cifras de participación en las ciudades. Era un tipo de votante que tendía a retraerse en las autonómicas. La competición ha sido intensa y uno de sus efectos ha sido esa incorporación del electorado urbano.

Yo no recuerdo ninguna elección más incierta que esta. Nadie se atrevía a pronosticar de qué lado iba a caer el canto del duro a apenas una hora de que se abrieran las urnas. Finalmente ha caído del lado del PP. Lo que no quiere decir que el PP no haya salido dañado.

Dañado en su credibilidad y dañado, también, en su legitimidad. Ha ganado, pero con las malas artes de las dádivas de los últimos días a diversos sectores. Eso pone en evidencia su modo de gobernar, y la imagen que se hace de sus electores. Ha vencido, pero sin gloria.

Por otro lado, lo ha hecho con un discurso “madrileño” –si es que se puede decir que ha tenido algún discurso–, lo que no parece importarle a sus electores. Al PP le han votado con una fidelidad extrema y perdonándole casi todo. Sus votantes están mesmerizados. Hay que consignar, aunque hoy no parezca importar, que su sociología está mutando. Está perdiendo transversalidad, pero ello no le ha impedido, por el momento, ganar las elecciones con extraordinaria solvencia.

El BNG ha levantado enormes expectativas que ahora tendrá que saber gestionar. La campaña, magnífica, se puede tomar como un enorme experimento social. Se ha verificado que un nacionalismo tranquilo, transversal y con propuestas puede generar consenso social y ganar simpatías. Su líder tiene la difícil obligación de transformar su enorme crédito en un nuevo horizonte para su partido.

Yo no me tomaría por la tremenda los datos del PSdeG. Besteiro es un líder resiliente, muy del país, y un buen candidato que no se merecía estes resultados. Puede recuperar votos y sin duda lo hará en elecciones para otros ámbitos. Pero sucede que el PSdeG tiene que tomarse Galicia en serio. Tiene que hacer examen de conciencia y elaborar una oferta más consistente. No puede cambiar de candidato cada cuatro años ni desentenderse de la carrera por la Xunta, como ha hecho en el pasado.

La complicidad entre ambos líderes y ambas fuerzas es un dato muy positivo, que abona la esperanza. Pero, sea como fuere, ha habido un fracaso manifiesto de ambos partidos a la hora de entrar en el electorado del PP. La campaña ha tenido una fuerza considerable.Ha habido moral de victoria en el bando progresista y por momentos el PP se ha sentido noqueado. Pero habría que haber llegado a ella con otras expectativas y otra solvencia. Ese es el gran objetivo. Factible, pero que hay que trabajar día a día. Existe un descontento mensurable con el PP pero hay que saber articularlo. Esta campaña ha sido un paso de gigante, aunque hoy parezca irónico decirlo."                  (Antón Baamonde, eldiario.es, 19/02/24)

27/4/22

Na era de Feijóo, ¿que se fixo? Feijóo paréceme que foi un presidente insignificante. Un funcionario con manguitos e ningunha idea na cabeza... Galicia ten un goberno propio, que tamén toma decisións ou, asunto non menos importante, deixa de tomalas. Cando un intenta precisar nos últimos lustros cales se tomaron con algunha significación, sucede que a auga se lle escorrenta entre os dedos... A verdade é que Galicia non ofrece oportunidades. Non hai traballo dabondo, e menos aínda cualificado. Cousa rara: se un le a prensa galega, todo vai magnífico. Sensacional. No entanto, é difícil desapegarse da sensación de que a atmosfera é cada vez máis gris

 "Posiblemente exa eu un pouco parvo ou ensimesmado demais, pero non me abandona a idea de que a cidade na que vivo, Santiago, está lonxe dese momento climático que foron os noventa. A impresión é a de que se estende sobre o estado de ánimo da cidade unha sombra de grisura, apoucamento e desánimo.

Non estou seguro. Pero temo que esa mesma sensación, acaso con outros matices, derivados da idiosincrasia particular, poida vivirse hoxe en Vigo ou na Coruña, cidades máis grandes e acaso máis dinámicas. Intento preguntar aos amigos que aí viven sobre o asunto. A impresión é que toda Galicia está sucumbindo á atmosfera da vida de provincias, dese moco espeso e untuoso que se adhire a un ata conseguir que acabe enterrado nun bocoi de mediocridade e atonía.

Por fortuna, creo que non estou só nesta percepción. Falando con Victor Santidrián coincidimos na apreciación. Os dous falamos de recentes viaxes a Madrid -el é un madrileño de pro- e da vida e a animación que alí se respira. Sen dúbida é unha cidade de gañadores e perdedores -é a capital europea máis segregada e a segunda con maior desigualdade social- e Ayuso é quebranto e burla de todo o que os dous amamos, pero non se pode evitar percibir a diferente intensidade das vibracións. Por certo, que quen queira acercarse á vidilla madrileña terá unha guía deliciosa en ¡Quemad Madrid!, de Raquel Peláez. 

 A verdade é que boa parte dos fillos dos amigos e familiares dirixe os seus pasos a outros lugares, nos que o sol luza máis e as oportunidades existan. Se un repasa os datos esa impresión queda confirmada. Na nova emigración marchan os máis novos e mellor formados. Unha auténtica fuga de cerebros. Así non poderemos facer nada como país.

Si. A verdade é que Galicia non ofrece oportunidades. Non hai traballo dabondo, e menos aínda traballo cualificado. Cousa rara: se un le a prensa galega, todo vai magnífico. Sensacional. Fabuloso: o que fan os cartos e, por que non dicilo tamén, a coxeira do pé dereito dos propietarios.

No entanto, é difícil desapegarse da sensación de que a atmosfera é cada vez máis gris. Non hai dinamismo, enerxia, tensión social: a expectativa de que as cousas irán mellor, a alegría que acompaña cando hai confianza en que o que un vai facer renderá algún froito. Hai como un conformismo xeneralizado. Si. Esténdese o arume da provincia espesa.

 En tempos de Fraga construíronse infraestruturas -estradas, hospitais, escolas-, mesmo fixéronse consensos como o da Lei de Normalización Lingúística, tan significativo. Era outro momento, dende logo, pero hai que dicir que Fraga cría e facía política. Pensaba que a administración pública estaba para algo e que o mercado non o era todo.

Na era de Feijóo, que se fixo? Ese consenso destruíuse... Feijóo paréceme que foi un presidente insignificante. Un funcionario con manguitos e ningunha idea na cabeza. As súas contorsións foron grotescas para simular que sostiña, ao mesmo tempo, ideas antitéticas. A Rueda haberá que dárlle cen días, pero non é para facerse ilusións, dado que, a priori, semella a degradada copia da copia dunha copia...

Parte da culpa, ou da responsabilidade, na falta de pulso galego seguro que ten que ver coas decisións dun Estado que, se ben afirma que todos somos iguais, dá por sentado que uns son máis iguais ca outros e que o Km 0, na madrileña Porta do Sol, é o embigo do mundo.

 Pero, ao fin e ao cabo, Galicia ten un goberno propio, que tamén toma decisións ou, asunto non menos importante, deixa de tomalas. Cando un intenta precisar nos últimos lustros cales se tomaron con algunha significación, sucede que a auga se lle escorrenta entre os dedos. Temo que un papel negativo tívoo o feito de que Feijóo pasou o tempo querendo agradar aos medios madrileños para cultivar o seu destino actual, longamente buscado. Iso quitoulle forza e capacidade de presión.

Pero, en fin, algunha idea habería que postular se queremos que o pulso se recupere. Quen non toma iniciativas deixa que outros as tomen por un.

Unha moi obvia, e pouco discutible, sería promover un gran pacto, unha acción conxunta de forzas políticas, sindicatos e empresarios para reclamar os compromisos da variante noroeste do Corredor Atlántico e outras infraestruturas. A mellora do trazado ferroviario entre Ferrol e A Coruña, ou a conexión tamén por tren de Vigo e Porto, por exemplo. Os portos marítimos e as autopistas do mar merecen un capítulo importante. Non se pode repetir o disparate do porto exterior coruñés.

O Foro Económico de Galicia ou a Confederación de Empresarios de Galicia, se valen para algo máis que para darse palmadas no lombo entre homes brancos, ou para constatar en sesudos informes o evidente, poderían tomar unha iniciativa similar á que os seus colegas cataláns e valencianos levan reclamando dende hai moito tempo para o Eixo Mediterráneo.

Ese pacto podería constituír, en si mesmo, a ocasión de debater sobre unha área económica e social emerxente, a que forman Galicia e Portugal. É evidente que esa área ten aspectos positivos e negativos, pero é seguro que a medio prazo pesarán máis os positivos. A pesar dos estereotipos negativos, o certo é que o norte de Portugal está medrando con máis dinamismo que Galicia, que non está sabendo xogar as súas cartas.

Esa área económica con enorme futuro precisa racionalización, planificación, establecer sinerxias e promover redes de transporte. En definitiva, unha visión estratéxica e investimentos que respalden e promovan unha configuración urbana que facilitaría economías de aglomeración. Portugal non só é un veciño. É tamén unha oportunidade, pero hai que facer con xeito."             ( Antón Baamonde , eldiario.es, 24/04/22)

19/4/22

La Galicia económica que deja Feijóo: Paro (en sus 13 años se destruyeron 100.000 empleos). Deuda (multiplicada por tres). Pobreza (severa, el 9,4% de los gallegos, por encima de los indicadores de los peores años de crisis. En riesgo de pobreza se halla el 25% de la población)

 "(...) El último año antes de la llegada de Feijóo a la Xunta se cerró en Galicia con un crecimiento del 1,1% del producto interior bruto (PIB). Era 2008 y la crisis financiera todavía no había dejado notar todo su impacto. 

Con el dirigente del PP ya en el Gobierno, en 2009 la economía cayó un 4,1% y se mantuvo en cifras negativas hasta 2014 -con la salvedad del medio punto de avance registrado en 2010-. Desde entonces y hasta la pandemia, las cifras se mantuvieron en terreno positivo, pero no lo suficiente como para terminar de cerrar la brecha con respecto al PIB per cápita medio de España ni para recuperar el terreno perdido en la convergencia con la Unión Europea. 

 El PIB por habitante de Galicia era el 88,2% de la media española en el primer año de Gobierno de Feijóo. El último dato disponible, el de 2020, muestra un avance, hasta el 92,4%. Con estos datos, la Xunta ha retrasado hasta 2030 el objetivo de igualar el nivel estatal, incluido en su plan estratégico. Más lejos queda la meta de equipararse con la media de la Unión Europea. Cuando el ahora presidente del PP alcanzó la Presidencia de la Xunta el nivel autonómico era del 89% de la UE. Desde ese momento inició una senda descendente y llegó a su peor dato en 2013 y 2014, con el 80%. Aunque las cifras mejoraron los años siguientes entre dos y tres puntos, la pandemia provocó que la brecha volviese a ensancharse. Según Eurostat, en 2020 la renta media gallega era el 78% de la europea. 

100.000 empleos destruidos

El año 2008 cerró con una tasa de desempleo del 9,6% en Galicia y con casi 1.200.000 personas ocupadas. En los 13 ejercicios de Feijóo al frente de la Xunta se destruyeron unos 100.000 empleos. El último dato disponible, el de la encuesta de población activa (EPA) del cierre de 2021, muestra que hay 1.091.000 personas ocupadas en la comunidad. La tasa de paro es del 11%, casi un punto y medio porcentual más.(...)

El triple de deuda pública y el IPC disparado

El crecimiento de la deuda pública fue generalizado entre las administraciones españolas desde 2008. En el caso gallego, Alberto Núñez Feijóo llegó a la Xunta con un endeudamiento del 6,8% del PIB y va a dejar su cargo con un nivel del 18,5%, según el Banco de España. En términos absolutos, pasó de 3.954 millones de euros a 11.715. La segunda cifra multiplica por tres a la primera. La contención de la deuda ha sido uno de los mantras con los que el todavía presidente gallego presumió desde su primer mandato y ha llegado a afirmar que Galicia era la comunidad que menos se había endeudado en los últimos años, pese a que no es cierto. Hay cuatro territorios en los que el dinero prestado representa actualmente un porcentaje menor del PIB: Euskadi, Navarra, Canarias y Madrid.

Pobreza en aumento

La tasa de riesgo de pobreza o exclusión social era del 25,1% en Galicia en 2008. Feijóo dejará la presidencia de la Xunta con una cifra superior. El último dato disponible es el de 2020, que sitúa el porcentaje en el 25,7%. El año de la pandemia provocó un aumento en el riesgo de pobreza en toda España, pero Galicia ya venía encadenando subidas desde 2017.

En 2008 casi 21 de cada 100 gallegos se encontraban por debajo del umbral de la pobreza -medido como una renta de menos de 9.626 euros por año para un hogar de una persona y 20.215 para uno de dos adultos y dos menores-. El dato más reciente refleja un incremento: al término de 2020 eran el 22,1%. Es decir, casi 600.000 personas. El porcentaje gallego se situó en el año de la pandemia por encima de la media estatal por primera vez desde 2009.

En cuanto a los habitantes que estaban en situación de pobreza severa, en 2020 eran el 9,4% de los gallegos -disponían de menos de 535 euros al mes en un hogar de una persona o de 1.123 euros al mes en uno de dos adultos y dos menores-. El porcentaje es muy superior al de 2008, cuando era del 6%, pero también se sitúa por encima de los indicadores de los peores años de crisis: en 2012 era del 7,3%."            (Beatriz Muñoz, eldiario.es, 16/04/22)

30/8/21

Galicia 1981-2021 - Catro decadas e todo segue igual... entón falábase como hoxe, verbas, e máis verbas: "Gustaríame pensar que seremos capaces de rachar co camiño polo que vai Galicia, envellecida pola falta de futuro para a mocidade"

 "Hai 40 anos, no período que vai do 21 de decembro de 1980, no que se aprobou en referéndum o Estatuto, ao 20 de outubro de 1981, cando se celebraron as primeiras eleccións ao Parlamento, Galicia comezou a concretar a súa autonomía política.

 Nestas catro décadas afondouse nela e en transformacións non só políticas senón da sociedade en xeral que ao longo das cinco fins de semana de agosto repasamos con cinco persoas representativas dun ou doutro xeito dos cinco grandes gobernos que tivo a Xunta (Albor, Laxe, Fraga, Touriño e Feijóo). 

Todos foron tamén deputados nalgún momento e polo tanto electos pola cidadanía, e pola diversidade das súas orixes xeográfica, profesional, partidista ou por idade axudan a configurar unha imaxe transversal dos últimos 40 anos de Galicia, que se complementa co podcast Retrocorenta no que ao longo deste ano vimos facendo un exercidio de memoria colectiva.

Tras as catro primeiras entregas da serie con Víctor Manuel Vázquez Portomeñe, Fernando Salgado, Pilar Rojo e Teresa Táboas, o quinto presidente que tivo a Xunta, Alberto Núñez Feijóo, contou con Agustín Hernández (Madrid, 1961) como conselleiro Medio Ambiente e Infraestruturas entre 2009 e 2014.

 Pero este galego de adopción neofalante que comezou a vivir en Galicia con 25 anos xa fora director xeral de Obras Públicas con Fraga entre 1998 e 2005, traballara despois para a Deputación de Pontevedra e ao saír da consellería seguiría coñecendo outros postos como o de alcalde de Santiago entre 2014 e 2015 ou o de presidente do Consello Económico e Social que ocupa actualmente.

¿Que facía Vostede en 1981 cando se aprobou o Estatuto?

No curso 80/81 estaba no segundo ano da Escola de Enxeñeiros de Camiños, Canles e Portos en Madrid. Era o curso máis complicado posto que era o primeiro ano con materias específicas da profesión, o que marcaba que continuaras coa carreira ou que abandonaras. Era moi esixente e polo tanto foi un ano de encerro e de estudo.

Xa pensaba na política? En que momento os cargos técnicos que foi ocupando pasaron a ser políticos?

Eu comecei como director xeral desde unha vocación totalmente técnica. O salto á política xurdiu como consecuencia de que tras entrar nunha estrutura pola porta técnica, dáste de conta de que se non te involucras, se non das o paso, podes quedar sen unha proxección que che interesa, profesional e no ámbito da xestión pública, e daquela involúcraste máis. Con independencia de que estás situado onde ideoloxicamente estás cómodo, claro. Pero eu como director xeral, entre 1998 e 2005, non estiven afiliado ao PP. Na oposición Alberto pediume que me implicase, en 2006, e cando gañamos as eleccións chamáronme do partido porque non atopaban a miña ficha para o congreso interno que celebramos. Díxenlles que non a atopaban porque non estaba afiliado, así que aí me afiliei. O que buscaban en min era un currante que resolvese problemas. 

Cal foi o principal cambio de Galicia nestas catro décadas?

Comecei a vivir en Galicia en Febreiro de 1987, polo que a miña referencia temporal arranca nese ano. O avance foi inmenso dende entón. Especialmente no referente aos equipamentos e infraestruturas de todo tipo: as tecnolóxicas, as educativas, as sanitarias, as culturais, as viarias, etc... Ese salto cara á modernidade tamén significou un cambio de mentalidade e unha apertura de Galicia cara o exterior. Durante estes anos a proxección de Galicia cara ao exterior, en España e no mundo, incrementouse dunha forma moi notable. Probablemente a difusión do fenómeno Xacobeo, como algo máis que un acontecemento exclusivamente relixioso, tivo moito que ver.

Cal foi a medida política tomada no marco das competencias autonómicas que considera máis importante neste tempo?

 Quizais non sexa a máis importante pero considero que foi transcendente: A aprobación da Lei 1/1982 de fixación da sede das institucións autonómicas de Galicia. Foi un primeiro paso para rachar cos enfrontamentos entre o sur e o norte de Galicia. Posibilitou o inicio dun período do impulso de Santiago de Compostela como a capital de todos os galegos.

Cal é a medida da que se sinte máis orgulloso de tomar ou de influír o de axudar a que se tomase?

Son consciente do grao de polémica que pode reflectir esta resposta pero sen dúbida foi a miña participación na posta en marcha do proxecto de Sogama. Era subdirector xeral da Xunta e participei no proxecto. Estamos falando de mediada a década dos 90. Galicia tiña centos de vertedoiros espallados pola súa xeografía sen control e causando un impacto inaceptable. O goberno decidiu impulsar un proxecto integral e global de recollida e tratamento do lixo para Galicia, que ademais fora innovador. Foi un proxecto xestionado con ambición técnica e tecnolóxica e tamén con moita negociación política para atopar un emprazamento que non xerara un rexeitamento que fixera inviable o proxecto. Houbo un comité de expertos que asesoraban ao goberno no que estaban personalidades da talla dos profesores Bao, Macías ou Redondo. E dende unha perspectiva máis sentimental e persoal, o viaduto da variante de Noia ten unha especial significación para min. Vivín en Noia durante anos e, sen desmerecer ningún lugar de Galicia, porque non podería elixir un, o Barbanza tenme conquistado. Ademais de facilitar as comunicacións entre as dúas marxes da ría, o viaduto é hoxe en día un referente na paisaxe.

Cal foi o seu peor momento como Conselleiro?

Sen dúbida a tarde-noite do 24 de xullo de 2013 en Angrois. Estiven no lugar do accidente desde os primeiros instantes ata altas horas da madrugada. Nunca esquecerei o que vin.

 Vostede é madrileño pero durante a súa actividade institucional sempre se esforzou por falar galego. A pregunta é sinxela: por que?

Considero que as institucións propias de Galicia "son en Galego” e polo tanto os responsables institucionais temos a obriga de expresarnos utilizando o galego. Desde o máximo respecto á liberdade individual e practicando o bilingüismo harmónico, os responsables das institucións galegas deben expresarse na nosa lingua. O que máis lamento é que, como aprendín a lingua “de oído”, non me expreso tan correctamente como quixera, teño importantes carencias léxicas e ortográficas pero, con todo, avancei moito no emprego do galego, tamén en relacións persoais, fóra do institucional.

Como variou a participación das mulleres en política nestes 40 anos?

Sen dúbida é un dos cambios máis intensos dos derradeiros anos. Pasamos en poucos anos de ser noticia que un goberno tivera unha muller entre os seus membros, a normalizar a presenza de mulleres en todos os ámbitos. O cambio foi intenso, aínda que queda percorrido para acadar unha normalización total da presenza da muller. Non precisamente no ámbito político, senón no referente aos postos de responsabilidade no ámbito da empresa, a educación ou a investigación. Hai que valorar o papel das primeiras mulleres que iniciaron esa senda, posto que é certo que fai uns anos as medidas de conciliación non eran as que existen hoxe en día e, a pesares diso, moitas mulleres percorreron o camiño dunha carreira profesional de éxito, superando ditas barreiras. 

Cando usou por primeira vez un teléfono móbil no exercicio dun cargo público?

Non me lembro. Penso que foi a finais dos 90.

E a primeira vez que usou internet?

Tampouco lle podo dar unha data exacta diso. Sei que tiven acceso antes no ámbito persoal que no desempeño da función pública. Como exemplo do avance tecnolóxico que vivimos nas últimas décadas, cando comecei a traballar no salto hidroeléctrico de santa Uxía de Ézaro, en Dumbría, ano 1987, tiñamos que percorrer uns 5 quilómetros para chegar ao que denominabamos o “bar do teléfono” que era o sitio con teléfono máis cércano desde a obra. Hoxe, e xa dende fai anos, podes contactar desde ese mesmo punto con calquera parte do mundo a través do móbil, ou ter acceso a internet. Xa sei que pasaron anos pero a min paréceme que foi onte.

Cal é a viaxe oficial que lembra máis accidentada?

O 13 de xaneiro de 1998, con motivo do accidente do Discoverer Enterprise encomendáronme dirixirme ao lugar dos feitos para supervisar sobre o terreo as actuacións a levar a cabo para resolver as incidencias xeradas pola rotura da ponte das Pías. Eu era responsable das obras hidráulicas da Xunta e coa rotura da ponte quedou sen servizo a tubaria de abastecemento a Ferrol co que a cidade quedaba sen subministro. Tardei moitísimo en chegar posto que o atasco era monumental. Temos que lembrar que daquela a AP-9 unicamente chegaba a Miño. Dende alí a única estrada era a Nacional. Estando xa en Fene, diante da popa do barco empotrado no viaduto, contactaron desde o gabinete da consellería para que foramos a Ferrol a unha xuntanza co director xeral de Estradas que viña de Madrid. Como non eramos capaces de acceder por estrada, dado o atasco, conseguimos cruzar a ría cunha lancha que pasaba xusto nese momento pola zona (desde a beira fixemos sinais ao piloto que amablemente nos cruzou á outra marxe). Aquel día o presidente da Xunta tiña axenda na illa da Toxa e desprazouse ata Ferrol en helicóptero. O vendaval era dos que facían época e aínda lembro as expresións de susto dos acompañantes do presidente, entre os que estaban varios conselleiros, cando baixaron do helicóptero e contaban a experiencia vivida. Lembro tamén como aquel accidente posibilitou que a reconstrución da ponte fora con catro carrís en lugar dos dous que tiña a ponte orixinal. Por parte da Xunta de Galicia fomos capaces de instalar en tempo récord unha tubaria nova polo fondo da ría para recuperar o subministro en poucos días. En concreto o servizo logrouse restituír en nove días. Por certo, obra executada por unha empresa galega de Santiago, Espina&Delfín.

Que obra de arte (música, literatura, arquitectura, pintura…) lle di a vostede máis sobre estes 40 anos en Galicia?

Sen dúbida, a rehabilitación e restauración da obra de arte de referencia en Galicia, a Catedral de Santiago, coas que se conseguiu achegarnos ao seu aspecto orixinal e desfrutala en todo o seu esplendor. Mencionar tamén a colección de arte do Parlamento de Galicia, especialmente a pintura. Non sei quen tivo a idea orixinal, pero cónstame que o presidente Santalices dá moita importancia a esa faceta do noso Parlamento: Pousa, Quesada, Peteiro, Criado, Lamazares, Laxeiro, Sucasas, Barreiro, Pulido e moitos outros. Gran idea a de recoller no Parlamento unha mostra ampla da arte galega contemporánea. E xa dende un punto de vista puramente sentimental, dúas expresións artísticas que me conmoveron e me deslumbraron dun xeito moi intenso: o concerto que celebrou Carlos Núñez en Castrelos o 18 de xullo de 2004 e a película Mar Adentro. Son dúas referencias que me sitúan mentalmente en Galicia en todo o seu esplendor, especialmente coa película de Amenábar polas súas paisaxes e música, tamén a clásica coa magnífica aria da ópera Turandot. Parece mentira que un director chileno e un actor principal nado en Las Palmas de Gran Canaria, Bardem, sexan capaces de conseguir ese grao de identificación con Galicia.

Como imaxina a Galicia de 2061, dentro doutros 40 anos?

Esta contestación ten, na miña opinión, dúas versións. Como creo que será Galicia e como me gustaría que fora. Penso que por desgraza Galicia vai camiñando cara a ser un territorio con inmensos espazos baleiros, cun gran desequilibrio entre a zona costeira, o eixo atlántico entre Vigo e A Coruña, e o resto do país. Un territorio no que as actividades económicas que xeran máis valor engadido (industria manufactureira, I+D+i, novas tecnoloxías, dixitalización, etc...) cada vez terán menos peso. Unha Galicia económicamente centrada nos servizos máis que no sectores industriais ou tecnolóxicos. Unha Galicia cun problema demográfico importante, envellecida pola falta de futuro para a xente moza. Fronte a esa tendencia, gustaríame pensar que entre todos seremos capaces de rachar con esa realidade e acadar unha Galicia máis próspera, capaz de xerar actividades de maior valor engadido aproveitando a súa riqueza natural e paisaxística. Ser capaces de poñer en valor o noso rural como fonte de produtos de proximidade e de gran calidade e tamén como lugar para vivir en base á utilización das novas tecnoloxías. Unha Galicia conectada física e dixitalmente, que pode competir con calquera outro territorio de España, Europa e o mundo en pé de igualdade, ofrecendo un atractivo territorial e climático inigualable. Unha Galicia que sexa capaz de fixar a súa xuventude ao seu territorio e tamén ser atractiva para xente de fora. Neste escenario Galicia podería, sen dúbida, ser un referente da península ibérica para vivir é prosperar." 

Podes reler aquí a serie de cinco conversas sobre a evolución de Galicia desde a aprobación do Estatuto hai 40 anos que fomos publicando ao longo das fins de semana de agosto."          (David Reinero, Praza Pública, 27/08/21)

28/9/20

El fin de En Marea: las bases acuerdan el desmantelamiento de la que fue la segunda fuerza más votada de Galicia... el entierro del 15M gallego... la camarilla nacionalista ya tiene otros 20 años de oposición al PP a su disposición... ya están contentos... ya están en su sitio

"Apenas un lustro después de su formación, la experiencia de En Marea llega a su fin después de dos años de vaivenes en donde la fuerza política ha protagonizado más escándalos y peleas internas que triunfos políticos.

En la reunión celebrada hoy en Teo que tenía como debate central elegir si era posible reorientar la organización o firmar ya su acta de defunción finalmente se ha optado por esta segunda vía, alegando que el movimiento está “agotado” y que buena prueba de ello es el paupérrimo apoyo recibido en las pasadas elecciones autonómicas del 12 de julio: solo un 0,22% del electorado dedicó su voto a la candidatura de Pancho Casal.

Los miembros presentes en la reunión, 30 de forma presencial y una veintena por vía telemática, acordaron iniciar el proceso de disolución de la fuerza, si bien este se realizará de forma ordenada y quemando con una serie de etapas, centradas siempre en el cumplimiento de las obligaciones económicas y legales pendientes y futuras.

No obstante, este proceso no concluirá de forma definitiva mientras sigan formando parte de ella algunas mareas locales que aún se integran en la estructura de la organización.
DE MÁS A MENOS

En Marea, en su día liderada por Luís Villares, se erigió en 2016 como la gran sorpresa política a nivel nacional después de superar en número de votos al PSdeG y al BNG en la carrera por el sillón de San Caetano. Esto la dejó como la fuerza líder de la oposición en el hemiciclo gallego.

Del fervor inicial con 14 escaños en el Parlamento gallego se pasó a una etapa en la que las rencillas internas, causadas por los distintos puntos de vista de las fuerzas que componían inicialmente la organización –Podemos Galicia, Anova, Compostela Aberta, Marea Atlántica, Esquerda Unida y Equo junto a otras fuerzas municipales– que terminaron por dinamitar el espíritu de cambio con el que nació la organización.

Una ruptura que se plasmó a principios de 2019 en el Parlamento de Galicia con una escisión que terminó con la creación de un Grupo Mixto y la reconversión del grupo parlamentario de En Marea, que pasó a ser ‘Grupo Común da Esquerda’.

Para entonces el liderazgo de Luis Villares ya había sido puesto en entredicho por otros miembros de la organización y, pese a salir reelegido como principal cabeza de En Marea, la fragmentación de la fuerza política lo motivó a abandonar la política una vez concluida la pasada legislatura. "                    (Rodrigo Brión, Galicia Press, 26/09/20)

20/7/20

¿Regreso al futuro? El mapa político gallego tras el 12-J

"Los resultados de las elecciones autonómicas del 12 de julio en Galicia ofrecieron algunas sorpresas. Pero para quienes tienen memoria, se antojaron a una vuelta al futuro: a las elecciones de 1997, las terceras con mayoría absoluta de Manuel Fraga, donde también tuvo lugar un sorpasso del BNG, con un carismático Beiras al frente, y un calamitoso resultado de la coalición entre PSdG, una escisión de Esquerda Unida, y Os Verdes. Una consolidación del nacionalismo de izquierda como oposición a un partido conservador hegemónico.

La mayoría absoluta del PPdG no constituye sorpresa alguna. La engrasada maquinaria electoral del partido y la campaña de su líder, explotando su aura (real o no) de moderado gestor, escondiendo las siglas del PP y priorizando su identificación con el territorio, dieron frutos. El PPdG ganó en la Galicia rural y, con menos holgura, en la urbana. Sólo empeoró resultados significativamente en Vigo, donde el PSdG cosecha su mejor resultado gracias al tirón alcaldesco del tío del candidato, y en la comarca de Verín, cuna de las protestas contra los recortes sanitarios. Pero el partido de Núñez Feijóo fue también capaz de mantener votos centristas, moderadamente galleguistas, y absorber el espacio posible de Vox y Ciudadanos: desde conservadores muy gallegos hasta el gremio de cabreados por el gallego, que en eso Vox y Cs son iguales.

Que el BNG subiría era igualmente de esperar. Que lo haría en esta medida, superando el techo de escaños obtenido en 1997 (aunque un 1% menos de porcentaje de voto), sí fue sorprendente. Como también lo fue el hundimiento espectacular del espacio electoral de Galicia en Común (etc. etc.), cuya desaparición parlamentaria (efecto del umbral del 5%) reforzó de rebote la mayoría del PPdG. El BNG consiguió ilusionar a casi una cuarte parte del electorado en proporción inversa a la profunda decepción que causaron entre sus votantes las peleas internas de Galicia en Común (etc. etc.), entre Podemos y sus diversas facciones, Esquerda Unida, Anova, las Mareas y alguno/a que me olvido. Como ha escrito X. M. Pereiro, para navajazos y peleas, el electorado prefirió las que tienen sello de autoctonía. 

El BNG apostó por un liderazgo joven y femenino, con una líder experimentada, sin grandes alharacas retóricas, pero que inspira credibilidad; y es fiel a la vieja guardia de la UPG, partido marxista-leninista que se quedó con las riendas del frente nacionalista. Una nueva vieja guardia, que puso un mayor acento en las reivindicaciones sociales y feministas (ya presentes en su repertorio, aunque algunos divos crean que las inventó Podemos), las consecuencias de la crisis económica y la pandemia, e hizo menos alarde de soberanismo. Los resultados, desde luego, han sido óptimos. Los menores de 40 años, los nuevos electores, las nuevas clases medias parecen, como en 1997, haber impulsado el crecimiento electoral del Bloque. Si será capaz de fidelizar ese voto, lo que no consiguió tras 2001, es la gran pregunta. Un voto joven que en una sociedad crecientemente envejecida cada vez tendrá menos influencia.

Que el PSdG subiría algo, era igualmente de esperar. Pero se suponía que lo haría en mayor medida. El viento en la popa del Gobierno central, del sanchismo, no funcionó esta vez. Ciertamente, el desgaste de la gestión de la crisis sanitaria por el ejecutivo central le afectó. Pero también fue difícil visibilizar qué ofrecía el PSdG, cuál era su alternativa real, más allá de esperar que de Moncloa viniese la salvación. Una vez más, un partido impulsado por baronías urbanas (algunas en declive) y un liderazgo poco convincente se ha quedado en posición subalterna para dirigir la oposición. Y de esta vez ni siquiera las áreas rurales y semiurbanas le ofrecen un cierto colchón: el BNG le supera en dos tercios de los ayuntamientos galaicos. 

El futuro, obviamente, no está escrito. El rumbo político lo condicionará la evolución de la pandemia y sus efectos sociales y económicos. Pero los actores políticos tienen también la capacidad de escribir el guion de los acontecimientos. Las semejanzas con 1997 son tantas como las diferencias. Muchos piensan que se repetirá la historia: el BNG, un partido cuyos exmilitantes tri- o cuadruplican a sus militantes, será incapaz de asumir el reto de capitanear la oposición, preso de su cultura política, y acusará fracturas internas; el PSdG en algún momento volverá a subir y volverá a encabezar la alternativa; y el PPdG seguirá en su robusta posición de hegemonía política. 

Los optimistas estiman que la Galicia de hoy no es la de hace 23 años, que Núñez Feijóo en algún momento abandonará el timón, y que el empuje del BNG, con liderazgo renovado, una agenda social reforzada y un mensaje identitario modulado, puede suponer una auténtica alternativa y le otorgan margen de crecimiento. ¿Qué pensar? Hay argumentos tanto para el pesimismo como para el optimismo. 

A favor del primero estaría la acreditada capacidad del PPdG para mimetizarse con el territorio y captar las inquietudes de mucha gente, no siempre de la más visible. Pues si algo tuvieron en común PPdG y BNG (según más de un analista, los partidos más auténticamente "gallegos") fue centrar su campaña en Galicia y para Galicia. Soluciones territoriales y territorializadas. Por tanto, una salida de Núñez Feijóo, como la de Fraga, no tendría graves consecuencias a medio plazo, si no surge una fuerza (galleguista o no) capaz de disputarle votos del espacio de centro y centro-derecha. O que la abuela gallega de Abascal le inspire.

Igualmente, cabe la duda de si la modulación de mensajes e imagen en el BNG será capaz de influir en los modos, la cultura política y la capacidad de la organización para generar una dinámica sostenida a favor del cambio. Es decir, si el BNG acometerá una renovación política interna en la que desaparezcan viejos fantasmas, como el cainismo y el sectarismo. Hay mimbres para ello, pero a las palabras deberían acompañar los hechos. Y cabe pensar que, si la alternativa al PPdG pasa por un nuevo bipartito encabezado por el BNG, serán bastantes los que en el PSdG, y más en Ferraz, prefieran evitarse el mal trago y poner una vela a Pablo Iglesias (Posse) para que en cuatro años vuelvan a ser ellos quienes dirijan la alternativa, pues serían los únicos (altivez muy típica del partido) legitimados para ello. 

¿A favor del optimismo? Primero, que la geografía del poder en la Galicia de 2020 es mucho más compleja y variada que en 1997. A diferencia de los años noventa, el PPdG no copa todos los ámbitos institucionales: sólo cogobierna (con un sainetesco aliado) una ciudad de siete, mantiene las alcaldías de pocas villas, y sólo conserva una Diputación, la de Ourense. La oposición tiene mayor capacidad de incidencia e influencia en la sociedad gallega, y más experiencia institucional que en 1997. 

Además, a menudo son las astillas del mismo palo las que protagonizan los mayores cambios dentro de las organizaciones: tal vez los dirigentes jóvenes del BNG sean capaces de aprender de los errores de sus mayores, y  de mudar la cultura política del nacionalismo de izquierda: preguntarle a la gente hacia dónde va, y no de dónde viene, lo que podría convertir al BNG en una suerte de casa común del nacionalismo de izquierda. Y, en tercer lugar, tal vez el PSdG entienda que para sobrevivir también debe territorializar de modo creíble, y no sólo municipalizar, su discurso e imagen política. Para eso no basta con resucitar cada equis años propuestas federalistas que después se evaporan, sino tomarlas en serio. 

¿Qué escenario se impondrá? Lo veremos en cuatro años. Por ahora, deleitémonos con la segunda parte de regreso al futuro. En ella desaparecen actores sin duda valiosos; pero, quién sabe, tal vez asuman papeles distintos en el reparto. "                    (Xosé M. Núñez Seixas 
 . Catedrático de Historia y Premio Nacional de Ensayo 2019, Público, 18/07/20)

4/10/19

Tan só o 41% da poboación galega está nunha situación de integración plena. Outro 41,6% da poboación galega atópase nunha situación precaria e conta cunha alta taxa de vulnerabilidade social. No outro extremo, case un de cada cinco galegos e galegas (470.000 persoas) atópase en situación de exclusión social

"Tan só o 41% da poboación galega está nunha situación de integración plena. No outro extremo, case un de cada cinco galegos e galegas (470.000 persoas) atópase en situación de exclusión social. Deles, o 9,1% da poboación (245.858 persoas) está nunha situación de exclusión moderada e o 8,4% (226.946 persoas) en exclusión severa. 

Ademais, o 41,6% da poboación galega atópase nunha situación precaria e conta cunha alta taxa de vulnerabilidade social e con risco de caer en situacións de pobreza ou exclusión, sobre todo no escenario dunha nova crise económica

O 30% de familias numerosas, o 23,3% das familias con fillos e o 22% das familias monoparentais están en situación de exclusión social. Constátase, ademais, unha maior feminización da pobreza, pois o 20% dos fogares sustentados por mulleres están en situación de exclusión.

Este xoves foi presentada en Compostela a edición 2019 do Informe FOESSA sobre Exclusión e Desenvolvemento social en Galicia, unha análise impulsada por Cáritas da situación das persoas e os fogares en situación de exclusión no país. 

O documento constitúe "unha mirada á nosa cohesión social para analizar como vivimos e reaccionamos ante a gran recesión, como estamos a enfocar a saída e cales son as consecuencias da crise na poscrise", salientou na presentación Guillermo Fernández Maíllo, coordinador da investigación e membro do Comité Técnico da Fundación FOESSA. 

No seu informe estatal, presentado hai uns meses, Cáritas sinalaba a Galicia como o territorio con máis persoas "na antesala da exclusión" nunha nova crise. "Este grupo da sociedade insegura móvese no gume da navalla. E intúe que ante unha eventual acudida, nunha nova crise, o seu sostén económico crebará. Indígnalle que a sociedade segura se desentenda do resto e colla máis impulso ata desconectarse", destacaba o informe.

 Entre as conclusións do informe, destaca a énfase posta no papel da vivenda para inclusión ou exclusión. O documento salienta que en Galicia a vivenda "pasou a ocupar o primeiro lugar como causa xeradora de exclusión social no ámbito das persoas e fogares con maior dificultade", desprazando ás dificultades relacionadas co emprego. Así, o 64,9% das persoas en exclusión atópanse afectadas por esta dimensión

En total, o 5,5% da poboación galega atópase nunha situación de vivenda inadecuada (149.000 persoas) e o 7,6% nunha situación de vivenda insegura (205.000 persoas).Así mesmo, o 28,1% da poboación galega viuse obrigada a reducir os gastos de subministracións da vivenda (electricidade, auga, gas), o 17,6% tivo que reducir os gastos de teléfono, televisión ou internet, o 9,8% viuse sen diñeiro suficiente para o pago de gastos relacionados coa vivenda e o 5,1% tivo que facer fronte a avisos de corte na subministración de luz, auga ou teléfono. 

O informe tamén destaca que a precariedade laboral se "converteu nunha forma de vida estrutural na nosa sociedade" e explica que "a taxa de traballadores pobres é do 12,2%, e que do total da poboación excluída, 4 de cada 10 está a traballar", o cal racha a idea de que "un posto de traballo e un salario saca ás persoas das situacións de exclusión".

 Na presentación deste xoves Raquel Martínez Buján e Antonio Izquierdo Escribano, profesores da Facultade de Socioloxía da Universidade da Coruña e autores do Informe, presentaron o relatorio "A sociedade desordenada e insegura. Riscos globais aos que nos enfrontamos". 

Os dous profesores salientan que a crise financeira, a perda de emprego e as políticas de austeridade experimentadas na última década impulsaron "o aumento da desigualdade social" e que a puxanza da desregulación no marco económico e laboral "meteunos como sociedade nun estado de inseguridade e escaseza como forma de vida". "A precariedade está a configurarnos como ser social e nos descompromete coa vida en común", concluíron.

 O Informe revela que os efectos da recuperación económica non parecen facerse notar con claridade en Galicia: a maior parte da poboación galega (o 75,1%) non percibe a chegada dos efectos da recuperación económica ao seu fogar, porcentaxe que se amplía até o 80,8% no caso das persoas que viven en fogares en situación de exclusión. A situación galega é, a este respecto, moi similar á do conxunto de España, onde o 71% da poboación sinala non percibir no seu fogar os efectos da recuperación económica."                         (Marcos Pérez Pena, Praza Pública, 27/09/19)

7/1/19

Unha década con Feijóo a pasear polas feridas da esquerda galega

"O 28 de febreiro de 2009 celebrouse unha xuntanza de destacados dirixentes do PSdeG da que saíu un acordo. Se, como apuntaban algunhas enquisas, nas eleccións do día seguinte o PP de Alberto Núñez Feijóo lograba a maioría absoluta no Parlamento de Galicia no seu primeiro intento, quen en 2005 remudara a Manuel Fraga na presidencia da Xunta, o socialista Emilio Pérez Touriño, sería substituído de inmediato como secretario xeral do partido. O seu lugar ocuparíao Pachi Vázquez, barón ourensán da formación e conselleiro de Medio Ambiente no Goberno de coalición de PSdeG e BNG.

O augurio demoscópico cumpriuse e o guión marcado naquela xuntanza de dirixentes do PSOE e do PSdeG, tamén. Touriño, quen dende 1998 dera fiado non sen esforzo o máis semellante ao ansiado proxecto en clave galega do partido, dimitiu do liderado ao día seguinte dos comicios. Apenas mes e medio despois, o 25 de abril, Vázquez ascendeu á secretaría xeral nun Congreso Nacional extraordinario sen rivais.

Vázquez, que revalidou o liderado por 33 votos tres anos despois, anunciou hai poucos días a súa baixa como militante socialista. Tras fracasar nos intentos por ser candidato á alcaldía de Ourense en 2014 e líder do partido na provincia en 2017 marchou cargando contra os actuais dirixentes e negando os ruxerruxes que o situaban na órbita de Ciudadanos.

O ex-conselleiro e antigo alcalde do Carballiño pechou así un círculo que ben podería servir como metáfora das feridas abertas na esquerda galega da última década. Dende aquela primeira maioría absoluta do PP de Feijóo non houbo ningún momento de dificultades para o PP que non cadrase cunha crise interna nunha ou varias das formacións da esquerda.

Así, por exemplo, os conflitos internos dos tempos de Vázquez como secretario xeral levaran en 2012 a Feijóo a adiantar as eleccións galegas que tocaría celebrar en marzo de 2013. Nas filas populares popularizouse a chanza “salvar ao soldado Pachi”; tratábase de ir ás urnas antes de que ao PSdeG lle dese tempo a celebrar primarias e así sucedeu. 

 

Escisións no BNG e en AGE


Poucos meses antes do adianto electoral de 2012, a finais de xaneiro, os enfrontamentos acumulados no seo do BNG, organización que construíra boa parte do seu potencial político aglutinando múltiplas forzas do nacionalismo galego, implosionaba nunha Asemblea Nacional dramática.

 O Mercado Nacional de Gando de Amio, en Santiago, foi o escenario do choque definitivo que poucas semanas despois derivaría na escisión do Bloque, con marchas como a do sector liderado por Xosé Manuel Beiras, o Encontro Irmandiño. O BNG iniciaba así todo un calvario político mentres, pouco despois, o grupo de Beiras e outras pequenas formacións soberanistas alleas ao Bloque constituían Anova.

Mentres os gobernos de Feijóo e Mariano Rajoy aplicaban os seus primeiros paquetes de recortes sociaisa esquerda galega deconstruíase ou procuraba reconstruírse. Ás eleccións adiantadas por Feijóo a Anova acabada de nacer concorreu coaligada con Esquerda Unida e formacións con menor implantación. Nacía a Alternativa Galega de Esquerda (AGE), cun daquela descoñecido Pablo Iglesias entre os seus asesores de campaña. Os seus nove escanos foron a gran sorpresa da noite electoral que serviu a Feijóo para alargar a maioría absoluta malia perder votos

Pero aquel fulgurante e novidoso fenómeno electoral non tardou en transitar polos vieiros tradicionais do enfrontamento intestino. O grupo de AGE rematou a lexislatura escindido en tres sectores malia servir en boa medida, polo camiño, como xermolo das despois exitosas mareas municipais.

 

Do éxito das mareas á crise de En Marea


As mareas, precisamente, foron observadas durante algo máis dun ano como unha vía posible para desbancar o PP do poder da Xunta. Os éxitos destas confluencias de esquerda nas municipais de 2015, con alcaldías como A Coruña, Santiago e Ferrol –ademais de varias vilas-- e o mantemento do poder de PSdeG e BNG en varios dos seus feudos bosquexaron as que poderían ser as bases dunha eventual alianza da esquerda a tres bandas fronte a un PP en horas baixas, enfraquecido polos recortes da crise e os casos de corrupción. Mesmo os populares chegaron a temer polo poder.

Pero a expectativa durou menos de medio ano e esvaeceu nos axitados meses que transcorreron entre as eleccións xerais de decembro de 2015 e as repetidas en xuño do ano seguinte. Anova, Podemos e Esquerda Unida concorreran a ambas como En Marea, coalición que, con 400.000 votos o 20-D, logrou o sorpasso ao PSOE e tornou en segunda forza política galega medrando en caladoiros electorais dos socialistas e tamén do BNG, que quedou sen representación no Congreso.

Entre as primeiras e as segundas xerais, nas que En Marea perdeu un escano e a segunda posición, as costuras da poliédrica alianza comezaron a tensar con debates a respecto de liderados, modelo organizativo e xeito de concorrer ás eleccións galegas de 2016. Para a candidatura nesa cita soaba con forza un nome, o de Luís Villares, maxistrado progresista e un dos referenes de Xuíces para a Democracia en Galicia, abertamente galeguista e coñecido polas súas reflexións académicas a respecto da lingua galega e os dereitos sociais.

Os contactos con Villares cristalizaron de vez en agosto, apenas mes e medio antes da cita electoral, aos que En Marea se ía presentar como “partido instrumental”. O proceso de conformación de listas foi apenas un petisco do que estaba por vir. A integración de Podemos foi especialmente conflitiva e non foi resolta literalmente ata última hora coa intervención directa de Pablo Iglesias, cuxas intervencións centrais naquela campaña, de precaria estrutura, ficaran eclipsadas polo seu daquela aberto enfrontamento co sector liderado por Íñigo Errejón.

 

Máis dun ano de interinidade no PSdeG


A campaña de En Marea en 2016 foi precaria, pero a do PSdeG non o foi menos. Os socialistas víranse obrigados a cambiar de líder en marzo daquel ano, cando a xuíza de Lugo Pilar de Lara imputou por partida dobre ao seu secretario xeral, José Ramón Gómez Besteiro, por asuntos vinculados á súa etapa de concelleiro en Lugo xusto cando ía dar o salto definitivo á política autonómica e lanzar a súa candidatura á Xunta.

En ausencia de Besteiro, que aínda agarda en 2018 pola resolución daqueles casos, o PSdeG quedou nas mans dunha xestora e elixiu a candidatura á Xunta nunhas primarias que volveron amosar á opinión pública as múltiplas formas de pelexar entre compañeiros de partido. O vencedor do proceso foi Xoaquín Fernández Leiceaga, que tras unha campaña con máis vontade que medios deu empatado a 14 escanos con En Marea malia quedar por tras en votos.Feijóo logrou sen problemas a súa terceira maioría absoluta consecutiva mentres na oposición só se recolocaban as pezas.

 

‘Efecto Pontón’, sorpresa Caballero e guerra total de En Marea


Paradoxalmente, a maior satisfacción relativa da noite electoral galega de 2016 foi na formación que acadou menor representación parlamentaria, o BNG. Tras os anos máis duros da súa historia e un breve período co economista Xavier Vence á fronte a formación soberanista elixira como líder a Ana Pontón, deputada dende 2005 que tivo que enfrontarse a un panorama demoscópico que situaba o Bloque ao bordo da desaparición parlamentaria.

O bo papel de Pontón no debate central da campaña –un inédito encontro a cinco bandas na TVG- deu azos á militancia do BNG, que ao partir dunhas baixísimas expectativas electorais leu con alivio, mesmo con ledicia, os 6 escanos obtidos, un menos que en 2012 e seis menos que en 2009. Pontón e a, en boa medida, nova xeración de dirixentes que a acompañan deran sacado o barco das rochas tras o duro tránsito do anterior ciclo electoral.

Pero, outra volta, a calma nunca chega a todas as pólas da esquerda galega ao mesmo tempo. Co Bloque en augas calmas, os sucesivos pasos de En Marea para organizarse internamente foron acompañados de cadansúas tempestades que deron lugar a dous bloques internos con xeometrías variables. Non tardou en falarse de ‘villarismo’ e sector crítico e o consenso entre a dirección encabezada por Villares e grupos como Podemos, EU, parte de Anova e algunhas das principais mareas foi practicamente inexistente.

Mentres Villares procuraba reivindicar o liderado da oposición outorgado polas urnas, no PSdeG procuraban poñer fin ao baleiro de poder. No ronsel do regreso de Pedro Sánchez nas primarias de 2017 deu en vencer entre a militancia o vigués Gonzalo Caballero, coñecido durante anos polo seu perfil de militante crítico en Vigo, onde mantivo abertos desacordos co alcalde e líder local, o seu tío, Abel Caballero.

Non sen tensións internas Caballero apostou por facer coincidir as primarias municipais coas autonómicas. Aínda que as eleccións galegas non están previstas ata 2020, en novembro de 2018 logrou sen rivais ser elixido aspirante socialista á Xunta e traballa xa na construción do seu perfil de candidato. O seu modelo é, en boa medida, o que a finais dos 90 comezou a tecer Touriño.


PSdeG e BNG teñen, daquela e agás sorpresa, despexados os seus procesos internos cara ás eleccións de 2020, que estarán inevitablemente condicionadas polo convulso panorama estatal e polos resultados municipais, proba transcendental para as mareas. A proximidade das municipais, precisamente, é un dos elementos aludidos polas poucas voces que, no seo de En Marea, reclaman acalmar a guerra aberta que a formación vive nas últimas semanas.

As eleccións internas que se presentaban como probable batalla definitiva entre os dous sectores de En Marea na primeira fin de semana de decembro deron un xiro inesperado ás poucas horas de comezar. A comisión de garantías, dependente da actual dirección, anunciou a suspensión do proceso tras alertar de que detectara accesos irregulares ao censo por parte do comité electoral, con maioría do sector crítico como resultado das votacións do plenario da formación.

A candidatura de Villares (Coidando a Casa) e a lista dos críticos (Entre Todas, encabezada polo ex-deputado David Bruzos) non tardaron en intercambiar acusacións máis ou menos abertas de fraude e esta semana o responsable legal do censo, membro da dirección, anunciaba o envío do acontecido á Fiscalía ao considerar que puido existir un delito contra a lexislación en materia de protección de datos. 

O proceso retomarase en canto haxa “garantías”, sinala a coordinadora, mentres que a candidatura crítica nega irregularidades e di temer que a única intención sexa a de dilatar as votacións todo o posible. Unha xuntanza do Consello das Mareas á que o sector crítico declinou asistir abordou os detalles este sábado e, outra volta entre acusacións mutuas, o horizonte da votación sitúase nos derradeiros días do ano. A coordinadora anunciou cambios nos controis do proceso para ter maior seguridade.

A medio ano das municipais os de Feijóo volven atopar, con indisimulada satisfacción, outra ferida na esquerda pola que pasear. Outro camiño no que os méritos propios se reflicten nos espellos cóncavos dos enfrontamentos alleos."                          (David Lombao, Praza Pública, 16/12/18)

10/5/17

Podemos es la referencia de un sector previamente no politizado de las clases medias y de la clase obrera urbana al que no llega el resto de la izquierda gallega. En Marea está bajo el control de nacionalistas de orientación “ruralista”... los de siempre

"Las últimas semanas se ha hablado mucho de la constitución del “nuevo sujeto político” catalán, el nuevo partido impulsado por Ada Colau y los Comunes y su crisis con Podemos. Por desgracia, ha pasado bastante desapercibida la nueva fase en la que ha entrado En Marea, el “nuevo sujeto político” gallego, que ha culminado recientemente un largo proceso de constitución interna.

Se me ocurren dos razones. La primera es que las cosas que ocurren en Galicia importan menos, quizás porque en ese país de países llamado España hay naciones “sin Estado” de segunda clase. La segunda es que el proceso no ha terminado de forma excesivamente glamurosa, sino que más bien ha culminado (temporalmente) tal y como la “nueva política” juró que no iba a terminar jamás: escasa discusión pública, maniobrerismo interno, guerra de camarillas y vuelta a las viejas dinámicas de aparato. Esto, lejos de ser noticia, es algo tan habitual que ya ni genera interés.

La izquierda gallega ha sido presentada desde AGE (Alternativa Galega de Esquerdas) como un ejemplo de confluencia, innovación y unidad. Sin embargo, el “implacable laboratorio de la historia” puede terminar invirtiendo los términos del ejemplo, convirtiendo a En Marea en un gran experimento fallido. Pero, ¿qué ha pasado?

La situación: génesis y geografía

En Marea ha elegido una nueva coordinadora, constituyéndose como partido político. Expliquemos un poco el organigrama de la formación: la gente votó en unas primarias un “consejo” formado por 35 personas, el cual, a su vez, ha elegido la coordinadora. Este órgano dirigirá el partido, administrando los fondos y el desarrollo de la política cotidiana: es decir, será el motor del “aparato” del nuevo partido. 

 Hasta ahí todo normal: la crisis estalla porque Luis Villares, el juez candidato, decidió conquistar la portavocía del nuevo partido pactando con las dos listas minoritarias en el Consejo, arrastrando a un sector de la mayoría, y excluyendo la lista con la que se había presentado a las primarias. Una maniobra digna de la política de la restauración, en la que liberales y conservadores cambiaban de alianzas de forma extremadamente flexible. La “parlamentarización” de la política también ha llegado a los nuevos sujetos: lo importante es sobrevivir, sea como sea.

En Marea nació en las elecciones del 20 de diciembre de 2015 como candidatura unitaria, con la vocación de ser un sujeto de “sujetos”. Progresivamente fue evolucionando hacia un espacio de encuentro entre los diferentes dispositivos de la izquierda gallega, con la idea de convertirse en una herramienta que superase las anteriores líneas partidarias, no disolviéndolas, pero sí generando estructuras comunes lo suficientemente fuertes y estables como para que todos los actores tuvieran que participar en ellas. Sin embargo, el proceso ha terminado al revés.

 Ni las Mareas municipalistas, ni el sector mayoritario de Anova, ni Izquierda Unida, ni Podemos forman parte de la nueva dirección, lo cual dice mucho no sólo de la pluralidad, sino de la escasa representatividad de la coordinadora.

En el caso de Podemos Galicia, la imbricación más sólida que ha tenido con En Marea es el famoso tuit de Pablo Iglesias con el que cerraba el pacto para las elecciones gallegas que finalmente ganó Feijóo. El equipo dirigente de Podemos en Galicia combina en dosis igualmente peligrosas el mesianismo autorreferencial y una osadía impensable en cualquier otro partido-sucursal: es evidente que Podemos sólo existe en Galicia gracias al impulso estatal. 

Falto de raíces y de cuadros, con una base militante menguada, con un Consejo Ciudadano totalmente inoperativo y partido en dos, Podemos ha desarrollado en Galicia una política basada en una agitación interna que tensa a sus escasas bases frente al peligro del nacionalismo y la disolución, lo cual se traduce en la percepción de que, de alguna forma,

 En Marea le ha robado el espacio y la visibilidad que a Podemos le correspondían por derecho propio. Aunque la forma de expresarse de este fenómeno adquiere en ocasiones tintes delirantes, hay parte de verdad en el asunto.

A pesar de que de Podemos Galicia se han ido yendo los militantes más susceptibles de implicarse en la construcción de un proyecto como En Marea –la mayoría de las veces silenciosamente y sin ir hacerlo público–, es una realidad que Podemos tiene en Galicia un electorado propio que no tiene ninguna otra marca, aunque comparta espacio con otros actores.

 Ni Galicia es una isla al margen de las dinámicas estatales ni Galicia es una provincia de Madrid: Podemos es la referencia de un sector previamente no politizado de las clases medias y de la clase obrera urbana al que no llega el resto de la izquierda gallega. De alguna forma confusa y turbulenta, la dirección de Podemos Galicia lo intuye y se aferra a ello para generar una situación que le permita seguir justificando su existencia. 

Siendo consciente de que Pablo Iglesias jamás permitiría una ruptura de la alianza electoral con En Marea, toda su política está condicionada por aquella máxima de Gramsci: “No se considera lo suficiente el hecho de que muchos actos políticos se deben a necesidades internas de carácter organizativo, o sea, que están vinculados a las necesidades de dar coherencia a un partido, a un grupo, o a una sociedad”.

Los componentes originales de AGE, IU y ANOVA tampoco pasan por su mejor momento. IU siempre ha sido una organización pequeña en Galicia, muy vinculada a ciertos sectores del movimiento obrero a través de CCOO. 

Aunque no han sufrido muchas perdidas, han visto cortocircuitado un cierto crecimiento organizativo previo a la irrupción de Podemos. Su opción estratégica parece ser la de “aguantar”: no moverse demasiado, no implicarse mucho en nada, mantener posiciones institucionales y, si cabe, si En Marea colapsa, estar listos para explorar un “Unidos Podemos” versión gallega.

ANOVA, la escisión “movimentista” del BNG liderada por Xosé Manuel Beiras, vive en una crisis político-existencial desde su nacimiento. Dividida y desarmada, muy mermada a nivel militante, se ha convertido en un “quiero y no puedo” cuyo futuro como organización quizás esté muy ligado al inevitable destino biológico de Beiras.

 Para que nos hagamos una idea de la profundidad del desastre en el que vive ANOVA. En ANOVA hay una mayoría, una minoría y una escisión. Son precisamente su minoría y su escisión (CERNA, un grupúsculo cuya cara pública más visible es una exdiputada tránsfuga) las que han permitido dar a Luis Villares ese golpe de mano, proclamándose portavoz a cambio de dar el control de En Marea a estas camarillas. 

Todo ello con un Xosé Manuel Beiras agotado y cansado, cuyo ciclo político merecería terminar de otra forma. Teórico brillante, político de talento, abierto a los nuevos movimientos como pocos, lector de Giovanni Arrighi, Fanon y Michael Lowy en un país en el que la izquierda ha leído demasiado a Mao y Stalin, su genialidad teórica sólo es comparable a su incapacidad como organizador. 

Aupando y sosteniendo a Villares con su autoridad moral, sólo ha conseguido el efecto contrario al que se proponía: hoy En Marea está más lejos de ser un espacio unitario y amplio, mientras que los cuadros más valiosos y capaces de ANOVA están cada vez más dispersos o replegados.

La pata municipalista es la que quizás mejor resista el impasse en el que se encuentra En Marea, aunque no sin dificultades. El espacio municipalista más dinámico del panorama gallego, la Marea Atlántica coruñesa, ha sido desde el principio el motor político del proceso constituyente del nuevo sujeto político gallego. 

Poniendo a su servicio todo su capital político, alcaldía y alcalde incluidos, a lo que se añade un núcleo de cuadros forjado durante años en los movimientos sociales, su derrota simboliza la tragedia de En Marea. 

La Marea Atlántica coruñesa ha jugado un papel de dinamizador que no se ha visto excesivamente recompensado por los resultados: incapaces de “colar” ni un diputado para la lista del Parlamento gallego, su proyecto de generar espacios de base fundamentados en lo local ha sido sistemáticamente taponado por los demás agentes (a excepción de un sector de ANOVA y una minoría de Podemos crítica con la dirección actual). 

Se han visto obligados a resistir en minoría en el gobierno de Coruña, mientras han luchado por mantener vivo el asamblearismo municipalista. Sin embargo, su capacidad para vertebrar el municipalismo gallego sigue siendo un factor muy relevante, aún más si ponemos encima de la mesa que, aunque empequeñecidas, las candidaturas locales son de los únicos espacios de base unitarios que consiguen mantener, hasta cierto punto, el espíritu original del movimiento.

Las fracturas de fondo

Aunque las discusiones en En Marea se han resuelto de una forma completamente aparatera, hay una serie de factores políticos que han estado en el fondo de las tensiones, crisis y maniobras. Todo el espacio político gallego ha sido removido en un ciclo convulso y extremadamente violento. El 15M generó un nuevo espacio social, en el que el protagonismo fue de una nueva generación procedente de las clases medias urbanas en proceso de precarización. 

La política gallega, por mucho que lo negaran los dinosaurios, cambió para siempre: nuevas gramáticas y nuevos repertorios de movilización que ponían en el centro a segmentos de la ciudadanía anteriormente al margen de la vida pública

La oleada de participación del 15M se reprodujo con fuerza, aunque con otros componentes, en los orígenes de Podemos. Círculos dinámicos, amplios y tumultuosos, incapaces de ser gobernados. El “cierre” de Podemos en Vistalegre no provocó un trasvase de toda esa energía ni a los espacios municipalistas (mejor organizados, pero menos multitudinarios). 

En Marea, por su parte, nació como una coalición electoral, sin espacios de organización estables por abajo, iniciando su proceso constituyente en un momento de reflujo de la participación popular. Llegó tarde, pero no podía darse antes: dependía de la voluntad instituyente de sus piezas, de su capacidad para priorizar el tejer pacientemente y de forma generosa nuevas estructuras políticas. El discurso del “desborde ciudadano” no se ha correlacionado en ningún momento con un amplio flujo, no se ha correspondido con el ánimo popular.

Así, la esquizofrenia publicitaria tan común en la “nueva política” ha terminado siendo una trampa: cuando lo que se correspondía con la realidad era combinar la articulación hegemónica en lo electoral con la construcción de estructuras de proximidad, militantes y sólidas, el delirio plebiscitario-competitivo en el que ha estado inmerso En Marea ha llevado a una situación extremadamente embarazosa.

 La participación ha decaído bruscamente: 1500 personas participaron en las últimas primarias para escoger el Consejo. Al no existir estructuras sólidas ni desborde ciudadano, los menguados partidos (ninguno cuenta, siendo muy generosos, con más de 100 activistas) han podido hacer y deshacer como han querido ante la pasividad de la base social de En Marea. 

El modelo de hiperliderazgo directamente importado de Podemos ha terminado, como no podía ser de otra forma, en ridículo: la única figura de carisma comparable a Pablo Iglesias es Xosé Manuel Beiras, pero, como todo repetición termina en farsa, el poder ha terminado concentrado en una figura con un perfil político tan bajo como Luis Villares.

Por otro lado, hay una fractura propia de toda la sociedad gallega que también se ha reproducido en En Marea. La minoría que ha tomado el control del nuevo partido tiene un proyecto y una composición más vinculados a una orientación política “ruralista”. Esto significa que consideran que lo fundamental es implantarse en este ámbito, nicho de votos tradicional del Partido Popular, para así comerle terreno en sus propios feudos. 

Aunque este argumento tiene un núcleo de verdad, también es cierto que para construir una mayoría social hay que basarse en los sectores más dinámicos socialmente: y esos se encuentran en las ciudades, como se demostró tanto en el 15M como en las victorias municipalistas. 

Este hecho contrasta con el romanticismo irreductible y moralizante de ciertos sectores del nacionalismo gallego más conservador, hoy atrincherados en la coordinadora de En Marea: la línea política de la actual dirección de En Marea lleva a marginar de la construcción del proyecto a los sectores urbanos sin tener bases sólidas en el rural. No parece la mejor estrategia para sumar una mayoría alternativa al PP.

Sin embargo, hay esperanza, a condición de no caer en la frustración y de aprender de los errores. Todos los procesos, por muy tortuosos que sean, clarifican. En la Marea gallega existe una mayoría activista transversal en todos los partidos y dispositivos que apuesta por la construcción de un partido-movimiento de nuevo tipo. 

Ese espacio cuenta con diputados y diputadas y con muchos de los militantes más cualificados de la izquierda gallega: En Marea sigue siendo su creación, aunque usurpada por las maniobras palaciegas de camarillas que se mueven cómodas en la política de despachos y acuerdos oscuros, pero incómodas en el debate democrático, en la asamblea, en el intercambio de ideas.

 Organizar esa mayoría, evitar jugar en el terreno de juego que propone el “thermidor” burocrático y generar unas estructuras lo suficientemente sólidas como para convertirse en un espacio común: las razones para retomar el proyecto original de En Marea siguen vigentes. Las posibilidades, aunque ensombrecidas y un poco más tristes, también."            

 (Brais Fernández forma parte de la redacción de Viento Sur y es editor en Sylone. Es militante de Anticapitalistas. CTXT )

20/1/17

La emergencia de Podemos abría la posibilidad de recuperar a todo ese magma de excluidos del nacionalismo... En Marea vino a frustrar esta posibilidad

"En Galicia, el sector social de población que no se sentía representado por el bipartidismo PP/PSOE tenía como única opción electoral el BNG. El BNG acogía íntegramente el voto nacionalista, pero también aquel no nacionalista que lo consideraba un espacio de ruptura. Históricamente, cuando el BNG fue capaz de mostrar un rostro de mayor preocupación por las dinámicas sociales, obtuvo sus mejores resultados.

Al contrario, cuando transmitía mayor preocupación por cuestiones identitarias despertaba mayor rechazo. El declive que se inicia en el bipartito tiene que ver, en gran medida, con la progresiva deserción de los votantes prestados del sector menos nacionalista. 

Entre las muchas razones que llevaron al fracaso del bipartito, probablemente, la mayor fue la desafección de unos votantes que vieron frustrados sus anhelos de cambio social real, relegados por polémicas estériles sobre cuestiones identitarias.

El estallido del 15M abrió una posibilidad de superar la dicotomía nacionalismo/no nacionalismo asumiendo propuestas de mínimo denominador común enfocadas sobre todo al cambio social. El BNG no conseguía ampliar su base nacionalista mientras iba perdiendo a su votante no nacionalista que acrecentaba su orfandad.

 Tal nicho de desencantados fue el que aupó a AGE. Su relativo éxito fue el de proporcionar una voz a un sector desilusionado que necesitaba una nueva fuerza de ruptura. AGE no fructificó por razones diversas, entre las que no fue menor su incapacidad para trabajar juntos y aunar las divergentes culturas políticas de los partidos que conformaban la coalición.

Posteriormente, la emergencia de Podemos abría la posibilidad de recuperar a todo ese magma de excluidos del nacionalismo y ofrecía lo que parecía la opción más sencilla: un partido, el BNG, que podría aspirar a aglutinar todo el espacio nacionalista, y otro, Podemos (+IU), que podría ocupar un espacio hasta entonces huérfano y crecer sobre todo a costa del PSdeG. Podría ser algo parecido a la situación de Bildu y Podemos en Euskadi.

La hipótesis de En Marea vino a frustrar lo que parecía la opción natural. En Marea surge con la idea ambiciosa de aglutinar esos dos grandes nichos electorales; de proporcionar un espacio superador de la disyuntiva nacionalismo/no nacionalismo que pudiese convertirse en una opción electoral mayoritaria.

La mentira original: El espejismo de la participación popular

Como resulta obvio, para ocupar un espacio hay que desalojar a los cuerpos que anteriormente lo ocupan. Así, la hipótesis En Marea requería que se cumpliesen al mismo tiempo dos premisas:

1) La automutilación de Podemos.

2) La implosión y desaparición del BNG.

Ambas acciones necesitaban de una legitimación previa. Y esta función la cumple el mito fundacional de En Marea: la mentira original del “mandato popular” y el “partido hecho desde abajo”. Desde su génesis hasta día de hoy no hay ni una sola acción importante de En Marea que no haya sido ordenada, organizada, dirigida y comandada por un pequeño grupo de militantes y personajes selectos. 

Desde su aparición como coalición electoral, a la elección de sus órganos directivos, desde la elección de los miembros de su coordinadora y la propia elección del cabeza de lista electoral que podría resumirse con la frase: “Cuatro tíos se juntaron y eligieron a otro tío”, todos sus acontecimientos tienen la firma de media docena de personas reunidas en conciliábulo masculino.

No hace falta entrar en detalles acerca del proceso constituyente de En Marea, por quién fue tutelado y dirigido. Un solo detalle da la medida. Para inscribirse en la web que refrendaría lo ya acordado previamente, había que aceptar un manifiesto escrito por tres personas en lo que recordaba a viejos juramentos de aceptación de sacros principios. Item más. 

En Marea ya no es que carezca de mecanismos realmente participativos sino que es una organización opaca y que se mueve en el peor de los secretismos. Secretas son las actas de su coordinadora, secretas las personas que la integran y secreto cómo se eligen; secretas las reuniones para las “listas de consenso”, secretas las contrataciones de personal y secretos los criterios utilizados para estas.

Mientras tanto, los panegiristas de En Marea se esforzaban por falsificar esta realidad con una inacabable producción de palabrería hueca, confluencias 4.0 y metáforas marinas. Pero en ni uno solo de estos textos se concretaba cómo esos “de abajo” podían protagonizar la nueva formación, o qué mínimos mimbres de denominador común podía tener esta. El objetivo, obviamente, no era construir realmente un proceso participativo sino, al contrario, enmascarar una organización obscenamente vertical."                 (Jorge Armesto  , Diagonal, 17/01/17)