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25/2/22

La catedral de Santiago se devoró a sí misma. Sucesivas obras en la basílica gallega hacen aflorar restos escultóricos desconocidos y partes del desaparecido coro pétreo del Maestro Mateo, reutilizados como material de construcción hace cuatro siglos

 "El rompecabezas se va completando sin prisa desde hace más de un siglo, a medida que aparecen piezas, a veces entre tierra y escombros, a veces reutilizadas como losas del pavimento, con la cara esculpida oculta contra el suelo. Últimamente han aflorado unas cuantas de estas. 

En las obras de rehabilitación que se han sucedido desde 2017 en la catedral de Santiago han salido a la luz, al levantar el firme de la cripta o la escalinata de la fachada del Obradoiro, una docena de piedras labradas con torres de la Jerusalén celeste. Y arcadas de medio punto. Y zócalos y vigas. Y plafones decorados con vegetación que un día, hace más de 800 años, formaban la estructura y la cubierta de uno de los coros de iglesia más grandiosos y originales de la cristiandad. El juego de recomponer lo que fue el conjunto, formado por 72 sitiales y una tribuna, que ideó el Maestro Mateo para los canónigos compostelanos nunca acaba, porque la propia basílica se alimentó de sus piedras cuando se desmontó en unos tres meses entre 1603 y 1604.

El coro pétreo y policromado que en torno al año 1200 llenó los cuatro primeros tramos de la nave central de la catedral está considerado la más valiosa herencia del Maestro Mateo después del Pórtico de la Gloria y el nártex románico del que este formaba parte. El coro era, en realidad, su complemento, porque en él continuaba el artista su mensaje teológico. Pero cuatro siglos después los mandos eclesiásticos lo juzgaron obsoleto. Las modas artísticas y la liturgia habían cambiado, así que ese gigante que es la catedral se arrancó buena parte de sus entrañas románicas y siguió creciendo hacia afuera y hacia arriba, devorándose a sí misma en una continua metamorfosis estilística.

Aunque muchas de esas piezas románicas, como las esculturas de la primitiva fachada que protegía el Pórtico, corrieron otra suerte y cambiaron varias veces de manos (dos de ellas fueron a engrosar el patrimonio privado de Francisco Franco), otras jamás abandonaron el templo. Están en él, embutidas de incógnito en muros, cimientos y pavimentos, o a la vista en fachadas, pero sacadas de su contexto. Es el caso de muchos fragmentos del coro, pero también de otras obras de arte que hasta ahora nadie sospechaba que existiesen, como la serie de relieves polícromos que representan, con toda su brutalidad, el pasaje de la matanza de los inocentes.

Más tesoros bajo el suelo

Este último conjunto escultórico (posterior a Mateo) ha sido fechado entre 1250 y 1350 y fue descubierto en las recientes obras de rehabilitación de la cripta, impulsadas por la Fundación Catedral. Aparecen representados soldados con cota de malla y espada, asesinando bebés bajo supervisión de Herodes, al que un demonio le susurra al oído. El director del museo catedralicio y comisario de la muestra organizada con las piezas rescatadas en el Pazo de Xelmírez, Ramón Yzquierdo Peiró, cree que esta escena decoraba alguna capilla o un altar ahora desconocidos. Podría relacionarse con el desaparecido claustro románico o con el entorno del coro. “La catedral sigue guardándose secretos y, con cada descubrimiento, paradójicamente se van abriendo nuevos enigmas e interrogantes”, escribe el especialista en el último número de la revista Catedral de Santiago.

Las obras en las que estas esculturas románicas se transformaron en relleno y pavimento se llevaron a cabo en el siglo XVII. Entonces se remodeló la cripta (situada bajo el Pórtico y también proyectada por Mateo) y se construyó, por orden del arzobispo Maximiliano de Austria y bajo la dirección del arquitecto jiennense Ginés Martínez, la escalinata barroca del Obradoiro. Embutida en una bancada lateral de esta cripta, los arqueólogos han recuperado también una cabeza con corona y barba, y en el suelo han aparecido dovelas y la lauda sepulcral de un prelado muerto en 1085.

La posibilidad de hallar tesoros de otros tiempos se abrió desde que comenzaron las profundas obras en las que lleva inmersa la catedral compostelana desde hace más de una década, que empezaron con el estudio del Pórtico para su restauración. En noviembre de 2016, mientras se trabajaba en la torre Sur de la fachada del Obradoiro para atajar graves problemas de humedad, entre el escombro que colmataba el interior del campanario apareció una escultura procedente de la vieja fachada medieval del Pórtico de la Gloria.

La figura del taller de Mateo, de casi dos metros de altura pese a que le habían cercenado la cabeza para desacralizarla, formaba parte del mismo grupo de imágenes que los profetas Isaac y Abraham, entregados por el gobierno municipal de Santiago a Franco en los cincuenta. Pero como la imagen era tan voluminosa y no salía por el acceso que existía, el equipo tuvo que desmontar parte de un muro, y en este, empotrada como material de obra, apareció otra escultura románica que se dató en torno a 1170. Por los pliegues del ropaje se atribuyó a un enigmático artista, el llamado Maestro de los Paños Mojados, que coincidió trabajando en el templo al mismo tiempo que el Maestro Mateo desarrollaba su inmenso proyecto.

El “lindo coro antiguo”

El hallazgo de parte del coro en el enlosado de la escalinata no cogió por sorpresa a los especialistas en la historia de la catedral, porque en sus tramos altos, en 1978, ya habían aparecido un buen número de piezas en una intervención dirigida por Manuel Chamoso Lamas. A partir de ese descubrimiento, de otras partes recuperadas a cuentagotas desde finales del XIX y del estudio de las figuras del coro (profetas, niños cantores) que habían sido reutilizadas para decorar la fachada de Platerías y la Puerta Santa (esa que solo se abre en los años jacobeos), se pudo recrear cómo había sido aquella maravilla creada por Mateo. En los ochenta, los historiadores del arte Ramón Otero Túñez y Ramón Yzquierdo Perrín (padre del otro especialista en la basílica) calcularon las dimensiones y propusieron una reconstrucción que luego financió la Fundación Barrié y se inauguró en 1999, con 17 de los 72 sitiales. En este coro que se exhibe en el museo se emplearon piezas recobradas y otras nuevas para darles continuidad.

“Se ha deshecho el más lindo coro antiguo que había en España”, lamentaba en 1605 el historiador Mauro Castellá Ferrer, testigo del desmontaje un año antes. “Esa cita... está bastante manida”, comenta sin mucho entusiasmo el académico del arte Yzquierdo Perrín. Efectivamente, hoy sería impensable reducirlo al “escombro y material de derribo” que acabó siendo, pero entonces “no se tiró por capricho”, defiende el especialista, “sino porque no se adecuaba a lo que había mandado Trento [el concilio celebrado entre 1545 y 1563]”.

“En la catedral nunca se ha intervenido con el fin de buscar las piezas del coro”, cuenta el investigador. Simplemente “han ido apareciendo en obras, y gracias a eso, rompiéndonos la cabeza muchas veces y con cálculos muy complicados, se fue montando el puzzle”. Aunque no se conoce con exactitud la altura que tenía la estructura, explica, “porque jamás apareció una columna entera”: “por su forma no eran piezas se que pudiesen reutilizar” en muros o suelos y “se desechaban”. Sobre la reconstrucción que plantearon él y Otero Túñez, el coro tal y como hoy se conoce, admite que cambiaría “pequeños detalles” y “concretaría algunos aspectos”, pero “en conjunto”, cree que “la percepción está conseguida”.

El académico estima que, entre las piezas del viejo coro halladas y las identificadas dentro y fuera de la ciudad de Santiago actualmente faltaría, como mucho, “un 30%” de la estructura. Algunas partes acabaron utilizándose en la construcción de bajos comerciales junto a la catedral y hay dos ménsulas en una casa del casco histórico de la capital gallega. Según Yzquierdo Perrín fueron a parar allí porque en tiempos fue un inmueble de la Iglesia. Aunque la mayoría de las figuras de profetas y apóstoles se reutilizaron en la Puerta Santa, algunas tallas del coro emigraron al Museo Arqueológico Nacional y en su día hasta se reutilizaron para adornar una fuente (municipio de Vedra , A Coruña), las jambas de una capilla (Val do Dubra, A Coruña) o el pie de un crucero (Nemenzo, Santiago)."              (Silvia R. Pôntevedra, El País, 20/02/22)

13/7/21

La catedral de Santiago se prepara para defenderse de los “días K”. La basílica recién restaurada estudia sistemas para calentar las bóvedas y un mecanismo que encapsule el Pórtico de la Gloria cuando sopla viento del sur y la condensación se vuelve letal para el monumento

 "La catedral de Santiago es un ecosistema. Un cuerpo gigante con achaques únicos, que no coinciden con los que sufren otros monumentos. Tiene su propio clima. Una orografía cargada de conflictos por la superposición de estilos arquitectónicos. Incontables formas de vida luchando por colonizarla, desde algas en las paredes hasta pinos en las gárgolas. 

Y una auténtica red hidrográfica sobre las cubiertas pétreas por las que se encauzan “millones de metros cúbicos” de lluvia. Hace 13 años empezaron a monitorizarse las condiciones ambientales del Pórtico de la Gloria, la obra cumbre del románico situada a los pies de la planta de cruz latina, y desde entonces, durante los trabajos de restauración casi integral de la basílica, se han acumulado estudios de todo tipo. 

Los hay hasta de botánica y zoología, por la vegetación y la fauna que prosperan entre las piedras en el corazón de una Galicia de naturaleza desbocada. Ahora las mediciones se efectúan en tiempo real en todas las naves y, después de tres años cruzando datos, el equipo técnico de la Fundación Catedral ha bautizado a su peor enemigo: el “día K”.

Daniel Lorenzo, párroco, miembro de la Real Academia de Belas Artes y director de la fundación creada para gestionar la basílica y su conservación, cuenta: “No le pusimos así por nada, pero de alguna manera había que llamarle”. Lorenzo, que es lo que desde antiguo se llama canónigo fabriquero (responsable del mantenimiento de “la Fábrica”, es decir, la catedral), explica que días K son aquellos en los que hay “viento sur o suroeste” y se dan “grandes oscilaciones de temperatura y humedad”.

 Estas variables desencadenan fuertes contrastes entre la base y las partes altas, la condensación se concentra bajo las bóvedas, y su efecto es desastroso. “Vivimos pendientes de la meteorología”, reconoce Lorenzo, “la catedral está completamente monitorizada. Además del flujo de personas, controlado por cámaras, se registran parámetros como el movimiento del aire, la temperatura, la humedad relativa...”. Es “fundamental” saber “qué horas y qué días” son nefastos, “pero hemos visto que no es tan fácil prever [lo que va a venir]”, admite el sacerdote, al frente de un equipo de especialistas que una vez rematadas las obras prepara sus propias armas para proteger el monumento.

La estrategia pasa por instalar un sistema escondido de la vista del público (con aparatos en la tribuna que recorre la parte superior de las naves) para “calefactar con energías sostenibles las bóvedas”, revela el responsable del Plan Director, que ha sacado adelante la restauración tras detectar 534 patologías. “Se está estudiando qué energía utilizar”. “Teorías hay muchas y muy conocidas”, añade, “pero en la catedral interesa la práctica; los equipos que han trabajado estos años han tenido que romper sus esquemas” ante esta “singularidad” ambiental.

Un Pórtico enfermo de contaminación química

Corre ya el primero de los dos años santos que ha decretado el Papa por la pandemia (algo que no ocurría desde la Guerra Civil), y también se busca, para instalar “en los próximos meses”, algún tipo de barrera “de quita y pon” que aísle de forma urgente el Pórtico del resto de la seo cuando las condiciones ambientales lo amenacen. De momento, este nártex ideado por el Maestro Mateo —que colocó los dinteles en 1188— está permanentemente encapsulado y separado del resto del templo con grandes paneles de madera. Se puede visitar gratis, pero hay que retirar la entrada en el museo de la catedral.

“Buscamos una intervención rápida, sistemas de aislamiento de fácil desmontaje para situaciones de emergencia, pero las distintas alternativas no nos convencen porque son aparatosas y complejas de instalar”, comenta Daniel Lorenzo: “Queremos que invadan lo menos posible”. Cuando se complete con las obras pendientes (fachada románica de Platerías, edificio claustral y alguna capilla), la restauración de la basílica compostelana rondará los 30 millones de euros, la mayoría procedentes de fondos públicos, mientras que la intervención en el Pórtico —6,2 millones durante 12 años— fue sufragada por la Fundación Barrié. En el proceso, según Lorenzo, “se estudió qué ventilar y cómo ventilar. Y resultó que la hiperventilación era malísima, sobre todo en los días K”.

 La espectacular policromía resucitada del conjunto escultórico situado tras la fachada del Obradoiro, ahora sellada, sufre una dolencia crónica por compuestos químicos (de los pigmentos aplicados en viejos repintados) que no se ha podido erradicar. La contaminación por cloro se activa con la humedad y destruye los colores desde dentro. Hay instalados dos grandes deshumidificadores que, ahora que el agua ya no entra desde las torres, tratan de combatir la condensación, porque a las heridas infligidas por el cloro se suma el daño de las sales del granito, que se mueven en función de la humedad y producen cristalizaciones.

Desde que comenzaron las tareas de restauración (Obradoiro y casi todas las fachadas, las torres, las cubiertas, el crucero, las naves, la capilla mayor y hasta el órgano) “han trabajado unas 50 empresas y arquitectos de toda España experimentados en restauración”, y todos estos equipos, explica el fabriquero, “aportaron informes”. Hoy, prosigue, “de pocos monumentos hay tanta información, y no encontramos muchas realidades parecidas en el mundo”. “Quisimos salir del tópico, buscar los datos, y así comprobamos que aunque en otras catedrales se acreditó que la presencia del público era significativa” para acelerar el deterioro, en general “en la de Santiago”, con un aforo permitido de 1.000 personas, “no es así”. Los visitantes y peregrinos “mojan el suelo y la piedra con sus chubasqueros”, pero no provocan esa humedad que se condensa y se convierte en “agua líquida en las fábricas del Pórtico”. En el tercer monumento más visitado de España, por detrás de la Sagrada Familia y la Alhambra, el mal venía de fuera y “de más arriba”.

Aquel “caparazón de cochambre” en la capilla mayor

Un día de hace 10 años, el deán de la época, José María Díaz, alzaba su brazo, y con el gesto sombrío y la nariz arrugada describía como “caparazón de cochambre” la bóveda de la capilla mayor. Por aquella época, salvo los canónigos más viejos, nadie en el templo recordaba que aquel cielo ennegrecido del altar de la basílica —situado sobre el sepulcro que es el kilómetro cero de todos los Caminos— ocultaba delicadas pinturas en dorado y lapislázuli. Ni siquiera el arzobispo, Julián Barrio. Porque una década después, al culminar las obras el pasado diciembre, se preguntaba “de dónde” había podido “salir tanta belleza”.

Después de años oculta por dentro y por fuera con andamios, lonas y plásticos, la catedral de Santiago ha recobrado los colores y, sobre todo, la salud. Aunque esta no deja de ser delicada. Además de por la edad (la construcción se inició en 1075), según Daniel Lorenzo, el canónigo fabriquero, las flaquezas del edificio se explican por la capilaridad de los materiales y por los continuos añadidos (románicos, góticos, renacentistas, barrocos, neoclásicos), muchos de los cuales fueron "poniendo trabas al natural discurrir del agua" por los tejados. Las nuevas cubiertas de piedra, sobre una capa aislante, consiguen evacuar el agua e impiden que la lluvia se estanque y empape los trasdós (parte exterior de las bóvedas), como sucedía.

Lorenzo explica que el nuevo sistema de cubiertas también ha puesto orden en las "geometrías endemoniadas" de los itinerarios de evacuación del agua, entorpecidos durante siglos. Aquí “manejamos millones de metros cúbicos”, recuerda acerca de las estaciones lluviosas en Santiago. “Con vientos de 40, 60 o 90 kilómetros por hora, el agua se abre paso y llega a los lugares más insospechados", a lo que ayuda una vegetación empecinada en instalarse en las juntas.

Ahora, en la catedral rejuvenecida esto no sucede, pero ya no se puede bajar la guardia porque la naturaleza manda. "Uno puede tener una visión romántica de la ruina o una perspectiva de la conservación", defiende el académico de Bellas Artes. “Podemos decir qué simpática, qué pintoresca la vegetación” desbordada que tapiza los edificios, "pero las zarzas y los pinos que nos crecen en este monumento tan vivo” —en el que “se acumula con extrema facilidad la materia orgánica”— ahondan sus raíces, "hacen desaparecer la cal que cerraba la juntas y causan graves daños". “Tenemos una piedra muy agradecida al sol y al agua, que alcanza toda la gama de grises, amarillos y dorados”, reivindica el director de la Fundación Catedral: "No necesita para nada estar cubierta de algas y líquenes para ser bella".              (Silvia R. El País, 25/05/21)

6/11/20

Unha investigadora desvela a The Guardian un achado excepcional e único na catedral compostelá

 

 Imaxe atopada no capitel da catedral de Santiago / foto Jennifer Alexander The Guardian

 "Esculpida a comezos do século XII para unha das catedrais máis grandes do mundo, pero ninguén soubo da súa existencia ata agora”. Así é o excepcional achado que Jennifer Alexander, unha investigadora británica, acaba de atopar na catedral de Santiago. Trátase dunha figura na que ninguén reparara ata o momento e que sorprendeu mesmo ó xornal The Guardian, onde se publicou o sensacional achado.

Trátase dun singular autorretrato dun canteiro que traballou na catedral no século XII e que se atopaba agochado entre os pregues dun capitel medieval. É “unha fermosa imaxe dun home asomando no centro do capitel, coma se diso dependera a súa vida”, segundo comenta a The Guardian a investigadora. “Abandona a capital e agárrase a el. É case coma se o tragase”.

Mide aproximadamente 30 centímetros de alto, está representado ata a cintura, agochado nunha ringleira de capiteis orixinais e idénticos. Tal e como afirma a investigadora “está esplendidamente tallado, cun rostro moi distintivo”, “ten un pequeno sorriso. Está satisfeito consigo mesmo“.

Jennifer Alexander, investigadora de Historia da Arte da Universidade de Warwick especialista en arte medieval, descubriu a figura mentres desenvolvía unha análise pedra por pedra para determinar a súa secuencia de construción. Estudaba os capiteis e agochado entre eles, a 13 metros sobre o chan, “apareceu esta pequena figura”. 

Unha sinatura dun canteiro anónimo

“É unha conexión especialmente encantadora entre nós e a persoa que a esculpiu. É coma se estivese deseñado só para que o vexan as persoas que traballan no edificio. Por suposto, este canteiro probablemente non tiña nin idea de que se habería de esperar tanto tempo para que a súa obra fora vista”, afírmase.

Segundo ela é unha figura que se pode atopar con relativa frecuencia nos edificios medievais. Son figuras que normalmente pasan desapercibidas en recunchos onde só os atoparía outro canteiro. Atópase nun lugar do edificio onde só podería ser visto por outro operario, agochado nun conxunto de capiteis moi semellantes.

Trátase pois dunha especie de sinatura do canteiro, “unha broma”. Unha pequena escultura pensada para que outros puideran identificar o traballo destes mestres. “A pesar do talento supremo destes artesáns, eran completamente anónimos e os seus nomes perdéronse para a historia”, mais, como recorda a publicación, non deste outro “xenio esquecido”."                    (Historia de Galicia, 02/11/20)

18/9/20

El Pórtico de la Gloria, visto en un detalle inédito La Fundación Barrié presenta una ’app’ que bucea en los secretos del monumento y permite apreciar detalles imperceptibles al ojo



"A plena vista, bajo una gruesa capa de mugre amontonada a lo largo del tiempo, se escondía un tesoro. Tras 12 años de trabajo, lo rescataron en 2018 los profesionales de distintas universidades europeas —desde arquitectos a geólogos, informáticos y físicos— que colaboraron bajo la dirección del Instituto de Patrimonio Cultural de España en la restauración del Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela.

Lo que destaparon bajo los restos de suciedad, sales o morteros de cemento que se acumulaban sobre los cuerpos y rostros de las figuras diseñadas en buena parte por el Maestro Mateo y su obrador en la segunda mitad del siglo XII fueron tres capas de policromía realizadas respectivamente en época medieval, en el siglo XVI y en el XVII: viejos colores recién descubiertos que aportan una nueva vida a una de las joyas de la escultura románica en España y que, como muchos monumentos antiguos, en realidad no vestía del gris al que nos tenía acostumbrados.

Ese azul lapislázuli primigenio, junto a los rojos de bermellón y cochinilla, verdes cobre y blancos de plomo y azul azurita de la segunda intervención y los mejor preservados tonos de la tercera pueden verse hoy con un detalle inédito con la app gratuita para Apple y Android que ha presentado este viernes la Fundación Barrié, financiadora también del proyecto de restauración del Pórtico, que costó 6,2 millones de euros.    

Las imágenes en súperalta resolución que se pueden ver en la aplicación posan una mirada inédita sobre la obra: por medio de 2.700 fotografías tomadas a lo largo de 14 horas del pasado mes de julio sobre los 200 metros cuadrados del Pórtico, resulta posible acercarse a las figuras con un detalle sorprendente. Desde la perspectiva de alguien que se encontrara de pie frente al Pórtico, se pueden apreciar con nitidez las pestañas de los personajes, los brocados de oro de las vestiduras, los prolijos gestos de aquellos que han encontrado la gracia y los que han quedado suspendidos en el limbo…

Más allá del zoom, la app proporciona otras cuantas herramientas para adentrarse en el monumento y sus recovecos desde la distancia, ya sea a través del móvil u otro dispositivo. Estas van desde un repaso resumido por la obra con parada en sus componentes principales (el limbo, el árbol de Jesé, la figura del apóstol Santiago, el Pántocrator, los evangelistas y los bienaventurados) y en los principales daños que hubo que tener en cuenta antes de acometer la restauración, hasta un recuento de sus figuras más destacadas, ente estas los ángeles de la Pasión, el profeta Daniel, el apóstol San Juan y los 24 ancianos del Apocalipsis, que sujetan entre todos 21 instrumentos musicales.

Como parte de los trabajos de restauración se incluyó precisamente un proyecto de reconstrucción en madera de álamo, abedul, tilo, cerezo, nogal y boj de esos objetos musicales de la época, testigos de excepción de la historia musical medieval cuyos sonidos se incluyen en la aplicación junto con reproducciones en 3D que permiten observarlos desde todas sus perspectivas. Desde que la fídula oval, el arpa-salterio, el laúd o el organistrum fueron devueltos a la vida a partir de sus imágenes esculpidas en piedra, han realizado varios conciertos y se ha grabado un disco con ellos.

Otra de las funciones que presenta la aplicación ofrece una comparativa de las fotografías del antes y el después de la restauración, en las que se puede apreciar el renacer del intenso colorido de las estatuas. Junto con imágenes de los trabajos de restauración, se incluye también un repaso de las fases de la rehabilitación del conjunto: análisis de materiales, intervención en la piedra y en la policromía, documentación… La visita virtual por el pórtico se puede hacer además en compañía de una audioguía, con parada en algunos de los detalles más llamativos de la composición, como las túnicas de los personajes, las escrituras que portan o sus logrados rostros."   (Silvia Hernando, El País, 04/09/20)