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4/8/24

El Consello de Contas de Galicia señala directamente a la gestión de Alberto Núñez Feijóo en el sobrecoste de 470 millones de euros durante la construcción del hospital Álvaro Cunqueiro en Vigo... además de 700.000 euros en anuncios, obras de arte y un párking fantasma

 "El Consello de Contas de Galicia acaba de publicar un demoledor informe que señala directamente a la gestión de Alberto Núñez Feijóo en el desperdicio de 470 millones de euros durante la construcción del hospital Álvaro Cunqueiro en Vigo. 

La infraestructura, que ofrece servicio a una población de 600.000 habitantes, fue proyectada por el bipartito del PSOE y el BNG con la previsión de sufragar la obra con fondos públicos. Tras su primera victoria electoral en 2009, Feijóo cambió el plan inicial y decidió privatizar el proceso de construcción y apostar por un modelo de canon a 20 años -las concesionarias financiaron la construcción y la Xunta no empezó a pagar hasta tener las instalaciones-. Esos 470 millones son la diferencia que Contas calcula que hay entre haber licitado la obra por una parte y los servicios no médicos por otra y la vía elegida por Feijóo con una concesión y un pago aplazado. La cantidad que estima el ente fiscalizador que hay que se habrá pagado en total cuando termine el canon es de 1.697 millones.

Dicho en otras palabras, Feijóo decidió no pagar un solo ladrillo del nuevo hospital y aplazar esa deuda en cuotas posteriores, a razón de 56,7 millones de euros anuales. Esa tarifa anual acabaría incrementándose por efecto del IPC y la suma de impuestos hasta 86 millones por cada ejercicio, una cifra que el bolsillo de los gallegos tendrá que seguir soportando hasta mediados de la próxima década. A pesar de las cuentas sin saldar del Álvaro Cunqueiro, en 2022, cuando estaba en plena campaña interna para convencer a sus compañeros de partido de que lo apoyasen como líder del PP, Feijóo hizo la siguiente reflexión: “Un político es un ciudadano que cobra de los impuestos de los españoles y, por tanto, cuando dice que inaugura un hospital la pregunta que hay que hacerle es: '¿Lo deja usted a deber o está pagado?'. Porque, si lo deja usted a deber, haga el favor de marcharse rápidamente y empezar a pagarlo”.

Ahora, el órgano encargado de fiscalizar la labor del Gobierno gallego ha realizado un minucioso estudio comparativo en el que analiza lo que habría costado la infraestructura con el método previsto por el bipartito y lo que finalmente ha supuesto con la fórmula elegida en su día por el actual líder del Partido Popular. Conclusión: 470 millones de sobrecoste regalados a la UTE de empresas que acudieron a la llamada del líder conservador y el sustancioso negocio que ofrecía. Cuando el líder del PP presentó el proyecto a finales de 2010 aseguró que la fórmula elegida era “el mejor mecanismo”. Ahora la institución encargada de fiscalizar su labor dice lo contrario y da detalles sobre el tamaño de la factura derivada de ese desastre de gestión.

Para empezar, señala que la elección de la opción de contratación se hizo sin un análisis comparativo previo para determinar si el modelo defendido por Feijóo era más eficiente que una adjudicación de contrato público tradicional. El canon planeado incluye cada ejercicio una cantidad por la construcción como tal, financiada por el grupo de empresas, y otra por los servicios no sanitarios (limpieza, cafetería, lavandería, etc.) que también forman parte del pastel que acabó en las mismas manos privadas. El informe de Contas desvela además que la Xunta de Feijóo premió a las empresas participantes del trato regalándoles la prestación de los citados servicios no sanitarios en otras instalaciones de la principal ciudad de Galicia. Los empresarios consiguieron así entrar en el negocio de limpieza, lavandería y restauración de los hospitales Meixoeiro y Nicolás Peña, también en Vigo. Algo que para el Consello de Contas “no tiene soporte legal” ya que en esos otros dos centros la UTE no realizó actividad constructiva alguna.

La concesión la obtuvo una unión temporal de empresas encabezada por Acciona -que en 2020 vendió su participación, la mayoritaria al fondo francés Meridiam-. Los otros socios eran Puentes, Altair, Concessia -que también terminó vendiendo su parte- y Ocas.

Contas pone el foco sobre cómo se controló la ejecución de la construcción y concluye que la fiscalizada eligió quién la fiscalizaba. Es decir, la evolución del proceso debía supervisarla la oficina técnica de seguimiento. La constitución de esta oficina se le encargó a Galaria -una empresa pública-, pero en la práctica, dice el informe, la contratación de los integrantes la hizo la propia concesionaria. Añade que los gastos de funcionamiento de la oficina citada y del plan de comunicación debe costearlos la concesionaria, hasta un importe máximo de casi 4 millones de euros. Pero el ente fiscalizador “entiende que no queda suficientemente justificado el cumplimiento de esta obligación”. Concluye que hubo “una debilidad” en el seguimiento por parte de la Xunta tanto en la fase de contratación como en el control de la ejecución de la obra.

En la licitación, expone, participaron dos empresas, pero una quedó excluida porque no tenía suficiente puntuación. De este modo, en la práctica, solo se valoró a una empresa, la UTE a la que se le adjudicó la concesión. Y en la evaluación también aprecia problemas: “Los criterios de solvencia técnica y los criterios de adjudicación no se consideran adecuados, por cuanto la acreditación de los primeros se limita la tres de los doce servicios objeto de licitación y, con respecto a los segundos, no reúnen la calidad técnica necesaria para evitar cualquier margen de discrecionalidad”.

Menos metros, más beneficio

Otro de los puntos en los que el Consello de Contas ve un beneficio injustificado para las empresas que participaron en el manejo diseñado por Feijóo tiene relación con las modificaciones de la superficie útil hospitalaria que se había pactado al principio del proceso. Inicialmente, el acuerdo obligaba a levantar 104.168 metros cuadrados de instalaciones hospitalarias, pero la administración gallega autorizó hasta dos modificaciones a la baja. Gracias a esos acuerdos, los empresarios se ahorraron 11.972 metros cuadrados de hospital; una gran cantidad de cemento, aluminio y ladrillo que no les supuso cobrar ni un euro menos de los previstos en el contrato inicial. Según señala el Consello de Contas en su informe “estas reducciones evidencian una planificación insuficiente y contravienen los principios de igualdad de trato, no discriminación y concurrencia que deben regir la contratación pública”.

El informe señala que la parte en la que no hubo sobrecostes propiamente dichos fue en la ejecución de la obra. Objeta, que, sin embargo, se produjo esa reducción de superficie, que “tiene incidencia tanto en la fase de construcción de la infraestructura como en el coste de la prestación de los servicios”, en el sentido de que los rebaja, pero no por ello se redujo el precio del contrato“.

Tampoco aprueba Contas la fórmula de actualización de los pagos de la Xunta a la concesionaria. Se debió establecer una cantidad anual con importe fijo para abonar los costes de construcción y un importe variable solo para los costes de la prestación de servicios. Sobre esta segunda parte sí considera adecuado aplicar revisiones de precios.

Con la construcción del hospital no se logró “alcanzar completamente los objetivos fijados”, juzga Contas. En el documento de la Xunta para justificar la necesidad del contrato se recogía que había que llegar a las 2.000 camas en el Complexo Hospitalario Universitario de Vigo, dentro del que está el Álvaro Cunqueiro. Pero en el periodo fiscalizado, que llega hasta 2021, el mayor número de camas fue de 1.366 en 2020. “Lo mismo acontece con los objetivos fijados en cuanto al número de instalaciones, procesos asistenciales y reducción del peso relativo con el sector privado (Povisa)”, añade.

El órgano que fiscaliza a la Xunta enviará su informe al Tribunal de Cuentas para que decida sobre la eventual apertura de un procedimiento por presuntas responsabilidades contables. Contas sí hace recomendaciones a la administración autonómica, entre la que están que, antes de elegir el modelo del contrato, haga un “análisis comparativo sólido sobre la mejor opción de contratación, que garantice una gestión eficiente del gasto público”.

La elección del modelo de colaboración público-privada para construir el hospital y la propia apertura estuvieron rodeados de protestas y de polémicas. La oposición cargó contra el empeño de Feijóo y hubo multitudinarias manifestaciones en Vigo. La entrada en funcionamiento también fue accidentada. Los primeros pacientes fueron trasladados en 2015, con las obras aún sin terminar en algunas partes del edificio. Hubo un parón repentino que la Xunta tardó días en reconocer que se debía a que en las nuevas instalaciones habían encontrado hongos Aspergillus, del mismo tipo que los que habían provocado años antes, en 1996, seis fallecimientos en otro hospital vigués, el Meixoeiro."                  (Gonzalo Cortizo / Beatriz Muñoz , eldiario.es, 31/07/24) 

 

"700.000 euros en anuncios, obras de arte y un párking fantasma: más sombras de Contas sobre el proyecto estrella de Feijóo.

 El informe del Consello de Contas que ha puesto cifra -un sobrecoste de 470 millones de euros- a la decisión de Alberto Núñez Feijóo de que el hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo se construyese dejando en manos de empresas privadas la financiación y dándoles a cambio un canon durante 20 años y la concesión de los servicios no clínicos, se detiene en otros aspectos que considera irregulares o en los que aprecia incumplimientos del deber de la administración autonómica. Arroja luz sobre más de 700.000 euros que se destinaron a hacer publicidad del proyecto, sobre gastos mal atribuidos, sobre un peso de la sanidad privada que no se consiguió rebajar y sobre un aparcamiento que no se construyó como estaba previsto. Este es el detalle del análisis hecho por el ente fiscalizador y publicado, en una práctica habitual, en una de las últimas jornadas de julio, en plena época de vacaciones.

Anuncios en prensa: Contas aborda el papel de la oficina técnica de seguimiento (OTS), que era la encargada de supervisar la ejecución de las obras y actuaciones. El informe expone que hay gastos mal atribuidos. Indica que se examinaron durante su análisis facturas adicionales por valor de 2,4 millones de euros que la concesionaria pagó con cargo a gastos de funcionamiento de esta oficina técnica. Por los conceptos, Contas concluye que 430.000 euros sí se corresponden con su funcionamiento, pero el resto “no guardan relación con las funciones de la OTS o no guardan relación directa con el objeto del contrato”.

En concreto, cita los 710.259 euros para publicidad sobre las obras, la elaboración de vídeos, la documentación técnica y gráfica divulgativa y actos de protocolo. Recalca que el dinero se destinó a anuncios en prensa escrita, cuñas en la radio, un vídeo de presentación del hospital y soportes publicitarios en la calle. El importe restante, añade, son gastos para inversión en “humanización del hospital (337.086 euros) y consultoría, traslados de mobiliario y redacción de proyectos técnicos del ámbito del Complexo Hospitalario Universitario de Vigo (917.396 euros).

Incumplimiento del deber de supervisión: Todas las facturas de esta oficina técnica de seguimiento, destaca, tienen la supervisión favorable de Galaria, la empresa pública que había quedado a cargo de constituirla pero que, en la práctica, permitió que la concesionaria eligiese quién la supervisaba. Esto, según Contas, “evidencia que esta entidad no solo incumplió el cometido de la encomienda de gestión, sino que tampoco realizó de forma diligente la supervisión de los gastos”.

La Xunta presentó alegaciones contra estas consideraciones, en las que sostenía que la selección del supervisor la hizo Galaria. Contas replica que un expediente administrativo del 20 de mayo de 2011 que Galaria remitió a la concesionaria evidencia que fue la unión de empresas privadas a la que se adjudicó la concesión la que se ocupó en realidad de esa selección y que la empresa pública se limitó a reservarse la facultad de supervisar el currículo y concertar una entrevista con el aspirante propuesto.

Compra de obras artísticas: Las alegaciones muestran también que la Xunta trató de justificar que los gastos de humanización y de traslado de mobiliario se cargasen a la oficina técnica de supervisión. Dijo que la OTS debía asesorar al Servizo Galego de Saúde (Sergas) y a la concesionaria para tomar decisiones estratégicas en el nuevo hospital y en la planificación del traslado. Contas replica que estos gastos fueron en realidad para la compra de obras artísticas, esculturas, trabajos de musealización del área sanitaria, además de traslados de muebles, camas psiquiátricas desde el hospital Nicolás Peña y varios proyectos de reforma en el hospital Meixoeiro y el General. “Estos gastos, aunque fueron abonados por la concesionaria, no pueden considerarse como gastos de funcionamiento de la oficina técnica de seguimiento por cuanto no tienen relación con sus funciones”, concluye.

El aparcamiento que no se hizo: El informe destaca que el proyecto inicial preveía un aparcamiento para urgencias en un edificio independiente anexo, con un total de 14.800 metros cuadrados. Lo que terminó haciéndose, sin embargo, fue un párking “abierto en una zona exterior”. Contas indica que no se puede considerar una edificación. En lugar de eso, es una zona acondicionada al aire libre en la que se han instalado unas estructuras metálicas para proteger a los coches.

Objetivos no logrados y peso de Povisa: La memoria justificativa de la inversión fijaba como objetivo que se alcanzasen las 2.000 camas, incluyendo al resto de hospitales de Vigo, con la construcción del Álvaro Cunqueiro. Pero, destaca Contas, las memorias de la propia Área Sanitaria de Vigo muestran que las cifras reales oscilaron entre 1.241 y 1.321 entre 2015 y 2021. Los responsables sanitarios nombrados por la Xunta señalaban que había tanto en el Cunqueiro como en el Meixoeiro “un número relevante de habitaciones que son duplicables” y que el número total de camas tenía “elasticidad”. “Sin embargo, el análisis de los datos lleva a concluir que esta elasticidad no tiene lugar en la práctica”, recalca el informe, que concluye que “el impacto que se pretendía obtener” en cuanto al número de instalaciones “no fue alcanzado totalmente”.

Aborda también los pagos al hospital privado de Povisa, con el que la Xunta tiene un millonario concierto para derivarle pacientes del área de Vigo. Pese a la construcción del Álvaro Cunqueiro, “tampoco se logra la reducción del peso relativo” de Povisa que se había fijado como objetivo, dice Contas. Lo argumenta con la evolución de los pagos: en 2014 sumaron 84,8 millones de euros porque se contabilizan 7,6 millones derivados de una sentencia. En 2015, año en que entró en funcionamiento el Cunqueiro, eran 76,1. En el último ejercicio analizado, 2021, la cifra creció y llegó a 78,7 millones."                 ( Beatriz Muñoz , eldiario.es, 02/08/24)

5/8/22

Los agujeros de Feijóo en Galicia: el triple de deuda... con un incremento del 188, que representa ya el 90% del techo de gasto no financiero de la Xunta... 558 millones creados por la administración paralela de las 87 entidades instrumentales de la Xunta... 8.600 millones por las cajas...

 "Los gobiernos de Alberto Núñez Feijóo han dejado en Galicia un elevado nivel de endeudamiento y diversos agujeros financieros. Uno de ellos es la deuda de 558 millones que, según el Consello de Contas de Galicia, se ha creado en torno a la administración paralela de las 87 entidades instrumentales de la Xunta, que incluye fundaciones, empresas públicas, agencias, organismos, consorcios y chiringuitos varios. Pero no es el único, ni el más grande.

El triple de deuda pública

El expresidente de la Xunta y líder del PP calificó el pasado fin de semana de "pufo" la deuda pública con la que, al igual que sucede en todos los países del mundo, se financia el Estado. Responsabilizó de ello al presidente del Gobierno e incluso la individualizó para dar contundencia a su argumento: 6.000 euros por cada ciudadano.

Si se sigue ese razonamiento, cabría pensar que Feijóo asume que él mismo ha empufado a los gallegos, ya que la deuda pública de Galicia se multiplicó por tres durante sus trece años de mandato. Eran 3.923 millones de euros al final del primer trimestre de 2009 -Feijóo ganó las elecciones el 1 de marzo y tomó posesión el 18 de abril-, que a finales de marzo de 2022 -Feijóo dejó la Xunta para liderar el PP el 30 de abril de este año- se habían convertido en 11.314 millones.

Se trata de un incremento del 188,4%, que ha provocado que la deuda pública de la comunidad represente ya el 90% del techo de gasto no financiero de la Xunta. Representa más de 4.200 euros por cada habitante de Galicia.

El agujero de las cajas

Feijóo llegó al poder en plena crisis financiera y con las grandes cajas públicas gallegas, Caixa Galicia y Caixanova, en serios problemas por su exposición al a la burbuja inmobiliaria, una política expansiva de inversiones que resultaron catastróficas y un enorme descrédito comercial por la estafa de las preferentes. Pese a todo, Feijóo se negó a que el Estado las interviniera e impulsó su fusión, encargando un supuesto informe secreto de auditoría que acabó demostrándose falso.

Caixanova y Caixa Galicia, fusionadas como NovaGaliciaBanco tras despedir a cerca de 2.000 trabajadores, quebraron muy poco después y tuvieron que ser rescatadas por el Estado, que se gastó en la operación 9.404 millones de euros, de los que, según el Banco de España, sólo se recuperaron 783 millones. Es decir, un agujero de 8.621 millones de euros, el tercero más oneroso para el Tesoro Público después de los de Caixabank y CatalunyaCaixa.

Las cajas gallegas acabaron en manos de Banesco, propiedad del banquero venezolano Juan Carlos Escotet, quien las adquirió en 2014 en teoría por 1.003 millones de euros, pero gratis en la práctica dado que no tuvo que desembolsar ni un solo euro. Los pagos por la adquisición estaban sujetos a la obtención de beneficios, que obtuvo desde el primer ejercicio una vez que la entidad ya había sido saneada con dinero público. Abanca y Escotet se convirtieron desde entonces en el principal soporte financiero privado de los Gobiernos de Feijóo.

Éste ha respondido concediéndoles ayudas millonarias para sufragar incluso para la instalación de cajeros automáticos, pese a que entre el 2015 y julio del 2022 la entidad acumuló beneficios netos continuados de más de 2.454 millones de euros, y de que siguió despidiendo empleados y cerrando sucursales. También ha dado el visto bueno a la Universidad Abanca, cuyo rector es el primo de Escotet, y pese a la posición en contra de las tres universidades públicas gallegas.

14,72 millones de déficit diario de la Seguridad Social

Si Galicia gestionara su propia caja de la Seguridad Social, hace años que el sistema habría quebrado. El déficit entre los ingresos y gastos del organismo ascendió en la comunidad a 5.375 millones de euros en 2021. Es decir, 446,92 millones al mes, más de 14,7 millones de pérdidas cada día. A finales de mayo pasado, el déficit acumulado de 2022 ya era de 2.351 millones, lo que hace prever que el actual ejercicio se cerrará con un saldo negativo de más de 5.600 millones de euros.

Las gallegas y gallegos son los terceros habitantes del Estado con las pensiones más bajas -931 euros de media, 160 euros menos que la estatal-. Pero la enorme diferencia entre lo que la Seguridad Social ingresa, principalmente por cotizaciones sociales, y lo que gasta en pensiones, gastos corrientes y de personal, es enorme y ha crecido un 73% en los últimos diez años.

Es cierto que la Xunta no tiene competencias en Seguridad Social y pensiones. Pero sí las tiene plenas sobre las políticas que podrían elevar tanto el número de afiliados como sus bases de cotización: la planificación económica e industrial, la promoción del empleo, las medidas destinadas a combatir el envejecimiento demográfico y la despoblación... Durante los trece años de mandatos de Feijóo, la población ocupada en Galicia cayó en 64.800 personas, mientras el número de pensionistas crecía en casi 55.000."               (Juan Oliver, Público, 04/08/22)

14/10/21

A Xunta aluga unha ducia de coches de alta gama doce anos despois da campaña do PP contra o "luxo" de PSdeG e BNG... pagará algo máis de 4 millóns de euros, sen contar IVE, polo leasing dos 191 vehículos durante catro anos

 "A Xunta está a piques de adxudicar un contrato de leasing ou arrendamento financeiro para renovar parte do seu parque móbil con 191 vehículos de distinto tipo entre os que haberá unha ducia de coches de alta gama. O concurso público, dividido en varios lotes nos que non é posible identificar o custo do arrendamento de cada vehículo individualmente, xa conta con proposta de adxudicación. Será para o BBVA no caso de 106 vehículos. 

E para PSA Financial Services Spain EFC (o grupo empresarial de Citroën e Peugeot) noutros 85, entre eles os de gama máis alta, da marca DS, segmento premium do grupo francés Stellantis, que fabrica na China o DS 9 do que a Xunta se fai cunha unidade, e en China e en Francia o DS 7 do que recibirá varias unidades.

En total, o Goberno galego pagará algo máis de 4 millóns de euros, sen contar IVE, polo leasing dos 191 vehículos durante catro anos, segundo as ofertas finalmente seleccionadas e tras estar disposta a pagar ata os 5,45 millóns (sen IVE) de prezo de partida en que licitou o contrato. 

O concurso chega doce anos despois de que o PP recuperase a Xunta tras unha campaña na que acusou o anterior Goberno de coalición de PSdeG e BNG de entregarse ao “luxo” polos coches oficiais de marca Audi que empregaban.

Os populares recuperan esta estratexia cada certo tempo. Así está a ocorrer nos últimos días en Pontevedra, onde critican que o Concello mude o Audi con 24 anos de antigüidade que viña utilizando o alcalde, o nacionalista Miguel Anxo Fernández Lores, por outro vehículo da mesma marca por uns 60.000 euros.

 A autorización para “renovar” parte do parque móbil da Xunta “con vehículos de etiqueta medioambiental cero ou eco”, como os publicitou, foi aprobada polo Goberno galego o pasado 15 de xullo nun Consello semanal que non estivo presidido polo presidente Feijóo -en Madrid na homenaxe de Estado ás vítimas da COVID- senón polo vicepresidente primeiro, Alfonso Rueda. El foi quen explicou que o concurso buscaría vehículos híbridos ou eléctricos sempre que fose compatible co uso a darlles para “aumentar a seguridade, reducir os gastos correntes en combustibles e reparacións, reducir as emisións e cubrir as necesidades de mobilidade” da Xunta. “Seguimos buscando o que buscabamos nos dous primeiros plans, no do ano 2009 e no do ano 2011, que é reducir custos, racionalizar o servizo e ter un parque móbil sustentable”, argumentou.

 O concurso foi convocado o 8 de agosto e aos seus varios lotes, con todo tipo de características técnicas e posibilidades de mellora por parte dos interesados, presentáronse ofertas de entidades financeiras ligadas á banca (BBVA, Caixa Rural Galega) ou a empresas automobilísticas (PSA Financial Services, Toyota Kreditbank). Pero é agora, ao rematar a valoración das ofertas, cando a Xunta revela os modelos que están detrás das características presentadas por cada empresa.

 Polo primeiro lote, no que se inclúen 80 vehículos “híbridos conectables”, a Xunta pagará a PSA 2,32 millóns de euros. Nese lote, o Goberno galego definiu á súa vez características para cinco subtipos de vehículos, entre eles unha berlina de cinco prazas que finalmente será un DS 9 E-Tense de 225 cabalos. Un coche cuxo prezo, se a Xunta o mercase e non o alugase cun leasing como fai, estaría en arredor dos 60.000 euros, segundo as tarifas da propia marca, que o presenta como unha “berlina de alta gama”.

Xunto con el, recibirá dous DS 7 Crossback E-Tense de 300 cabalos e outros 10 de 225 cabalos, e dous Peugeot 3008 Hybrid tamén de 300 cabalos, vehículos todos eles que superan segundo as súas propias marcas os 40.000 e mesmo os 50.000 euros. Ademais, dentro dese primeiro lote tamén recibirá 65 Citroën C5 Aircross Hybrid de gama inferior.

 PSA tamén está proposta como adxudicataria dun lote de cinco furgonetas eléctricas por 115.000 euros, que serán Citroën E-Berlingo, mentres que os outros dous lotes do concurso foron gañados por BBVA. O máis numeroso, para 95 vehículos híbridos non conectables, foi gañado polo banco cunha oferta de 1,42 millóns de euros que prevé o modelo Toyota Yaris Hybrid e coa que gañou a outras ofertas presentadas pola financeira do propio grupo Toyota e por Caixa Rural. BBVA tamén entregará outras 11 furgonetas diésel Peugeot por 200.000 euros.

 Dentro do primeiro lote, o gañado por PSA, o número de cada tipo de vehículo de alta gama (unha berlina, dous SUV de 300 cabalos e os outros dez de 225 cabalos) lembra á configuración do Goberno galego coa presidencia, dúas vicepresidencias e nove consellerías. Non obstante, o concurso non detalla o destino final de cada coche dentro do parque móbil da Xunta. Praza.gal preguntou a pasada semana ao Goberno galego polo destino dos vehículos de alta gama e se van ser empregados polo presidente e os conselleiros pero aínda non obtivo resposta.

No parque móbil da Xunta, os vehículos de representación do Executivo teñen uns dez anos de antigüidade, cando se deixaron aparcados os anteriores Audi, mercados boa parte deles durante a presidencia de Manuel Fraga. Daquela, o Goberno de Feijóo fíxose con vehículos de representación da marca Citroën non fabricados en Vigo, senón noutras plantas do grupo PSA, ao contrario do que prometeran os populares durante a súa campaña contra o bipartito.

 Tras chegar á Xunta, os populares tardaron varios anos en lograr desfacerse dos Audi, como prometeran. Logo de fracasar cunha poxa inicial, acabaron colocando en 2015 os 8 Audi que lle quedaban, todos mercados en tempos de Fraga, ao Banco Pastor nunha operación de arrendamento doutros 84 coches similar á actual. Sobre os sucesivos plans de renovación do parque móbil, o Consello de Contas acabou concluíndo a súa incapacidade para “verificar, de forma precisa” canto"       (David Reinero, Praza Pública, 11/10/21)

4/3/21

A AP-9 grava de modo inxustificado a economía e a sociedade galegas... a AP-9, iniciada en 1973, tiña que eliminar as peaxes en 2012, como a AP-1, AP-4 e AP-7, que finalizaron a súa concesión en 2019, pero Aznar ampliou o prazo de concesión da autopista ata 2048... A investigación sobre as circunstancias da ampliación da concesión tal vez axudaría a fundamentar a reversión ao sector público da AP-9

 "Hai dez anos escribín un artigo, "Absurdos galaicos", que comezaba así: "Ir a Madrid por autovía é gratis, pero para ir de Ferrol a Vigo hai que desembolsar unha cantidade de euros considerable que vai parar aos petos da concesionaria da autopista, unha das máis rendibles de España. Non existe alternativa a ese percorrido que non implique horas de ardua peregrinaxe polas entrañas de Galicia".

Naquel tempo, estrañamente, a cuestión apenas si merecía atención salvo por un par de individuos da cáscara amarga. Os xornais non parecían considerar que o asunto merecese unha ollada e só de tanto en tanto lle dedicaban unhas liñas desamañadas. Non formaba parte da axenda política ou económica do país. Mentres, a explotación da autopista daba beneficios astronómicos aos investidores. A saber que complicidades explicaban o fenómeno.

Por fortuna, dez anos despois a conciencia dese absurdo é hoxe maior en Galicia. Maior, pero aínda non opera na mente dos galegos a magnitude do absurdo, nin as dimensións do escándalo. Para medilo faría ben o Parlamento galego en crear unha comisión que investigara as circunstancias nas que no seu momento se produciu a ampliación da concesión que fará que ata 2048 non retorne ao dominio público. De paso, alguén podería reflexionar sobre o porqué de que no seu momento unha cuestión tan decisiva non merecese ser posta entre os temas centrais do país.

Non debemos esquecer que Galicia é un arquipélago urbano que está intercomunicado pola AP-9. É na franxa atlántica de Galicia onde está o peso demográfico, o dinamismo económico, o cambio cultural e social máis intenso. Non hai dúbida de que as cidades son o laboratorio do futuro, nin de que é na espiña dorsal que constitúe a Autopista do Atlántico onde está o porvir do país.

Non ten sentido que existan autovías gratuitas a Madrid e que en Galicia o transporte por estrada signifique custes tan enormes. Pero non se trata só de mercadorías ou servizos. Son moitas as persoas que cada día están obrigadas a traballar nunha cidade distinta daquela na que residen -cada vez máis, todas esas cidades forman parte dun único organismo urbano- e teñen a autopista como única alternativa real. A AP- 9 é unha especie de muro que divide Galicia.

As economías de aglomeración favorecen ás grandes capitais ou o espazos nos que as interaccións de todo tipo se multiplican. Nos ámbitos conexos a Galicia, Porto e Madrid están dando pasos de xigante para aproveitar tanto a súa dimensión como a súa capacidade de conexión a unha escala global. A Galicia interésalle tamén unha mellor conexión exterior, en especial co Norte de Portugal -abonda con ver un mapa coa distribución da poboación na franxa costeira- pero resulta ridículo ou estúpido que cargue cun peso coma o da AP-9 nas súas costas.

España é o terceiro país do mundo con maior número de quilómetros de autovías e autopistas ( só por detrás de China e EE.UU.). Pero tanto o AVE como a rede de autopistas responden a criterios políticos centralistas, máis ben que a lóxicas de mercado. Todos os estudos de rendibilidade indican que é Madrid quen se beneficia deses investimentos. Mentres, en Galicia, para dicilo rápido e claro, facemos o parvo, neste asunto coma noutros.

Arredor do AVE hai moita barafunda pero o AVE non sirve para facer Galicia máis competitiva, nin para articulala internamente. Son máis ben os trens de velocidade alta -a distinguir do AVE- os que están chamados a facer ese papel. En todo caso, liberar a AP-9 ten moito máis sentido e significado para Galicia que o AVE. Se as contas non enganan, con corenta quilómetros de AVE podería financiarse a recuperación para Galicia da autopista que une a maior parte da poboación de Galicia por estrada.

Non creo, en definitiva, que poida caber dúbida de que a AP-9 é un obstáculo para a articulación interna de Galicia nin de que grava de modo inxustificado a economía e a sociedade galegas. Repito: de modo inxustificado. Foi no ano 2000 cando o ministro Arias Salgado ampliou o prazo de concesión da autopista ata 2048. A pregunta obvia é: por que? Ata Ana Pastor, cando era ministra de Fomento en 2014, cuestionou a prórroga do goberno Aznar.

Se pode poñerse entre nós algún exemplo de simpático capitalismo extractivo ligado á concesións do Estado a través do BOE -antes denominado Gaceta de Madrid- a AP-9 tal vez merece estar na parte de enriba da lista. (Por certo, nun exemplo máis de portas xiratorias, Arias-Salgado foi designado en 2005 membro do consello de administración de Itinere, a matriz de Audasa, a proposta de Sacyr).

Existía ou existe algunha xustificación económica consistente para unha ampliación do prazo tan desmedida? Segundo o previsto ao inicio, a AP-9, iniciada en 1973, tiña que eliminar as peaxes en 2012. De feito, tres autopistas coetáneas da AP-9 (AP-1, AP-4 e AP-7) finalizaron a súa concesión en 2019, o que sitúa a AP-9 como a autopista de peaxe máis vella de España.

A investigación sobre as circunstancias da ampliación da concesión tal vez axudaría a fundamentar a reversión ao sector público da AP-9. Certamente, a autopista ampliou o seu trazado nunha cuarta parte, chegando ata Ferrol e Tui e ademais liberou diversos tramos da peaxe. Pero parece moi dubidoso que os investimentos realizados pola concesionaria xustifiquen os prazos da concesión, ou os exorbitados prezos que cobra polo uso da vía, por non falar do mal servizo que presta. Ademais, eses cambios implicaron sempre o pago por parte de diversas administracións -Xunta, Fomento, etcétera- de subvencións á concesionaria. Para máis inri, a AP-9 segue sen pagar o IBI aos concellos polos que pasa.

Pero non só o prazo de concesión foi extendido. A autopista foi privatizada en 2003, sendo ministro Álvarez Cascos. Hoxe, Audasa ten no seu capital a dous fondos de investimento -Globalvía e Corsair- que disputan por seren os accionistas maioritarios. En 2019, antes da pandemia, os beneficios netos foron de 43 millóns de euros continuando unha liña pertinaz. Sempre o resultado da explotación deulle aos propietarios de Audasa beneficios magníficos, sensacionais: 216 millóns entre 2015 e 2019.

En todo caso, trátase dun asunto que non é conflitivo, ou que non debera selo, dado que non respecta a ningunha diferenza substantiva entre dereita e esquerda, ou entre nacionalismo e españolismo, salvo que se considere que regalarlle o diñeiro aos propietarios da concesionaria é unha opción política.

Por fortuna para os fondos de investimento e por desgraza para os seus usuarios, a AP-9, que é a columna vertebral do sistema de comunicacións do país, configura unha especie de monopolio que lle permite á empresa impoñer os prezos que lle dá a gaña aos seus clientes. Hoxe a AP-9 ten a dubidosa honra de ser a autopista de peaxe que máis subíu as tarifas en España os últimos tres anos.

Pero, árdelle o eixo, árdelle o carro!, parece que, finalmente, o Parlamento e os partidos políticos o entenden, e, por fin, o martes día 2 de Febreiro de 2021 acudirán ao Congreso a defender a transferencia á Comunidade Autónoma da autopista. Tanto o BNG coma o PSdeG desprazarán a Madrid aos seus respectivos líderes, Ana Pontón e Gonzalo Caballero. O PPdeG, no entanto, enviará a Diego Calvo, portavoz de infraestruturas.

É un paso adiante, pero debería ser o propio presidente Feijóo o que encabezase a delegación popular. A súa presenza axudaría a impulsar non só unha resolución favorable, senón unha rápida e efectiva transferencia da AP-9. Esa capacidade de decisión sobre a autopista, como mínimo, cambiaría os términos nos que está formulada a ecuación e non hai por que dubidar de que significaría un grande paso adiante, como mínimo para poder negociar o prezo das peaxes, evitar subidas abusivas e garantir un mellor servizo e renovación da vía.

Sexa coma for, hai que felicitarse por esa unanimidade pero tamén preocuparse para que non resulte outra cortina de fume máis. No pasado Rajoy vetou a transferencia en dúas ocasións. Ese veto foi levantado polo goberno do PSOE pero hai que recoñecerlle tamén ao BNG a insistencia en defendela. Agardemos que nesta ocasión a transferencia sexa efectiva e que, ao tempo, abra un debate en Galicia sobre a conveniencia de restituíla ao dominio público. Aínda que houbera que pagar peaxe polo menos que os beneficios serviran para mellorar as comunicacións e financiar os servizos públicos."               (Antón Baamonde  , eldiario.es, 31 de enero de 2021)

13/1/21

Fondos de investimento de centroeuropa aos que a Xunta pagará 963 millóns ata 2035 controlarán a concesión do hospital de Vigo

 "Pola construción hai unha década do Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo (cuxa obra física supuxo algo máis de 300 millóns de euros) e a xestión e mantemento das súas instalacións a Xunta terá que pagar en 2021 á súa concesionaria 75 millóns de euros, e un total de 963 millóns ata 2035, sumados ao que xa foi pagando nos últimos anos. Agora esa concesionaria, creada hai dez anos fundamentalmente por varias construtoras e caixas de aforros españolas, estará maioritariamente controlada por fondos de investimento radicados en centroeuropa.

Acciona, desde o comezo e ata agora socia maioritaria da concesionaria do hospital, co 43,33% do seu capital, comunicou este luns á Comisión Nacional do Mercado de Valores (CNMV) que asinou un acordo co fondo de investimento Meridiam, con sede principal en París, “para a venda da totalidade da súa participación” en varias concesións, entre elas o hospital vigués e a que xestiona un treito da Autovía da Prata, unha operación que cuantifica nun global de 484 millóns de euros.

Hai ano e medio outro dos socios orixinais da concesionaria do hospital, a sociedade Concessia, creada por varios bancos e caixas de aforros para canalizar o seu investimento en infraestruturas e concesións públicas, tamén vendeu a súa participación , do 16,67%, a outro fondo, o luxemburgués RiverRock.

Outro 16% da concesionaria do hospital tamén está controlado por outra firma con orixe en Francia, Veolia (Altair cando se creou a concesionaria hai unha década), neste caso unha empresa especializa na xestión de servizos. Por último, o restante 23% da concesionaria é o único que se mantén en mans dunha empresa con sede en Galicia, Puentes y Calzadas.

Coa concesionaria agora controlada por fondos e empresas estranxeiras terán que seguir lidando ata 2035, cando remata a concesión, tanto a Xunta como o Concello de Vigo. A primeira porque as empresas concesionarias adoitan relear calquera petición de mellora o cumprimento dos seus servizos que lle fan as administracións concedentes, e o segundo porque vén librando desde hai anos unha batalla nos tribunais para que a empresa lle pagueo imposto de bens inmobles do que están exentas as instalacións sanitarias pero non as actividades económicas privadas, como as que desenvolve a concesionaria no recinto do hospital, co aparcamento e as súas elevadas tarifas como elemento máis significativo para a cidadanía. 

Por outra banda, os pagamentos plurianuais que a Xunta ten que facer ata 2035 á concesionaria do hospital non son os únicos aos que o Goberno galego se obrigou durante os últimos anos coas súas decisións de acometer diversas infraestruturas, principalmente autovías, a través da colaboración público-privada. Ata 2040 quedan por pagar por eses contratos un total de 2.333 millóns de euros."           (David Reinero, Praza Pública, 01/12/20)

26/4/19

La Xunta confirma que financiará el edificio final de la Cidade da Cultura con fondos de I+D universitario

"Qué buena forma de finalizar la Cidade da Cultura en el Lunes de Pasión; una forma muy interesante y muy anecdótica de cómo ponemos el broche final a esta obra compleja". El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, expresaba el pasado lunes de este modo su satisfacción en la firma del convenio para trasladar el Instituto de Ciencias del Patrimonio (Incipit), dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), a la nueva y -a priori- última construcción del Gaiás, el edificio Fontán.

La instalación del Incipit en el compostelano monte Gaiás supone el enésimo giro del proyecto iniciado hace ahora veinte años y que en la última década fue mudando de contenedor sin contenido a un complejo a medio camino entre el expositivo, el administrativo y el tecnológico. 

La llegada a la Cidade da Cultura de este organismo del CSIC no estaba prevista cuando, a mediados de 2018, el propio Feijóo anunció la construcción del edificio Fontán para acoger diversas instalaciones de las tres universidades. Tampoco cuando, tras la moción de censura, el presidente gallego reclamó a Pedro Sánchez fondos para el edificio, que ahora llegan. 

Y tampoco cuando, el pasado verano, la Consellería de Cultura -aún como Consellería de Cultura e Educación- firmó con la Fundación Cidade da Cultura el convenio para financiar su construcción, documento que ratifica que los fondos saldrán de las partidas de investigación universitaria.


Las obras del nuevo edificio, encomendadas a una de las empresas que iba a construir el teatro inicialmente previsto en este emplazamiento, fueron adjudicadas por 14,7 millones de euros. Pero la Xunta había reservado hasta 17 millones para esta finalidad. Así lo especifica en dicho convenio, en el que detalla cómo irán saliendo fondos de las partidas de investigación universitaria de los Presupuestos Generales de la Xunta hacia la Fundación Cidade da Cultura hasta 2021.

El convenio, firmado el 4 de julio de 2018, estipulaba que en ese mismo año saldrían del presupuesto de I+D universitario los primeros 700.000 euros y así sucedió apenas dos semanas después. Para este año la previsión es aportar 3,5 millones -2,5 ya están incluidos en los Presupuestos Generales vigentes-, para 2020 se reservan hasta 8,3 millones y en 2021 la previsión es de 4,5. Así hasta llegar hasta 16,99 millones.

En total, casi 17 millones de euros que la Xunta preveía mantener reservados para esta finalidad aunque, como sucedió, la adjudicación del contrato fuese por un importe menor, para afrontar así eventuales sobrecostos por "posibles modificaciones del proyecto" -la Cidade da Cultura acumula un largo historial de sobrecostos-. También posibles gastos de mobiliario y equipación.

Aún así, ahora los montantes finales se van a reducir" en 2,4 millones, los que ponen el CSIC por ocupar una "quinta parte de la superficie útil del edificio". Luego, en principio, la aportación autonómica procedente de partidas de investigación universitaria -tanto del plan de financiación de las universidades como de fondos propios de la Xunta- rondará los 15 millones.

Antes de llegar a este acuerdo con la entidad científica estatal, los planes del Gobierno gallego acordados por "unanimidad" con las universidades de A Coruña, Santiago y Vigo ya pasaban por instalar en el nuevo edificio un centro de "investigación de calidad en los campos de las Humanidades y Ciencias Sociales", denominado "provisionalmente" como "Centro Europeo de Investigación de Paisajes Culturales" y "destinado, entre otros objetivos, al impulso del Camino de Santiago".

Junto a la nueva incorporación Cultura prevé que estén las sedes de la ya existente Agencia para la Calidad del Sistema Universitario y del "nuevo Consorcio Interuniversitario de Galicia". El convenio inicial también contemplaba, sin especificar más, "explorar la posibilidad de reubicar" allí el Centro de Supercomputación de Galicia (CESGA).

La documentación del proyecto justifica la oportunidad de construir el edificio Fontán, no contemplado en el proyecto original de Peter Eisenman aprobado por la Xunta hace ahora veinte años, porque "permite solventar los efectos negativos del impacto visual" que causa el agujero en el que iba a estar el teatro de la ópera nunca construido. "Se consigue así una armonía paisajística (...) y una percepción en el visitante de un proyecto completo y no en constante construcción", concluye la memoria justificativa del convenio. Sólo en obras, la Xunta ha previsto destinar al Gaiás un montante total de 27 millones de euros hasta 2021."                    (David Lombao, eldiario.es, 20/04/19)

29/3/19

A Xunta gasta tres veces máis en propaganda nos medios sobre a violencia de xénero que en axudas directas ás vítimas

"A Xunta de Galicia insiste en investir máis diñeiro en propaganda e publicidade nos grandes medios de comunicación que en axudar aos colectivos que publicita esa propaganda. Así se pon de manifesto nunha das resolucións da Secretaría Xeral de Igualdade que decidiu abrir unha convocatoria de publicidade nos medios para a prevención da violencia de xénero que case duplica a que destina ás axudas directas para as vítimas.

Así, na resolución do 17 de decembro de 2018, da Secretaría Xeral da Igualdade, pola que se regulan as bases para a concesión das axudas de medidas de protección integral contra a violencia de xénero e as de prevención e o tratamento integral da violencia de xénero para o ano 2019 o importe é de 455.000 euros.

A finalidade das axudas, segundo a propia Xunta, "é proporcionarlles apoio económico ás mulleres que sofren violencia de xénero" e "facer valer o dereito recoñecido por sentenza xudicial ditada por xulgados e tribunais con sede no territorio galego".

AXUDAS A VÍTIMAS E MENORES AO SEU CARGO

Un apoio económico ao que poden acceder mulleres vítimas de violencia de xénero que residan en Galicia e acrediten insuficiencia de recursos e "unhas especiais dificultades para obter un emprego".

Tamén para os menores ou persoas dependentes delas polos danos e perdas ocasionados como consecuencia da situación de violencia, fixadas mediante sentenza xudicial, no caso de incumprimento, por insolvencia, por parte do obrigado a satisfacelas.

Estas axudas son de 400.000 euros no caso das medidas de protección integral contra a violencia de xénero e de 55.000 para a prevención e o tratamento integral da violencia de xénero. Un crédito que di a Xunta que se pode aumentar pero que "quedará condicionado á declaración de dispoñibilidade deste".

Un diñeiro que contrasta, e moito, co que recibirán os medios de comunicación, especialmente, as grandes familias mediaticas galegas como La Voz de Galicia, Faro de Vigo, El Progreso ou La Región, entre outros. E é que a Xunta destinará 950.000 euros para a "elaboración da estratexia e o plan de medios para o desenvolvemento dunha campaña publicitaria de ámbito galego sobre a prevención e a loita contra a violencia de xénero".

1,1 MILLÓNS EN PROPAGANDA

Estes cartos terán coma obxectivo "desenvolver unha campaña publicitaria a nivel autonómico coa finalidade de concienciar a toda a sociedade sobre a necesidade de previr e loitar contra a violencia de xénero, o rexeitamenteo ao maltratador e a consideración das vítimas, tendo en conta que esta violencia constitúe a expresión máis extrema da desigualdade entre mulleres e homes".

Segundo os pregos de condicións do concurso, aos que tivo acceso GC, dita campaña desenvolverase en dous periodos do ano focalizando as mensaxes en cada un dese periodos na mocidade e nas mulleres que viven no ámbito rural.

A estas axudas de propaganda aos medios hai que sumarlle, ademais a campaña institucional do 8M. Este ano foron case 150.000 euros o diñeiro que a Secretaría Xeral de Medios repartiu entre os grandes medios galegos. Unha cifra que aumentou 25.000 euros con respecto ao pasado ano e que se triplicou con respecto ao 2016.

16 MILLÓNS LICITADOS

Con estas novas axudas ao medios, a Xunta leva xa licitados case 16 millóns de euros para repartir entre os grandes medios nun ano, ademais, que ven marcado por tres citas electorais; as xerais adiantadas, as municipais e as europeas."                   (Galicia Confidencial, 20/03/19)

9/11/18

Feijóo critica las autovías con peaje en sombra que él mismo diseñó como conselleiro de Fraga

"En junio de 2005, cuatro días antes de las elecciones autonómicas que apartarían al PP de Manuel Fraga de la Xunta, el entonces conselleiro de Obras Públicas, Alberto Núñez Feijóo, adjudicó con un modelo de colaboración público-privada de peaje en sombra el desdoblamiento en autovía de la anterior vía rápida de la comarca de O Salnés y dejó licitada la de O Barbanza. 

Este miércoles, más de trece años después, el propio Feijóo culpó al gobierno bipartito de PSdeG y BNG que gobernó Galicia entre aquel momento y su vuelta a la Xunta en 2009, que ejecutó aquellas obras, de la deuda pendiente de pagar por aquellas autovías diseñadas por él mismo. “Dejaron a deber más de mil millones de euros en concesiones que estamos pagando año tras año de todas las autovías que ustedes desdoblaron”, dijo.


En la sesión de control al Gobierno de este miércoles en el Parlamento gallego el PSdeG preguntó a Feijóo por el incumplimiento del plan de nuevas infraestructuras viarias que presentó en 2010. El presidente se escudó en la crisis que se vivió en esos años y en las deudas heredadas, obviando la apreciación del portavoz socialista, Xoaquín Fernández Leiceaga, de que el plan fue lanzado un año después de la vuelta de Feijóo a la Xunta, por lo que debiera ser conocedor de la situación existente. “O bien era pura propaganda”, sentenció Leiceaga.

Según la última evaluación realizada por el Consello de Cuentas, el ente fiscalizador de las cuentas públicas autonómicas equivalente al Tribunal de Cuentas estatal, a finales de 2016 la Xunta tenía pendientes de pagar por la Autovía de O Salnés 145 millones de euros hasta 2035, por la de O Barbanza 281 millones hasta 2036 y por la de la Costa da Morte 622 millones hasta 2038."                    (David Reinero, eldiario.es, 27/09/18)

28/9/18

La ruina de Puerto Seco: el segundo recinto industrial de España es un solar desierto

"La que estaba llamada a ser la segunda superficie industrial de España es hoy, 18 años y 130 millones de euros después, un enorme descampado. 

Un descampado voraz, que sigue engullendo cada año varios millones de euros de las distintas administraciones que la pusieron en marcha. Xunta, Autoridad Portuaria y Zona Franca de Vigo iniciaron en 2000 los trámites para crear la Plataforma Logística e Industrial Salvaterra-As Neves (Plisan), también conocida como Puerto Seco, y convertir sus 4,2 millones de metros cuadrados en el mayor polígono industrial de la Eurorregión Galicia-Norte de Portugal.

 Cuatrocientas empresas, se aseguró entonces, estaban ya interesadas en asentarse en lo que, transcurridas casi dos décadas, no es más que un paisaje lunar sin ninguna actividad.

La autopista fantasma que enlaza la A-52 Vigo-Madrid con el inexistente parque industrial es solo la punta del iceberg. El gasto en esa infraestructura de 4,5 kilómetros, construida desde hace cuatro años pero cerrada al tráfico en su mayor parte, ascendió a 18 millones de euros, a los que habría que añadir los 10,5 millones más que costó el nudo de enlace. 

Los vecinos la utilizan para dar paseos. Es una metáfora perfecta de lo que ocurre al final de su trazado: los terrenos en los que se van a enterrar 200 millones de euros, si se cumplen las previsiones presupuestarias iniciales. Y van camino de superarse, porque la tramitación del Puerto Seco es una sucesión de tropiezos administrativos millonarios, incluida una inadecuada valoración de los derechos mineros de los propietarios o la inclusión de terrenos de protección forestal. 

José María Vicente es uno de esos antiguos propietarios. Cubierto por un gran sombrero y transistor en mano, pasea una soleada mañana de septiembre por otra autovía no menos ociosa: la que atraviesa la inmensidad de esta Plisan de la que ni se vislumbran los lindes, allá detrás del monte. 

Es un pensionista al que hace años pagaron lo que le correspondía por la expropiación de un pequeño terreno, pero no los derechos de extracción de áridos y arcillas, que no renuncia a cobrar. "Quiero lo que es mío", reivindica. Mientras tanto, camina ocioso por esa interminable sucesión de explanadas surcadas por cuatro anchos carriles, único vestigio que permite aventurar que aquí se proyecta algo muy grande.

El fracaso de la plataforma industrial lo es también del proyecto de desarrollo local de Salvaterra de Miño. La promesa de implantaciones industriales y la fiebre inmobiliaria de la pasada década provocaron una rabiosa actividad constructiva incitada principalmente por Caixanovala caja desaparecida tras su fusión con Caixa Galicia—, dejando tras de sí un millar de viviendas empantanadas y cientos de ellas sin concluir. En un municipio de apenas 9.000 habitantes, se nota. Solo en un año, 2005, se autorizaron 750 edificios y viviendas de nueva planta, caldo de cultivo para estafas que dejaron a muchos vecinos sin casas ni dinero.

Cualquiera de las vías de entrada a esta localidad ubicada 35 kilómetros al sur de Vigo, limítrofe con Portugal, es una retahíla de edificios inacabados que salpican el paisaje a ambos lados de la carretera. Otros, ya habitados, lucen ostentosos con sus seis y siete plantas rodeados de huertas y casas unifamiliares. "La Plisan cambió la fisonomía del pueblo", relata un vecino. Eran años en los que todo el mundo quería comprar una vivienda.

 "Y si encima te venden que el pueblo se va a convertir en una especie de capital industrial de la eurorregión, más", se lamenta. Tanto es así que incluso proliferaron los bares y restaurantes con el nada original nombre de Puerto Seco, de los que varios subsisten. El resultado de tamaña agitación es un casco urbano deformado, cientos de familias atrapadas por las hipotecas y una caja que recurrió a las preferentes para traspasar la ruina a sus clientes.

Pese al flagrante fiasco de la operación industrial y logística, nadie enarbola la bandera blanca. La Autoridad Portuaria aún presume en su web de lo que presenta como un "área especializada, de concentración de empresas y servicios logísticos, transporte de mercancías e intermodalidad, así como de actividades industriales, empresariales y servicios generales asociados". Como si ya fuera un hecho. Y el gasto suma y sigue. 

Los presupuestos del Estado de 2018 incluyen, a través del Puerto de Vigo, una partida de 13,1 millones para impulsar las obras, a los que habría que sumar otros 5,4 en 2019. Y el pasado mes de mayo, Zona Franca firmaba un contrato de urbanización por otros 7,32 millones de euros más IVA. Un cartel con pinta de reciente a un lado de la carretera informa de la "urbanización de la 1ª fase de los sistemas generales". Promueven: Xunta, Puerto y Zona Franca. Presupuesto: 13.537.759,58 euros.

La euforia con que defendía el proyecto la anterior delegada del Estado en la Zona Franca de Vigo, Teresa Pedrosa, contrasta con la tibieza de su nuevo responsable, David Regadas, que tomó posesión tras el cambio de Gobierno y se limita a considerar que "hay que acabarlo". La 'conselleira' de Infraestructuras, Ethel Vázquez, da el asunto por "desbloqueado de forma definitiva" y el presidente de la Autoridad Portuaria, Enrique López Veiga, insiste —aunque no demasiado— en que es una obra "urgente".

La plataforma sigue por lo tanto adelante. Es por ello que se anuncian nuevas inversiones, que chocan con nuevos problemas. El penúltimo: que en todo este tiempo nadie se acordó de solicitar permiso a la Confederación Hidrográfica del Miño Sil para las obras de la estación depuradora de aguas residuales (EDAR) de la primera fase, esencial para urbanizar las parcelas. La suerte, relativa, es que la comercialización de los primeros 100.000 metros cuadrados de suelo, a un precio de 50 euros el metro cuadrado, emprendida en noviembre, aún no ha dado resultados. No hay empresas interesadas.

La gran esperanza de la Plisan es en la actualidad un grupo inversor chino, Bright Food, propietario de la conservera viguesa Albo, supuestamente interesado en abrir una macroplanta en la controvertida plataforma logística. Bajo esa expectativa se justifican las nuevas inversiones. No sería la primera vez que el espantajo del capital asiático agita el gasto en el inacabado parque fronterizo. 

A finales de la pasada década, la intención de Mitsubishi —nunca confirmada— de instalar allí una gran fábrica de baterías para coches eléctricos enloqueció a todos los promotores del gran parque industrial, que se tiraban de los pelos por haber llegado a los juzgados por los derechos mineros. La Xunta, encargada de la gestión del suelo, trató de desbloquear el asunto y se prestó a pagar por la vía rápida lo que antes negaba, pero de los japoneses nunca más se supo.

El de los derechos mineros no fue el único desliz que se cometió con la multimillonaria actuación, pero sí el más sonado. De origen, todo partió de una expropiación que calculó mal las fincas afectadas y que no tuvo en cuenta que parte de la zona incluida era de protección forestal, como constataría años después el Tribunal Supremo. 

La consecuencia fue que una cuarta parte de las 400 hectáreas previstas tuvo que ser excluida del plan, precisamente la que correspondía a Zona Franca. La carambola obligó a las tres administraciones a deshacer la segregación y reordenar la planificación en su conjunto, ahora con el Puerto con un 60% del proyecto, la Zona Franca con un 21% y la Xunta con el 19% restante.

Todas las administraciones hablan de 2019 como el año en que finalmente la Plisan será una realidad, aunque sea con unas pocas empresas. Las facilidades para instalarse son máximas, con opción del derecho de superficie para las compañías interesadas, una especie de alquiler con opción de compra gratis el primer año y con un canon simbólico en los sucesivos. 

Pero como la hemeroteca está repleta de previsiones fallidas (2009, 2012, 2015, 2016…), nadie se fía. "Y eso que sería una gran cosa, trabajo para mis nietos y sobrinos", suspira José María Vicente, el pensionista expropiado, que se ajusta el sombrero y sigue adelante con su paseo a través de la nada."                  (Pablo López, El Confidencial, 2209/18)

20/7/18

Comeza o transvasamento de fondos de I+D das universidades para construír o novo edificio do Gaiás


 Cinco anos despois da paralización das obras que supuxo desbotar a construción dun Teatro da Ópera e tras o gasto duns 300 millóns de euros en obras -tres veces máis do previsto inicialmente-, Alberto Núñez Feijóo anunciaba que sobre os cimentos do que ía ser o teatro será erguido o chamado Edificio Fontán, unha sede para diversos organismos universitarios que custará 17 millóns de euros.

 Poucos días despois, o 11 de xuño, a Xunta puxo en marcha o transvasamento de fondos de I+D+i das universidades para comezar a financiar as obras.

Na explicación do que definira como un exercicio de "sentidiño económico" Feijóo xa anunciara a previsión de pagar este edificio con fondos propios do Goberno galego e tamén con cartos que xa estaba previsto destinar ás universidades. Isto é, con fondos do Plan de Financiamento destas institucións académicas. 

Segundo a operación tramitada pola Consellería de Educación o pasado xuño os primeiros 700.000 euros sairán, concretamente, do apartado dese plan de financiamento destinado ao "fomento da I+D+i", unha primeira inxección de 700.000 euros -a Consellería prevé que teñan esta orixe ata 2,5 millóns- que se xustifican no expediente alegando que o seu obxectivo é "impulsar un complexo de I+D+i do Sistema Universitario Galego", isto é, o devandito edificio do Gaiás.

 Estes fondos foron recolocados no orzamento de gastos da Fundación Cidade da Cultura dentro do epígrafe "construcións en curso" e coinciden exactamente co diñeiro que, segundo o procedemento de contratación das obras, a Xunta prevé gastar no proxecto durante este 2018.  

Este cronograma proxecta que en 2019 os gastos ascendan a 3,5 millóns, que en 2020 a anualidade sexa de 8,3 millóns e en 2021, de 4,5 millóns máis. Así, ata chegar aos 17 millóns de euros previstos. Na documentación non hai referencia ningunha a posible financiamento estatal, que Feijóo suxeriu na súa presentación pero que nin mencionou na súa xuntanza desta semana con Pedro Sánchez.

Na documentación do proxecto inclúense abondosas explicacións do arquitecto Andrés Perea, deseñador do edificio que xa ocupara a dirección das obras das primeiras construcións no Gaiás. Perea, que na comisión de investigación sobre as obras gabara a Cidade da Cultura como "obra mestra moi traballada" e "dunha coherencia insólita", xustifica agora que o edificio non previsto no proxecto inicial de Peter Eisenman encaixará sen problemas no monte.

 Esta actuación na Cidade da Cultura, di a documentación, "responde a un tempo maxistral na obra" do arquitecto estadounidense e foi "resultado dunha empresa política eficiente na que foron convocadas as empresas, oficios e técnicos galegos". "A coherencia do proposto polo arquitecto americano e o construído é (...) incuestionable" e este novo edificio, asegura, engade "significado ao construído".

"Un proxecto neste lugar remedando o imaxinario de Peter Eisenman -detalla- resultaría patético e inadecuado" e mesmo podería "incorrer en vulneración dos dereitos de propiedade intelectual". No entanto, este novo deseño "comprometido co seu tempo" será "un proxecto que aterra, case ingrávido, no contexto matérico e inmoble da obra de Eisenman, sen nostalxias nin retóricas" e vaise "integrar" sen "mimetizarse cos edificios existentes".       (David Lombao, Praza Pública, 18/07/18)

14/6/18

Feijóo reactiva el mausoleo de Fraga que paralizó en 2013 con un edificio de 17 M

"La Ciudad de la Cultura de Galicia es ese complejo imaginado por Manuel Fraga sobre un monte de Santiago que debía discutirle el protagonismo a la mismísima catedral. Corría 1999 y nadie en el PP osaba cuestionar lo que disponía don Manuel; ni siquiera Alberto Núñez Feijóo, que, como vicepresidente del último Gobierno de Fraga, dejó atado en un Consello de la Xunta de julio de 2005, cuando el PP ya había perdido las elecciones, la contratación de los dos últimos edificios.

 Las obras quedaran inacabadas porque, ya como presidente, y apenas un año después de enterrar al fundador del partido, Feijóo decretó su paralización. Ahora acaba de anunciar que se reanuda aquel “enorme y costoso elefante blanco”, como llegó a calificarlo el periódico 'The Guardian', con la creación de un nuevo edificio de uso universitario.

“La Galicia que decidió hacer el proyecto era la de la bonanza y la que yo gestiono es la de la crisis”, sentenció en 2013 el presidente de la Xunta para explicar la paralización de las obras, que llegó cuando el gasto ya se había disparado por encima de los 300 millones de euros, 200 millones más de los presupuestados. 

Ahora apela al 'sentidiño' económico para justificar una decisión “responsable para las arcas públicas”: la de construir sobre la estructura de lo que iba a ser el Teatro de la Ópera la sede del hasta ahora inexistente Consorcio Universitario de Galicia

Es “la más económica de todas las alternativas disponibles”, sostuvo, ya que construirlo en otro lugar “costaría 30 millones” y su gasto excede en apenas siete millones el presupuesto necesario para derruir lo construido.

El nuevo edificio que Feijóo acaba de anunciar tiene un notable valor simbólico, aunque su presupuesto se mueva en unos parámetros muy inferiores a los que inicialmente aceptaba su antecesor en el PP de Galicia. Lo que es más discutible es su utilidad, como se ha encargado de subrayar la oposición. “Seguir dilapidando 17 millones más en terminar el mausoleo de Fraga. ¿Esta quiere ser la guinda de la era Feijóo en Galicia?”, se preguntó Ana Pontón, del BNG, que recordó que las obras se paralizaron mediante un acuerdo en el Parlamento de Galicia aún en vigor.  

Xoaquín Fernández Leiceaga, del PSdeG, dijo que 17 millones serían una “cantidad importante” si se sumasen a otros fines como “la financiación de la investigación”, y Antón Sánchez, de En Marea, criticó el regreso “al despilfarro” y precisó que “debe haber otras prioridades”.

Más que un símbolo de la bonanza, la Ciudad de la Cultura lo fue de la opulencia. Su creador, el arquitecto estadounidense Peter Eisenman, reconoció en una entrevista en 2010 que no se cansó de advertir de que la cosa no saldría barata.

 “Nosotros decíamos que sería demasiado caro. Él [Manuel Fraga] respondía: ese no es su problema. Decíamos que en la biblioteca cabían 250.000 libros y pedían un millón. Eso hemos hecho”. Tampoco los sobrecostes asustaban al fundador del PP. 

“El tiempo pasa y las cosas tienden a subir”, se justificaba. Lo importante para él era que, una vez acabada, Galicia tendría, “además del Pórtico de la Gloria y las torres barrocas de la plaza [del Obradoiro], algo que será capaz de sonar en todo el mundo”.

En ese contexto de polémica se movió siempre el proyecto. El Consello de Contas, por ejemplo, concluyó que el Gobierno de Fraga “abdicó de la gestión prudente de los recursos públicos”. Durante la comisión de investigación impulsada durante el breve mandato del Gobierno bipartito (2005-2009), se puso de manifiesto que el responsable máximo de controlar ese presupuesto era el cuñado de Mariano Rajoy, que accedió al puesto de director financiero de la Fundación Cidade da Cultura sin apenas experiencia profesional. 

Se trata de Manuel Fernández Balboa, hermano de Elvira, la mujer del hoy presidente del Gobierno, que accedió al cargo a los 29 años con un currículo que cabía en un folio. Su experiencia profesional se limitaba a becario por un año en Caixa Pontevedra y jefe de explotación provincial del Grupo Dragados. En su formación académica, solo constaba una licenciatura en Ciencias Económicas y Empresariales y un máster MBA.

Del entorno de íntimos de Rajoy, lo que en círculos políticos se conoce como el clan de Pontevedra, surgió también otro nombre importante de la Ciudad de la Cultura: el de Alfredo Díaz Grande, marido de la diputada Pilar Rojo, a quien se encomendó la coordinación del concurso internacional que encargó a Peter Eisenman el proyecto, de acuerdo con el empeño personal de Fraga. 

En su intervención ante la comisión, Díaz Grande aseguró carecer de memoria suficiente para explicar su contrato ni sus retribuciones, y dejó sin respuesta todas las preguntas que le formularon los portavoces del PSdeG y del BNG. “Han pasado ocho años y no me acuerdo de más historias”, zanjó.

El informe final de la comisión de investigación, que se aprobó con el voto en contra del PP, atribuyó todo lo sucedido con la Ciudad de la Cultura a “un sueño” de Fraga, recogiendo una expresión del propio expresidente en su comparecencia ante la comisión.

 “Un sueño del entonces presidente que no fue fruto de ningún proceso racional de estudio, reflexión y participación”, sino que fue creciendo “impulsado por directrices políticas y partidarias carentes de racionalidad económica y administrativa, en especial a partir de las elecciones de 2001”.

Tras escuchar a los más de 30 comparecientes y examinar los miles de documentos remitidos por la Xunta al Parlamento, el informe aprobado denunciaba las deficiencias de contratos y adjudicaciones relacionadas con el proyecto, así como el vínculo establecido por la fundación con empresas en cuyos órganos directivos figuran antiguos altos cargos de la Xunta.

En la comisión de investigación salió a relucir otro de los aspectos más borrosos de la Ciudad de la Cultura, el de la piedra rosada que debía revestir los seis edificios del complejo, una cuarcita que se extraía en la cantera del entonces alcalde de Ortigueira, Antonio Campo, del Partido Popular. Según deslizó la Xunta, por decisión de Eisenman. 

Según desvelaría este después, por orden del Gobierno gallego. Ocurrió que en 2008, a mitad de la obra, tal y como habían advertido varios informes, se agotó el filón de la piedra y hubo que buscar un material de características similares en el estado brasileño de Minas Gerais para traerlo desde allí."            (Pablo López, El Confidencial, 30/05/18)