Mostrando entradas con la etiqueta Arte: literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Arte: literatura. Mostrar todas las entradas

31/10/23

La proeza literaria de Yolanda Castaño: así logró la Premio Nacional de Poesía vivir de sus versos en gallego... La escritora recita por todo el mundo, organiza certámenes y un taller de traductores... Pero el “proyecto de su vida” es Residencia Literaria 1863, una casa de poetas que abrió en febrero de 2019 en un piso del siglo XIX de A Coruña. En su compra y remodelación invirtió todos sus ahorros y se echó a los hombros una hipoteca que deberá pagar hasta su jubilación. No encontró ayudas públicas ni privadas, y pasó graves apuros económicos, en parte porque tuvo que cerrar por la pandemia

 "Ganar el Premio Nacional de Poesía 2023 es lo segundo más difícil que ha logrado en su vida Yolanda Castaño (Santiago de Compostela, 46 años). Ella tiene muy claro qué proeza ocupa el primer puesto en ese podio: vivir de la poesía. Escribió sus primeros versos con siete años y creció escuchando el mantra de que llenar la nevera gestando poemas era simplemente imposible. Fue poco a poco, pero acabó consiguiéndolo. El secreto, desvela, está en “multiplicar los frentes y los circuitos”. 

Además de escribir, la autora del poemario Materia (2022) da charlas en bibliotecas e institutos de secundaria. Recita igual en un centro cultural de pueblo que en certámenes de renombre en el extranjero. Organiza cónclaves multiculturales de traducción poética en una isla en medio de la ría de Vigo y ha invertido sus ahorros en gestionar una residencia en A Coruña en la que recalan artistas de todo el mundo. “Viajo con mi poesía en gallego por Japón, la India, China o Kenia, pero el primer desplazamiento que hice con ella fue en EGB, de tercero A a tercero B: fui a recitarles un poema a mis compañeras”, recuerda. Se convirtió en “la poeta del cole”.

Castaño se estrenó en un primer certamen siendo una adolescente. Quería ganar dinero para comprarse unos pantalones de cuero y se hizo con el primer premio. Otro de los galardones cuando cursaba COU le permitió publicar su poemario de debut, Elevar as pálpebras (1995). Empezó a recitar por Galicia adelante. Al principio se financiaba ella el autobús. Luego logró cobrar el transporte y, a base de “militancia y pedagogía”, consiguió que le pagaran por declamar. Hoy ya casi nadie le propone trabajar gratis. “Hay que democratizar la cultura, pero la gratuidad no puede recaer sobre los hombros de las creadoras”, reivindica. “Hay cierto concepto de solidaridad y de militancia mal entendidas que [a los trabajadores de la cultura] nos intenta pagar con una moneda simbólica cuando vivimos en el mismo sistema económico que el resto de las personas”.

En Galicia no corren malos tiempos para la lírica. Poetas en lengua gallega se han llevado tres de los cinco últimos premios nacionales que otorga el Ministerio de Cultura. Todas ellas son mujeres. Castaño ve en este otro prodigio literario la semilla de Rosalía de Castro. “Una niña gallega está un pasito más cerca de lanzarse a escribir que una murciana o cántabra porque tiene un referente”, esgrime. “Hay muy pocas literaturas en el mundo en las que la figura estandarte sea una mujer. Eso sobrevuela el imaginario colectivo de manera inconsciente”. La perspectiva feminista en la poesía gallega estalló a finales del siglo pasado, una década antes que en la española, destaca Castaño. En los noventa, ella y otras colegas como Olga Novo (Premio Nacional de Poesía 2020), Lupe Gómez o Emma Pedreira ya escribían en gallego revolucionarios versos sobre el cuerpo femenino y volteaban los roles clásicos situando a la mujer “como sujeto pensante, no como objeto pensado”.

Castaño cree que el menosprecio sufrido por la lengua y cultura gallegas contra el que ya escribían los escritores del Rexurdimento en el siglo XIX ha podido influir para bien en el nivel poético de sus autores: “Un cierto complejo de inferioridad bien enfocado, en vez de aplastarte, puede sacar de ti una voluntad de demostrar que puedes hacer cosas que valen la pena. En la cultura gallega veo ambición creativa, capacidad de riesgo, excelencia, criterios propios y multilateralidad, porque se mira tanto a Londres como a Barcelona o Buenos Aires”. Los poetas de esta tierra son herederos además de una tradición literaria “riquísima”, que se remonta al medievo. “Las que no ayudan son las instituciones, ni el mercado ni los circuitos”, lamenta. “No tenemos instituciones que nos propulsen como a otros”, añade. Pone como ejemplo a seguir a Eslovenia, “uno de los bastiones culturales de Europa en cuanto a literatura”. Lleva 15 años relacionada con este pequeño país con una población similar a la de Galicia y en el que acaba de dirigir un festival internacional, Days of Poetry and Wine. Allí, en los países nórdicos y en Irlanda, la administración impulsa iniciativas de apoyo a los poetas “impensables” en España, subraya. El dinero público, por ejemplo, se destina a financiar a escritores consolidados para que tutoricen a artistas emergentes. Y los dos cobran por ello.

Licenciada en Filología Hispánica y autora de obras como Vivimos no ciclo das erofanías (1998) o Profundidade de campo (2007), Castaño ha recibido el Premio Nacional de Poesía por Materia. Son poemas que nacieron en esa etapa biológica en la que, presionada por la edad, tuvo que pararse a pensar si quería ser madre. De esa toma de decisión han brotado versos críticos con la crianza y una reflexión sobre la familia y la desigualdad en el reparto de los cuidados. Castaño visibiliza en Materia la renuncia a la maternidad por la que ella se ha decantado. Pero “sin dogmas”, puntualiza, “dando espacio a las dudas, ambigüedades, contradicciones y pequeños remordimientos”. Censura que las madres sean aplaudidas en unos sitios y denostadas en otros, y que lo mismo le ocurra a las que optan por no serlo. “No seremos libres hasta que todas las opciones estén igual de legitimadas”, afirma. Ella se siente más cerca de “las luchas de las madres reflexivas, críticas y disidentes que de las que deciden no serlo de forma inconsciente y acrítica”.

Castaño, cuya obra ha sido traducida a una veintena de idiomas incluido el castellano, dirige en A Coruña, la ciudad en la que reside, un certamen internacional que acoge a lo largo del año a poetas de todo el mundo. Poetas Di(n)versos se celebra desde 2009. Han pasado por él premios Pulitzer y Cervantes, candidatos al Nobel y voces de Irak, Nueva Zelanda, Cuba, Chad, Singapur o Japón. En noviembre recibirá al actor y también poeta Viggo Mortensen y, en diciembre, a la nicaragüense Gioconda Belli. Otra de las iniciativas de Castaño se desarrolla en la isla de San Simón, en la ría de Vigo, donde desde hace 12 años organiza un taller internacional de traducción poética. Seis profesionales conviven en este enclave durante una semana y cada uno traduce a su lengua los versos de los demás.

Pero el “proyecto de su vida” es Residencia Literaria 1863, una casa de poetas que abrió en febrero de 2019 en un piso del siglo XIX de A Coruña. En su compra y remodelación invirtió todos sus ahorros y se echó a los hombros una hipoteca que deberá pagar hasta su jubilación. No encontró ayudas públicas ni privadas, y pasó graves apuros económicos, en parte porque tuvo que cerrar por la pandemia. La iniciativa la tuvo tan absorbida que pasaron ocho años entre Materia y su poemario anterior. Ahora la residencia está muy viva. Suscribe convenios con entidades extranjeras que promocionan las letras de sus respectivos países para que patrocinen la estancia de los autores durante un mes. En julio, estuvo alojada una escritora checa; en agosto, un dominicano. Para el año que viene ya está completa.

Castaño defiende el modelo de residencia artística porque lo conoce bien. Se ha alojado en varias desde 2010, en Rodas, Múnich o Pekín, y las considera una ayuda eficaz. “Los premios son un reconocimiento a posteriori, pero la ayuda debe venir durante el proceso de creación”, explica. “Debe dar espacio, tiempo y condiciones para desarrollar la obra en medio de la vida personal y profesional de cada uno”.

Castaño augura prosperidad a la poesía. Ve lenguaje poético en letras de canciones, en eslóganes publicitarios y hasta en las redes sociales: “Estamos más cerca de la poesía de lo que pensamos. La síntesis, el juego, romper la gramática, el doble sentido, la metáfora… todo eso está al orden del día. Simplemente hay que abrir la mirada”. Ante la amenaza distópica de la inteligencia artificial, desconfía de que se creen “máquinas poetas” que venzan la creatividad del ser humano: “Podrían tener su circuito, hay quien se alimenta solo de procesados… Pero siempre quedará otra parte de la cultura que es expresión humana, esencialmente humana, y que sigue progresando, que no repite modelos ya hechos”.

(Sonia Vizoso, El País, 29/10/23)

13/1/23

O Xestal, el humorista incómodo: superventas en casete, activista y perseguido por ser homosexual

 "En el cementerio de Razo, en Carballo (A Coruña), en una línea vertical de sepulturas bajo una placa de mármol en la que se lee “Sacerdotes y pobres”, un nicho estuvo ocupado durante muchos años sin ningún tipo de identificación. Los restos habían llegado allí desde otro nicho que una vecina había prestado para que se pudiese celebrar el entierro el 4 de enero de 1993. Durante treinta años, de tumba en tumba, nadie se había preocupado nunca de encargar una lápida para dignificarla con nombre y apellidos. 

 Aquellos eran los restos de Carlos Díaz, o Xestal, uno de los humoristas gallegos más populares de los años 60 y 70 del pasado siglo, con una historia personal entre el éxito y la amargura. Estos días, 30 años después de su muerte y en el 90 aniversario de su nacimiento, el Concello de Carballo ha realizado el primer acto del año que le dedica ante esa tumba, buscándole una nueva sepultura digna que recuerde su figura.

 Nacido en el barrio coruñés de Monte Alto en 1933, Carlos Díaz Gestal, conocido como o Xestal, fue mucho más que un popular humorista convertido en superventas de cintas de casete. Fue un gran amante y estudioso de la música tradicional, que trabajó por recuperar, impulsor de formaciones musicales y activista en la lucha vecinal por salvar el arenal de Baldaio a mediados de los años 70. Hasta que una denuncia por corrupción de menores lo llevó a la cárcel, donde sufrió vejaciones y quedó sumido en el ostracismo.

En pleno franquismo, siendo muy joven, o Xestal se convirtió en una celebridad local narrando cuentos e historias en gallego en el programa Desfile de estrellas de Radio Nacional de España. “Contaba historias donde los héroes eran la gente del pueblo, la más humilde, que salía triunfadora mediante el ingenio y la ironía, hablando en gallego, algo insólito en aquel momento en la radio”, relata el escritor Manuel Rivas en su libro As voces baixas (Xerais, 2012). En esta obra de carácter autobiográfico Rivas rememora cómo él y su familia oían al humorista en la radio todos los domingos al mediodía. “O Xestal hacía reír a casi todo el mundo riéndose de todo el mundo, con aguijones que picaban la piel susceptible de los tabúes y los complejos”, escribió Rivas sobre este artista, que después se iría con su madre a vivir al campo, a la aldea de Lema, en Carballo, buscando una mayor conexión con la tierra y los campesinos, donde se sentía cómodo y libre desplazándose en su caballo.

“O Xestal era un fenómeno de masas. Lo vi de niño actuar en A Lomba, el campo de fútbol de Vilagarcía, y las gradas estaban a tope, podría haber 2.000 personas”, rememora el actor y humorista Carlos Blanco, que se podría considerar un heredero de la tradición contadora de aquellos años 60 y 70.

“Era un heterodoxo que, gracias a su talento, supo encontrar en el humor un camino para salir adelante en el contexto hostil del franquismo. No existen muchos personajes como él”, explica el músico y escritor Xurxo Souto, que participa activamente en la rehabilitación de su figura. Souto conoció a o Xestal a principios de los 90, en los últimos años de su vida, gracias a su trabajo como guionista en diversos programas de TVG. El humorista descubría en la televisión una nueva plataforma para contar aquellas historias que años atrás lo habían hecho popular. Desde 1961, año en el que hay constancia de sus primeras grabaciones, se calcula que O Xestal registró más de 20 trabajos discográficos o en casete, algunos de ellos descatalogados, entre música tradicional y humor.

Superventas en casete

Muchas de esas cintas fueron superventas y se llegó a publicar en la prensa de Madrid que era el que más casetes vendía en el apartado de grabaciones no musicales. Sus chistes y cuentos eran un clásico que las familias escuchaban en los aparatos de los coches en las tortuosas carreteras de la época. Unas historias con carga reivindicativa, frente al perfil de otros artistas de casete como Arévalo, el humorista que ahora apoya a Vox, que hacía un humor basado en la burla a los gangosos o en los chistes homófobos, que él llamaba “de mariquitas”.

 Un día Xurxo Souto le propuso a o Xestal que se animase también a cantar alguno de sus temas tradicionales rescatados. El guionista le pidió que le trajera un máster con la música grabada, porque tendrían que hacerlo en playback. “Apareció con un viejo casete regrabado, manoseado y con unas letras escritas a mano que ponían AC/DC”, rememora Souto. Entre otros temas, el viejo casete contenía la canción tradicional Apaga o candil, que el humorista cantaría en el programa Luar apenas dos meses antes de fallecer con solo 59 años, víctima de un derrame cerebral. La canción acabaría siendo muy popular al ser cantada al final de cada emisión.

A él se le atribuye la recuperación de la Marcha do Antigo Reino de Galicia, tema de 1528 que él volvió a grabar en un disco en 1968 con su grupo folklórico, convirtiéndose poco a poco en una marcha solemne en actos institucionales. También fundó el coro Aires de Bergantiños o participó en agrupaciones históricas como Cántigas da Terra, Follas Novas o Toxos e Froles. El artista creó un híbrido hasta aquel momento desconocido, con grabaciones y actuaciones que mezclaban música tradicional y cuentos. Se preocupó por dignificar el folklore y por visibilizar la música y la lengua gallegas. “Había aprendido declamación y formas de hablar en las foliadas. Se ofrecía por las aldeas a trabajar gratis de jornalero a cambio de escuchar cantar y contar historias a la gente mayor y aprender de ellos”, explica Xurxo Souto.

O Xestal grabó en 1961 su primer disco, Cuentos Gallegos, con tres relatos. Al poco tiempo se convirtió en una celebridad y ya en 1964 fue condecorado con la Medalla al Mérito del Turismo, que le concedió en el franquismo Manuel Fraga. Sin embargo, su éxito como contador no fue bien recibido por otros sectores culturales en Galicia. “Cuando comenzó el movimiento de canción protesta Voces Ceibes, fui juzgado por muchos como un fascista terrible”, manifestó en una entrevista que en 1978 concedió a Xosé Ramón Pousa en el semanario A Nosa Terra.

 “Creo que Voces Ceibes no calibraron bien quién era o Xestal: un artista muy reivindicativo, con una dignidad absoluta y honesto con sus principios”, opina Souto sobre esta confesión amarga del humorista. “Era diferente a otros cómicos de la época como Xan das Bolas, que siempre hacía papeles de sereno gallego en Madrid. Aquí había un humor crítico, con curas, caciques o madrileños, con un elemento ideológico de perfil galleguista y orgullo de país”, reflexiona el actor Carlos Blanco.

Con el auge de la emigración gallega a los países europeos, en los años 60 y 70, el humor de o Xestal comenzó a traspasar fronteras. Amparado por el entusiasmo de los emigrantes, se abría para los artistas gallegos un nuevo circuito de actuaciones hasta el momento inédito. Siguiendo el camino de músicos como Ana Kiro o Los Tamara, o Xestal pasó en estas décadas por países como Holanda, Inglaterra, Suiza o Alemania, sin descuidar el mercado americano. Hubo incluso ediciones específicas de discos suyos para países como Uruguay y Venezuela, con una repercusión en decenas de miles de personas. Pese a este logro, llegó a declarar que su éxito no le reportaba tantos beneficios a nivel económico: “Grababa hoy un disco en Madrid y mañana tenía que sachar patatas con mi madre para poder sobrevivir”.

Su activismo

El humorista nunca olvidó de dónde venía. Apoyó desinteresadamente numerosos conciertos benéficos y acciones reivindicativas de los últimos años del franquismo y primeros de la Transición, y siempre permaneció apegado a su aldea de acogida. Tanto fue impulsor de la llegada de la luz eléctrica a su aldea, como activista ecológico en las protestas para recuperar para las mariscadoras el arenal de Baldaio. Allí tuvo lugar en mayo de 1977 una de las grandes protestas de la Transición, contra su privatización encubierta. Una empresa había obtenido años antes el beneplácito del franquismo para que la extracción de arena pudiese alimentar la voracidad constructora del desarrollismo de la época. Megáfono en mano, o Xestal puso su popularidad y su oratoria al servicio del pueblo, arengando a los manifestantes, que fueron recibidos a culatazos, con porras y botes de humo por la Guardia Civil. El humorista fue identificado como uno de los cabecillas y multado con 50.000 pesetas, una gran suma para la época. Pero la repercusión de la protesta tuvo un gran alcance mediático y serviría para acabar frenando aquel despropósito ambiental. 

 O Xestal estaba en ese momento en la cresta de la ola, hasta que las cosas se torcieron. “De repente desapareció su voz en la radio. Hasta que un día me encontré una noticia donde reaparecía, pero en las páginas de sucesos. Una nota policial hablaba de una redada en la que habían sido detenidas personas consideradas 'peligros sociales'. Entre ellos o Xestal. Sufrió malos tratos y humillación en la prisión de Badajoz. Todo eso por el delito de ser homosexual”, narra el escritor Manuel Rivas en As Voces Baixas sobre el episodio que marca un punto de inflexión en la vida del entonces popular humorista. O Xestal es encarcelado aplicándole la ley de peligrosidad y rehabilitación social, que en plena Transición todavía consideraba un delito la homosexualidad y que siguió vigente hasta finales de 1978.

La represión por ser homosexual

“Me encerraron en un centro de rehabilitación acusado de corrupción de menores, por un delito no probado. Enfermé en la cárcel de Badajoz; el director era un animal y estuve a punto de morir por falta de atención sanitaria”, relató en la entrevista en A Nosa Terra en 1978. “Las cárceles son un gran negocio del Estado para alimentar a gran parte de las fuerzas del orden”, dijo en unas declaraciones arriesgadas en el contexto de represión policial de aquel momento.

“Hay un malditismo que pesa sobre su figura y una acusación que le costó muy cara. Creo que fue una caza de brujas y posiblemente fue víctima de una homofobia muy grande en una época en la que ser gay era difícil”, reflexiona el actor Carlos Blanco, quien en 1994, un año después de la muerte del artista, participó de un multitudinario homenaje que reivindicó su figura en Carballo. “Yo lo comparo con el 'caso Arny', el bar de Sevilla donde muchos homosexuales muy conocidos sufrieron algo semejante”, analiza el actor de Arousa estableciendo un paralelismo con este caso que en 1995 supuso un juicio paralelo mediático a figuras tan populares como Jorge Cadaval, Javier Gurruchaga o Jesús Vázquez. Todos resultarían absueltos, pero algunos tardarían varios años en volver a ser contratados para nuevos proyectos.

“Más allá de su figura como artista, él vive con su madre en una casa en la aldea, lo cual le genera un estigma muy grande y su figura cae unos años en el ostracismo”, afirma Xurxo Souto. Desaparece la radio y el ritmo de registros sonoros disminuyó hasta que, a finales de los ochenta, el nacimiento de los medios de comunicación autonómicos en lengua gallega le supone una segunda oportunidad. “Me parecía una personalidad frágil y muy sensible. Cuando lo conocí en televisión lo recuerdo un poco descuidado, como si no contase con volver a los escenarios”, rememora Xurxo Souto, que recalca su influencia en el mundo de la música tradicional, recogida por grupos como Treixadura. Muy relevante es también su influencia como contador de historias. “Pertenezco a una generación que ha recogido su legado como contador. Antes de él estuvo Joselín, un poco después, Farruco Bernal y después, mi generación”, relata Carlos Blanco, sobre nombres como Quico Cadaval, Avelino González o Candido Pazó, que también ha reivindicado públicamente también la figura de o Xestal. 

Sea como contador de historias, como músico rescatador del folklore o como activista social, este es el año de reconocimiento de o Xestal, “cuya biografía merecería un guion”, sostiene Carlos Blanco. Su vida, entre el humor y los malos momentos, la resume Manuel Rivas en estas líneas de As Voces Baixas: “Entrelazados con su biografía, sus cuentos tradicionales adquieren otro sentido. Había mucho dolor detrás del humor”.                       (Alfonso Pato  , eldiario.es, 7 de enero de 2023)

3/9/21

Se crio usted en un pueblo de 300 habitantes, Vilardevós, ¿Qué rasgos de su personalidad responden a esa circunstancia? El humor, porque he crecido rodeado de gente que se tomaba a sí misma muy poco en serio y que pasa la vida contando cosas con retranca. El escepticismo, porque siempre que alguien alardea de algo allí se resoplaba para dentro. Y quizás el fatalismo: Galicia es una tierra increíble en la que ha prendido una lenta decadencia y por eso está condenada a desaparecer...

"Juan Tallón (Vilardevós, 46 años) recuerda perfectamente dónde leyó Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, uno de los libros que más le han marcado en su vida: en el lavabo de la casa de sus padres, en Vilardevós, un pequeño pueblo de Ourense, provincia de la que escapó después de haber narrado como periodista local “hasta el suceso más ridículo” y a la que ha regresado para llevar una plácida vida de escritor de novelas.

 La última, Rewind, uno de los inesperados fenómenos editoriales de la pandemia, aborda el oscurísimo relato coral de unos estudiantes que sobreviven a una terrible explosión. Socarrón y más gallego que el licor café, este columnista habitual de la prensa en la que se publican las mejores columnas, la de provincias, se escapa a Madrid siempre que puede “a despilfarrar dinero”.

 Pregunta. Se crio usted en un pueblo de 300 habitantes. ¿Qué rasgos de su personalidad responden a esa circunstancia?

Respuesta. El humor, porque he crecido rodeado de gente que se tomaba a sí misma muy poco en serio y que pasa la vida contando cosas con retranca. El escepticismo, porque siempre que alguien alardea de algo allí se resoplaba para dentro. Y quizás el fatalismo: Galicia es una tierra increíble en la que ha prendido una lenta decadencia y por eso está condenada a desaparecer. Y cuando estás convencido de que todo lo que te rodea va a desaparecer solo puedes tener una visión fatalista de la vida. Ah, también lo de ser muy exagerado.

 P. ¿Son escritores sus amigos de Vilardevós?

R. Ah, no, no, no. Son albañiles, camioneros, carniceros. Esos son mis amigos de Vilardevós.

P. ¿Y de qué hablan cuando están juntos?

R. Desde luego, ni de carnicería ni de albañilería ni de literatura. Todo lo que no caiga en esos territorios es de lo que hablamos. Son las personas más divertidas del mundo.

P. ¿Se puede ser pueblerino siendo de ciudad?

R. Los pueblerinos son esas personas pacatas incapaces de ponerse en el lugar del otro y de tomarse con sorna sus propios defectos. Me niego a entender pueblerino como relativo al pueblo, aunque obviamente etimológicamente venga de ahí. Yo en mi pueblo no he conocido a pueblerinos, he conocido a gente inculta, claro, pero eso es otra cosa muy distinta.

 P. ¿Y ha conocido a muchos pueblerinos en Madrid?

R. No quiero convertir esto en un debate que tenga que ver con Madrid porque allí están hoy mis amigos, los escritores que admiro y a los que me gusta visitar, pero sí he visto en las grandes ciudades personas dispuestas a sentirse superiores a otros que vienen de fuera cuando fuera coincide con una pequeña provincia.

P. El director de Vanity Fair, Graydon Carter, admitió una vez que se hizo pasar por judío en Nueva York para poder entrar en intelectualidad progresista de la ciudad. ¿Es necesario hacerse pasar por gallego para entrar en algunos círculos?

R. Cualquier persona que trate de hacerse pasar por algo que no es, pues yo creo que es lo que todos entendemos por gilipollas, ¿no?

P. ¿Qué pasa si un columnista no sale por las noches y no se emborracha y no abusa de sustancias?

R. Pues que al día siguiente madruga y está más lúcido y puede ir al gimnasio y llevar a la niña al colegio y, aun así, permitirse escribir una buena columna. No he conocido a nadie que escriba mejor borracho que sobrio.

P. Stephen King ha contado que escribió Cujo completamente puesto de cocaína y bebido.

R. No le conozco personalmente, pero en cuanto lo haga podré decir que sí, efectivamente, hay alguien a quien el alcohol le ayuda a escribir libros. El alcohol, si acaso, puede ayudar a posponer la escritura de libros.

P. Juan Benet decía que los empresarios catalanes venían a Madrid a buscar alcohol y los vascos aventuras extramatrimoniales. ¿Usted qué viene a buscar a Madrid cuando se escapa de Ourense?

R. Yo nunca he hecho un buen negocio en Madrid. Cuando voy es a ver a mis amigos, a mis editores y a despilfarrar dinero.

P. ¿Y en qué se lo gasta?

R. Bueno, el dinero que se despilfarra es por definición uno que no se recuerda.

P. ¿Qué es la cosa más extraña que ha hecho para documentarse para una novela?

R. Quizá aceptar un trabajo como escritor de discursos para un ministro en Madrid. Obviamente lo hice por el dinero, pero también porque creo que en el fondo me serviría para escribir. Scott Fitzgerald decía que un escritor es alguien que nunca desaprovecha nada.

P. ¿Su esposa se ha enfadado con usted alguna vez por contar alguna de sus intimidades en sus escritos?

R. Jamás. Ni un reproche. Ni ella ni ningún miembro de la familia, y eso incluye a nuestra perra, Gilda. No puedo decir lo mismo de un exvecino al que cité una vez y un día me agarró en el bar por el cuello, cogió un quinto de cerveza, lo levantó en alto para rompérmelo en la cabeza y se paró a tiempo.

 P. Su hija Helena hace muchas apariciones estelares en sus columnas. ¿Qué le ha enseñado ella que no se esperaba?

R. Me ha hecho pensar mucho más en la vejez y en la muerte, aunque en Vilardevós la muerte sea algo que te sale al paso continuamente. El pueblo está tan envejecido que cuando inauguraron el tanatorio alguien dijo en el bar que ese iba a ser nuestro Guggenheim. Es decir, se moría tanta gente que el tanatorio iba a transformar nuestro pueblo de la misma manera que el Guggenheim cambió Bilbao.

P. ¿Ella le ha hecho pensar de una forma diferente sobre el feminismo?

R. Me ha hecho pensar en cuánto han cambiado las cosas en los últimos años y albergar muchas esperanzas sobre su futuro. Cada vez que muestra una actitud rebelde e incluso impertinente, cada vez que dice no, y mi hija dice no continuamente, aunque me exaspera en el fondo me siento aliviado. Dijo su primer “joder” con tres años y pensé: “Bien hecho, chavala”.

P. ¿Tener una opinión es un acto de valentía?

R. Hay veces que claramente es un acto valiente. Aunque, por ejemplo, decir que hombres y mujeres son iguales era un acto de rebeldía hace cien años, mientras que hoy es algo tan elemental que defender lo contrario no merece ni calificación.

P. Su libro va por la quinta edición. Ana Iris Simón por la duodécima y en una editorial en la que usted ha publicado también. ¿Se pica cuando pasan estas cosas?

R. Tengo un defecto terrible y es que no soy nada envidioso. Me alegro, en general, de que a los otros escritores les vaya bien porque algo me caerá a mí.

P. Veo que no le gustan las rencillas literarias; sin embargo, ¿le ha gustado ver alguna desde la barrera?

R. Cada vez me producen más pereza. Cuando era más joven y admiraba la vida literaria como si eso existiese podía admirar una buena polémica. En su día gocé cada réplica de Fernando Savater a cada carta que le escribían al director para quejarse de un artículo suyo.

 P. Usted mismo formó parte de una de estas polémicas cuando un crítico acuñó el término cipotudo y le metió en ese saco junto a Manuel Jabois o Antonio Lucas

R. Yo estaba durmiendo en la habitación de un hotel de Venezuela cuando esta polémica me impactó y estaba a otros asuntos como salir corriendo del hotel y meterme en un coche con los cristales tintados para que no me secuestrasen. Pensé: “Me la refanfinfla”.

 P. Total, que no se considera un cipotudo...

R. No. No tengo claro ni siquiera qué es eso y en todo caso me da mucha pereza documentarme para ello.

P. ¿Por qué abandonó el periodismo?

R. No fue por mis propios errores y seguro que cometí muchos. Yo me desencanté de las Redacciones por los errores de mis jefes. Aun así, yo me sigo considerando periodista.

P. Imagínese que mañana tuviese delante a Manuel Fraga y solo pudiese hacerle tres preguntas. ¿Cuáles serían?

R. No me lo tengo que imaginar. Una vez lo tuve delante, le hice 70 preguntas y la entrevista acabó en 15 minutos. Le pregunté por Beiras, con quien había tenido una idílica relación de amistad y le acababa de hacer una moción de censura por el Prestige. Mi padre nunca me ha gritado tan fuerte como él ese día. No la he vuelto a escuchar de la vergüenza que me da. Tanta como releer mis novelas."            (Entrevista a Juan Tallón, El País, Raquel Peláez, El País, 02/09/21)