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4/12/20

Gallegas prostituidas en Buenos Aires: la cara oculta de la emigración

 "Hay un reverso de la emigración gallega a Buenos Aires que todavía hoy permanece opaco: las mujeres prostituidas en la capital argentina. No existe suficiente documentación que ilustre de forma diáfana la explotación sexual a la que fueron sometidas, ni tampoco las malas artes de sus proxenetas, pero la prensa, la literatura, la música y algún testimonio puntual evidencian una realidad de la que también se hicieron eco los centros regionales —que advirtieron de los peligros de viajar a América y crearon entidades que velaban por su integridad— y las autoridades españolas, como se refleja en la propia legislación.

María del Pilar Cagiao Vila, profesora titular de Historia de América en la Universidade de Santiago de Compostela (USC), se muestra prudente a la hora de analizar la trata de mujeres con fines de explotación sexual, debido precisamente a la escasez de documentación y a la ausencia de fuentes directas, sobre todo de las víctimas. No obstante, sus investigaciones la han conducido a la existencia de "un proxenetismo de matriz galaica, aunque no se puede señalar a personas concretas", que se aprovechó de sus paisanas. "Los peligros que acechaban a las mujeres se dieron a lo largo de todo el proceso migratorio. Desde el mismo momento en que pisaban el barco, ya corrían ese peligro", explica a Público.

Más que de una red de explotación sexual, la experta en migraciones Europa-América prefiere hablar de una "estrategia en red", que también se lucró con las necesidades de los hombres que decidieron mejorar su vida zarpando hacia el nuevo mundo. "Había ganchos que actuaban en comandita con las compañías navieras para sacar tajada y cobraban comisiones por los billetes. No sería de extrañar que estos espabilados tuvieran conexiones con emigrantes que se habían marchado antes", apunta la autora de Muller e emigración (Xunta de Galicia).

Los agentes, a veces contratados por los países de adopción, recorrían los pueblos para convencer a los paisanos de que viajasen a América y, además de encarecer el precio del pasaje, se ofrecían para conseguirles documentación legal o falsificada. También podrían haber existido ganchos cuyo fin era captar a muchachas jóvenes, con falsas promesas laborales, aunque el éxodo de mujeres se produjo ya entrado el siglo XX, pues antes la emigración era sobre todo masculina. No solo de Galicia, sino de otros muchos países europeos, lo que provocaría una presencia mayoritaria de hombres que favorecería la proliferación de burdeles en Buenos Aires.

"No cabe duda de que hubo jóvenes prostituidas, pero los testimonios son muy indirectos y no existen fuentes documentales, pues no constan como gallegas, sino como españolas. No obstante, a partir de algunos relatos podríamos deducir que pudo haber gente que captase a chicas en Galicia. Aunque la literatura sea ficción, se inspira en la realidad del momento. En todo caso, no hay una constancia absoluta", deja claro Cagiao. Otro obstáculo para determinar el origen de las mujeres explotadas sería el propio término de gallega, que en América es sinónimo de española, lo que dificultaría aun más las investigaciones.

Los periodistas y escritores europeos que visitaron Buenos Aires en la época analizaron sobre todo la prostitución de francesas y polacas, por lo que hay que rebuscar en sus propias obras y en las de terceros la explotación a la que fueron sometidas las oriundas de Galicia. Además, como subraya la historiadora de la Universidade de Santiago, las organizaciones más populares tuvieron eco debido a que fueron procesadas judicialmente, como sucedió con la mafia judía de la Zwi Migdal. "Seguramente hubo proxenetas gallegos, como sucedió en Cuba, pero no hubo un juicio que registrase nombres y apellidos. Pese a ello, Horacio Vázquez-Rial implícitamente se aproxima al tema en esa dirección".

La realidad oculta de las mujeres que fueron captadas con falsas promesas para viajar a Argentina o las que, una vez allí, ejercieron la prostitución debido a sus necesidades económicas se refleja de alguna manera en la novela del escritor porteño Frontera Sur, donde Teresa es forzada a prostituirse tras ser engañada por su amante. "Interpretada en el cine por Maribel Verdú, su figura está inspirada en esa posibilidad, porque los comportamientos humanos se repiten en circunstancias similares", cree Cagiao, en referencia a que la trata se dio en todas las comunidades.

Así, Alberto Londres relata el desembarco de inmigrantes en El camino de Buenos Aires: "Italia, España, Polonia, Rusia, Alemania, ¿qué más? Siria y el País Vasco, día tras día, como si se tratara de llenar un terreno baldío por construir, arrojan allí su excedente de material humano". No solo de trabajadores, sino de mujeres que padecieron el acoso y la agresión sexual nada más dejar su tierra atrás. "Los peligros que las acechaban se dieron a lo largo de todo el proceso migratorio. Desde que subían al buque ya corrían el riesgo de ser violadas por otros viajeros o por la tripulación, que las podía privar de comida si no accedían a sus demandas sexuales", explica la historiadora, quien cita las palabras Elisa Soriano, médica de la Marina Civil que trabajó como inspectora en dos líneas de pasajeros.

"El barco resulta ser una gran escuela de corrupción. Todos sabemos que la gente de mar, marineros, fogoneros, etc., son individuos de moral más que dudosa [...]. No es extraño, pues, que la moral y virtud de muchas de ellas sufran notable quebranto durante la travesía [...]. En vano trata la legislación de emigración de prevenir y evitar esto, pues la separación absoluta de los sexos en un barco es algo teórico y prácticamente imposible, dado que la mayoría de los casos son pasajeros de tercera los ganchos encargados de arrastrarlas al precipicio...", escribe en La mujer y el niño en la emigración (Boletín de la Subdirección General de la Emigración) Soriano, quien asegura que en los años veinte las españolas fueron un objetivo claro de las redes.

"En mi viaje de retorno he tropezado con una mujer de edad indefinida (pasaba de los sesenta), la cual llevaba hechos, según afirma, más de dieciséis viajes de ida y vuelta a España. ¿Se explica este ir y venir de algún modo satisfactorio en una mujer de humildísima apariencia, viajando en tercera clase, sin vínculos familiares en la península? Sin querer la imaginación vuela al pensar que tal vez es la emisaria encargada para hacer la recolección para esta nueva esclavitud que es la trata de blancas". La inspectora médica sugiere que, además de en el origen y en el destino, la captación también se producía en los propios navíos.

Sus palabras fueron recogidas por Cagiao en Género y emigración: las mujeres inmigrantes gallegas en la Argentina, uno de los capítulos de La Galicia austral: la inmigración gallega en la Argentina, de Xosé Manoel Núñez Seixas. En el libro también reproduce el testimonio de Carmen Cornes, que emigró a los dieciséis años con otras tres niñas, una de ellas de doce años, de la mano de un conocido que ejerció de tutor: "Cuando llegamos a Río empezó a venir gente que nos decía que vente acá, vente acá. Llegaban a buscarnos al barco a las chicas más jóvenes. Y después me enteré de que había tratantes de blancas ahí". Otras, para burlar la normativa, usaban todo tipo de subterfugios, como falsos certificados matrimoniales.

La legislación española también hacía referencia, de forma velada, a la prostitución, puesto que prohibía viajar a las solteras menores de veinticinco años no acompañadas, quienes además debían justificar que serían recogidas en el país de destino por personas de solvencia moral para que evitar que cayesen en "corrupción de costumbres". Esa actitud "paternalista tradicional" no impidió que fijasen como objetivo la ciudad porteña, a juicio de Cagiao, quien cita el caso de una muchacha que fue violada a bordo, ingresó en un psiquiátrico y nunca se recuperó.

"Decidida la emigración, para muchas mujeres la incorporación a América será más dramática que la del hombre. Las penurias y sinsabores comenzaban en el momento del viaje", escribe la historiadora en el citado libro. "Pese a las restricciones, la Argentina parecía no tener otro rival en América en cuanto a la atracción representada para las mujeres. A excepción del período 1895-1898, y posteriormente 1928, las españolas eligieron este país como destino en una proporción mayor a los hombres [...]. Hacia 1895 se destacan por número las registradas en los niveles más bajos de la estructura ocupacional, como el servicio doméstico (sirvientas, mucamas), costureras, lavanderas, cocineras y planchadoras. Algo similar ocurre en el censo de 1914, fecha en la que las extranjeras adultas habían pasado respecto de 1869 del 25 al 37%".

No constan aquí las que podrían haber ejercido la prostitución, aunque las medidas adoptadas por algunas entidades evidencian que habrían tratado de evitarlo. Así, la Sociedad Pro-Galicia fue fundada en 1908 con el fin de construir un hospedaje para personas sin trabajo. Cagiao razona que la intención de crear un departamento exclusivo para mujeres "podría resultar indicativo de un cierto afán proteccionista sobre las gallegas recién llegadas". Con el fin de atender "a las jóvenes que llegaban solas, quienes —por falta de apoyo y experiencia— corrían el peligro de caer en la prostitución", se creó en 1912 el Patronato Español de Buenos Aires, que también cuidaba de los huérfanos e hijos de inmigrantes. Las chicas eran recogidas en el puerto y después educadas por religiosas hasta que se casaban o encontraban un trabajo.

Esos temores fueron reseñados en la prensa de la época, como refleja la ardua labor de documentación de Pilar Cagiao, quien reproduce una columna publicada ese año en El Eco de Galicia que advierte de los peligros a los que se enfrentan "nuestras paisanas", que sirven "en casas de pu­dientes familias para preservarse de un naufragio inevitable de su honestidad acechada en calles y plazas por gavilanes sin corazón ni conciencia que espían esta ocasión de paupérrima necesidad para clavar en las castas palomas sus despiadadas uñas y despedazarlas con el pico de su sensualidad insaciable". En 1923, Ramón Castro Lópe escribía en El Noroeste que en el Hospital de Maternidad había unas setenta mujeres, "siendo gallegas la mayoría de esas desgraciadas".

Cagiao comenta a Público que, más allá de las dosis de paternalismo o de la consideración de la mujer como un elemento subalterno, la fundación de estas instituciones respondía "evidentemente a la voluntad de evitar que fuesen reclutadas en el propio puerto". Recuerda además la ambigüedad existente respecto a la prostitución, que hasta 1936 fue una actividad legal en Argentina, si bien la trata era considerada un delito. En los burdeles había españolas, según consta en el censo, que no especifica si eran gallegas. Tampoco queda claro quiénes eran los reclutadores, pues no hay rastro de sus actividades, aunque la historiadora cree que algunos podrían ser paisanos.

Siempre apelando a la prudencia, debido a la inexistencia de pruebas documentales, entiende que algunas pudieron ser engañadas con falsas promesas laborales, dado que esa artimaña siempre ha sido usada por diversas redes. En el caso de las gallegas, no extrañaría que les ofreciesen ser mucamas. De hecho, la Sociedad Protectora de la Joven Sirvienta o las Hijas de María Inmaculada instruían a las inmigrantes como empleadas en el servicio doméstico, un oficio que proliferó entre ellas debido a su escasa formación. En ese ámbito también sufrirían abusos, que merecerían un capítulo al margen de la prostitución, a la que la historiadora de la Universidade de Santiago dedica un apartado en Género y emigración: las mujeres inmigrantes gallegas en la Argentina. A continuación, se reproducen algunos extractos por su interés.

'Inmigración y prostitución', por Pilar Cagiao

La relación entre prostitución e inmigración fue bastante directa. La falta de mujeres inmigrantes desde los comienzos del fenómeno masivo acentuó los problemas sexuales de la gran mayoría masculina. Por otro lado, en un acelerado proceso de urbanización donde aún no se habían desarrollado suficientes industrias capaces de proporcionar un nivel de empleo totalmente satisfactorio, se provocaron serios problemas sociales y de marginalidad que tuvieron fiel reflejo en la vivienda, con la proliferación de conventillos en los que convivían inmigrantes europeos y procedentes del interior en condiciones sumamente precarias, así como en la aparición de barriadas pobres y situaciones de miseria de las más variada índole. Este panorama, además de dar lugar a otro tipo de consecuencias, y por causa del desajuste entre población masculina y femenina, favoreció el aumento de la prostitución a través de redes organizadas para traer mujeres europeas al país.

Las conexiones para la recluta se establecían incluso antes de la llegada de las inmigrantes, a las que si era necesario se falsificaban documentos utilizan­do gran variedad de triquiñuelas, desde inscripciones falsas por parte de los funcionarios de inmigración que registraban a las mujeres recién llegadas bajo el epígrafe de cualquier otra profesión, hasta los denominados "matri­monios rituales", con el fin de facilitar la trata.

En la ciudad de Buenos Aires la prostitución estuvo legalmente reglamentada desde 1875, lo que no evitó la aparición de una actividad paralela de tipo clandestino ejercida en su mayoría por extranjeras. Por su parte, en el Censo General de Pobla­ción, Edificación, Comercio e Industria de la ciudad de Buenos Aires de 1887, que fue publicado dos años más tarde, se señalaba: "Los boletines del censo no revelan más que 629 prostitutas públicas que viven disciplinadas en burdeles. El número real es mayor. Muchas de la prostitución clandes­tina, superior a la pública, se declaran modistas".

(Género y emigración: las mujeres inmigrantes gallegas en la Argentina)

El auge de la trata se produjo en las décadas de 1910, año del Centenario Argentino, y de 1920. El escritor José Costa Figueiras recomendó a las gallegas que no emigrasen para no caer en la prostitución. Luis Seoane, en el poema Outro canto ós emigrantes, muestra su desprecio a los "alcaiotes, burdeleiros, terceiros, / propietarios de hoteles a tanto por hora", para los que "el sexo es oro". Según señala Cagiao en el citado libro, cuando el poeta e intelectual habla de "hombres de orden" se refiere a "aquellos gallegos, que por supuesto los hubo, que se dedicaron al fomento de la prostitución de muchas gallegas recién arribadas al país en relación con redes de trata de blancas organizadas bajo el aspecto legal de oficinas privadas de colocaciones en las que se solicitaban sirvientas, gobernantas, preceptoras, cantantes, modelos o coristas".

Seoane hace referencia en el poema al tango Galleguita, de Alfredo Navarrine y Horacio Pettorossi, interpretado por Carlos Gardel. La investigadora argentina Irene López lo analiza en el artículo Morochas, milongueras y percantas, publicado en la revista de estudios literarios Espéculo, de la Universidad Complutense de Madrid. "Un dato interesante es que un gran porcentaje de la población de inmigrantes estaba constituida por hombres. El desarrollo del negocio de la prostitución y del cabaré se verá impulsado por esta situación y también por el hecho de que muchas de las mujeres que trabajaban en el rubro eran también inmigrantes, como queda registrado en tangos como Galleguita".

Galleguita, la divina,
la que a la playa argentina
llegó una tarde de abril,
sin más prendas ni tesoros
que tus negros ojos moros
y tu cuerpito gentil;
siendo buena eras honrada,
pero no te valió nada
que otras cayeron igual;
eras linda galleguita
y tras la primera cita
fuiste a parar al Pigall.

Sola y en tierras extrañas,
tu caída fue tan breve
que, como bola de nieve,
tu virtud se disipó…

Tu obsesión era la idea
de juntar mucha platita
para tu pobre viejita
que allá en la aldea quedó.

El Royal Pigall fue un cabaré situado en la avenida Corrientes de Buenos Aires. Irene López escribe que Galleguita trata la figura de quien debe prostituirse por necesidades económicas, "un principio de justificación del por qué de esta vida": una mujer sola que ahorra dinero para dárselo a su madre. "Tenemos acá también la delimitación de un pasado decente y un presente de soledad y tristeza como producto de la caída. Se da cuenta además de la inmigración y la prostitución ejercida por jóvenes inmigrantes, que muchas veces venían engañadas a esta tierra de promesas. Y si no venían engañadas, igualmente la necesidad en que muchas de ellas se encontraban en su situación de inmigrantes las llevaba por ese camino".

Fabio Suárez García considera que el tango es "un claro ejemplo de la canción-trama". En su tesis ¡Che gallego!: Relaciones transatlánticas entre Galicia y Argentina en el siglo XX (University of South Florida) sostiene que no es un caso aislado. "La protagonista, una emigrante gallega, decide partir de su tierra para mejorar económicamente, pero al llegar a Argentina es engañada y obligada a ejercer la prostitución. Esta es la historia de muchas mujeres gallegas, que viajaron desde Galicia hasta Argentina con unas esperanzas e ilusiones que nunca llegarían a cumplirse". Antonio Pérez­ Prado, en Los gallegos y Buenos Aires, matiza que quizá no fuera de Galicia "sino beneficiaria del título por generalización vulgar"; es decir, española.

"Por la literatura nacional desfilan asimismo otras gallegas y galleguitas", recuerda María Rosa Lojo en La Argentina gallega: más allá de los estereotipos. "Inocentes prostitutas, casi niñas y con delicado aspecto de muñecas, víctimas de las circunstancias o de algún seductor o pariente inescrupuloso que se ha aprovechado de su pobreza", escribe la ensayista, quien alude a la novela Nacha Regules, publicada por Manuel Gálvez en 1919.

Uruguay, lugar de paso

Desde Uruguay, una escala en la ruta de trata, Santiago Turnes le escribe una carta a su esposa, donde le advierte de los peligros: "Procurarás venir con buena compañía y respétate como quien eres, pues abordo hay mucha pillería [...] Con el que te quiera hacer picardía no te acompañes, que tú ya sabrás lo que te tendrá mejor cuenta porque ya no eres una niña". Pilar Cagiao reproduce la misiva en Acerca de las mujeres gallegas en el Uruguay: voces y papeles de un siglo de inmigración, donde señala que la prostitución aumentó en las primeras décadas del siglo XX, con problemas similares a los del país vecino: "De hecho, en 1908, secundando una iniciativa promovida desde Buenos Aires al calor de las ciertas campañas higienistas y del evidente aumento de mujeres en los flujos, el Centro Gallego de Montevideo promovió la difusión de un manifiesto en contra de la trata de blancas".

La historiadora explica a Público que si una entidad regional tomaba cartas en el asunto era porque "le tocaba de cerca y conocía casos", aunque insiste en que el "gran mercado y negocio de la prostitución" estaba en Argentina y, concretamente, en su metrópoli. "El problema era el mismo en las dos orillas del Río de la Plata, pero mucho mayor en la ciudad porteña, porque era más grande y había más hombres. Uruguay era un lugar de paso, lo que demuestra la ilegalidad de la trata. Por eso no iban del puerto de Montevideo al de Buenos Aires, sino que transitaban por vericuetos hasta que cruzaban las aguas. La Zwi Migdal, por ejemplo, captaba a jóvenes en Polonia y Hungría y las trasladaba a Montevideo, donde eran sometidas a un proceso de selección. Luego atravesaban la frontera de Paysandú hasta la localidad argentina de Colón, desde donde partían a Buenos Aires, un recorrido también usado por las mafias francesas, según Alberto Londres.

La mafia judía recurría a la figura del falso novio para engañar a algunas muchachas, un método de captación que tampoco puede confirmarse en el caso gallego. "Desconozco si existió, porque no me he encontrado con ningún caso, pero en la prostitución siempre han funcionado los mismos mecanismos en todas las colectividades. Si ocurría con las polacas y francesas, también podría darse con las españolas y gallegas", aventura Cagiao, quien recuerda que esta experiencia "tan dolorosa" fue omitida por las víctimas. "No es fácil reconocer que han pasado por eso, pues son situaciones que nadie quiere recordar, sobre todo en unos años donde era tan censurable".                 (Henrique Mariño, Público, 21/11/20)

16/7/20

300.000 gallegos hicieron la maleta con destino al extranjero o a otros puntos de España entre 2009, primer año de la era Feijóo, y 2018... esta ola migratoria la protagonizan jóvenes con una alta formación adquirida en su tierra de origen que huyen del maltrato laboral

"Las alarmas demográficas resuenan hoy en Galicia más alto que nunca. El territorio gallego se está quedando sin niños y jóvenes y la emigración forzosa no es fenómeno del pasado. Las estadísticas de la Xunta cifran en cerca de 300.000 los gallegos que hicieron la maleta con destino al extranjero o a otros puntos de España entre 2009, primer año de la era Feijóo, y 2018, un ejercicio en el que se registra el tercer dato más alto de la década.

A diferencia de la diáspora gallega que arrancó a mediados del siglo XIX, esta ola migratoria la protagonizan jóvenes con una alta formación adquirida en su tierra de origen que huyen del maltrato laboral o la falta de opciones para dedicarse profesionalmente a la investigación. “He intentado volver, pero me ha sido imposible. En Galicia no hay las mismas oportunidades y en las condiciones laborales hay una diferencia considerable”, cuenta Jorge Rodríguez, ingeniero industrial que trabaja en Reino Unido en el desarrollo de vehículos eléctricos.

En Galicia es un lamento continuo la acuciante falta de personal sanitario para atender a una población que emula en envejecimiento a países como Japón. Desde que se graduó en 2011, la coruñesa María L. pasó cuatro años metiéndose en la ducha con el teléfono móvil por si la llamaban del Servizo Galego de Saúde (Sergas) para hacer sustituciones, a veces de pocos días y a distancias que podían llegar a varias decenas de kilómetros de su domicilio. Tras probar la “esclava” vida de enfermera eventual de la sanidad pública gallega, decidió coger la maleta. “O me marchaba o me quedaba en casa de mis padres pegada al móvil, ya que si no contestas te penalizan y dejan de llamarte. Una vez me llamaron 15 minutos antes de empezar el turno para que me incorporara ya”, explica a sus 29 años.

Solo llegar a Cardiff, en Reino Unido, entró a trabajar en la UCI de un hospital público con contrato indefinido. Sueldo fijo y vacaciones, no se lo podía creer. En los tres años y medio que pasó en ese centro ha recibido varias subidas de sueldo por su experiencia además de cursos de formación. Pero ha decidido volver. “La experiencia con el coronavirus ha sido muy estresante. Me ha ayudado a pensar que quiero estar cerca de mi familia y amigos”, explica María. Su experiencia en el hospital de Cardiff le permite subir puestos en la lista del Sergas y aspira a lograr contratos más estables “de uno o tres meses”: “No somos héroes, lo que queremos son condiciones laborales decentes, tener una vida digna y poder conciliarla con el trabajo”.

El regreso que emprende María a Galicia lo ha intentado sin éxito Jorge Rodríguez después de nueve años fuera. Este ingeniero industrial de 40 años trabajó en Vigo en una multinacional que fabricaba volantes y airbag para la industria del automóvil. En 2011 quiso cambiar pero en España la crisis arreciaba y no había opciones. Se fue primero a trabajar a Toyota en Bruselas para “hacer currículum y mejorar idiomas”, con la esperanza de que al pasar la recesión podría encontrar algo en Galicia. No fue posible.

Después lo fichó Honda para su centro de I+D de Reino Unido, pasó por otra empresa del país y ahora está es una start-up de 2.000 empleados desarrollando vehículos eléctricos comerciales. “Estoy contento y la idea de volver está aparcada de momento, pero es algo que tengo en la cabeza y que a veces salta”, admite. “Hace tres años parecía que se animaba un poco el trabajo en Galicia pero lo que me ofrecían eran cosas muy temporales que no me daban confianza. Me apetecía volver, pero no a toda costa”.

Es difícil encontrar un trabajo con condiciones laborales dignas en la poca industria que queda en Galicia tras una negra década de cierres porque, a diferencia de Reino Unido, las empresas no están dispuestas a pagar por la experiencia, explica Jorge: “Las empresas contratan a gente joven a la que forman y eso está bien, pero lo usan para pagar menos. Hay sitios donde les da igual 15 años de experiencia que dos. Y si en Galicia entras con un sueldo bajo es difícil tener después grandes subidas salariales”.

Adriana Roca, investigadora científica de 31 años, no emigró a la fuerza. Procedente de la comarca de Os Ancares, un paraíso natural de la provincia de Lugo en constante declive demográfico, lleva 11 años fuera de Galicia, entre Milán, Barcelona, Alemania, Londres y Oxford. Se licenció en Psicología pero su campo es la neurociencia y trabaja en una empresa de ingeniería médica que ahora indaga en los daños provocados por el coronavirus.

“No me considero emigrante forzosa pero, siendo realista, todo lo que he hecho en mi carrera no lo habría conseguido ni en Galicia ni en España. Las oportunidades no son tan grandes y no es solo por los gobiernos, sino por una mentalidad hacia la ciencia que impide que esta avance. En la investigación no se sacan beneficios a corto plazo y en España y Galicia eso no se entiende”, subraya Adriana.

En quienes se dedican a la investigación en España esta gallega de Os Ancares ve “más méritos” que en sí misma porque “trabajan con muy pocos recursos”. Y se refiere con tristeza a la despoblación de la comarca donde nació: “Tuve un instituto maravilloso con unos profesores maravillosos, pero mis amigos de la aldea que son economistas o abogados no se pueden quedar allí porque no hay industria que los absorba”.

El ingeniero de Caminos y matemático Iago Muíños llegó en 2003 a Londres sin idea de quedarse. A sus 41 años y con un puesto en una entidad financiera, tiene dos hijos con otra emigrante gallega. Cuando él cogió la maleta, con la construcción en la cresta de la ola en España, a los ingenieros de su rama no les compensaba emigrar a Reino Unido para mejorar sueldo, pero ahora las cosas han cambiado. Los bancos con los que llegó a tantear su regreso fueron absorbidos durante la hecatombe financiera.

 “El sentir de todos [en la colonia gallega] es que las oportunidades laborales están aquí, pero no solo en lo económico, también en la conciliación y en la variedad. Se valora más a los trabajadores”, apunta. ¿Volvería a Galicia? “Si me ofrecieran algo muy bueno, el sacrificio de desmontar la vida aquí valdría la pena. Pero creo que la posibilidad de que eso pase es una entre un millón”.                     (Sonia Vizoso, El País, 12/07/20)

25/6/18

Antonina Semedo: caboverdiana, mariñá

"Mentres conversamos no Casa Selmira de Cangas de Foz, os veciños chancean con Antonina Semedo. “Estás máis solicitada cós políticos”, rin. Un colectivo veciñal con representantes de varios municipios da bisbarra vén de propoñer o nome desta muller caboverdiana, unha das primeiras migrantes africanas que pisou A Mariña, para a Medalla Castelao que concede a Xunta de Galicia. Tamén hai unha campaña de recollida de votos en internet para esta fin.

A plataforma destaca o esforzo de Semedo como “activista social, mediadora intercultural, intérprete musical e muller emprendedora”, unha bagaxe que acumulou durante catro décadas. Antonina chegou a Cangas de Foz o 23 de xullo do 1978, cando tiña 24 anos. Alcanzaba así ao seu home, que viñera á comarca para axudar na montaxe da fábrica de alúmina-aluminio de Inespal e que despois gañou o pan no mar.

Cada emigrante ten un xeito de explicar o desarraigo, pero Antonina retrata os comezos cunha historia traxicómica. A súa presentación en sociedade foi nun enterro ao que quixo ir para coñecer a cultura da morte galega. Era a única negra que había no funeral e a xente preguntaba de onde saíra. Por se non chamaba abondo a atención, ortigouse. “Eu nunca unha ortiga vira e rocei unha. Daquela empezaron a picarme as pernas e non paraba”, ri.

“Unha muller en Lugo, despois de dar moitas voltas, pediume: ‘podo tocarte?’. Outra preguntoume se quería aos meus fillos como ela quería aos seus”, lembra Semedo, que se resiste a utilizar a palabra racismo. “Non había hábito de tratar con nós, era descoñecemento”, asegura.

Entre os prexuízos tamén atopou apoio. “Tiven moita sorte cos veciños”, sinala. A súa axuda fíxose imprescindible cando o seu home padeceu un accidente. Antonina, ás veces cos fillos ás costas, apañou algas, plantou eucaliptos, foi camareira, coidou maiores. No pasado 2017, con 39 anos de convivencia exemplar e traballo en España e dous fillos galegos, tivo que facer un exame para obter a nacionalidade española.

O BATUKO

Nun galego cun acento por veces caboverdiano, por veces mariñao, Semedo conta que comezou a traballar na súa Santana natal, con catro anos. Miraba de que as cabras non se dispersasen porque a súa familia non se podía permitir un valado. Nos descansos desfrutaba dunha tradición centenaria e proscrita. Coa chegada dos portugueses, as mulleres de Cabo Verde cantaron para protestar pola súa irrelevancia. 

Para acompañar os seus laios, primeiro utilizaron o peito como percusión. Logo usaron un pano mollado e despois unha saca de coiro colocada entre as pernas, o batuko. Este estilo musical estivo prohibido até a independencia, no 1975

Á altura do 1999, a poboación caboverdiana na Mariña -especialmente en Burela– tiña unha importante incidencia. Daquela, Semedo fundou Batuko Tabanka (“tambores de entroido”), un grupo musical que levou a música de Cabo Verde por todos os recunchos da Península Ibérica e que colaborou con Uxía Senlle, Mercedes Peón ou Luis Pastor. Nas súas cancións, as 13 mulleres que integran a banda seguen a tradición: falan de maridos que están no mar, da ‘sodade’ á que cantaba Cesária Évora ou da violencia machista. 

OS ADOLESCENTES, DESCOLGADOS

O grupo naceu no seo da asociación Tabanka, que vela polos intereses dos caboverdianos na bisbarra. A Semedo preocúpalle a integración dos adolescentes que chegan á Mariña, moitos deles sen a rede familiar, pois soen quedar descolgados pola esixencia dos estudos. 

Así é complicado transmitirlles a importancia dunha formación. “Traballamos para atopar a alguén que os entenda no seu idioma, unha especie de orientador que coñeza o español, o galego e tamén o crioulo”, asegura.

Acabada a entrevista, Semedo saúda aos veciños, que toman o vermú do domingo no mesmo bar a onde chegou hai 40 anos. “Nunca pensaba, nunca imaxinaba / estar tanto tempo lonxe da miña terra”, canta nunha das pezas de Batuko Tabanka. Hoxe, para atopala hai que preguntar por Antonina de Cangas. Está agradecida ao chan que pisa, pero foi xente coma ela a que fixo mellor a bisbarra."              (Ramón González Rey, Xornal de Mariña, 21/05/18)

15/6/18

A súa bisavoa chegará a Euskadi andando. Dixéronlle que en Bilbao había traballo, ela non sabía onde estaba esa cidade, así que botou a andar

"Homenaxear a toda a poboación galega que chegou aquí,  a comezos dos anos 90 era máis de 100.000 persoas de procedencia galega  que vivía en Euskadi,  e que a día de hoxe son 53.000.  Estes datos non suman fillos nin fillas.  

A finalidade de Sitio Distinto é contar unha historia,  homenaxear á xente que fixo posible historia e  dignificar a emigración galega.  Cando eu cheguei aquí  hai oito anos, vin estudar a Donosti  atopei unha realidade que era  unha emigración galega moi forte. 

Tamén atopei unha  realidade galega moi topificada. O da gaita,  o da empanada e o marisco. Pero dentro da emigración atopei unha realidade moito máis forte. Había vínculos culturais vinculos lingüísticos. Era unha comunidade que mantiña viva a súa cultura aquí.

A emigración galega en Euskadi vive de costas ao que pasa en Galicia?
Eu diría que todo o contrario. Faría paralelismos coa emigración italiana e irlandesa en Estados Unidos. Eles están recoñecidos como nacións pero nós non, pero a realidade dos galegos e galegas en euskadi nalgúns casos, están máis conectados o que pasa en Galicia que o que pasa en Euskadi. 

Existe una presenza galega dentro do desenvolvemento social e político en Euskadi?
 
Creo que existe presenza galega en todos os niveis da vida social e política en Euskadi,  mesmo  a nivel industrial. Os emigrantes que crearon grandes empresas aquí, e hoxe en día cunha presenza moi alta.
 
No teu documental describes  a emigración galega en tres fases. Cando foron esas fases e cales foron os lugares the principal acollida de galegos e galegas?
 
Comezou a finais do século XIX,  xente para traballar nas minas de ferro da marxe esquerda da ría de Bilbao. Daquela precisábase man de obra para as minas. 

A segunda vaga Chegou coa industrialización e a fundición de ferro. Seguían chegando a área de Bilbao e logo foron ampliando cara ás vilas da costa. Logo dentro da ditadura franquista houbo un boom  industrial,  que chamou por máis man de obra. 

O factor de chamada galego cara a Euskadi  viña por  zonas.  No barrio de Trintxerpe  falamos de xente de Porto do Son, Bueu,  que eran persoas que segundo chegaban chamaban por outras para ir traballar. Dependendo da zona de Euskadi varía a presencia galega. Pero  non están misturados,  en cada lugar é unha procedencia distinta.
 
Que casos particulares che chamaron máis a atención?
 
Pois coñecer  a historia dun batallón de galegos antifranquista  vinculados á CNT no barrio de Trintxerpe,  ou que  a xente para chegar aquí tardaba un día en bus. Por iso me fascinou a historia de una señora que me contou que a súa bisavoa chegará a Euskadi andando. Dixéronlle que en Bilbao había traballo,  ela non sabía onde estaba esa cidade,  así que botou a andar. 

E o nome de Sitio Distinto documental porque o elixiches?
 
Unha,  por que a xente que chegaba Euskadi chegaba a un sitio distinto, outra   que para a xente de aquí os galegos crearon barrios que eran sitios distintos. En cidade  e vilas entras  en barrios cunha realidade sociolóxica distinta. 

Hai un barrio  en Bilbao  con moitas tendas galegas,  os xoves chegan os produtos galegos e fórmanse verdadeiras ringleiras diante desas tendas. As seguintes  xeracións  integráronse na sociedade vasca. E o terceiro punto é  Antón Reixa.  Para romper todos os tópicos, pon moita forza  entre os vínculos creados entre os dous pobos.
 
Cal foi a reacción que viches entre o público galego?
 
A presentación oficial foi no Cineuropa en Compostela. Estivemos en Lugo,  Ferrol,  Rianxo e a ultima presentacion foi no teatro Colón da Coruña  diante de seiscentas persoas. A sensación que nos transmitiron foi que lles gustou ver a realidade  da emigración galega noutros lugares. 

O proxecto foi posible gracias á colaboración da televisión pública vasca. Da Televisión de Galicia  recibimos un silencio  moi grande. Pero si tivemos o apoio da Deputación de A Coruña,  do Concello de Pontevedra ou do Concello de Rianxo.  colaboración de certos entes públicos.  Pero no da Televisión de Galicia."                 (Galicia Confidencial, 08/06/18)

7/6/18

Afrogalegas: "Estamos orgullosas de ser negras"

 
 Artemisa Semedo, de Afrogalegas. Yanina Torres

"Hai unhas semanas, un grupo de mulleres estendían unha mensaxe taxativa por redes e rúas. Empregaron varios cancelos, mais para comprender a súa singularidade só precisamos dous: #SomosNegras, #SomosGalegas. 

Na súa páxina explícano máis polo miúdo: “Entendemos a afrodescendencia coma un termo que engloba diferentes matrices, raíces, culturas, formas de pensar, enfoques ou identidades que teñen a súa orixe común na tradición africana e nas herdanzas ou ascendencia que cada unha recibimos dos nosos antergos”. Quedamos nun clásico bar da Coruña con Artemisa Semedo, unha ‘afrogalega’ caboverdiana de Burela.

Como nace o colectivo?
 
Afrogalegas xorde hai uns meses a partir dunha exposición de persoas afrodescendentes. A raíz diso fixemos unha xuntanza para poñer ideas en común e xurdiu a idea de facer algo porque na cidade na que vivimos, A Coruña, non se nos facía sentir como galegas. Pensamos en que podiamos facer e lanzamos a campaña aproveitando o 21 de marzo, o Día Internacional da Eliminación da Discriminación Racial. 

O lema da campaña é: “Non me chames ‘negrita’, chámame negra”. Lanzades mensaxes claras e directas.
 
Cremos que é necesario chamar ás cousas polo seu nome e non darlles máis voltas. Coa campaña buscabamos iso: deixar claro que estamos orgullosas de ser negras. Cando a xente fala das persoas afrodescendentes tenta suavizar ou buscar un eufemismo para que non nos sintamos ofendidos. Pois todo o contrario, nós estamos orgullosas de ser o que somos.

Escribías nunha poesía: “Non son de aquí nin de alá, son de todos os lares ou ningún, tamén”. É dicir, sodes afrodescendentes pero tan galegas coma calquera. A xente entende isto?
 
Para moita xente aínda é complexo entender que unha persoa poida ter máis dunha identidade, que as identidades e sentimentos dunha persoa poden ser diversos e que ademais é algo positivo que denota unha riqueza cultural.

Percibides un racismo cotiá en Galiza?
 
Si que o hai, pero o termo racismo ten unha connotación tan negativa que a xente o primeiro que pensa é: “Racismo? Aquí non hai diso, iso é unha cousa de antes”. Pero a realidade é que moita xente non actúa en base esa idea. No día a día decatámonos de que o racismo non é unha cousa pasada. 

Ti es de Burela e agora vives na Coruña. Notas algunha diferencia nestes dous contextos?
 
Foron etapas diferentes. A miña adolescencia vivina alá en Burela, onde non hai unha integración perfecta como moitos pensan. Despois, cando tiven a oportunidade de vir á universidade a Coruña notei un ‘clasismo’ rancio e miradas raras, sobre todo á hora de buscar emprego.

 Tamén escoitaba comentarios fora de lugar dalgúns profesores na universidade, onde non esperas ter ese tipo de problemas. O racismo realmente está presente a todos os niveis, comezando polos debuxos que ven os nenos e nenas.

Cales son os seguintes pasos de Afrogalegas?
 
Desde a campaña que puxemos en marcha o 21 de marzo estamos tendo boa acollida na cidade e atopamos persoas e asociacións que queren facer cousas a favor da igualdade. Estannos chamando para facer proxectos así que teredes noticias nosas moi pronto."              (Pablo Santiago, El Salto, 30/05/18)

28/11/17

Toda emigración deixa un pouso de ausencia. Queda como un oco...

"O escritor Antonio Piñeiro gañou o Premio Torrente Ballester en galego, convocado pola Deputación da Coruña, coa novela A través do fume. (...)

A emigración é o tema de fondo, o que desencadea a historia, mais o libro fala máis ben da ausencia, da espera, quizais da imposibilidade de esquecer…

Está a ausencia e está a emigración, un tema que os galegos sentimos tan próximo. Toda emigración deixa un pouso de ausencia. Queda como un oco. O tema é, si, a emigración que se converte en definitiva e o oco que deixa. En realidade, o tema trasládanos unha imaxe dunha época.

 Un distanciamento entre a sociedade galega e a sociedade europea dos desprazados do momento. Unha distancia vivencial, laboral, obxectual, de costumes… e tamén emocional, a través de sensacións, obxectos e recordos, de imaxes que desvelan os distintos modos de vida. 

Hai obxectos especialmente relevantes, coma as cartas e as fotos. As cartas da emigración, símbolo tamén da ausencia e da memoria.

As cartas son o fío que une todo. É fácil de entender para un galego. Quen non escribiu unha carta para un familiar desprazado? As cartas non usurpan o papel da memoria, senón que o complementan, acompáñano, coma unha foto que é especialmente importante na novela.

Son fragmentos de memoria transmitida polos obxectos a través das cartas: os lugares, os chicles, os agasallos, a festa do Nadal, a lúa que dúas persoas miran á mesma distancia… 

A relación entre nai e filla ten as súas complexidades. A nai ten un medo terrible á sexualidade da filla. Querías facer un retrato da pegada dunha educación represiva?

A novela xoga con dúas vidas, dous escenarios. A nai está tocada polo mundo no que lle tocou medrar, pola educación represiva que viviu amargamente, e que traslada á súa filla a través do medo. Teme dar un mal paso e aférrase ás convencións, ás normas impostas, para non ser socialmente excluída.

 Na filla hai un compoñente silvestre da sexualidade, porque nese tempo á mocidade non lle quedaba outra que buscar recullos, agochos, momentos íntimos fóra deas vistas dos demais, porque a sexualidade estaba controlada e prohibida.

A filla experimenta estes recullos, quere dicirlle algo á nai pero non sabe o que, pero si saberá como desemboca a historia da nai… Hai tres finais, pero non podemos contalos, ten que descubrilos o lector. 

De fondo está tamén a sacralización da familia como “base da sociedade” polo franquismo e a ideoloxía patriarcal que a sustentaba. As “nais da nación”. De que maneira quixeches reflectir isto?

É un retrato daquel momento, daquela precariedade social, aquela sociedade decadente, aquela escombreira, que malia todo daba detalles sorprendentes desde o punto de vista literario.

Coma o choque entre proclamar a familia como núcleo da sociedade e ao mesmo tempo destruíla a través da emigración, promovida polas políticas franquistas. Ou o amor, que se agochaba, que de tanto tentar controlalo facíase que agromase co seu compoñente silvestre, máxico, case de aventura. É paradoxal. 

A novela funde presente e pasado. A filla lembra a súa infancia desde o presente. A viaxe é importante nesa relación entre os tempos…

A lembranza do pasado é transmitida, experimentada no transcurso dunha viaxe actual. O tempo da novela é entre o embarque e a saída da filla na viaxe Barcelona-Santiago. Unha viaxe na que recupera un obxecto moi importante que trae a Galiza.

E o fume? Aparece varias veces no libro e simboliza distintas cousas. Que é o fume?

Hai unha idea que está en Proust e en moitos filósofos que é que os recendos activan a memoria. A palabra fume ten ese sentido, relacionado cos olores que traen o recordo. Tamén é o fume dunha cidade industrial, e o fume no que queda todo despois do remate final…

Non é unha novela de fácil lectura. Esixe moita atención ata o final, e mesmo así podes perder cousas se non volves ler. Es consciente diso, non?

Sempre foi a miña preferencia probar cousas, experimentar. Comezas comezas a traballar nunha historia empezas por un tema, unha idea… Pero a min gústame tamén experimentar coas formas da linguaxe, explorando a súa plasticidade, as distintas maneiras compositivas. É a miña tendencia persoal na escrita, que neste caso pronunciouse de vez. 

O libro fala tamén dunha felicidade que foxe de nós. Outro tema de fondo.

Si, o tema da felicidade está ligado ao tema da identidade, e o tema da identidade á súa relación cos obxectos. Como nas pequenas celebracións de Nadal, nas que as familias separadas pola emigración tentan crer que son felices malia todo.

Escribiches outro libro sobre os anos 80… Moitos dos obxectos que citas serán facilmente recoñecibles para unha xeración.

É que os anos 70 e 80 dan unha materia literaria moi bonita. Foron tremendamente intensos en moitos momentos. Os obxectos traeranlles recordos a persoas dunha determinada xeración, pero o que quero é que todo o mundo poida comprender esas referencias, que lle cheguen a todo o mundo. E creo que eses anos están tan preñados de aspectos distintivos que abren un campo mi grande para conectar co lector. 

A filla lembra os discursos de Franco e do Rei e parécenlle iguais.

É a memoria dunha nena. Non pretende facer unha crítica política. Pero o que ela ve é un mesmo escenario, un mesmo discurso: a familia unida, o fogar, a calor… Cousas que ela non tiña. Todo o mundo falaba do mesmo e ela non o vía na súa realidade.

Hai non moito Borja Fernández fixo a peza teatral ‘Salvador’, sobre un avó emigrado ao que a familia lle perde a pista. Resultaba sorprendente a resignación da súa muller, que criara os fillos soa. Na túa novela, é diferente a actitude da nai e da filla.

Claro, é que non é o mesmo. Pero é que unha muller nese tempo non podía adoptar outra posición. A nai soporta as circunstancias como pode, porque actuar doutra maneira suporía quedar fóra, ser socialmente excluída, e iso era demasiado duro. Tiñan que resignarse e sobrevivir para que non as mirasen mal…

Claro que hai certa conciencia autorrepresiva, resultado dunha educación determinada. A represión era sumida como algo natural, convertíase nun automatismo nun círculo social pechado sobre si mesmo."                     (Entrevista a Antonio Piñeiro, Montse Dopico, Praza Pública, 19/11/17)

6/6/16

“A vida en Siria non era nada doada para unha muller como miña nai, criada nunha aldea de Galicia”

 
 A xornalista siria-galega Leila Nachawati Rego | Fonte: Leila Nachawati Rego

"Poucos xornalistas europeos coñecen tan ben a realidade siria como Leila Nachawati Rego. Nela mestúranse dúas culturas tan dispares como a galega e a siria, e dúas facetas, o xornalismo e o activismo, que están converxendo en cada vez máis profesionais implicados na defensa activa da liberdade de expresión e de información.

 Filla de pai sirio e nai galega, Leila coñeceu na súa infancia, in situ, o terror da ditadura, dun sistema brutal do que o seu pai protexeu á familia Nachawati Rego traéndoa a Santiago de Compostela dende Damasco. Eran tempos revoltos en Siria, baixo o réxime de Hafez al-Asad, pai do actual presidente sirio, Bashar al-Asad. E Leila só era unha nena que coñecera en primeira persoa o adoctrinamento do réxime. 

Xa de maior, coa súa experiencia persoal, as súas habilidades xornalísticas e investigadoras, e o seu compromiso activista, esta galega-siria, profesora na Universidad Carlos III de Madrid e responsable de comunicación na Asociación polo Progreso das Comunicacións, acabou converténdose nunha das voces máis críticas e autorizadas en España, e tamén en Europa, sobre o conflito en Siria, un país que Leila observa agora entre a espada do terrorismo do autoproclamado Estado Islámico (ISIS) e a parede da ditadura de Bashar al-Asad. Desa experiencia persoal, xornalística e activista agromou a súa primeira novela, Cuando la revolución termine (Turpial).

A novela, baseada en experiencias reais, narra a vida de Sarah, que transcorre nunha dolorosa espera tras a desaparición do pai da súa filla Sham en Damasco. En 2014, desde Madrid, decide escribir o relato do vivido en 2011, o ano en que foi concibida Sham e se produciu o espertar cidadán de Oriente Medio e o Norte de África.

A través das historias que Sarah recrea e reconstrúe, Cuando la revolución termine achéganos ao movemento de desobediencia civil que protagonizou unha xeración de homes e mulleres sirios no ano 2011 —cando emerxeron as revoltas da Primavera Árabe—, na súa evolución desde as mobilizacións pacíficas por todo o país, desafiando a unha ditadura de décadas, ata a represión e a guerra aberta que vive Siria hoxe.

"Hai anos que un ve pasar por diante e que só co tempo e a perspectiva coloca no lugar que lles corresponde. Un non é consciente das pegadas profundas que ese tempo foi imprimindo ata que o valora con distancia. Pero 2011 non foi un deses anos. En 2011 tiñamos a impresión, non, a certeza, de estar a facer Historia", narra Leila, criada en galego, sirio e español.

Falamos con ela sobre esta novela, sobre a súa historia familiar e sobre o conflito sirio, a poucos días de que regrese á súa outra casa, Galicia, para presentar este libro. A cita terá lugar o 9 de xuño no salón Rahid do Hotel Araguaney de Santiago de Compostela, ás 19.30 horas, nun acto no que Leila estará acompañada polo politólogo e profesor da Universidade de Santiago Antón Losada

- Cóntenos un pouco a súa historia familiar... Como se coñeceron os seus pais, como crearon unha familia...?

- Meus pais coñecéronse en Santiago de Compostela, cando meu pai estudiaba Medicina na Universidade de Santiago. Era sirio e tiña a ilusión de volver ó seu país co título de médico baixo o brazo, pero namorouse e cambiáronlle os plans. Casáronse e cando eu tiña 4 anos mudámonos a Damasco, onde meus pais, miñá irmá Nadia e eu vivimos catro anos.

- E como era a vida para a súa nai, galega, neste país?

- Era a época máis escura de Siria, os anos 80 de Hafez al-Assad e a masacre de Hama, en pleno autoembargo; un país illado do resto do mundo, onde non entraba nin saía nada. Un escenario nada doado para unha muller criada nunha aldea de Galicia.

- E de vostede, da súa vida en Siria, que lembra?

- Teño lembranzas da época da escola, vestida con uniforme militar, en pé entoando o cántico ó líder cada mañá antes de comezar as clases. Como en todas as ditaduras, os nenos eran os principales receptores da ideoloxía, e o terror en Siria chegaba ó extremo de que os pais non falaban cos fillos por temor a que estes contasen na escola algo que puidese comprometelos. Algunha vez ocurriu que os pais dun compañeiro despareceron así...

- Que sucedeu coa revolución siria?

- Cando a poboación siria saíu en 2011, millóns por todo o país, a pedir xusticia, liberdade, dignidade, foi un momento de euforia, de pensar que a represión podería acabar dunha vez e vivir nun país, nunha rexión, onde se respecten os dereitos fundamentais. Asad reaccionou cargando contra manifestantes pacíficos, torturando a nenos, incendiando o país.

- E a ese estado de terror sumouse o terrorismo do ISIS. Por que emerxeu o grupo terrorista Daesh en Siria?

- O apoxeo do extremismo simbolizado pola tiranía de Daesh (o autodenominado Estado Islámico) é consecuencia directa desa impunidade desatada por Asad.
- Que lle parece, en xeral, o tratamento mediático que se lle está dando en Europa ao conflito?
- É moi preocupante ese enfoque mediático que parte da dicotomía Asad-ISIS, como se os siros, os árabes en xeral, non tivesen dereito a unha terceira vía. É moi racista, moi neocolonial pensar que os europeos merecemos unha democracia e os árabes teñen que elexir entre una ditadura de barba e unha ditadura de traxe e corbata. Hai moita xente loitando dende 2011 por un país onde vivir en xusticia e igualdade, pero por desgracia pouco se escoita a esa xente, e os titulares acapárannos sempre os extremistas dun ou doutro bando.

- E que quixo transmitir na novela?

- A novela Cuando la revolución termine é una homenaxe ó pobo sirio, ós pobos da rexión, ós homes e mulleres que día a día viven, resisten, namóranse... É un tributo a esa loita cotidiana que non vemos e que representa o futuro do país e da rexión. É unha homenaxe a tódolos pobos que seguen loitando por ser donos do seu destino, ainda que tantos ventos soplen hoxe en contra.

- Na novela asoma ao alector ao inicio desa revolución, pero atrévese a predicir o futuro para cando a revolución termine? 

- A novela ten un final futurista/distópico, que é una tendencia en alza na ficción de Oriente Medio e o norte de África, porque a realidade é tan dura, tan esmagadora, que o único modo de tomar osíxeno, reunir forzas e non afundirse é proxectándose a un futuro máis esperanzador."               (Galicia Confidencial, 03/06/16)

6/11/15

La memoria. La nuestra... la argentina... la emigración...


"Así se debía ver el mar que miró tu padre por última vez”. Con esa frase me recibió José Manuel Vázquez Lijo, encargado del Museo Marea de Porto do Son. Y me extendió una foto panorámica del puerto, de finales de la década del 20.

Allí empezó la reconstrucción de mi historia familiar que me obsequió Vázquez Lijo aquella tarde. Pero la imagen de ese mar fue apenas el comienzo. De inmediato, me mostró unos libros y golpeando sobre el lomo, dijo: “Aquí los vamos a buscar”. No entendí. Él los dejó a un lado y siguió con los obsequios.

 Un ejemplar de Lembranzas de Porto do Son de Manuel Mariño del Río, Os adeuses de Alberto Martí, más fotos: los niños del pueblo haciendo una ronda, las mujeres trenzando las redes de los pescadores, una barca, la playa. Y otro mar. O el mismo mar. “Éste es del año en que naciste, 1960”, me dijo. Si uno mira, cierra los ojos y vuelve a mirar, ¿está viendo el mismo mar?

Había llegado a Porto do Son en medio de la gira que me trajo a España a presentar mi última novela, Una suerte pequeña. Pero ese sábado estaba dedicado al pueblo de mi padre, Portosín. “Acá están registrados todos los censos del municipio”, dijo José Manuel cuando tomó los libros otra vez. Yo no sabía con exactitud la fecha en que había emigrado mi familia. Sacamos cuentas juntos: entre el 28 y el 30. Partimos la diferencia y buscamos en el censo del 29.

Me dejé llevar por él y por su entusiasmo. “Va a ser fácil, no había muchas casas. ¿Cómo se llamaba tu padre?”. “Gumersindo, como mi abuelo”, contesté. “Creo que vi un Gumersindo”, dijo, “seguramente van a aparecer con una A mayúscula a la derecha”. “¿Y eso qué significa?”, pregunté. “Ausente”, me respondió.

Ausente. Alguien que no está. Alguien que puede volver. O no. Personas censadas en ausencia. Aunque la casa estuviera vacía. Un vecino daba sus nombres. O estaban apuntados de años anteriores. Pero ellos se habían ido. El libro no decía dónde. Ni si seguían vivos o no. 

Entendí, por primera vez, la otra cara de la diáspora. Los gallegos que me rodearon toda mi vida eran los presentes, los que estaban, los que trasladaron sus vidas al otro lado del océano, los que ocuparon nuevas casas en las que también yo habité. Pero aquí, frente al mar que mi padre no volvió a mirar, ellos eran sólo sus nombres en una casa vacía.

Buscamos renglón por renglón. Aparecieron, uno debajo del otro, en la casa número 17 de Portosín. Gumersindo —mi abuelo—, Benigna —mi abuela—, un tal José —a quien nunca oí mencionar—, Eladia —mi tía— y Gumersindo (hijo), mi padre. Y la A de ausente, a la derecha de todos ellos.

Leer sus nombres en ese libro viejo, con letra cursiva de trazo perfecto, fue conmovedor. Me produjo el efecto que produce una verdad que se manifiesta como una revelación. No eran letras sobre un papel sino ellos mismos en la casa 17. Casi un siglo después, yo estaba en esa casa con ellos, comiendo alrededor de la mesa, decidiendo dónde iría ese tal José cuando se marcharan a América, soñando con un mejor futuro, mientras mi padre —con apenas cuatro años— escuchaba hablar de cuestiones que no comprendía.

La memoria es un acto de voluntad. Para que haya memoria hay que querer recordar, individualmente o como sociedad. El registro es con lo que contamos para evitar sus traiciones.

Gracias a ese libro recordé que mi abuela se llamaba Benigna. ¿Cómo pude olvidarme de su nombre? En mi libro Un comunista en calzoncillos la llamé María. No llegué a conocerla, pero recordaba su imagen tal como la vi en algunas pocas fotografías. Estaba segura de que se llamaba así. Sin embargo, ni bien vi escrito “Benigna” recordé que ése era su nombre y María el de mi bisabuela. Si no me hubiera cruzado con ese registro, no lo habría recordado nunca.

A la tarde fuimos a pasear por Portosín. Intenté que mi memoria me guiara a la casa que había sido de mi padre. La casa que, ahora sabía, era la número 17. Yo había estado allí unos treinta años atrás. Siendo aún demasiado joven para reflexionar acerca de las traiciones de la memoria. La había encontrado gracias a las referencias de una tía que había pasado por el pueblo antes.

Caminamos siguiendo las imprecisiones de mi recuerdo pero no daba con el sitio. Recordaba, sí, que muy cerca había un supermercado que llevaba mi apellido: Piñeiro. Que estaba sobre la ruta, en una esquina. Y muy poco más.

Una mujer mayor que caminaba hacia la playa se detuvo a saludar a José Luis Oujo Pouso, el alcalde de Porto do Son, que nos hacía de anfitrión. La mujer se dio cuenta de que no éramos de allí y le preguntó si necesitábamos algo. Oujo Pouso le explicó lo que buscábamos. Entonces ella, que hasta ese momento parecía muy apurada, abandonó su camino y se nos sumó.

Mientras caminó con nosotros preguntaba, ataba cabos, se esforzaba por deducir cuáles de los tantos Piñeiro de la zona podrían haber sido mis parientes. Y cada tanto se detenía y se golpeaba la frente con las yemas de los dedos mientras decía: “Ésta tiene que funcionar”. Se refería a su cabeza, o a su memoria. “Por Dios, si sólo quedamos en el pueblo dos personas de mi edad; el día que no funcione más, ¿quién va a poder ayudar?”.

Me conmovió su compromiso con una memoria que no consideraba sólo suya, sino de su pueblo. De los presentes y de los ausentes. Como antes me había conmovido el entusiasmo de José Manuel para buscar en sus registros hasta encontrar el nombre de mi padre.

Y funcionó, porque después de preguntar en una tienda, de llamar a una familia Piñeiro que vivía en Castro, de localizar a la “chica” Piñeiro que tiene una tienda de artesanías donde antes estaba el supermercado de su padre, logramos llegar a la esquina en la que estuvo alguna vez la casa 17.

Esa casa ya no está. La casa que vi hace treinta años, sin real conciencia de qué significaba, hoy es un edificio. Desde la esquina no se puede ver más el mar que vio mi padre, ni el de la fecha en que nací, ni el que vi hace treinta años con la soberbia de la juventud. Ni siquiera el mar de aquella tarde.

Si uno quiere buscar hoy la casa de mi padre tiene que hacerlo en el libro del censo del año 29. Allí sigue en pie, intacta. Allí está también el mar, todos los mares de mi historia."        (  , El País,   1 AGO 2015)

22/3/11

"Es el "malestar sin nombre" de las que fueron lavanderas, pescaderas, estraperlistas, armadoras, pujaron en las lonjas..."


Descarga de bacalao en la factoría de Pesquerías y Secadores de Bacalao de España (PYSBE), en Pasaia (Guipúzcoa)

"Rosa García-Orellán, hija de gallegos emigrados al barrio marinero de Trintxerpe (Pasaia, Guipúzcoa), usa el término acuñado por la feminista Betty Friedan en la década de los setenta para explicar el sentimiento de impotencia que, 40 años después y convertida en antropóloga, percibe en las mujeres con las que creció.

Es el "malestar sin nombre" de las que fueron lavanderas, pescaderas, estraperlistas, armadoras, pujaron en las lonjas e incluso subieron el precio de los alquileres haciendo de intermediarias en el arrendamiento de habitaciones. (...)

En teoría, las mujeres gallegas del barrio de Trintxerpe (Pasaia, Guipúzcoa) acompañaban a sus maridos o padres, embarcados en la costera del bacalao. Emigraban porque ellos también lo hacían.

En la práctica, y a pesar de que el régimen franquista no les reservaba otro papel que el de madres y esposas, se hicieron empresarias, ahorraron, especularon y llegaron a "sentirse libres".

García-Orellán, hoy profesora en la Universidad de Navarra, estudia desde 2006 el papel de la mujer en la configuración de este barrio marinero que en los años 60 fue conocido como la ciudad del dólar, la pequeña Galicia del País Vasco o "la quinta provincia", porque el 90% de sus habitantes procedían de las Rías Baixas.

Durante la II República, además, el Trintxerpe de los gallegos fue profundamente anarquista y proletario: una huelga por el incremento de salarios dejó seis muertos y numerosos heridos. El episodio lo estudió el historiador Dionisio Pereira. (...)

La historia de Trintxerpe, que desde mediados del siglo XX ha crecido tanto que hoy sus calles se mezclan con las de la ciudad de San Sebastián, arranca en 1916 de la negativa de los marineros vascos a faenar en las parejas de arrastreros. Fue entonces cuando llegaron los gallegos, atraídos por sueldos más altos.

"Es un barrio peculiar, que se configura en torno a la pesca industrial", explica García-Orellán. Los patrones eran vascos, pero en las calles se hablaba gallego y, al menos en la primera generación de marineros emigrados, la endogamia era tal que la mayoría de matrimonios se hacía dentro de la comunidad.

Pero cuando ellos embarcaban o morían faenando, Trintxerpe se convertía en dominio femenino. "Se agrupan, establecen turnos para pujar en las lonjas. Especulan con las viviendas, se hacen gestoras, toman el espacio público y crean pequeños nichos de negocio, como talleres de ropa de agua.

¿Dónde queda la ideología del Régimen cuando ellas discuten con los hombres o pujan con ellos en la lonja?", se pregunta la antropóloga, que sostiene que no es hasta la época de bonanza de los años sesenta - favorecida por los créditos blandos que la dictadura franquista concede a los armadores para aumentar la producción- cuando las mujeres empiezan a replegarse a la vida doméstica.

Para la segunda generación de marineros, criados o nacidos en el puerto, comienza a cobrar prestigio el hecho de emparentar con la población local. "Se aspira a casar a la hija con un buen patrón de pesca", reconoce. Los niños tienen prioridad sobre sus hermanas a la hora de estudiar y "todavía se constriñe el cuerpo de la mujer".

Pero algo está cambiando. Finiquitada la cartilla de racionamiento, el contrabando continúa con productos prohibidos. La píldora anticonceptiva entraba en Trintxerpe por la frontera francesa y las familias extensas dejan de ser la norma.

"El control de la natalidad llegó antes a Trintxerpe que al resto de Guipúzcoa", relata García Orellán, "porque las mujeres interiorizan que tener más de tres hijos es una miseria".

Su trabajo, sin embargo, pocas veces fue entendido como algo distinto al refuerzo de lo ganado en el mar: nunca cotizaron y hoy son, lamenta García-Orellán, un buen ejemplo "de la feminización de la pobreza".

La crisis del sector pesquero en los setenta y ochenta trajo a muchas familias de vuelta. Otras se quedaron, pero el éxodo de los marineros gallegos al País Vasco acabó. "El relevo se hace con marineros portugueses. Los jóvenes ya no quieren embarcarse.

Ser marinero es lo último". Los que se quedaron, cuenta García-Orellán, "se volvieron más vascos que los vascos". Se cambiaron los nombres, adoptaron el euskera como lengua principal y algunos llegaron a militar en partidos abertzales." (El País, Galicia, 19/03/2011, p. 8)