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29/8/25

Sabemos por qué arde, pero no para qué se prende... En los años 70, como nadie podía acreditar oficialmente su propiedad, el ICONA decidió repoblar los montes comunales gallegos. Con pinos. Los pinos crecen rápido, y arden bien. Aunque los supera otra especie, el eucalipto, que también auspiciaron las administraciones... los montes arden, sean arbolados o de matorral, porque son altamente combustibles, sobre todo cuando se dan determinadas circunstancias climáticas. Lo que queda por establecer es para qué se prende fuego. O lo que es casi lo mismo, quién... lo que hay son incendiarios: aquellos que provocan fuegos por interés de algún tipo... en la zona noroeste, la intencionalidad roza el 70% de los fuegos... la gran mayoría se deben a quemas de residuos agrícolas, regeneración de pastos, o intentar ahuyentar a animales salvajes, seguido por la actuación de pirómanos (7%) o vándalos (un porcentaje similar) o las causas relacionadas con la caza (3,5%)... pero “detrás de algunos incendios se esconden probablemente intereses especulativos relacionados con la clasificación del suelo, los cambios de uso o la puesta en marcha de nuevas actividades sobre el territorio”. Actividades como parques eólicos, plantas de transformación de madera o explotaciones mineras. Estos días circulan por las redes sociales mapas en los que se superponen las ubicaciones de este tipo de proyectos con zonas altamente afectadas por el fuego, como Chandrexa de Queixa... el nivel de respuesta de los responsables es desolador. Ninguna de las propuestas que aportó un grupo de 130 expertos de las universidades gallegas a la comisión constituida en 2017 en el Parlamento Gallego sobre el asunto fue secundada. La de partida era que no se podía abordar el problema como si fuese única y meramente una cuestión forestal. Otra –o la misma– era que el planteamiento de base pecaba de “urbano”... y la Xunta de Galicia afrontó el verano sin cubrir cerca de un centenar de vacantes en el Servizo de Prevención de Incendios Forestais (SPIF) y desoye las continuas propuestas de bomberos y brigadistas de demanda de profesionalización (Xosé Manuel Pereiro)

 "Era un niño cuando vi, o más bien experimenté, mi primer incendio forestal. A Serra de Santa Mariña, el monte que hay en mi aldea, enfrente de la casa de mis abuelos (donde ahora escribo esto) estaba en llamas. Veía la agitación y los trajines de los vecinos. Entonces eran muchos, y además se decía que la Guardia Civil paraba a los que iban o venían de las verbenas para obligarlos a que ayudasen en la extinción. Era a comienzos de los setenta, o eso calculo, entre otras cosas porque fue en esa época cuando empezaron los incendios forestales, el fenómeno.

La sierra ardió más veces, pero el fuego nunca se aproximó a la aldea (bueno, se quemó la casa de un vecino, pero por un cortocircuito), más que probablemente porque está rodeada por un cinturón de bosque autóctono. Así que no puedo contar en primera persona –cruzo, como todos mis vecinos, los dedos– la angustia, los trabajos y las vigilias de amigas o colegas que están sufriendo en carne propia la amenaza de las llamas. Y la intriga, con sospechas o sin ellas, de quién es el causante.

Por qué

Siempre ha habido fuegos por causas naturales, por despistes o como método de renovación de cultivos. Pero los incendios forestales como fenómeno, al menos aquí, comenzaron con la década de los setenta del pasado siglo. Y la culpa, aunque pueda parecer extraño, o sectario, la tuvo el franquismo y sus ansias productivistas. En Galicia, la inmensa mayoría de los montes (entre la cuarta y la quinta parte de todo el territorio, y la mitad de la superficie arbolada) es comunal. Es una propiedad privada colectiva del conjunto de los vecinos con casa abierta y residencia habitual en la parroquia, aldea o lugar en el que se encuentre el monte. Un sistema de propiedad comunitaria de origen germánico que no se puede inmatricular, vender, repartir ni embargar.

El gobierno de turno del Caudillo por la Gracia de Dios creó en 1971 el Instituto para la Conservación de la Naturaleza (ICONA) que –adelantándose al neolenguaje actual– sirvió para lo contrario de lo que pregona, al menos en los montes comunales. Como nadie podía acreditar oficialmente su propiedad, el ICONA, en connivencia, de grado o por fuerza, con los ayuntamientos, o por iniciativa propia, decidió repoblarlos. Con pinos. Como me recordó estos días un vecino, “a alguno se los plantaron delante de casa”. Y al resto, algo más lejos, pero en el terreno que todos habían aprovechado desde tiempos inmemoriales para proveerse de pastos o de leña.

Los pinos crecen rápido, y arden bien. Aunque los supera otra especie, el eucalipto, que también auspiciaron las administraciones (primero la central, que creó la Empresa Nacional de Celulosas e impuso una factoría en Pontevedra y después, con redoblado entusiasmo, la autonómica), aunque en este caso, lo hicieron con métodos algo más sutiles, pero tanto o más efectivos. El capitalismo, en sus versiones primero autoritaria y después depredadora, aportó dos especies altamente pirófilas. En Galicia, según el 4º Inventario Forestal Nacional (iniciado en 2008) las especies foráneas pirófilas introducidas (eucaliptos, acacias, pinos) ocupaban, en exclusiva o con presencia de otras, el 71% de la superficie arbolada, y el 75% de la afectada por los incendios en el decenio 2006-2015 (el último que figura en las estadísticas del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico). En ese lapso, según la Estadística General de Incendios Forestales (EGIF), el 30% de los fuegos que se produjeron en España fue en territorio gallego, más que los ocurridos en total en las otras dos comunidades más afectadas (Castilla y León y Asturias). La zona de España con más siniestros es la noroeste (del Miño al Bidasoa, incluidas tierras leonesas), una de las tres áreas en las que los estudios forestales dividen la península (la segunda es la mediterránea, de Huelva a Girona, y la tercera la constituye el interior).

El productivismo, en todas y cada una de sus facetas, se encargó de sustituir la población rural y su forma de relacionarse con el territorio por los monocultivos de cualquier tipo. Hay menos gente que nunca, y menos razones para quedarse: desaparecen desde las escuelas a las sucursales bancarias. La “desagrarización” supuso, entre 1960 y 2017, el descenso en Galicia de 730.000 personas ocupadas (es decir, sin contar la población no activa) en el sector agroganadero. En el proceso se dejó de trabajar aproximadamente una cuarta parte del territorio y del total de la superficie agraria útil. Entre 1989 y 2011 casi la mitad del territorio no urbano de Galicia experimentó un cambio de uso, una dinámica posiblemente inédita en el contexto de Europa Occidental.

En contra de lo que se pueda pensar, hoy hay más superficie arbolada (plantaciones para producción de madera, que no bosques) que nunca: aumentó desde el 38% del territorio en 1972 hasta el 49% en 2011, según el 4ºIFN (y hoy será mucho mayor, de hecho, dado su dinamismo, se plantea revisar la zona cantábrica por quinquenios, no por decenios). Pero no sólo arden los pinares y los eucaliptales (en Ourense prácticamente no hay esta última especie). El terreno que abandonó el ser humano fue colonizado, además de por árboles, por la maleza descontrolada. Se le puede llamar “naturaleza”, aunque los que se encargan de luchar contra los incendios le llaman “combustible”. “Quedó a monte” es la expresión gallega, que vale tanto para un terreno como para una persona.

En el resumen que reconozco que va haciendo falta, los montes arden, sean arbolados o de matorral, porque son altamente combustibles, sobre todo cuando se dan determinadas circunstancias climáticas. Lo que queda por establecer es para qué se prende fuego. O lo que es casi lo mismo, quién.

Para qué

En la época que el ICONA se dedicaba a plantar donde no era suyo se apuntaba a los despistes (“cuando un bosque se quema, algo suyo se quema”, rezaba la propaganda, quiero pensar que sin ser conscientes del sarcasmo). Todavía hay descerebrados que hacen barbacoas o tiran fuegos de artificio donde les place. Y pirómanos, es decir, gente con una patología que hace que disfruten plantando lumbre (y la cobertura mediática refuerza el efecto llamada). Pero fundamentalmente lo que hay son incendiarios: aquellos que provocan fuegos por interés de algún tipo.

El EGIF del decenio de referencia estima en un 88% los incendios con causas conocidas, y las clasifica en cinco grandes grupos: rayos (la única considerada natural en España); negligencias y accidentes (quemas agrícolas y ganaderas, maquinaria, trenes, deficiencias en el tendido eléctrico, hogueras y barbacoas, etc); intencionadas, desconocidas y reproducciones de incendios anteriores. Quedémonos con los fuegos intencionados. Cerca de 70.000 en la etapa estudiada (el doble de los ocasionados por negligencias). En la zona noroeste, la intencionalidad roza el 70% de los fuegos, mientras en la mediterránea y en la interior supera apenas el 30%.

La intencionalidad es multicausal: los informes oficiales dicen que la gran mayoría se deben a quemas de residuos agrícolas, regeneración de pastos, o intentar ahuyentar a animales salvajes, seguido por la actuación de pirómanos (7%) o vándalos (un porcentaje similar) o las causas relacionadas con la caza (3,5%). Incluso mencionan motivaciones residuales como venganzas por multas, resentimiento por expropiaciones, crear malestar social y los ritos satánicos o pseudoreligiosos (todos ellos poco más de un 0,04%). Sin embargo, la propia información oficial reconoce que “a pesar del elevado número de incendios de causa conocida, es un dato muy relevante que sólo se logre identificar al causante en un 17% de los casos, impidiendo por tanto el inicio de procedimientos judiciales para la sanción del delito, en su caso. Especialmente llamativo es el bajo número de incendios intencionados con causante identificado”.

Quién

A raíz de los grandes incendios ocurridos en 2006 en la costa atlántica (con tres muertos), la Fiscalía Superior de Galicia ordenó una investigación exhaustiva a la Guardia Civil. El resumen fue que la intencionalidad era menor, un 60% contra el 85% que le atribuía el entonces Ministerio de Medio Ambiente, pero se disparaba el desconocimiento de las causas: el 49% de los incendios tenían motivaciones desconocidas. “Muchas veces, en los interrogatorios a los que se somete a los detenidos, no confiesan motivación específica alguna”, declaró entonces el fiscal superior, Carlos Varela García.

Aquel año fueron detenidas 180 personas en relación con los incendios, y “los motivos que confesaron los detenidos, algunos de ellos con graves trastornos psíquicos, fueron muy variados: rencillas, venganzas, limpieza de fincas o de pastos...”. Se dictó prisión provisional para 32, 17 precisaron de internamiento psiquiátrico y cuatro pasaron a la Fiscalía de Menores. Diez tenían otros antecedentes penales y bastantes sufrían alcoholismo. No creo que eso constituya una radiografía muy exacta de los incendiarios. Si las leonas hicieran una estadística sobre los herbívoros que consiguen capturar, probablemente concluirían que sus presas eran las gacelas más lentas o los búfalos más viejos.

Baso también mi escepticismo en que a un conocido le ofrecieron hace años en un bar quemar montes, con remuneración variable según resultados (extensión quemada). No quiso preguntar para qué, ni dónde. Pero es curioso que estamos ante un delito cuya enorme gravedad no se corresponde con la escasa o desconocida cuantía de los beneficios. Lo que la investigación descartó fue la existencia de tramas organizadas, según aseguró aquel año –y lo sostuvo otro año trágico, 2017, ante el entonces presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo– el que era fiscal de Medio Ambiente de Galicia y ahora fiscal general del Estado en la picota, Álvaro García Ortiz.

Sin embargo, el fiscal superior Carlos Varela no se recató –hace ya casi dos décadas– y dijo que “detrás de algunos incendios se esconden probablemente intereses especulativos relacionados con la clasificación del suelo, los cambios de uso o la puesta en marcha de nuevas actividades sobre el territorio”. Actividades como parques eólicos, plantas de transformación de madera o explotaciones mineras. Estos días circulan por las redes sociales mapas en los que se superponen las ubicaciones de este tipo de proyectos con zonas altamente afectadas por el fuego, como Chandrexa de Queixa.

Qué

Ante una situación de catástrofe, que todo hace suponer que no hará sino empeorar por las condiciones climáticas, el nivel de respuesta de los responsables es desolador. Ninguna de las propuestas que aportó un grupo de 130 expertos de las universidades gallegas a la comisión constituida en 2017 en el Parlamento Gallego sobre el asunto fue secundada. La de partida era que no se podía abordar el problema como si fuese única y meramente una cuestión forestal. Otra –o la misma– era que el planteamiento de base pecaba de “urbano”. Exactamente igual que las medidas y la propaganda institucional que anima a permanecer en un rural que se pinta como idílico mientras la política real es potenciar la eucaliptización (léase el caso de la megacelulosa Altri) y el productivismo empresarial.

Bajando al detalle, la Xunta de Galicia afrontó el verano sin cubrir cerca de un centenar de vacantes en el Servizo de Prevención de Incendios Forestais (SPIF) y desoye las continuas propuestas de bomberos y brigadistas de demanda de profesionalización. Además del Seprona de la Guardia Civil, la Unidad de Policía Nacional adscrita a Galicia (UPA, aka la policía autonómica gallega) es la encargada de investigar los delitos contra el medioambiente. En unas jornadas sobre incendios celebradas en 2005 en el Consello da Cultura, el entonces responsable reconoció que había 25 agentes destinados a ese tema, que en verano por las vacaciones se reducían en una tercera parte. Con datos referidos al pasado 1 de agosto, la UPA informaba de que a lo largo del año había “detenido o investigado” a 13 presuntos causantes de incendio (la práctica totalidad, por negligencias).

Al gobierno autonómico de Alberto Núñez Feijóo y después de Alfonso Rueda tampoco se le conocen esfuerzos por aplicar la norma, establecida en 2007 por el gobierno de coalición de PSdeG y BNG, que obligaba a los residentes en núcleos rurales a tener despejados de maleza los alrededores de las viviendas. El gallego no es, sin embargo, un caso aislado. Las distintas comunidades autónomas pasaron de destinar en conjunto más de 360 millones a prevención en 2009 a menos de 180 millones en 2022, aunque mantienen más o menos estables las partidas dedicadas a las más visibles labores de extinción. En el área noroeste, la muy castigada este verano Castilla y León ha pasado de destinar 10,27 millones a 1,41 (un 86% menos) y Asturias ha recortado el presupuesto en un 67%.

En general, las únicas voces que se escuchan, además de las airadas o resignadas de los vecinos de las zonas afectadas, son las que confirman el nivel escolar de debate político español. El PP aplica el manual de cinco puntos que siempre usa en caso de emergencias. Primero niega o minimiza la existencia (el Colexio Profesional de Xornalistas de Galicia ha solicitado a la Administración autonómica, entre otras cosas, que aumente los partes diarios, que ofrezca datos desagregados y localizados de efectivos y que no se limite a informar de los incendios superiores a 20 hectáreas), después pide ayuda al Gobierno central y en tercer lugar posteriormente responsabiliza a otros (normalmente al Gobierno central) de la gestión (o de su falta) a pesar de que las competencias son suyas.

El pasado 5 de mayo, el presidente gallego, Alfonso Rueda, presentaba el plan de incendios 2025 (Pladiga) y se enorgullecía de los 7.000 efectivos que contemplaba, a pesar de que como calculó el periodista Juan Oliver, la letra pequeña del Pladiga 2025 sólo contabilizaba 5.189 (3.044 de personal de la Xunta, 1.968 de entidades locales; 112 trabajadores de medios aéreos subcontratados y 65 más de medios estatales). El pasado martes, después de varias reclamaciones de medios y efectivos al Gobierno central, la Xunta estimaba en 4.300 personas las que luchaban contra el fuego, entre ellos 746 mandos y soldados de la UME y de otros organismos estatales.

No he olvidado los puntos 4 y 5 del manual argumentativo del PP en caso de emergencias (aunque no sólo del PP: he cubierto varios tipos de catástrofes). El cuarto es el capítulo de lamentos y jeremiadas (“lo-siento-mucho-no-lo-volveré-a-hacer” style) y el quinto, la rueda de prensa de medidas cosméticas que ni rozan la raíz de los problemas.

Permanezcan atentos a su estreno en sus pequeñas pantallas.

Yo acabo esto y vuelvo a mirar al monte de enfrente." 

(Xosé Manuel Pereiro  , CTXT, 24/08/2025 )

22/8/25

Rueda: 8,3 millones de fondos europeos que se dejaron sin ejecutar, que se habrían dedicado a subvenciones para actuaciones para preparar el terreno y otros elementos, con 480 expedientes presentados que se encuentran también pendientes de resolución. “Estamos hablando de desbroces, cortalumes, pistas forestales… tareas que deberían estar hechas desde la primavera y que hoy, sencillamente, no existen sobre el terreno. Es desolador ver que muchas de esas actuaciones estaban previstas precisamente en zonas que ahora arden”... y más de 400 focos ocultados por la Xunta (Rodrigo de la Torre)

 "Los socialistas de Galicia evidencian una serie de acciones emprendidas por el Gobierno autonómico de Alfonso Rueda que habrían dado lugar a una dejadez en lo relativo a la prevención de incendios y que, de haberse abordado, quizás se estaría hablando ahora de una situación distinta.  Es por ello que el líder del PSOE en esta región, José Ramón Gómez Besteiro, reclamará al máximo mandatario gallego que comparezca en el primer pleno de septiembre, con la intención de que aclare su gestión en lo relativo a esta materia y que, también, dé cuenta de los recursos disponibles para atajar la ola de fuegos y sus efectos.

La Xunta de Galicia mantiene desde el mes enero bloqueados más de ocho millones de euros procedentes de fondos europeos que deberían estar destinado a la prevención de incendios forestales. Un presupuesto que se dejó sin ejecutar, habiendo obviado el desarrollo de trabajos esenciales que podrían haber reducido los efectos de los incendios y haber frenado el avance de las llamas que han arrasado miles de hectáreas. La diputada socialista Carmen Dacosta ha explicado que a la consejería de Medio Rural sigue, tras este tiempo, sin haber resuelto dos partidas presupuestarias clave para el fomento de dos líneas de trabajo: más de dos millones de euros para obras de infraestructuras de prevención, que se habrían repartido en nueve lotes aún sin adjudicar, así como una cantidad superior a cinco millones de euros que se habrían dedicado a subvenciones para actuaciones para preparar el terreno y otros elementos, con 480 expedientes presentados que se encuentran también pendientes de resolución. “Estamos hablando de desbroces, cortalumes, pistas forestales… tareas que deberían estar hechas desde la primavera y que hoy, sencillamente, no existen sobre el terreno. Es desolador ver que muchas de esas actuaciones estaban previstas precisamente en zonas que ahora arden”, ha denunciado Dacosta.

Debido a la magnitud que han alcanzado los fuegos y las consecuencias derivadas de ellos llevan ahora a José Ramón Gómez Besteiro a reclamar explicaciones en sede parlamentaria al presidente gallego. De esta manera, ha advertido que la prioridad inmediata sigue siendo “apagar los fuegos, garantizar la seguridad del vecindario y apoyar a las familias afectadas”, si bien, ha incidido en que, una vez controlada la emergencia, “el presidente Rueda deberá rendir cuentas por su gestión de la ola de incendios, y por la disponibilidad efectiva de los recursos y medios empleados en las tareas de extinción".

Hasta 400 incendios ocultados por la Xunta de Galicia

La consejera de Medio Rural de Galicia, María José Gómez, ofrecía una entrevista a la Cadena SER el 18 de agosto en la que afirmaba lo siguiente: "Cada día aparecen 30 nuevos incendios en Galicia, entre 30 y 35 incendios diarios, que prácticamente se extinguen en su totalidad. Además, debo decir que, desde agosto hasta hoy, hemos registrado 492 incendios solo en agosto, es decir, 370 incendios más que el año pasado". 

Esta declaración despertaba cierta sorpresa en Praza Pública, un periódico gallego, que comenzaba a revisar datos y atisbaba que, ante este alegato de la consejera, la Xunta ha ocultado hasta 400 incendios, pues de los 447 totales solo ha difundido información sobre 45. Según este medio de comunicación de Galicia, los datos facilitados por María José Gómez seguirían un camino que ya habría marcado el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, que en la jornada del 12 de agosto, cuando la temporada de incendios se hallaba en sus primeros días, aseguró que en esa primera parte del mes "se están extinguiendo alrededor de 30, 35 incendios al día por parte de los servicios de la Xunta de Galicia , lo que supone, para que se hagan una idea, 250 más de los que hubo que extinguir en el mismo periodo del año pasado". 

Praza Pública expone que ni por parte de Rueda ni de Gómez se realiza una clarificación de si esta comparativa de números correspondía a los incendios divulgados en su momento o con el total, incluyendo los ocultos. Es por ello que este medio interpreta las cifras y deduce que "la comparación se realiza con los incendios del año pasado que tampoco se divulgaron, ya que durante todo el mes de agosto de 2024 la Xunta solo notificó cinco incendios, cuatro de ellos posteriores a estas fechas y solo uno, en Ponteareas, que comenzó antes, el 16 de agosto. Es decir, si este año se ocultaron 447 incendios en medio de una crisis grave, el año pasado, sin ninguna situación extraordinaria, la Xunta revela ahora que ocultó 121".

Así, Praza Pública subraya que el gobierno gallego solo da a conocer uno de cada diez incendios y que esto se debe a que solo comunica los incendios que superan las 20 hectáreas o los que afectan a zonas pobladas o protegidas. Un criterio que, tal y como expone, "comenzó a adoptarse tras la llegada de Alberto Núñez Feijóo al Gobierno gallego, tras la divulgación de más información y de forma más sistemática durante el anterior gobierno del PSdeG y el BNG, como hacen hoy otros gobiernos del PP, como la Junta de Castilla y León, con muchos más recursos tecnológicos".

Ante esta información, surgen nuevas denuncias del PSOE gallego, desde donde recuerdan que ya desde el primer día de esta ola de fuegos advirtieron de la necesidad de disponer información clara y puntual “porque salva vidas”. De esta manera, la portavoz socialista de política forestal, Carmen Rodríguez Dacosta, ha señalado que “no es una reclamación nueva ni improvisada: llevamos días insistiendo en que la ciudadanía tiene derecho a conocer en tiempo real que carreteras están cerradas, que aldeas fueron evacuadas o que zonas siguen en riesgo”. 

 , El Plural, 22/08/25)

18/8/25

O comité de TVG e Radio Galega pide a marcha dos xefes de informativos pola "inacción" na vaga de lumes... denuncia que os servizos informativos da radiotelevisión pública estiveron e aínda están desaparecidos do papel que deben xogar como primera fonte de información de servizo público da cidadanía galega nunha emerxencia como a que supoñen os maiores lumes da historia do país... Critican que a "inacción deliberada" dos responsables dos informativos da CSAG puido vincularse coa "incompetencia" nun primero momento, mais no seu comunicado o Comité destaca que a cobertura desta fin de semana obedeceu ao "mandato do goberno da Xunta de ocultar a gravidade da situación relativa aos incendios" (Praza Pública)

 "O Comité Intercentros da Corporación de Servizos Audiovisuais de Galicia (CSAG), a nova denominación dos medios de comunicación públicos –antes CRTVG–, denuncia que "os servizos informativos da radiotelevisión pública estiveron e aínda están desaparecidos do papel que deben xogar como primera fonte de información de servizo público da cidadanía galega nunha emerxencia como a que supoñen os maiores lumes da historia do país.

O ente que representa ás traballadoras e traballadores da TVG e da Radio Galega esixe "o cese de Alejandro López e Marta Darriba, director e subdirectora dos servizos informativos dos medios públicos, que consideran desautorizados", din nun comunicado, "para estar á fronte dunha equipa" que "estes días sentiu vergoña, impotencia e carraxe pola desidia e a irresponsabilidade dos seus superiores". 

Critican que a "inacción deliberada" dos responsables dos informativos da CSAG puido vincularse coa "incompetencia" nun primero momento, mais no seu comunicado o Comité destaca que a cobertura desta fin de semana obedeceu ao "mandato do goberno da Xunta de ocultar a gravidade da situación relativa aos incendios".

A representación legal do persoal da CSAG urxe á directora xeral, Concepción Pombo, a "asumir en primeira persoa a xestión da crise" e pídelle que sitúe a "profesionais da redacción capaces de liderar a grave situación" no lugar dos directivos dos servizos informativos que reclaman cesar. 

O obxectivo, sinalan no seu comunicado, é "recuperar o papel e a responsabilidade como servizo público dos informativos e do resto da programación", que consideran debe centrarse na crise incendiaria, "fornecéndolle á poboación minuto a minuto e desde todas as frontes a información de utilidade que precisa e demanda".

Para as representantes do comité de empresa da CSAG a cobertura desta vaga de incendios confirma as críticas que veñen realizando sobre o "desmantelamento" das delegacións territoriais da canle pública, pois "son os equipos de profesionais que coñecen o territorio os que mellor poden acceder e informar sobre o que pasa nel". Desta maneira, instan a que a TVG e a Radio Galega 'recuperen' o papel de servizo público. " 

(Praza Pública, 18/08/25) 

Rueda descarte el Nivel 3 de emerxencias... "non é necesario" que o Goberno galego solicite o nivel 3 de emerxencia... "Se o nivel 3 supuxese máis medios e fose necesario para que se achegasen eses medios, eu non tería ningunha dúbida, pero non é necesario"

 "(...) O presidente da Xunta, Alfonso Rueda, avanzou que a próxima semana haberá unha reunión extraordinaria do Consello da Xunta, que se celebrará en Ourense, para habilitar as primeiras axudas destinadas a zonas afectadas polos incendios en Galicia e reclamou ao Goberno a incorporación inmediata dos efectivos "solicitados e comprometidos".

"Non poden chegar a contagotas. Agradecemos o que xa chegou e esperamos que chegue hoxe mesmo o comprometido", manifestou Ruda na comparecencia de prensa tras a primeira reunión para estudar estas axudas, onde sinalou que polo momento, con "aínda moitas hectáreas ardendo", non se pode facer unha estimación da contía, pero asegurou que a Xunta "estará á altura" e pediu a todas as administracións a mesma "celeridade".

Así, detallou que a Axencia Galega de Emerxencias (Axega) realizará a avaliación dos danos para que as diferentes consellerías poidan proceder a facer as súas convocatorias e aprobalas no Consello previsto a próxima semana para "que se abra o prazo de petición". Ademais, defendeu que "non é necesario" que o Goberno galego solicite o nivel 3 de emerxencia porque, segundo destacou, non achegaría máis medios.

"Se o nivel 3 supuxese máis medios e fose necesario para que se achegasen eses medios, eu non tería ningunha dúbida, pero non é necesario. Onte mesmo o presidente do Goberno dicía que vai atender todas as solicitudes; estamos no nivel 2, así que sería incomprensible que se estivesen reservando medios", expuxo. (...)

 "TODOS OS MEDIOS"

Por outra banda, o ministro para a Transformación Dixital e da Función Pública, Óscar López, defendeu este luns que o Goberno puxo en disposición "todos os recursos que dispón o Estado" para loitar contra o lume, á vez que acusou ao líder do PP, Alberto Núñez Feijóo, de facer "declaracións irresponsables" e pediu "arrimar o ombreiro" aos 'populares'.

"Todo é todo", sostivo Óscar López nunha comparecencia desde o Ministerio para facer balance dos resultados do Plan do Goberno contra as estafas telefónicas e por SMS, onde tamén se referiu a a situación actual dos incendios que afectan a gran parte do territorio nacional. Segundo recalcou López, "todos os recursos do Estado están mobilizados" e explicou que a Unidade Central de Emerxencias leva mobilizada desde principios de agosto para loitar contra os incendios forestais."

(Galicia Confidencial, 18/08/25) 

16/8/25

A loita contra as lapas da veciñanza de Chandrexa: “Ninguén nos preguntou nada, pero estamos preparados. Temos o noso propio plan de evacuación, comezando pola xente maior da aldea, e unha casa preparada para levalos alí. Sabemos por onde vai vir o lume se atravesa o río e por onde saír. Se miras agora a fachada da miña casa parece un expositor: temos colgadas as botas, os monos de traballo, os pallastros, todas as mangueiras estendidas... Meu pai pasou moitos días no monte apagando lumes e cada noite é quen de predicir o que vai pasar ao día seguinte, de verdade que ninguén pensa que sería bo falar coa xente que leva aquí toda a vida para saber mellor como enfrontar os incendios?”... A veciña de Acevedo conta que esa noite viron pasar moitos helicópteros, pero que ningún deixou caer auga sobre a súa serra. “Neste punto, e mira que é horrible que eu diga isto, podería entender que den por perdida a serra de Queixa e se centren en salvar as aldeas e as casas”... “Tal e como están agora as leis, nas terras queimadas non se pode pastar durante catro anos. Se cando a chegue a primavera non hai alternativa ningunha en dous anos pechamos e marchamos de aquí. Supoño que algo inventarán... Agora mesmo a xente sobrevivirá coa forraxe acumulada do inverno e tirando do penso, que seguro subirá de prezo" (Ana G. Liste)

 "Son as tres da mañá e o lume permanece activo no horizonte. Raquel, veciña da aldea de Acevedo, no municipio de Chandrexa de Queixa, vixía o avance das lapas pola serra adiante xunto a unha trintena de veciñas e veciños. Saben que se o incendio que afecta dende o 8 de agosto a este concello da comarca da Terra de Trives cruza o río Navea, tardará menos de dúas horas en chegar ao pé das súas casas.

“Ninguén nos preguntou nada, pero estamos preparados. Temos o noso propio plan de evacuación, comezando pola xente maior da aldea, e unha casa preparada para levalos alí. Sabemos por onde vai vir o lume se atravesa o río e por onde saír. Se miras agora a fachada da miña casa parece un expositor: temos colgadas as botas, os monos de traballo, os pallastros, todas as mangueiras estendidas...”, conta Raquel a Praza.gal mentres fai a comida.

A vida non para, nin sequera cando o lume ameazou xa varias veces as casas das aldeas de Vilar, Senra, Taboazas, Espasa, Zamorela, Requeixo, Bretelo, Forcadas, Parafita, Chao, Casteligo e Paradaseca durante estes días nos que case ninguén concilia o sono en Ourense.

Na madrugada do mércores 13 ao xoves 14 tiña toda a traza de que o lume ía atravesar o río Navea e chegar ata Acevedo “e de aí xa pode non parar ata o río Sil”, como alerta Raquel. “O río agora vai case seco, é un paso. Vendo isto, non sería necesario que un axente forestal ou algunha mente pensante se achegase ata aquí e falase coa veciñanza que está nesta situación de estrés desde hai unha semana vendo como arde toda a serra?”, pregúntase. A veciña de Acevedo conta que esa noite viron pasar moitos helicópteros, pero que ningún deixou caer auga sobre a súa serra.

“Neste punto, e mira que é horrible que eu diga isto, podería entender que den por perdida a serra de Queixa e se centren en salvar as aldeas e as casas”, di con pesar Raquel, que necesita explicar que as causas deste gran lume, que se vén de unir ao do Macizo Central ourensán superando as dez mil hectáreas queimadas, veñen de moi atrás: “Antes os pobos estaban cheos de xente con gando e todo estaba limpo, había cortalumes naturais. A xente foi marchando, cada vez hai menos animais pero ninguén fai nada, todo segue como cando aquí vivía moita xente que se ocupaba do terreo. Así claro que arde a terra, e arde moi profundamente porque nada llo impide, porque a maleza avanza de forma imparable mentres ningunha Administración pública fai nada en materia de organización do territorio ou xestión forestal”.

Todo o gando de Chandrexa de Queixa vai pastar á serra en primavera. “Que imos facer agora?”, exclama Raquel, que pide desculpas pola carraxe que sente ao falar da impotencia das veciñas e veciños. “Tal e como están agora as leis, nas terras queimadas non se pode pastar durante catro anos. Se cando a chegue a primavera non hai alternativa ningunha en dous anos pechamos e marchamos de aquí. Supoño que algo inventarán... Agora mesmo a xente sobrevivirá coa forraxe acumulada do inverno e tirando do penso, que seguro subirá de prezo. Vin onte unha imaxe de todas as vacas que lograron reunir os gandeiros concentradas na pista de esquí da estación de Manzaneda, déronme moita pena as vaquiñas, pero polo menos os gandeiros conseguiron salvalas. A ver que sucede agora...”, razoa.

Raquel conta que a moitos dos pobos non chegou ninguén e que se defenderon das lapas cos seus propios medios. Nunha aldea de Chandrexa foron un matrimonio e a súa filla de vinte anos os que defenderon as casas. “Alguén terá que dirixir isto”, afirma a ourensá. “Son consciente de que a situación é moi complexa, pero non vexo os medios que din que están traballando; non nego que estean, pero falta coordinación e información á veciñanza das zonas afectadas. Meu pai pasou moitos días no monte apagando lumes e cada noite é quen de predicir o que vai pasar ao día seguinte, de verdade que ninguén pensa que sería bo falar coa xente que leva aquí toda a vida para saber mellor como enfrontar os incendios?”, manifesta."                    (Ana G. Liste , Praza.Gal, 14/08/25) 

22/2/23

Incendios no Xurés en pleno inverno, cambio climático, falta de xestión e...algo máis? ¿O de arruinar o valor ecolóxico deste lugar para a instalacións de megaparques eólicos transfronteirizos?

 "A aparición de lumes no parque do Xurés durante o mes de febreiro deste 2023 é a evidencia da política de abandono do rural e mala xestión do monte por parte das autoridades autonómicas e centrais en Galicia, segundo algúns movementos ambientalistas. Desde outra perspectiva, tamén hai ambientalistas que ven unha intencionalidade “económica-industrial” detrás dos incendios rexistrados este ano, e dita intención non é máis que arruinar o valor ecolóxico deste lugar para a instalacións de megaparques eólicos transfronteirizos. A Consellería de Medio Rural apunta á orixe dos lumes desde o lado portugués.

CAUSAS MULTIFACTORIAIS

A “intencionalidade” detrás dos lumes nos montes en Galicia é un conglomerado de rumores, suposicións e, ás veces, claras intencións de causar dano tamén por causas diversas. Alén diso, a aparición de incendios fóra dos “meses tradicionais” para estes fenómenos crea unha serie de interrogantes a día de hoxe moito máis relacionados con especulacións, simples sospeitas e, ás veces, certezas, aínda que poucas.

É por iso que desde os movementos ambientalistas recean das ideas preconcibidas ou da “rumoroloxía” arredor da aparición de lumes no monte, sexa cal sexa a época do ano. “A aparición de incendios forestais é multicausal e non podemos basearnos en díxome-díxomes, hai que buscar razóns científicas” apunta Fins Eirexas de Adega.

“En vista de comentarios en grupos nas redes sociais relacionados coa prevención e extinción de incendios, comezamos a facer un traballo de camposobre a intencionalidade dos lumes no monte” apunta Patxi Lueiro da Asociación Arco Iris. “A porcetaxe de incendios en Galicia é moi superior ao resto do Estado, algo que ademais se trata como un feito consumado”. É así que tanto desde a política como a xudicatura, apuntan movementos ambientalistas, trátase o lume forestal como un elemento que apenas merece un esforzo extra para combatelo.

Aínda así, e tal como apunta Lueiro, até 2013 levouse unha contabilidade dos lumes en Galicia por parte da Garda Civil. Os datos apuntaban unha densidade incendiaria moi alta, como xa se dixo, mais o destacable é por que se deixou de recompilar datos.

QUE PASA NO XURÉS?

“Temos a aplicación de políticas nefastas sobre ese territorio, un abandono das administracións como se non tivesen o máis mínimo interese en mantelo” declara Eirexas. “O lume en inverno nesta área é unha mostra da falta de xestión e prevención no monte en toda Galicia”. Ao abandono tamén se suma o feito de períodos secos, a falta de humidade no chan e outros factores como é o cambio climático e as súas consecuencias.

Patxi Lueiro volve apunta que no caso do Xurés as pistas forestais para o acceso de motobombas estiveron atrancadas. “Desde Ourense ratificaron que existían obstáculos físicos que impedían a entrada no parque” de equipos antiincendios. Por outra parte, “tampouco entendemos porque din que o lume vén de Portugal cando en Twitter se sinalou que un dos focos estaba do lado galego”.

A Consellería de Medio Rural sinala pola súa parte apunta que “en relación coas pistas, a inmensa maioría das da rede viaria forestal son públicas e permanecen abertas todo o ano, agás en momentos puntuais de arranxo e mantemento das infraestruturas, que en todo caso non afectan á prioritaria extinción”.

En relación á orixe dos lumes que afectaron ao Xurés nos últimos días, Medio Rural sinala que de todos os investigados pola UIFO (Unidade de Investigación de Incendios Forestais) que entran en Galicia, “todos se inician en Portugal, algún na mesma liña do deslinde entre os dous países. En numerosas ocasións o persoal do dispositivo galego accede ao territorio portugués para combater o lume alí e evitar que entre en territorio galego”.

Os lumes na Serra do Xurés son consecuencia dunha época seca sen precipitacións en inverno. Isto, unido a factores como o abandono rural, a mala xestión do monte, a falta de prevención e posibles obstáculos para a actuación de equipos de extinción, favorecen a propagación do lume. Existe ademais a crenza extendida entre varios colectivos de intereses económicos e industriais para a eliminación da denominación de parque natural, algo que impediría a instalación de proxectos industriais."              (Moncho Mariño , Galicia Confidencial, 19/02/2023)

31/12/22

Adeus ao ano dos maiores incendios forestais documentados na historia de Galicia

 "Nunca antes en Galicia arderan máis de 11.000 hectáreas nun único incendio forestal. Ou, cando menos, nunca antes ata o verán deste 2022 se documentara algo semellante. O pasado 28 de xullo a Consellería do Medio Rural daba por extinguido o gran incendio resultado da unión de ata cinco focos en dous concellos do Courel Folgoso e A Pobra do Brollón- e estimara que alí arderan unhas 11.100 hectáreas de monte mentres a información do satélite da UE Copernicus elevaba o número a 13.200.

Ambas eran cifras provisionais e incomparables entre si, por seren obtidas mediante métodos distintos. En todo caso, as dúas significaban o mesmo: un récord de superficie ardida nun só incendio que por pouco non superou outro acontecido nos mesmos días, cunhas 10.500 hectáreas ardidas en Carballeda de Valdeorras -12.000, segundo Copernicus-. Todo, no medio dunha vaga de calor inusitadamente intensa.

O acontecido no Courel e Valdeorras, se cadra xa algo esvaecido nos resumos que nestas datas dan en lembrar o máis destacado do ano, respondeu en boa medida aos retratos robot dos novos incendios que múltiples voces expertas viñan trazando dende había anos no marco da alerta xeral pola crise climática. Esas análises falaban de incendios menos numerosos, pero de moita maior superficie e duración, moito máis difíciles de controlar ou mesmo "incontrolables" ata que non chega a chuvia. "Non hai dispositivo no mundo capaz de controlar estes incendios de nova xeración", resumía o pasado xullo para Praza.gal un bombeiro forestal en primeira liña de lume.

Xa nos primeiros días de ambos incendios houbo advertencias neste sentido. Así, por exemplo, o director da Escola de Enxeñaría Forestal de Pontevedra, Juan Picos, explicaba naquelas xornadas as conclusións ás que el mesmo e outros expertos e persoal sobre o terreo viñan de chegar: ambos incendios, os do Courel e Valdeorras, "interactuaron claramente". "A intensidade do lume no Courel forma un pirocúmulo [nube provocada polo incendio] bastante importante que coincide coa propagación repentina e errática, e en contra do que estaba previsto, do incendio en Carballeda de Valdeorras", explicaba.

E isto, que significa? A "combustión foi tan grande" no Courel que creou esas nubes con "milleiros de metros de altitude", columnas "que absorben o osíxeno e acaban comportándose como o tiro dunha cheminea". A súa intensidade foi tal que chegaron "a mudar o réxime de ventos previsto polas predicións meteorolóxicas", dificultan a extinción e provocan novos refachos que axudan á "propagación intensa e caótica do lume" en Valdeorras cando "semellaba controlado". Un gran incendio alimenta e descontrola outro.

Sen marxe para o "terrorismo incendiario"

Estes enormes incendios do Courel e Valdeorras respondían en boa medida ás advertencias científicas a respecto da crise climática e tamén a outras alertas sobre despoboamento e mala xestión. Así o sinalaron diversas voces no ámbito do ecoloxismo e forzas políticas naqueles días, pero non só. Tamén o reflectía un informe manexado pola propia Xunta e incluído, precisamente, na edición 2022 do Plan de Prevención e Defensa contra os Incendios Forestais de Galicia (Pladiga), o documento que cada ano compendia as actuacións e medios cos que conta o Goberno galego para previr e extinguir o lume nos montes.

Como informou Praza.gal, xunto a medio cento de propostas concretas para mellorar a infraestrutura de prevención de extinción de incendios na Zona de Especial Protección dos Valores Naturais Os Ancares - O Courel (que abrangue unha ducia de concellos), o estudo puña o foco na necesidade de "fixar poboación" na zona e alertaba do "abandono da xestión tradicional" do monte. Porque, continuaba, o abandono das áreas rurais e de zonas protexidas coma estas trae consigo "cambios importantes na composición da estrutura dos ecosistemas", fundamentalmente pola "diminución das actividades tradicionais" como "recollida de leña ou pastoreo", dando lugar a "gran acumulación de biomasa forestal" de "forma continua". E así, "ante calquera raio, descoido, neglixencia ou causa intencionada" desátanse "grandes incendios difíciles de extinguir".

Os raios das treboadas desencadeadas en plena vaga de calor foran, precisamente, as orixes destes grandes incendios, como quedou acreditado. Isto impedira á Xunta reeditar o argumentario de anos anteriores, cando atribuíra algúns dos peores incendios á suposta obra de "terroristas" incendiarios. Desta volta mesmo a Consellería do Medio Rural dera en incidir no "carácter anómalo" dos incendios a respecto do vivido anteriormente, un "comportamento que nunca se vira" e puña as lapas "fóra da capacidade de extinción" mentres non só ardía o monte, senón tamén casas, moitas delas abandonadas.

Así foi como tras media década de relativa calma en canto á superficie total ardida nos montes galegos, en apenas mes e medio do verán arderon máis de 43.000 hectáreas. Nos primeiros meses de 2023 chegarán os balances que traerán consigo as cifras exactas, pero en todo caso xa é posible afirmar que o 2022 foi, no que a incendios se refire, o peor ano dende a dura vaga de lume de 2006."           (David Lombao , Praza Gal, 30/12/22)

13/10/22

La Fiscalía investiga si la “dejadez” de la Xunta agravó la ola de incendios del verano en Ourense

 "La Fiscalía de Ourense ha abierto diligencias de investigación penal para investigar si la deficiente actuación de la Xunta agravó la ola de incendios del verano en la provincia, tal y como sostienen los ecologistas. El ministerio público inicia las pesquisas tras la denuncia presentada por la Plataforma por un Monte Galego con Futuro. “Falló la prevención y luego, producidos los primeros focos iniciales, no se actuó en tiempo y forma con los medios suficientes con el fin de intentar controlar su expansión y minimizar los efectos de los fuegos tanto en los ecosistemas como los daños económicos”, esgrime Xosé Santos, portavoz del colectivo. En julio y agosto ardieron en Galicia más de 44.000 hectáreas y buena parte de ellas están en Ourense.

La fiscal delegada de medio ambiente ha solicitado a la Xunta de Galicia que informe sobre “los medios de extinción, cuántos operativos se hicieron cargo de la extinción, medios materiales y humanos” que se desplegaron contra los grandes incendios que se produjeron en la provincia en julio y en agosto. La denuncia de la plataforma ecologista mantiene que la Xunta cometió un delito contra el medio ambiente por su “inacción” ante las llamas que arrasaron “ecosistemas de gran valor” en el parque natural de O Invernadoiro, en la sierra de O Courel, en Valdeorras, en el Val de Monterrei, en los montes de A Cañiza, O Ribeiro y O Arenteiro, entre otros.

La denuncia de la plataforma aduce que los incendios en Ourense se vieron agravados porque las labores de prevención previstas para este año “están sin hacer a día de hoy” y con los focos iniciales “no se actuó en tiempo y forma con los medios suficientes” para intentar controlar los fuegos y minimizar el daño. Según los ecologistas, el operativo de la Xunta “estuvo desbordado desde el principio por la falta de medios técnicos, materiales y humanos”. Sostienen que el grado de movilización de los equipos en julio y agosto en Ourense “fue equiparable al que se activa durante una precampaña en los meses de marzo, abril, mayo y junio”.

La Organización Galega de Comunidades de Montes ha enviado un escrito al consejero de Medio Rural, José González, en el que le reclama que se amplíen a un año todos los contratos de los bomberos forestales que ahora solo trabajan para la Xunta durante seis meses. Las entidades que gestionan montes mancomunados consideran que estos efectivos son necesarios para realizar trabajos de prevención de incendios. En la misma línea que la denuncia de los ecologistas en Ourense, efectivos en esta situación subrayan en un comunicado que este año se incorporaron a su puesto el 18 de mayo, por lo que al entrar ya en época de “máximo riesgo” no realizaron “prácticamente ninguna acción preventiva”.      (El País, 13/10/22)

10/10/22

Denuncian á Xunta pola súa "inacción" na loita contra os incendios forestais... o dano producido polos incendios forestais "agravouse debido a que a maioría dos traballos de prevención de incendios previstos para o ano 2022 están sen facer a día de hoxe"

 "A plataforma, conformada por diversas asociacións entre as que se conta a Federación Ecoloxista Galega, explican que presentaron a denuncia ante a "inacción" da Xunta e, en particular, da Consellería de Medio Rural ante os lumes que consumiron ecosistemas de gran valor como o Parque Natural do Invernadeiro e Macizo Central ourensán, Serra do Courel, bisbarra de Valdeorras, Val de Monterrei, Montes da Cañiza, Montes da bisbarra do Ribeiro e Arenteiro, entre outros.

O desleixo apuntado por estas plataformas focalízase no feito de que, segundo explican, o dano producido polos incendios forestais "agravouse debido a que a maioría dos traballos de prevención de incendios previstos para o ano 2022 están sen facer a día de hoxe". "Apenas se executou parte do Plan de prevención de incendios forestais presentado o 5 de maio de 2022 polo entón Presidente da Xunta de Galicia don Alberto Núñez Feijóo, cun orzamento de mais de 180 millóns de euros, que entre outras partidas, tiña previsto un investimento de 33 millóns de euros para prevención e intervir en 58.000 hectáreas de montes, 58.000 quilómetros de pistas...", inciden. 

Ademais, sosteñen, o alcance e repercusión dos incendios forestais tería sido "moito menor" de activarse todo o operativo de Tempada de Máximo Risco de Incendios tal e como establece o plan de prevención para este 2022. "Tendo en consideración a situación de alarma por risco extremo de incendio forestal, debíase ademais adoptar as medidas complementarias establecidas nos protocolos de Protección Civil tanto da comunidade autónoma como do Estado español", explican.

Todo isto porque, de acordo coas mesmas fontes, “os indicadores diarios de incendios forestais permitían vaticinar que, en caso de focos iniciais de incendio forestal, estes podían converterse con facilidade en Grandes Incendios Forestais como así lamentablemente pasou a partires do 14 de xullo”, subliña Xosé Santos, voceiro da Plataforma. “Logo, producidos os primeiros focos iniciais, non se actuou en tempo e forma cos medios suficientes co fin de intentar controlar a súa expansión e minimizar os efectos dos lumes tanto nos ecosistemas como os danos económicos e sociais que se podían producir”.

A plataforma agarda que a Fiscalía abra unha investigación ante o "enorme prexuízo" causado polo que xulgan o desleixo da Xunta. "Xa que ademais do grave dano causado nos montes e ecosistemas de máis valor de Galicia, arrasando coa flora e fauna e afectando aos acuíferos e ecosistemas fluviais, tamén houbo unha perda de vivendas, instalacións e danos nas infraestruturas, fortes perdas económicas e sociais que poñen en risco a sustentabilidade e o futuro das bisbarras afectadas".  Da mesma forma, explican, tamén solicitaron á Valedora do Pobo que actúe de oficio e investigue en profundidade a actuación do goberno galego na prevención e extinción dos incendios forestais para o esclarecemento das responsabilidades penais."                  (Galicia Confidencial, 17/08/22)

9/9/22

¿Hai propietarios de terreos queimando espazos protexidos da Rede Natura? Na maioría dos casos a clasificación ZEC da Xunta de Galicia “pareceu responder só á obriga legal de acadar unha superficie suficiente” e “tentou centrarse nas zonas menos poboadas, probablemente para conseguir unha menor oposición social”... as condicións socioeconómicas non se tiveron en conta durante o proceso de selección destas zonas... a poboación desas zonas perciben a rede Natura 2000 como un risco para as súas condicións de vida... se as zonas da Rede Natura 2000 fosen seleccionadas por criterios puramente ambientais, o número de incendios sería sen dúbida menor... é probable que se estean protexendo zonas que non posúen o valor ecolóxico necesario para ser protexidas, mentres que as zonas de alto valor ecolóxico queden desprotexidas

 "Investigadores da USC certifican que as hectáreas queimadas aumentaron nas Zonas Especiais de Conservación (ZEC) tras a súa declaración e suxiren que detrás deses lumes poden estar propietarios contrarios á Rede Natura. O científico Adrián Regos pide mudar as políticas antiincendios.

O estudo pode ser polémico, pero os datos falan por si sós. Os espazos protexidos como Zonas Especiais de Conservación (ZEC) da Rede Natura en Galicia arderon máis desde que adquiriron ese status. Así o evidencia un traballo realizado polo grupo de investigación PROePLA GI-1716, da Universidade de Santiago de Compostela (USC), no que se demostra que, “tras a declaración de protección, se produciu un incremento estatisticamente significativo da superficie queimada por lume nestas zonas, principalmente en terreos particulares”. Isto apuntaría a unha intencionalidade por parte dalgúns propietarios de terreos como presuntos responsables de incendios. Cando menos é a hipótese que se baralla para explicar este aumento de lumes nas ZEC, onde se demostrou que “a declaración de protección non supuxo ningún beneficio para o réxime de incendios”, afirman os investigadores.

Gervasio López Rodríguez, Verónica Rodríguez Vicente e Manuel Francisco Marey Pérez asinan este traballo de investigación que abrangue o período 1999-2014. Como explican, desde a adopción da Directiva 92/43 do Consello da Unión Europea sobre conservación dos hábitats naturais e da fauna e flora silvestres, en Galicia “xurdiu certa oposición entre os propietarios e xestores dos terreos afectados pola directiva”. De feito, lembran que xa algúns estudos previos ao seu indicaron que “parte desta oposición atopou expresión en incendios provocados nestas zonas” tras ser declaradas ZEC. Con estes antecedentes, decidiron analizar a ocorrencia de incendios intencionados nas ZEC da Rede Natura 2000 en Galicia e nos montes veciñais en man común.

“Comprobamos se a declaración de ZEC tivo un impacto estatístico sobre o réxime de incendios forestais no período 1999-2014. As análises centráronse nos subperíodos 1999-2004 e 2005-2014, é dicir, antes e despois da aprobación da lista de lugares de importancia comunitaria”, detallan.

Para a investigación utilizáronse catro unidades territoriais diferentes: MVMC, ZEC, áreas de intersección entre MVMC e ZEC (MVMC-SAC) e áreas de MVMC que non se cruzan con ZEC (MVMC sen ZEC). E utilizáronse dúas medidas complementarias: a taxa de lumes (números de incendios/100 hectáreas) e a superficie queimada polo lume (hectáreas).

“Ante as diversas polémicas que acompañaron a Rede Natura 2000 dende a súa creación, foi necesario analizar o resultado que tivo sobre o réxime de incendios, xa que en Galicia a maioría dos incendios forestais son causados ​​polo ser humano. Neste sentido, un aumento do número de incendios forestais que se producen nas ZEC ou un aumento da superficie queimada poderían indicar un rexeitamento á Rede Natura 2000”, expoñen os responsables do estudo.

“Tamén foi necesario que o noso estudo se centrase nos MVMC, pola gran importancia que teñen no sector forestal en Galicia. Isto permitiunos observar as diferenzas que existen nos distintos tipos de propiedade”, engaden.

Así, os investigadores expuxeron tres preguntas de investigación: existe unha diferenza significativa no número de incendios e/ou na superficie queimada/incendiada antes e despois de 2004 nos ZEC?, existe unha diferenza significativa no número de incendios e/ou na zona queimada/incendia antes e despois de 2004 na zona de intersección MVMC-ZEC?, e houbo unha diferenza significativa nos réximes de incendios dos MVMC con ZEC e dos MVMC sen ZEC?

AUMENTO DA SUPERFICIE QUEIMADA NAS ZEC

Os resultados obtidos do estudo mostran que, tras a declaración dese status de protección, produciuse un incremento estatisticamente significativo da superficie queimada por incendios nas ZEC, principalmente en terreos particulares.

Tamén se constatou que a porcentaxe de incendios provocados posteriores a 2004 foi maior nas ZEC que noutras unidades territoriais. E descubriron que a porcentaxe de incendios provocados se reduciu menos nas ZEC que noutras unidades territoriais. Ademais, comprobaron que a superficie queimada por lumes despois de 2004 nas ZEC foi case o dobre que nas MVMC-ZEC.

Con estes datos, os expertos consideran que “as políticas conservacionistas da Rede Natura 2000 en Galicia non tiveron un efecto positivo sobre o réxime de incendios forestais”.

Os resultados obtidos no estudo mostran certas diferenzas no réxime de incendios nas ZEC e nos MVMC. As diferenzas atopadas nas ZEC, din, “son especialmente relevantes, xa que tamén afectaron a superficie queimada polo lume, que se incrementou notablemente nesta unidade territorial”.

Así, aínda que as porcentaxes de incendios forestais de orixe humana para cada zona de estudo foron practicamente idénticas, os datos mostran que foron maiores para os MVMC, onde ata o 91,97% dos incendios acontecidos entre 1999 e 2014 foron provocados polo ser humano ou como resultado de neglixencias. Do total de incendios forestais de orixe humana en Galicia entre 1999 e 2014, o 9,95% producíronse en ZEC.

Nas ZEC, a porcentaxe de incendios forestais de orixe humana foi do 91,14%. Tamén observaron que a partir de 2005 se produciu unha redución da intencionalidade (porcentaxe de incendios forestais de orixe humana), entre 5 e 6 puntos porcentuais. Non obstante, aínda que as porcentaxes de redución de lumes foron moi similares nas distintas unidades territoriais, a menor redución atopouse precisamente nas ZEC. E “malia a tendencia xeral á baixa, observamos que había unha maior intencionalidade nas ZEC”, salientan.

En canto á taxa de incendios forestais de orixe humana antes e despois de 2004 en cada unidade territorial analizada, a maior taxa de incendios forestais antes de 2004 acadouse no conxunto de Galicia (0,52 incendios/100 ha), seguida dos MVMC sen ZEC (0,51 lumes/100 ha). Despois de 2004 xeneralizouse a redución da taxa de intencionalidade, aínda que maior en MVMC e MVMC sen ZEC. “Despois de 2004, a taxa de incendios forestais para os distintos grupos territoriais analizados tendeu a converxer, con valores moi próximos entre todos eles, de tal xeito que os ZEC non parecen beneficiarse do mesmo descenso que os demais grupos de estudo”, sinalan.

Unha análise máis detallada dos resultados obtidos comprobou que a superficie queimada polo lume aumentou significativamente a partir de 2004 en todas as categorías territoriais estudadas. Pero a maior porcentaxe de incremento produciuse nos MVMC, onde a superficie queimada aumentou un 233,36%, así como nas ZEC, onde o incremento foi do 232,68%. É máis, nas ZEC, a superficie queimada foi mesmo a maior de todas as categorías estudadas. Mentres, nas zonas de intersección MVMC-ZEC o incremento porcentual foi o menor, o que para os investigadores “pode indicar que o réxime de propiedade influíu en certa medida no réxime de incendios”.

En relación ao réxime de propiedade, o único grupo territorial no que se produciu unha redución da superficie anual queimada entre 1999–2014 foi o MVMC–ZEC (30,96%). Isto, para os investigadores, supón que, “malia o incremento da superficie queimada por incendios forestais no período de análise, a redución do número de incendios compensaba os danos provocados, circunstancia que non se constataba para o resto de grupos territoriais”.

Na análise da intencionalidade nas ZEC, chama a atención que aínda que a partir de 2004 se produciu un descenso significativo do número de incendios, a superficie afectada polo lume foi moi superior a partir dese ano.

No que respecta aos MVMC con interseccións coas ZEC, non houbo diferenzas significativas na superficie afectada polo lume a partir de 2004, aínda que si houbo diferenzas significativas na taxa de incendios forestais. Non obstante, os científicos cren que esta redución podería corresponder ao descenso xeral observado tamén no conxunto de Galicia, polo que “non é imputable en primeiro lugar á aprobación do decreto autonómico que regula estes espazos protexidos”.

“Cómpre lembrar que nas ZEC existían diferenzas significativas na superficie afectada polos incendios forestais, polo que esa diferenza podería correlacionarse con cambios nas propiedades privadas. Noutras palabras, se existisen diferenzas significativas nas ZEC e non existisen diferenzas significativas nos MVMC-ZEC, estas diferenzas poden deberse ás propiedades privadas das ZEC”, expoñen.

Por último, observouse a ausencia de diferenzas significativas, tanto na taxa de incendios forestais como na superficie queimada despois de 2004, tanto para MVMC-ZEC como para MVMC sen ZEC.

“Polo tanto, a declaración oficial da Rede Natura 2000 non parece ser determinante na dinámica dos incendios forestais estudados. Este resultado corrobora o observado con respecto ás propiedades particulares, xa que neste caso a presenza das ZEC non parecía ter ningunha consecuencia”, apuntan.

“REXEITAMENTO Á REDE NATURA”

Así, e segundo os resultados obtidos, conclúen que “a Rede Natura 2000 non tivo un efecto moi positivo sobre o réxime de incendios forestais nas ZEC”.

De feito, o “importante incremento da superficie queimada” observado nestas zonas “parece indicar un certo rexeitamento á Rede Natura 2000, principalmente por parte de propietarios de leiras privadas e non de propiedade comunal como os MVMC”, explican.

Con todo, recoñecen que “este aumento pode deberse a moitas outras causas non analizadas neste estudo”, polo que consideran necesarias máis investigación que “deberían centrarse na posible relación entre a aparición de incendios e o réxime de propiedade” para aclarar este asunto, ademais de “ter en conta as condicións socioeconómicas dos espazos protexidos, xa que se a poboación desas zonas perciben a rede Natura 2000 como un risco para as súas condicións de vida, dificilmente a aceptará”.

MUDAR CRITERIOS NA CLASIFICACIÓN ZEC

Os expertos tamén ven “necesario analizar se os criterios empregados pola Rede Natura 2000 na súa clasificación son os máis axeitados”, xa que aínda que a directiva establece que “se deben ter en conta os requisitos económicos, sociais e culturais”, estes autores lembran que “as condicións socioeconómicas non se tiveron en conta durante o proceso de selección” destas zonas. 

 “En consecuencia, se os criterios non son axeitados, é moi probable que o resultado obtido sexa moi desfavorable ou que exista algunha oposición social”, din.

Os investigadores están convencidos de que “se as zonas da Rede Natura 2000 fosen seleccionadas por criterios puramente ambientais, o número de incendios sería sen dúbida menor, como mostran as estatísticas oficiais para as ZEC que teñen un valor ambiental destacado”. De feito, apuntan, “que estas ZEC teñan un alto valor ecolóxico débese á ausencia de incendios forestais”.

Porén, critican que na maioría dos casos a clasificación ZEC da Xunta de Galicia “pareceu responder só á obriga legal de acadar unha superficie suficiente” e “tentou centrarse nas zonas menos poboadas, probablemente para conseguir unha menor oposición social”. Tanto é así, que, como mostran no seu estudo, a Rede Natura 2000 sitúase principalmente nos concellos máis despoboados de Galicia e naqueles concellos onde se produciu unha maior perda de poboación entre 2001 e 2014.

“Actuando deste xeito, é probable que se estean protexendo zonas que non posúen o valor ecolóxico necesario para ser protexidas, mentres que as zonas de alto valor ecolóxico queden desprotexidas”, comentan.

Para López Rodríguez, Rodríguez Vicente e Marey Pérez, “o éxito da Rede Natura 2000 dependerá, en boa medida, de favorecer o desenvolvemento socioeconómico da poboación residente nos terreos protexidos (o que tería o efecto prexudicial de favorecer o abandono dos terreos), ou, preferentemente, permitir o aproveitamento económico que tradicionalmente se produciu nos terreos protexidos”. Neste sentido, lembran que “foron as comunidades locais as que, mediante unha xestión sostible dos recursos, conservaron ata agora estas terras”.

MUDAR A XESTIÓN DO TERRITORIO E DOS LUMES

A última vaga de incendios en Galicia, que arrasou máis de 30.000 hectáreas, maiormente nas provincias de Lugo e Ourense, afectando zonas protexidas e de enorme valor ecolóxico como O Courel ou o Parque do Invernadeiro, fixo revivir ao país as peores catástrofes das últimas décadas. Para o galego Adrián Regos Sanz, doutor en Ecoloxía Terrestre e investigador do Centre de Ciència i Tecnologia Forestal de Catalunya, está sendo “un ano desolador, como tamén o foi en anos recentes en Portugal, Grecia, Italia, California, Australia ou Chile”. Pero é, ademais, “tremendamente frustrante, porque levamos anos alertando sobre as consecuencias do cambio climático, do abandono rural, da falta de planificación territorial”, lamenta.

“¿E cal é a reacción dos responsables políticos e sectores socioeconómicos decisivos neste pais? Hoxe é o Courel, onte foi o Xurés, e maña? ¿A que estamos esperando para reaccionar como sociedade perante a inacción dos diferentes gobernos que marcaron e seguen a marcar a nosa axenda?”, pregúntase este científico.

Para Regos, “a non xestión é unha decisión con claras implicacións nos lumes”. Aí é onde atopa o principal problema: “A vaga de lumes que estamos a vivir é en gran medida consecuencia das decisións tomadas no eido agroforestal e territorial dos últimos 40 anos”.

Regos lembra que o abandono rural comezou na segunda metade do século XX e este éxodo levou consigo a “perda das actividades agropastorais tradicionais e o seu conseguinte impacto nas paisaxes”. Para este experto, “a cantidade e continuidade da carga de combustible, é dicir, da vexetación dispoñible para arder, é moito maior que hai 50 anos”.

Por outro lado, cre errado centrarse en estratexias de extinción dos lumes: “Está demostrado que unha política exclusivamente baseada na extinción de todos os incendios, independentemente das condicións e a intensidade coas que se produzan, paradoxalmente, favorece a acumulación de ‘combustible’, ao privar os nosos ecosistemas dun proceso ecolóxico fundamental, o fogo (efecto coñecido como ‘firefighting trap’)”.

O científico pregúntase como xestionar as paisaxes agroforestais sen fogo e onde están os recursos para unha xestión a escala de paisaxe que nos permita facer fronte a unha nova xeración de incendios. Estes grandes incendios, cada vez máis devastadores, “veñen para quedarse”, di. “Necesitamos ser conscientes de que o cambio climático só vai favorecer as condicións para que estas ondas de incendios se repitan con máis frecuencia e virulencia. A acumulación progresiva de vexetación sen xestionar, baixo as condicións de seca e estrés hídrico ás que están expostas, crea as condicións ideais para a xeración de eventos extremos, ante os que as brigadas de extinción teñen pouco que facer, máis alá de arriscar as súas vidas. Pensemos tamén neles”, pide este experto.

Para Regos, “precisamos ser conscientes da gravidade do problema” e “crear paisaxes máis resistentes e resilientes aos grandes incendios forestais, camiñar cara territorios ‘fire-smart’”. Tamén considera necesario “recoñecer o papel fundamental do fogo nas nosas paisaxes, o uso ancestral que del fixeron as comunidades rurais e incorporar ese coñecemento na xestión”.

“As nosas paisaxes precisan urxentemente dunha xestión proactiva, adaptativa, integradora, que permita un desenvolvemento rural compatible, a medio e longo prazo,  coa biodiversidade e os servizos ecosistémicos. Está claro que a xestión reactiva, unilateral fronte os retos do cambio global non é efectiva, nin intelixente. E a inacción, repito, tamén é unha decisión”, advirte."                     (Galicia Confidencial, 06/08/22)

26/8/22

La mayoría de las imputaciones por incendios forestales lo son por negligencias, contra ancianos de la Galicia envejecida El Gobierno gallego ha recurrido históricamente al fantasma de los “terroristas” del fuego para justificar el fracaso de su política contraincendios... pero el Gobierno gallego ha recurrido históricamente al fantasma de los “terroristas” del fuego para justificar el fracaso de su política contraincendios... todo Cualedro vivían indignados aquellos días porque la Guardia Civil había detenido al que veían más inocente: Gumersindo, un exguardia civil de 83 años, sin coche, enfermo y con fama de honrado, que a la hora en que se había declarado el peor incendio de aquel año alguien vio regresando a casa. Había ido a su finca, próxima al foco inicial, a regar las sandías que acostumbraba regalar a todo el mundo. Al anciano fueron a arrestarlo días después a su domicilio a la precisa hora en que el presidente Feijóo viajaba a la comarca para prometer ayudas y visitar los municipios calcinados por aquel incendio que se desmadró

 "Los agentes forestales de Ourense van actualizando sus mapas y estadísticas cada vez que el fuego prende en algún rincón de la provincia más quemada de España. Saben que si abre el telediario un devastador incendio en otra punta de Galicia, casi de forma automática, como por arte de magia, empieza a arder algún monte en el ayuntamiento de Cualedro, en Monterrei, Oímbra, A Mezquita o en alguno de los municipios ourensanos que conforman el tantas veces ardido parque natural de O Xurés, Reserva de la Biosfera.

Todos los años el sur de Ourense arde mucho, “y siempre nos duele, nunca nos acostumbramos”, lamenta un brigadista en Verín, sin tiempo de secarse los ríos de sudor que resbalan por su cara. El trabajador forestal parece muerto de sed, pero se limita a cargar de agua la motobomba, su munición para volver al tórrido frente de batalla. El fuego que apaga fue “intencionado”, casi nadie lo duda en el pueblo y todos lo tienen claro en los despachos de la Xunta en Santiago. Empezó por la tarde en un rosario de 10 focos empujados por el viento que amenazaron varios núcleos habitados. 

Los responsables políticos enseguida se hicieron eco del rumor de un supuesto coche moviéndose rápidamente por la zona. “Es más fácil que fuera una moto”, opina el veterano agente: “Un coche no se mueve así y lo acabarían cazando”. En el bar de enfrente, un hombre asegura a todos que ha visto esposado a A., y que la culpa la tiene su familia por no controlarlo a todas horas. ¿Quién es A.?, se le pregunta. Las otras personas congregadas responden que es un sospechoso habitual, junto a otros dos vecinos, pero que igual que lo apresan lo sueltan. Casi nunca hay pruebas para incriminar a nadie porque el fuego se lo traga todo.

 “Se habla de uno y de otro... pero luego esas personas que estaban señaladas mueren y el monte sigue ardiendo”, comenta Rafael Pérez, alcalde del BNG en A Mezquita, que concentra un llamativo historial de fuegos en los montes de O Pereiro. Cualedro, otro de los braseros de Ourense, lleva años con la vista puesta en dos o tres vecinos “chiscadores”. Chisqueiro es mechero en gallego. Chiscar es prender fuego. Sobre uno de ellos el propio alcalde del PP, Luciano Rivero, decía en 2015 que era “un artista de los artefactos incendiarios con retardo”, al que nunca pillaban in fraganti y que tenía “en vilo a todos los parroquianos”. El regidor y todo Cualedro vivían indignados aquellos días porque la Guardia Civil había detenido al que veían más inocente: Gumersindo, un exguardia civil de 83 años, sin coche, enfermo y con fama de honrado, que a la hora en que se había declarado el peor incendio de aquel año alguien vio regresando a casa. Había ido a su finca, próxima al foco inicial, a regar las sandías que acostumbraba regalar a todo el mundo. Al anciano fueron a arrestarlo días después a su domicilio a la precisa hora en que el presidente Feijóo viajaba a la comarca para prometer ayudas y visitar los municipios calcinados por aquel incendio que se desmadró.

 Aunque aprendió a esquivar la palabra “trama” que sí usaron a placer varios de sus predecesores, Alberto Núñez Feijóo siempre ha hablado de “terrorismo incendiario” para justificar la llama perpetua. “Galicia no arde sola, a Galicia la queman”, clamaba cuando presidía la autonomía, un discurso escapista que ahora que ha dado el salto a Madrid adapta para maquillar el fracaso de la política contraincendios también en otras comunidades en manos del PP. En los años de Feijóo, la Xunta pintó un paisaje surcado de incendiarios, una “lacra” de “carácter homicida” decía el presidente, que provocaban un problema de “orden público”. La publicidad invitaba a la ciudadanía a destapar a estos criminales —a anotar matrículas de coches volviendo del bosque— que supuestamente se movían con nocturnidad y alevosía por los paisajes de la Galicia envejecida.

 Además de la ancestral cultura rural del fuego, con unas 400.000 quemas al año (“basta con que salga mal el 1% para tener la causa de muchos incendios”, adviertía el fiscal general Álvaro García Ortiz cuando era responsable de Medio Ambiente en el ministerio público gallego), casi la mitad de la comunidad es masa arbolada, dos tercios si se cuenta el monte bajo. Galicia suma, además, unas 30.000 entidades de población (casi la mitad de las de toda España) de las que 4.000 están ya vacías. No hay manos jóvenes para gestionar la madera y la maleza desmandada. Pero incluso desde antes de la llegada de Fraga, para la política siempre ha sido más rentable alimentar las llamas de la teoría de la conspiración. El PP, no obstante, quizás por gobernar más tiempo, lo ha hecho mejor que nadie. El mentor de Feijóo y máximo exponente del sector popular “del birrete” (frente a los de “la boina”), José Manuel Romay Beccaría, dio el pistoletazo de salida en 1990 cuando puso de moda el asunto de los “artefactos incendiarios” lanzados desde ultraligeros por una mafia.

Artefactos como “los de Jarrai”

Eran bengalas unidas a pequeños paracaídas, un ingenio sofisticado, mucho más, desde luego, que los chapuceros haces de cerillas pegados con esparadrapo a una mecha o las velas de difunto. Pero en pocos días un empresario pirotécnico, pidiendo disculpas por contradecir a las autoridades, reveló que no eran más que restos de fuegos artificiales lanzados con motivo de unas fiestas patronales en la provincia de Pontevedra. El éxtasis de las acusaciones sin pruebas lo alcanzó ocho años después no un alto cargo del partido, sino un portavoz de Nuevas Generaciones que describió la trama como “grupos organizados, vinculados con el nacionalismo radical gallego, que lo único que pretenden es acabar con nuestra tierra y desprestigiar la política del PP”. Eran, decía, “grupos compuestos por jóvenes que utilizan artefactos parecidos a los de Jarrai”.

 Desde el PSOE, quizás las más sonadas declaraciones fueron las de Cristina Narbona cuando era ministra de Medio Ambiente y el presidente de Galicia era el socialista Emilio Pérez-Touriño. Narbona habló de “terrorismo forestal” (Rajoy, siendo presidente, de “terrorismo ambiental”) y lanzó la hipótesis de los trabajadores “despechados por no haber sido contratados en los retenes” contraincendios de 2006. Además de a estos, señalaba a personas aquejadas de “patologías”, aunque los pirómanos no representan ni el 8% de los arrestados por incendios forestales.

“En 2021, un año con pocos incendios, el Seprona abrió 308 investigaciones en Galicia, 165 por fuegos intencionados”, explican en la comandancia de A Coruña. De estas, la mayoría siguen abiertas y solo se ha resuelto el 31%. A lo largo de los años, Galicia lidera el desgraciado ranking de las llamas en España. Concentra un tercio de los incendios y 70 de los 100 municipios que más arden. Las estadísticas oficiales (Ejecutivo central, Guardia Civil, fiscalía) revelan que a pesar de las tormentas secas y los rayos; los chispazos del tendido eléctrico y demás causas sobrevenidas, la mano del hombre está detrás de la mayoría de los incendios y siete de cada 10 son accidentales, por imprudentes quemas agrícolas, por negligencias de vecinos que infinidad de veces son ancianos. Suele haber más de 100 investigados al año. Pero basta con repasar la hemeroteca para ver que la palabra “octogenario” se repite en los titulares. Ellos prendieron fuego intencionadamente, pero no con intención de sembrar el mal.

Este mes, el sucesor de Feijóo, Alfonso Rueda, prefirió tirar por el camino del medio: dijo que cuando la Xunta del PP hablaba de tramas terroristas era porque “la sensación era esa”, pero reconoció que la fiscalía ha dicho “reiteradamente” que no existen grupos organizados que actúen con complicidad y al compás. No obstante, puntualizó: “Si por terrorismo se entiende hacer el mayor daño posible sin ninguna otra intención más que hacer daño, sí que existe terrorismo incendiario”. En lo más crudo de los incendios de agosto, el conselleiro de Medio Rural, José González, informó de que en una sola noche se habían registrado nueve conatos claramente intencionados, por la hora y por la proximidad a viviendas. González prometió detenidos, y acabó con una de las frases preferidas por los responsables políticos cada verano y otoño seco: “Caerá sobre ellos todo el peso de la ley”.

Sin pruebas ante el jurado popular

Serafín, un hombre de 57 años que vivía en la indigencia en Cotobade (Pontevedra), fue apresado por un devastador fuego registrado durante aquel desastroso verano de 2006 que devoró 93.000 hectáreas en Galicia. El incendio había invadido una carretera y dejado sin escapatoria a dos mujeres que iban en coche. Seis años más tarde, el acusado (por el fuego y por los homicidios imprudentes), que había cumplido prisión provisional, se sentó ante el tribunal popular. Pero fue absuelto: después de varias sesiones escuchando a testigos y peritos la magistrada decidió disolver el jurado por la ausencia de pruebas con la que se había llegado a aquel juicio.

Pocas veces la Guardia Civil tuvo pruebas tan rotundas como las que en 2016 llevaron a prisión preventiva a Carmen, una vecina de Cerceda (A Coruña) de 56 años, que era sospechosa y fue seguida por una patrulla hasta sorprenderla en plena acción. En su coche llevaba velas y nueve mecheros, uno de ellos decorado con el lema “amo Galicia”. Tiempo después, aquella mujer que arrastraba una nutrida historia de conflictos con sus vecinos, llegó a un acuerdo con la fiscalía y aceptó cuatro años y medio entre rejas por 11 incendios forestales que en total sumaban 22 hectáreas. Aquel año, en Galicia ardieron más de 20.000.

Después de casi un mes de incendios encadenados en los que la comunidad perdió más de 41.000 hectáreas, la segunda semana de agosto la subdelegación del Gobierno en Pontevedra presentó la campaña 2022 de la Operación Centinela Gallego. Treinta patrullas y drones sobrevolando los montes de 33 ayuntamientos para “vigilar y disuadir” a los supuestos incendiarios. La estrella de la jornada fue un avión no tripulado de 400 kilos equipado con una cámara para el día y la noche capaz, dijeron en el acto, de identificar una cara a 1.500 metros de altura. Ahora solo hace falta que el incendiario se quite la gorra y mire hacia arriba.

Miguel, el ecologista que asó un chorizo y acabó entre rejas

Aunque, cuando gobernaba, Feijóo admitía que había fuegos “provocados por descuidos”, opinaba que las negras oleadas que se ceban con Galicia no eran “resultado de la casualidad”. “No, los incendios no son fruto de la casualidad, sino de un fallo multiorgánico. Además de la investigación, en Galicia falla la extinción y falla, sobre todo, la prevención”, comenta el agente forestal Xosé Santos, integrante de Amigos da Terra y Amig@s das Árbores: “La política forestal gallega lleva décadas tratando de curar una metástasis con aspirinas”. “Existe la máxima de que todos los grandes fuegos tienen que tener un nombre detrás”, explica, “siempre se habla de coches y hasta se llegan a difundir vídeos, como el de un motorista que iba con un bidón por Vigo en los incendios de octubre de 2017 y que luego resultó que no era ni de aquel día”.

Tras aquellas dos jornadas en que Galicia fue el mismísimo infierno —un averno de 49.000 hectáreas calcinadas, tres muertos en Pontevedra y uno en Ourense— la detención que se propagó a los cuatro vientos fue solo la de Miguel, funcionario judicial, fundador de un grupo ecologista y poeta que cantaba a la naturaleza. Había ido a limpiar su soto de castaños, en el Ayuntamiento ourensano de Os Blancos, para prevenir incendios, y al mediodía le apretó el hambre y asó un chorizo sobre unas piedras para comer. Se le escapó el fuego y quemó una hectárea. Fue él mismo quien corrió a pedir auxilio. Los grupos ambientalistas salieron en su defensa, lo consideraban el cabeza de turco. Pero Miguel fue encarcelado y luego condenado por el Tribunal Superior a nueve meses de prisión. La Xunta pedía más."                  (Silvia R., El País, 22/08/22)

23/8/22

Os veciños apagan o incendio "crítico" de Moaña por falta de medios

 "Un incendio declarado esta tarde de luns no municipio de Moaña ameaza casas na parroquia de Meira. A Consellería de Medio Rural informa de que o lume obrigou a cortar a autovía do Morrazo (CG 4.1) entre os quilómetros 5 e 6.

Ás 17,00 horas, a alcaldesa de Moaña, Leticia Santos, explicou a Europa Press que se vivía unha situación crítica, "cos veciños apagando o lume desde terra" porque "aínda non chegaron os medios". Asegura que non houbo desaloxos porque os habitantes traballan na zona.

No entanto, a esa hora non se decretou a Situación 2, alerta por proximidade a vivendas, por parte da Xunta. Segundo informa a Consellería de Medio Rural a Europa Press, o lume de Moaña iniciouse ás 15,54 horas na parroquia de Meira. Indica que traballan tres avións, tres motobombas, seis brigadas e dous axentes.

A columna de fume que provocou este incendio é visible desde diferentes municipios a varios quilómetros á redonda na tarde deste luns."         
        (Galicia Confidencial, 22/06/22)