"La que estaba llamada a ser la segunda superficie industrial de
España es hoy, 18 años y 130 millones de euros después, un enorme
descampado.
Un descampado voraz, que sigue engullendo cada año varios
millones de euros de las distintas administraciones que la pusieron en
marcha. Xunta, Autoridad Portuaria y Zona Franca de Vigo iniciaron en 2000 los trámites para crear la Plataforma Logística e Industrial Salvaterra-As Neves (Plisan),
también conocida como Puerto Seco, y convertir sus 4,2 millones de
metros cuadrados en el mayor polígono industrial de la Eurorregión
Galicia-Norte de Portugal.
Cuatrocientas empresas, se aseguró entonces,
estaban ya interesadas en asentarse en lo que, transcurridas casi dos décadas, no es más que un paisaje lunar sin ninguna actividad.
La autopista fantasma que enlaza la A-52 Vigo-Madrid
con el inexistente parque industrial es solo la punta del iceberg. El
gasto en esa infraestructura de 4,5 kilómetros, construida desde hace
cuatro años pero cerrada al tráfico en su mayor parte, ascendió a 18
millones de euros, a los que habría que añadir los 10,5 millones más que
costó el nudo de enlace.
Los vecinos la utilizan para dar paseos. Es una metáfora perfecta de lo que ocurre al final de su trazado:
los terrenos en los que se van a enterrar 200 millones de euros, si se
cumplen las previsiones presupuestarias iniciales. Y van camino de
superarse, porque la tramitación del Puerto Seco es una sucesión de
tropiezos administrativos millonarios, incluida una inadecuada
valoración de los derechos mineros de los propietarios o la inclusión de
terrenos de protección forestal.
José María Vicente
es uno de esos antiguos propietarios. Cubierto por un gran sombrero y
transistor en mano, pasea una soleada mañana de septiembre por otra
autovía no menos ociosa: la que atraviesa la inmensidad de esta Plisan de la que ni se vislumbran los lindes,
allá detrás del monte.
Es un pensionista al que hace años pagaron lo
que le correspondía por la expropiación de un pequeño terreno, pero no
los derechos de extracción de áridos y arcillas, que no renuncia a
cobrar. "Quiero lo que es mío", reivindica. Mientras
tanto, camina ocioso por esa interminable sucesión de explanadas
surcadas por cuatro anchos carriles, único vestigio que permite
aventurar que aquí se proyecta algo muy grande.
El
fracaso de la plataforma industrial lo es también del proyecto de
desarrollo local de Salvaterra de Miño. La promesa de implantaciones
industriales y la fiebre inmobiliaria de la pasada década provocaron una
rabiosa actividad constructiva incitada principalmente por Caixanova —la caja desaparecida tras su fusión con Caixa Galicia—, dejando tras de sí un millar de viviendas empantanadas y cientos de ellas sin concluir. En un municipio de apenas 9.000 habitantes,
se nota. Solo en un año, 2005, se autorizaron 750 edificios y viviendas
de nueva planta, caldo de cultivo para estafas que dejaron a muchos
vecinos sin casas ni dinero.
Cualquiera de las vías de entrada a
esta localidad ubicada 35 kilómetros al sur de Vigo, limítrofe con
Portugal, es una retahíla de edificios inacabados que salpican el
paisaje a ambos lados de la carretera. Otros, ya habitados, lucen
ostentosos con sus seis y siete plantas rodeados de huertas y casas
unifamiliares. "La Plisan cambió la fisonomía del pueblo", relata un
vecino. Eran años en los que todo el mundo quería comprar una vivienda.
"Y si encima te venden que el pueblo se va a convertir en una especie
de capital industrial de la eurorregión, más", se lamenta. Tanto es así
que incluso proliferaron los bares y restaurantes con el nada original
nombre de Puerto Seco, de los que varios subsisten. El resultado de
tamaña agitación es un casco urbano deformado, cientos de familias atrapadas por las hipotecas y una caja que recurrió a las preferentes para traspasar la ruina a sus clientes.
Pese al flagrante fiasco de la operación industrial y logística, nadie enarbola la bandera blanca. La Autoridad Portuaria aún presume en su web de lo que presenta como un "área especializada, de concentración de empresas y servicios logísticos, transporte de mercancías e intermodalidad,
así como de actividades industriales, empresariales y servicios
generales asociados". Como si ya fuera un hecho. Y el gasto suma y
sigue.
Los presupuestos del Estado de 2018 incluyen, a través del Puerto
de Vigo, una partida de 13,1 millones para impulsar las obras, a los
que habría que sumar otros 5,4 en 2019. Y el pasado mes de mayo, Zona
Franca firmaba un contrato de urbanización por otros 7,32 millones de
euros más IVA. Un cartel con pinta de reciente a un lado de la carretera
informa de la "urbanización de la 1ª fase de los sistemas generales".
Promueven: Xunta, Puerto y Zona Franca. Presupuesto: 13.537.759,58 euros.
La
euforia con que defendía el proyecto la anterior delegada del Estado en
la Zona Franca de Vigo, Teresa Pedrosa, contrasta con la tibieza de su
nuevo responsable, David Regadas, que tomó posesión
tras el cambio de Gobierno y se limita a considerar que "hay que
acabarlo". La 'conselleira' de Infraestructuras, Ethel Vázquez, da el asunto por "desbloqueado de forma definitiva" y el presidente de la Autoridad Portuaria, Enrique López Veiga, insiste —aunque no demasiado— en que es una obra "urgente".
La
plataforma sigue por lo tanto adelante. Es por ello que se anuncian
nuevas inversiones, que chocan con nuevos problemas. El penúltimo: que
en todo este tiempo nadie se acordó de solicitar permiso a la Confederación Hidrográfica del Miño Sil
para las obras de la estación depuradora de aguas residuales (EDAR) de
la primera fase, esencial para urbanizar las parcelas. La suerte,
relativa, es que la comercialización de los primeros 100.000 metros cuadrados de suelo, a un precio de 50 euros el metro cuadrado, emprendida en noviembre, aún no ha dado resultados. No hay empresas interesadas.
La
gran esperanza de la Plisan es en la actualidad un grupo inversor
chino, Bright Food, propietario de la conservera viguesa Albo,
supuestamente interesado en abrir una macroplanta en la controvertida
plataforma logística. Bajo esa expectativa se justifican las nuevas
inversiones. No sería la primera vez que el espantajo del capital
asiático agita el gasto en el inacabado parque fronterizo.
A finales de
la pasada década, la intención de Mitsubishi
—nunca confirmada— de instalar allí una gran fábrica de baterías para
coches eléctricos enloqueció a todos los promotores del gran parque
industrial, que se tiraban de los pelos por haber llegado a los juzgados
por los derechos mineros. La Xunta, encargada de la gestión del suelo, trató de desbloquear el asunto y se prestó a pagar por la vía rápida lo que antes negaba, pero de los japoneses nunca más se supo.
El
de los derechos mineros no fue el único desliz que se cometió con la
multimillonaria actuación, pero sí el más sonado. De origen, todo partió
de una expropiación que calculó mal las fincas afectadas y que no tuvo
en cuenta que parte de la zona incluida era de protección forestal, como
constataría años después el Tribunal Supremo.
La consecuencia fue que
una cuarta parte de las 400 hectáreas previstas tuvo que ser excluida del plan, precisamente la que correspondía a Zona Franca.
La carambola obligó a las tres administraciones a deshacer la
segregación y reordenar la planificación en su conjunto, ahora con el
Puerto con un 60% del proyecto, la Zona Franca con un 21% y la Xunta con
el 19% restante.
Todas
las administraciones hablan de 2019 como el año en que finalmente la
Plisan será una realidad, aunque sea con unas pocas empresas. Las facilidades para instalarse son máximas,
con opción del derecho de superficie para las compañías interesadas,
una especie de alquiler con opción de compra gratis el primer año y con
un canon simbólico en los sucesivos.
Pero como la hemeroteca está
repleta de previsiones fallidas (2009, 2012, 2015, 2016…), nadie se fía.
"Y eso que sería una gran cosa, trabajo para mis nietos y sobrinos",
suspira José María Vicente, el pensionista expropiado, que se ajusta el sombrero y sigue adelante con su paseo a través de la nada." (Pablo López, El Confidencial, 2209/18)
"La crisis ha dejado en España urbanizaciones fantasma, edificios
fantasma, y también parques empresariales fantasma. Como los levantados
en Galicia en los últimos diez años con dinero público a costa del
desastre del Prestige.
En 2003 el Gobierno creó Suelo Empresarial Atlántico (SEA), una sociedad participada en un 85% por el Ministerio de Fomento, a través de Sepes, Entidad Estatal de Suelo, y en un 15% por la Consellería de Medio Ambiente, Territorio e Infraestructuras de la Xunta de Galicia, a través del Instituto Gallego de Vivienda y Suelo.
El objetivo era la creación de 13 parques empresariales en zonas de la
costa gallega afectadas por el desastre del Prestige. El primer
presidente de SEA fue el actual presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, entre 2003 y 2005.
En 2004 Ignacio Ruiz Jarabo, presidente entonces de Sepi, y Alberto Núñez Feijoo firmaron un acuerdo
para ampliar de 13 a 20 los parques empresariales proyectados. El 23 de
febrero de ese año anunciaron que se crearían 8.700 empleos y que más
de 1.000 empresas se instalarían en los nuevos parques.
En la actualidad, sólo hay quince empresas situadas en los parques
construidos. De los 13 parques empresariales programados se han
terminado todos menos los de San Pedro de Leixa, A Guarda-O Rosal, y Laxe. Sólo el parque empresarial de Rianxo
mantiene el pulso, con siete empresas instaladas que ocupan 40.000
metros cuadrados de los más de 200.000 metros cuadrados de suelo
industrial con el que cuenta.
En el resto hay entre ninguna y cuatro
empresas instaladas. En algunos de ellos se han denunciado robos de
cableado y alumbrado. (...)
Este diario se ha puesto en contacto con los 12 ayuntamientos que
acogen los 13 parques empresariales de SEA (en Vilanova de Aurosa hay
dos). No fue posible tener respuesta de Cee.
Laracha. En el parque de Laracha (567.064 metros cuadrados de edificabilidad) hay una empresa. El ayuntamiento negocia con otras.
Vilanova de Arousa. En uno de los parques de
Vilanova de Arousa (152.157,38 metros cuadrados de edificabilidad) opera
una compañía de piensos que ocupa 1.500 metros cuadrados. El otro se
encuentra en fase de adquisición de los terrenos.
Muros. Cuatro empresas y tres iniciando obras; ocupan el 20% del suelo disponible (91.713,23 metros cuadrados de edificabilidad).
Rianxo. Siete empresas ocupan 40.000 metros
cuadrados de los 190.637 metros cuadrados de edificabilidad. “Las
expectativas son buenas, el problema es la financiación”, comentó Carlos
Gil, teniente alcalde.
Vimianzo. Hay dos empresas (189.790 metros cuadrados de edificabilidad).
Catoira. Hay una empresa instalada, cerrada. El
parque (41.692,6 metros cuadrados de edificabilidad) ha sufrido robo de
cable y alumbrado.
Malpica. Las obras del parque (32.645 metros
cuadrados de edificabilidad) “se pararon hace tres años”. El
Ayuntamiento denuncia robo de cableado.
Mondoñedo. No hay ninguna empresa instalada; 36.581 metros cuadrados de edificabilidad.
San Pedro de Liexa. En fase de estudio.
A Guarda-O Rosal. No se ha llegado a construir. El suelo sí se ha reclasificado.
Laxe. No se ha construido. “Nadie nos consultó si era necesario”, comentaron en el Ayuntamiento.
Suelo Empresarial del Atlántico registró pérdidas en 2012 de
140.422,7 euros. La empresa explica en las cuentas de 2012, firmadas el
pasado mes de marzo, que en el ejercicio 2013 contabilizará la venta de
una parcela en Cee por más de 1,6 millones “a una empresa del sector de
alimentación”, posiblemente Mercadona, según han publicado algunos
medios. En el informe de gestión SEA indica que la previsión para el
próximo ejercicio “es buena”, que se han formalizado ventas de 13
parcelas. (...)" (Cinco Días, 09/12/2013)
“El alcalde de O Pino logró en seis horas seis informes para el polígono. Aprobó el proyecto de urbanización el mismo día que llegó la suspensión de Cultura.
La cronología de las decisiones adoptadas por el alcalde de O Pino, Manuel Taboada Vigo, el 21 de junio de 2007 servirá al juzgado de Arzúa para determinar si el regidor del PP infringió la ley o, simplemente, aceleró los trámites para agilizar el polígono industrial que la inmobiliaria Fadesa promueve en este ayuntamiento cercano a Santiago.
Dando por buena la versión del regidor, a primera hora de ese jueves -el mismo día en que expiraba el plazo de exposición al público del proyecto de urbanización-, el servicio de Correos entregó en el registro municipal tres alegaciones distintas de particulares contra el parque industrial. Y a partir de ese momento, según las diligencias previas instruidas por el juez, el Ayuntamiento de O Pino, con problemas de personal y escasez de técnicos funcionarios, se convirtió en un modelo de eficacia administrativa poco frecuente en la gestión municipal.
En apenas seis horas, entre las nueve y las tres de la tarde, el gobierno de O Pino requirió al equipo redactor del plan, la consultora Singla Ingeniería SL, con domicilio en A Coruña, un informe que esta empresa remitió, según el alcalde, a lo largo de la mañana. Al mismo tiempo, el arquitecto contratado por el Ayuntamiento elaboró otro dictamen por escrito que avaló la viabilidad del polígono. Y la Secretaría Municipal emitió tres veredictos más, todos favorables al proyecto de Fadesa. Como los anteriores, un sexto informe externo encargado al bufete Roibás Vázquez abogados, también con fecha 21 de junio, desestimó las alegaciones vecinales.
Con toda esa documentación en su poder, el visto bueno del equipo redactor del planeamiento y los avales de la secretaría municipal y el arquitecto contratado por el ayuntamiento, el alcalde de O Pino acordó esa mañana la aprobación definitiva del proyecto de urbanización del polígono industrial. Y fue minutos después, según el propio regidor, cuando éste recibió una orden de la Dirección Xeral de Patrimonio de la Consellería de Cultura que anuló el permiso -que este mismo organismo había dictado meses antes-, imprescindible para convalidar el plan parcial del polígono. La resolución de la Xunta, que Taboada dijo haber recibido después de estampar su firma en el proyecto de urbanización -lo contrario implicaría un delito de prevaricación- reclamaba una prospección arqueológica para comprobar si el espacio delimitado para las naves industriales invade la traza original del Camino de Santiago.”(El País, ed. Galicia, Galicia, 28/04/2008, p. 1)
- Proyectemos una Cidade da Cultura faraónica sin saber qué meter en ella... Bueeeno.
- Construyamos dos superpuertos, uno enfrente del otro, y no nos acordemos de comunicarlos con el resto del mundo... Bueeeno.
- Tengamos tres aeropuertos de mentira en lugar de uno en condiciones y bien comunicado para satisfacer a los caciques locales... Bueeeno.
- Pidamos un AVE que pare en todos los pueblos y que no pase de 200, en lugar de trenes de proximidad y un troncal del AVE que por lo menos funcione en condiciones hasta la entrada de Galicia... Bueeeno.
- Vertamos 800.000 litros de agua en plena sequía por no tener una red de suministro saneada... Bueeeno.
- Vendamos nuestras empresas punteras y mantengamos las deficitarias... Bueeeno.
- Construyamos polígonos industriales sin planificar previamente su urbanismo o sus comunicaciones... Bueeeno.
- Llenemos nuestra tierra de basura, practiquemos la chapuza, descuidemos la naturaleza... Bueeeno.
- Sigamos mirándonos al ombligo: Galicia es lo mejor, como Galicia no hay nada... Total, tenemos un millón de bares, tascas y tabernas para intercambiar el mismo billete.
Vivamos como gallegos... Emigremos.
(Alejandro J. Pérez Moran. A Coruña. Cartas al Director. El País, ed. Galicia, 27-12-2007, pp. 34)
“La planta del Grupo PSA Peugeot Citroën en Vigo advierte que de los 200.000 metros cuadrados que Pierre Ianni dijo a FARO que considera imprescindibles para la instalación de empresas de logística y proveedores sólo se les ofrece un máximo de 50.000 metros cuadrados, porque el resto corresponde a usos como la nueva Ronda de Vigo, edificios de uso terciario de Zona Franca y zonas verdes.
Además, la empresa asegura que la demora de cinco años para disponer de los terrenos en el Polígono de Balaídos, colindantes a los actuales, para ampliar sus instalaciones "supone un freno para su actividad y crecimiento". Esa demora viene dada por el proceso de expropiación y el realojo de los vecinos afectadas, así como la urbanización de la zona que está prevista para el año 2012.” (El Faro de Vigo, 21-12-07)