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27/1/25

Una comunidad de montes vence al Celta de Vigo y frena la construcción de un centro comercial y un estadio.. Los comuneros de Tameiga consiguen torcerle el brazo a la empresa de Marián Mouriño y accede a renunciar al 99% del terreno que intentaba ocupar con una ciudad deportiva que el pueblo rechazó con grandes movilizaciones

"El pasado domingo 26 de enero, los comuneros y comuneras de Tameiga (Mos, Pontevedra), aprobaron en asamblea un acuerdo histórico. Han conseguido torcerle el brazo al Celta de Vigo y negociado que la empresa frene la construcción de un centro comercial, un pabellón, un estadio para 5.000 personas y un enorme aparcamiento en sus terrenos mancomunados.

Tras siete años de luchas incesantes, la Comunidade de Montes e Veciños en Man Común de Tameiga votó mayoritariamente a favor de la nueva delimitación del proyecto conocido como GS360 de la empresa de Marián Mouriño en lo que afecta a los terrenos de la parroquia. La directiva había llegado a un preacuerdo con el Celta que el pasado domingo fue ratificado por el órgano decisor de la comunidad: la asamblea de los vecinos y vecinas comuneras.

Este acuerdo establece que el Celta renuncia a ocupar suelo de Tameiga en casi toda su totalidad. De las más de 150 hectáreas amenazadas por el proyecto GS360 al comienzo del proyecto, el club finalmente se quedará con un total de apenas 1,5 hectáreas de propiedad comunal: alrededor de un 1% de lo planteado. De estas, una hectárea corresponde a la parcela actualmente ocupada por las instalaciones de Viveiros Adoa. Los 5.000 metros cuadrados restantes estarán destinados a la ampliación de un tramo de la carretera contigua (EP-2605) y a la construcción de dos rotondas.

Además, la no ocupación de los terrenos forestales en Tameiga reduce drásticamente las afectaciones a varias traídas de agua inicialmente perjudicadas, una reclamación prioritaria para las vecinas y vecinos de esta parroquia de Mos.

“Para nosotros, es un gran logro”, celebraba el domingo el presidente de la Comunidade de Montes, César Lago, que añadía: “Tras siete años de movilización vecinal, hemos conseguido preservar el monte comunal y proteger las traídas de agua que abastecen a unas 5.000 personas”. “A partir de ahora, seguiremos trabajando para que las obras del Celta afecten lo menos posible tanto a la cantidad de agua disponible como a su calidad”, remataba.

Con la aprobación de la propuesta por parte de los vecinos comuneros de Tameiga, la Comunidad de Montes no continuará con las acciones legales contra el Celta y el proyecto GS360, a cambio de que el club de fútbol vigués se comprometa a no ocupar nunca en el futuro terrenos del monte vecinal de Tameiga."         ( Javier H. Rodríguez , El Salto, 27/01/25)

10/12/19

Feijóo y Caballero se enzarzan en el campo de fútbol. El PP apadrina una gran operación urbanística promovida por el Celta de Vigo que el alcalde socialista considera "ilegal"

"La trinidad del fútbol, la política y el ladrillo anda en Galicia más agitada que nunca. 

Abel Caballero, el socialista que dirige los designios de Vigo con la mayoría absoluta más rotunda de España, y Alberto Núñez Feijóo, el popular que disfruta también de tan altas cotas de poder en la Xunta de Galicia, libran su última batalla sobre el terreno de juego del Celta. El Gobierno gallego se ha aliado con el club para impulsar una gran operación urbanística que incluye ciudad deportiva y centro comercial y que se desarrollará en el vecino municipio de Mos, feudo del PP. El Ayuntamiento vigués la considera "ilegal".

El enfrentamiento ha estallado después de que el Celta colocase hace unos días la primera piedra del proyecto. Lo hizo su presidente y accionista mayoritario, Carlos Mouriño, en un acto con un millar de invitados y escoltado por la plana mayor del PP gallego. A la vera del empresario vigués, que hizo fortuna en México y dirige el club desde 2006, estaban el número dos de Feijóo en la Xunta, Alfonso Rueda; el responsable de Deportes del Gobierno gallego y expresidente del Consejo Superior de Deportes en el Ejecutivo de Mariano Rajoy, José Ramón Lete; y hasta la expresidenta del Congreso Ana Pastor.

 “No están [aquí] los que su palabra no tiene validez, los que mienten y se ríen de sus mentiras, los que cuando nos cruzamos con ellos, presumiéndose de poderosos, tienen que bajar su mirada porque sienten vergüenza de sí mismos”, atacó Mouriño desde la tribuna al ausente Caballero sin llegar a mentarlo. “Esos quieren a un Celta sometido a sus caprichos y veleidades”.

El proyecto cuenta con las bendiciones del actual presidente de la Federación Galega de Fútbol y todopoderoso líder del PP de Pontevedra entre 2000 y 2016, Rafael Louzán, y está envuelto en cifras faraónicas. Ocupará cerca de 900.000 metros cuadrados. La ciudad deportiva, en la que el Celta prevé invertir unos 30 millones, incluirá varios campos de fútbol y un estadio para el filial, una “universidad del deporte”, espacios para otros deportes, conciertos y festivales de música y hasta un spa. En una parcela de 150.000 metros cuadrados se levantará un centro comercial que aspira a ser el más grande de la provincia de Pontevedra. El complejo precisará 40 millones de dinero público para infraestructuras.

El Celta ya tiene los terrenos para la ciudad deportiva tras lograr un acuerdo con sus dueños y las obras están en marcha. Pero para hacer realidad el gran centro comercial que le permitirá financiarla necesita la ayuda de las Administraciones del PP. El Ayuntamiento de Mos está recalificando el suelo rústico de protección forestal para hacerlo urbanizable, un cambio pendiente del visto bueno de la Xunta, y plantea una expropiación a la que se opone la comunidad de montes de Tameiga. 

Los comuneros consideran la operación una “aberración” y un “pelotazo de libro” porque “favorece intereses particulares”, los del Celta, y perjudica las traídas de agua que surten los hogares de más de 1.000 familias. “No queremos que nos expropien las tierras en las que vivimos ni el agua que bebemos del monte que nos da la vida”, defienden los portavoces de los vecinos de Tameiga, que han denunciado el caso en la Fiscalía.

El Ayuntamiento de Vigo también pone en duda la legalidad de la actuación y ha presentado alegaciones. Sostiene que el gobierno popular de Mos no puede expropiar terrenos para luego entregárselos al Celta sin un concurso público. “Es claramente ilegal predeterminar quién es el adjudicatario”, reprocha la concejala de Urbanismo de Vigo, María José Caride, exconsejera encargada de Urbanismo en el Gobierno gallego que presidió el socialista Emilio Pérez Touriño.

Guerra también en Balaídos

El gobierno municipal de Caballero critica que se estén utilizando dos instrumentos urbanísticos que “en algunos casos son contradictorios” (una modificación puntual del plan general de Mos y un plan especial de infraestructuras y dotaciones en suelo rústico) para “colar por el camino un centro comercial”. Cuestiona que se haya celebrado un acto de primera piedra con presencia de la Xunta cuando ninguno de los dos documentos ha recibido el necesario visto bueno del Gobierno gallego. En Mos, sostiene Caride, se han realizado incluso obras “sin tener autorización”.

El Ayuntamiento de Mos opta por callar ante tales acusaciones pero el presidente del Celta no. “Nos habla de ilegalidades la misma persona a la que le tiraron el Plan General por ilegal”, ha contraatacado Mouriño. El Celta asegura que sí habrá un concurso público tras la expropiación de los terrenos asumiendo el riesgo de que el club no lo gane. "Y el Ayuntamiento de Vigo lo sabe", subraya. Todas las obras que está ejecutando, defiende, tienen licencia.

La guerra del fútbol entre Feijóo y Caballero también se libra en el estadio de Balaídos de Vigo, donde juega y seguirá jugando el primer equipo del Celta. El recinto, que Mouriño quiso comprar y no pudo por la negativa del alcalde a privatizar un edificio público, está inmerso en unas obras salpicadas de retrasos y sobrecostes. La reforma se financia con 15 millones de euros aportados por el Ayuntamiento y la Diputación de Pontevedra, dos instituciones presididas por el PSOE que exigen a la Xunta que colabore. La delegada de Feijóo en Vigo, Corina Porro, compareció el pasado verano para anunciar que el Gobierno del PP no piensa poner ni un euro porque el proyecto es una “chapuza”. Lo hizo enfundada en la camiseta del Celta."                (Sonia Vizoso, El País, 09/12/19)

17/10/16

China 'compra' Galicia: tras los astilleros, las conservas y el metal... ahora a por el Celta

"Como cuando un equipo pierde una final en el minuto 93, el Celta que vivía una de sus etapas más felices desde su fundación en 1923 se va a meter un gol en propia puerta en el descuento. 

Un gol de oro, en todos los sentidos: de los que no dan opción a remontar, pero también del color del dinero. Como el que pondrá encima de la mesa un grupo inversor chino para comprar el club y cortar súbitamente la alegría que embargaba a una afición orgullosa de un equipo de fútbol brillante, saneado y perfectamente identificado con Vigo y con Galicia.

Todo eso saltó por los aires cuando se conoció que el dueño y presidente, Carlos Mouriño, está a punto de cerrar la venta del Celta al grupo asiático. La noticia fue un ciclón futbolístico, pero apenas una tormenta empresarial, ya que las inversiones de capital chino en España ya son habituales y tienen especial incidencia en Galicia, por lo general para hacerse con empresas emblemáticas para la economía local

Según datos del Ministerio de Economía y Competitividad, Galicia es la comunidad autónoma que ha recibido más inversiones del país asiático en los últimos cinco años, con operaciones tan sonadas como la compra de Rodman Polyships, Albo y Gándara Censa.

Se da la circunstancia de que la venta de Gándara Censa, la mayor calderera de España, la realizó el mismo Carlos Mouriño que ahora cierra los últimos flecos de la del Celta. Si la del club de Balaídos se completa, serán dos operaciones con abundantes similitudes: el empresario compra, reflota y vende

En el caso de Censa, la plusvalía tras vender en 2011 a Citic Heavy Industries ascendió a 29 millones de euros en siete años, mientras que en la del Celta puede duplicar esa cantidad en una década. No son similitudes que tranquilicen a la afición del club vigués. Cinco años después de la llegada del capital chino, Citic-Censa atraviesa serios problemas, que han obligado a los nuevos dueños a activar un ERE para despedir a 138 empleados.

Cuando Mouriño compró Censa en 2004, el otrora emblema de la economía local atravesaba horas bajas y pertenecía a una sociedad anónima laboral formada por sus trabajadores. El entonces semidesconocido consejero del Celta, club que aún tardaría dos años en presidir, realizó la operación a través de Inverhismex y a coste cero, aunque se hacía cargo de sus deudas.

 Lo que siguió se asemeja a la historia reciente del equipo vigués: renegociación de la deuda, elaboración de un plan estratégico y la conversión de aquella empresa en quiebra técnica en una rentable compañía que repartía dividendos y con un negocio superior a los 21 millones de euros. Era la hora de vender. Como ahora el Celta.

El capital chino también llegó a Galicia para quedarse con los astilleros Rodman, uno de los grupos de construcción naval más consolidados de España. Lo hizo en alianza con Angola a través de China Sonangol, y con el polémico Sam Pa, ahora encarcelado por el régimen de la República Popular, como mediador.

 Pero antes de ese ingreso en prisión, hace ya un año, la alianza del capital chino con la paraestatal angoleña ya se había hecho con el 60% de los tres astilleros del grupo vigués a cambio de 72 millones de euros.

Tampoco esta operación llena de optimismo a los aficionados al Celta. Los problemas de Pa con el régimen chino –transcurrido un año desde su ingreso en prisión por supuesta corrupción, no se ha tenido ninguna noticia sobre su situación judicial– han enfriado no solo la parte pendiente de la operación, sino también encargos como el de una treintena de lanchas y patrulleras para países de África que aún están pendientes de pago y sin entregar. 

El control de Rodman se ha trasladado de China a Angola, uno de los regímenes más corruptos del continente, al ser nombrada presidenta de Sonangol Isabel dos Santos, hija del presidente del país y poseedora de la segunda mayor fortuna del continente.

La última de las grandes operaciones de capital chino que preceden a la del Celta se produjo esta primavera con la venta de Albo, una de las conserveras más importantes de España, fundada en Vigo en 1869, que el pasado 10 de junio fue traspasada en su totalidad a la pesquera Shanghái Kaichuang por 60,9 millones de euros.

 La primera junta general de accionistas de la nueva empresa aceptó la dimisión en pleno del consejo de administración de Hijos de Carlos Albo y la delegación de la gestión en un equipo de los nuevos dueños, que se quedaron con las 74 marcas de Albo y todos los terrenos y edificios de la conservera en Vivo, Viveiro y Tapia de Casariego (Asturias). Tres generaciones de gestión por miembros de una misma familia dieron paso a un grupo con sede en Hong Kong cuya capitalización de mercado ronda los 161.000 millones de euros.

El hermetismo rodea la última aventura del capital chino en Galicia, una vez más en Vigo. Semanas atrás, Mouriño sorprendió al dejar abierta la posibilidad de abandonar el Celta. Casi a continuación se disparó el rumor de la operación, que la afición comenzó a tomarse en serio cuando unos enviados asiáticos de los inversores se pasearon por el campo de entrenamiento del primer equipo, plagado de periodistas. 

Para entonces, Mouriño ya se había trasladado temporalmente a México, donde permanece aislado del ruido generado por la operación y la incertidumbre que ha generado: además de la pérdida de la identificación del club con Galicia, el discreto éxito económico del capital chino en sus antecedentes gallegos y los casos de otros clubes de la Liga en situaciones similares no invitan al optimismo.

Se sabe que la venta está prácticamente cerrada en alrededor de 150 millones de euros y que se hará efectiva en cuestión de semanas, pero ni siquiera hay confirmación de que, como se ha publicado, el grupo comprador sea CITS (China International Travel Service), una compañía dedicada al ocio, el turismo y el sector inmobiliario. 

“No sabemos nada de nada”, certifica una fuente del club. El único informado es su presidente y dueño, que ya venía deslizando su desencanto con el Ayuntamiento de Vigo por los problemas surgidos con la reforma del estadio de Balaídos o con su proyecto de ciudad deportiva, pero del que nadie esperaba que deslocalizara el capital del club.

En los términos que se manejan, la operación va a engrosar considerablemente la nada desdeñable fortuna amasada a lo largo de su trayectoria empresarial por Carlos Mouriño, que accedió al cargo al adquirir a su antecesor, Horacio Gómez, el 40% de las acciones por cinco millones de euros. Dos años después, el Celta entraba en concurso de acreedores con una deuda de 85 millones de euros. Fueron momentos duros, en los que el club aplicó una economía de guerra en la que estuvo al borde del descenso a Segunda B.

Pero se cumplieron los objetivos económicos y también los deportivos, de la mano de una gran generación de futbolistas de la casa y de una acertada gestión de la parcela deportiva, hasta conseguir la brillante clasificación para la Europa League para la presente temporada. Sin deudas y en Europa, el momento era inmejorable para vender, y como suele ocurrir en los últimos años, allí donde hay una oportunidad aparece el capital del gigante asiático.

La inversión de Mouriño en el Celta a lo largo de esta década asciende a 20 millones de euros, incluido un préstamo de una de sus empresas que prevé cambiar por acciones, lo que le permitirá superar el 52% del capital del club. Pero los compradores quieren más para ejercer un control mayor, y otros consejeros del club persiguen a grupos de accionistas con ofertas para poner en bandeja a los futuros dueños hasta el 80% del Celta

 Si finalmente la venta se cierra en 150 millones, la plusvalía para el presidente se aproximaría a los 60 millones de euros, un beneficio nada desdeñable para un presidente que, a sus 74 años, ha pasado en dos semanas de héroe a villano de la afición."            (El Confidencial, 13/10/16)