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4/9/24

Santiago Rey Fernández-Latorre: el editor de La Voz que acaparó poder en Galicia más allá de la prensa... No le temblaba la voz -ni la impresa ni la propia- para enviar órdenes y amenazas a los gobernantes, tanto en Madrid como en Santiago... No hacerle caso tenía precio que en algunos despachos se pagó muy caro... el ex-vicepresidente, el nacionalista Anxo Quintana, contó que le advirtió que “Un enfermero de Allariz no puede venir a cambiar el marco económico de Galicia”, cuenta que le advirtió Rey en referencia al concurso eólico que su ejecutivo ponía en marcha, un plan que abría el reparto de la tarta energética más allá de las manos habituales. Quintana no cedió... y el bipartito perdió las siguientes elecciones -debido al escaño cedido por el Bloque en el área de A Coruña, donde más influencia tenía el diario coruñés- y Feijóo acabó tumbando el plan eólico (Luis Pardo)

"Aunque decía sentirse “solo periodista” y presumía de haber nacido sobre una rotativa, Santiago Rey Fernández-Latorre era mucho más que eso. El presidente de la Corporación Voz de Galicia -un emporio creado en torno al periódico fundado por su abuelo, Juan Fernández Latorre- fue durante décadas uno de los hombres más influyentes de la comunidad desde su posición de dominio del panorama mediático gallego. Y no lo era sólo por lo que publicaba o decidía no publicar. Nunca buscó ser un simple notario de los hechos, sino un actor protagonista. No le temblaba la voz -ni la impresa ni la propia- para enviar órdenes y amenazas a los gobernantes, tanto en Madrid como en Santiago, sobre cualquier asunto de relevancia para él y que reclamaba en nombre de una autonomía de la que se sentía principal -y, a veces, único- valedor. No hacerle caso tenía precio que en algunos despachos se pagó muy caro.

Dos conversaciones pueden dar una muestra de este modo de actuar. La primera de ellas tuvo lugar en enero de 2003, la víspera del consejo de ministros que José María Aznar celebraría en el ayuntamiento de A Coruña, un Palacio de María Pita convertido en fortín, en plena crisis del Prestige. Tal y como contó el que era alcalde, el socialista Francisco Vázquez -gran amigo del fallecido y miembro como él del llamado lobby coruñés-, Mariano Rajoy, entonces portavoz del Gobierno, llamó a Rey para hablar de la cita del día siguiente y éste le preguntó si habían previsto la aprobación de un puerto exterior para la ciudad. El ministro le dijo que no, a lo que el editor repuso: “Entonces, mejor que no vengáis”. Al día siguiente, Aznar incluía con calzador en su comparecencia el anuncio de construcción de una infraestructura que 20 años y mil millones de euros después empieza a encontrar su sentido. Los redactores de La Voz que hasta ese momento habían elaborado informaciones muy críticas con la gestión de la catástrofe desde Madrid notaron como cada vez se hacía más difícil importunar al Gobierno central.

La otra conversación tuvo lugar durante el gobierno bipartito, el paréntesis de tres años y medio en la Xunta entre las presidencias de Manuel Fraga y Alberto Núñez Feijóo. La relató uno de los participantes, el entonces vicepresidente, el nacionalista Anxo Quintana. “Un enfermero de Allariz no puede venir a cambiar el marco económico de Galicia”, cuenta que le advirtió Rey en referencia al concurso eólico que su ejecutivo ponía en marcha, un plan que abría el reparto de la tarta energética más allá de las manos habituales. Quintana no cedió e incluso amparó el nacimiento de un nuevo periódico para respaldar su postura. Dos ofensas que el editor se cobró endureciendo hasta el límite su línea editorial contra el BNG y el propio vicepresidente. El bipartito perdió las siguientes elecciones -debido al escaño cedido por el Bloque en el área de A Coruña, donde más influencia tenía el diario coruñés- y Feijóo acabó tumbando el plan eólico. De su toma de posesión quedará, para la historia, el abrazo que le dio el presidente de Iberdrola, Ignacio Galán. Cuentan quienes rodeaban al poderoso editor entonces que Santiago Rey celebró mucho más la derrota de Anxo Quintana que el triunfo de Alberto Núñez Feijóo.

Rey se prodigaba muy poco en público. Sus opiniones, en un periódico que carece de editoriales, aparecían con cierta regularidad bajo títulos tan rimbombantes como En La Voz decimos no, Que no nos engañen o el Yo protesto, una serie de cartas a los lectores donde llegaba a pulsar la opinión de quienes hacían cola en las oficinas del Inem, que dio nombre al libro que los recopiló en 2016. Durante los días siguientes, las principales firmas del diario -Fernando Ónega, Barreiro Rivas, Blanco Valdés...- solían hacerse eco de sus palabras en sus propias columnas, alabando sin pudor la visión del líder. 
Sabón, el fortín de Rey

El editor se hizo fuerte en Sabón. Allí, a pocos kilómetros de A Coruña, en el polígono de Arteixo donde está la sede del grupo -a un paso de la de Inditex-, era donde recibía a quienes acudían a verlo, compartir confidencias, hacer negocios o -en palabras de Quintana- “rendir cuentas”. Una fortaleza que abría una vez al año para la entrega de los Premios Fernández Latorre, un acto en el que todo el poder político y económico de Galicia se sentaba en su mesa. El que desafiaba esa cita solía notarlo en las páginas del periódico durante las semanas siguientes.

En sus escasas apariciones fuera de casa, Rey no ocultó su sintonía con Feijóo. En 2014, después de que los escándalos obligasen a dimitir al alcalde popular de Santiago, Gerardo Conde Roa, e imputasen a prácticamente todo su gobierno, el presidente del PP gallego decidió imponer como regidor a uno de sus fieles, el conselleiro Agustín Hernández, que cerraba la lista. El sustituto de Conde Roa, Ángel Currás, no contaba con el beneplácito de la cúpula del partido ni tampoco con la de La Voz, que había apostado como relevo por la hoy número dos del PP gallego, Paula Prado. Los periodistas supieron que algo pasaba cuando Currás no apareció en el acto de toma de posesión del nuevo rector de la Universidade de Santiago. Fue la primera señal de que Feijóo había dado la orden de cesarlo. Por si quedaba alguna duda, ese día el presidente de la Xunta y el del Grupo Voz llegaron juntos al rectorado, el Pazo de Fonseca, tras exhibirse paseando por el casco viejo de la ciudad.

Si eran claras su amistades -ese lobby político y empresarial del norte de la comunidad al que incluso hoy desde Vigo se acusa de forzar una fusión de las cajas de ahorros que acabó provocando su hundimiento y su rescate público-, más aún lo eran sus enemigos. Estrellas del deporte podían ver cómo su gesta se perdía en páginas interiores por una antipatía personal; la muerte del que fue presidente del Comité Olímpico Internacional, Juan Antonio Samaranch, se contó a dos columnas y acompañándola de una foto en la que aparecía vestido de falangista.

Hay más: la conselleira de Cultura del bipartito, Ánxela Bugallo, se convirtió en persona non grata cuando le tocó gestionar la Cidade da Cultura -el faraónico mausoleo de Fraga en Santiago, que sólo se convirtió en un problema en Sabón tras la derrota del León de Vilalba- y, sobre todo, cuando consiguió la apertura al público del Pazo de Meirás, donde Rey había jugado de pequeño con los herederos de Franco.

Pero seguramente su mayor enfrentamiento fue el que mantuvo con el presidente del Superdépor, Augusto César Lendoiro, durante los años dorados del club, cuando Lendoiro se refería a él como “el perseguidor” y vetaba a La Voz en las ruedas de prensa. El club es hoy propiedad de Abanca, la entidad que compró el banco rescatado surgido de las cajas. El dueño de la entidad y presidente del Deportivo, Juan Carlos Escotet, último premio Fernández Latorre, se sienta como patrono de honor en la Fundación del mismo nombre, la que está llamada a asumir el enorme legado de Rey, enfrentado con los hijos de su primer matrimonio.
Del periódico al grupo de comunicación

En sus 60 años al frente de la empresa familiar, Rey convirtió un periódico de provincias en un grupo mediático que cuenta con una cadena de radio, una empresa demoscópica, una productora audiovisual... y que, incluso, durante un tiempo poseyó la única televisión privada de Galicia que llegó a funcionar como tal. Implementó un modelo propio de apuesta por lo local, con lo que el mismo diario tiene más de una docena de ediciones diferentes según dónde se lea. Por pequeña que fuese la aldea, allí llegaban la Coca Cola y La Voz de Galicia.

En ese crecimiento ha ayudado su capacidad para acaparar subvenciones públicas gracias a su sintonía con los gobiernos populares de la Xunta. No era raro que los presidentes aprovechasen actos convocados por la corporación para realizar grandes anuncios. Durante la pandemia del covid, cuando se legislaba a la velocidad del rayo, cada vez que había reunión del ejecutivo gallego, los redactores del Diario Oficial de Galicia buscaban en la web del periódico para tratar de adivinar lo que les esperaba.

Para muestra un botón. La necrológica de La Voz destaca como ejemplo del “carácter audaz y comprometido” de Rey que durante la crisis económica “que hundió numerosas compañías entre el 2008 y el 2013, tomó la decisión de acometer una de las grandes inversiones de futuro, como fue la adquisición de la nueva rotativa que volvió a colocar a la empresa en la vanguardia tecnológica europea”. Aquel plan de modernización que incluía la nueva rotativa, sumaba 22 millones de euros. La Xunta sufragó el 10% con la mayor subvención que dio en 2011 el Instituto Galego de Promoción Económica (IGAPE). El Gobierno de Rajoy, por su parte, sumó 2,6 millones más.

Su poder fue tal que, tras conocerse su fallecimiento, todos los líderes políticos -con independencia de la mayor lejanía o proximidad con sus tesis- se han deshecho en elogios. “Analista lúcido, empresario innovador y ciudadano comprometido con su tierra. Le echaremos mucho de menos en todas sus facetas. Yo también”, escribió en la red social X -antes Twitter- el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo. Para su sucesor al frente de la Xunta, Alfonso Rueda, “Galicia pierde a una figura imprescindible en nuestra historia”.

En un post plagado de respuestas críticas de su parroquia, la líder del BNG, Ana Pontón, enviaba sus condolencias a la familia y a los trabajadores de La Voz, “que bajo su labor como editor se situó como el medio más leído de Galicia y uno de los principales del Estado”. Por su parte, el líder del PSdeG, Gómez Besteiro, hablaba del fallecido como un “pilar del periodismo gallego”, mientras la alcaldesa de A Coruña, la también socialista Inés Rey, lo consideraba “una de las personas más importantes en la historia del periodismo en este país”.

La muerte a los 85 años de Santiago Rey -quien llevaba meses apartado de la primera línea por su estado de salud- reabre las incógnitas sobre el futuro del mayor grupo de comunicación de Galicia, un botín más que apetecible para los grandes conglomerados por su posición casi monopolística en la comunidad. A la espera de cómo se resuelve esta Succession a la gallega y quien acapare el poder una vez que sus dos hijos fueron apartados del emporio hace años, el fallecimiento de Santiago Rey pone fin a una era y a un modelo: el del editor plenipotenciario que funcionaba como autoridad suprema. Hasta hoy, si en una misma mesa estuviesen sentados Pedro Sánchez, Alfonso Rueda y Fernández-Latorre y a un trabajador de La Voz le diesen un mensaje para “el presidente”, no habría tenido dudas sobre a cuál de los tres debía entregárselo. Algo que, seguramente, no podrá decir su sustituto. Sea quien sea."          (Luis Pardo, eldiario.es, 28/08/24)

20/2/20

Villarejo imputado por espiar a periodistas de La Voz por encargo de San José durante el concurso eólico

"¿Está Villarejo detrás de la publicación de la foto que supuso la muerte política de Anxo Quintana? Analizamos las claves de una imputación, la del jefe de Seguridad de la constructora gallega San José, que puede ayudar a entender un giro clave en la historia de Galicia.

El titular del Juzgado Central de Instrucción número 6, Manuel García Castellón, imputa formalmente al director de Prevención, Seguridad y Patrimonio del Grupo San José, José Antonio Carpintero, por un delito de cohecho activo, en el marco de la pieza 16 del 'caso Tándem' en la que se investigan los 'servicios' que ofrecía la empresa del comisario jubilado y en prisión provisional José Manuel Villarejo a la constructora.

Tal y como adelantaba este martes 'El Confidencial' y resume Europapress, la pieza sobre la constructora gallega se abrió a partir de la existencia de indicios que apuntaban a que se recurrió al comisario para espiar a periodistas de 'La Voz de Galicia' en el marco de la información que manejaban los redactores sobre la concesión de licencias para levantar parques eólicos hace una década. 

La sospecha de que fueron informadores de La Voz los espiados por Villarejo es muy relevante políticamente para Galicia. Fue precisamente hace algo más de una década que la parte nacionalista del bipartito sacó su polémico concurso eólico. San José era una de las beneficiadas en un reparto en el que entraron muchas empresas gallegas y pequeñas, frente a los dominadores del sector habitualmente, las grandes energéticas estatales.

Anteriormente, Jacinto Rey había revuelto el mercando  mediático gallego comprando el centenario semanario nacionalista A Nosa Terra  y financiando la creación de Xornal de Galicia, ambos con líneas editoriales favorables al bipartito y en  a Anxo Quintana, vicepresidente y líder del BNG.

UNA FOTO QUE ENTERRÓ AL QUINTANISMO

Cuando Quintana se aproximaba a la precampaña, fue precisamente La Voz de Galicia  quien lideró una dura ofensiva mediática contra el BNG, en especial contra su concurso eólico. Muy destacada fue también la publicación en aquellos días de una foto tomada a distancia de Quintana en el yate del constructor. 

La imagen del líder de una fuerza de izquierdas en el barco de un magnate fue uno de los factores que más desgastó a Quintana. El PPdeG lo aprovechó durante una dura campaña -por ejemplo aquí una presentación difundida por el PP de Arzúa en su día. 

Esas elecciones supusieron una debacle para Quintana,  el BNG perdió un escaño por A Coruña. Fue suficiente para enterrar al bipartito, la carrera política de Quintana y con él su concurso eólico. 

El nuevo presidente, Alberto Nuñez Feijóo,  anuló el concurso eólico del bipartito y lanzó otro concurso, alegando que el anterior era ilegal. Las adjudicatarias recurrieron y la Justicia obligó a la Xunta a indemnizarlas. 

Es en medio de este embrollo político-económico-mediático  ahora sale a la luz que, presuntameante, la empresa de Jacinto Rey contrató a Villarejo para espiar a periodistas de La Voz de Galicia sobre el concurso eólico. 

Un Villarejo que es conocido, entre otras cosas, por grabar y recopilar información comprometida sobre sus propios clientes. ¿Tiene algo que ver el Comisario con la filtración de aquellas fotos tomadas con teleobjetivo?

IMPUTADOS

Por ahora, se sabe que en el auto, el juez de la Audiencia Nacional cita a Carpintero para tomarle declaración en condición de investigado. Además, también cita a Villarejo, al que le imputa formalmente su participación en un delito de cohecho pasivo (figura que describe el soborno a un funcionario), y al socio del comisario en la empresa Cenyt, Rafael Redondo, por el mismo delito.

El magistrado decreta también el levantamiento del secreto de las actuaciones al haber cambiado las circunstancias que lo aconsejaban y entendiendo que el conocimiento de lo actuado por las partes no perjudicará a la investigación en curso.

¿QUÉ MATERIALES SOBRE SAN JOSÉ HABÍA EN LA CASA DE VILLAREJO?

En concreto, la investigación sobre el Grupo San José, que conforma la pieza separada número 16 de la macrocausa, surge a partir del hallazgo de documentación en los materiales intervenidos a Villarejo tras su detención en noviembre de 2017.

Esta es la segunda pieza de la que se levanta el secreto en este mes de febrero, después de que el magistrado García Castellón decidiera alzarlo en la pieza 9 en la que se instruye la relación de las empresas del comisario retirado con el BBVA."                    (Manuel Vilas, 11/02/20)



 "El juez imputa a un directivo de San José por encargar el espionaje a 'La Voz de Galicia'.

El juez de la Audiencia Nacional Manuel García-Castellón ha dado un nuevo impulso a la pieza del caso Villarejo en la que se investigan los presuntos encargos que hizo al comisario la constructora San José. Una de sus primeras decisiones ha sido la de imputar al responsable de riesgos laborales de la compañía, Antonio Carpintero, al que la Fiscalía Anticorrupción atribuye un delito de cohecho pasivo.

Además de escuchar como investigado a Carpintero, en una fecha que aún está pendiente de determinar, el instructor citará al propio Villarejo y a su socio Rafael Redondo. Lo hará después de levantar el secreto de esta pieza, la número 16 de las cerca de 30 que ya acumula la causa sobre las actividades del policía retirado. La pieza sobre la constructora gallega se abrió a partir de la existencia de indicios que apuntaban a que recurrió al comisario para espiar a periodistas de 'La Voz de Galicia'.

En concreto, documentos incautados al policía apuntarían a que San José contactó con él para pedirle supuestamente que hiciera seguimientos a redactores del diario con mayor tirada de Galicia y uno de los más importantes de España. Sin embargo, los agentes aún no han determinado si esas vigilancias llegaron a realizarse y si Villarejo recibió algún pago de la constructora por ese trabajo. Los hechos se habrían producido hace una década, coincidiendo precisamente con la particular guerra que la constructora San José libró en esa época con 'La Voz de Galicia'.

Una de las principales preocupaciones de la constructora en ese periodo era la información que manejaba 'La Voz de Galicia' sobre la concesión de licencias millonarias para levantar parques eólicos que permitieron a la inmobiliaria aliviar la deuda que arrastraba por la compra de Parquesol años antes. Desde la empresa, tenían especial interés en conocer de dónde procedía la información que publicaba el diario y si esta se filtraba desde personas vinculadas con algún partido político.

Con las nuevas diligencias, el magistrado acepta la solicitud efectuada por la Fiscalía Anticorrupción, que detalla en un escrito que Villarejo bautizó este encargo con el nombre de Proyecto Bird. El Ministerio Público detalla que la raíz de esta pieza parte del análisis de documentos en soporte papel y digital intervenidos en ocasión de las entradas y registros practicadas en el domicilio del socio del comisario.

El secreto de las actuaciones, que ahora se levanta, se declaró en septiembre de 2019 y se ha ido prorrogando mes a mes desde entonces hasta este mes de febrero. Según desvela el escrito, la constructora San José ha comunicado por escrito al juzgado que en sus archivos no consta ninguna contratación o pago con el Grupo Cenyt, una de las empresas del entramado de Villarejo.

La investigación trata así de determinar si se realizaron los citados encargos. Se da la circunstancia de que, en esa época, Villarejo tenía la condición de funcionario en activo de la Policía Nacional, por lo que cualquier particular o mercantil que hubiera contratado sus servicios pudo incurrir en un presunto delito de cohecho. Esa es la acusación que se cierne, por ejemplo, contra BBVA, socio de San José en la multimillonaria Operación Chamartín.

La segunda entidad financiera de España está imputada por encargar presuntamente al comisario una decena de espionajes. Además del banco como persona jurídica, también están imputados varios de sus directivos, entre ellos, el presidente del banco durante casi dos décadas, Francisco González, y el exdirector de la propia Operación Chamartín Antonio Béjar, que fue despedido tras aparecer su nombre en la trama.

El titular del Juzgado Central de Instrucción número 6 de la Audiencia Nacional, el juez Manuel García-Castellón, mantiene abiertas otras 24 piezas por encargos similares al agente encubierto de grandes compañías, como Iberdrola, Planeta, Pérez & Cía, CaixaBank, Repsol, Mutua Madrileña, Persán, Herrero & Asociados y Procisa. La mayoría de estas causas se encuentran aún en una fase inicial de la investigación y se instruyen en secreto. Villarejo lleva 27 meses en prisión provisional en la cárcel de Estremera."                     (J. M. Olmo, El confidencial, 18/02/20)

21/2/18

Ayatollahs en Santiago y la teocracia española. La Iglesia organiza un "desagravio" al apóstol Santiago para protestar por un pregón de Carnaval

"En cada ocasión en que alguien osa hacer algún tipo de burla que roce, siquiera de un modo banal, a la religión católica, una exaltada y violenta horda de groseros inquisidores emerge de sus catacumbas para atizar de nuevo las antorchas de los autos de fe. Y en cada ocasión se escucha, entre amenazas de muerte e insultos homófobos y machistas, más o menos la misma cantinela: “¡a ver si tienes cojones a meterte con Mahoma!”, “¡vete si tienes huevos a decirles esto a los de la mezquita de la M-30!”.

Reconociendo, en suma, que el integrismo islámico y el suyo propio es lo mismo, que a ambos les molesta e indigna de igual modo el ejercicio de la libertad de expresión y que en lo único que difieren es que los fundamentalistas islámicos que asesinan, ponen bombas o condenan a muerte, “tienen más cojones”. 

La última víctima de esta chusma enfurecida es el dramaturgo compostelano Carlos Santiago. Carlos Santiago lleva tres décadas siendo unos de los referentes principales de la vida cultural gallega. Licenciado en filosofía, formó parte de algunos de los grupos de música más singulares de este país. Fue uno de los fundadores del Grupo Chévere, reciente Premio Nacional de Artes Escénicas, y de la Sala NASA, un espacio cultural de excelencia, genialidad y divergencia con el que toda una generación estamos en deuda.

Publicó poesía, ensayo, teatro y hoy desarrolla su carrera como dramaturgo, actor y monologuista en Portugal. Pero todo esto es solo el trazo grueso de una breve reseña biográfica de solapa de libro y no es capaz de explicar su importancia como núcleo irradiador de cultura.
Exactamente igual que ocurría con el llorado NARF, la importancia de Carlos Santiago se eleva sobre los hechos concretos de su brillante carrera artística. 

Ambos pertenecen a ese género de personas que funcionan como consejeros colectivos, como modelos de coherencia y compromiso vital con la sociedad y el arte; esos que son los primeros en abrir un camino que otros transitan después. Y para que un país tenga una vida cultural viva y fecunda son imprescindibles estas personas, los pioneros en todo, los que siembran, los que siempre ven un poco más lejos que los demás y es su mirada lejana la que expande también nuestro universo posible. 

Sin embargo hoy, como tantos otros en tantos otros lugares de España, una figura de este relieve está siendo acosada y escarnecida por un enjambre de articulistas de los que no se sabe interés, conocimientos ni talento en arte alguna y de los que bien se puede dudar a ese respecto viendo las nulas destrezas estilísticas y las carencias gramaticales que exhiben.

 Uno de estos ubicuos opinólogos podrá tener maestría en Derecho Constitucional, pero cuando despotrica sobre dramaturgia con su estilo desabrido y machacamartillo causa sonrojo. Por debajo de él, volando al unísono en escandalosa bandada negra de vencejos, otros aún peores hacen del periodismo un revoltijo de ensordecedoras murmuraciones. 

El instigador de la caza de brujas fue el fanzine decimonónico local, El Correo Gallego. Pero pongámonos en contexto: unos días antes, el periódico había organizado una fallida performance junto al portavoz del PP local, Agustín Hernández, de cuya talla política ya hablamos en otras ocasiones. 

Ante el solícito fotógrafo de El Correo (quien le sostenía entre sus útiles fotográficos una misteriosa jarra), Agustín se dedicó a hurgar con un palo encontrado allí mismo en la ribera del Río Sar con objeto de denunciar la suciedad de sus orillas. El antiguo Conselleiro de Medio Ambiente removía el lodo buscando trapos con el palo y, ante la mirada estupefacta del público congregado, arrojaba luego los desperdicios a la corriente.

 La grabación en vídeo de las gorrinadas de Agustín pronto se hicieron virales y no solo lo dejaron otra vez en ridículo sino que inutilizaron la campaña de acoso que estaba en marcha contra el Concello gobernado por las Mareas. En esa tesitura, alguien tenía que pagar y servir de chivo expiatorio. Y fue a Carlos Santiago, pregonero del carnaval, al que le tocó la china. Mala suerte. 

Ese día, en su línea de rigor periodístico, El Correo Gallego se hizo presuntamente eco de los comentarios de “una familia indignada” que les llamó por teléfono denunciando las expresiones “soeces” del pregón. ¿Estaban cubriendo el acto los redactores de El Correo? Claro que no. Para esto ya están los correveidiles. ¿Cabe mayor reconocimiento de ineptitud en lo que debe ser el acto de informar? 

Desgraciadamente para todos sus inquisidores, las palabras del pregonero no se recogieron —que se sepa— en ningún soporte audiovisual y, por tanto las disquisiciones sobre su exacto contenido no pasan de ser meras conjeturas, cotilleos o juicios de valor de alguien dijo que otro dijo. Aunque, por supuesto, esto no es ningún impedimento para el tipo de periodismo que practican La Voz de Galicia y El Correo Gallego. 

Ya que nadie tenía datos concretos sobre que lo que allí ocurrió sus gacetilleros tuvieron que hablar una y otra vez de oídas intentando vilipendiar pero sin concretar, no fueran a incurrir ellos mismos en delito de injurias. Esto dio lugar a un sinfín de intervenciones de personas encolerizadas que no sabían muy bien por qué causa. Carlos Luis Rodríguez o Xosé Luis Barreiro Rivas pasan por ser articulistas serios. Ambos —entre otros muchos vociferantes gacetilleros— juzgaron con duros improperios el contenido de un pregón que ni escucharon, ni leyeron, ni conocieron ni una frase textual, salvo por ciencia infusa o inspiración del Espíritu Santo. 

Este caso, y otros semejantes, podrían parecer los últimos estertores de los nostálgicos, de esa vida de postguerra en ciudad provinciana con sus ecos de sociedad, su misa diaria, su mojigatería carpetovetónica y sus compadreos de copazo y puro en el casino. Pero evidencia algo más. Evidencia la absoluta falta de rigor y ética periodística de medios que están a años luz de toda deontología profesional.

El Correo Gallego es un ejemplo permanente de obscena manipulación diaria. Si el Islam prohíbe la representación de Dios, El Correo prohíbe las fotografías del Alcalde Martiño Noriega del que jamás en tres años ha publicado una foto. Y no será por la falta de elasticidad de sus fotógrafos, que han sido retratados ellos mismos tirados en el suelo para fotografiar baches o baldosas rotas tal como si fueran el Abismo de Helm.

 Día sí y día también, el catálogo de tergiversaciones, omisiones y falsedades se exhibe de un modo casi impúdico y la víctima no es solo Carlos Santiago, sino la ciudadanía de Compostela, una ciudad donde este modo de entender la libertad de prensa impide el derecho de sus vecinos a una información veraz. 

Esto, desde luego, sería muy legítimo si no fuese porque El Correo Gallego, en precaria situación económica, se nutre muy golosamente con un incesante caudal de dinero público con el que la Xunta de Galicia lo mantiene en respiración asistida. La legislación prohíbe subvencionar a entidades con deudas con la Hacienda Pública pero sí permite firmar Convenios. Una búsqueda en la web de la Xunta de Galicia arroja nada menos que 138 los firmados con esta empresa editorial.

Para ponernos en perspectiva, la misma búsqueda arroja cuatro resultados cuando se trata de la Editorial Galaxia, emblema de la literatura galega. Y ninguno con gobiernos del PP.
Algunos de estos convenios son, además, verdaderamente asombrosos. 

Como el de de 115.000 euros para difundir las virtudes de la ciudad de Santiago; los 17.000 euros para mejorar la imagen de los productos de pesca, en una villa tan marinera como la compostelana (repetido varios años) o, mi favorito, el firmado por 15.700 euros con la Consellería de Industria para la emisión de un programa que había finalizado meses antes, la organización de un foro empresarial del que yo no hallé noticia y la publicación de “al menos cuatro páginas en un año” sobre iniciativas de ese organismo.

Es de esperar que se publicasen, al menos, esas cuatro páginas, pero quizá no sería mala idea que alguna diputada o diputado de En Marea o el BNG se interesase por estos expedientes. Multiplíquese las cifras de cada convenio por 138 y súmesele otro medio millón de euros por la compra de fondos de archivo. Resulta una cantidad respetable. Quizá no estaría de más recordarle a los articulistas de ese medio, permanentes denunciadores del “despilfarro” en políticas sociales, que sus sueldos provienen en gran medida del mismo dinero público del que tanto abominan cuando son otros, y no ellos, los beneficiarios. 

Lo cierto es que todo este lamentable asunto podría considerarse un vulgar sainete: chismorreos de familias escandalizadas, vigilias religiosas de desagravio, políticos aragoneses pidiendo explicaciones sobre el trato dado a La Pilarica, exconselleiros de Medio Ambiente encerdando ríos, analistas hablando de algo que nadie oyó… El problema es que en la teocracia española, otros episodios sainetescos han terminado con persecución judicial, como el del tuitero de Cádiz. 

Lo que diferencia este caso de otros similares en los que el fundamentalismo religioso amenaza la libertad de expresión, es que, en esta ocasión, los inquisidores ni siquiera sabían exactamente qué perseguían. Como ellos, yo ni lo sé ni me importa. Todos tenemos derecho a satirizar, también la religión. Y en carnaval, más. Es parte de su idiosincrasia: los disfraces burlescos de curas y monjas a los que la cuaresma pone fin. 

Una de las escandalosas expresiones que se le atribuyen a Carlos Santiago es que el Apóstol tenía unos grandes huevos. Cuesta trabajo creer que a un sector que suele militar en el rancio machismo y que estima tanto tener cojones le moleste que se pondere la hombría de Santiago Matamoros. Aunque para cojones dignos de figurar en un chiste de vascos, los de sus discípulos Teodoro y Atanasio, que trajeron sus restos desde Judea en una barca de piedra. 

Al contrario que sus detractores, no me parece Carlos Santiago un experto en testículos. Quizá erró en la estimación del tamaño. Aunque probablemente el verdadero error, el monumental y catastrófico error que sin duda cometió, fue pensar que las libertades de las que disfruta en Portugal rigen igual en la teocracia monárquica española."                 (Jorge Armesto, El Salto, 19/02/18)


"La Iglesia organiza un "desagravio" al apóstol Santiago para protestar por un pregón de Carnaval.

El próximo sábado, 17 de febrero, la Catedral de Santiago acogerá un "acto de desagravio" al Apóstol. Un evento que tendrá como objetivo protestar mediante una sesión de oración contra el pregón de Carnaval pronunciando la pasada semana por el actor y dramaturgo Carlos Santiago, que en el espectáculo interpretó a uno de sus personajes más habituales, una parodia del propio apóstol Santiago.

En un comunicado emitido por el arzobispo compostelano, Julian Barrio, y recogido por Europa Press, el Arzobispado dice sentir "pena" por lo que consideran un "deplorable" espectáculo. Según ha trascendido en los últimos días, entre el clero molestaron expresiones como alusiones a "los huevos" del icono religioso o bromas sobre la Virgen del Pilar y chanzas sobre las catedrales de ambas ciudades.




"Santiago y la Virgen del Pilar están vinculados a la memoria y a la vida de esta ciudad y a todos los Caminos que conducen al sepulcro del Apóstol" y "sin ellos no seríamos lo que somos". "No es de recibo" que se "pueda despreciar gravemente" a estas figuras", añade el comunicado, que llega tras varios días en los que la polémica ha sido agitada fundamentalmente por un diario impreso local.

El PP de Santiago y también el grupo de este partido en Zaragoza, que ha reclamado al alcalde de la ciudad que se dirija al gobierno santiagués para reclamar disculpas, se han unido a una protesta que el regidor compostelano, Martiño Noriega, ha enmarcado en el contexto de la libertad de expresión. "El pregonero es un dramaturgo que ha hecho una intervención humorística que puede que no a todo el mundo le guste" o "puede molestar", señala.

En este sentido, Noriega lamenta que surja un nuevo debate "regresivo" en el que "los límites de lo políticamente correcto cercenan la expresión artística" y, preguntado al respecto este jueves, ha resaltado que "mucha gente" que "está hablando" de lo sucedido ni siquiera "ha escuchado" el pregón, "contextualizado dentro de la sátira y la crítica de un espacio de Carnaval".

"Yo -zanja Noriega- no voy a ser cómplice de lo que entiendo que es una manipulación y que, incluso, puede llevar a situaciones que he vivido estos días, desde esta polémica", con la recepción de diversas "amenazas de muerte" a través de las redes sociales. Algunas de ellas las ha mostrado el propio  alcalde de Santiago a través de sus perfiles en Facebook y Twitter. (...)"              (eldiario.es, 15/02/18)  


"O do pregón extralimitouse por razóns que non teñen nada que ver comigo nin co entroido".

O dramaturgo Carlos Santiago (Santiago de Compostela, 1966) sufriu en carne propia a redución das liberdades públicas, en concreto a de expresión, que organizacións internacionais veñen denunciando a respecto do Estado español. Foi a causa do pregón de entroido de Compostela, pronunciado polo seu personaxe o Apóstolo Santiago.

Medios e partidos conservadores desataron unha feroz campaña contra a súa intervención e contra o Goberno local. Santiago rompe o seu silencio de semanas nunha entrevista concedida a Sermos Galiza e Praza Pública.

-Cal era o propósito do seu pregón?

-O Concello de Santiago chamoume para facer un pregón de entroido, con sátira, con crítica para todos os lados. Quería reivindicar o entroido como espazo de crítica. Toda esta xente que se escandaliza, se vai ao entroido das aldeas non sei como sobrevivirían con todo o que se di. E o nivel de suposta grosería é unha cuestión subxectiva. 

Porque a personaxe do Apóstolo está fundada no retrato dun determinado tipo de mentalidade, facha e provinciana, que se expresa de maneira groseira cando se indigna. É dicir, que a grosería que poden detectar na personaxe é a súa propia grosería, non a miña. Cando vin que me acusaban de lle chamar puta á virxe... É imposíbel dentro da estrutura dramática do propio personaxe. 

A virxe é a nai do seu mellor amigo. Pero como ninguén dos escandalizados escoitou o pregón, tornou no gran misterio apostólico.

-Tampouco ninguén sabe se o Apóstolo está soterrado na catedral.

-Aí xa entramos noutras cuestións [ri]. Pero hai unha cuestión básica nunha sociedade democrática. Que a xente se ofenda polo que escoita, ten unha solución moi clara: apagas a televisión, pechas o xornal ou vaste a outro lado. 

Porque eu se vou a unha misa un domingo pódome ofender con todo o que escoito alí, ou se leo o que se di en determinados xornais, pero non vou pedir que lles poñan unha bomba, nin vou ameazar de morte a ninguén. O do pregón extralimitouse por razóns que non teñen nada que ver nin comigo nin co pregón nin co entroido.
 
-Imaxinaba a repercusión que ía ter?

-Para nada imaxinaba isto. Podía imaxinar que un personaxe nun espazo así podía causar algún tipo de malinterpretación. Porque sempre hai xente que ve as cousas como as ve. Pero no pregón había unhas 200 persoas e marcharon catro. 

O resto quedou alí, a xente pasouno moi ben, aplaudiron, e todo o mundo riu. Haberá xente á que non lle fixo graza e é normal, non todo o humor funciona para todo o mundo.

-Á vista do que sucedeu, retiraría algunha das expresións do pregón?

-Non, porque a liberdade de expresión só existe se se exerce. Para dicir córcholis, para dicir pompis, non fai falta liberdade de expresión. É un dereito que temos. O problema aquí é que cando determinados discursos toman o espazo público, habitualmente controlado por un discurso que xa sabemos perfectamente cal é, hai quen se ofende.

 É como se estiveses a invadir un espazo que algunha xente cre que lle pertence de maneira natural. Non retiraría ningunha palabra porque non hai nada que retirar.

-Leva anos representando o personaxe do Apóstolo Santiago. Por que o escándalo só ocorreu agora?

-Todo isto que sucedeu estaba implícito no propio pregón, unha crítica da situación que estamos vivindo. Hai un goberno municipal apoiado por unha maioría de santiagueses e hai unha xente que sistematicamente intenta construír unha fantasía carente de base empírica pero que penetra moi ben en determinados sectores. 

Toda esta babecada das fochancas que parecen o abismo de Helm, ou todo tipo de descualificacións contra o alcalde e a corporación municipal. Explícase por unha loita de poder, intereses espurios, a conivencia de partidos políticos e medios determinados... E apañáronme no medio. Teño claro que esta é a intencionalidade básica detrás desta historia. Pero hai tamén a tentativa de manter a cultura galega democrática e republicana no subterráneo. 

“Non aparezades nos balcóns nin no espazo público máis do necesario”. Tamén partimos dunha ignorancia moi profunda de determinados sectores sobre a propia cultura galega. Descoñecen absolutamente todo porque é unha cultura que non lles interesa, non saben cales son as persoas implicadas, non saben o que se fai, as traxectorias, non saben nada.

-A liberdade de expresión ten límites?

-Este debate sobre a liberdade de expresión é unha cortina de fume. Que está agochando que no Estado español está habendo unha transformación radical de todo. Das relacións de poder, das relacións sociais... E hai sectores que non queren perder os seus privilexios. 

Pero a cortina de fume é dura, porque hai xente que vai presa, ten que pagar multas. Non quero usar a palabra vítima pero si que hai danos colaterais en toda esta estratexia da estupidez. Ten límites? Non. Pero que é iso dos límites? Flipo.

-Os que pon a Audiencia Nacional?

-Si, límites nunha ditadura... E hai certas cousas que están camiñando cara aí. Xa empeza a xente a lembrar aqueles escándalos de cando apareceu o movemento punk e a Movida. Pero a Bóla de Cristal tiña moito máis aberto o límite que moitas cousas agora. 

Hai que distinguir. Unha cousa é o gusto ou o mal gusto ou ese tipo de cuestións... Non che teñen porque gustar as cousas. Pero a liberdade de expresión é básica nunha democracia. Cales son os límites? Se eu me ofendo? Dicía o John Cleese de Monty Python: “Hai que aprender a controlar as propias emocións, porque se non as dás controlado, que fas? Intentar controlar as emocións dos outros”. 

Aí é onde se comeza a poñer límites. Pero se temos que madurar como sociedade democrática, eu teño que controlar as miñas emocións e admitir os improperios. Onte puxen unha cadea de radio vencellada á Conferencia Episcopal e escoitei uns sete insultos aos alcaldes das Mareas e de Podemos e toda esta historia. 

Hai xente, calumnistas, escribindo na prensa diaria e non teñen límite ningún. É unha ofensa ao nivel persoal, directo. Entón, quen pon os límites? E a que xente se lle pon os límites? Díxose: “No entroido hai que saber que non todo vale”. Ah, pero no xornalismo parece que si. A cuestión do límite é esa. Son palabras.
 
-Tamén o acusan de atacar as crenzas, católicas neste caso.

-As crenzas son unha cuestión da intimidade das persoas. Eu nunca ataquei crenza ningunha. O personaxe do Apóstolo ten un fundamento teolóxico que xa lle gustaría a moitas das eminencias pardas que andan largando por aí, ter esa consistencia teolóxica. Todo o contrario. Pero como aquí non se sabe de que se falou. Mesmo fai unha defensa clara dos relatos bíblicos e das historias do Evanxeo. 

Mesmo instrúe. Aínda me habían de dar unha medalla [ri]. Pero non saben de que se falou no pregón. Isto lembroume Hai que botalos [filme colectivo preparado para a campaña electoral de 2005]. Lembro que presentei a estrea no Teatro Principal e limiteime a ler todas as críticas que xa foran feitas na prensa antes de ver un único fotograma da película. Kike Estévez, na Nova Peneira, rescataba todo o que se dicía na prensa do XIX en Galiza sobre o entroido e parece que nada mudou desde aquela.

-De feito estivo prohibido.

-Claro. Toda esta argumentación dos límites, do bo gusto, toda esta arbitraxe que pretenden seguir exercendo xa existía no século XIX. Porque o entroido é ese espazo dos cidadáns para liberarse das convencións impostas durante todo o ano. Síntoo moito se non vos gusta. Prohibídeo, sacade os tanques á rúa, a ver se vos compensa.

-Recibiu moita solidariedade de colegas de profesión. Está o colectivo artístico á altura do que sucede coas liberdades públicas?

-Para min foi unha cousa emocionalmente moi satisfactoria, porque me axudou a pasar estes días tan duros. Houbo un elemento de irresponsabilidade gravísimo por parte de quen arrincou toda esta historia. Imaxina que eu ou alguén da miña familia somos agredidos, en que situación estariamos agora. 

A onda de solidariedade tardou. Aínda estamos empezando a ver que isto é un problema. Pero sentinme moi satisfeito da resposta no mundo cultural, aquí e en Portugal. Tamén foi unha maneira de empezar a socializar que temos un problema moi grave e que a liberdade de expresión non se defende unicamente no Facebook. 

 Estamos entrando nun nivel en que a liberdade de expresión vai haber que defendela no día a día, na rúa, activándonos para iso. Se toda esta estupidez puido axudar a que a xente tome conciencia, doume por satisfeito de ter sufrido este auto de fe medieval.

-Como interpreta que o campo de batalla da esquerda sexa o cultural?

-Antes a política pelexábase moito máis na rúa. Hoxe dáse nun nivel máis simbólico, mediático. E onde se crean os símbolos, e onde os símbolos están en constante dinamismo, é no terreo cultural. É moito máis doado montar un cirio a partir dunha cousa destas que non coas pensións, a corrupción, ou co desemprego. 

Ao mesmo tempo, hai un proceso de infantilización social e a cultura tamén resiste a esa tentativa de infantilización. O discurso dos límites, da boa educación, que significa? Que nos están volvendo tratar como nenos pequenos. Pero hai resistencia. Tampouco pensemos que son tan poderosos."                                            (Entrevista a Carlos Santiago, Daniel Salgado, Sermos Galiza, 01/03/18)

16/1/17

«El Correo Gallego» perdió su sede de Preguntoiro al no poder pagar su deuda. Tuvo que recurrir a la dación en pago para reducir en 4 millones sus números rojos

 "El periódico El Correo Gallego opera desde el inicio de este año en sus instalaciones del polígono de Costa Vella, adonde se trasladaron, desde la sede histórica de la rúa Preguntoiro, todos los departamentos de su grupo de comunicación salvo el audiovisual y un servicio de atención al público. 

Su marcha del centro monumental es consecuencia de la renegociación de la deuda de Editorial Compostela -matriz de El Correo Gallego- con Abanca ante la imposibilidad de afrontar un pasivo de 16,7 millones de euros con esta entidad, que se ha quedado con la mayor parte del inmueble de Preguntoiro y la nave de El Correo en el polígono del Tambre. Esta dación en pago ha sido valorada en un total de cuatro millones de euros, destinados a reducir dicha deuda.

La renegociación de los compromisos crediticios con Abanca, su principal acreedor al acumular aproximadamente el 85 % de la deuda de la editora con entidades financieras, era prioritaria para los gestores del grupo de comunicación ante las dificultades para asegurar su viabilidad, debido a una situación económica extremadamente delicada, con graves problemas de liquidez que mantienen a la mermada plantilla de trabajadores bajo las condiciones de un expediente de regulación temporal de empleo sucesivamente prorrogado desde principios de la década actual y con permanentes retrasos en el cobro de sus nóminas.

La última auditoría de cuentas anuales de Editorial Compostela, correspondiente al ejercicio del 2015, hizo constar un pasivo financiero de 26,8 millones de euros, de los que 22,2 eran con entidades de crédito. Su volumen anual de negocio alcanzó un importe neto de 13,6 millones (14,3 un año antes) y el resultado del ejercicio después de impuestos fue negativo, al igual que en años anteriores, si bien redujo los números rojos a 36.753 euros.

Los auditores señalan en su informe que en el momento de formular estas cuentas los administradores de Editorial Compostela estaban negociando con Abanca la reestructuración de la deuda, y que el 2 de junio del 2016 fue suscrito el contrato con las condiciones del acuerdo alcanzando, que afecta a los citados 16,7 millones de euros del pasivo del grupo editorial correspondiente a Abanca.

 La auditoría añade que «las líneas maestras del acuerdo pasan por la concesión de una carencia en el pago del principal de la deuda hasta el 31/12/2017, una rebaja sustancial del tipo de interés (hasta el 1,25 %), con efectos retroactivos desde el 01/01/2016 y hasta el 31/12/2017, y una dación en pago de parte de los inmuebles de Preguntoiro y las naves industriales del polígono del Tambre por importe de cuatro millones de euros, destinados íntegramente a la rebaja del préstamo hipotecario».

El acuerdo con Abanca, entidad con la que Editorial Compostela tenía hipotecada la mayor parte de las fincas de las calles Preguntoiro y Altamira -la parte minoritaria que conserva está sujeta a contratos con otras entidades financieras-, establecía que El Correo Gallego debía entregar estas dependencias al concluir el 2016. 

Para acoger la redacción, gerencia, administración y otros servicios de la empresa, durante los meses anteriores fue adaptado el edificio del polígono de Costa Vella donde el periódico ya tenía su planta de impresión y cuya construcción disparó su deuda. El traslado ha dejado casi desiertos los inmuebles de Preguntoiro, donde el grupo editor mantiene su domicilio social. Con anterioridad ya había entregado a Abanca la nave del polígono del Tambre.

El traslado acentúa el declive de una calle del corazón monumental de la ciudad

El traslado de El Correo Gallego al polígono de Costa Vella acentúa el declive de la rúa Preguntoiro, donde era el principal centro de trabajo. En el número 29 de esa calle del corazón del casco monumental tenía su sede desde el año 1938, cuando se trasladó a Compostela desde Ferrol, ciudad en la que fue fundado.

La rúa Preguntoiro tiene cerrados desde hace años locales comerciales de dimensiones amplias, como el que ocupó la ferretería Torres, en el tramo más próximo a la plaza de Cervantes, u otros pequeños, como el bajo del inmueble número 11. 

Otro duro golpe para la zona fue el cierre, en el 2015, de la droguería Pérez Labarta, después de 178 años de actividad. Este bajo sigue desocupado. La reciente apertura del bar y sala de conciertos Riquela apenas da alegría a una calle condenada al declive comercial desde la crisis de los almacenes El Pilar, edificio reconvertido en auditorio de Abanca."    (La Voz, 13/01/16)


 "Por que La Voz publica agora as débedas de El Correo?.

Os paseantes pola Zona Vella de Santiago xa non poden pararse na rúa do Preguntoiro a ler a portada de El Correo Gallego. Editorial Compostela, matriz do xornal, perdeu a súa emblemática sede, incapaz de afrontar a enorme débeda que mantén cos bancos.

“O futuro de El Correo Gallego, pendente de ABANCA”, titulaba Galicia Confidencial hai tres meses nunha información que xa detallaba os problemas da editorial para afrontar un pasivo de máis de 16 millóns de euros, sobre todo con Abanca e Lico Leasing. Segundo confirmaron hoxe fontes próximas ao xornal a GC, e tamén publica La Voz de Galicia, a entidade galega quedouse co local do Preguntoiro. 

Que La Voz de Galicia indague e publique os números vermellos de El Correo Gallego -revelados por GC en novembro- é algo nunca visto no país. Malia seren competencia, todos os grandes medios galegos soen evitar  informar dos problemas económicos dos xornais, protexéndose así uns aos outros. 

Por que La Voz dá agora este paso? Ao fin e ao cabo os problemas económicos de Editorial Compostela non son ningunha novidade. Hai case un lustro que mantén un ERE e fontes do seu cadro de persoal confirmaron a GC que teñen problemas continuamente para cobrar as súas nóminas, acumulándose ás veces atrasos de varios meses.

Unha posíbel explicación que deron fontes do sector da comunicación a GC, verosímil pero imposíbel de confirmar a estas alturas, é que haxa ofertas de compra por El Correo. Unha delas podería ser de Prensa Ibérica, quen xa edita Faro de Vigo e La Opinión de A Coruña. Se Prensa Ibérica faise con El Correo sería un duro golpe para La Voz, que vería renacer a un competidor que está contra as cordas.

Hai outro dato que apunta a que a situación económica de Editorial Compostela é moi delicada. Ningunha das súas cabeceiras veu un peso da resolución da axudas da Xunta aos medios polo galego, ditada o último día hábil de 2016. 

Iso malia o constante apoio editorial do grupo compostelán a Alberto Nuñez Feijóo e que tanto El Correo Gallego como Galicia Hoxe -que subsiste na web- cumpren os requirimentos de uso da lingua propia (8% para os xornais escritos e máis de cinco traballadores para os xornais dixitais en galego). Cómpre lembrar que, para poder cobrar subvencións, hai que estar ao día do pago de impostos. 

Na última auditoría de Editorial Compostela detallábase unhas importantes débedas con diferentes administracións públicas. Por exemplo, da Seguridade Social, os auditores escribiron que “al cierre del ejercicio de 2015 la deuda con la Seguridad Social asciende a 721.743,46 euros” dos cales 400.000 eran a longo prazo e 321.000 a curto prazo. "              (Galicia Confidencial, 13/01/17)

30/3/16

A Xunta repartiu 4 millóns entre os medios tradicionais nos primeiros tres meses de 2016, case a metade para La Voz de Galicia

"Este diñeiro súmase aos 6 millóns que xa deu nos últimos meses do pasado ano. Hai subvencións para falar ben do dispositivo contra o lume, do sector do agro, do turismo, do I+D, de Santiago de Compostela, do fomento da lectura, do emprego ou por usar, tan só, un 8% de galego. La Voz é o grupo que máis recibe, case a metade de todas as subvencións."            (Galicia Confidencial)

9/6/15

É a Voz tan importante e decisiva? A resposta é moi simple: non

"(...) se hai algún consenso establecido en Galicia, ese é o que existe sobre La Voz de Galicia. Todos concordan na súa superior capacidade de influencia política. (...)

Todos parecen xulgar que, en Galicia, fora da Voz non hai salvación, e que sen ilustrar as súas páxinas en fotos de primeiro plano todo é erro ou divagación. Para a maior parte dos dirixentes políticos non hai outro who´s who que o que a Voz decide. 

Á hora da verdade, todos pasan pola sé do xornal de Arteixo a cumprir o que entenden é unha obriga de vasalaxe. Aí están as hemerotecas para dar fe. É cousa que enche de marabilla. (...)

A campaña que orquestrou contra o bipartito nos últimos días de campaña, en coordinación coas correspondentes axencias de comunicación do PP –Swap era o nome, segundo nos revelou Xosé Manuel Pereiro- foi lida por todos como sendo decisiva para a vitoria da dereita. Precisamente un dos principais erros estratéxicos que o tal goberno foi poñerse nas súas mans. 

Sábese que o día das eleccións Santiago Rey, xunto cun grupo reducido de persoas, algunhas da elite económica, outras comentaristas do medio, celebrou a derrota do bipartito como asunto propio abrindo unhas botellas. Iso non foi obstáculo para que os ofendidos buscasen ao día seguinte a Pax: era, de feito, a pax romana na que o vencedor impón as súas condicións draconianas. Veremos se no ciclo que se abre non se repite a historia..  

Agora ben, é a Voz tan importante e decisiva? A resposta é moi simple: non. Por dous motivos. O primeiro, a súa constante perda de lectores. É unha baixada no número de vendas e de difusión que ten raíces complexas. Dende logo, á Voz aféctalle a crise xeral da prensa escrita. 

Pero tamén xoga un papel o descrédito que leva aparellado unha intervención política tan explícita. Sexa coma for, segundo a OJD o xornal La Voz de Galicia perdeu un 11,9% das súas ventas na comparativa interanual entre abril de 2014 e o mesmo mes de 2015. Se a Voz vendía o ano pasado 36.677 exemplares a cifra redúcese agora a 32.325. En difusión baixa dos 77.470 exemplares aos 72.160. 

Se se fai unha comparativa coas cifras de hai unha década entenderase que o descenso foi espectacular: no ano 2000 as vendas achegábanse aos 83.000 números. Por outro lado, a elección de Xulio Ferreiro mostra ata que punto a posición da Voz foi irrelevante na Coruña, a cerna da súa hipotética influencia. Pero o mesmo se podería predicar en Vigo e tantos outros sitios.

Pero o segundo motivo é o máis importante. A proliferación de canles de comunicación e entretemento, sexa audiovisual –radios e televisións-, sexa na rede, coa aparición de novos medios dixitais, sexa a expansión das redes sociais fai que o papel relativo de cada medio en particular sexa cada vez máis cativo. 

Que os rapaces por debaixo dos 30 non len xornais e que acoden a informarse ás redes sociais é xa unha afirmación estereotipada. El Pais xa non é o medio de referencia que deixara apuntado Vidal Beneyto non só por este motivo, pero tamén por el. O mesmo pasa coa Voz en Galicia: forma parte da polifonía, pero non é capaz de que o seu ton se escoite cun acento tan decisivo... Agás nos aparellos políticos, adictos a ese cabalo. 

Para eles, sexan da cor que sexan, a Voz segue gozando do virtual monopolio do mapa mental, mesmo contra toda evidencia empírica medible. É un exemplo de adicción insuperable, un mono constante que os ten atados a unha experiencia masoquista, e, o que é peor, a unha visión do país no que certas elites son insubstituíbles.O mesmo lles pasou antes co tándem Méndez-Gayoso. Foi a Merkel quen os botou fóra, non eles. Eles foron moi mandadiños.

No entanto, hai un elemento que si é incontrovertible: en Galicia non hai –aínda non hai ou segue sen haber- un medio no que poda cristalizar e verse reflectida a opinión galeguista e progresista. Esa é a verdadeira debilidade mediática da oposición á prolongada hexemonía conservadora. 

Os dixitais actualmente existentes aínda carecen desa masa crítica que é necesaria para marcar a axenda e organizar un mapa mental que non sexa tributario do que a diario crean os medios de dereita –todos os escritos no país-. Parece que un novo ciclo político enceta no país -loubado sexa o Señor-: estará coxo se non resolve esta anomalía."                 (Antón Baamonde, Praza Pública, 09/06/2015)

22/1/13

Despidos na Voz e 15 millóns á directiva en 4 anos

"A dirección de La Voz de Galicia está intensificando a súa política de reducción de traballadores a pesares de ser o medio que máis cartos públicos recibe por parte da Xunta de Galicia, máis de 10 millóns na primeira lexislatura de Feijóo.
O Comité Intercentros e o Comité da Corporación Voz de Galicia denuncian que dende 2008 a empresa despediu 122 traballadores, recortou os salarios do persoal e comezou a aplicar unha política de presións e amoestacións, mentres que os membros da súa dirección repartironse 15 millóns de euros en dividendos, retribucións e indemnizacións. 
Reparto de dividendos
Así, lembran que os directivos e administradores desta empresa levan repartido no período 2008-2011 un total de 7.382.837€ en dividendos, incluso coa empresa entrando en perdas, mentres as indemnizacións e retribucións da alta dirección foron de 8.291.875€. En total, 15.674.712€ en catro anos. "Son datos auditados; quen queira pode comprobalo. En definitiva: sáennos moi caros para o que fan", sinalan.
Por iso, veñen de denunciar as políticas laborais que está a practicar a dirección porque, a pesares dos axustes realizados, a empresa continúa despedindo e abrindo expedientes sancionadores ao persoal. 
Presión a traballadores
O último destes episodios tivo lugar o pasado venres, cando a empresa comunicoulle a dúas traballadoras de Santiago que ben optaban por baixarse o salario e a xornada as dúas nun 30% ou despedirían a unha delas, dándolles un prazo unicamente de 48 horas para se decidir. 
"Se a razón para facer semellante cousa é que «con unha administrativa chega», cómpre que comecemos a pensar con cantos directivos e directivas nos chegan a nós para que a empresa continúe polo camiño que a levan os actuais xestores", denuncian os comités. 
Produto de baixa calidade
A representación dos traballadores tamén lle llembran á dirección que deberían ser conscientes "de que non é posíbel facer o mesmo produto con tan pouca xente por moito que utilicen medidas de presión como a recente apertura de expedientes ou amoestacións a compañeiros por non poder asumir a maior carga de traballo".
Así, critican que os "sacrificios" laborais caian sobre un cadro de persoal que hai ben pouco asinou un convenio até 31 de decembro do 2014 no que xa se asumían grandes recortes e reducións de postos de traballo."             (Galicia Confidencial, 17/01/2013)