"La protagonista de esta historia tenía 26 años cuando todo ocurrió. Hoy, con 28, ha conseguido reunir la "fuerza" para hablar.
Ana González fue, durante la temporada 2021/2022, la segunda
entrenadora de Miguel Llorente, el técnico que dirigió al Dépor Abanca y
que provocó un terremoto en el club: un motín, una denuncia anónima, una investigación, una baja por ansiedad y una resolución exonerando al técnico.
Según testimonios a los que Relevo ha tenido acceso, el equipo femenino del club vivió durante esa temporada actitudes intimidatorias por parte de Llorente,
que influyeron negativamente en el ambiente y provocaron que varias
jugadoras manifestaran su deseo de abandonar el equipo. Su conducta
también afectó a Ana, su segunda entrenadora, contratada "a media
jornada", que acabó dejando su puesto de trabajo y su vinculación con el mundo del fútbol, tras meses de ayuda psicológica. Dos temporadas después, rompe su silencio en Relevo.
Nunca habías hablado públicamente, ¿por qué ahora?
No, nunca
hablé públicamente. Creo que es el momento, creo que de alguna manera he
renacido. Creo que se escuchó su historia, se escuchó lo que él quería
decir, que es totalmente lícito, pero me toca a mí y me veo fuerte para
hacerlo. Me toca. Tenía que hacerme fuerte para poder contar mi
historia. Y a partir de aquí que la gente juzgue y conozca ambas
versiones.
Vayamos al principio: ¿Cuándo empezaste a jugar al fútbol?
Empecé a
jugar al fútbol con ocho años en un equipo de mi pueblo, en Redondela.
Querían juntar a un grupo de chicas para un equipo femenino. Y así
empezó todo. En mi pueblo. Primero de jugadora y acabé siendo portera.
Iker Casillas era en el que más me fijaba. Tener referentes femeninos
era imposible.
¿Y cómo llegas al fútbol profesional?
Me vine a
estudiar a A Coruña. El primer año viajaba a Vigo con mi equipo, pero
entrenaba a un equipo, el Orzán. En 2016, cuando se creó el Dépor
Abanca, me llamaron para iniciar ese proyecto y fue donde me adentré de
manera profesional. (...) Al tercer año, cuando el Dépor ascendió a
Primera, yo era muy mayor. Tenía 23 años y no podía tener ficha del B.
Entonces, me dijeron que tenía que decidir si acabar la carrera o
marcharme fuera de Galicia y encontrar un equipo profesional. A mí me
dolía todo, me dolía la muñeca, me dolía la espalda y decidí continuar
por otro lado. El que era el segundo entrenador en el primer equipo, me
dijo: "Oye, tengo un sitio para ti en el Orzán. Vente y enseña a las
niñas, porque creo que vales". Y empecé a entrenar al equipo senior.
¿Cómo vuelves al Dépor y cuál fue tu primera impresión de Miguel Llorente?
Me llegó
por sorpresa la destitución de Manu Sánchez y Pablo Pereiro y me llegó
por sorpresa una oferta de trabajo del Dépor para, en principio, ocupar
un puesto, y después para ser segunda.
La primera
impresión no fue hasta que llegamos a Abegondo. Nos reunieron a todos,
vino David Villasuso (director general del club) y nos dijo: "Este es el
primer entrenador". Yo la única referencia que tenía de él es lo que
había leído los días anteriores sobre su currículum, dónde había estado,
qué había hecho. Y fue allí, en el primer día de entrenamiento, cuando
lo conocí. Vino con la que ahora es su mujer y poco más, o sea, una
persona que venía a trabajar y punto.
¿Cuándo empiezas a pensar que algo no va bien?
No lo vi
directamente hacia mí. Lo vi a través de mis compañeras y de las
jugadoras. Con nosotros al principio era un tiento, pero lo veía con las
jugadoras. Tenía actitudes que a mí no me gustaban. (...) Hacía
referencia de forma despectiva a la discapacidad de Eva, que tiene un
problema auditivo, y él siempre decía que cuando él hablaba, ella no le
entendía porque era sorda, que estaba muy mimada… Alguna vez se metía
con el peso de las jugadoras. A veces se lo decía directamente: "Estáis
comiendo muchas veces fuera, que lo veo en redes sociales".
¿En qué cambió tu vida por trabajar con Llorente?
Hubo dos
fases. Una primera fase donde me callaba todo, donde pensaba: "El
trabajo es el trabajo y te encuentras a gente buena y a gente mala". Y
una segunda fase donde llegó un momento que lo cogí a un lado y le dije:
"Oye, esto no me parece normal, esto no es normal". Me di cuenta de que
la situación laboral en la que estaba no era óptima, no era correcta.
Me afectó en que, por ejemplo, veo mucho menos fútbol. Evito mirar
fútbol, evito mirar redes sociales de cosas relacionadas con fútbol. He
cortado lazos con el fútbol. No he vuelto a ningún otro campo. Notaba
que no solo yo era segunda y él entrenador, yo era como un becario que
tenía que adorarlo. Me cambió mi vida. Dejé de ir al gimnasio, dejé de
quedar con gente, mi vida era casa y trabajo. Poco veía a la familia. Te
metía miedo, miedo por todo. Estábamos finalizando la pandemia y me
decía: "Es que te vas a contagiar, es que ten cuidado, es que deberías
estar trabajando, deberías estar atenta del móvil". Es que yo el móvil
creo que nunca lo tuve sin batería y si lo tenía sin batería era una
ansiedad. Igual iba a tomar un café y yo llevaba mi portátil, mi tablet y
el móvil por si acaso él necesitaba algo. Perdí todo.
¿Qué pasaba si tú no respondías al teléfono?
Pues alguna
vez me lo recriminó. Más de una vez. Que tenía que estar atenta, que
era mi trabajo y que tenía que estar disponible. Yo sentía que lo que
tenía que hacer era normal. Decía: "Esto es trabajo. Esto es fútbol".
Pero llegó un momento en el que me afectó a la salud. Dormía pocas
horas, casi no comía o comía rápido… Yo le decía: "No sé ser segunda
entrenadora, dime qué tengo que hacer". Yo estaba dispuesta a aprender, a
todo.
Yo pensé
que el problema era mío y pedí ayuda psicológica para que mejorara mi
relación laboral. En la primera sesión dije: "Quiero mejorar mi relación
laboral porque la culpa es mía, si yo no estoy cómoda, algo malo estaré
haciendo yo".
Recuerdo
que una vez terminé un vídeo a las doce de la noche y le pedí disculpas.
Le dije: "Llorente, lo siento, te envío esto a estas horas de la noche
porque acabo de terminar". Creo que ese día, me tomé el privilegio de
salir a dar un paseo con mi pareja. Y me arrepentí. Es que tú tomabas
una decisión y después te arrepentías porque sabías que había
consecuencias. Me dijo que no era normal que le enviara cosas a esas
horas, que él no tenía por qué estar disponible, que él tenía más vida.
Al día siguiente, en el vestuario, me echó una bronca delante de todos
mis compañeros, que eso no se hace, que él tuvo que ver el vídeo en un
momento, que nosotros tenemos que dar una calidad perfecta, estar
siempre ahí, al mínimo detalle. Si yo le enviaba un vídeo y él me
contestaba a las dos de la madrugada porque estaba dando un paseo, yo en
esas horas al principio me iba a dar una vuelta, pero después no me iba
a dar una vuelta. Me quedaba en casa esperando a que él me dijera si el
vídeo estaba bien, si estaba mal.
¿Se metía en tu vida privada?
Muchas
veces. Por ejemplo, me encantaba ir al gimnasio. Entonces, él me decía
que si iba al gimnasio con FFP2, que tuviera mucho cuidado, que no vaya a
ser que cogiera el covid y tuviera que estar de baja, que cuándo le iba
a devolver esos días a la empresa. Eso era una constante. Si quedaba
con alguien, me decía que tenía que quedar fuera, en una terraza, por si
acaso cogía el covid y que cómo le devolvía los días a la empresa. Si
en navidades iba a comer con mi familia… Que tuviera mucho cuidado, que
no cogiera el covid porque cuándo le devolvía esos días a la empresa. Y
se metía en mi vida privada, en lo que hacía y lo que dejaba de hacer.
También hacía lo mismo con las jugadoras. Se metía en las redes sociales
para controlar con quién estaban y por dónde estaban y lo que hacían. Y
muchas veces hacía capturas de pantalla de las redes sociales de las
jugadoras y las enviaba al chat del cuerpo técnico y hacía comentarios
de "igual estas dos están juntas" o "ésta engordó muchísimo". Y hacía
comentarios sobre las parejas de alguna de las jugadoras, que "estaban
muy buenas", que si "qué tetas más grandes tiene", "yo le daba"… Hacía
referencias hacia el cuerpo de las jugadoras y hacia mi propio cuerpo.
Él muchas veces entraba en el vestuario. Ellas tenían un carrito con
toda la ropa. Entonces, él veía la ropa interior. Y él entraba y decía:
"¡Eh! Estos tangas, no sé qué... Este tanga debe de ser de...". También
hacía comentarios sobre una jugadora que era de Nigeria, comentarios
racistas sobre su cultura, su personalidad, su forma de ser. Muchas
veces tenía conductas agresivas hacia las jugadoras y parte del cuerpo
técnico, me incluyo, muchas veces.
También
hacía comentarios sobre mi dislexia. Yo a la hora de expresarme soy un
poco errática y cuando daba el análisis del equipo rival igual escribía
unas letras y estaban cambiadas. Me cuesta medir bien las distancias,
entonces si yo colocaba unos conos, él venía y los cambiaba. Y era como:
"Joder, tienes que estar atenta. Te dije que eran cinco metros". Yo le
decía: "Lo siento, es que no soy capaz de medir cinco metros". Hay
palabras que las pronuncio mal, entonces las evitaba. Porque él soltaba
una carcajada y yo me sentía mal porque sufrí mucho en el colegio por
culpa de la dislexia. Yo le decía: "Mira, Llorente, yo tengo dislexia,
esto es lo que ocurre. No es algo que pueda controlar". Él me respondía
que él no sabía lo que era eso.
¿Cómo te afectó emocionalmente?
Yo tenía
ataques de ansiedad porque no dormía, no descansaba. Yo estaba hasta las
04:00 trabajando, dormía y dejaba el ordenador encendido con una alarma
para despertarme. Era una ansiedad constante por estar disponible, por
estar 24 horas.
¿Cuándo te diste cuenta de que no era solo tu responsabilidad?
Hablé con
una compañera del club que me dijo: "A mí también me está pasando". Se
me encendió la luz. Empecé a contactar con el coordinador, con el que
tenía buena relación, con el entrenador del B, que había sido mi
entrenador, y empezamos a unir todos los lazos: "Oye, a mí me pasó esto
con él", "a mí me pasó esto"... Te empieza a llegar información y dices:
"No es culpa mía. Es este señor". Y las jugadoras empezaban a hablar
entre ellas, pasabas por ahí y lo veías, muchas veces lloraban después
de los partidos. El ambiente no era el que tenía que ser.
¿Cómo definirías ese ambiente?
Tenso.
Constantemente, había tensión en el ambiente. Era una tensión constante
por no cometer un error, no decir una palabra que estuviera mal dicha y
sobre todo, el estar ahí permanentemente.
¿Era habitual que las jugadoras lloraran?
Empezó a
ser habitual a partir de enero o febrero. Es verdad que los resultados
no acompañaban. Pero no era porque tuviéramos malas jugadoras. Teníamos
un perfil muy bueno, que competían muy bien. Pero necesitan una base, un
entorno que les ayude a competir bien.
La actitud
de él era de superioridad, de alguna manera, intentaba que el grupo de
jugadoras no se rebelase. Entonces, te hacía sentir inferior con sus
comentarios. Un pequeño comentario: "Oye, no comas tanto". Con pequeños
comentarios y pequeñas actitudes te hacía sentir cada vez peor, que no
valías para estar allí, que mejor que te dedicases a otra cosa.
¿Te contactaron alguna vez para explicarte su situación y decirte que querían dejar el fútbol?
Sí, hubo en concreto dos jugadoras. Ale Serrano y la portera Ana Vallés, que lo dejó justo el año que finalizó el contrato.
¿Forzaba a jugadoras que no estaban bien físicamente a jugar?
Sí, a
muchas, muchas. Por ejemplo, en un encuentro ante el Racing, que fue mi
último partido, hubo varias jugadoras vendadas en la zona del muslo
porque tenían microroturas musculares o rotura muscular y tenían que
forzar porque él no confiaba en otra gente que no fueran ellas.
¿Cómo recuerdas ese año?
El año más
duro emocionalmente para mí. Por un momento, dejé de ser persona. Dejé
de pensar en mí, en lo que yo sentía, para centrarme en eso. Es como una
relación tóxica que todo tu alrededor te dice que no está bien y tú
dices: "No, bueno, ya cambiará, ya irá a mejor". Y te das cuenta de que
no, que tú cada vez estás peor por dentro y lo de fuera tampoco mejora.
Empecé con mucha ilusión. Era el trabajo de mi vida. Lo seguiré
diciendo, y quien tenga amor por algo, sabe que es un amor
incondicional. Y eso es lo que yo siento por el fútbol, un amor
incondicional que por mucho daño que te haga, siempre lo vas a seguir
queriendo. Ese era el trabajo de mi vida, el sueño de mi vida y se me
jodió, se me jodió (se emociona). Dije: "Si esto es vivir del
fútbol como entrenadora, no lo quiero. Si yo no puedo proteger a las
jugadoras, si yo no puedo cambiar el deporte o cómo tratan a las
jugadoras, yo no quiero estar ahí. Porque es una mierda, es una mierda
cómo se trata a las jugadoras. El número que llevas detrás es el que te
representa. El resto les da igual si estudias o no estudias, si te va
bien, o te va mal. Tenía claro que si en algún momento llegaba a
adquirir el rol dentro de un staff, estaba segura de que lo que me
habían hecho a mí no les iba a pasar a ellas. Y pasó.
¿Cómo viviste el darte cuenta de que cambiar eso estaba por encima de ti?
Yo ya lo
sabía. Cuando entré, dije: "Yo aquí voy a tener que pelear para hacerme
un sitio, no sólo para cambiar la estructura, sino para que una mujer
esté dentro. Yo aquí voy a tener que pelear mucho para hacer ver mi
validez como segunda entrenadora". Yo ya lo sabía desde un inicio. Mi
experiencia era poca, mi currículum era bueno, pero yo sabía que tenía
que darlo todo. Lo que no sabía era que darlo todo suponía quedarme
igual que como estaba.
¿Llorente te hacía comentarios sobre tu preparación?
Sí, con que
yo tenía menos nivel de entrenador que él. Y yo le decía todo el rato:
"Yo tengo el mismo nivel que tú. Tú tienes un nivel académico y yo tengo
un nivel académico, tenemos el mismo nivel". Y ese comentario se
repetía muchas veces. "Ah no, tú tienes un nivel dos". "No, yo tengo un
nivel tres, aparte de que tengo una carrera, aparte de que tengo un
posgrado, aparte de que voy a querer seguir estudiando". Yo pensaba: "O
lo haces aposta o no quieres que yo a nivel curricular sea mejor que
tú". No lo entendía. (...) El otro día recordé algo que mi mente
había evitado. Y fue cuando Miguel Llorente me gritó delante de las
jugadoras, que se quedaron pálidas. Me gritó de una forma desmedida.
Creo que yo hacía los cambios de peto y creo que en ese momento no lo
hice bien y me gritó de una forma que ellas se quedaron pálidas,
pálidas. Acabó el entrenamiento y le dije que eso no se hacía, que si
tenía algo que decirme lo hiciera en privado, que no me volviera a hacer
eso. Me costó la vida entera, pero se lo dije. Pensé: "O le paras los
pies o te agarra el brazo". No me pidió disculpas. Me dijo: "Bueno,
mujer, tenemos que darle lo mejor a las jugadoras. A veces te tengo que
apretar un poquito".
¿Cómo fueron los días previos a tomar la decisión de marcharte?
Me armé de
todo. Recuerdo que me puse enferma, fui con fiebre a trabajar, estaba
con amigdalitis. Fui a trabajar, vi que mi salud mental y física estaban
empeorando y dije: "Hasta aquí hemos llegado. Mi cuerpo me está dando
señales de que pare ya". Y así fue. Hablé con el coordinador y le dije:
"Aitor, que me voy". Qué feliz me sentía. Me había sacado kilos de
encima, había adelgazado. Sabía la que me venía encima. Había tomado la
decisión, pero yo misma quise controlar cómo me iba a ir. Lo tenía muy
decidido. Y antes de irme voy a hacer las cosas bien, lo mejor posible
para que cuando me vaya nadie tenga nada que decirme. Y así fue. Desde
el principio yo tenía claro que el primero que tenía que saber que yo me
iba era Llorente. Le dije que me iba porque nuestra relación era mala,
porque su actitud hacia mí no era la correcta y a mí no me estaba
gustando. Le fui muy clara. Me pidió que me quedara. El siguiente paso
era hablar con el club. Mi intención era decirle por qué me iba.
Contacté con Villasuso (director general) por correo y me dijo que no
podía. Me encontré a Rocío Candal (directora deportiva), hablé con ella,
le conté la situación, que yo sé que ella lo sabía previamente. Ya
estaba avisada de cómo era Llorente. Entre una cosa y la otra, hasta el
martes no tuvimos la reunión. Les conté todo lo que había sucedido, todo
lo que me pasaba a mí y cuál era el motivo de que yo me fuera. Les
dije: "Esto es lo que hay, haced lo que vosotros creáis. Pero ojo
cuidado, lo que tenéis aquí". Se abrió una investigación, no por esa
reunión, sino por un correo que llega al canal ético. [El club inició
el protocolo para esclarecer lo sucedido tras la llegada, esa misma
noche, de un correo anónimo al Canal Ético, la herramienta habilitada
por el Dépor para denunciar este tipo de situaciones].
¿Crees que el club actuó debidamente?
Yo era
igual que una jugadora con un número a la espalda y había que apagar ese
fuego, así lo sentí. Sentí que estaba obligada por mí y por las
jugadoras a decirles lo que estaba pasando, pero sabía que pocas
decisiones iban a tomar. Creo que el club no actuó de la forma que debía
por la gravedad del asunto, que se vio obligado a actuar, no porque yo
me iba, sino por la carta que llegó al canal ético. Pienso que lo que
hizo el club fue protegerse a sí mismo y hacer como que allí no había
pasado nada. Pero es verdad que al llegar la carta al canal ético
tuvieron que intervenir. Pero estoy segurísima de que si no hubiera
llegado la carta no se hubieran tomado medidas.
¿Cómo recibiste el resultado de la investigación?
Yo fui a la
reunión sabiendo que quizás lo que decía no llegaba a puerto. Es decir,
yo iba a leer lo mío y yo sólo me quería marchar y contar mi historia,
contar lo que había sucedido y lo que había pasado. Ya sabía qué iba a
pasar. Yo decía: "Podemos tener todas las pruebas del mundo que esto no
va a llegar a buen puerto". A mí me iba llegando información de cómo se
estaban haciendo las reuniones, a quién se reunía, con quién se hablaba y
a mí no me daba buena sensación. Yo ya sabía que aquello no iba a
llegar a buen puerto y cuando salió la resolución, que me llegó por el
comunicado del club vía redes sociales, nadie me dijo nada. Me reí.
Porque el comunicado decía: "No pasa nada, todo está bien, pero te llamo
la atención".
¿Crees que Miguel Llorente representaba los valores del club?
Miguel
Llorente desconocía los valores del club. El Dépor es muy grande. El
Dépor es grande y suena a tópico porque se escucha mucho, pero el club
es grande por los aficionados que tiene, por todo lo que le rodea, por
su historia. No es un club cualquiera y los que están dentro, muchos de
ellos, lo tratan como un club cualquiera y no lo es. Mueve mucha gente.
La pasión por el fútbol que a mí me hace llorar es esa pasión que siente
la gente por el club, que les hace llorar. Y lo están jodiendo. Lo
están perjudicando.
¿Cómo fueron los días posteriores?
Por miedo,
por ansiedad, por angustia, me encerré en mi casa durante dos meses.
Estuve dos meses en casa, tenía ataques de ansiedad varias veces al día.
Mi día era dormir, levantarme y ponerme la tele. Tenía que tener todas
las persianas bajadas hasta abajo del todo para que la gente no me viera
desde la calle. No podía coger el coche, no podía ir al supermercado.
Tenía miedo de salir de casa. Si salía, tenía que salir con alguien.
Tenía miedo de que él viniera y me recriminara todo lo que estaba
sucediendo. Sobre todo, que me recriminara que le había jodido la vida.
Esa fue la sensación, la sensación de que nadie se había creído mi
historia, que simplemente era una niña, que había tenido una oportunidad
y que tenía que quedarme con eso, que mucha suerte había tenido de
estar allí. Y esa fue la sensación.
¿Alguna vez, después de aquella reunión, hablaste con el club?
Después de
la reunión recibí varias llamadas de David Villasuso. Alguna en la que
me recriminaba el motín de las jugadoras, que yo lo había provocado, que
eso no era en lo que habíamos quedado, que no le dejé actuar, que no le
había dado tiempo, que si sabía algo de la carta, que si había sido yo.
Esas fueron las llamadas. La última fue para ir a testificar a la
ciudad deportiva, pero me negué. Evidentemente, para mí yo era la
víctima y aquel era mi agresor. Yo no quería ir donde él estaba. A
partir de ahí no recibí más respuesta del club, ni una llamada, ni una
carta.
¿Hasta hoy?
Hasta hoy." (Marta Caparrós, Relevo, 03/10/23)
"A
principios do mes de xullo de 2022, Bibiana Santiso, tradutora,
intérprete e formadora que traballaba desde había anos de maneira
externa para o Real Club Deportivo, recibe un correo electrónico do
director xeral do club, David Villasuso, onde lle advirten de que non
contarán máis cos seus servizos.
Só unhas semanas antes, Santiso
cargara nas súas redes sociais contra o daquela adestrador do equipo
feminino do club, Miguel Llorente, que viña de ser restituído no cargo
tras ser apartado temporalmente e investigado por unha denuncia anónima
na canle que o club abrira para advertir de "incumprimentos ou posibles
incumprimentos" do seu código ético. Antes, Bibiana xa informara ao club
da grave situación que estaba acontecendo polo trato do técnico con
algunhas futbolistas.
Aquelas denuncias, que se vincularon
principalmente co racismo sufrido por unha xogadora e algún comentario e
comportamento pouco apropiado, tiñan moito máis de fondo. "Calquera sabe que por soltar uns tacos non pasa o que pasou", explica Santiso, ex-futbolista, traballadora daquela do club, intérprete e portavoz d'A Terra, o balón mais elas,
asociación que pula pola visibilización de mulleres e nenas dentro do
fútbol e pola "eliminación de todo tipo de barreiras e obstáculos", que
recolle denuncias sobre discriminación.
"Todo o que pasou coas 15 na selección española pasou antes no Deportivo",
explica Santiso para deitar luz sobre unha revolta interna contra o
adestrador que acabou sendo case totalmente silenciada, que agromou algo
con aquela denuncia anónima vía mail, que tivo demasiadas
consecuencias e a restitución do técnico sinalado como resolución. Mesmo
houbo un escrito denunciando a gravidade dunha situación que "sabían de
sobra dentro do club". Nunca saíu á luz.
Aquel
anuncio da apertura dun expediente ao técnico do Deportivo na tempada
2021-22 chegara pouco despois da dimisión e da denuncia da súa segunda
adestradora, Ana González, unha moza de 26 anos entón que, dous anos
despois, vén de conceder unha entrevista en Relevo.
Nela denuncia a dura situación persoal vivida pola súa relación laboral
con Llorente, un día despois de que o mesmo medio debullase nunha reportaxe o "motín do Depor contra o seu adestrador"
e algún detalle sobre o acontecido, segundo a súa versión, naquel
vestiario. Varias integrantes terían advertido ao club de abuso de
poder, burlas, comentarios racistas ou sexistas do técnico e das
consecuencias en forma de "medo", "ansiedade" e bágoas constantes entre
varias mulleres.
"Foi
durísimo, moi complicado ter que xestionar todo aquilo", revive agora,
dous anos despois, Santiso, testemuña de moito do ocorrido polo seu
labor no club e, nomeadamente, como intérprete de Charity Adule,
xogadora nixeriana que, segundo di, sufriu racismo. Bibiana asegura ter
sido testemuña de comentarios como "todos os negros son iguais, non se queren integrar", por parte de Llorente.
Respecto de
por que os detalles daquilo saen agora, dous anos despois, Bibiana
Santiso di que "as entende a elas porque se sentían moi vulnerables". "Leva
tempo procesar que estás sendo vítima, máis aínda cando estás nun club
como o Deportivo, exposta publicamente, sabendo que todo o mundo vai
opinar. Sénteste moi soa porque é como loitar contra un xigante", explica, en referencia sobre todo a Ana González, que na entrevista en Relevo debulla un inferno. "Notaba
que eu só era a segunda e el o adestrador, como unha bolseira que tiña
que adoralo. (...) Cambioume a vida, tiña medo de saír á rúa", di.
"Era o traballo da miña vida, o soño da miña vida e fodeuse, fodeuse", di emocionada nun vídeo. "Dixen: se isto é vivir de fútbol como adestradora, non o quero.
Se eu non podo protexer as xogadoras, se non podo cambiar o deporte ou
como tratan as xogadoras, non quero estar aí. Porque é unha merda, é
unha merda como se trata as xogadoras (...). Estaba seguro de que o que
me fixeran pasar a min non lles ía pasar a elas. E pasou". reflexiona
quen dixo que foi o ano "máis duro" da súa vida. "Por un momento, deixei de ser persoa",
conta quen fala do "medo, a ansiedade e angustia" que lle provocou o
temor a que Llorente "viñese" e lle "recriminase" todo o que sucedeu.
Porque
o adestrador sinalouna a ela en rolda de prensa logo de ser restituído
no cargo e despois de que o Deportivo concluíse que non se producira
"ningunha actuación irregular nin sancionable". "O que fixo, baixo o meu
punto de vista, é desmedido e desmesurado. (...) Como se pode facer
tanto dano a unha persoa; pasei dúas semanas moi malas. (...) Non merezo
isto", dixera Llorente en rolda de prensa. "Fíxose a vítima e saíu como se tal cousa, dando por riba leccións",
lembra Santiso, que tamén tivo algún problema con el e escoitou de
primeira man varias denuncias de xogadoras e membros do equipo.
Segundo contan as damnificadas en Relevo
—e din outras fontes—, o adestrador actuaba de forma despectiva e
agresiva, intentaba ridiculizar a futbolistas... "Tanto me ten que sexa
xorda, é unha mimada", disque dixo respecto de Eva Dios, xogadora con
problemas auditivos. Alba Merino, a daquela capitá, asegura no mesmo
medio que moitas compañeiras víronse "afectadas psicoloxicamente",
"choraban de ansiedade" e pediron deixar o Deportivo. Varias perderon as
ganas por adestrar e xogar.
A finais de marzo de 2022, todo
estoupou. Días despois de que Ana González abandonase o club e explicase
todo o que sufrira. O Deportivo ofreceulle seguir na entidade, pero no
filial. As xogadoras rebeláronse e negáronse a adestrar con Llorente
tras coñecer por boca da capitá as denuncias da súa segunda adestradora.
O club, segundo o relato de Alba Merino e doutras fontes, non as apoiou
de todo e non foi nada contundente, todo o contrario. Noutra
información de Relevo, a capitá explica que a entidade intentou que a crise non transcendese e acúsaa de reprendar as futbolistas que se rebelaran.
A
carta na que explicaban a súa decisión de pedir a marcha do adestrador
estaba lista pero non chegou a facerse pública nunca. En cambio, ao
club chegou un correo anónimo denunciando comentarios despectivos,
faltas de respecto, presións para que futbolistas xogasen lesionadas... Entre outras cousas. O Deportivo abriu a investigación e acabou reincorporando o adestrador.
A
decepción cos responsables daquela do club é evidente. Pola súa feble
actuación ante as denuncias de varias xogadoras que ían chegando aos
poucos. Ningún daqueles dirixentes queda xa no Deportivo. O último, e
máis sinalado, o que era director xeral, David Villasuso, acaba de
regresar a Abanca, propietario e máximo accionista da entidade.
Durante
a investigación, levada a cabo por unha avogada e unha analista de
Abanca, Santiso foi unha das entrevistadas. A intérprete denuncia que as
investigadoras non tiveron nun principio en conta parte do seu
testemuño. Contoulles que Llorente a agarrou do brazo obrigándoa a
manter unha conversa con el contra a súa vontade, diante de máis persoas
do club, pero ese relato non aparecía na transcrición da súa
declaración. Esixiu que se incluíse no escrito antes de firmala e así o
fixeron finalmente.
Este martes, logo do impacto mediático do descrito en Relevo, o Deportivo emitiu un comunicado
no que aclara que o asunto "foi resolto hai dúas temporadas" e que "na
actualidade xa non seguen no organigrama do club ningunha das persoas
vinculadas ao mesmo". "No seu día as persoas responsables seguiron todos
os protocolos de compliance que estaban establecidos nese momento, contando nese proceso con profesionais independentes", engade.
Ademais,
e "máis aló da resolución tomada naquel momento", o Deportivo di
"lamentar profundamente que calquera persoa puidese sentirse tratada de
forma inadecuada" no club. Nun breve comunicado, engade que censura "de
forma contundente" calquera "actitude que non responda os valores de
respecto e igualdade que debe representar o fútbol".
"As mulleres do Real Club Deportivo velaron moito máis pola imaxe do club que o club por elas",
lembra agora sobre o acontecido Santiso, que cre que algúns dos
responsables que Abanca puxo no Dépor "ensuciaron" moito do que
convertera a entidade nun referente no fútbol feminino: pola súa aposta
decidida, polas boas condicións para as xogadoras e polos seus
resultados (tres das recentes campioas do mundo con España formaron
parte do club non hai demasiado).
O caso é coñecido con máis
detalle, pero foi tamén agochado durante moitos meses. Ata que saíu á
luz agora, pouco despois de toda a polémica xurdida arredor da selección
española, precedida da rebelión das 15 futbolistas que pediran xa
cambios na estrutura da Federación Española antes do Mundial e do
posterior motín, tamén, das campioas do mundo tras o bico non consentido
de Rubiales a Jenni Hermoso.
"Pode
que saber isto agora tamén sirva para que moita xente abra as ollos
sobre o que ocorre", di Santiso, que deixa unha reflexión: "No
fútbol feminino faise todo internamente, pero como a maioría dos
dirixentes son homes, é como dar contra un muro; nin os clubs nin as
federacións están preparados para manexar estes temas". Así,
advirte dun problema de "machismo estrutural" e da necesidade de que
aumente a presenza feminina nas altas instancias do fútbol e do deporte e
de que haxa un protocolo claro para arranxar estes problemas.
"Se
o fas pola canle interna, bloquéante, e se o fas publicamente, parece
que todo ten que ser en grupo e unánime, como se o trato denigrante non
puidese ser a unhas persoas ou como se fixese falta a unanimidade para
ter razón", resume Santiso, que aínda hoxe se pregunta como aquilo que
ocorreu no Deportivo puido acabar así: restituíndo no seu posto ao
adestrador. "En serio?", pregúntase. " (Miguel Pardo, PrazaGal, 03/10/23)