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20/6/24

Caso Carioca: El balance de las víctimas de trata que osaron destapar a guardias y proxenetas en el ‘caso Carioca’: olvidadas, “humilladas” y hasta muertas

 "Para unos ha salido gratis; para otros, a precio de saldo. El caso Carioca sobre la mafia del proxenetismo en Lugo fue tan grande y se dividió en tantas parcelas que es difícil echar la vista atrás y entender cómo aquel terremoto —que abrió las cloacas e hizo tambalear desde hace más de 15 años el apacible equilibrio de la pequeña ciudad gallega— ha tenido tan pocas consecuencias para los culpables. De todos los procesados, proxenetas y agentes del orden aliados con los dueños de los prostíbulos, el único que está entre rejas y que seguirá por un tiempo es el cabecilla de la trama, el temido dueño de los clubes Queen’s y Colina, José Manuel García Adán. El que en la primera década de siglo se labró fama de ser el tipo más duro de la ciudad cumple en la cárcel de Mansilla de las Mulas (León) la condena que le fue impuesta en 2014, casi 21 años, por maltratar y agredir sexualmente a la que era su pareja y madre de su hija. Luego, en diversas piezas separadas de la macrocausa Carioca, el gran proxeneta volvió a ser procesado como actor principal, pero ya se había inaugurado el periodo de rebajas en los Juzgados de Lugo. Las dilaciones indebidas que se acumularon en la causa son, explican desde la Fiscalía de Galicia, las que han motivado sucesivos acuerdos de conformidad con los acusados. El tiempo también hizo que muchos delitos prescribieran.

La parte más importante del sumario se liquidó en 2021 con un acuerdo en el que la Fiscalía pasó de pedir 520 años de cárcel a solo 10, a repartir prácticamente entre Adán y su fiel escudero, José Manuel Pulleiro. El jefe de la trama estaba acusado de 54 delitos de prostitución coactiva, 27 contra los derechos de los trabajadores y otros de amenazas, tenencia ilícita de armas, contra la salud pública por la venta de droga en sus locales y contra los derechos de los ciudadanos extranjeros. En su enésima cita con el banquillo, esta semana, antes de que en la Audiencia de Lugo quedase vista para sentencia la última pieza que aún no se había sobreseído o juzgado, Adán ya no se jugaba nada.

Las fiscalas reclamaban para él año y medio de cárcel por pagar con mordidas y favores sexuales a guardias civiles a cambio de protección y soplos sobre redadas. Pero un acuerdo de conformidad entre el Ministerio Público y cuatro acusados (entre ellos, Adán) dejó la pena para el explotador de mujeres en una simple multa de 2.000 euros. El juicio era contra cinco personas y una se negó a pactar, lo cual torcía el acuerdo. La Ley de Enjuiciamiento Criminal, en su artículo 655 determina que “continuará el juicio si fuesen varios los procesados y no todos manifestaren igual conformidad”. Pero en Lugo se siguió con la vista solo para la voz discordante, el subteniente de la Guardia Civil Julio Baquero, que se negó a declararse culpable como todos los demás. Este pacto parcial, “insólito” y “bochornoso” al que se llegó para liquidar de una vez la macrocausa es, en opinión del abogado Gerardo Pardo de Vera, que trabaja día a día con las víctimas, “una humillación más para ellas”.

Los colectivos feministas y de apoyo a las mujeres prostituidas creen que “algo falla en el sistema” para que no solo este caso, sino la mayoría de los juicios relacionados con la trata, acaben con un desenlace así: las dilaciones indebidas y la debilidad social de las testigos, a las que muchas veces se les pierde la pista tras la primera declaración judicial, suelen traducirse en penas menores, que ya no implican cárcel. O bien en multas que ni se pueden comparar con las deudas de 3.700 a más de 6.000 euros que ellas pagaron a los traficantes de seres humanos por venir a España.

Así sucedió esta semana con la última pieza, de las 50 que llegaron a ser en el mayor sumario contra la trata instruido en el país (274 tomos más 36 de pinchazos telefónicos; 90 imputados; 370 testigos). El juicio contra tres proxenetas y dos guardias civiles acusados, entre otros hechos, de convertir la actividad de los burdeles en un camino de rosas a cambio de dinero y favores sexuales “ha servido para demostrar varias cosas”, critica Mónica González, portavoz de la plataforma ciudadana Impunidade Carioca. Primera, enumera la activista, que “los delitos quedaron probados”, y así lo reconocieron cuatro de los cinco procesados a cambio de una drástica merma en sus condenas. Segunda, que “la Fiscalía ha actuado como abogada de los acusados y con ello ha mandado un mensaje superpeligroso: vale más la voz de los criminales que la de las mujeres que han sido valientes en ese entorno tan hostil”. Tercera, “por acción u omisión de la Fiscalía, que durante años no hizo nada y causó dilaciones que ahora sirven de argumento [para reducir las condenas], realmente existe impunidad y lo que les ocurra a estas víctimas invisibles importa poco”.

Sobre este último juicio, Roberto Brezmes, fiscal jefe de Lugo, valora “positivamente los acuerdos alcanzados con algunas partes”. Explica que era “necesario apreciar la atenuante de dilaciones indebidas muy cualificada, por las diversas paralizaciones que había sufrido la tramitación del procedimiento”. También defiende que “la importancia de obtener una indemnización económica para la principal perjudicada determina, a su vez, la necesidad de aplicar la atenuante de reparación del daño” y que “la aplicación de las dos atenuantes”, técnicamente, “lleva a la rebaja en dos grados de la pena”. Además, el fiscal insiste en “la dificultad de localizar a las testigos”, que provocó que muchos de los hechos “quedasen huérfanos de prueba de cargo”, con el consiguiente riesgo de que las acusaciones acabasen en una sentencia absolutoria. Otra de las razones que Brezmes considera que está detrás del resultado del caso es “la complejidad de la investigación llevada a cabo por el juzgado de Instrucción”. “En su momento”, recuerda, “se adoptaron medidas de investigación limitativas de derechos” y hoy, a la hora de los juicios, estas “son estudiadas desde el punto de vista de la jurisprudencia actual, muy diferente de aquel que existía” entonces. “Por todas estas razones”, concluye en su respuesta por escrito, “la Fiscalía considera importante haber alcanzado un acuerdo de conformidad al menos parcial, que garantiza una respuesta penal adecuada, a pesar del tiempo transcurrido desde la fecha de los hechos”.

Fue el anterior fiscal jefe de Lugo, ya fallecido, quien, en 2013, decidió “desguazar” el descomunal caso para hacerlo digerible a su equipo, pero esto, según las voces críticas, provocó que los delitos de cada acusado quedasen desconectados entre sí. La trama se parceló en medio centenar de minifundios y muchos ya no dieron frutos; se sobreseyeron. Por su parte, la magistrada que dirigió la investigación en el juzgado de Instrucción 1 de Lugo, Pilar de Lara, fue sancionada sin empleo ni sueldo y apartada en 2019 por el Consejo General del Poder Judicial, que vio “retrasos injustificados” y “desatención” en la gran cantidad de causas abiertas por ella contra políticos, empresarios y miembros de los cuerpos de seguridad del Estado. La jueza que durante un tiempo necesitó llevar escolta (para ella y para su hija) acabó siendo trasladada a Ponferrada.

Pero ¿qué fue lo que ocurrió con las trabajadoras de los prostíbulos que, con sus relatos, alimentaron un sumario judicial digno de serie de terror? Algunas rehicieron con dificultad su vida aquí y en otros países de Europa, encontraron trabajo como cuidadoras, como camareras, como peluqueras o maquilladoras; otras estudiaron FP, hicieron cursos de pastelería e incluso emprendieron sus propios negocios como autónomas. Unas cuantas regresaron a su país natal o se les perdió el rastro; y un buen puñado simplemente cambiaron de burdel, ignoradas por una maquinaria administrativa que no facilitaba las cosas. Algunas más, explican desde la ONG lucense Aliad Ultreia, creyeron encontrar una “salida de emergencia” casándose, y acabaron con “parejas agresivas”, como algún cliente que habían conocido en el club.

La testigo protegida que hizo estallar la causa después de denunciar la agresión sexual, en presencia de su arma reglamentaria, del cabo Armando Lorenzo, miembro del Equipo Mujer y Menor (Emume) de la Guardia Civil, fue primero deportada a su país y después traída de vuelta. Ahora no está en el mundo de la prostitución y no vive en Brasil, sino en Europa, pero padece “altibajos psicológicos brutales”, porque sigue “vulnerable y con trauma”, describen fuentes cercanas al caso. “Es la tónica general”, comenta Ana Barba, educadora social de la ONG Aliad Ultreia, incluso en las que lograron rehacer sus vidas: “La huella sigue ahí, porque el impacto de lo que padecieron fue muy fuerte. Tanto en las que vienen pidiendo atención psicológica como en las que creen que no la necesitan vemos secuelas”.

“Las mujeres se han querido olvidar, se han desconectado de un proceso muy largo, muy cansado”, prosigue la educadora. Según Impunidade Carioca, “ven que no se ha hecho justicia” con ellas. Una de las razones esgrimidas por las fiscalas para reducir las penas en el último juicio, además de las dilaciones, fue “la reparación del daño”. “Estas mujeres han sufrido intimidaciones y amenazas, a ellas y a sus familias”, recuerda Barba. Las integrantes de Impunidade que asistieron a la última sesión se preguntaban a la salida “si realmente” los responsables de impartir justicia “saben lo que es el daño”. En Aliad cuentan casos de mujeres que, después de atreverse a declarar, empezaron a recibir visitas de emisarios de los proxenetas encarcelados. El propio Pulleiro fue devuelto por De Lara a prisión después de saber que había violado la orden que lo confinaba en su pueblo para acudir al bar donde trabajaba una testigo. “Tu cara me suena”, le espetó a la joven.

En los días en que Adán estaba agotando su prisión provisional, antes del juicio por maltrato que lo encerró para dos décadas, se constataron huidas de mujeres a Brasil. Mientras el sistema de protección del Estado a las testigos hacía agua y no había recursos para las víctimas, un guardia civil a las órdenes de la jueza, Luciano López, se acostumbró a buscar y pagar alojamiento y comida, o incluso acoger en su propia casa, a víctimas que se habían quedado en la calle. Tal y como pudo presenciar EL PAÍS, la propia magistrada buscó habitaciones para las mujeres que la telefoneaban.

La muerte sin justicia de Angie Palencia

La colombiana Angie Lizeth Palencia Carrión murió de un tumor cerebral un año antes de poder ver sentados en el banquillo a los hombres que la obligaron a abortar con 18 años sin anestesia, en una tétrica clínica de Lugo, el bebé que quería dar a luz. Pese al profundo trauma que esta experiencia le causó, ella había salido del hoyo y cuando falleció era dependienta de Media Markt en Madrid. El juicio, con una víctima ya difunta, fue otra ganga para los acusados, en este caso Adán y el médico abortista, que también en 2020 pactaron con la Fiscalía. El padre del bebé, el empresario que había exigido “arreglar como fuera” su “problema gordo”, jugaba al golf mientras aspiraban el feto con una máquina rota. Ni siquiera llegó a juicio, porque previamente la Audiencia lo exoneró.

Cilene Domingues Lourenço, la brasileña que se enamoró obsesivamente de Adán hasta mandarle cartas con flores dentro; hasta tatuarse su nombre en la piel, vive su propio infierno. Desde hace 17 años está parapléjica y hace tiempo que reside en un centro especializado en León. En Brasil dejó, antes de viajar con deuda a España, dos hijos varones con los que aún mantiene contacto, pero que no pudo volver a abrazar. Nunca regresó a su tierra, porque se arrojó desde la altura de un sexto piso en un hospital de Pontevedra después de firmar, débil, desesperada y sola, un consentimiento para dar en adopción a la pequeña Laura Kiara (engendrada por un cliente) que dio a luz después de ser arrumbada por la mafia de proxenetismo en un psiquiátrico y luego en una residencia de monjas. En León, Cilene no ha olvidado a esa niña que a finales de este mes cumplirá la mayoría de edad, ignorante de todo esto, con otro nombre y otra familia.

Aquel fantasma del burdel

En las ruinas del Queen’s, el burdel central de la trama, donde se daban cita empresarios de postín, policías locales, nacionales, narcotraficantes, guardias civiles, ciertos políticos y demás consumidores de sexo de pago, un fantasma de mujer quedó vagando para la eternidad. En su despacho, la jueza guardaba un dibujo infantil, pintado por la hija de Adán, la niña de los ojos del proxeneta, que representaba, según explicó la propia pequeña, una chica enterrada. Cuando estalló la Carioca, Lugo amaneció con pintadas que preguntaban directamente “¿dónde está Ana?”. Algunas testigos dieron otros nombres, el supuesto fantasma que cobraba forma algunas veces, y otras se desdibujaba, podría conocerse también en aquel ambiente como Sandra, Sara o Paula.

Una extrabajadora recordaba en el juzgado aquella mañana en la que una brasileña de 19 años desapareció, después de una noche en la que se oyeron quejidos y un disparo en una habitación. Pasados los años, un día de 2014 los investigadores descubrieron que alguien había burlado el precinto judicial y había cortado y levantado el suelo de cemento de una caseta aledaña, en la finca del club. El condecorado pastor belga 'Elton', uno de los mejores canes que llegó a tener la Guardia Civil para detectar rastros de cadáveres humanos, marcó sin dudarlo el terreno donde De Lara sospechaba que había estado sepultado un cuerpo. El análisis de la tierra en el laboratorio nunca dio resultados y aquella pieza quedó en nada.

La mayoría de las piezas importantes del sumario, si no prescribieron o fueron sobreseídas (sobre todo en lo referido a agentes de todos los cuerpos), se despacharon con acuerdos de conformidad entre la Fiscalía y los acusados, como ocurrió con Marcos Grandío, jefe del club Eros, que vio rebajada de 26 a tres años su pena gracias a esta fórmula. Grandío fue otros de los proxenetas beneficiados esta semana en el último juicio de la Carioca.

Por su parte, el dueño del club Liverpool del municipio lucense de O Corgo, un antro donde se llegó a prostituir a dos menores y donde el jefe exigía hacerlo “sin goma” —porque los clientes eran señores mayores “de aldea” que estaban “limpios”— no llegó ni al banquillo. Con gran polémica entre colectivos feministas y partidos de izquierda, las fiscalas también pidieron archivar las pesquisas.

La trabajadora social Ana Barba, de Aliad Ultreia, aprecia, sin embargo, "un cambio de sensibilidad" por parte de los mandos de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado en Lugo. La Operación Carioca "visibilizó lo que estaba pasando" para una sociedad que ignoraba el submundo del proxenetismo y la trata. Sigue habiendo burdeles tradicionales, más de 15 en la provincia, pero ahora la actividad se ha trasladado a los pisos. La figura del explotador sexual sigue estando ahí, detrás de estos lugares que ya no son un establecimiento público, sino privado, y que requieren de una orden judicial para entrar. Pero ya parecen "impensables", concluye Barba, esas escenas que aparecían en la Carioca: los guardias transportando mujeres desde el aeropuerto en sus coches patrulla; comiendo y cenando gratis, uniformados, en el burdel; bebiendo y practicando sexo con sus favoritas; catando y dando el visto bueno a las recién llegadas.

 Caso Carioca en El País, ver aquí "             (Silvia R. Pontevedra , El País, 09/06/24)

7/6/24

Caso Carioca: el mayor golpe a la trata de personas y el proxenetismo en España, ha quedado reducido a cenizas por el pacto sellado entre las partes... un centenar de personas convocadas por la Plataforma contra la Impunidad del Caso Carioca se concentraron con pancartas frente al edificio de los Juzgados de Lugo para denunciar los que denominan “acuerdos de la vergüenza”. En esta acción ciudadana, los manifestantes empapelaron los edificios judiciales con cartulinas amarillas en contra de la “impunidad” de los procesados y en recuerdo de las mujeres víctimas de trata que denunciaron los hechos que dieron origen a la investigación y no han obtenido justicia. “Puteiros ao Caldeiro”

 "Si el mayor golpe a la trata de personas y el proxenetismo en España llegaba ya en los huesos a sus últimos estertores, el pacto sellado entre las partes lo ha dejado reducido a cenizas. A falta de que este miércoles la fiscal lea su nueva versión del escrito de acusación y se conozcan detalladamente los nuevos castigos que pedirá para los procesados, en la primera jornada del juicio de la Operación Carioca que se celebra esta semana en la Audiencia Provincial de Lugo, la representante del Ministerio Público avanzó que ninguno de los hombres que se sientan en el banquillo pagará más de seis años en la cárcel. Esta será la pena máxima, aunque seguramente será menos, que podría recaer sobre Armando Lorenzo, el cabo de la Guardia Civil de Lugo destinado en el Emume (Equipo de Mujer y Menor), acusado de una decena de delitos, entre ellos agresión sexual y cohecho, por los que inicialmente la Fiscalía pedía una condena de 21 años. Los tres proxenetas que se sientan junto a él en el banquillo se enfrentaban a penas de hasta año y medio por cohecho pasivo y finalmente no tendrán más que pagar una multa en ningún caso superior a 2.000 euros. Después de que todos ellos reconociesen este martes los hechos, el juicio solamente ha continuado para Julio Baquero, el jefe del Emume, también procesado. Este guardia civil se enfrenta a una solicitud de pena de 19 meses de prisión.

Los acusados que han firmado acuerdos de conformidad con la fiscal son los proxenetas José Manuel García Adán (que ha asistido a la vista desde el penal leonés de Mansilla de las Mulas, donde ya cumple prisión por otros capítulos de la Carioca), Marcos Grandío y Jesús Varela. El guardia civil Armando Lorenzo, principal encausado en esta pieza (de las 47 que eran en total), no irá a la cárcel previsiblemente dado su deteriorado estado de salud actual. Será en la segunda sesión del juicio, señalada para este miércoles en la Audiencia Provincial, cuando se conozcan los detalles de los acuerdos de conformidad alcanzados con carácter previo. Estos cuatro procesados se limitaron este martes a decir “sí, reconozco”, cuando se les ha preguntado en la sala por los cargos formulados en su contra. Pese a que durante los años transcurridos de la investigación, casi 16, la propia jueza instructora, Pilar de Lara, y colectivos antitrata gallegos pidieron al Ayuntamiento de Lugo y la Xunta de Galicia que se personasen como acusación para defender a las cerca de 400 víctimas que transitan por las páginas del macrosumario, estas dos administraciones nunca lo hicieron.

El único de los cinco imputados, en esta pieza que no es la más importante, pero sí la que inauguró las diligencias del juzgado de Instrucción 1 de Lugo, que se ha negado a firmar un acuerdo de conformidad, Julio Baquero, prestará declaración ante la jueza de la Audiencia María Luisa Sandar este miércoles tras la práctica de la prueba testifical. Su abogado ha solicitado durante el capítulo de cuestiones previas la “nulidad de todas las actuaciones” al asegurar que estas se encontraban “viciadas” desde el inicio de la instrucción, lo que ha motivado la “indefensión” de su cliente. También ha denunciado el letrado la “vulneración del derecho de defensa” del procesado durante toda la investigación, la existencia de una instrucción del caso “parcial y deficiente” y el “abuso en el uso de testigos protegidos de manera no justificada”. “La prescripción de los delitos es clarísima”, ha zanjado.

Antes de la vista, abogados de varios proxenetas han criticado el largo tiempo transcurrido desde el inicio de la investigación. El caso se inició después de que una de las mujeres con las que, según el sumario, Armando Lorenso mantuvo relaciones sexuales aprovechándose de su cargo como funcionario de un cuerpo del orden, denunciase una escena en la que el acusado la intimidó con una pistola, la obligó a realizarle una felación y la penetró vaginalmente después de decirle que sus “días como legal en España” estaban “contados”.

Críticas a la instrucción

“Este proceso lleva 16 años de instrucción y había que llegar a un acuerdo para que no se dilatase más en el tiempo. Este juicio es un ejemplo de antijusticia, un proceso totalmente inusual que no es justo ni para las víctimas ni para los acusados. Mi defendido lleva cumpliendo condena bastantes años y para él es fundamental que esto acabe aquí”, ha manifestado la abogada del proxeneta García Adán, el cabecilla de la trama Carioca y responsable del Club Queens y el Colina. “Es lamentable, esta instrucción debería exhibirse en las facultades de Derecho como ejemplo de lo que no debe ser la administración de justicia. Una instrucción a cañonazos, a diestro y siniestro, imputando alegremente a un montón de personas sin indicios”, ha reprochado, por su parte, el letrado de otro de los imputados, el proxeneta Marcos Grandío Ascariz, dueño del Eros.

Protestas en la calle

El lunes, en la víspera del juicio que pasó, por arte del pacto de la Fiscalía, de ocho sesiones con testigos a solo dos, cerca de un centenar de personas convocadas por la Plataforma contra la Impunidad del Caso Carioca se concentraron con pancartas frente al edificio de los Juzgados de Lugo para denunciar los que denominan “acuerdos de la vergüenza”. En esta acción ciudadana, los manifestantes empapelaron los edificios judiciales con cartulinas amarillas en contra de la “impunidad” de los procesados y en recuerdo de las mujeres víctimas de trata que denunciaron los hechos que dieron origen a la investigación y no han obtenido justicia. “Puteiros ao Caldeiro” o “acuerdos de Fiscalía, regalos de cortesía” eran algunos de los lemas que se podían leer en las pancartas y carteles de Impunidade Carioca."             (S. R. P., El País, 04/06/24)

3/12/21

De 500 años de prisión a menos de 10: el castigo menguante de los proxenetas del ‘caso Carioca’... La mayor investigación contra la explotación sexual de mujeres en España se salda con penas menores después de casi 13 años de instrucción

 "Han tenido que transcurrir casi 13 años desde que la ex jueza de Instrucción 1 de Lugo, Pilar de Lara, abrió la Operación Carioca, sobre redes de prostitución en Lugo, para que se juzgara la pieza principal, que procesaba a tres proxenetas; dos hombres y una mujer, la novia de uno de ellos, en un juicio en la Audiencia Provincial. 

La vista ha concluido, ante el estupor de las asociaciones que defienden a las víctimas (en la Carioca han testificado centenares de mujeres), con un acuerdo de conformidad entre las partes. De los 500 años con que partía la fiscalía de Lugo, finalmente el descomunal sumario sobre explotación sexual e inmigración ilegal en los clubes Queen’s y Colina de Lugo se ha despachado con menos de 10 años.

 Seis para el principal implicado en dicha red, José Manuel García Adán; tres años y siete meses que no cumplirá para su mano izquierda en los burdeles, José Manuel Pulleiro; y una multa para la ex novia de este último, una antigua víctima que supuestamente habría servido de enlace con mujeres en Latinoamérica y que también llegó como acusada al final del proceso.

A la entrada de la Audiencia Provincial, un grupo de mujeres de la Plataforma contra la Impunidad de la Carioca increpaban con gritos como “fiscalía corrupción” o “la prostitución también es violencia”. La portavoz de este colectivo, Mónica Fernández, ha asegurado, en declaraciones a los medios, que “desde la plataforma” están “indignadas, no solo por el acuerdo sino por la actuación y las decisiones que tomó la fiscalía durante todo el proceso”.

Fernandez recordaba que fueron más de “400 mujeres” a las que se tomó declaración durante la Carioca y criticó a la fiscalía de Lugo “por promover la impunidad al reducir a la mínima expresión delitos de una red de trata que tenía muchas implicaciones”. Esto hace, a su entender, mucho daño porque los proxenetas ven que explotar a mujeres sale muy barato en España.

Esther Amado, la abogada del que fue dueño del Queen’s, el principal club de la red, concretaba que a Adán, que recogía el guante de la conformidad por videoconferencia desde la prisión leonesa de Mansilla de Mulas (donde cumple condena por malos tratos a su exesposa), había aceptado la pena de seis años por delitos “contra los derechos de ciudadanos extranjeros, de prostitución coactiva, delito continuado de amenazas, tenencia ilícita de armas y contra la salud pública” por venta de drogas en sus locales. De los seis años que acepta solo le corresponde cumplir dos, dado que ya permaneció cuatro en prisión preventiva por la Operación Carioca.

En el caso de Pulleiro, su abogado, Cándido Conde-Pumpido, ha precisado que no entrará en la cárcel por esos tres años y siete meses, porque ya los completó en prisión preventiva. Conde-Pumpido aprovechó para criticar la instrucción de Pilar de Lara, “que alcanza el mayor volumen de cualquier otra causa del sistema judicial español”. “Es una causa histórica, no ha habido ninguna mayor”, ha dicho, “ni el caso Malaya ni el terrorismo yihadista alcanzaron este volumen”.               (Pepe seijo, El País, 30/11/21)

4/12/20

Gallegas prostituidas en Buenos Aires: la cara oculta de la emigración

 "Hay un reverso de la emigración gallega a Buenos Aires que todavía hoy permanece opaco: las mujeres prostituidas en la capital argentina. No existe suficiente documentación que ilustre de forma diáfana la explotación sexual a la que fueron sometidas, ni tampoco las malas artes de sus proxenetas, pero la prensa, la literatura, la música y algún testimonio puntual evidencian una realidad de la que también se hicieron eco los centros regionales —que advirtieron de los peligros de viajar a América y crearon entidades que velaban por su integridad— y las autoridades españolas, como se refleja en la propia legislación.

María del Pilar Cagiao Vila, profesora titular de Historia de América en la Universidade de Santiago de Compostela (USC), se muestra prudente a la hora de analizar la trata de mujeres con fines de explotación sexual, debido precisamente a la escasez de documentación y a la ausencia de fuentes directas, sobre todo de las víctimas. No obstante, sus investigaciones la han conducido a la existencia de "un proxenetismo de matriz galaica, aunque no se puede señalar a personas concretas", que se aprovechó de sus paisanas. "Los peligros que acechaban a las mujeres se dieron a lo largo de todo el proceso migratorio. Desde el mismo momento en que pisaban el barco, ya corrían ese peligro", explica a Público.

Más que de una red de explotación sexual, la experta en migraciones Europa-América prefiere hablar de una "estrategia en red", que también se lucró con las necesidades de los hombres que decidieron mejorar su vida zarpando hacia el nuevo mundo. "Había ganchos que actuaban en comandita con las compañías navieras para sacar tajada y cobraban comisiones por los billetes. No sería de extrañar que estos espabilados tuvieran conexiones con emigrantes que se habían marchado antes", apunta la autora de Muller e emigración (Xunta de Galicia).

Los agentes, a veces contratados por los países de adopción, recorrían los pueblos para convencer a los paisanos de que viajasen a América y, además de encarecer el precio del pasaje, se ofrecían para conseguirles documentación legal o falsificada. También podrían haber existido ganchos cuyo fin era captar a muchachas jóvenes, con falsas promesas laborales, aunque el éxodo de mujeres se produjo ya entrado el siglo XX, pues antes la emigración era sobre todo masculina. No solo de Galicia, sino de otros muchos países europeos, lo que provocaría una presencia mayoritaria de hombres que favorecería la proliferación de burdeles en Buenos Aires.

"No cabe duda de que hubo jóvenes prostituidas, pero los testimonios son muy indirectos y no existen fuentes documentales, pues no constan como gallegas, sino como españolas. No obstante, a partir de algunos relatos podríamos deducir que pudo haber gente que captase a chicas en Galicia. Aunque la literatura sea ficción, se inspira en la realidad del momento. En todo caso, no hay una constancia absoluta", deja claro Cagiao. Otro obstáculo para determinar el origen de las mujeres explotadas sería el propio término de gallega, que en América es sinónimo de española, lo que dificultaría aun más las investigaciones.

Los periodistas y escritores europeos que visitaron Buenos Aires en la época analizaron sobre todo la prostitución de francesas y polacas, por lo que hay que rebuscar en sus propias obras y en las de terceros la explotación a la que fueron sometidas las oriundas de Galicia. Además, como subraya la historiadora de la Universidade de Santiago, las organizaciones más populares tuvieron eco debido a que fueron procesadas judicialmente, como sucedió con la mafia judía de la Zwi Migdal. "Seguramente hubo proxenetas gallegos, como sucedió en Cuba, pero no hubo un juicio que registrase nombres y apellidos. Pese a ello, Horacio Vázquez-Rial implícitamente se aproxima al tema en esa dirección".

La realidad oculta de las mujeres que fueron captadas con falsas promesas para viajar a Argentina o las que, una vez allí, ejercieron la prostitución debido a sus necesidades económicas se refleja de alguna manera en la novela del escritor porteño Frontera Sur, donde Teresa es forzada a prostituirse tras ser engañada por su amante. "Interpretada en el cine por Maribel Verdú, su figura está inspirada en esa posibilidad, porque los comportamientos humanos se repiten en circunstancias similares", cree Cagiao, en referencia a que la trata se dio en todas las comunidades.

Así, Alberto Londres relata el desembarco de inmigrantes en El camino de Buenos Aires: "Italia, España, Polonia, Rusia, Alemania, ¿qué más? Siria y el País Vasco, día tras día, como si se tratara de llenar un terreno baldío por construir, arrojan allí su excedente de material humano". No solo de trabajadores, sino de mujeres que padecieron el acoso y la agresión sexual nada más dejar su tierra atrás. "Los peligros que las acechaban se dieron a lo largo de todo el proceso migratorio. Desde que subían al buque ya corrían el riesgo de ser violadas por otros viajeros o por la tripulación, que las podía privar de comida si no accedían a sus demandas sexuales", explica la historiadora, quien cita las palabras Elisa Soriano, médica de la Marina Civil que trabajó como inspectora en dos líneas de pasajeros.

"El barco resulta ser una gran escuela de corrupción. Todos sabemos que la gente de mar, marineros, fogoneros, etc., son individuos de moral más que dudosa [...]. No es extraño, pues, que la moral y virtud de muchas de ellas sufran notable quebranto durante la travesía [...]. En vano trata la legislación de emigración de prevenir y evitar esto, pues la separación absoluta de los sexos en un barco es algo teórico y prácticamente imposible, dado que la mayoría de los casos son pasajeros de tercera los ganchos encargados de arrastrarlas al precipicio...", escribe en La mujer y el niño en la emigración (Boletín de la Subdirección General de la Emigración) Soriano, quien asegura que en los años veinte las españolas fueron un objetivo claro de las redes.

"En mi viaje de retorno he tropezado con una mujer de edad indefinida (pasaba de los sesenta), la cual llevaba hechos, según afirma, más de dieciséis viajes de ida y vuelta a España. ¿Se explica este ir y venir de algún modo satisfactorio en una mujer de humildísima apariencia, viajando en tercera clase, sin vínculos familiares en la península? Sin querer la imaginación vuela al pensar que tal vez es la emisaria encargada para hacer la recolección para esta nueva esclavitud que es la trata de blancas". La inspectora médica sugiere que, además de en el origen y en el destino, la captación también se producía en los propios navíos.

Sus palabras fueron recogidas por Cagiao en Género y emigración: las mujeres inmigrantes gallegas en la Argentina, uno de los capítulos de La Galicia austral: la inmigración gallega en la Argentina, de Xosé Manoel Núñez Seixas. En el libro también reproduce el testimonio de Carmen Cornes, que emigró a los dieciséis años con otras tres niñas, una de ellas de doce años, de la mano de un conocido que ejerció de tutor: "Cuando llegamos a Río empezó a venir gente que nos decía que vente acá, vente acá. Llegaban a buscarnos al barco a las chicas más jóvenes. Y después me enteré de que había tratantes de blancas ahí". Otras, para burlar la normativa, usaban todo tipo de subterfugios, como falsos certificados matrimoniales.

La legislación española también hacía referencia, de forma velada, a la prostitución, puesto que prohibía viajar a las solteras menores de veinticinco años no acompañadas, quienes además debían justificar que serían recogidas en el país de destino por personas de solvencia moral para que evitar que cayesen en "corrupción de costumbres". Esa actitud "paternalista tradicional" no impidió que fijasen como objetivo la ciudad porteña, a juicio de Cagiao, quien cita el caso de una muchacha que fue violada a bordo, ingresó en un psiquiátrico y nunca se recuperó.

"Decidida la emigración, para muchas mujeres la incorporación a América será más dramática que la del hombre. Las penurias y sinsabores comenzaban en el momento del viaje", escribe la historiadora en el citado libro. "Pese a las restricciones, la Argentina parecía no tener otro rival en América en cuanto a la atracción representada para las mujeres. A excepción del período 1895-1898, y posteriormente 1928, las españolas eligieron este país como destino en una proporción mayor a los hombres [...]. Hacia 1895 se destacan por número las registradas en los niveles más bajos de la estructura ocupacional, como el servicio doméstico (sirvientas, mucamas), costureras, lavanderas, cocineras y planchadoras. Algo similar ocurre en el censo de 1914, fecha en la que las extranjeras adultas habían pasado respecto de 1869 del 25 al 37%".

No constan aquí las que podrían haber ejercido la prostitución, aunque las medidas adoptadas por algunas entidades evidencian que habrían tratado de evitarlo. Así, la Sociedad Pro-Galicia fue fundada en 1908 con el fin de construir un hospedaje para personas sin trabajo. Cagiao razona que la intención de crear un departamento exclusivo para mujeres "podría resultar indicativo de un cierto afán proteccionista sobre las gallegas recién llegadas". Con el fin de atender "a las jóvenes que llegaban solas, quienes —por falta de apoyo y experiencia— corrían el peligro de caer en la prostitución", se creó en 1912 el Patronato Español de Buenos Aires, que también cuidaba de los huérfanos e hijos de inmigrantes. Las chicas eran recogidas en el puerto y después educadas por religiosas hasta que se casaban o encontraban un trabajo.

Esos temores fueron reseñados en la prensa de la época, como refleja la ardua labor de documentación de Pilar Cagiao, quien reproduce una columna publicada ese año en El Eco de Galicia que advierte de los peligros a los que se enfrentan "nuestras paisanas", que sirven "en casas de pu­dientes familias para preservarse de un naufragio inevitable de su honestidad acechada en calles y plazas por gavilanes sin corazón ni conciencia que espían esta ocasión de paupérrima necesidad para clavar en las castas palomas sus despiadadas uñas y despedazarlas con el pico de su sensualidad insaciable". En 1923, Ramón Castro Lópe escribía en El Noroeste que en el Hospital de Maternidad había unas setenta mujeres, "siendo gallegas la mayoría de esas desgraciadas".

Cagiao comenta a Público que, más allá de las dosis de paternalismo o de la consideración de la mujer como un elemento subalterno, la fundación de estas instituciones respondía "evidentemente a la voluntad de evitar que fuesen reclutadas en el propio puerto". Recuerda además la ambigüedad existente respecto a la prostitución, que hasta 1936 fue una actividad legal en Argentina, si bien la trata era considerada un delito. En los burdeles había españolas, según consta en el censo, que no especifica si eran gallegas. Tampoco queda claro quiénes eran los reclutadores, pues no hay rastro de sus actividades, aunque la historiadora cree que algunos podrían ser paisanos.

Siempre apelando a la prudencia, debido a la inexistencia de pruebas documentales, entiende que algunas pudieron ser engañadas con falsas promesas laborales, dado que esa artimaña siempre ha sido usada por diversas redes. En el caso de las gallegas, no extrañaría que les ofreciesen ser mucamas. De hecho, la Sociedad Protectora de la Joven Sirvienta o las Hijas de María Inmaculada instruían a las inmigrantes como empleadas en el servicio doméstico, un oficio que proliferó entre ellas debido a su escasa formación. En ese ámbito también sufrirían abusos, que merecerían un capítulo al margen de la prostitución, a la que la historiadora de la Universidade de Santiago dedica un apartado en Género y emigración: las mujeres inmigrantes gallegas en la Argentina. A continuación, se reproducen algunos extractos por su interés.

'Inmigración y prostitución', por Pilar Cagiao

La relación entre prostitución e inmigración fue bastante directa. La falta de mujeres inmigrantes desde los comienzos del fenómeno masivo acentuó los problemas sexuales de la gran mayoría masculina. Por otro lado, en un acelerado proceso de urbanización donde aún no se habían desarrollado suficientes industrias capaces de proporcionar un nivel de empleo totalmente satisfactorio, se provocaron serios problemas sociales y de marginalidad que tuvieron fiel reflejo en la vivienda, con la proliferación de conventillos en los que convivían inmigrantes europeos y procedentes del interior en condiciones sumamente precarias, así como en la aparición de barriadas pobres y situaciones de miseria de las más variada índole. Este panorama, además de dar lugar a otro tipo de consecuencias, y por causa del desajuste entre población masculina y femenina, favoreció el aumento de la prostitución a través de redes organizadas para traer mujeres europeas al país.

Las conexiones para la recluta se establecían incluso antes de la llegada de las inmigrantes, a las que si era necesario se falsificaban documentos utilizan­do gran variedad de triquiñuelas, desde inscripciones falsas por parte de los funcionarios de inmigración que registraban a las mujeres recién llegadas bajo el epígrafe de cualquier otra profesión, hasta los denominados "matri­monios rituales", con el fin de facilitar la trata.

En la ciudad de Buenos Aires la prostitución estuvo legalmente reglamentada desde 1875, lo que no evitó la aparición de una actividad paralela de tipo clandestino ejercida en su mayoría por extranjeras. Por su parte, en el Censo General de Pobla­ción, Edificación, Comercio e Industria de la ciudad de Buenos Aires de 1887, que fue publicado dos años más tarde, se señalaba: "Los boletines del censo no revelan más que 629 prostitutas públicas que viven disciplinadas en burdeles. El número real es mayor. Muchas de la prostitución clandes­tina, superior a la pública, se declaran modistas".

(Género y emigración: las mujeres inmigrantes gallegas en la Argentina)

El auge de la trata se produjo en las décadas de 1910, año del Centenario Argentino, y de 1920. El escritor José Costa Figueiras recomendó a las gallegas que no emigrasen para no caer en la prostitución. Luis Seoane, en el poema Outro canto ós emigrantes, muestra su desprecio a los "alcaiotes, burdeleiros, terceiros, / propietarios de hoteles a tanto por hora", para los que "el sexo es oro". Según señala Cagiao en el citado libro, cuando el poeta e intelectual habla de "hombres de orden" se refiere a "aquellos gallegos, que por supuesto los hubo, que se dedicaron al fomento de la prostitución de muchas gallegas recién arribadas al país en relación con redes de trata de blancas organizadas bajo el aspecto legal de oficinas privadas de colocaciones en las que se solicitaban sirvientas, gobernantas, preceptoras, cantantes, modelos o coristas".

Seoane hace referencia en el poema al tango Galleguita, de Alfredo Navarrine y Horacio Pettorossi, interpretado por Carlos Gardel. La investigadora argentina Irene López lo analiza en el artículo Morochas, milongueras y percantas, publicado en la revista de estudios literarios Espéculo, de la Universidad Complutense de Madrid. "Un dato interesante es que un gran porcentaje de la población de inmigrantes estaba constituida por hombres. El desarrollo del negocio de la prostitución y del cabaré se verá impulsado por esta situación y también por el hecho de que muchas de las mujeres que trabajaban en el rubro eran también inmigrantes, como queda registrado en tangos como Galleguita".

Galleguita, la divina,
la que a la playa argentina
llegó una tarde de abril,
sin más prendas ni tesoros
que tus negros ojos moros
y tu cuerpito gentil;
siendo buena eras honrada,
pero no te valió nada
que otras cayeron igual;
eras linda galleguita
y tras la primera cita
fuiste a parar al Pigall.

Sola y en tierras extrañas,
tu caída fue tan breve
que, como bola de nieve,
tu virtud se disipó…

Tu obsesión era la idea
de juntar mucha platita
para tu pobre viejita
que allá en la aldea quedó.

El Royal Pigall fue un cabaré situado en la avenida Corrientes de Buenos Aires. Irene López escribe que Galleguita trata la figura de quien debe prostituirse por necesidades económicas, "un principio de justificación del por qué de esta vida": una mujer sola que ahorra dinero para dárselo a su madre. "Tenemos acá también la delimitación de un pasado decente y un presente de soledad y tristeza como producto de la caída. Se da cuenta además de la inmigración y la prostitución ejercida por jóvenes inmigrantes, que muchas veces venían engañadas a esta tierra de promesas. Y si no venían engañadas, igualmente la necesidad en que muchas de ellas se encontraban en su situación de inmigrantes las llevaba por ese camino".

Fabio Suárez García considera que el tango es "un claro ejemplo de la canción-trama". En su tesis ¡Che gallego!: Relaciones transatlánticas entre Galicia y Argentina en el siglo XX (University of South Florida) sostiene que no es un caso aislado. "La protagonista, una emigrante gallega, decide partir de su tierra para mejorar económicamente, pero al llegar a Argentina es engañada y obligada a ejercer la prostitución. Esta es la historia de muchas mujeres gallegas, que viajaron desde Galicia hasta Argentina con unas esperanzas e ilusiones que nunca llegarían a cumplirse". Antonio Pérez­ Prado, en Los gallegos y Buenos Aires, matiza que quizá no fuera de Galicia "sino beneficiaria del título por generalización vulgar"; es decir, española.

"Por la literatura nacional desfilan asimismo otras gallegas y galleguitas", recuerda María Rosa Lojo en La Argentina gallega: más allá de los estereotipos. "Inocentes prostitutas, casi niñas y con delicado aspecto de muñecas, víctimas de las circunstancias o de algún seductor o pariente inescrupuloso que se ha aprovechado de su pobreza", escribe la ensayista, quien alude a la novela Nacha Regules, publicada por Manuel Gálvez en 1919.

Uruguay, lugar de paso

Desde Uruguay, una escala en la ruta de trata, Santiago Turnes le escribe una carta a su esposa, donde le advierte de los peligros: "Procurarás venir con buena compañía y respétate como quien eres, pues abordo hay mucha pillería [...] Con el que te quiera hacer picardía no te acompañes, que tú ya sabrás lo que te tendrá mejor cuenta porque ya no eres una niña". Pilar Cagiao reproduce la misiva en Acerca de las mujeres gallegas en el Uruguay: voces y papeles de un siglo de inmigración, donde señala que la prostitución aumentó en las primeras décadas del siglo XX, con problemas similares a los del país vecino: "De hecho, en 1908, secundando una iniciativa promovida desde Buenos Aires al calor de las ciertas campañas higienistas y del evidente aumento de mujeres en los flujos, el Centro Gallego de Montevideo promovió la difusión de un manifiesto en contra de la trata de blancas".

La historiadora explica a Público que si una entidad regional tomaba cartas en el asunto era porque "le tocaba de cerca y conocía casos", aunque insiste en que el "gran mercado y negocio de la prostitución" estaba en Argentina y, concretamente, en su metrópoli. "El problema era el mismo en las dos orillas del Río de la Plata, pero mucho mayor en la ciudad porteña, porque era más grande y había más hombres. Uruguay era un lugar de paso, lo que demuestra la ilegalidad de la trata. Por eso no iban del puerto de Montevideo al de Buenos Aires, sino que transitaban por vericuetos hasta que cruzaban las aguas. La Zwi Migdal, por ejemplo, captaba a jóvenes en Polonia y Hungría y las trasladaba a Montevideo, donde eran sometidas a un proceso de selección. Luego atravesaban la frontera de Paysandú hasta la localidad argentina de Colón, desde donde partían a Buenos Aires, un recorrido también usado por las mafias francesas, según Alberto Londres.

La mafia judía recurría a la figura del falso novio para engañar a algunas muchachas, un método de captación que tampoco puede confirmarse en el caso gallego. "Desconozco si existió, porque no me he encontrado con ningún caso, pero en la prostitución siempre han funcionado los mismos mecanismos en todas las colectividades. Si ocurría con las polacas y francesas, también podría darse con las españolas y gallegas", aventura Cagiao, quien recuerda que esta experiencia "tan dolorosa" fue omitida por las víctimas. "No es fácil reconocer que han pasado por eso, pues son situaciones que nadie quiere recordar, sobre todo en unos años donde era tan censurable".                 (Henrique Mariño, Público, 21/11/20)

17/7/19

El policía que puso los neones al burdel. La juez rechaza la "excusa exculpatoria" de la Fiscalía y plantea llevar a juicio a varios agentes implicados en la Operación Carioca. Sostiene que uno era socio de un prostíbulo, dirigía las obras de reforma y hasta se quejaba de la baja productividad de las víctimas

"Ramón V.R. era policía local de Lugo y, al mismo tiempo, socio del burdel Queen's. Tan implicado en el buen funcionamiento de la empresa que se ocupaba "personalmente" de la decoración y protestaba por la baja productividad de las víctimas de trata. 

Esto es al menos lo que sostiene Pilar de Lara, la instructora de la Operación Carioca, la mayor causa contra el proxenetismo en España, en el auto de transformación en procedimiento abreviado de una de las principales piezas en las que fue desguazado el descomunal sumario para facilitar su digestión a la Fiscalía. 

Pese a esto, las dos fiscales sobre las que recayó parte del trabajo de lectura no alcanzan a ver el delito y en diciembre pidieron exculpar antes de llegar a juicio a este y a otros agentes del orden que supuestamente engrasaban la maquinaria de "terror" gobernada por el jefe de la trama, el proxeneta José Manuel García Adán. El ministerio público cree que su papel era el de meros clientes.


"Todo apunta a que realmente Ramón V. R. constituyó una sociedad [inmobiliaria] con fines meramente instrumentales para ocultar su participación en el negocio" del Queen's. Y como socio, explica la magistrada, no solo gestionaba desde su posición de funcionario los problemas relativos a las licencias municipales de las que carecía el local, sino que se preocupaba por el suministro de electricidad y "se encargó directa y personalmente de las reformas del establecimiento en 2009". 

Contrató "la pintura de la fachada del club, la instalación del suelo de parqué, de las rejas, de las persianas y ventanas, de los revestimientos y los rótulos luminosos". La juez reprocha a la Fiscalía que busque alguna "excusa exculpatoria" frente a estas evidencias que ella presenta y así se libre del banquillo al agente.

Ramón "siempre entraba al local por la puerta de acceso de las mujeres, no de los clientes. Andaba por todas las dependencias del club", a cualquier hora y uniformado, "estuviera o no Adán. Por el comedor, la cocina, en el despacho del dueño y también en la recepción", describe De Lara. Según diversos testimonios del sumario, el municipal no pagaba las copas, entraba y salía del local como si estuviera en su propia casa, y además, sacaba a las chicas y las metía cuando le daba la gana sin pedir permiso al cabecilla de la trama de proxenetismo. 

Un exempleado del burdel aseguró en su declaración que el policía local le "controlaba el libro de subidas a las habitaciones" y le recriminaba que "se jodiera poco”. Esto "no lo hace un cliente", defiende la magistrada, "sino alguien interesado en el rendimiento económico del negocio".

"No se puede negar que tomaba copas y hacía uso de los servicios sexuales", reconocían las dos fiscales en su escrito de finales de 2018, pero "lo hacía como particular", defendían para a continuación excusarlo del delito de cohecho impropio. "Por más que la Fiscalía trate de deslindar la vida privada de la profesional", argumenta ahora la magistrada, "las obligaciones de un funcionario policial no son a tiempo parcial sino las 24 horas" cuando se trata de perseguir delitos. 

Además, "existen numerosísimos testimonios que refieren que en no pocas ocasiones acudía uniformado, con su arma reglamentaria y en coche oficial rotulado para disfrutar de toda clase de servicios ofertados por el club". Y además "comía y cenaba" en la sala "utilizada solo por las mujeres". Y según las víctimas de trata, se jactaba ante ellas de su condición de policía local.

La testigo R.S. asegura que "cuando llegaba una chica nueva, ya estaba allí Ramón presentándose él mismo" y enseñando "la placa" . C.L.O. recuerda en su declaración como testigo que les decía: "Aquí no hay riesgo de nada, este es el mejor club de Galicia, no marchéis a otro porque aquí estáis protegidas".

Violencia de género

"La relación de amistad" de Ramón V. R. con Adán, jefe del Queen's y de La Colina, "se remonta a varios años antes" de abrirse el primero de estos burdeles, narra la magistrada. "Existen varios testimonios" que aseguran que "habría ayudado a ocultar pruebas del apuñalamiento" de un hombre cometido por el proxeneta, un episodio anterior a la Operación Carioca. "Al margen de lo anterior, y de la participación que pudiera tener en el negocio, resulta indiciariamente acreditado que este funcionario policial daba plena cobertura a las actuaciones presuntamente ilícitas de Adán", concluye De Lara.

Y supuestamente ocultó "los malos tratos sufridos por la entonces esposa del proxeneta", sin "protegerla", ni "detener" al maltratador, ni "perseguir los hechos que conocía perfectamente". Adán cumple actualmente 21 años de prisión por violencia de género mientras espera los juicios de la Operación Carioca. 

La propia víctima relató que el policía local, supuesto socio de su marido en la clandestinidad, "le veía la cara", que "cuando curaba de un lado ya tenía el otro lado mal". Pero "nunca" la ayudó, sino al contrario, recuerda la juez; ya que supuestamente colaboró con el proxeneta "para que este pudiera expulsar a su esposa" de casa.

Además, "varios testigos" cuentan en las diligencias judiciales que Ramón V. R. "captaba mujeres para ir a trabajar a los locales de Adán y las trasladaba en coche" hasta los clubes. Siempre merodeando por allí, según De Lara "parece tener pleno conocimiento" de las condiciones de trabajo, con "intimidación y coacciones", y de las actividades de inmigración irregular desplegadas por el jefe de los burdeles y su encargado para traer a España mujeres con deudas.


La brasileña C.D.L., tan enamorada y abducida por Adán que llegó a tatuarse este nombre en el cuerpo, aseguró en su declaración que "a quien solicitó permiso para trabajar en el Queen's fue al policía local llamado Ramón", porque otra compatriota le dio el teléfono del agente y "le indicó que para trabajar allí debía hablar con él". Otra mujer, C. N., quiso dejar la prostitución y se fue de camarera a un bar. 

Trabajaba sin contrato y el policía local, recoge el auto, "amenazó al propietario con denunciarle ante la inspección", con lo que supuestamente forzó el regreso de la chica al burdel.

Esto no era todo, sigue desgranando el escrito judicial. "Según varios testimonios", el funcionario "hacía negocio con la situación de necesidad de las mujeres prostituidas, a las que vendía ropa falsificada, joyas e incluso lencería". Aunque hay personas que declararon que sí abonaba consumiciones y sexo, la magistrada recalca que otros testigos aseguran que "nunca pagaba las copas" ni los "pases sexuales".

 "Hacía uso de los servicios" de las mujeres "casi a diario". Y "gozaba de otros privilegios que no se permitían a otros clientes", sigue la juez: "Podía prolongar los pases más allá de la media hora" estipulada, "llevarse a mujeres fuera del club sin abonar la salida” y "tratar de imponerles prácticas sexuales" a su gusto. 

A veces, describe la instructora, se adelantaba y ya subía él a esperar a las chicas en la cama, y pedía "felaciones sin preservativo". Tal y como aparece en declaraciones y "reportajes fotográficos aportados por testigos de la causa", este agente y otros funcionarios policiales "participaban en fiestas privadas organizadas por ellos mismos o por Adán en distintos pisos con mujeres prostituidas".

Por último, "la Fiscalía omite los testimonios que avalarían que Ramón recibía dinero de Adán", afea la magistrada al ministerio público. "Así lo revela una testigo de peso" que describe cómo el proxeneta repartía entre este policía y otros agentes también implicados "dinero en fardos [fajos]" un poco menos gruesos que una cajetilla de tabaco: "A veces de 500 euros, otras de 100 y otras de 50". La mujer, cocinera del club, apunta una periodicidad ("cada 15 días") y asegura que presenció "cuatro o cinco entregas" al policía local. Según esta testigo, el proxeneta contaba delante de ella, en la cocina, los billetes, y luego los metía en un sobre para dárselos.


Un presunto coladero en la puerta 16 de Barajas


Pilar de Lara imputa 15 delitos al jefe de la trama, José Manuel García Adán, entre ellos, prostitución coactiva, tráfico clandestino de personas con fines de explotación sexual, asociación ilícita, prostitución de menor de edad, amenazas, falsedad documental, tenencia ilícita de armas, tráfico de drogas y cohecho. Al policía Ramón V. R. le atribuye cinco: omisión del deber de perseguir delitos en relación con los malos tratos sufridos por la esposa de Adán; otro también de omisión pero referido a las actividades del prostíbulo; cohecho; revelación de información privilegiada y un delito continuado de colaboración con la prostitución coactiva.

También en contra del criterio de la Fiscalía, en este auto en el que dicta el sobreseimiento provisional respecto a otra veintena de investigados la juez acuerda continuar con las actuaciones contra dos agentes más. A Manuel A. C., otro policía local asiduo al Queen's, le atribuye los presuntos delitos de tráfico de munición y cohecho. Según diversos testimonios era el que supuestamente proporcionaba los proyectiles a Adán para las pistolas que le fueron incautadas en los registros. El otro agente que Pilar de Lara plantea sentar en el banquillo es Francisco Javier F. B., policía nacional destinado en el aeropuerto de Barajas.

La instructora sostiene que las mujeres procedentes de Brasil eran aleccionadas por la mafia para que entrasen en España por la puerta 16 del aeropuerto, donde supuestamente las esperaba el agente, con sus nombres anotados (en su taquilla apareció un papel con los datos de tres víctimas). Pero las fiscales se basaron en un informe del aeropuerto, que en 2016 contestaba al juzgado que no se llevaba ningún tipo de registro de las cabinas que ocupaban día a día los policías del puesto fronterizo, para pedir su desimputación.

La magistrada blande, no obstante, una "abrumadora prueba indiciaria" contra el agente, que estaba familiarmente vinculado a un empleado del Queen's. Explica que el policía se veía "a menudo", en Madrid y en Lugo, con Adán y su fiel encargado, José Manuel Pulleiro. Y hasta la detención del funcionario, al que en el club se referían como Paco, durante la investigación se intervinieron 61 comunicaciones entre ellos.

Previsiblemente, este será uno de los últimos autos dictados por la juez como titular de Instrucción 1 de Lugo. A falta de que se resuelva el recurso que ella presentó, el Consejo General del Poder Judicial le ha impuesto una sanción que implica la pérdida de su plaza, castigada por lo que la cúpula de los jueces considera "retrasos injustificados". En su pequeño juzgado de provincias se instruyen las mayores causas anticorrupción de Galicia, y la Carioca cumple ya una década. Bajo la lupa de la magistrada están no solo policías y guardias civiles, sino muchos políticos, la gran mayoría del PP y del PSOE."                     (Silvia R. Pontevedra, el País, 18/06/19)

19/6/19

Varapalo de la jueza a la Fiscalía por exculpar a tres policías en la investigación por trata en los clubs Queens y La Colina

"El 10 de mayo de 2001 Javier Reguera y Manuel Santiso, investigados en el caso Pokémon, adquirieron una propiedad en Lugo. Esta contenía unos terrenos y edificaciones que anteriormente habían pertenecido a un empresario quesero, y se vendió a un precio muy por debajo de su valor real, según habría declarado este, debido a las presiones recibidas, entre ellas un aluvión de multas impuestas por la Policía Local. 

Javier Reguera era entonces funcionario municipal del Ayuntamiento de Lugo, prestaba servicio en las dependencias de la Policía Local y estaba encargado de la empresa gestora de la grúa y la el sistema de apartamiento regulado (ORA). Manuel Santiso administraba la empresa Construcciones SANLE. Los dos compartirían la titularidad sobre esta propiedad con Sagrario Vázquez, pareja de Javier Reguera y auxiliar administrativa en el departamento de sanciones de la Policía Local.

El 30 de julio de 2001 se constituía la sociedad Inmobiliaria Rivamar Lugo SL, compartida por Juan Carlos Pumares, el constructor Javier Río Vidal y el inspector de la Policía Local José Ramón Vázquez Río. Su objeto social era el servicio e intermediación en las actividades inmobiliarias, a pesar de que la única actividad que realiza en el ámbito inmobiliario es el arrendamiento de esta propiedad a Javier Reguera, Sagrario Vázquez y Manuel Santiso.

 En octubre, Vázquez Río comunica a Javier Río Vidal la intención de abrir un prostíbulo. Javier Río Vidal se encargaría, entre enero y septiembre de 2002, de las obras de acondicionamiento del local, que comenzaría su actividad aquel mismo mes de septiembre, pese a no contar con licencia para hacerlo.

Se trata del club Queens, epicentro del caso Carioca, alquilado a Rivamar Lugo por José Manuel García Adán, proxeneta que también explotaría el club La Colina, situado en Outeiro de Rei. Así consta en el auto firmado por Pilar de Lara que concluye la instrucción de la pieza relativa a estos dos prostíbulos incluida en el caso Carioca.

PROSTITUCIÓN COACTIVA

En los locales explotados por García Adán, “las mujeres trabajaban en un clima absoluto de presión, sometimiento, miedo, intimidación y terror”, señala el auto, 12 horas diarias por semana y hasta 14 en los fines de semana, con un único día de descanso (lunes, martes o miércoles). Muchas de ellas fueron insultadas, humilladas e incluso agredidas con brutalidad por García Adán. 

Otras amenazadas, y le tenían “auténtico pavor”, tal como recoge el texto, ya que Adán exhibía una pistola (sin licencia para tenencia de armas) con la que llegó a encañonar a varias de ellas advirtiéndolas de lo que les podía pasar, por ejemplo, si pretendían abandonar el club.

Arrastrándolas de los pelos, a patadas, a puñetazos... Así describen el trato recibido por el proxeneta varias de las mujeres explotadas sexualmente por él. Algunas de ellas también declararon haber sido agredidas por su mano derecha, José Manuel Pulleiro Núñez, y por José Unay Gómez Vila, recepcionista de La Colina encargado del cobro a las prostitutas. 

Alguna fue forzada a abortar sin anestesia, algo que se juzga en otra pieza separada. Para soportar estas condiciones extremas de vida algunas accedían a consumir la cocaína que el propio García Adán les suministraba, algo que a él le permitía engancharlas a la droga y garantizar su permanencia.

García Adán manifestaba ganar unos 6.000 euros semanales. Le retenía 43 euros diarios a cada una de las numerosas prostitutas que trabajaban para él y cualquier falta o retraso era susceptible de conllevar multas abusivas, incluso por enfermedad o menstruación. Algunas de las mujeres eran captadas para servir también como camareras sin contrato ni alta en la Seguridad Social en las “fiestas blancas” (cocaína y prostitución) organizadas por miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y empresarios de gran poder adquisitivo, muchos de los cuales frecuentaban el local. Algunos empresarios llegaron a gastar más de 4.000 euros en una sola noche.

Siempre según el auto, las mujeres “estaban claramente limitadas en su capacidad para dejar de acudir a los locales”, además de por las condiciones de trabajo impuestas, “por la pobreza” y “por la situación de necesidad en la que se encontraban” al tener también familiares a cargo, “condiciones y circunstancias que eran perfectamente conocidas” por los proxenetas.

Todo esto fue posible también con la connivencia de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, siendo usuarios habituales del local numerosos miembros, a los que las prostitutas veían relacionarse con García Adán, que patrocinaba el club de fútbol de la Policía Nacional. Una de ellas, de hecho, trató de denunciar la situación en Comisaría y los agentes, según declaró, se negaron a recoger la denuncia. En alguna ocasión los funcionarios policiales se presentaban en el club en los vehículos oficiales y uniformados con el afán de intimidar a las prostitutas.

Las mujeres eran captadas mayoritariamente en Brasil. La organización dirigida por García Adán organizaba el viaje, facilitaba el billete de vuelo y una cantidad de dinero en efectivo que debían mostrar en el control de entrada para pasar como turistas. De este modo contraían una deuda que debían devolver prostituyéndose en los clubs Queens -donde fueron identificadas 20 mujeres con deuda- y La Colina -22 mujeres identificadas-. En algunos casos estas mujeres podían reducir esta deuda si hacían ellas mismas de captadoras. Se han identificado hasta ocho mujeres prostituidas para pagar la deuda contraída por familiares (mayoritariamente hermanas) o amigas.

PROSTITUCIÓN DE MENORES

La investigación localizó a una menor de edad ejerciendo la prostitución en el club Liverpool –algo que fue investigado en la pieza separada correspondiente a este club de O Corgo (Lugo)– que anteriormente había sido identificada en el club Queens, donde ejercía la madre de ella. En la pieza correspondiente al Liverpool se juzgaba por prostitución de menores al dueño del local y a varios agentes de la Guardia Civil, entre ellos Armando Lorenzo Torre, a quien se le atribuyen en la pieza principal del caso Carioca más de 70 delitos como presunto cerebro de la trama.

El pasaporte de la entonces menor de edad fue falsificado a bolígrafo azul sobre la tinta negra del documento oficial, cambiando así el año de su fecha de nacimiento, 1991, por 1990. Para Pilar de Lara resulta “inexplicable” que los funcionarios policiales dedicados al control documental de ciudadanos extranjeros no advirtiesen la edad de la prostituta cuando, precisamente, la identificación efectuada tenía el objetivo de comprobarla, y en sus bases de datos, que fueron consultadas por diversos funcionarios policiales en varias ocasiones, figuraba la fecha real. No obstante, en el atestado hicieron constar la de 1990. Tras mirar su pasaporte, en palabras de la menor, quedaron “extrañados” y le dijeron “que no pasaba nada”, dejándola en libertad.
 
En la pieza relativa al Liverpool, la Fiscalía concluyó que, si “los propios funcionarios de policía” no se percataron de alteración alguna, “no se puede exigir al imputado una diligencia y celo mayor en la comprobación de los datos de nacimiento”, solicitando así el archivo tanto para los agentes como para el dueño del Liverpool.

Pilar de Lara, manifiestamente contraria al criterio de la Fiscalía, tuvo que archivar el caso en la pieza del Liverpool. Sin embargo, en la pieza del Queens y La Colina a quien se juzga es a García Adán y al encargado de los clubs, José Manuel Pulleiro, sobre quienes la magistrada incide en que de las conversaciones telefónicas intervenidas se extrae que ambos tienen conocimiento de la minoría de edad y se anticipa a las conclusiones de la Fiscalía: “Que los agentes policiales no hubieran realizado reseña alguna a la minoría de edad”, señala el auto, no significa que García Adán y José Manuel Pulleiro la desconociesen, sino que pudieron cometer un delito de falsedad documental. 

Basta, según el auto, escuchar las fluidas conversaciones telefónicas, intervenidas en la semana de la identificación, de García Adán con su encargado José Manuel Pulleiro, con el cabo de la Guardia Civil Armando Lorenzo Torre y con el propio jefe de servicio de extranjería de la comisaría del Cuerpo Nacional de Policía de Lugo, Evaristo Rodríguez.

CONCLUSIONES DE LAS FISCALÍA INCOMPRENSIBLES E INADMISIBLES

La jueza dedica una tercera parte del auto, de más de cien páginas, a contradecir las sorprendentes conclusiones de la Fiscalía, que en diciembre de 2018 solicitó, en un escrito al que O Salto también tuvo acceso, que la pieza del Queens y La Colina continuase exclusivamente contra tres personas de las 21 imputadas. 

Exculpó a todos los agentes policiales implicados y limitó la investigación al proxeneta García Adán, al encargado de los locales José Manuel Pulleiro y a su expareja. Esta última actuaría como captadora, pero cuenta a su vez con la condición de víctima de trata y, a criterio de De Lara, “podría haber actuado bajo la presión de José Manuel Pulleiro”, por quien hay indicios de que sería maltratada y quien, además, “aportó datos muy relevantes para la investigación” prestando una “colaboración esencial con la Administración de Justicia”.

Francisco Javier Fernández Becerra, yerno de un camarero del Queens, ejercía como agente policial destinado en el Aeropuerto de Madrid-Barajas. El caso investiga si colaboró con la organización permitiendo el acceso y tránsito de las mujeres que serían explotadas sexualmente por García Adán, así como la falsificación de pasaportes para hacer constar que las mujeres salieron y volvieron a España, prolongando así sucesivamente su estancia como turistas por periodos de tres meses. Para la Fiscalía, su participación no queda acreditada al no existir registro oficial de las cabinas en las que desempeñó su trabajo.

Según el auto, constan dos envíos a nombre de García Adán, con quien también se vería frecuentemente en Madrid, en ocasiones para entregarle pasaportes en mano, según varios testimonios (entre ellos el de exparejas del propio García Adán que identifican fotográficamente al funcionario), además de reunirse con José Manuel Pulleiro en Lugo. Mantenían un contacto fluido, llegando a intervenirse más de 60 conversaciones telefónicas, en las que se referían al agente como “Paco”. 

“Numerosísimos” testigos, indica el texto, avalan que su puesto era la cabina 16 del Aeropuerto de Barajas, por la que García Adán y José Manuel Pulleiro indicaban a las mujeres que debían pasar. Varias de ellas lo describen físicamente y lo identifican fotográficamente. Algunas lo vieron varias veces en el Queens con José Manuel Pulleiro. Pero, “por si fuera poco”, dice el auto, la Fiscalía obvió una prueba “revelantísima” [sic]: en el armario de Becerra se encontró una nota con los nombres de tres mujeres que contrajeron deuda con García Adán y el vuelo correspondiente. Teniendo en cuenta todos estos datos la instructora entiende que, “cuando menos, existen indicios serios, racionales y más que suficientes como para que sea en el acto del juicio oral donde pueda resolverse sobre su responsabilidad”.

Al agente de la Policía Local Manuel Álvarez Castro Pilar de Lara le atribuye delitos de tráfico de munición y cohecho, también en contra del criterio de la Fiscalía. A García Adán le fueron incautadas varias armas, algunas modificadas, y una gran cantidad de cartuchos de diferentes marcas y calibres. Varias testigos identifican a Manolo, 'el Coletas', como el agente que le proporcionaba la munición y una de las exparejas de García Adán, que lo identifica fotográficamente, declaró que lo vio llevándole balas “pequeñas y grandes”. Este agente era cliente habitual del Queens y no pagaba nunca las consumiciones.

Especial atención de la magistrada recibe la figura de Vázquez Río, frente a las conclusiones de la Fiscalía “que ni se comparten ni se comprenden”, según la cual el sargento de la Policía Local desconocería que se estaba llevando a cabo prostitución coactiva y tráfico clandestino de personas, en contra de las pruebas practicadas, y que desliga la vida privada de la profesional. 

Vázquez Río era un cliente habitual del Queens, donde no pagaba consumiciones (algo que, según la Fiscalía, no se debería a su condición de policía, sino a un trato de cortesía), y también accedió a servicios sexuales gratuitos o por más tiempo del estipulado y habría forzado a las prostitutas a actos y prácticas sexuales contra su voluntad bajo amenazas. No solo tendría conocimiento de los delitos infringidos por García Adán, sino que colaboraría en su comisión.

Tal como recoge el auto, el grado de implicación del sargento de la Policía Local sería tal que compartía la gestión del local con García Adán, según numerosos testigos. Entraba al local por la puerta de acceso de las mujeres (no de los clientes) y accedía a todas las dependencias del club, estuviera o no García Adán. También sacaba a las mujeres del club sin pedir permiso y se vio en bastantes ocasiones en la oficina con García Adán. De hecho, alguna mujer declaró que con quien habló para trabajar en el Queens fue con Vázquez Río y no con García Adán.

Para la jueza, “tampoco puede admitirse” que no supiese de la actividad de prostitución coactiva y tráfico clandestino porque todo apunta a que participó del negocio, pasaba el día y las horas en el interior del club y controlaba su actividad y rendimiento económico. Incluso acudió él mismo al aeropuerto de Santiago a recoger a mujeres de Brasil que venían con deudas.

Vázquez Río se encargó de las cuestiones relativas a las licencias del local, del suministro de la energía eléctrica y de contratar la pintura de la facha del club. También de la instalación de las rejas, persianas, ventanas, del revestimiento exterior, los rótulos, etc. Además, la sociedad Rivamar Lugo, cuya única actividad había sido interceder entre García Adán y los propietarios de la parcela y las edificaciones, no obtuvo ningún beneficio económico; es decir, actuó como una mera sociedad instrumental. Además, según sus socios de Rivamar, sus firmas fueron falsificadas y desconocían la actividad de arrendamiento y subarrendamiento de club, y cuando dejó de ser Rivamar la arrendataria de la propiedad siguió encargándose Vázquez Río personalmente de interceder entre García Adán y Javier Reguera.

Y es que, según se recoge en el auto, la amistad entre García Adán y Vázquez Río se remonta a años antes de abrirse el club, cuando García Adán se encargaba de otros prostíbulos. El sargento de la Policía Local había sido visto ayudando al proxeneta a ocultar pruebas tras apuñalar a una persona hasta dejarla con el pulmón a la vista, algo que corroboraron agentes policiales compañeros de Vázquez Río, que lo vieron pasándole la mano por el hombro a García Adán para tranquilizarlo.

Así, Pilar de Lara atribuye a García Adán y José Manuel Pulleiro delitos de prostitución coactiva (junto con Unay Gómez), contra los derechos de los trabajadores y ciudadanos extranjeros, tráfico clandestino de personas con fines de explotación sexual (junto con la ex pareja de Pulleiro), prostitución de menores, amenazas y asociación ilícita. También constituirían asociación ilícita Unay Gómez, la expareja de Pulleiro y Francisco Fernández Becerra. 

A García Adán le atribuye además los delitos de falsedad documental, tenencia ilícita de armas, depósito de munición, tráfico de drogas y cohecho; a Manuel Álvarez Castro tráfico de munición y cohecho continuado, y a Vázquez Río la omisión del deber de perseguir delitos y los delitos continuados de cohecho y de colaboración con el delito de prostitución coactiva.




LA XUNTA PUEDE PERSONARSE

Como ya hizo en la pieza principal del caso Carioca, la magistrada le ofrece a la Xunta de Galicia la posibilidad de personarse como acusación popular. De hacerlo, podría asegurar la justicia a las víctimas de trata que ven cómo la línea seguida por la Fiscalía es la de solicitar el archivo de la mayor parte de la macrocausa, tanto en esta como en otras piezas, archivo que la jueza está forzada a conceder de no formularse ninguna otra acusación. A tenor del escrito presentado por el Ministerio Fiscal, parece improbable que, si de él depende, el resultado para los agentes policiales sea otro que la impunidad."                  (Fran Pérez, El Salto, 16/06/19)

8/4/19

A xuíza do caso Carioca deixa a pelota no tellado da Xunta na peza principal

"Armando é unha bomba de reloxería, o día que estoupe xa verás”. Con estas palabras, caídas en saco roto, dirixíase un garda civil ao seu superior en relación a Armando Lorenzo Torre —daquela cabo primeiro e responsable case exclusivo da xestión do Equipo da Muller e o Menor (EMUME) da Comandancia da Garda de Civil de Lugo, malia non contar con ningún tipo de especialización—. Armando, presunto cerebro da maior trama de prostitución investigada no Estado, é o obxecto principal de investigación da peza separada número 1 do caso Carioca, dun total de 47 pezas: 274 tomos e un volume de folios que triplica os 43.000 do sumario do 11M dan conta da complexidade da causa.

A investigación da Carioca comeza en decembro de 2008, tras a denuncia interposta pola testemuña protexida 123-B, unha prostituta brasileira que tería sido agredida sexualmente polo cabo da Garda Civil. Segundo detallou, Armando realizaría unha inspección —irregular— no club no que exercía, e pediríalle o seu número facéndose pasar por Xefe de Estranxeiría. Despois chamaríaa para arranxarlle os papeis para permitirlle tres meses máis de estancia legal en España. Con este motivo o cabo primeiro acudiría ao seu domicilio, onde nada máis entrar pousaría a pistola sobre a mesa do salón e a forzaría a practicarlle unha felación e a consumar unha relación sexual. Tras isto, segundo ela, entregaríalle un documento aparentemente oficial que lle outorgaría permiso de residencia.

O auto, emitido o luns 25 de marzo pola maxistrada Pilar de Lara, explica a vinculación de Armando con mulleres en situación irregular adicadas á prostitución, maioritariamente brasileiras, ás que ofrecería axuda, blindaría protección fronte ás redadas e trasladaría aos clubes no seu propio vehículo oficial a cambio de relacións sexuais. 

Tamén se recolle a vinculación do cabo con propietarios, xerentes e encargados dun total de trece prostíbulos a cambio de diñeiro, favores sexuais e copas gratuítas. Estes vínculos levaron á apertura de pezas separadas para clubes como o Queens, La Colina, Eros, Liverpool ou Eclipse. Así a todo, aos proxenetas José Manuel García Adán, Marcos Grandío e Jesús González Varela tamén se lles imputan delitos de suborno continuado e aproveitamento de información privilexiada no marco desta peza. 

Para favorecer a estes clubes Armando dirixiría redadas naqueles que non eran afíns co gallo de “buscarlles mulleres” e “eliminar a competencia”. Nalgúns casos, tras recibir as denuncias das mulleres prostitutas polas débedas coas que viñan a España, no canto de buscarlles casas de acollida e darlles protección trasladábaas ao clube Queens para exercer a prostitución, chegando a facer el mesmo as xestións cos proxenetas e mesmo a sacar as mulleres da casa de acollida para levalas a outro clube.

A Dirección Xeral da Garda Civil, responsable

Dúas axentes do EMUME denunciaron que presenciaron que Armando Lorenzo —encargado do equipo que xestionaba a asignación de pisos de acollida a mulleres que saían dunha situación de prostitución— facía comentarios machistas, tiña vínculos coa “madame” dun clube, comportaríase dun xeito sospeitoso e, presuntamente, tería inducido mulleres a volver exercer a prostitución. No mesmo sentido detallarían os tratos de favor de dous clubes cara a Lorenzo nos que el era habitual, e sinalarían que o cabo se facía pasar por Xefe de Estranxeiría para ameazar con expulsar a mulleres en situación irregular. 
Este escrito non sería a única denuncia ao respecto que tería chegado ás mans de Andrés Velarde, superior de Armando Lorenzo e Julio Baquero (inmediato superior a Armando que tería feito caso omiso ás denuncias orais das axentes). Porén, Velarde non só non fixo nada senón que presuntamente se negou a tramitar o escrito. 

Ante esta negativa as axentes remitiron o texto á Unidade Central de Información, que dirixiría unha nota a partir desta denuncia ao Tenente Coronel Xefe da Comandancia de Lugo, quen tampouco emprendería accións ao respecto. 

As axentes tamén puxeron estes feitos en coñecemento da concelleira de Servizos Sociais, naquel momento Carmen Basadre, e información similar chegou á coordinadora da Casa da Muller, que realizou un informe sobre o traslado de dúas mulleres dos pisos de acollida a un clube para exercer como prostitutas. Ambas as dúas reuníronse co entón Subdelegado do Goberno Jesús Otero para comunicárllelo, quen se tería comprometido a investigar o caso, mais non iniciou ningún tipo de indagación.

De Lara atribúe a Armando Lorenzo un total de máis de 70 delitos (pese teren prescrito outra vintena deles). Agresión sexual, suborno, extorsión, revelación de segredos, tráfico de influencias, falsidade documental, omisión do deber de perseguir delitos e favorecemento da prostitución son algúns deles. 

A Julio Baquero atribúelle omisión do deber de perseguir delitos ao haber indicios claros de coñecemento destas irregularidades por parte de Armando, así como de diversos delitos relacionados coa prostitución e un de matrimonio de conveniencia, e atribúelle tamén delitos de suborno ou abuso de superioridade. 

Pola contra, sobresé os feitos relacionados con Jesús Otero e tres altos mandos da Garda Civil “non por inexistencia de feito delitivo senón por prescrición”, pero sitúa ao Estado como responsable civil subsidiario polos delitos cometidos por Armando Lorenzo e Julio Baquero, ao entender que os danos causados son consecuencia directa do funcionamento dos servizos públicos confiados a estes axentes.

A Xunta poderá exercer como acusación popular

Por outra banda, a maxistrada libra oficio para que se ofreza á Xunta de Galicia presentarse como acusación popular, algo que desde a sociedade civil se leva reclamando desde que os primeiros arquivos desconcertantes deixaban entrever o cariz que podía tomar o xuízo do resto das pezas. En xaneiro de 2018, o avogado Gerardo de Vera transmitiulle esta posibilidade á Administración en representación de Aliad, entidade integrada na Rede Galega contra a Trata, e é tamén unha das principais vindicacións da Plataforma contra a Impunidade do Caso Carioca. 

O Ministerio Fiscal pediu o arquivo en máis de 20 pezas que compoñen a macrocausa, algunhas con conclusións tan sorprendentes como as relativas á peza do equipo de fútbol da Policía Nacional, a que investigaba ao inspector da Policía Local Vázquez Río por negociacións prohibidas, a do Liverpool ou a do Queens e La Colina, que neste último caso continúa exclusivamente contra os proxenetas García Adán e Marcos Grandío e a encargada Graziela Pereira, quedando libres os axentes da Policía Nacional e a Policía Local que foron investigados. 

A causa, que identificou máis de 200 mulleres vítimas de trata e tomou declaración a 377 testemuñas, estase vendo desinchada ante a ausencia de acusación particular e a liña que está seguindo a Fiscalía. Así, o auto da xuíza deixa a pelota no tellado na Xunta ao darlle a posibilidade explícita de presentarse como acusación popular no prazo fixado para elaborar os escritos de acusación."      (Fran Pérez, El Salto, 27/03/19)