Mostrando entradas con la etiqueta RETORNO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta RETORNO. Mostrar todas las entradas

29/11/16

Dos días que conmovieron Galicia... el viaje de Fidel Castro a Láncara

"“Están reunidos y no se les puede molestar. Ni fotos, ni ‘mudos’ [grabaciones de imágenes sin declaraciones] ni nada”. El furgón que había sido habilitado en el prado de los Castro en Láncara estaba sellado a cal y canto por la pétrea seguridad cubana y por los inflexibles, cuando se ponían inflexibles, servicios de prensa de la Xunta. 

Los dos líderes, Fraga y Fidel, estaban descansando y jugando al dominó y aquello era como la conferencia de Yalta. 

Los dos viajes más famosos del hijo de Ángel Castro Argiz fueron seguramente el que hizo a Washington a comienzos de 1959, cuando todavía era un revolucionario relativamente bien visto en Estados Unidos, y a Nueva York en 1960, cuando ya era un comunista apestado al que echaron del hotel. 

Pero probablemente el más extraño y a la vez entrañable fue el que realizó a Galicia en julio de 1992. Lo hizo en correspondencia a las dos visitas que Manuel Fraga había hecho a Cuba, para desesperación de Aznar.

 El desplante del “presidente fundador” del PP a la política exterior de Moncloa se había justificado porque el padre de Manuel Fraga había sido emigrante en Cuba, y el propio presidente de la Xunta había vivido allí de los dos a los cuatro años. (“Las cosas de don Manuel”, dijeron en Exteriores cuando, en 2005, recibió a Raúl Castro. “Las cosas buenas de don Manuel”, retrucó el aludido).

Fidel llegó un lunes por la mañana, y fue recibido por el gobierno gallego en pleno y el aplauso de un millar de personas en la plaza del Obradoiro. Fraga le hizo una visita guiada a la catedral, y por la tarde, Fidel pronunció un discurso (apenas un aperitivo: tan solo media hora) ante medio millar de invitados entre los que estaba lo más granado de la intelectualidad y la política gallega. 

Recordó que, como le daba vergüenza decir que era hijo de hacendado, se declaraba “nieto de campesinos pobres”. Un ciudadano anónimo le regaló un caballo y por la tarde se dio una vuelta en un pesquero.

 Al día siguiente, en Lugo, con la Plaza Mayor atestada, dio un discurso (también formato europeo) en el ayuntamiento, en el que se declaró “hijo legítimo de Galicia y de su espíritu rebelde” y recordó a los gallegos que habían luchado con él contra Batista. Hasta aquí, el guión habitual de una visita oficial. 

Fue en Láncara, una aldea que ya ni siquiera es la capital del municipio de su nombre, cuando el viaje de Fidel entró en una dimensión distinta. Allí saludó a lo que queda de su familia y visitó la casa. La casa de Ángel Castro era como la mayoría de las de su época, y quedó, abandonada, tal cual: de piedra, de una planta, con el suelo de tierra y con las dependencias para los animales separadas por un tabique de tablas.

 Los dos viejos líderes, hijos de emigrantes que entraron en ella no eran los mismos que los que salieron. En una romería en un prado que fue suyo, comieron y bebieron alrededor de 700 personas en un ambiente a medias entre Fellini y Kusturica, pero con gaiteiros. 

El revolucionario comunista era reconocido como un vecino por gente a la que quizá le había expropiado tierras y negocios en la isla del Caribe que consideraron suya, y por muchos otros que desde luego eran furibundos militantes del PP, de esos a los que se le suele acha

car las victorias de la derecha como si en vez de un voto tuviesen diez. Y marxistas leninistas de la Unión do Pobo Galego compartían pulpo y vino con personas a las que ayer llamaban caciques (y al día siguiente volverían a llamar). Hasta Fraga, mientras yo, consciente del momento histórico, hacía cola para que Fidel me firmase la credencial de prensa, me invitó (o más bien me conminó a coger) una rosquilla. 

Aquella noche, de vuelta en Santiago, Fidel nos tuvo horas en vilo sobre si habría una rueda de prensa. Finalmente, de madrugada, bajó al hall para responder a unas preguntas a pie, rodeado de micros, como si viniese de declarar en un juzgado o de constituir una gestora. 

No recuerdo lo que dijo, pero sí la mirada, como de padre orgulloso, del que fue vicepresidente de Cuba hasta 2012, José Ramón "Gallego" Fernández (que no era gallego, sino de origen asturiano). Castro se despidió y subió a su habitación. Después, los periodistas que remoloneaban por el hotel fueron testigos de algo que es difícil de creer.

 Sobre las tres de la mañana, muy pocas horas antes de tomar al avión, Castro salió solo, o muy discretamente acompañado, a las puertas del hotel a contemplar con melancolía la noche compostelana. Enfrente se desalojaba Liberty, una de las discotecas históricas de Santiago. “¡Fidel! ¿Qué haces?”, “¡No te vayas!, ¡Quédate en Galicia!”, le decían los noctámbulos desde la otra acera. 

“Lo siento compañeros, me han tratado muy bien, pero tengo que regresar”, contestó Fidel Castro. Y se fue, creo que con pena. Sin el caballo. "                (Xosé Manuel Pereiro  , CTXT, 26/11/16)

28/3/14

Emigrantes retornados protestan contra las multas de Hacienda por sus pensiones. Multa a familiares de emigrantes muertos por no declarar pensiones

 Manifestación en A Coruña / CABALAR (EFE)

"Más de mil emigrantes retornados se han manifestado en A Coruña en contra de las multas impuestas por Hacienda por no declarar las pensiones del extranjero y para exigir que se paralicen los expedientes ya abiertos o la apertura de nuevos

.La manifestación, convocada por la Coordinadora Nacional Galega de Emigrantes Retornados, ha contado con la participación de un total de 21 plataformas comarcales, que han hecho sonar sus silbatos durante todo el recorrido.

La protesta partió de la plaza de Vigo y finalizó ante la Delegación de la Agencia Tributaria en Galicia, donde han hecho entrega de 25.000 firmas que han recogido para reclamar "que se revoquen todos los expedientes sancionadores y que paren los que se van a iniciar", ha señalado el portavoz de la Coordinadora, Xosé Lois Leirós. Además, ha reclamado la "modificación" de la ley aprobada en 2006 "y que nos golpea", ha sintentizado en relación a las multas impuestas a emigrantes retornados por no declarar sus pensiones del extranjero.

El portavoz de la Coordinadora ha asegurado en declaraciones recogidas por Europa Press que carecen de una estimación del total de sanciones impuestas, pero ha precisado que van "como mínimo desde los 3.000 euros a 5.000, 18.000 ó 30.000 euros", ha apostillado al citar algunos ejemplos. 

En la misma línea, ha indicado que carecen del dato de número de afectados en Galicia, aunque ha cifrado en torno "a 250.000 o 300.000" los posibles perjudicados. "Nos pilla a todos los emigrantes", ha dicho en alusión a la situación de un colectivo "con dos pagadores", por las pensiones percibidas en España y fuera de este país.

Por otra parte, ha remarcado que los perjudicados tienen, en su mayoría, "entre 70 y 90 años". "Nos llaman defraudadores cuando somos emigrantes", ha recalcado Leirós, quien ha insistido en que no se les informó de que debían declarar las pensiones del extranjero. Por ello, además de revocar los expedientes en marcha, ha pedido una campaña informativa "y en condiciones para saber nuestras obligaciones y derechos", ha apostillado. 

Asimismo, coincidiendo con la protesta, ha denunciado que "el Estado español lleva, como mínimo desde 2006, preparando el terreno para esta estafa cambiando los convenios bilaterales", ha recalcado sobre los suscritos con otros convenios.

 En la Delegación de la Agencia Tributaria en Galicia, los participantes en la protesta, que han portando pancartas con lemas como 'Justicia e igualdad para los emigrantes retornados', 'Somos emigrantes, no defraudadores', han hecho entrega también de un documento, dirigido al ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, con sus reivindicaciones."                (El País, 05/03/2014)


"Multa a familiares de emigrantes muertos por no declarar pensiones.

 Las multas que la Agencia Tributaria ha comenzado a imponer a emigrantes retornados que no declararon sus pensiones extranjeras desde 2008 se extienden incluso entre los difuntos.

 Hacienda está multando a familiares de emigrantes fallecidos con sanciones de 200 euros por cada ejercicio no tributado correctamente por su pariente retornado. Además exige la presentación inmediata de una declaración complementaria por el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) y el pago de impuestos atrasados en caso de resultar positiva.

Los requerimientos son enviados directamente a sucesores de los fallecidos. En los escritos se explica que con la información que obra en poder de la Administración “se pone de manifiesto que el contribuyente identificado en la cabecera ha percibido rendimientos derivados de pensiones satisfechas en el extranjero y no consta que haya cumplido con la obligación de presentar la declaración anual” del impuesto sobre la renta. 

La Agencia Tributaria se encarga de recordar al familiar del emigrante que su pariente “ha fallecido por lo que de acuerdo con la Ley General tributaria y el Real Decreto 1065/2007, se le comunica que está obligado al cumplimiento de las obligaciones tributarias pendientes”. Hacienda aclara que si existen otros sucesores, deberá ser este familiar el encargado de identificar y detallar la proporción que aportará cada uno de ellos. (...)

Los nacionalistas recuerdan que los “emigrantes que tuvieron ingresos inferiores a 11.200 euros anuales no están obligados a someterse a este atraco a mano armada”, algo que Hacienda olvida aclarar en esos escritos. “Es un atraco, porque además en muchos casos los afectados también lo son por el timo de las preferentes”, explica la diputada Tareixa Paz.

 El BNG anuncia que en próximos días convocará actos de protesta. “Estamos ante un nuevo engaño masivo. El Gobierno organiza amnistías fiscales a la carta para grandes evasores fiscales que campan a sus anchas, pero a las personas del común se las machaca”, denuncia Paz."               (El País, 20/06/2013) 

6/2/14

El argentino que eligió la terapia de ser gallego

El escritor Antón Rey / ÓSCAR CORRAL

 "Antón Rey habla un gallego correcto, tanto que estos días tuvo “dos momentos mágicos: dos personas, de distintas extracciones sociales, no se dieron cuenta de que soy argentino”. Porque Antonio nació en Buenos Aires, y estos días es la tercera vez que pisa Galicia. 

 Tampoco su padre nació aquí, y su abuelo, Juan Antonio Rey Vara, abandonó la aldea de San Xián, parroquia de Torea, concello de Muros, cuando tenía 19 años. Pero el siente que pertenece a la vieja casa de piedra de la que salió el abuelo, y al idioma que hablaba cuando embarcó para América. 

Este sábado por la tarde presentará en el local municipal de San Xosé de Muros el libro en el que ha plasmado ese sentimiento, Son galego (Carlos Pereiro Editor, Buenos Aires).

El abuelo se fue a vivir con la familia de Antón Rey cuando enviudó, y dormía en la habitación de su nieto. “Tuvimos una relación muy estrecha hasta que murió, cuando yo tenía 20 años. Me hablaba siempre de sus recuerdos de Galicia, no en plan proselitista, sino de sus recuerdos.

 Yo era la única persona con la que podía hablar en gallego, la abuela era asturiana, mi padre no lo hablaba y a mi hermano no le interesaba”, dice Antón desde A Fonsagrada. Cuando el abuelo murió, Antón quiso saber algo más de la familia, si es que existía. La última carta familiar era de 1954.

 “Después vino la fiebre de las nacionalizaciones, pero entonces nadie se preocupaba por eso. Me fui al consulado y lo que hicieron fue dejarme una guía telefónica de A Coruña. Estuve mirando los apellidos Rey en Muros, y escribí a alguno. No eran parientes pero me pusieron en contacto con quienes eran”.

Los que sí eran son Antonia Rey, su tía y su prima Maribel. En 2000 preparó el viaje para venir a conocerlas. A ellas y a la casa. Un compañero suyo en el liceo, segoviano –Antón es maestro, licenciado en matemáticas y astronomía y en física- le recomendó que no se hiciese demasiadas ilusiones al verlo tan entusiasmado. 

“Fue al revés, mejor de lo que me imaginaba. Descubrí que sabía más cosas de las que sabía, nada me resultaba extraño, las piedras de la casa donde nació y se crio mi abuelo y antes mis antepasados. En la casa de San Xián no hay hombres y la tía Antonia me confesó que a veces soñaba con que habría sido de su tío Antonio, mi abuelo. Ella y Maribel me dicen: ‘ti es noso’. Recibí más de lo que pensaba”.

Al volver a Buenos Aires, fue cuando Argentina se hundió, no solo económicamente. Y con el país, Antón Rey. “Pensé que ya no podría volver nunca a Galicia. De la depresión se sale de dos formas, o cayendo más, o reaccionando. Yo reaccioné reafirmándome como gallego, escribiendo el libro”.

 El nieto que escuchaba los cuentos de Antonio Rey Vara en su casa de Buenos Aires hizo dos cursos de gallego en el colegio Santiago Apóstol de la capital argentina –“la profesora que tuve me la voy a encontrar en la presentación en Muros”- y después comenzó a asistir a los ciclos de lectura en gallego en el café Tortoni. 

 Presentar el libro en Galicia surgió por casualidad, frecuentando un grupo de Facebook llamado I Love Muros. “Conocí a gente de la cultura, que me animó. Irán un grupo de gaitas, Suso de Toro, que veranea en Louro, Henrique Monteagudo, que es de allí…”, dice el autor de Son galego, emocionado.

“Tengo como una esquizofrenia, cuando estoy en Buenos Aires en otoño, siento que aquí empieza la primavera, y al revés”, dice Rey, que tiene 54 años y cuatro hijos, y se reconoce “un fanático de poder escribir o hablar gallego. Si hasta a los colectiveros a veces me sale hablarles en gallego. Y es que yo no elegí lo que soy”, se justifica, y después lo piensa un poco: “O sí”."                (El País, 29/01/2014)

10/2/13

O agro galego, a alternativa de futuro que emerxe en plena crise

"Hai datos obxectivos que me fan ser optimistas, aínda que falte moito. Con medidas adecuadas, e nun período de dez ou quince anos, Galicia ten un enorme potencial para se converter nunha área produtora de alimentos de calidade e con moi boa saída ao mercado no conxunto de Europa, pero para confirmalo hai que ter unha estratexia desde os poderes públicos e valentía á hora de aplicar as medidas", di Edelmiro López, profesor titular do Departamento de Economía Aplicada da USC e ex director xeral de Desenvolvemento Rural na Xunta, que lembra que o abandono do campo estase a frear desde a chegada da crise.

"Non é que o rural estea mellor, senón que as oportunidades de traballo noutras actividades se reducen", explica. O feito é que o número de persoas que traballan no sector agrogandeiro segue diminuíndo, pero pola xubilación dos máis vellos e non polo abandono dos novos. 

Nos últimos anos, o número de persoas de menos 40 anos traballando en explotacións non baixa. "Cando a xente podía gañar 3.000 euros na construción nas Canarias, era difícil convencelos para que quedasen, pero nesta situación son moitos os que aguantan e incluso hai casos puntuais de xente nova que o intenta de cero", engade López, que cre que aproveitar esta mala etapa para reactivar o rural dependerá agora "de que se apliquen políticas públicas axeitadas para mellorar as condicións do traballo no agro".

 O traballo é duro e os atrancos moitos nun país que pasou de ser eminentemente rural a situarse na media da UE en canto á actividade agrícola. Pero hai moita leira por sachar. (...)

 Os problemas, xa que logo, son claros. Edelmiro López resúmeos en varios puntos: o demográfico, cunha falta evidente de relevo xeracional e unha poboación envellecida; a baixa produtividade das explotacións e a volatilidade dos prezos; a falta de desenvolvemento dunha industria agroalimentaria forte; a continuidade dun balance agroalimentario deficitario; e, por riba se cadra de todos, o problema da terra.

Ese é o problema estrutural básico do sector agrario galego, tanto no que se refire ás deficiencias na base territorial das explotacións, cunha reducida superfice e unha enorme fragmentación parcelaria; como en canto aos enormes desaxustes ou deficiencias nos usos do solo. Un só dato: a superficie agraria utilizada (SAU) por explotación en Galicia sitúase nas 8,5 hectáreas, pouco máis dun terzo da media estatal (24,2 ha) ou da da UE dos 15 (22 ha).
 
Así, o reto urxente para o agro galego, tal e como aclara Edelmiro López, é lograr arranxar o problema que supón "que a terra estea dividida entre máis dun millón e medio de propietarios cando hai menos de 50.000 explotacións agrícolas profesionais". Se hai que resumir as propostas urxentes para o sector, este experto teno claro.

 "Hai que facilitar o acceso aos factores de produción para poder montar unha explotación; no caso galego, esta cuestión fundamental ten que ver coa terra", asegura. 

"Isto só pode funcionar se establecemos mecanismos a través dos cales aquelas terras que non se traballan, e sen tocarlle á propiedade, poidan ser postas a disposición mediante o arrendamento daqueles que si as queren traballar", engade, tras aclarar que esta actuación debería ir moi ligada tamén "á cuestión dos usos da terrra e a conseguir unha ordenación axeitada que non permita o abandono ou a plantación masiva de terras con piñeiros e eucaliptos".

Pero tamén se precisa que aqueles que queiran quedar no agro "teñan unha retribución digna polo seu traballo". "Isto lévanos ás políticas agrarias e ás políticas agrarias que contribúan a estabilizar os prezos, cortar a especulación e recuperar certa regulación pública", indica López, que aclara que para obter prezos dignos non só se precisa esa mínima regulación pública dos mercados agrarios, senón tamén "un cambio de chip" tanto nas administracións como na sociedade galega.

 "Debemos centrarnos en producións especializadas e con valor engadido e menos nas producións estandarizadas", asegura, apostando polo apoio ás denominacións de orixe ou ás marcas galegas recoñecidas e de calidade.

 "Por poñer un exemplo, non é o mesmo producir leite indeferenciado, co que só podemos competir vía custos cunha marxe moi baixa para o produtor, que adiantarse e apostar por queixos diferenciados, leite de calidade, iogures ou batidos", insiste.

 "Hai condicións para darlle a volta a todos estes problemas, pero as solucións non caen do ceo, senón que hai que buscalas e construílas", di Edelmiro López, que cre que o primeiro paso debe vir tamén da sociedade e de "deixar de asociar o rural ao atraso e a pobreza para velo como un medio e un piar clave do desenvolvemento económico do país". "Primeiro hai que crelo e logo adoptar as medidas axeitadas para logralo", di.

 "A sociedade galega debe ser consciente de que o rural non é un problema, senón unha grande oportunidade de futuro; debemos crer no seu potencial e ser exixentes cos que nos gobernan, sexan quen sexan", di. Pero non o hai.  

"O Exectuvio non ten proxecto e o que busca é maximizar os votos e manterse no poder; no tema da terra, por exemplo, habería que ser valentes e tomar medidas aínda que teñan custo elecdtoral; se non é así, acabaremos cunha terra xestionada por funcionarios ou ardendo cando lle toque", remata."        (Praza Pública)  

12/12/12

El retorno... a gotas


Susana Castro con su hija Clara en brazos

"Ha nacido Clara. La última vez que los vecinos de Froxán pudieron anunciar un hecho semejante fue cuando vino al mundo Javier, el pequeño de la Casa de Río, hace ya casi 27 años. El nacimiento de la niña, el pasado día 23, es, de verdad, la noticia del siglo en este valle de O Courel de casas apiñadas, encaramadas a la ladera como los jubilados se arriman a la cocina de hierro para atravesar los meses de nieve.

 En el XXI no se recuerdan acontecimientos más grandes: el pueblo medieval, con medio centenar de viviendas conservadas en buen o razonable estado, fue declarado por la Xunta Bien de Interés Cultural (BIC) en 2007 por su valor etnográfico. Se pavimentaron las calles y se instaló un elemental alumbrado público, pero ser BIC no le valió de gran cosa a la localidad.

 Poco antes, Susana Costa (administrativa), y Toño Visuña (soldador primero y cocinero del Real Club Marítimo de Barcelona después), abandonaron Cataluña y abrieron un alojamiento de turismo rural, A Casa da Aira, que puso el nombre de Froxán (y su Fonte do Milagro) en los mapas turísticos y los suplementos de viajes. Traían con ellos un bebé, Arnau, nacido en El Vallés, y fue el propio Arnau, que ahora tiene ocho años, el que decidió que su hermana, esa niña destinada a traer la luz al pueblo, se llamase Clara.


El municipio lucense de Folgoso do Courel, tesoro de biodiversidad, se va apagando con cada muerte, con cada partida, al tiempo que espera que algún día la Administración gallega cumpla su palabra y lo declare parque natural. Pero mientras lo dicho es mera promesa, los cráteres de las pizarreras son cada vez más hondos y sus escombros ciegan los ríos. 

En los setenta eran más de 3.600 habitantes y hoy son menos de 1.200 en todo el ayuntamiento (25 de ellos, en Froxán). Hay años en los que no nace un niño, y aunque aquí los ancianos son longevos, van cayendo del padrón como las hojas de los castaños.

El éxodo ha sido masivo. Según la aldea a la que perteneciesen, los jóvenes huyeron mayoritariamente a Suiza, a Barcelona o a Madrid. Con la crisis, los primeros no han vuelto. Los que están regresando son los que emigraron dentro de España, o quizás ya sus descendientes. 

Toño había marchado de aquí a los 18 años. Él era de un enclave, A Pendella, hoy prácticamente derrumbado. La abuela de Susana (que ya nació en Barcelona), de los prados de A Campa, engullidos hace décadas por la empresa pizarrera más poderosa del mundo.

 En agosto, y esta es la segunda mejor noticia que conoció Froxán en mucho tiempo, llegaron al pueblo, procedentes de Tarragona, David Rodríguez (arquitecto) y Sonia García (administrativa), padres de Victoria, una niña de tres años, y Adriana, de 19 meses. El único vínculo con este valle del río Lor era una casa vieja. 

El derrumbe de la España del ladrillo obligó a David a cerrar el estudio y Sonia pidió el finiquito en cuanto avistó negros nubarrones en su empresa. Arreglaron la vivienda de Froxán en la que se había criado la abuela de él (ella es de Jaén), y desde que arribaron la vida les parece mejor. A David le surgen trabajos en un municipio próspero en ilegalidades urbanísticas y ruinas a buen precio por rehabilitar.

 “Yo no digo ‘por desgracia’; digo ‘por suerte cerramos el estudio’. Ni digo ‘por culpa’ de la crisis, sino ‘gracias’ a ella”, comenta el arquitecto, cuando se le pregunta por el vuelco que ha dado su vida. Aquí las niñas no tienen parque infantil, pero pueden jugar al escondite en la barriga hueca de un árbol centenario.

La mayor empezará a ir al colegio, el único, en Seoane do Courel, el próximo curso. Se sumará a los ocho niños de Infantil a los que la Xunta les niega aula y profesores en su afán de recortar, sentenciando a muerte la Galicia despoblada.

 En el centro, que además perdió la profesora de Ciencias este año, hay Primaria y Secundaria, pero ninguno de los grupos de edad es tan numeroso como el que componen los alumnos de Infantil. Para que los pequeños no tengan que marchar a un colegio de otro municipio, los profesores, militantes del espíritu de supervivencia de la montaña, se han organizado para educar en Seoane a los menores de seis años. 

Son docentes de niveles superiores que dan Infantil por amor al arte. Los niños de todos los cursos, una treintena en total, juegan siempre juntos. Todos son amigos.

Y en esta familia de 30, hay cierta variedad. Hijos de autónomos que montaron pequeños negocios relacionados con la hostelería y el turismo; o de trabajadores en activo de las canteras; o de pensionistas de 40 años, que se jubilaron de las pizarreras, enfermos de silicosis; o de soñadores que recalaron aquí buscando un mundo mejor y agua sin sabor a cloro. 

En O Courel no hay muchas más alternativas laborales: los trabajos forestales que encargan las diversas Administraciones recaen siempre en grandes empresas de fuera que traen con ellas personal de Centroeuropa a bajo precio.

Tegra ya ha cumplido tres años y va al colegio todos los días vestida como una princesa. A ella le correspondió en 2009 un papel aún más complicado que el que le toca ahora a Clara de Froxán. Si Clara es la primera criatura que ve la luz en el pueblo protegido después de tanto tiempo, Tegra llenó de olor a bebé un pueblo fantasma.

 El último habitante de Hórreos hizo las maletas incluso antes de que naciese Javier de la Casa de Río, el penúltimo hijo de Froxán. Hórreos era cabecera parroquial, un pueblo grande de casas robustas, con iglesia, camposanto y una fuente para todos que dejó de ser generosa.

 Coincidió que se adueñó de aquellos montes el Icona y que sus ingenieros se empecinaron en infestarlo todo de pinos. Prohibieron a los vecinos dejar suelto el ganado y, con la excusa de que las cabras se comían los retoños de los árboles del Estado, los guardas forestales se cebaron a multas con el pueblo. Al final no quedó nadie. Y Hórreos desapareció incluso de la señalización vial.
 
Durante 30 años, el pueblo fue destruido por una suerte de turismo okupa. En sucesivas oleadas acogió todo un catálogo de tribus urbanas y aquello acabó como el rosario de la aurora. Todos los vecinos de O Courel se saben esa historia del caballo de Segundo, un animal pacífico que comía manzanas de la mano y que un grupo de indeseables sacrificó en lo que aquí se interpretó como un rito satánico. Apareció abierto en canal y sin corazón sobre una cama, en una de las mejores casas de Hórreos.

Hace cuatro años, Pilar Veiga y Pedro Romeo, profesora de Lugo y músico de A Estrada, se prendaron del lugar, indagaron hasta encontrar, en Ponferrada, a los propietarios de uno de los inmuebles en ruinas, y los convencieron para que se lo vendiesen por 6.000 euros. 

Querían ser cabreros, devolver a Hórreos ese ganado perseguido por la autoridad. Acababan de reponer la cubierta de la casa cuando nació Tegra. Después, al menos un par de familias, una de Madrid, otra de Vigo, tantearon la posibilidad de comprar sendas casas en el pueblo, pero hoy Pilar y Pedro siguen sin vecinos. Y Tegra solo ve niños cuando va al colegio.

Antes de agosto, cuando llegaron a Froxán Victoria y Adriana, a Arnau le pasaba igual. En O Courel el niño es especie en extinción, por eso la Xunta tampoco pone pediatra. El más cercano, a 18 kilómetros de ruta de montaña, atiende en el municipio de Quiroga solo un día a la semana y las urgencias están en Monforte, a más de 40 de distancia. 

Ahora Arnau se encuentra bastante recuperado, aunque aún debe vigilarlo un nefrólogo infantil que no existe en todo Lugo. Su problema de riñón es consecuencia, también, de la mezquindad administrativa para con los pueblos que no pesan en el censo electoral. La familia tuvo que esperar a la cita con el médico de niños toda una semana, y cuando al fin les tocó, una infección de orina no detectada había hecho estragos."          (El País, Galicia, 07/12/2012)