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7/9/22

Adiós a una romería gallega de las más ancestrales, la procesión de ataúdes de Santa Marta en As Neves... El párroco de Ribarteme y la Diócesis de Tui-Vigo cancelan el cortejo fúnebre de los “no muertos” al entender que “no tiene sentido; en tiempos de Jesús no se enferetraba” y acaban con una tradición que se remonta a la Edad Media

 "Una de las romerías más ancestrales y famosas de Galicia; posiblemente la más extraña de España y considerada por el diario británico The Guardian como la segunda más curiosa del mundo, está en peligro de extinción. Se trata de la romería de Santa Marta de Ribarteme de As Neves, cuya particular procesión de ataúdes de los “muertos-vivos” atrae a una muchedumbre de personas cada 29 de julio. No sucederá lo mismo hoy, pues ningún devoto recorrerá la procesión en el interior de una caja mortuoria al suprimir el párroco dicha tradición por entender que “no tiene ningún sentido”.

Es el final de una romería cuyos orígenes se remontan a 1700, aunque hay quien dice que ya existía en la Edad Media. “En 2020 y en 2021 no se hizo por la pandemia y este año la hemos suprimido totalmente”, confirmó ayer a FARO el párroco, Francisco Javier de Ramiro, asegurando que “ni el Obispado la quiere, ni yo la quiero”. De Ramiro justifica esta decisión en los orígenes de la misma. “En tiempos de Jesús no se enferetraba. Se cubría con una sábana el cadáver después de haberlo lavado con unos aromas. Esta tradición es una deformación, no sé de dónde vino y no tiene ningún sentido”, explica De Ramiro.

No obstante, este no es el mismo discurso que defendían el año pasado, cuando la procesión ya pendía de un hilo al existir cierto escepticismo desde que en 2013 un reportero del National Geographic se infiltrara como un ofrecido más dentro de un ataúd para hacer un reportaje, poniendo en entredicho el significado religioso de la celebración. Así pues, en 2021, con el rumor de su desaparición rondando el santuario, el entonces cura titular de la parroquia, Sergio Gómez, aclaró que “la procesión con ataúdes no corre ningún riesgo, pero sí debe contar con unos límites para evitar que se convierta en un Carnaval”. Lo que sí se acabaría, según anunció don Sergio, sería con el alquiler de féretros para la ocasión.

En la misma línea se pronunció también hace un año el Obispado de Tui-Vigo, refiriéndose a que una simple lectura del Directorio de Pastoral “invita a evitar que la procesión sea un espectáculo folclórico y no devocional” y que correspondería al párroco decidir sobre el futuro de la procesión. En este sentido, la pandemia ha sido un punto de inflexión, pues, dos años sin desfile de “cadaleitos” por las restricciones sanitarias del COVID-19 invitaron a “reflexionar acerca de cómo purificar y mejorar en el futuro, el culto y la verdadera devoción a Santa Marta”.

La de 2019 habría sido, sin saberlo, la última procesión de “cadaleitos”

Si nada hace cambiar de opinión a la iglesia, la de 2019 habría sido, sin saberlo, la última procesión de “cadaleitos”. Ese año desfilaron en el interior de los féretros siete personas, una de las cuales lo hizo para agradecer a la Santa de los desahuciados que su perro Jeremías había sobrevivido a un tumor inoperable; algo que ayudó a extender entre un sector de la Diócesis la sensación de que la cita se había convertido en una celebración con tintes folclóricos. Y es que la única motivación para procesionar en el interior de un ataúd debería ser religiosa. Los que se ofrecen lo hacen para agradecerle a Santa Marta la cura de un familiar en estado muy grave o seguir vivos cuando ya veían la fina línea que separa ambos mundos.

Aunque sin su extravagante y característico cortejo fúnebre, el párroco de Santa Marta de Ribarteme aclara que la procesión se hará igual, “pero sin los ataúdes”. Así, hoy, festivo local en As Neves, habrá misas en el santuario cada hora desde las siete de la mañana. A mediodía tendrá lugar la procesión acompañada por la Banda Popular de Rubiós, quien a continuación ofrecerá un concierto. En ella podrán ofrecerse los “amortajados”, que son los devotos y peticionarios de favores a Santa Marta que acuden a las celebraciones eucarísticas enfundados en sudarios o mortajas para caminar durante la procesión junto a la Santa con sus velas de cera en mano, algunos de rodillas e incluso descalzos, poniendo en valor su sacrificio.

Será el primer año que la romería se celebre sin restricciones sanitarias y con el título de Fiesta de Interés Turístico de Galicia, pues la Xunta la declaró como tal en 2020, justo el año en el que dejaron de salir en procesión los “no muertos”, que, son, contra todo pronóstico, el alma de esta fiesta.

Crispación vecinal: “Es una medida dictatorial, no se pueden cargar una de las romerías más singulares del mundo”

La decisión de la iglesia de prohibir los ataúdes en la procesión de Santa Marta de Ribarteme hace que se cumplan los peores presagios de los vecinos y vecinas de As Neves, que ya se lo veían venir atendiendo a los cambios producidos los últimos años en el santuario de Ribarteme, como el traslado de la imagen de la Santa, lo que desató una revuelta vecinal. El enfado es generalizado, pues pierden la romería que ha hecho famosa a la aldea. “La religión católica la están estropeando los propios evangelistas”, acusa una joven de Ribarteme, haciendo alusión al clima de crispación que sobrevuela la parroquia desde hace un par de años entre los feligreses y la curia, teniendo que intervenir en alguna ocasión la Guardia Civil.

“¿Quiénes son ellos para impedir que alguien se ofrezca a Santa Marta en un ataúd?”, se pregunta otra vecina, apuntando que “hay que verse en la situación”. Otro devoto reconoce que “fue una burla que se metiera un presentador de televisión en un ataúd, pero esta es una medida extremista y dictatorial, no se pueden cargar una de las romerías más singulares del mundo”; e invita al párroco y a la Diócesis a “recapacitar y devolvernos nuestra procesión”.                (Judit Bernárdez, Faro de Vigo, 29/07/22)

31/3/20

O trauma de morrer só... Cando non é posible dar o último adeus a unha persoa querida. Despedir aos defuntos no tempo do coronavirus

"O coronavirus está a supoñer un desafío a nivel social en moitos campos, un reto ao que non escapan nin o nin os servizos funerarios

A despedida dos seres queridos, para moitos tan necesaria para aceptar a súa marcha, adquire se cabe maior complexidade polas medidas adoptadas para tentar conter a pandemia. As funerarias da Mariña Lucense tamén se preparan para situacións novas, a fin de evitar o risco de contaxio e garantir a seguridade de traballadores e familiares, ademais de posibilitar que estes últimos poidan despedir aos seus defuntos coa maior dignidade posible.

Para os seres queridos dos falecidos por coronavirus espera un proceso complexo de dó, pois na inmensa maioría dos casos non poderán despedirse dos familiares, illados nos hospitais para evitar contaxiar a enfermidade.

“É certo que non hai un xeito de levar un dó e cada un escolle un xeito”, expón Carmen Rubiños, psicóloga que dirixe o centro de maiores de Ribadeo. “Algunhas persoas necesitan tocar e bicar e outras prefiren non facelo, pero nós tentamos dentro dese respecto á individualidade favorecer as despedidas”, indica.

“Hai moitas persoas, aquelas que necesitan ver e tocar, que van pasar por unha experiencia terrible. Os psicólogos temos maneiras de traballar sobre esta forma non escollida de levar un dó. Cando fas algo voluntariamente, as consecuencias psicolóxicas son menores; cando te tes que despedir dalguén por obriga, e ademais non o podes ver, porque esa persoa estivo confinada no hospital, iso é duro. O familiar non veu ao seu defunto nin no momento da morte nin antes porque estaba no hospital; é algo moi antinatural“, prosegue.

Rubiños remarca que “hai recursos” para axudar esas persoas, pero prevé “unha cantidade importante de complicacións arredor do dó, de patoloxías debido a esta situación”.

DESPROTECCIÓN

“Eu podería comparalo quizais coas viúvas dos mariñeiros, cando se van ao mar e non volven, e o cadáver non aparece; non hai un lugar onde facer unha ofrenda. É un sentimento de indefensión, de frustración, de impotencia, esa situación de desprotección. Como o tería pasado, sentiríase só neses momentos, tería dor? Son as preguntas que se soen facer esas persoas. Non estás acompañando ao teu familiar; non só sufres porque non está senón tamén porque non sabes como estaba”, remarca.

Para tentar aliviar dalgunha maneira a dor, a psicóloga apunta “un lado positivo do que partir. Ese sacrificio enorme de non poder despedirme evita contaxios, hai que velo así polo ben común”, conclúe.

NOVA NORMATIVA PARA AS FUNERARIAS

As empresas afrontan un desafío. Co decreto do estado de alarma, as funerarias seguen agora a normativa da Policía Mortuoria a nivel estatal, que permite agora “enterrar ou incinerar os mortos antes das 24 horas, cando anteriormente non era posible”, explica Víctor Pernas, de Funerarias A Mariña. Nos casos de coronavirus, “temos que tomar unha serie de medidas e precaucións en canto ao transporte desde o hospital, co correspondente selado, e ás distancias, por exemplo”, indica.

A nova normativa de aplicación impide manipular ningún cadáver para evitar contaxios, polo que queda prohibida calquera práctica de tanatocracia ou tanatoestética. Isto, expón Pernas, supón algúns dilemas. “Hai defuntos que teñen marcapasos e antes podiamos quitárllelo para incineralos, pero agora haberá que enterralos”, argumenta. Pernas está molesto porque ao longo dos últimos días “desde o Goberno central cambiaron as directrices varias veces”, o que supón “incerteza” para as empresas.  (...)"                        (Ramón González, Xornal da Mariña, 25/03/20)

15/11/19

Lugares de meigas... do demo e da Santa Compaña...

"O Colectivo Segredos de Pantón destaca pola súa inquedanza relacionada co patrimonio cultural, natural e sociolóxico da contorna. Falamos con Lucas Vázquez, un dos membros máis activos que vén de facer unha escolma sobre estes seres propios da superstición galega.

O mes de novembro, tamén coñecido como o “mes de Santos” ou “mes dos mortos”, ten deixado moita pegada na cultura e na oralidade popular galega.

O caso é que a celebración de Santos inspirou a Lucas Vazquez, do colectivo Segredos de Pantón, para redactar unha breve escolma de anotacións sobre meigas, demos e Santa Compaña incorporando tamén acontecidos arredor destes seres mitolóxicos galegos.

Segundo nos comenta Vázquez, todo partiu da lectura do artigo “A crenza nas bruxas nunha comunidade rural galega: aldeas do concello de Pantón”, da autora Pilar Rodríguez Blanco, e do libro “Lendas e Tradicións da Ribeira Sacra: Vilar de Ortelle-Pantón”, da Asociación Xuvenil Estraloxos. Tras documentarse con estas dúas obras, e contrastar información con familiares e veciños/as de Pantón, decidiu elaborar un pequeno artigo sobre o tema, sempre tomando como referencia xeográfica ao Concello de Pantón.

A escolma non busca ser nada pretencioso e aos autores das obras anteriores pareceulles ben a idea, tendo ademais a intención de que a xente que teña acceso a este artigo poida contrastar e aportar tamén máis información. A continuación reproducimos o escrito.
Meigas máis famosas e lugares de reunión
Pepa da Xila, a Cosma, a tía Marica, a Perfeita, a Sra. Anxelita, a Sra. Pepa Cesteira, a Facunda, a Brigória, a Feliciana, a Perfeita e a Pilar do Cubreiro.

-Monte da Escrita, entre as parroquias de Moreda, Toldaos e Pantón.
-Següín.
-Trasulfe, na parroquia de Santalla de Tuiriz.
-Fontao na parroquia de San Martiño de Tribás. Aquí estas meigas nunha reunión foron quen de mover, segundo contan, a un home que estaba nun fiandeiro a 4 quilómetros de distancia.
-No lugar dos Cancelos, na parroquia de Vilar de Ortelle.
– A Grixoá, aínda que este lugar estea en Carballedo, na parroquia de Santo Estevo de Chouzán, na ribeira oposta de Marce, numerosas historias de pantoneses afirman que foi un lugar moi soado de reunión de meigas da contorna.
Lugares de meigas
Santa María de Tuiriz

Alí hai uns anos unha parella de irmáns dirixíanse camiñando cara a súa casa nun dos barrios que forman a aldea. Era tarde baixa, cando de súpeto viron unha luz vermella que os acompañaba sobrevoando arredor deles. Pareceulles unha luz moi estraña, posto que a medida que eles camiñaban a luz facíao tamén, non os abandonaba. A irmá díxolle ao irmán “é unha bruxa! non lle asubíes que non nos vai deixar!”. Pero, ante a curiosidade, asubiou, e a luz comezou a moverse máis rápido e a baterlles na cara a ambos. Comezaron a andar máis rápido tratando de chegar o antes posible á súa casa. Cando chegaron, entraron e a luz abandonounos. Tiveron medo, pero nunca máis voltaron ver esa luz.

Goián

Os habitantes da aldea do Piñeiro de San Vicente de Castillón sempre afirmaron que houbera meigas en Goián.

Rechelo

Nesta aldea dicíase que tiñan algunha relación coas meigas. Así, había unha que sobre todo facía volver tolos aos animais. Mesmo neste lugar unha señora dicía sobre as meigas, “grandes pecados teñen que ter esas bruxas!”.

A Míllara

Nela vivía unha meiga que viñera de Vilaquinte en Carballedo.

Toldaos

Lugar con sona polas súas meigas. Así cóntase a historia de dous homes que ao tirarlle pedras ao cadelo dunha das meigas deste lugar andiveron deambulando polos camiños toda a noite sen saber por onde tiñan que ir. Tamén contaban como tiñan que atar unha vaca que se volvía tola cando por diante da casa pasaba unha veciña de Toldaos con fama de bruxa. Ao animal poñíanselle os pelos do lombo de punta e tiñan que atala para que non se matara a golpes coas paredes.
Visións do demo e da Santa Compaña
En Marce contan que entre a casa do Conde e a do Vila, foi visto varias veces coma un cura vestido de branco e quen afirmaba velo dicían que era o mesmo demo.

En Balboa, no lugar da Avespeira, un señor antes de alumar o día aparecéuselle un home de sombreiro, moi ben portado e díxolle: “anda de día, que a noite é miña”. E cada vez ía medrando máis o señor do sombreiro.

Na parroquia de Toldaos foi famosa a pantasma dunha anciá vestida toda de negro, coma se dunha sombra se tratara, non se lle vía nin cara nin as mans, tiña sempre colgada do seu brazo unha cesta. Era tan sinistra a súa visión, nas escuras noites de Toldaos, que todo o que con ela se topara corría sen parar.

En Santa María de Tuiriz viña un veciño de Sta. María de Tuiriz camiñando cara a súa 
casa en plena noite. Viña metido nos seus pensamentos, sen luz polo carreiro que o levaba ata o seu fogar. Cando de súpeto, comezou a ver unha luz branca que se dirixía cara el; a medida que avanzaba, esa luz tamén o facía, e pronto se podía insinuar que con ela camiñaba xente. O home estaba sorprendido, que era aquilo? quen era aquela xente?. Cando chegaron á súa altura, apartouse cara unha beira do carreiro para deixalos pasar. Non o saudaban, non falaban, ían todos vestidos de branco con paso lento pero firme, sen pausa. Unha vez pasaron ao seu carón, o veciño apurou o paso cara a súa casa. Entrou pola porta e estaba súa muller, ela comentoulle: “ que che pasou, estás pálido e traes o traxe cheo de cinsa!”. El respondeu: “acabo de ver á Santa Compaña”.
Outros sucedidos
Pozo da Inquisición

No patio do priorato bieito de San Romao de Moreda cóntase que nos tempos da Santa Inquisición tiraban neste pozo a tódalas meigas que eran condenadas.

Casa de Valboa

Nunha modesta casa desta aldea de Vilar de Ortelle dicíase que estaba encantada e que era cousa de bruxas. De noite as ventás e fiestras non paraban de abrirse e pecharse. Un día un sancristán moi relixioso tentou poñerlle remedio, e cada vez que rezaba paraba a música infernal pero ao parar volvía comezar.

O “Torres de Eiré”

Nesta parroquia vivía un menciñeiro, o Torres, que curaba persoas e animais sen ser nin médico nin veterinario curando moitas veces casos outorgados ás meigas ou ao escuro.

Capela de Guende

Acoden ata alí xentes de moi lonxe para cumprir as ofertas e beber auga da fonte, boa para as doenzas ocasionadas pola fada dos malos espíritos.

Figueira do Castelo

Este lugar tiña unha relación co mundo escuro, ningún paxaro nin animal comía as súas brebas que saían negras coma o demo. Así contaban a historia dun rapaz que andivo a molestar ás bruxas e estas levárono ata alí. E dicían que era o lugar máis desgraciado do mundo."               (Xornal de Lemos, 08/11/19)

9/7/18

Punto y final a un crimen en la Galicia profunda

"Con la atenuante de padecer una anomalía psíquica que le ha dejado en la niñez, Juan Carlos Rodríguez González, de 51 años, el asesino confeso de su convecino, el holandés Martín Verfondern, de 53, ha sido condenado por la Audiencia de Ourense a 10 años y medio de prisión. 

Se cierra así un capítulo negro de la Galicia profunda que en enero de 2010 truncó el sueño del matrimonio Verfondern que habían comenzado 13 años antes, cuando se trasladaron a la despoblada aldea ourensana de Santoalla do Monte, con apenas seis habitantes, para vivir una vida tranquila, en plena naturaleza salvaje.




La sentencia deja solo frente a este crimen a un único culpable y autor del disparo que acabó con la vida del holandés, pese a sufrir una discapacidad del 65%. Su hermano Julio Rodríguez, acusado de encubrimiento, al haber ayudado a Juan Carlos a ocultar el cuerpo durante cuatro años y medio, ha quedado absuelto y en libertad, aunque ambos tendrán que asumir las costas del proceso. Además, el acusado deberá indemnizar a la viuda del holandés, Margot Pool con 50.000 euros y el tribunal le impone la prohibición de acercarse a ella a menos de 300 metros durante 11 años y 5 meses.

Al arrancar el juicio en junio, el fiscal encargado del caso, Miguel Ruiz, puso en antecedentes al jurado popular. Para ello pintó el escenario del crimen como una aldea perdida en la montaña, siendo el único móvil los conflictos entre las dos familias por el reparto del lucrativo negocio maderero. "Ustedes llegarán a la conclusión de que Santolla era el salvaje oeste", les advirtió.

Un mes antes, aproximadamente, de la muerte del que todos los vecinos llamaban “el holandés”, se escribió el crimen. Una sentencia de Juzgado de Primera Instancia de O Barco (Ourense) obligó a inscribir a Verfondern en la comunidad de montes y poder participar así como vecino de los beneficios del negocio.

 Este veredicto fue el detonante del homicidio, porque, para el fiscal, el sentimiento de apego a la tierra de los comuneros, concretamente de la familia Rodríguez González, había chocado de lleno con los intereses de “unos extranjeros” que legalmente reclamaban una parte de los ingresos.

Juan Carlos Rodríguez ya había confesado en noviembre de 2014 ante la Guardia Civil y el juez que lo mató porque "conducía como un tolo (loco)", aunque después cambió de versión, pero sin entrar en detalles. En el juicio no quiso declarar, un “derecho al silencio”, dice el tribunal, que no afecta a ningún principio constitucional por lo que han prevalecido sus anteriores declaraciones sumariales y los testimonios recogidos durante la vista oral.

Su hermano Julio Rodríguez, sí aceptó dar su versión ante el jurado popular, pero negó que hubiese tomado parte en una confabulación familiar para asesinar a Verfondern. Admitió que había ocultado el cadáver de su vecino al que encontró dentro de su coche, todavía encendido, un destartalado Chevrolet Blazer aparcado a la entrada del pueblo cuando él iba conduciendo su tractor. Y dijo que lo hizo para proteger a su familia porque pensó esta que podía tener problemas.

Junto a su hermano Juan Carlos, condujo el coche del holandés con su cuerpo dentro, a unos 20 kilómetros lejos del pueblo, y luego depositó el cadáver en el suelo y lo cubrió con unas ramas de pino y regresaron a casa. Insistió Julio que a partir de ese momento se impuso la ley del silencio porque nadie volvió a comentar el asunto ni él habló del tema con su hermano hasta que este fue detenido.

El capítulo final de esta historia lo cerró Julio Rodríguez, cuando fue interrogado por la relación de su familia con el matrimonio Verfondern. Reconoció que la relación entre las dos únicas familias del pueblo se fue deteriorando “porque Martin no respetaba las propiedades abandonadas y se iba apoderando de las piedras de las casas en ruinas para usarlas en la suya".

Julio pensó en su familia cuando vio el cuerpo sin vida de su vecino. Y aunque, sin llegar a acusarlo, situó a su hermano en el lugar del crimen, explicó ante el jurado que “se trata de un niño de siete años, incapaz de maquinar, pero muy capaz de mentir para llamar la atención o hacerse el héroe”.

El fiscal rebajó en seis años la petición de condena para Juan Carlos y prácticamente su teoría del crimen fue reproducida en la sentencia. El homicida estaba convencido de que quería ser “el héroe de Petín”, acabando con la vida de Martín, “al que le profesaba una profunda enemistad”, después de reconocer que ”llevaba tiempo pensando en castigar a Martín de alguna manera”. 

La sentencia deja claro que la conflictividad derivada de la pérdida de ingresos de la familia de Juan Carlos por el reparto de los rendimientos del monte comunal influyeron en él, porque “en el fondo de su conducta aparece la enemistad y el odio que regía la vida de esa pequeña comunidad”.                 (Elisa Lois, El País, 06/07/18)

14/2/18

Juicio a un hombre que agredió con un machete a un vecino por pisar su finca

"J.R.F.V., de 60 años y sin antecedentes penales, será juzgado este martes en la Sección Segunda de la Audiencia de Pontevedra, acusado de agredir con un machete y una piedra a un vecino con el que mantenía un conflicto por los lindes de sus fincas en la localidad de Bueu.

La fiscalía solicita para el acusado una condena de seis años de prisión por un delito de lesiones y otros ocho de alejamiento de la víctima, a la que no podrá acercarse a menos de 120 metros. También pide el fiscal que el acusado indemnice a su vecino con 22.300 euros como consecuencia de los daños físicos y estéticos por las heridas recibidas y al Sergas, por la asistencia sanitaria en una cuantía que será determinada en la sentencia.

La agresión tuvo lugar el 1 de marzo de 2016, en torno a las cuatro de la tarde, cuando el acusado paseaba por su propiedad y observó que su vecino estaba pisando sus lindes, una finca en el lugar de Vilar-Outeiro, en Bueu, por los que ambos estaban enemistados desde varios años antes.

Según el relato de los hechos que hace la fiscal Emma Doval en su escrito de acusación, el acusado agarró entonces un machete y se acercó a su vecino por detrás, y tras tocarle en un hombro se abalanzó sobre él. A continuación se produjo un forcejeo cuando la víctima intentó sacarle el machete, por lo que ambos cayeron al suelo, quedando el agredido debajo del acusado.

Una vez que J.R. logró inmovilizar a su vecino, agarró una piedra y comenzó a darle repetidos golpes en la cabeza, mientras también le metía los dedos en los ojos y le decía: “No pisarás más mi finca”. Los gritos de la víctima pidiendo auxilio fueron escuchados por otro vecino que en esos momentos estaba trabajando en una finca cerca de allí. Este acudió a socorrer al herido mientras el procesado soltó el machete y la piedra y dejó a la víctima en el suelo.

Según los informes periciales, a consecuencia de los golpes recibidos, el hombre sufrió una herida inciso contusa en la zona occipital y en el cuello, además de una hemorragia en el ojo derecho por perforación ocular, daños en el derecho, con pérdida de la capacidad visual, y cortes en una mano.

También se le apreció un traumatismo craneal leve y otro cervical, además de un estrés agudo. Debido a las lesiones recibidas, estuvo hospitalizado quince días para recuperarse de las intervenciones quirúrgicas y precisó otros 142 para seguir un tratamiento, aunque le han quedado secuelas visuales por las que todavía requiere atención.

En concepto de responsabilidad civil, el procesado deberá indemnizar a la víctima con la cantidad de 7.300 euros por las lesiones causadas, mientras que por las secuelas, perjuicio personal y daños estéticos que le ha causado, el importe estimado que deberá pagar el acusado es 15.000 euros que se verán incrementados por los intereses de demora."            (Elisa Lois, El País, 22/01/18)

31/7/17

La Santa Compaña fué la inspiración de 'La noche de los muertos vivientes'... y, por tanto, de todo el cine de 'zombies'

 La Casa Romero de Ferrol

"Hasta ahora, la referencia gallega en Hollywood más obvia era Martin Sheen, nacido Ramón Estévez, de madre irlandesa de Tipperary y padre gallego, de Salceda de Caselas (entre Vigo y Portugal).

 Los vecinos todavía recuerdan cuando el hijo de Francisco Estévez aparecía de vez en cuando con algún vástago por las fiestas de Parderrubias, la parroquia de su padre. Pero el foco que la muerte pone sobre celebridades desvela otra conexión: George A. Romero, fallecido el pasado 17 de julio, pudo rodar La noche de los muertos vivientes¸ el film seminal del género zombi que dirigió en 1968, gracias en gran parte a la financiación de su familia gallega.

George A. Romero (en origen Jorge Alejandro Romero) nació el mismo año que Sheen/Estévez (1940) y también era descendiente de un matrimonio intermigrante: padre cubano, Jorge Marino Romero y madre lituana, Ann Dvorski. La familia paterna, los Romero, procedían de Mourela do Medio, una aldea del ayuntamiento de Neda, en el fondo de la ría de Ferrol. 

El abuelo Antonio emigró a Cuba, y allí se casó con otra gallega, Josefa González, pero todos sus hijos venían a nacer a la tierra de origen. “Mi padre nació en Coruña, pero se lo llevaron a Cuba cuando tenía un año, y después se fue a Nueva York, creo que tengo todavía familia allí”, le comentaba el realizador norteamericano en La Opinión de A Coruña al periodista Santiago Romero ―ninguna relación de parentesco―, en 2008, con ocasión de una retrospectiva con la que lo homenajeó el Festival de Sitges.

 De hecho, el director del Centro Galego das Artes da Imaxe (CGAI, la filmoteca gallega), Guillermo Escrigas Romero ―éste sí semipariente: comparte tatarabuelos con el cineasta― asegura que existe en el archivo de la institución una foto de los Romero, padre e hijo, paseando por la ciudad gallega.

A los Romero, tanto a los que se fueron como a los que se quedaron, no les fue mal en el comercio. Los que no emigraron erigieron en Ferrol para sede de su negocio un edificio modernista ―la casa Romero― que todavía es de los más vistosos de la ciudad.

 Un descendiente, el almirante Javier Romero Caramelo, fue agregado militar en Washington, pero no tuvo ocasión de conocer personalmente a su “primo”. Las dos hermanas de Jorge Marino Romero poseían grandes almacenes en La Habana, y construyeron una enorme residencia con 60 habitaciones en Redes, un pequeño puerto pesquero a pocos kilómetros de Mourela. 

Como muchos indianos, repartían su tiempo entre las dos orillas del Atlántico y aportaron fondos para crear una escuela de Redes. No fue la única inversión en cultura. “En esa ciudad [A Coruña, en concreto en la Praza de Ourense] vivían dos tías mías, hermanas de mi padre, que podría decirse que fueron también productoras de mi primera película, porque me ayudaron a financiarla. La última, Pura Romero, se murió hace dos o tres años y está enterrada ahí”, contaba George A. Romero. 

No fue mal negocio. Además de inaugurar un género, Night of the Living Dead costó 114.000 dólares y recaudó 42 millones. La financiera no fue la única ayuda de su familia. La Santa Compaña y los cuentos tradicionales de muertos y apariciones del otro lado del océano que escuchaba en Miami Jorge Alejandro posiblemente influyeron en el aspirante a director. “Esas leyendas están en mi subconsciente, no puedo negarlo”, admitía el nieto de Antonio de Mourela."                (Xosé Manuel Pereiro , CTXT, 22/07/17)

1/12/14

“Ya estás gordo para matarte. Voy a por ti”


 Martin Albert Verfondern, fotografiado en su casa gallega

"La Interpol lo buscaba por el mundo, pero sus restos yacían a 12 kilómetros de casa en línea recta y nadie fue capaz de darse cuenta en cuatro años y medio. Poco antes de que lo mataran viajó a su país para contratar un seguro de vida y se dedicó a pertrechar su casa de cámaras como si fuese un búnker.

Según contaba a este diario cuatro meses antes de desaparecer, jamás salía de su vivienda sin “una grabadora de vídeo en posición stand by”, presta a rodar cualquier bronca, cualquier agresión que pudiera sufrir, para luego denunciarla en el juzgado. Decía protegerse de algo que definía como “terrorismo rural”.

Martin Verfondern, nacido alemán, nacionalizado holandés y dispuesto a vivir y morir en Santoalla, un remoto, despoblado y arruinado pueblo de Petín (Ourense) al que llegó después de buscar por el mundo un paraíso “libre de energía nuclear”, se esfumó sin dejar rastro aparente el 19 de enero de 2010

Sus supuestos restos mortales yacen desde el sábado 21 extendidos y ordenados sobre la mesa de trabajo del forense Fernando Serrulla, al que le toca enfrentarse con buena parte de las historias truculentas en Galicia. A duras penas puede reconstruirse el 40% del esqueleto, el cráneo está prácticamente completo.

Verfondern era un pelirrojo obstinado de 52 años, dispuesto a enfrentarse a quien hiciera falta en el propósito de cumplir su sueño de una vida en comunión con la naturaleza, tal y como él la entendía, junto a su esposa, Margo Pool.

 Y con ese objetivo, según denunció a diestro y siniestro en sus últimos meses, vivía inmerso en una guerra permanente con el poder local y también con la única familia nativa que quedaba, y queda, en el pueblo desde la última estampida masiva de la emigración a América.

 Santoalla do Monte era ya hace cuatro años y hoy todavía más una desolada estampa de casas de pizarra que se desploman invadiendo las rúas de tierra cada vez que al tiempo, bastante malhumorado en invierno, le da por cabrearse.

 Juan Carlos Rodríguez, de 47 años, fue arrestado junto con su hermano Julio el pasado fin de semana por el homicidio del holandés. Juan Carlos, con una minusvalía del 70%, fue el primero en confesar

En un extremo de este enclave apartado de casi todo vive un matrimonio anciano con dos de sus cuatro hijos varones. En otro, están la casa y la tierra que compraron hace unos 16 años los holandeses.

 Al principio todos eran amigos. Los forasteros compartían mesa y mantel con los Rodríguez y reinaba una armonía que quedó retratada, como recuerda el alcalde socialista de Petín, Miguel Bautista, en la escena de la matanza del cerdo del documental La Aldea: entre lo antiguo y lo nuevo, elaborado en 2000 por el cineasta Ignacio Vilar.

 El último año, en cambio, Martin se afanaba en escribir el guión de otro filme, Escuela para sobrevivir en Santoalla, donde amenazaba con denunciar en clave de humor la tensión que reinaba en el lugar, los vertederos que cegaban el río y el total abandono al que, decía, condenaba a la localidad el Gobierno municipal.

La rivalidad con los vecinos, que según Martin degeneró en chirriante rencor, se originó por la propiedad de los montes comunales. Los Verfondern reclamaron en los tribunales sus derechos sobre 500 hectáreas. Sobre la madera de los pinos y también sobre la fuerza del viento, después de que una eólica prometiese unos 6.000 euros a los del pueblo por cada uno de los 25 molinos que quería instalar.

 La ley, recuerda el regidor, dice que para ser comunero “la chimenea tiene que echar humo al menos seis meses al año”. Y, en esas condiciones, en Santoalla solo había dos viviendas. El ambiente, supuestamente por esta causa, se volvió irrespirable. Las dos familias cruzaron denuncias. 

Según contaban los gallegos, ellos también llevaban golpes. Efectivamente, existen vídeos grabados y difundidos por el propio Martin en los que se puede ver alguno de esos choques violentos, aunque se intuye que el holandés también los provocaba.

A pesar de lo mal que se llevaban, la familia natural de Petín, interrogada en su día por la Guardia Civil, siempre ha negado tajante tener algo que ver con la misteriosa ausencia del extranjero. Hoy, alguno de sus miembros todavía dice que, en el fondo, lo querían.

La denuncia por la falta de Verfondern la presentó un israelí que aprendía en su casa agricultura biológica. Era uno más entre las decenas de voluntarios internacionales, desde ejecutivos y abogados hasta profesores y libreros, que contactaban con la pareja por Internet para cambiar de vida por unos días. 

Tras la desaparición de su pareja, Margo Pool, que el día de los hechos declaró que estaba en Alemania (cuidando de un tío de Martin enfermo de alzheimer), no se planteó marchar de Santoalla.

 Sigue viviendo aislada cuando cae la nieve, cultiva la huerta y cría su rebaño de cabras. Los animales le hacen compañía mientras espera, con una calma que a muchos les cuesta comprender, noticias sobre su marido.

 

La que ahora ya se sabe viuda no suele llorar. Puede hacer cábalas sobre las causas de la muerte de su esposo sin perder la compostura. Aunque en los primeros meses de ausencia se le quebraba la voz cuando confesaba que alguien le había venido con el cuento de que Martin podría estar “en Argentina, con otros alemanes, junto a otra mujer”. La idea de la traición sí le empañaba los ojos. 

Con el tiempo, y ante el fracaso de la orden de búsqueda internacional, se hizo firme en ella el convencimiento de que el holandés no era en absoluto errante, sino que el cadáver de aquel hombre empecinado seguía oculto en algún recodo de la imponente postal que se ve desde la carretera de Santoalla.

Los últimos testigos de su existencia vieron al holandés enfilando esta rizada vía, pasada la rotonda de Petín, después de hacer su compra en Lidl e intentar entrar en su Facebook —sin éxito porque fallaba la línea— en un cibercafé. Los amigos de Martin (en la comarca tenía unos cuantos) siempre habían pedido que se peinasen las rutas de montaña que partían desde el pueblo. Aseguran que con un coche como el de él “se puede llegar hasta Portugal sin ser visto”.

 La Policía Judicial, por su parte, pensaba, y en esto acertó, que lo primero que aparecería, bajo el agua o entre matorrales, sería el coche, un Chevrolet Blazer único en la comarca, aparatoso y destartalado. Este señalaría en el retorcido paisaje de montaña, cuajado de barrancos profundos y oscuros pantanos, el lugar en el que empezar a investigar lo que entonces todavía no se sabía si era accidente u homicidio.

Desde el pasado miércoles 18, la primera opción está descartada. Dos guardias civiles que sobrevolaban la comarca de Valdeorras en labores de asistencia de un incendio forestal vislumbraron desde el helicóptero una mancha extraña en medio de un pinar del municipio de A Veiga, próximo a Petín. Se conoce que nadie había pasado por aquel punto del mapa durante todo este tiempo.

 Los agentes enseguida pensaron en Verfondern y en el mamotreto a manchas que conducía, quizás porque el propio forense Serrulla les había refrescado la memoria con una búsqueda que organizó en marzo de este año, con resultado negativo, después de movilizar un sónar y dos cámaras especiales, geotérmica y de infrarrojos. 

A la mañana siguiente del hallazgo, los investigadores llegaron a pie a este lugar a 1.400 metros de altitud, conocido como Portela do Eixo. Y confirmaron al instante que aquel auto oxidado era el todoterreno verde claro, lijado en tiempos por su dueño para repintar, que habían buscado hasta la saciedad con perros de rastreo, buzos, equipos de rescate de alta montaña, partidas de voluntarios y cazadores de la zona. 

Curiosamente, durante estos años, la vista aérea del coche del labrador holandés había estado expuesta a ojos de quien fuese capaz de descubrirlo en el visor SigPac de imágenes de satélite; sobre un pequeño terreno de forma triangular limitado por dos cortafuegos y una de esas pistas de tierra que conectan con otras y llevan a todas partes “sin ser visto”. 

Los guardas forestales explican que quien condujo hasta aquel lugar el Chevrolet conocía bien el monte, sus usos y sus ritmos. En ese pinar no se da la caza, y los árboles que hay allí plantados son aún muy jóvenes. Podría pasar todavía una década antes de que sus dueños pensasen en ir a talarlos.

El titular del juzgado mixto número 2 de O Barco, Roberto Barba, empieza ahora desde el principio sus pesquisas sobre un suceso que ya se investigó en 2010 y que lleva dando que contar desde entonces a periodistas de varios países y rastreadores de misterios imposibles de desenredar.

 El juez, que ha declarado el secreto de sumario, afirma en un auto “con rotundidad absoluta” que Verfondern murió a manos de otras personas, y no hace otra cosa que buscarlas.

El holandés, socio de Amnistía Internacional, colaborador de un proyecto transfronterizo de agricultura ecológica, comparte espacio ahora en la unidad de Antropologia Forense del Instituto de Medicina Legal de Galicia (Verín, Ourense) con el cadáver de un narco venezolano que apareció congelado 11 días antes, en un piso de Ponteareas (Pontevedra), con las piernas amputadas para que cupiese en el arcón. 

A Serrulla ya lo apodan el Bones (Huesos) gallego, aunque se presenta en todas partes con su instrumental de siempre metido en el entrañable maletín que le regaló su padre al terminar la carrera. En sus recursos, más bien escasos, nada tiene que ver con la serie estadounidense.

Es prácticamente seguro que el esqueleto hallado en el pinar de A Veiga, compatible con el de un varón de mediana edad y estatura aproximada a la de la víctima, es el de Verfondern, pero la confirmación definitiva, si hay que esperar a la prueba de ADN, podría llegar tras el verano. 

De todas formas, según el protocolo, en estos casos lo primero que se hace es buscar radiografías y fichas dentales fiables, que en esta ocasión quizás aparezcan en Holanda o Alemania. Con ellas en la mano, un antropólogo forense puede llegar a determinar en pocas horas la identidad sin margen de error. Hace cuatro años no había cuerpo del delito. 

Ahora están el vehículo, el esqueleto devorado, el ordenador y otros enseres del difunto que aparecieron a poca distancia del coche junto a una fogata. Y los agentes de Criminalística están convencidos de que aparecerán huellas y de que quienes lo mataron “no eran profesionales”.

Más que un crimen perfecto, como se le podía considerar hasta ahora, el de Verfondern es un homicidio en el que los autores han tenido, simplemente, buena suerte. “Creyeron que con quemar los asientos delanteros, donde es probable que hubiese sangre, borrarían todas las pistas”, comentan fuentes de la Guardia Civil en Ourense. 

“También le prendieron fuego a una rueda y parte de la chapa, pero no funcionó porque el mal tiempo, puede que la nieve, apagó las llamas”. Los agentes atribuyen el traslado del coche y el cuerpo hasta este lugar solitario a “al menos dos personas”. Creen que la segunda conducía otro coche en el que huyeron luego.

 Desde aquel día, los autores de la muerte adivinada de Martin Verfondern callan como tumbas. Pero la Guardia Civil está convencida de que en el coche van a aparecer señales, y que “en cuanto se concrete una prueba, alguno se va a derrumbar”.           (   , El País,  Santiago de Compostela 28 JUN 2014)


 "Hubo un tiempo en que las únicas dos familias que habitaban la remota y desmoronada aldea ourensana de Santoalla compartían la matanza del cerdo con la llegada del frío. 

Los recién llegados, hace 17 años, eran un matrimonio holandés que soñaba una vida de aguas limpias, aire puro y ganadería ecológica, lejos de Ámsterdam. Y aprendieron la tradición de los nativos, de la única familia que quedaba en el pueblo después de la estampida emigrante que dejó medio centenar de casas vacías. Pero la armonía no duró demasiado. Los extranjeros descubrieron que tenían derechos sobre el monte comunal y lo reclamaron en los juzgados.

 Así que la guerra se desató en este paraje montañoso, bello y desolado del municipio de Petín. Y el vecino holandés, Martin Albert Verfondern, empezó a registrar en vídeos y fotos todos los choques violentos que se sucedían en Santoalla. Hace casi cuatro años, el 19 de enero de 2010, a punto de cumplir los 53, lo mataron. Escondieron su coche y su cadáver en un monte a 12 kilómetros en línea recta. Los restos, roídos por las alimañas, aparecieron el pasado mes de junio.

En el disco duro del holandés también quedaron grabadas varias amenazas que ahora, a la luz de los acontecimientos que se han precipitado esta semana, cobran un cariz siniestro.

 Una juez de O Barco de Valdeorras decretó prisión provisional por presunto homicidio para Juan Carlos Rodríguez González, el vecino discapacitado psíquico que, en una de las grabaciones que Verfondern hizo llegar a EL PAÍS cuatro meses antes de desaparecer, dice que va a por él: “Voy a por ti. Que estás muy gordo ya para matarte”. Rodríguez fue detenido el sábado pasado y confesó ante la Guardia Civil el domingo.

Eso de “voy a por ti” era la respuesta, rifle al hombro, del miembro del clan local a una pregunta formulada por el holandés: “¿Vas por el jabalí?”. En aquel momento la contestación podía parecer una broma, un juego de palabras en referencia a los animales que mataban, pero Verfondern no lo veía así. Intuía su final.

Y en aquellos meses viajó a su país para contratar un seguro de vida. Y pidió a su esposa, Margo Pool, que si moría no lo repatriase: “Cuando me muera me pones en la tierra con un letrero que diga ‘Aquí crece Martin, el holandés de Petín”.

El labrador extranjero creó su propia teoría sobre aquella “peligrosa” convivencia: lo llamaba “terrorismo rural”. No salía jamás de su casa —situada en el extremo opuesto del pueblo a la de sus enemigos— sin una cámara o el teléfono móvil presto a disparar. Así, a lo largo de sus últimos años, sobre todo desde febrero de 2009 hasta que se esfumó sin dejar rastro aparente en 2010, fue haciendo acopio de un archivo gráfico que en parte fue a parar al juzgado y en parte a algunos medios de comunicación.

 En la recopilación que facilitó a este periódico en septiembre de 2009 constan fotografías de las personas que, según comentaba entonces, podrían acabar siendo sus verdugos. También hay imágenes de animales enfermos, agonizantes o muertos. Y otros ya en cadáver descarnado, abandonados en el cauce del otrora riachuelo cristalino junto a un cúmulo de inmundicia, electrodomésticos rotos y un coche oxidado.

 Empeñado en llevar a cabo su proyecto vital en medio de una naturaleza casi virgen, Verfondern clamaba contra el atraso de la aldea y denunciaba que sus vecinos se lo hacían “imposible” practicando el “maltrato animal” y tirando basura al río.

Después de llegar hasta Argentina buscando un lugar “libre de energía nuclear”, Verfondern y Pool compraron una casa en Santoalla hace ahora 17 años. Al principio comían en la mesa de los Rodríguez, compartían aperos, usaban su agua caliente y su teléfono. Pero la disputa por los montes comunales, casi 500 hectáreas de pinar con mucha madera que vender, despertó el odio mutuo.

 El alcalde de Petín, Miguel Bautista, comentaba poco antes de la desaparición de Verfondern que para colmo habían pasado por el pueblo “las eólicas” y les habían “calentado la cabeza a todos”, con la promesa de 6.000 euros por cada uno de los 25 molinos que querían instalar. “Espero que la sangre no llegue al río”, concluía sin saber lo que se avecinaba.

Juan Carlos Rodríguez, de 47 años, y su hermano Julio, de 51, fueron arrestados el fin de semana pasado. El primero en confesar fue el menor, con una minusvalía del 70%. El mayor se resistió, pero el lunes admitió su colaboración. La juez le prohíbe acercarse a Santoalla y a la viuda de Verfondern.

 Reconocieron que el extranjero murió de un disparo, y la Guardia Civil halló en un registro la pistola que los agentes suponen el arma homicida. Además de la muerte que se le imputa al primero, el instituto armado también habla de un posible delito de tenencia ilícita de armas. No obstante, los Rodríguez eran cazadores y usaban escopetas.

Verfondern grabó también sabotajes a sus cosechas; la muerte lenta de una oveja abandonada a su suerte; o el supuesto garrotazo del patriarca del clan, ofendido por su continuo trasiego cámara en ristre.

Y mandó instantáneas del golpe que recibió en la nuca “con el mango de un hacha” y del dedo que, según denunció en el juzgado, le rompió a palos el octogenario padre de Carlos y Julio. “Ya me han atacado con el hacha, con palos, con hoces...”, resumía, “y cualquier día Carlos me dispara: tiene el cerebro de un niño de 10 años. Cuando se pone nervioso grita ‘¡voy a coger el rifle!”.          (   El País, Santiago 3 DIC 2014