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21/4/23

La parábola de Lucas Pérez, el chico de barrio que volvió a casa para rescatar al Dépor El jugador tomó una decisión insólita: dejar a su club de Primera, el Cádiz, para jugar dos categorías por debajo con el equipo de su ciudad. Renunció a un contrato millonario. Su reto es devolverlo a la máxima categoría. A Coruña lo idolatra

 "Un joven de poco más de 30 años acerca la cara al portal de un edificio de viviendas de barrio. Viste ropa deportiva y lleva un corte de pelo degradado con la raya al lado a machete. Con las manos en las sienes hace pantalla para tratar de ver el interior. Al momento llega una señora, llave en mano y, sin mediar saludo, le habla como si fuera familia: “Lucas, bienvenido a casa otra vez, nuestra casa. Estamos felices, sobre todo los que te conocemos desde que eras un bebé”. Lucas Pérez incorpora la mirada como un niño al que han sorprendido espiando a sus vecinos, ajeno al hecho de que, probablemente, hoy es el hombre más famoso de la ciudad. Sonríe y sigue paseando por el lugar donde creció. “Qué recuerdos”, casi suspira mientras le echa otro vistazo al portal. “Aquí no nos dejaban jugar con el balón. Enseguida bajaba algún vecino y nos regañaba”.

Monelos es un barrio obrero de A Coruña cuya espina dorsal está formada por una hilera de ocho edificios de 14 pisos conocidos como las torres de los marineros. Allí se criaron miles de niños nacidos en los años setenta y ochenta, en un escenario prototípico de la época: bloques simétricos, enjambres de chavales jugando al fútbol en soportales y descampados y una animada vida social en los bares y comercios. Y, también, mucha droga en el ambiente: “Esta plaza antes tenía efectos especiales”, dice Pérez al pasar por un lugar hoy totalmente cambiado. Un supermercado con aparcamiento, un centro cívico y una biblioteca ocupan el solar donde aparcaba el bus de la metadona, que él recuerda ver mientras jugaba con sus amigos. En vez de un pedregal con charcos eternos, hoy se levanta un parque infantil con suelo de goma. Por ningún lado asoman porterías improvisadas ni hordas de niños corriendo tras un balón, tal y como sucedía en aquellos tempranos años noventa. El que más corría, el que más gritaba, el que más quería la pelota era el mismo que hoy va saludando aquí y allá. O Neno de Monelos.

Lucas Pérez (A Coruña, 34 años) soñaba con ser futbolista del equipo de su ciudad, el de la camiseta de rayas blancas y azules que solía llevar desde pequeño. El Deportivo, un equipo con larga y sinuosa historia, vivía por entonces su época de mayor gloria: era un habitual de las competiciones europeas; en 1995 ganó su primera Copa del Rey y su primera Supercopa, y en el año 2000 se convirtió en el noveno campeón de Liga —y último hasta hoy— de la historia. Aquellos hitos los vivió el Lucas niño en la grada de Riazor, el estadio del Dépor. Como si fuera una película, una parábola de superación, él logró saltar de la tribuna al césped. Elegido entre un millón, el chaval de Monelos alcanzó el fútbol profesional. Aunque para ello tuvo que vencer las tribulaciones familiares no elegidas, y luego conocer los caminos más oscuros del deporte, pistolas y sobres de dinero mediante (el presidente del club ucranio donde jugó negoció su salario con un arma sobre la mesa y pagaba a sus jugadores con fajos de billetes. Si consideraba que rendían menos, el fajo adelgazaba).

Deslumbró y jugó la Champions con un grande de la Liga inglesa —el Arsenal—, ganó títulos, regresó a España —pasó por el Alavés, el Elche y el Cádiz— y, con 34 años, goleando en la élite y en plena forma, tomó el pasado mes de diciembre una decisión impensable: dejó todo, ofertas millonarias y contratos de Primera División, para irse a cumplir un sueño: volver al Deportivo. Pero no a aquel que le cautivó en la edad de enamorar a un niño futbolero, sino a un Dépor que transita por el barro de la Primera Federación (tercera categoría) desde hace tres temporadas, resacoso de aquellos éxitos de hace dos décadas. “Yo no vengo a la tercera división, vengo al Deportivo”, dijo en su presentación a principios de enero. “Y vengo a ayudar”, repite a sus vecinos más de 20 años después, convertido en ídolo, en las calles del barrio donde creció.

“No podía imaginar que iba a tener tanta repercusión”. La noticia del regreso a casa de Lucas Pérez desató una tormenta de atención futbolística global, amplificada por una coincidencia suma en un deporte convertido hace tiempo en un negocio sin corazón: ocurrió la misma semana en que un club de Arabia Saudí anunció la llegada de Cristiano Ronaldo por una ficha de 200 millones de euros al año. El Deportivo tiene todavía una fila de medios internacionales aguardando para entrevistar al protagonista del cuento contra el fútbol moderno. Hace dos meses, Pérez estaba marcando goles en Primera División. Su equipo, el Cádiz, le acercó una oferta de ampliación de contrato por dos millones de euros netos. Pero el jugador lo rechazó y se reunió con el presidente del club gaditano, Manuel Vizcaíno, para hacerle un inusual ruego: “Deja que me vaya al Deportivo”. La petición llevaba implícito renunciar a (mucho) dinero, bajar dos categorías y, encima, poner medio millón del propio bolsillo del futbolista para ayudar a costear un fichaje inalcanzable para un equipo de Primera Federación, por más que tenga trofeos en las vitrinas y esté respaldado por Abanca, propietario actual del club coruñés. Vizcaíno terminó aceptando. “¿Cómo le voy a decir que no a un jugador que me pide volver a casa?”, explicaría después. Los propios hinchas del Cádiz, encantados con el rendimiento del delantero coruñés, comprendieron su deseo.

No lo entendía tanto su círculo más próximo: “¿Cómo vas a irte de Primera?”, le decía su representante e íntimo amigo, Loren, que trató de que entrara en razón: “Todavía te quedan unos años en Primera. Ya tendrás tiempo de ir al Dépor”. No hubo manera. “Aposté por volver”, cuenta Pérez sacando palabras de las entrañas. “Yo, cuando salgo de Riazor, me voy a mi sofá, pero al sofá de verdad de mi casa. En los otros lugares donde jugué me iba a un sofá, sí, pero no en el que yo crecí. Donde uno se cría es especial para toda la vida, es una esencia única”.

En realidad llevaba años queriendo regresar a casa. Hasta jugando en el Arsenal de Londres, la cumbre de su carrera, martilleaba la cabeza de su representante. “Se quería ir, se quería ir. Mi Dépor, mi Dépor, mi Dépor… Todo el día con eso. Siempre mi Dépor”, cuenta Loren. El 30 de diciembre jugó su último partido con el Cádiz. Y marcó el gol del empate. Al salir del vestuario se encontró al presidente. No se dijeron nada, solo se dieron un abrazo. Horas después estaba en A Coruña y era presentado a lo grande. Unas 7.000 personas —algunos dicen que varios miles más— se reunieron un día entre semana para recibir a O Neno de Monelos. Parecía una de aquellas puestas de largo de los jugadores brasileños que traía el histórico presidente Augusto César Lendoiro a Riazor y que también vivió in situ el propio Lucas de niño, hace ya un cuarto de siglo.

“Nos sentábamos a comer pipas y soñar con ser futbolistas”, dice Pérez mientras sigue paseando por Monelos. “Esa imagen, y no el dinero, era la que me rondaba para decidir si dejaba Primera División o no. Recordar aquello y pensar: ¿qué haría aquel niño de ocho años que soñaba con llegar a Primera si ahora le digo que lo abandona porque quiere? Tú hablas contigo mismo y te preguntas: querías marcarle goles al Barça y al Madrid, estar en la Selección. ¿Se consigue estando en Primera RFEF? No, claro que no, por eso me hizo dudar. Pero yo he renunciado a todo eso para estar en paz conmigo mismo. ¿Cuál es mi último reto? El de todos los deportivistas, pero en mi caso jugando en el campo: ascender y volver. La vida del futbolista es muy corta y todos queremos que nos recuerden. Si yo al retirarme consigo que el Dépor vuelva a Primera y que los niños en la calle me reconozcan por eso, entonces mi decisión ya queda ahí para toda la vida”.

Lucas acaba de ser padre por primera vez. Y cada mención hacia su hijo recién nacido remite a su propia vida, en la que hubo de tomar decisiones sin referencias adultas desde crío. Todo es comparación involuntaria con aquello que no tuvo. “Yo me crie con mis abuelos por parte de padre, que trabajaba en alta mar, embarcado en el Gran Sol. Por parte materna la familia era muy desestructurada, por culpa de la droga. Mi madre era drogadicta y me abandonó. Nunca más supe de ella. Solo se me presentó una vez, cuando yo ya estaba en el Dépor, pero para mí mi madre realmente fue mi abuela. Ella murió, como mi abuelo, cuando yo era adolescente”, cuenta Pérez, sin poder evitar que asomen las lágrimas.

Para entonces, aquel chaval con la competitividad en la mirada ya había iniciado un camino de trotamundos con el fútbol, cocinando a golpes una carrera fructífera y trufada de quiebres, igual que su propio fútbol. Aquel delantero zurdo y eléctrico que despuntaba en el club Victoria, un clásico coruñés, y más tarde en los juveniles del Arteixo, no llamó, sin embargo, la atención de las categorías inferiores del Dépor, más proclive a pagar talento foráneo. En cambio, apareció el Alavés y lo reclutó para su cantera. Tardó unos meses en volver a Galicia. Un regreso duro: Pérez todavía era un juvenil, pero sin casa, familia ni red de apoyo, tuvo que tomar decisiones de adulto. La familia de su amigo Iván lo acogió y le dio un techo mientras se ganaba el pan en el modesto club Órdenes. Entrenaba, peleaba y marcaba goles en campos embarrados sin plan B. Apostaba todo a un objetivo: convertirse en futbolista profesional. “Mentalidad de tiburón”, lo define el propio Lucas. Iván y él están unidos desde entonces como hermanos.

La grieta de oportunidad la abrió el Atlético de Madrid B. Se coló Pérez por ella y de ahí saltó al Rayo Vallecano un año después, donde llegó a debutar en el primer equipo. Uno de sus compañeros en aquella alineación era Lorenzo Román, Loren, ahora su representante, socio, amigo y padrino de su hijo. Su otro hermano. Y cuando Pérez, un chico que se quedó sin nadie antes de la mayoría de edad, dice “hermano” es que es hermano. “Yo, o todo o nada. Para lo bueno y para lo malo soy así”, afirma. Loren sonríe y asiente. Pérez es todo pasión alimentada por una vida de pelea. Hasta su forma de hablar, de expresarse, es intensa, clara, cargada de sentimiento. Huye de frases hechas y clichés de futbolista. Se emociona, ríe, gesticula y envuelve todo con un inconfundible acento coruñés, seña de identidad de los barrios de la ciudad que, como un cordón umbilical, lo ha mantenido siempre conectado a su origen.

Los impagos de los Ruiz-Mateos en el Rayo Vallecano lo empujaron a Ucrania, su primera oportunidad como profesional, en 2011. Un obrero del fútbol. Allí vivió situaciones surrealistas. “El presidente nos llamaba a su despacho cada mes para pagarnos con un sobre lleno de billetes. Si consideraba que no habías jugado bien, te quitaba un 30%. Todo con una pistola encima de la mesa. Había meses que no nos pagaba. Yo un día me planté y no fui a entrenar. Curiosamente, luego me llamó de madrugada y me dijo que fuera a su despacho a cobrar todo lo que me debía. Si no lo hacía, no vería más el dinero”.

Pese a todo, en el entorno ríspido del Karpaty Lviv, Pérez descolló y se consolidó como futbolista. Por eso lo vino a buscar el presidente del PAOK de Salónica griego, y pronto se convirtió en uno de los mejores jugadores de la Liga de ese país. En una secuencia recurrente en su carrera, solamente lo pudieron retener un año porque vino a llamar a la puerta el club de su vida: el Dépor, por entonces en Primera División. Como un prólogo de lo que luego vendría, Pérez renunció a casi un millón de euros que le ofrecía el PAOK para vestirse, por primera vez, la blanquiazul a cambio de 150.000 euros por año. En A Coruña jugó dos temporadas a gran altura y mantuvo al equipo en la élite, lo que lo llevó a fichar por el Arsenal, uno de los grandes de la Premier League, donde ganó dos títulos. “Viví la salvación del Dépor y gané la FA Cup [el trofeo con más tradición de Inglaterra], y te puedo asegurar que fue mucho mejor la salvación del Dépor”, rememora con gesto serio, dejando claro que no es una exageración. Loren, su representante, completa: “Ni entonces quería irse de aquí. Llegó el Arsenal y me decía: ‘Arregla la forma de que pueda renovar, no quiero irme de Coruña’. Pero en Londres ponían 20 millones. Fue el Dépor el que le dijo que necesitaban venderlo”.

Regresó una temporada más tarde a Riazor, la 2017-2018, la más amarga de su carrera en su propia casa, al descender a Segunda. Se marchó al West Ham, luego al Alavés y al Elche, y finalmente al Cádiz, pero nunca se llegó a ir del todo: “Desde mi marcha del Alavés yo quería ya volver a casa, pero no se puede dar y sigo. Pero las ganas ya estaban ahí”. Finalmente, lo hizo con 34 años y sin haber jugado como profesional en otra categoría que no fuera Primera División. Ahora bajaba dos escalones por sentimiento. Pérez recuerda cómo el presidente del Cádiz lo picó en su orgullo hasta el último minuto. “Vuelve si tienes huevos’, me dijo mientras conducía hacia A Coruña. Me quería pegar en el ego, me conoce bien”.

“Lucas ha sido siempre así, un volcán de sentimiento que lo hace tomar decisiones controvertidas”, cuenta Loren. Lucas y Loren tienen hoy una agencia de representación y forman parte de la organización de la Kings League, junto a Piqué e Ibai Llanos, además de otros negocios. Uno de ellos, en el centro de A Coruña, es una tienda de zapatillas que acaba de abrir con su amigo Iván. Lucas ha sabido diversificar lo que el fútbol le ha dado. No ha dejado pasar ni una de las oportunidades con las que soñaba de niño, cuando ni siquiera tenía un techo. Sus códigos de lealtad son los de la calle, firmes y empapados en emoción. Los códigos de alguien que definió los momentos más importantes de su vida en soledad y ahora se rodea de amigos.

“Vamos, Peke, que te tiemblan los brazos”. La competitividad que desprende la voz desgarrada de Pérez flota incluso en escenas de ocio y amistad como esta: un torneo informal de tiros libres en la canasta de su tienda de zapatillas. Participan algunos jóvenes de la ciudad, seis jugadores de la plantilla del Dépor (entre ellos el canterano Yeremay Hernández, Peke, que se afana en encestar) y el dueño de la tienda, que no es otro que Lucas Pérez. Su voz retumba entre la música del DJ y las risas de los chavales. Hace unas semanas que llegó al vestuario y parece tener el mando ya de la caseta. “Es un líder en todo”, dice un empleado del club. “Desde que llegó hemos visto cómo los más jóvenes del equipo miran hacia él como un referente. Algunos han cambiado hábitos: ahora van al gimnasio después de los entrenamientos cuando antes no lo pisaban”.

Su magnetismo trasciende el vestuario, como se puede comprobar en la calle. A Coruña es un lugar de paseo, y el futbolista, que vive en el punto más céntrico de la ciudad, es asaltado por jóvenes y mayores allá donde va, sea el paseo Marítimo, la Marina o la plaza de Pontevedra, donde se ubica la sede del club. “El primer partido lo tuvimos que sacar del campo escondido en otro coche, como un beatle, porque no había manera de poder salir de la gente que había”, comenta entre risas otro empleado. Es el Dépor un caso atípico: después de tres años en la tercera categoría jugando contra el Guijuelo, el Calahorra o el San Fernando, cuenta con casi 25.000 socios —el 10% de la población de la ciudad— y un promedio de edad cada vez más bajo en la hinchada, que a cada partido coloca a Riazor entre los estadios con más asistencia de todas las divisiones españolas.

La llegada de Pérez ha revolucionado a los más jóvenes, por más que sorprenda al propio futbolista: “Vienen niños que ni siquiera me vieron jugar a mí en la etapa anterior, es increíble”. Así se comprueba en cuanto sale del coche antes del partido contra el Mérida, el quinto desde su llegada. Esta vez no aumentará su cuenta de goles, en ese momento cuatro, pero el Dépor vencerá y se colocará en tercera posición, a dos puntos del liderato que otorga el ascenso directo a Segunda. El partido se resuelve en el último instante del descuento, gracias a un penalti que le hacen, precisamente, a Peke. Lucas agarra la pelota, pero se la cede a Quiles, el otro delantero del equipo encargado de lanzar los penaltis antes de la llegada de Lucas. Gol, festejo abrumador en las gradas y rugido de alegría de Lucas Pérez. Verlo celebrar un gol, verlo pelear una pelota o tirar un desmarque es ver su realidad vital. La vida no le regaló ni medio metro. Él tampoco piensa hacerlo mientras siga jugando. Pura competitividad.

El equipo gana y también lo hace el club. Haciendo números gordos, en la entidad creen que al terminar la temporada se habrá amortizado el dinero invertido en su fichaje (medio millón de euros pagado al Cádiz más una ficha de 150.000 euros), entre patrocinios y venta de camisetas, un bien preciado estos días en A Coruña. Ahí también se revela que el Deportivo es un club especial, con ventas superiores a muchos equipos de Primera División. Antes del partido del Mérida la plancha con el dorsal número 7 y el nombre de Pérez hace su último trabajo del día en la Deportienda: no hay más camisetas disponibles hasta que llegue el nuevo pedido de la marca que viste al equipo.

En la calle Real de A Coruña se celebra un coloquio del medio local Riazor.org a auditorio completo. La mayoría de los asistentes son niños y jóvenes. Al terminar una hora de entrevista sobre fútbol, pero también sobre streamers y videojuegos —otras pasiones de Lucas—, llega la consabida cola de fans para fotos, vídeos y abrazos: “¿Me firmas este papel, Lucas? Voy a tatuarme tu autógrafo”, le sorprende un adolescente. A lo que el futbolista contesta: “¡Pero qué haces, hombre, no te lo tatúes, que luego te arrepientes!”.

La personalidad de Pérez, que en ciertos momentos trajo polémica en A Coruña tras el descenso a Segunda División en 2018 (parte de la hinchada lo responsabilizó e incluso apareció una pintada, “Lucas Pérez, vete ya”, en su casa), cobra ahora tintes didácticos con los aficionados más jóvenes. Para quien lo conoció en épocas anteriores, el Lucas de 34 años es igual de hiperactivo que siempre, pero tiene un talante pedagógico que antes no mostraba, como si fuera un reverso del espejo en el que se refleja una vida complicada: “Cuando eres niño no eres consciente de lo que hacen los padres o los abuelos por ti, por eso me da rabia pensar en ellos”. Y vuelve a emocionarse. “El fútbol es maravilloso, para mí ha sido la universidad. Irte a los 15 años a lavarte los calzoncillos en Vitoria, o irte a Ucrania solo… Por eso hay que valorar a esa gente que trabaja en las categorías inferiores, esa burbuja que ahora protege a los chavales. Luego saldrán futbolistas o no, pero educan a la persona, eso es lo más importante”. Y vuelta al espejo: “A mi hijo le diría que sea feliz, que haga lo que considere persiguiendo lo que le guste hasta el final, porque nosotros lo vamos a apoyar. A mí el fútbol me salvó, pero es que no tenía plan B”.

Todo cuento tiene su final y el de Lucas Pérez, en su pensamiento, solo es uno: ascender con el Dépor. “Es el reto más importante de mi vida”, dice. Sería un cierre a la altura del torbellino que ha causado su vuelta, y que en Monelos es solo un eco de las noticias que cada poco llegaban de él, estuviese donde estuviese.

En su visita al barrio, poco antes de irse, se le acerca una jubilada con un carrito de la compra. Con cara de emoción, la mujer se frena a un par de metros del jugador, como quien se detiene ante una aparición.

—¡Lucas! ¿Sabes quién soy? Soy Rosa, de la torre 6.

—Ya caigo, sigues igual de guapa que siempre.

—Cariño, mete ben de goles, ¡que temos que subir a Primeira!

—Ojalá, que Dios te oiga.

Lucas se despide y se hace unas últimas fotos con niños rezagados. Camina hacia el aparcamiento que hoy ocupa el solar donde, cuando era crío, observaba la furgoneta de la metadona y corría tras la pelota. Gira una última vez la cabeza y mira el tercer piso de la torre donde creció, quién sabe si recordando a su abuela que, asomada a esa ventana, le ordenaba que dejara el balón y subiera a cenar. Un vecino vocifera desde el otro lado de la plaza: “¡Lucas!”. Parece que no le salen las palabras, así que lo condensa todo en otro grito: “¡Gracias!”."                      (Nacho Carretero , Arturo Lezcano , El País, 09/04/23)

11/10/17

U.D. Ourense: un club que si é popular

"Unha débeda de máis de 2,5 millóns de euros, pagos pendentes de máis de 160.000 euros con antigos xogadores, e o incumprimento do concurso de acredores de 2006 condenaron un equipo que botou 13 tempadas en Segunda e que a piques estivo de eliminar ao FC Barcelona da Copa do Rei no 2000. Méritos xordos.

De entre as tebras xurdiu unha alternativa para non deixar sen fútbol o ourensanismo. A Plataforma SOS Ourense, que convocara manifestacións e presentara alternativas para evitar a desaparición, inscribía o 4 de xullo de 2014 a Unión Deportiva Ourense. A finais dese verán comezaba a competir. 

Facíao no chanzo máis baixo do fútbol galego, a Terceira Autonómica, cando ata hai uns meses a cidade vivía fútbol de Segunda B. A UD Ourense vén de acadar o seu obxectivo fundamental, chegar a Preferente, logo de tres ascensos consecutivos. Con máis de 1.300 socios e 14 equipos de fútbol base é xa o equipo máis representativo da cidade. Éo cun modelo sostible, onde o afeccionado é o gobernante.

“Aínda hai hoxe xente que agarda un tropezo para poder dicirche: ‘Xa cho dicía eu’, pero vano ter difícil”. “Xa non hai ningunha dúbida sobre que o Ourense somos nós, esa fase está máis que superada”. “Imposible facer unha valoración máis positiva destes tres anos, sobre todo co nivel de implicación da xente”.

 Estes tres testemuños correspóndense con tres piares do proxecto: Diego Soto, xogador e un dos capitáns da UD Ourense; Rubén Conde, secretario e directivo; e Modesto García, presidente da entidade, “cargos puramente testemuñais, pois non vemos un duro polo que facemos. Nin queremos que sexa así”, indican.

Fútbol popular: un raio que non cesa

O equipo ourensán é unha pola máis dun movemento coñecido como fútbol popular, baseado no principio de ‘un socio, un voto’, cunha ducia de exemplos. O decano estatal, o Atlético Club de Socios (2007), nace froito do descontento de seareiros do Atlético de Madrid coa xestión da familia Gil.
 Toman o exemplo do AFC Wimbledon (2002), e do FC United of Manchester (2005), os primeiros en explorar esta vía. Dentro deste grupo tamén hai exemplos coma os da UDO, nacidos trala desaparición dun histórico. É o caso de Unionistas de Salamanca (2013), fundado en homenaxe á UD Salamanca, ou a SD Logroñés (2009), fundada por afeccionados do CD Logroñés. Neste último caso, o equipo compite coa UD Logroñés, unha SAD fundada paralelamente. Algo semellante ocorre co Xerez Deportivo FC (2013), que aínda convive co Xerez CD SAD. 
Despois está o CAP Ciudad de Murcia (2010), erixido por seguidores do Ciudad de Murcia; o FC Tarraco (2012), sen ningunha filiación por outro club; o Avilés Stadium (2015), nacido da crise do Real Avilés; o CFP Orihuela Deportiva (2016); e a UD Aspense (2016), que ocupa o baleiro deixado polo club que desapareceu en 1998. Xunto con este crecemento paulatino, o fútbol popular fixo fronte este ano a unha baixa, a do CD Palencia Balompie, nacido en 2011 como continuador do CF Palencia, pero que co ascenso a Segunda División caeu en mans dun grupo inversor.

 O último desatino ocorreu o 23 de novembro. O novo presidente Javier Rodríguez e os seus achegados aprobaban a conversión en SAD (sociedade anónima deportiva) do club popular, algo que os propios estatutos prohibían. O cambio quedou anulado pola xustiza en decembro e agora os socios loitan por recuperar o seu mando.

Nada sen eles, os ex do CD Ourense

Un dos factores diferenciais da UD Ourense foi contar dende o comezo co apoio dos ex xogadores do CD Ourense. “Algún levaba catro ou cinco anos sen xogar e volveu ao campo por este equipo, porque o sentía seu”, lembra o presidente, que pon os exemplos de Victor Arias, Adolfo Domínguez Cendón ou Ramón Dacosta.
 Pero se os tres protagonistas deste relato teñen que dar un nome este é o de Antonio Dacosta, o adestrador das tres primeiras tempadas da historia da UD Ourense, ex do Deportivo, que chegara a xogar co Mallorca en Primeira, “e que cubriu a xogadores como Maradona”. 
Antonio Dacosta foi unha das persoas que sentiu máis fondo a perda do CD Ourense: “A débeda do club era asumible, había solucións… Pero hai que mirar ao feito e ao futuro. O fútbol non é so negocio e traer e levar xogadores dun lado para outro. Por iso eu me involucrei neste proxecto dende o inicio. E a experiencia ten sido moi positiva, malia que as veces sentísemos en carne propia como nos negaban axudas, campos…”. 

Logo de ascender a Preferente, Dacosta pode abandonar un club “imposible de entender sen este apelido ou o de Currás”, segundo lembra Rubén Conde. Tito Currás é central da UD Ourense e Fernando, xogador do CD Ourense dos 90 e 2000, coordina a base. Cristian Dacosta é un dos artilleiros unionistas.

O último en unirse foi Rubén Durán, que pasou de xogar en Segunda B co Marbella a Primeira Autonómica. “Isto é algo que só pode pasar nun club como a UD Ourense. Que alguén teña ofertas profesionais, pero que escolla volver á casa. O que pensou que viña aquí a marcar goles e facer florituras trabucouse.

 Foi todo esforzo”, sinala Soto, quen indica que neste equipo as personalidades dilúense. “Eu mesmo decidín dar un paso ao lado esta tempada. Foi frustrante porque vía que aínda que quixese, non podía achegar no campo. Pero o equipo está por riba de calquera xogador”, sinala o capitán, que o ano que vén comezará a adestrar na base da UDO, logo de anunciar a súa retirada.

A dura tarefa de tecer o músculo futuro

Na canteira é onde o equipo das Burgas quere dar un paso adiante. Na actualidade conta con 14 conxuntos, pero quédalles moito por facer: “Teñen que ser o músculo do futuro, pero agora mesmo están lonxe de selo. Só van os primeiros pasos”, asevera Soto, que sabe que “non hai cousa que máis lle guste a un seareiro que ter xogadores cos que se vexa representado no campo”.

O aluguer dos terreos para que os mozos xoguen é unha das partidas máis custosas para a UDO. “Na cidade hai unha enorme escaseza de campos, tendo en conta o número de licenzas. Nós alugamos os Salesianos (o ano pasado pagaron 12.680 euros ao colexio ourensán), e aproveitamos os poucos campos públicos que nos ceden”, explica o presidente. Este destaca o papel que esta tempada xogaron algúns canteiráns, coma o central Diego Pousa.

 A todos estes xogadores hai que sumarlles os dous equipos do Jinshajiang Road Primary School, un colexio de Shangai que leva as cores e viste a camiseta unionista por iniciativa do seu adestrador, o tamén ex ourensanista Cote Iglesias.

Malia as lesións, a UDO asegurou a segunda praza —só se viu superado polo Bande—, a falta de varias xornadas para o remate da Primera Autonómica, o que lles permite o cambio de categoría. Fíxoo diante de case 1.500 seareiros no Couto, “o templo do fútbol ourensán”. Os xogadores ergueron as bandeiras do extinto equipo e soaron os acordes do seu himno nun estadio polo que loitaron. O primeiro partido no que fora o campo do CD Ourense foi o 21 de decembro de 2014 (comezaron nos Remedios), diante do Palmés. “Había 2.000 persoas nun partido de Terceira Autonómica. Foi incrible”, rememora Modesto García.

O fútbol estatal como meta fundamental

Tamén no Couto xoga o Ourense CF SAD, nome que adoptou o Ponte Ourense CF SAD logo de confirmarse a desaparición dos vermellos, nun intento por ocupar o espazo que este deixaba. “En todas as películas ten que haber un malo. En parte estámoslle agradecidos”, sinala o máximo dirixente da UDO. 

O equipo do barrio da Ponte militou esta campaña en Preferente, cunha asistencia aos seus partidos que apenas sobrepasa o cento de afeccionados, nun estadio con capacidade para 6.000. Nos seus comezos, o equipo popular recibiu unha oferta da SAD ourensá. Tamén houbo contactos para fusionarse co Covadonga, o decano da cidade, que daquela militaba en Primeira Rexional. Con isto buscábase que puidera partir dunha categoría máis alta. “Con perspectiva, ir pola nosa conta foi o mellor que puidemos facer”, aclara o secretario.
 
“Unha das grandes virtudes deste club é a súa independencia. Para ben ou para mal, o que vaia pasar é cousa dos seus socios”, defende Soto. En xuño de 2016 a UD Ourense aprobou un presuposto —cumprirán tres anos de superavit—, do que tan só o 15% se correspondía con subvencións, cando a SAD chegara a depender case un 70% destas axudas.

 “E aínda temos sen cobrar as de 2016. O idóneo é que a porcentaxe fose do 30%, por respeto á masa social que representamos. Xa que deixaron morrer o CD Ourense, que polo menos agora non afoguen a UDO”, argumenta Modesto García. Co salto a Preferente, as obrigas do ascenso directo reláxanse. “Agora o reto é ser o equipo da provincia para chegar a Terceira o antes posible e devolver á cidade a onde, como mínimo, debe estar: unha categoría estatal”, sentencian.


ELAS TAMÉN XOGAN E GAÑAN
O seareiro da UD Ourense ten que multiplicarse. Aos partidos do conxunto masculino engadiu á axenda, dende a temporada 2015/2016, os do equipo feminino. A UDO Féminas arrancou en Segunda Autonómica para que as rapazas da cidade e da provincia puideran xogar a fútbol once, logo da desaparición do veciño UD Barbadás. Helena Ferreiro foi unha das compoñentes daquel conxunto ao que, igual que o CD Ourense, deixaron morrer. 

Agora exerce de centrocampista dun dos núcleos punteiros da Primeira División galega que, ás ordes de Rubén García, acadou o ascenso no seu primeiro ano de vida. “Na UDO todo o que vexo é ilusión. A do masculino transmítese a nós. E pola actitude do presidente, dos directivos e dos socios, somos conscientes de que hai unha aposta decidida por nós. Iso dános confianza”, comenta a xogadora. 

O club ourensán impulsou o ano pasado a creación da primeira Copa Diputación contra o Rúa no Couto, que se adxudicaron as locais. Dentro do fútbol popular, a SD Logroñés, o CAP Ciudad de Murcia e o FC Tarraco tamén teñen seccións femininas na súa estrutura. 

“É unha marabilla velas xogar. É un orgullo que leven o noso nome por toda Galiza, e aínda máis, sendo o único equipo feminino da cidade”, sostén o presidente da UDO Modesto García, nun xuízo tamén compartido polo directivo e secretario Rubén Conde. Este lembra que as rapazas sofren tamén o calvario dos campos e teñen que xogar en Velle, a varios quilómetros do centro de Ourense, o que dificulta o desprazamento dos socios. 

Helena comezou con 13 anos nos infantís do Celanova, que daquela eran mixtos. Tito Currás, capitán da UD Ourense, foi o seu primeiro adestrador. Pero como tantas outras cativas, tivo que mudar o seu rumbo. “A partir dos 14, as nenas non poden xogar con eles. Ou ben pasan a estar coas maiores ou optan, como moitas de nós, polo fútbol sala”, lembra quen foi xogadora do Cidade das Burgas, nunha cidade na que o futsal ten a supremacía. Xa con 18 consegue facerse un oco no fútbol once no Barbadás, até a disolución deste: “Non nos tiñan en conta na súa estrutura”. 

A UDO Féminas non é allea ao brusco salto de idade. Helena fala do caso das súas compañeiras Zaira (13 anos), Aída ou Andrea (ámbalas dúas con 15). Malia a súa corta idade, teñen gañado minutos e experiencia nunha tempada marcada polas lesións na que, como lembra Rubén Conde, algunha xogadora de campo tivo que pórse na portería. Fronte a estas dificultades, unha segunda volta de ensoño na que as unionistas presentaron a súa candidatura para o ascenso. 

“Era o noso obxectivo primeiro. Xa por nós, porque subir conleva unha boa subvención que faría máis doadas as cousas. Pero a metade de tempada tivemos que refalalo. E dende aquilo, todo foi a mellor, conta unha futbolista que ve un feixe de deberes pendentes aínda neste deporte: “Moitas compañeiras doutros equipos tiveron que marchar. E non a Estados Unidos ou Alemaña, a Portugal… Non se pode entender que nin en Primeira sexan profesionais co nivel que hai”.             (El Salto, 16/05/17)

5/8/15

Benposta: a democracia dos nenos no franquismo

Carpa do circo e a pirámide dos arlequíns. Dous elementos distintivos de Benposta

"Imaxinade por un momento que volvedes a ser nenos e entrades nunha cidade onde podedes ser alcalde ou trapecista e tedes a posibilidade de viaxar por todo o mundo. Este soño, quizais un dos  máis recorrentes de calquera neno, foi unha das ideas que cimentou Benposta.

No punto álxido do franquismo, o seminarista Jesús Silva xunto con 15 rapaces pensaron que se podía construír un mundo distinto, onde os nenos fosen o centro da sociedade. Este ambicioso proxecto acabou por chamarse ‘A  Ciudade dos Muchachos’ e situouse nunha finca co curioso nome de Benposta, en Seixalvo (Ourense).

Benposta levou ao extremo o concepto de crear un mundo diferente ata tal punto que o recinto contaba cunha aduana, unha moeda oficial -a coroa- e un pasaporte propio. O sentimento de pertenza que se xenera neste lugar é tan excepcional que os habitantes da Cidade dos Muchachos non se consideran ourensáns, senón benposteños.

José Martínez Villar, presidente da Fundación Benposta, chegou á Cidade dos Muchachos con tan só sete anos. Asegura que cando entrou en Benposta e viu “a carpa e a xente ensaiando no circo”, causoulle “tanta impresión que xa non quixen marchar de aquí”. Naquela época, o Padre Silva sorteaba becas de formación para a escola do circo e Villar, a pesares da oposición da súa nai, conseguiu apuntarse e así entrar en Benposta.

 A Cidade dos Muchachos foi pioneira en moitas cousas, pero especialmente en dúas: foi a única democracia española durante o franquismo e tamén foi o lugar onde xermolou o primeiro circo formado exclusivamente por nenos. O  sistema pedagóxico  e organizativo que se empregaba en Benposta foi obxecto de estudo en distintas universidades por ser considerado un modelo educativo diferente e innovador.  

Deste xeito, en Benposta escápase dunha educación autoritaria e establécese unha relación de diálogo entre profesor e alumno, cun método no que tampouco se usaban libros de texto. Ademais, cada neno recibía unha asignación mensual por asistir a clase. Esta era unha forma de compensar o esforzo e a participación dos alumnos. Villar cre que na Cidade dos Muchachos se ensinaba a pensar e a “descubrir que o mundo era moito máis complexo do que parece“. 

 Os profesores trataban de espertar o espírito crítico no alumnado e avogaban por unha mentalidade aberta á realidade social e política do momento. Segundo Villar, o Padre Silva era un claro exemplo desta metodoloxía porque “todos os libros que estaban prohibidos na época, en Benposta podíanse ler”.

En Benposta, ademais de asistir ás clases, os nenos tamén vivían alí e encargábanse do bo funcionamento da cidade participando na limpeza e no mantemento das instalacións. A cidade estaba rexida por un sistema democrático e o alcalde era elixido mediante eleccións. Había un alcalde por cada un dos grupos que formaban Benposta: as aldeas infantís, o pobo xove e os adultos.  

Realizábanse campañas electorais co fin de promover unha ou outra candidatura. Decidíase todo nas asembleas e nas xuntas de goberno formadas polos nenos e adolescentes benposteños.

Aos primeiros 15 rapaces que formaron Benposta foron uníndose cada vez máis e máis nenos. Miles de mozos pasaron pola Cidade dos Muchachos e para soster esta infraestrutura tiveron que idear unha forma eficaz de financiamento. Ao Padre Silva, que proviña dunha estirpe circense, ocorréuselle unha boa maneira de costear o seu soño: crear un circo.

En Benposta dábase moita importancia a construír todo coas mans: fabricaban as casas onde durmían e os talleres onde aprendían un oficio. Villar define a filosofía de Benposta coma unha forma de  “aprender co corpo, aprender coa mente, aprender cos demais e aprender coas mans“. Co circo ocorreu exactamente o mesmo e todos os seus aparatos foron creados polos propios benposteños.

Como o Padre Silva coñecía o mundo do circo, tratou de contratar aos mellores profesores para formar a súa propia compañía circense. Algúns deles eran figuras recoñecidas internacionalmente como Mesié Augusto Gressi.  Despois dun tempo formando aos  artistas, o Padre Silva conseguiu materializar o seu soño nun espectáculo circense moderno con números innovadores e acrobacias complexas. 

O circo debutou na Praza de Cataluña de Barcelona no ano 1966, e o espectáculo resultou ser un éxito tanto de público como de crítica.  Despois dunha xira por España, saíron do país e a prensa fíxose eco do bo facer na pista dos Muchachos. Acapararon a atención da prensa de todo o mundo e ocuparon portadas de revistas tan importantes como a ‘Paris Match’.

Esta popularidade brindoulles a oportunidade de viaxar por todo o mundo e de coñecer a moitas personalidades, como a Raíña Fabiola de Bélxica, Alain Delon ou Dalí.  “Dalí aparecía dando  dous golpes sonoros co bastón. Despois, presentábase dicindo: son Dalí”, conta Tony Martínez, benposteño e membro da Fundación Benposta. Ao artista gustáballe tanto o espectáculo que convidou a dúas das estrelas do circo á súa casa: aos pallasos Manzanita e Naranjita. 

A sorpresa dos pallasos foi enorme cando descubriron que Dalí tiña  preparado un cuarto para que actuasen nel. A habitación tiña  unha particularidade ben curiosa: estaba chea de laranxas e mazás. A relación entre Dalí e o circo ía máis aló de ser un espectador máis. O xenial pintor chegou a elaborar varios deseños dos traxes usados no circo. Pero a morte de Dalí impediu que  estes traxes se chegasen a realizar.

A Raíña Sofía e o actual Rei Felipe VI tamén eran asiduos ao circo, así como algúns presidentes como Felipe González ou Adolfo Suárez. O Padre Silva era unha persoa cun gran espírito crítico que non se deixaba impresionar por unha audiencia formada por personalidades, de tal xeito que  aproveitaba o final das actuacións para “reprender” aos políticos alí presentes.

As declaracións do Padre Silva non sempre foron ben recibidas, sobre todo polo sector máis conservador da Igrexa. Considerábano “un personaxe subversivo e crítico coa riqueza da Igrexa”, afirma Villar. Tamén tivo problemas co Vaticano, ao que tivo que render contas pola súa boa sintonía con Chávez. Nunha ocasión, o sacerdote díxolle publicamente ao presidente venezolano: “Deus está coa túa revolución. Deixa as armas porque non temen as túas armas. Témenlles ás túas ideas”.

Cando o circo estaba no seu máximo esplendor, os muchachos viaxaban en tres avións: un destinado ao transporte dos integrantes do circo e todo o persoal auxiliar (costureiras, profesores, etc), no segundo ían os aparatos do circo e todo o necesario para o transcurso das funcións, e no terceiro estaban os animais, principalmente cabalos. 

Nestas viaxes os benposteños seguían  formándose e mantiñan a estrutura asemblearia típica de Benposta. Tamén organizaban visitas culturais en cada unha das cidades que visitaban. O benposteño, Tony Martínez define esta experiencia como “o mellor agasallo que puiden recibir na miña ida. Unha experiencia única  que moi pouca xente pode disfrutar”.

O talento dos integrantes do circo era tan obvio que o resto de compañías circenses comezaron a rifarse a cada un dos muchachos. Como era de esperar, as suculentas ofertas de traballo poñían en perigo a continuidade do Circo dos Muchachos e, como consecuencia, despois das xiras internacionais moitos membros do circo xa non volvían a Benposta.

O “Circo do  Sol” foi unha das compañías circenses que se inspiraron no Circo dos Muchachos para crear o seu propio espectáculo. Un dos seus fundadores seguiu ao circo durante unha das súas xiras e tomou boa nota de todo canto observou, sobre todo fixouse na súa forma innovadora de facer circo, moito máis estética e atractiva. Interesouse tamén pola súa maneira de organizarse como grupo: o que lle afectaba a un membro afectáballes a todos, e arranxaban calquera problema como un equipo unido. Deste xeito  garantían o bo funcionamento do espectáculo.

Pero Benposta era moito máis que circo, tamén foi a sede da primeira Escola de Imaxe e Son de Galicia e ata crearon a súa televisión propia, a Televisión Benposta. Ademais, foi un lugar de reunión de moitos partidos políticos da esquerda despois da morde de Franco. Estas reunións clandestinas deron acubillo a partidos como o PSG, Partido Socialista Galego, con Beiras á cabeza e tamén ao Partido Comunista. Santiago Carrillo, que acababa de chegar do exilio, visitou Benposta. 

Neste momento, Villar era o alcalde en funcións da cidade con apenas 13 anos e tivo un pequeno desacordo co líder do Partido Comunista. Segundo Villar, Santiago Carrillo marchara ao exilio nunha época difícil onde a loita política era moi necesaria e volveu despois da morte de Franco, momento no que “a situación xa se calmara un pouco”. O discurso do rapaz convertido en alcalde sorprendeu a Carrillo pola madurez e polo seu coñecemento dos fundamentos teóricos do comunismo.

Co paso do tempo, o ideario de Benposta expandiuse polo mundo e xurdiron outras Benpostas en países como Colombia, Venezuela ou Santo Domingo. Algunhas delas seguen en activo na actualidade. Sen embargo, os problemas  da Cidade dos Muchachos comezaron a aparecer a finais da década dos noventa e sobre todo co cambio de século, primeiro foron as dificultades económicas  e despois as xudiciais. 

A gota que colmou o vaso foi o problema orixinado cuns terreos que foran propiedade de Benposta e que estaban destinados á construción de vivendas sociais, pero que a Xunta quería converter nun estadio de fútbol.  Este asunto alargouse no tempo xunto cos seus correspondentes litixios xudiciais, o que provocou o empeoramento da saúde do Padre Silva ata súa morte. O circo tampouco era a máquina ben engraxada de anos atrás e xa non producían tantos cartos. Todos os problemas acabaron co peche de Benposta no ano 2004.

Villar e Tony definen a situación actual de Benposta coma un  impasse, manteñen un discurso optimista e non queren falar da fin de Benposta. O seu maior desexo é revitalizar a institución coa apertura das instalacións á cultura, e aseguran que “calquera artista ou músico pode ensaiar ou actuar aquí”.  Tamén conceden un espazo de traballo aos autónomos que por dificultades económicas non poden afrontar o pago do alugueiro dun local. O Festival Reperkusión, un evento multidisciplinar que xunta música, teatro e circo, elixiu a Benposta como sede nas súas últimas edicións. 

 Outras iniciativas que se propoñen dende Benposta están nunha fase de  busca de financiamento como o Parque da Paz ou a Escola do Circo. O proxecto Parque da Paz presenta un lugar de encontro entre tres xeracións: avós, pais e fillos. Neste lugar levaríanse a cabo actividades nas  que puidesen participar as tres xeracións como taichí ou teatro. A Escola do Circo ten como obxectivo  a integración dos nenos con algunha discapacidade física ou mental nun espectáculo circense convencional e así aproveitar as disciplinas circenses cun fin terapéutico e de integración social.

A Cidade dos Muchachos e o seu circo conseguiron grandes fitos, descoñecidos pola maioría da xente, como por exemplo ser un dos primeiros grupos españois en actuar no Madison Square Garden de Nova York. Tamén realizaron xiras por todo o mundo e mesmo foron número un en Francia co seu disco ‘Oh-La-La’. 

A súa historia inspirou libros e graváronse películas e documentais sobre eles. Foron recoñecidos coa espada Samurai do Xapón e co Premio da Paz outorgado pola ONU. Ademais recibiron as chaves de cidades coma Berlín e Nova York. Pero todo este éxito viuse eclipsado polas polémicas que rodearon a Benposta nos últimos anos e que conseguiron levala á difícil situación actual."                    (Alba Araújo, disquecool, 04/08/2015)

3/5/11

La competición premia a aquellos que demuestren una mejor técnica, no se combate contra un rival sino... para hacer una demostración de condiciones


Participantes en el torneo que se celebra en el Coliseum de A Coruña

"Ayer andaba enfrascado entre preocupaciones y agradecimientos, ocupado con el Trofeo Miguelito, evento que tras 23 años de bagaje funciona como un reloj, la gran fiesta del yudo que agrupa a más de 3.000 niños de entre tres y 12 años en 20 tatamis y recibe en el Coliseo herculino a cerca de 20.000 personas en un trasiego atendido por 160 voluntarios. (...)

Ramos es Miguel, profesor y séptimo dan, pero no Miguelito, uno de sus primeros alumnos, fallecido cuando apenas tenía 18 años. "En su recuerdo creé un trofeíto con 100 niños, pura competición", explica. Pronto matizó la idea. "La competición es elitista, unos valen y otros no. Y yo lo que quería era compartir".

Ramos caminó por los dos senderos, el de la élite y el de la promoción, "carreteras diferentes", dice. "He estado como Guardiola, con los mejores, entrené a campeones de España, pero un día dije 'se acabó'. Estaba dando el 90% de mí a tres o cuatro".

Ahora se pasea por los colegios de la provincia, enseña yudo a niños de tres, nueve u once años, a gente de 40 en su gimnasio, y se siente afortunado. Miguelito profundiza en ese sentimiento e incorpora el punto desprendido del voluntariado. "Tenemos lista de espera para colaborar", incide.

La semana pasada un grupo de árbitros y jueces del trofeo repasaban las últimas instrucciones en una puesta en común con Eduardo Galán, uno de los profesores de yudo que trabaja con Ramos. "Recordad cómo os gustaba que os calificaran", les decía Galán.

Todos ellos habían pasado por los tatamis como competidores. Superada la edad límite para participar, mantienen la ilusión de seguir vinculados al evento en otras labores.

La competición premia a aquellos que demuestren una mejor técnica, no se combate contra un rival sino que se participa por parejas para hacer una demostración de condiciones. "Se concibe como una actividad irrealizable sin un compañero", explica Galán. No importa la edad, ni el género, ni la condición física.

"Todos se sienten realizados y a todos se les da una calificación". Cada pareja salta dos veces al tatami, cuatro minutos cada una, para realizar una de técnicas ya especificadas. "La participación está garantizada y no es como en la competición, que te pueden eliminar al primer segundo. Aquí a los padres les da tiempo a disfrutar, a hacer fotos o un vídeo.

La competición dura cuatro horas, pero cada niño no tiene porque estar en el Coliseo más de una hora", apunta.

La idea está tan bien acabada que inevitablemente han surgido las réplicas por más que Ramos se haya preocupado de registrar su criatura. Por toda España y también en Galicia.

"Vienen del extranjero a ver nuestro sistema organizativo", presume Ramos, que asegura que los años le han quitado el ego, un pionero que vivió el boom del yudo en A Coruña, donde hace tres décadas entró en los colegios y ahí sigue, como uno de los deportes escolares de referencia y con numerosas escuelas municipales en marcha.

"Hemos coincidido gente que amamos este deporte. A mí me hablan de otra cosa y no tengo ni idea. En otras ciudades hay más kárate o taekwondo, pero A Coruña y buena parte de su provincia es más de yudo. Es un deporte que fomenta la humildad y el Miguelito es un ejemplo porque los chicos perciben que necesitan la ayuda de su compañero".

En esta edición, además, esos sentimientos se plasmaron por escrito. Los organizadores quisieron representar el cinturón de yudo más largo del mundo y lo consiguieron gracias a 3.000 láminas de cartón. En ellos pidieron a todos los niños participantes que escribieran que significa el yudo para ellos. Allí brotaron palabras como seguridad, defensa personal, amistad e, incluso, relajación.

"Me sirve para desahogar mis sentimientos, los buenos y los malos", escribió un pequeño de Culleredo. Y ahí Miguel Ramos vuelve atrás en el tiempo y recuerda como se enganchó al deporte del que hizo escuela de vida.

"Fue en Madrid, en el Magariños. Me gustaba competir, pero la primera vez me vi enfrente de un tío grandísimo, yo jovencito y él pelo en pecho y unos brazos enormes. Los amigos en la grada me gritaban que le entrara y yo no sabía como. De pronto le hice un ippon y gané. Me dije: esto me gusta".

Cuarenta años después está orgulloso de ese Miguelito integrador, accesible y participativo que ha alimentado hasta hacerle crecer como nunca había imaginado, el mejor recuerdo posible para un yudoca fallecido." (El País, Galicia, 02/05/2011, p. 8)

11/10/10

El voleibol late en Monforte... en la base

Integrantes del equipo femenino de A Pinguela

"Tapadas por el ruido de los deportes de masas, orilladas respecto al eje atlántico, incluso del resplandor de la capital provincial, en A Pinguela se enorgullecen de pasear el nombre de Monforte y de la Ribeira Sacra por toda España. Se trata de voleibol femenino, un deporte que sólo acapara focos cuando el márketing anuncia la llegada de una maciza o los federativos acuerdan ceñir camisetas y culottes al cuerpo de las chicas. Lo más normal es que todas tengan buen tipo, también que tras ese cuerpo haya buenas dosis de sacrificio y disciplina.

A Pinguela mantiene a Monforte en el mapa deportivo nacional y conforma ya una tradición que les ha llevado a competir trece temporadas en la máxima categoría, en la Superliga, un esfuerzo que obliga a mantener un equipo profesional con deportistas que cobran un sueldo que va entre los 1.000 y los 2.000 mil euros y que, en algún caso, llegan de lejos para asentarse en un lugar del que no tenían referencias.

Rebeca Kruse llegó de Tarragona con 18 años, había jugado una fase final del campeonato nacional juvenil en Monforte y llamó la atención de los técnicos, que le ofrecieron un contrato. Estuvo una temporada, luego se fue a otros destinos y hace tres regresó. Hace poco más de un año se casó en Pantón. "¡Hasta vino la prensa local a sacar una foto! Nuestro deporte es minoritario, pero en Monforte nos conoce todo el mundo por la calle", asegura. El orgullo a veces no corre en paralelo con los apoyos económicos.

"Tenemos el hándicap de que en la zona no hay grandes empresas que quieran publicitarse a nivel nacional", detalla el presidente, José Ramón Martínez Mareque. El año pasado encontraron auxilio en el Xacobeo, que se hizo cargo del 10% del presupuesto del equipo, pero hoy por hoy el Club Voleibol A Pinguela no lleva apellido y ha tenido que hacer recortes a la espera de tiempos mejores. (...)

También a dar vuelo a unas escuelas deportivas con más de 200 niñas, una iniciativa gracias a la que el voleibol tiene presencia en todos los colegios de Monforte, Ferreira y Escairón.

"El club siempre estuvo vinculado a la base", matiza Manuel Martínez. Todo nació con él, con un grupo de niñas que recibió como profesor de Educación Física en el instituto de A Pinguela y que le transmitieron su inquietud por dar continuidad a una afición que había germinado en el desaparecido colegio San Antonio. "Formamos un equipo en categoría cadete y quedamos subcampeonas gallegas, eso nos animó a seguir".

Era 1987. El siguiente paso fue federarse y crecer. De cadete a juvenil, de ahí a Segunda División, tras dos años a Primera y dos después, en 1996, a División de Honor, la actual Superliga. En esa cima sólo se ausentaron dos temporadas, de 2007 a 2009. La campaña pasada, la del regreso, jugaron el play off por el título y fueron terceras en la Copa de la Reina, que acogió a la elite nacional en tierras de Lemos.

Todo en un ámbito, el femenino, que no acostumbra a despertar pasión en la multitud. Pelean contra los roles sociales, contra la incapacidad de retener a aquellas que deben de abandonar el pueblo para cursar estudios universitarios, con los novios que no entienden tanta dedicación a la pelota. "Además, tememos que si nos abrimos al deporte masculino este acabe engullendo al femenino", detalla Martínez. Al final en Monforte y comarca hay 23 equipos entre benjamines y cadetes.

Todos arriman el hombro para darles vida, incluso las jugadoras del primer equipo, a las que se invita a trabajar con las niñas. Hay mucho de vocacional en ello. Rebeca Kruse, madre de una pequeña de dos años, sacó tiempo de donde no lo tenía para trabajar con dos grupos. Le bulle la cabeza en busca de ideas para dinamizar el deporte que ama.

"El voleibol es minoritario, pero es de los que más gente federada tiene". Justo la que hay en Monforte, aunque Mareque, otro de esos héroes anónimos que construyen el deporte, advierte que todo se puede venir abajo sin apoyos: "Si desaparece el primer equipo, desaparece la base". (El País, Galicia, 11/10/2010, p. 8)

30/4/10

Un equipo de bádminton de As Neves acaba de ascender a División de Honor

"No es normal que un ayuntamiento de 4.000 habitantes tenga un equipo en una máxima categoría deportiva nacional. Tampoco que una modalidad que no se juegue con una pelota casi monopolice la práctica deportiva en ese entorno, ni que se generen campeones en todas las categorías de deporte base para dejar entrever un futuro en el que sólo las limitaciones económicas pueden fijar los límites.

Nada de lo que ocurre con el bádminton en As Neves parece normal si no se profundiza en lo acontecido en los últimos años, justo desde que en 1997 entraron en contacto José Manuel Vila, director técnico de la federación gallega, y Manuel Guitián, profesor de educación física en el colegio público Marquesa do Pazo da Mercede. El docente buscaba potenciar la competición escolar entre sus alumnos y el deporte de la raqueta y la pluma se adaptaba a lo que buscaba: era barato y podía optimizar las escasas infraestructuras de las que disponía, acoger en una cancha polideportiva hasta a 40 niños jugando a la vez.

Hoy, As Neves es una de las capitales nacionales del bádminton, con un equipo recién ascendido a la División de Honor, que se codeará con rivales en los que abundan los jugadores chinos e indonesios. Todo en una modalidad mixta en la que los combinados se nutren de cuatro hombres y cuatro mujeres y en el que todos los jugadores del equipo de As Neves han nacido en el pueblo. "Conseguimos que la semilla enganche", rememora Vila, que operó de introductor y durante un tiempo de entrenador. Ahora dirige un nuevo proyecto en Vigo, pero considera As Neves como paradigma del trabajo bien hecho. "Comenzamos como actividad escolar, pero la demanda nos obligó a federarnos oficialmente. Ahora el primer equipo triunfa, pero es que hace un año, jugadores del club ganaron todos los campeonatos gallegos, de los sub-17 para abajo", advierte.

En As Neves nació Michel Salgado, pero ahora allí la pelota ya no seduce como antaño. "Hay un equipo de fútbol, pero la mayor parte de los niños están en la escuela de bádminton", asegura Pablo Méndez. Él fue uno de los primeros en apuntarse a ellas. Tenía 10 años. Hoy tiene 22 y crece desde hace cinco en el Centro Especializado de Tecnificación de A Estrada, un vivero abierto por la federación para recuperar la pujanza que tuvo su deporte en Galicia en los años ochenta. Méndez se estrenará con su equipo entre los grandes la próxima temporada porque no atenderá ofertas para defender otro escudo. "Es muy difícil que alguno de nosotros vaya a jugar fuera. Es tu casa, tu tierra, ayudé a mi padre a crear el club y jugar con él en División de Honor es algo que no se puede pagar con dinero".

El club no deja de ser una apuesta apasionada. "Las escuelas se llevan entre dos personas y son más de 60 niños, necesitaríamos más gente para trabajar", lamenta Ana Durán, una de las responsables de mantener todo la estructura. Además el efecto emulación les ha llevado a abrir sucursales entre los vecinos. En Salvaterra do Miño y en Arbo también querían tener campeones. "Tenemos unas cien fichas en la zona", revela el director técnico de la federación gallega. Se trata de un porcentaje abrumador si se considera que en Galicia hay alrededor de unas 600 licencias. "Aunque en deporte escolar tenemos más de 3.000 practicantes", puntualiza Vila. (...)

Hasta mediados de los ochenta pocos discutían la supremacía gallega, pero todo se vino abajo justo con el ciclo olímpico de Barcelona, cuando el bádminton entró en el calendario oficial de los Juegos Olímpicos. Hoy manda Andalucía, con poderosos clubes sostenidos por el dinero público, capaces de ingresar sólo en subvenciones 60.000 euros al año, justo lo que necesita juntar As Neves para competir el año que viene contra ellos.

"Nos encontraremos a equipos muy fuertes, pero saldremos sin presión, a disfrutar", anuncia Angela Soto, una de las jugadoras del equipo. El mes que viene estará en Bulgaria para disputar con la selección española el Mundial escolar para jugadores menores de 17 años. Entrena tres días a la semana un par de horas, pero se plantea dar el salto y acudir como Méndez a un centro de tecnificación, pero algo tiene As Neves que todavía le atrapa. "Tengo un grupo de amigas que estamos siempre juntas. Somos cinco. Las cinco jugamos al bádminton desde niñas". (El País, ed. Galicia, Galicia, 26/04/2010, p. 8)

23/4/10

El baloncesto , como debe ser...

"Este jueves el Básquet Coruña recibirá en la gala del deporte que organiza la Xunta el premio a la mejor entidad deportiva gallega de promoción de base. Originario del barrio de O Ventorrillo, unió fuerzas con otro radicado en Arteixo, pero no comenzó a crecer hasta 2005, diez años después de su fundación. "Entonces teníamos setenta niños", recuerda el presidente, Julio Flores. Hoy trabajan con 34 equipos, 461 deportistas y 40 entrenadores.

Además 124 niños más se encuadran en unas escuelas fruto de convenios con colegios de la ciudad, un esfuerzo vocacional en el que mucha gente entrega tiempo, ocio e incluso dinero, pero que ofrece compensaciones. "Cuando juntamos a los chicos para hacer la foto de familia te olvidas de todo lo que has pasado", reflexiona Flores, un biólogo que jugó en el viejo Bosco y que ejerce de concejal del Partido Popular en el Ayuntamiento.

Dice que por eso no le gusta salir mucho en los papeles, no quiere que se confundan roles. Lo que calla es que seguramente se apasiona más con la canasta que con un pleno municipal. Y detalla con convicción las claves del crecimiento del club. "Trazamos un plan estratégico con tres patas equilibradas: las categorías base, la promoción del baloncesto en nuestro entorno y la proyección del primer equipo", explica.

La elite no es el fin, pero puede ser la consecuencia. En A Coruña han elegido el camino más ortodoxo, también el más lento. "De todos los niños que tenemos en cuatro o cinco años con suerte habrán llegado uno o dos, pero con los demás habremos conseguido que les guste el baloncesto, serán nuestros aficionados", reflexiona Charlie Uzal, ahora delegado del primer equipo y entrenador del segundo, hasta 2009 pivot y referencia en el vestuario. "Es admirable que aquí hasta los cadetes dispongan de un recuperador cuando se lesionan", explica.

Quizás el secreto esté en el crecimiento sostenible. El pasado verano el club tuvo la opción de acceder a una plaza en la LEB Oro, la antesala de la ACB. Flores y su directiva entendieron que no estaban preparados. "No teníamos garantizado un presupuesto y hubiera peligrado el resto del proyecto". Cada euro que se embolsara el americano de turno se hubiera quitado de la cantera y por eso decidieron quedarse un escalón más abajo.

Ahora sienten que ya llega el momento, que el viejo Palacio de los Deportes de Riazor podría acogerles. "Podríamos meter 2.000 espectadores en cada partido", augura Flores, que cree que por ahí habría una buena vía para captar nuevos patrocinios que se sumen al de Leyma. El techo lo marcan los recursos económicos y la falta de instalaciones. "Aunque queramos alquilar más pabellones no hay". El Básquet Coruña se deja 12.000 euros anuales en ese concepto.

A fuego lento se cuece el baloncesto en A Coruña. Con respeto y valores. No es común que un club deje de ganar campeonatos por tener voluntariamente a sus mejores jugadores en el banquillo. De benjamín a cadete los entrenadores tienen orden de dar cancha a todos sus jugadores en los dos primeros cuartos; en los dos últimos se decantan por aquellos que han sumado más puntos en unos baremos que valoran el compañerismo, el respeto al contrario, la puntualidad, las notas académicas o los hábitos saludables. No, no juegan los mejores. "Nuestro objetivo no es ganar campeonatos", desvela Flores. Pero los ganan." (El País, ed. Galicia, galicia, 19/04/2010, p. 8)

24/10/08

Lucha tradicional gallega, a tumbadela, clara señal de que en Galicia las mujeres "fueron" iguales a los hombres



"Preto da medianoite, / dan escomenzo as peleas; / os mozos loitan coas mozas, / medindo as forzas que teñan. / E n'andan en cumprimentos / para botarse por terra".

En Follas Novas, Rosalía ponía en verso la modalidad heterosexual de la loita tradicional galega, un enfrentamiento cuerpo a cuerpo, de mucho contacto y más habilidad que fuerza, en el que sale vencedor el que consigue tumbar al otro sin dar golpes, desequilibrándolo con zancadillas o levantándolo en volandas y luego haciéndolo rodar hasta que se rinde agotado.

 La lucha entre sexos era una forma de flirteo, una manera rústica de facer as beiras a la moza que más le gustaba a uno, o un prolegómeno al revolcón no palleiro después de la verbena.

Pero este juego, nada más que como juego, también se practicaba entre dos hombres, o entre dos mujeres, en el campo después de la malla o en la playa a la vuelta de un día de pesca. Se trazaba una circunferencia de unos cuatro metros de diámetro con la pala en la arena, o se marcaba el tatami con monllos de paja. A veces se luchaba sobre una gamela a flote. Era un enfrentamiento por el territorio. Y perdía el que era arrojado fuera del "círculo vivo". La loita se practicó mucho durante el siglo XIX, pero en el XX cayó en el olvido. Hasta que, en 1986, tres amigos de A Estrada metidos en artes marciales decidieron que no estaba bien "aprender bailes de salón y no saber bailar muiñeiras".

El que habla es Severino Gómez, propietario del estradense gimnasio Shaolin. Allí se daban clases de judo cuando Manoel Núñez, un viejo aloitador de la parroquia de Ancorados, empezó a hablarle de aquella tradición perdida al dueño de la palestra. "Manoel me prendió la mecha", cuenta Severino, y enseguida se sumaron a la aventura dos vecinos que iban por el negocio, Jorge Mato y Moisés Iglesias, que entonces tenía 14 años.

 Empezaron a investigar, a hablar con los ancianos en los pueblos. Recogieron testimonios en Rianxo, Carnota, Marín, Oleiros, Sada, Mondoñedo, A Rúa, Verín, Carballeda de Avia, Poio, Burela, Foz y la comarca del Deza. En toda la comunidad se había practicado la lucha, y aún había ancianos que medían su agilidad de cuando en vez.

Para recuperar la costumbre, los tres amigos fundaron el Clube de Loita Tradicional Galega A Cambadela, porque cambadela es zancadilla en gallego, y la zancadilla (junto con el "chuzo", el "rolo", el "feixe" y el "cotelo") es una de las tretas más socorridas en la lucha para echar por tierra al contrincante. Veintidós años después, Moisés es el presidente; Severino, el director técnico y Jorge, el tesorero.

 En el club son 13 socios (uno de ellos, mujer) y desde hace menos de un año los tres maestros de lucha imparten clases a alumnos del Shaolin, y está a punto de terminar el primer curso para monitores de lucha, del que saldrán cinco profesores más que se encargarán de propagar sus técnicas por Caldas y Cuntis, y también muy pronto en Boiro, O Morrazo y A Coruña.

La loita tradicional se llama también "tumbadela", y "tumba", y "chimpa", y "caiados" cuando se practica de rodillas. Y se dice "ir a aloitar" o "ir a botar loitas", pero en las aldeas jamás se habló de "loita celta", porque "no hay indicio ninguno de que sea ése su origen", asegura Severino, que hoy viste con orgullo un chándal del equipo que juega en Balaídos.

 Como término, la "loita celta" que ahora pretende promover la Xunta, con un "plan estratégico" y una "red de infraestructuras", es un invento político, una buena idea de marketing. Y la primera política en interesarse por el tema fue la directora general de Deportes, Marta Souto (BNG), cuando aún era delegada provincial en Pontevedra.

La lucha tradicional "era un juego y ahora es un deporte", dicen los de A Cambadela: con sus reglas, su equipación (pantalón azul o negro remangado y pecho descubierto en el caso de los hombres) y un escalafón de fajas de colores con el mismo significado que los cinturones de las artes marciales.

 Faixa gris plata, faixa castaña, faixa negra. El 1882, el Diccionario Mundial del Deporte ya hablaba de esta disciplina y destacaba que jugasen las mujeres. Entre los luchadores históricos (Manuel Rivas, de Poio; Antón López, de Carballeda; o Xosé Barcia, de Oleiros) había una Gloria Bermúdez, de Burela, pero campeonas fueron muchas más. Ya lo decía la Pardo Bazán en El Molino: "Luchan las mozas entre sí, y hasta desafían al mozo, degenerando entonces la batalla en deleitable juego". (El País, ed. Galicia, 19/10/2008, p. 12)