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30/8/23

Marga Massanet y Jacobo Cobián, los creadores de la marca de ropa española, desde Coruña, que triunfa lejos de España

 "Masscob es una palabra inventada. La combinación de Massanet y Cobián, los apellidos de Marga y Jacobo, dos estudiantes de Derecho que nunca ejercieron y un día se encontraron en un vuelo Madrid-A Coruña y primero se hablaron y luego cambiaron sus asientos para volar juntos a pesar de ser auténticos desconocidos. Más de 20 años después, quien mira en los almacenes más exclusivos del mundo —Le Bon Marché y Merci (París), Barneys (Nueva York), Warm NY (Los Hamptons), Liberty y Aimé (Londres), pero también en tiendas muy escogidas de Madrid, Vitoria y San Sebastián, o en Cutter Brooks, una multimarca de una minúscula localidad británica de 2.000 habitantes llamada Stow-on-the-Wold— encontrará una etiqueta minimalista, en crudo y negro: Masscob. Una marca de moda nacida en 2003 en A Coruña que suele recibir un piropo envenenado: “No parece española”.

En las antípodas filosóficas y estéticas de su paisana Inditex, Masscob apostó desde el principio por la artesanía y la sostenibilidad (cuando el término no había entrado ni se le esperaba en el glosario de marketing). Hoy un abrigo de su colección de 2004 es un objeto de deseo en el vigoroso mercado de moda de segunda mano, y sus piezas ya se pasan de madres a hijas. “El sitio más insólito donde hemos encontrado una prenda nuestra es una tienda vintage de Los Ángeles”, dice Marga. Comercializan en 200 puntos de venta de todo el mundo y en España tienen cuatro tiendas físicas: Madrid, A Coruña, Barcelona y Palma.

 “Los tejidos salen de nuestras manos, contamos cada cuánto se repite el dibujo en un estampado, lo diseñamos sobre el cuerpo. Cuando te pones la prenda hay una armonía que favorece mucho. Todo está calculado: los largos, los escotes, las espaldas. Trabajar así consume mucho tiempo, por eso no hacemos —ni queremos hacer— más de dos colecciones al año”, explica Marga desde su casa de Corrubedo, a 75 kilómetros de Santiago de Compostela. Un “lienzo en blanco” firmado por el arquitecto Laurent Deroo donde vienen a bajar revoluciones y a refugiarse de la hiperactividad del taller de A Coruña.

Masscob funcionó, sostienen sus creadores, porque en un contexto de moda rápida, recordó cómo era la ropa de las madres: “Confeccionada a medida por muy buenas modistas, bien rematada y acabada por dentro. Trajimos de vuelta la sensibilidad por el detalle, por lo bien hecho”, intuye Marga. Algo debió pasar porque sin plan de negocio —”no sabíamos qué era eso”, confiesa Jacobo— salieron en un coche con su primera colección de camisas en unas perchas. “No sabíamos nada, llegábamos fuera de temporada a ver a las encargadas de tienda, íbamos a ferias internacionales y nadie nos hacía caso, nos echaban de los stands y al rato volvíamos a aparecer y a insistir”, recuerdan. Al final del día, revisando los pedidos, empezaron a pensar que su ropa gustaba. Entonces comenzó el segundo problema, no sabían cómo iban a producir todos los pedidos aceptados. Se lanzaron a la búsqueda de proveedores que, 18 años después, siguen siendo los mismos. “Hemos crecido juntos”, dice Jacobo con satisfacción.

 Llamémosle discreción gallega a lo que hoy se conoce como lujo silencioso. En las tiendas multimarca suele compartir espacio con The Row o Loro Piana. Masscob nunca quiso hacer ruido. “Al principio no teníamos dinero para invertir en marketing y preferimos centrarnos en el producto”, explica Jacobo. La mesura ha acabado siendo identidad. Y los clientes de Masscob disfrutan compartiendo una especie de código cerrado que solo reconocen los iniciados."

 (Karelia Vázquez, El País, 27/08/23)

6/9/17

La peletera coruñesa Ana Muñiz sobrevive a la competencia asiática fabricando bolsos y ropa para marcas de lujo

"La de esta empresa es la historia del textil gallego más allá de Inditex: ese auge, decadencia y, en su caso, salida a flote que han marcado los últimos 40 años del sector. La recesión mundial y la competencia asiática estuvieron a punto de acabar con el negocio que el matrimonio formado por Ana Muñiz y José Luis Fernández Reboiras levantó desde la planta baja de la casa familiar a finales de los setenta.

 Pero una feliz idea para diversificar la producción los ha puesto en la senda del crecimiento y hoy confeccionan bolsos y ropa para firmas de lujo cuyos nombres no desvelan en virtud de un contrato de confidencialidad.

La quiebra de Lehman Brothers pilló a la peletera Ana Muñiz con una planta de 800 metros cuadrados en el Ayuntamiento coruñés de Dodro, a 40 kilómetros de Santiago, y una producción de prendas de piel de marca propia (chaquetas, vestidos y pantalones) que se comercializaban en toda España. 

Pero llegó el desplome del consumo y los lamentos de sus representantes, cansados de patear la Península sin apenas resultados. "No nos compensaba ni lo que nos costaba el muestrario con las pocas ventas que hacíamos", recuerda Fernández Reboiras, administrador de la firma, sobre aquel momento crítico.

Comenzó entonces la lucha por la supervivencia. La empresa creó primero otra marca para salir al mercado internacional y se adentró en Estados Unidos y Japón con sus colecciones de gama media-alta. En este tiempo empezaron también a cerrar tratos con las firmas de lujo. Tal y como relatan desde la empresa, aquellos trabajos ayudaban "a pagar las nóminas en tiempos complicados", aunque era difícil imaginar que acabarían convirtiéndose en su tabla de salvación.

Los costes del mercado internacional acabaron por hacerse insoportables y los gestores de la peletera gallega decidieron dedicarse en exclusiva al lujo. El cierre masivo en España de talleres de piel por la crisis económica propició que los encargos a esta firma de Dodro crecieran como la espuma, aunque la aparente prosperidad llegó con un importante inconveniente: la carga de trabajo se concentraba solo entre abril y agosto. 

Esa estacionalidad hacía inviable un negocio con unos elevados estándares de calidad que exigen una mano de obra bien formada y entrenada, imposible de mantener solo cinco meses al año.

Hace tres años la empresa le planteó el problema a las marcas con las que trabaja. El lastre de la estacionalidad, les advirtió, acabaría por hundir el proyecto si no encontraban un remedio. Una de estas firmas propuso una salida: encargarle a la fábrica de Dodro la confección de sus exclusivos bolsos, una línea de producción que sí los mantendría ocupados todo el año. Hoy, desde la planta fabrican modelos cuyo precio supera en tiendas los 500 euros.

Más inversiones

La transformación ha supuesto la compra de maquinaria —"hacer una chaqueta y un bolso no tienen mucho que ver"—, unas inversiones para las que han contado con ayudas de la Xunta de Galicia por estar la fábrica en un área rural.

 En el caso de algunos modelos, la factoría gallega compra la piel y entrega la pieza terminada; en otros —la mayoría—, las firmas de lujo les envían todos los componentes y ellos solo realizan el montaje gracias a la habilidad de sus operarias. La materia prima la adquieren "sobre todo a fabricantes de curtidos españoles, pese a que no quedan muchos", sobre todo en Cataluña y Valencia.

Es precisamente esta pericia de las trabajadoras de Ana Muñiz la que ha atraído al sector del lujo. "El made in Spain funciona. Muchas marcas han vuelto influidas por los baremos de calidad, sobre todo aquellas que no fabrican cantidades muy grandes de cada modelo y para las que el ahorro en China no es tan importante", explica el administrador de la peletera sobre unos productos exclusivos de los que se elaboran a lo sumo unas 300 prendas por modelo.

La plantilla está formada en buena parte por aquellas mujeres que en su día fueron costureras en los numerosos talleres textiles de esta comarca del Sar que, como ocurrió en otros muchos rincones de la cuna de Zara, desaparecieron por la competencia asiática. 

 "La formación se la damos nosotros. Son mujeres que dominan la máquina y que en cinco o seis meses ya dan niveles de calidad muy buenos", explica Fernández Reboiras. "Pero si las marcas no se comprometen con la estacionalidad, esto [la cualificación de la mano de obra] no será sostenible y no habrá calidad".

Debido a los contratos de confidencialidad, en Ana Muñiz desconocen si existen otras fábricas en España dedicadas a abastecer a marcas de alta gama. Sospechan que en Ubrique (Cádiz) funcionan talleres que también surten a estos clientes, pero solo de marroquinería, no de prendas de vestir. Con la diversificación de la producción, la peletera ha pasado de facturar menos de 400.000 euros en 2010 a prever el cierre de 2017 con 1,5 millones.

 Hace siete años la factoría contaba con una media de 18 trabajadores, una plantilla que se ha duplicado y que esperan aumentar antes de que termine el año. "Nos encantaría recuperar la marca propia, pero a corto plazo es complicado", concluye Fernández Reboiras. "Inditex y Mango venden prendas de piel, pero los demás no".


En 12 metros cuadrados


Perfil. Ana Muñiz y José Luis Fernández Reboiras, fundadores de Ana Muñiz, SL, arrancaron con su negocio a principios de la década de los ochenta. Ella, costurera que hasta entonces le hacía la ropa a sus vecinas, aportó sus conocimientos de moda y diseño.

Él, trabajador de Picusa, una empresa de curtidos del municipio coruñés de Padrón, puso su experiencia con la piel. Empezaron vendiendo cazadoras de ante con cuello de punto en el bajo de su casa de 12 metros cuadrados. Treinta años después han sobrevivido a la competencia de Asia y a la Gran Recesión.

Proyectos. Ana Muñiz, SL está "en crecimiento, en el buen camino", dicen sus gestores, que pretenden aumentar su línea de producción de bolsos y ampliar plantilla. En el horizonte se mantiene el objetivo de volver a tener una marca propia."                  ( , El País, 23/06/17) 

4/11/16

Viriato ou Caramelo: a crise en parte dun téxtil galego que é moito máis que Inditex

"Con Inditex á cabeza, o sector téxtil lidera a economía española, sendo a industria que máis riqueza xerou no último ano e con seis empresarios do ámbito na lista Forbes dos máis ricos. (...)

Pero mentres todo isto ocorre, outras empresas do noutrora exitoso téxtil galego seguen sufrindo. A última Caramelo, que vén de ser disolta e abriu a fase de liquidación, ou Viriato. 
Caramelo bota o peche e deixa na rúa 169 traballadoras, 79 delas en Galicia. Fundada nos anos 60, cerra ao non superar as perdas e a crise dos últimos anos, nos que afrontou un concurso e prescindiu de centos de empregados con dous ERE tras recibir millóns en axudas da Xunta. Por diante leva tamén outra histórica marca, Antonio Pernas, que hai unha década integrárase plenamente na compañía. 

As traballadoras acolleron con "sorpresa" a nova, tal e como recoñecía Víctor Ledo, responsable de CCOO-Industria, que lamenta que a compañía non buscase alternativas antes de pechas definitivamente. "Tiñamos propostas para unha viabilidade futura, como noutras empresas", explica quen advirte agora do "complexo proceso" de liquidación, que provocará que as empregadas tarden, ben seguro, un mínimo de medio ano en recibir o finiquito e o que lle adebede a empresa. 
 
Mentres, este mesmo mércores, o portavoz de En Marea, Luís Villares, e o deputado Manuel Lago, reuníronse con traballadores da empresa textil Viriato, outra histórica da comarca de Ordes que vén de presentar concurso voluntario de acredores apenas un ano despois dun ERE no que despediu 40 traballadores e tras pechar o ano pasado con máis de 2,5 millóns de perdas e acumular unha débeda de 10 millóns. 

Desde En Marea sinalan que é unha compañía "viable, punteira e a máis significativa da comarca", polo que piden a mediación e unha resposta clara por parte da Xunta. "É necesario un verdadeiro plan industrial", di Villares, que advirte que Viriato "pasa por unha situación de crise financeiro pero é viable neste momento" ao posuír unha importante carteiara de clientes e mercado e ser unha marca consolidada. 

Pero é outra empresa téxtil en perigo. Como Adolfo Domínguez, que desde hai máis de cinco anos perdeu o 70% do seu valor en bolsa, acumulou perdas e continúa a pechar tendas. No terceiro trimestre de 2016 acumulou perdas de 4,22 millóns de euros e triplicou os seus números vermellos. Con ERE continuos desde 2012, a crise da compañía ameaza tamén os traballadores da súa factoría en San Cibrao das Viñas. 

Mentres, outras empresas do téxtil seguen un camiño diferente e continúan a medrar. Por exemplo, Sociedad Textil Lonia, creada precisamente polos irmáns do deseñador Adolfo Domínguez, e Bimba y Lola, das súas sobriñas. A primeira delas é proietaria de Purificación García e a súa facturación, de máis de 300 millóns, triplica a da empresa da que se desvincularon. A segunda achégase aos 120 millóns. 

Hai xa máis dun ano, outra empresa textil botaba tamén o peche. Textilmendo, propietario da marca TMX, foi á liquidación dous meses despois de entrar en concurso de acredores. Estaba dirixida polos fundadores iniciais de Viriato, que agora pasa tamén por problemas.

 Pero as desgrazas dunhas contrarréstanse cos bos números doutras. Florentino, Nanos, Alba Conde, Pili Carrera... Son moitas as que continúan a abrir establecementos e medrando nun sector que, como lembran os sindicatos, xa tocou fondo. Galicia continúa a liderar as exportacións textís no conxunto do Estado. Perdéronse moitos empregos polo camiño e púxose fin a unha era. "                (Praza Pública, 02/11/16)

7/3/16

Latitude: Eucaliptos que son reinventados como camisetas ou saias feitas de antigas botellas


"Nos últimos tempos varias son as marcas de roupa que están a intentar facer algo diferente e que buscan crear vestidos, pantalóns ou camisetas que non son simplemente vestidos, pantalóns ou camisetas. 

Son, en realidade, algo máis, ben sexa porque naceron moi preto da túa casa, porque o fixeron recuperando unha industria que esmorecía, porque non foron fabricados en China seguindo os parámetros da fast fashion ou porque a materia prima da que parten son en realidade materiais bastante sorprendentes, como plástico en busca dunha nova vida ou restos de tecidos que son reempregados dun xeito creativo. 

Algo de todo isto está na colección que acaba de presentar Latitude, que está traballando agora mesmo para levar estes deseños de moda sostible completamente made in Galicia a un ‘bo porto’.

A marca acaba de abrir unha campaña en Kickstarter (tedes  ata o venres 18 para participar) na que están vendendo a súa primeira colección. Se se chega á cantidade establecida, lanzarán a produción dunha colección de moda para home e para muller que non só estará feita nos talleres de costura de Galicia (e posiblemente moito máis preto da túa casa do que imaxinas) senón que ademais o farán cunha lista de materiais bastante sorprendentes (e respectuosos co medio ambiente).


Non hai máis que mirar con que están feitas as súas camisetas. Para facer o modelo de muller, empregan un material coñecido como lyocell, que é un tecido feito de celulosa de madeira. E a madeira da que saen estas camisetas é a da árbore que posiblemente esperte máis paixóns en Galicia: o eucalipto

O lyocell é, por certo e como todos os materiais cos que se fai esta colección, un material especialmente ‘friendly’ co medio ambiente porque require menos auga e menos químicos para o seu procesado.

Pero ademais do eucalipto as pezas de Latitude están feitas con outras materias primas de partida bastante sorprendentes. Así, as súas saias ou o elegante vestido pantalón que inclúen na colección (un deses que ben che valen para a tempada de vodas e tamén combinando de forma diferente para o día a día) están feitos con botellas de plástico.

O tecido impórtase de Italia, que é onde se está a facer o innovador proceso que permite converter as botellas de refresco e similares nun tecido cun acabado de gran calidade. O proceso de reciclado é similar ao habitual nestes casos, aínda que o resultados sexa bastante inesperado. 

Collen as botellas, clasifícanas e  tras limpalas, cortalas e sometelas a certos procesos mecánicos convértenas nun polímero, do que se creará o tecido. E así, en lugar de crear un tecido de poliéster seguindo o tradicional proceso, lógrase vía un proceso de reciclaxe que recupera algo que ata entón era lixo para o converter nunha cousa con potencial para ser moi glamurosa e gastando menos auga e enerxía e con menos emisións de CO2 no camiño.

Reciclar tamén reciclan la nesta colección (aínda que se fai dun modo diferente: cos tecidos o que se fai é rexenerar a materia prima). As americanas están feitas con la rexenerada. As ovellas tamén teñen un impacto no medio ambiente, xa que precisan grandes extensións de terreo onde pastar (o que ten un impacto directo nos recursos desas zona). 

Máis alá de que as ovellas coman todo canto lles quede de paso, está o feito de que para crear a la tal como a vemos hai que empregar grandes cantidades de auga, químicos e enerxía para converter a materia prima nun tecido. 

Como reducir este impacto e non renunciar á la? A alternativa é a la rexenerada (a que usan nas americanas de Latitude), o que por certo non é nada novo. Antes xa se reutilizaba a la

Cando un xersei vello, por exemplo, non podía ser empregado máis, era triturado para darlle unha nova vida ao material e convertelo nunha manta. No proceso actual, usan a la que sobra cando se fan prendas ou a reciclan a xa usada para crear un novo tecido (con máis calidade certamente que as mantas de la do pasado) e darlle unha nova vida."         (

29/10/15

"O modelo do téxtil galego reproduciuse noutros países aproveitando as situacións de pobreza"

"Amancio Ortega, el hombre más rico del mundo. A pasada semana moitos medios levaban a un lugar destacado das súas portadas a nova de que o propietario de Inditex superara durante unhas horas na lista Forbes a Bill Gates como a persoa con máis capital do planeta. 

Esta nova, lida case como unha competición deportiva ou un motivo de orgullo nacional, uníase a outras informacións que dende os anos noventa nos falan do milagre económico do téxtil galego, da expansión internacional de empresas nacidas en Galicia, que producen a maior parte das súas prendas en talleres diseminados por todos os continentes, sobre todo Asia, pero tamén o leste de Europa.

 Poucas veces estas análises afondan máis e van ás orixes desta industria, que nas décadas anteriores se construíu co traballo de milleiros de traballadoras en Galicia, das costureiras.

O documental Fíos Fóra, realizado por Illa Bufarda (Sabela Iglesias e Adriana P. Villanueva) tras unha encarga da ONG Amarante Setem. O filme deita luz sobre unha realidade invisibilizada, mergullada, sobre a que non existen cifras oficiais ou certeiras que permitan datar con exactitude a súa dimensión económica e social. Durante décadas miles de mulleres galegas traballaron para as (daquela máis cativas) empresas galegas do téxtil, cunhas condicións laborais precarias, por salarios moi reducidos e nun labor que moitas veces nin sequera adquiría o recoñecemento de constituír unha actividade laboral. 

Este traballo feminino, ao igual que outros (o fogar, a leira...), non era un traballo, era como moito unha axuda económica que complementaba o salario gañado polo home da casa.

Esta realidade, cunha importancia capital en moitas comarcas galegas, permanece silenciada e, en ocasións mantense como un tema tabú, mesmo na actualidade, cando a meirande parte da actividade foi xa deslocalizada. 

Nas últimas dúas décadas as empresas do téxtil concentran a súa produción no sueste asiático, onde centos de milleiros de persoas (sobre todo mulleres) traballan en condicións moi precarias e por soldos de miseria, como foi denunciado en varias ocasións polos informes da Campaña Roupa Limpa na que participa Amarante Setem. 

Non só se trata de Asia: Bulgaria, Ucraína, Macedonia, Croacia, Romanía, Bosnia Herzegovina, Xeorxia, Moldavia, Eslovaquia, Turquía... reproducen o modelo. Países moi próximos (algún mesmo membro da UE) que funcionan como patio traseiro da industria téxtil, proporcionando man de obra barata ás marcas e empresas de roupa da Europa occidental. 50 anos despois, o modelo do téxtil galego, construído sobre o traballo precario de milleiros de costureiras, replícase en todo o planeta.

Iso é o que quere poñer de manifesto Fíos Fóra. Visibilizar, por unha banda, "o papel das traballadoras do téxtil en Galicia, a súa importancia na construción do sector, as condicións laborais e salariais que tiveron e tamén a deslocalización que se produciu nos últimos anos, con todo o impacto económico que tivo", explica Nanda Couñago (Amarante Setem). 

Pero tamén "analizar como ese modelo se externalizou e se reproduciu noutros países, aproveitando certas situacións, coma o difícil acceso das mulleres ao mercado laboral ou as condicións de pobreza ou subdesenvolvemento, para aplicar as condicións laborais e salariais tan baixas que se están reproducindo país por país".

"Queremos dignificar o traballo das costureiras, loitar contra esa situación de invisibilización", salienta. "Fálase moito da moda galega, do éxito de moitas empresas e empresarios, comezando evidentemente por Inditex. Pero nunca se falou do traballo destas mulleres, dunha economía somerxida ou non somerxida, porque tamén houbo numerosas cooperativas creadas no rural, en moitas ocasións con intermediación de curas e monxes", di.

 "Esquécese que moitas destas mulleres comezaron a traballar con 12 anos, ou que o fixeron sen estar dadas de alta á Seguridade Social, sen cotizar, ou que as deron de alta cando xa levaban moitos anos traballando", destaca Nanda Couñago. 

"Esa imaxe de éxito da 'moda galega' e da súa proxección cara ao exterior sepultou as historias de milleiros de mulleres traballadoras", engade.

Couñago subliña a importancia do xénero nesta cuestión: "Non había esa conciencia de muller traballadora e conciencia de clase. Había un parternalismo e unha visión patriarcal que nin sequera consideraba o seu traballo e o que por el ingresaban un salario: era, en cambio, unha axuda para complementar o soldo dos maridos. 

Tentaron crear sindicatos, e foi moi difícil. As mulleres tiñan unha dobre ou tripla tarefa: o téxtil, coidar da casa e dos fillos e coidar das leiras, porque a maioría eran mulleres do rural. Todo isto dificultáballes moito o organizarse".

Dende Amarante, ao igual que tamén sinalaban as autoras do filme, destacan as dificultades que atoparon á hora de facer o documental: "Chámanos a atención que sexa un tema tabú en moitas vilas. Houbo moitas mulleres que non quixeron participar no documental e outras que si participaron, pero de forma anónima".

 "Tivemos dificultades con algunha empresa que non quixo participar, como Inditex ou Adolfo Domínguez, que non adoitan participar neste tipo de traballos. Pero tivemos máis dificultades coas traballadoras; non foi difícil saber onde había talleres, pero si que foi complicado conseguir que moitas destas mulleres falaran e explicaran o que viviran", comenta.

Houbo tamén dificultades á hora de atopar datos sobre esta parte da economía galega. "Está tan invisibilizado o tema que nin sequera existen datos oficiais de traballadoras e as súas condicións. 

Tivemos que tirar doutras fontes, de investigacións da universidade. É curioso que non haxa información da administración sobre este tema que foi tan importante", sinala Nanda Couñago. No filme, ademais das voces das empresas que aceptaron participar, pediuse a opinión dos representantes da administración, comezando pola Xunta e o IGAPE.

 "Da parte institucional sorprendeunos a súa franqueza á hora de aceptar con naturalidade ou xustificar algunhas das cousas que pasaron ou o modelo de produción de deslocalización", afirma a representante de Amarante.

"Esperamos que o documental sirva para valorizar o traballo das mulleres que aínda están en activo en Galicia", explica. "Non quixemos que o filme fose esaxerado ou vitimista. A crítica é palpable, pero sutil, porque as propias mulleres así o transmiten: 'así foi a miña vida e xa está', adoitan dicir. 

Pero si que che fai pensar e consegue que te fagas preguntas. É moi significativo cando as traballadoras amosan a súa reacción ao comprobar o prezo no que venden nas tendas as prendas que elas producen e polas que lles pagan tan pouco. É algo que nos debe facer reflexionar. O documental déixanos a pregunta de 'nós como consumidores e consumidoras que podemos facer ante isto'", di.

 "Creo que o máis importante é como se liga esta historia a todo o que está pasando na actualidade, e ves que ao final non mudaron tantas cousas: séguese perpetuando un modelo de explotación, enfocado sobre todo ás mulleres, que se seguen utilizando como man de obra barata", engade. 

"No documental vaise poder evidenciar esa similitude, eses paralelismo, eses fíos que unen o que pasou aquí durante décadas e o que está a pasar noutros países. O modus operandi destas empresas non cambiou apenas nos últimos 50 anos, o modelo de produción do téxtil segue sendo o mesmo. 

Cambia a dimensión: en Galicia eran pequenos talleres, e en Asia son grandes espazos de megaprodución, pero a base, quen traballa e en que condicións, segue sendo a mesma. O modelo, que foi tan exitoso para os empresarios e que tantos beneficios lles reportou, reprodúcese", conclúe."                 (Marcos Pérez Pena , Praza Pública,  28/10/15)

28/10/15

Xiro, os primeiros ecojeans Made in Galicia


"Naceron a carón do mar, en Moaña. Creceron, estudaron, incluso fixéronse rockeiros, e un día, inspirados pola forza do océano, comezaron a madurar unha idea, decidiron emprender unha “r evolution”. E así, co obxectivo de pór o seu grao de area para unha moda máis xusta, Iria García e Xulián Chapela crearon a Xiro, os primeiros vaqueiros ecolóxicos Made in Galicia.

“Xiro nace hai dous anos como unha necesidade persoal. Xa había tempo que buscabamos unha forma consciente de consumir comida, produtos de hixiene, limpeza… e observamos que na roupa había moi pouca oferta”.

 Así, da propia necesidade, da impotencia de non poder vestir doutro xeito pola falta de opcións, esta marca galega foi pouco a pouco agromando, sen presa pero sen pausa, e para comezar esta revolución decantouse polos vaqueiros, unha prenda básica, versátil e resistente.

A sensibilización sobre a industria da moda e a necesidade de cambiala foi desde un principio un dos eixes de Xiro. “Vivimos nunha sociedade na que o consumo pasou a converterse nunha forma de vida que xera pobreza extrema en moitos lugares do mundo e acaba cos recursos naturais. 

É obvio que ninguén quere un mundo así, pero moitas veces nos vemos somerxidos nese sistema de consumo extremo e de ritmos de vida tan rápidos que non nos deixan tempo para pensar. Ao escoller opcións máis respectuosas coas persoas, animais, natureza…estamos fomentando un sistema máis xusto”.

A Costa Atlántica é a súa fonte de inspiración, e a súa forza e bravura unha motivación para loitar, aínda a contracorrente. Neste camiño a marca galega aposta polo uso de tecidos ecolóxicos certificados por GOTS, unha norma que garante que tanto os cultivos das fibras como todo o proceso de fabricación dos tecidos están libres de pesticidas e químicos tóxicos, que habitualmente se empregan na industria téxtil convencional, provocando a contaminación da terra e da auga, afectando á biodiversidade e causando enfermidades.

 Para a confección comprometéronse desde o primeiro momento con fabricar en Galicia, polo que os pantalóns fanse dentro da rede de talleres de Latitude, que aposta por unha relocalización sostible da industria téxtil galega.

Os primeiros jeans ecolóxicos galegos son de corte slim fit e acabado raw, o que resulta máis sostible, xa que non foi tratado despois de ser confeccionado. Segundo explican Iria e Xulián, isto produce que o seu aspecto inicial sexa un pouco ríxido ou que o tecido non sexa tan uniforme. 

Eles propoñen dúas formas de coidado e lavado: unha convencional de lavado a baixa temperatura, e outra de non-lavado ou lavado aos 6 meses. Esta última opción, da que se está a falar moito ultimamente no mundo do denim, está detallada paso a paso na súa web e ten moito que ver co aspecto do pantalón e a comodidade.

Esa preocupación pola sostibilidade tamén se nota no packaging. Para os envíos postais utilizan caixas de cartón e bioplástico de pataca, e para as feiras bolsiñas feitas con redes de pesca. Todo está tan pensado que a etiqueta colgante do pantalón pode sementarse e converterse nunha planta.

Para Xiro é moi importante visibilizar está revolución que está no ADN da marca. Por iso tamén é responsable das Upcycling Sessions, que puxeron en marcha coa marca de Vigo Le Chanelas para crear unha minicolección de camisetas concienciadoras, aproveitando restos de tecidos, materiais en desuso e redes de pesca. Para o futuro, Xiro proponse introducir novidades DIY (Do It Yourself), traballar máis a sensibilización, seguir posicionando e dando a coñecer a marca e introducir novos modelos e cores de ecojeans, así como novas prendas.

O importante é ir pouco a pouco, e pensar que as accións, por pequenas que sexan, contribúen ao cambio. “Non se trata de comezar a cambiar todo 100% , xa que isto pode resultar frustrante e facer que remates por abandonar  ao paso de unha semana, senón de ir integrando na nosa vida hábitos positivos (sexan de consumo ou non) que contribúan a acadar un mundo mellor, a pesar do utópico que poda sonar isto…

 E sobre todo non pensar aquelo de total ninguén o fai porque cada persoa e cada acción, por pequena que sexa, suma e vai cambiando o rumbo a pesar das dificultades”.                     (

9/10/15

De como Cataluña se volvió rica... y Galicia pobre.

"La memoria es corta. Tendemos a interpretar el pasado filtrándolo por el tamiz de lo que vemos en el tiempo presente. Si en una charla de cafetería preguntásemos cuál de estas dos regiones, Cataluña o Galicia, contaba con más población en el siglo XVIII, indudablemente la mayoría de los parroquianos nos dirían que Cataluña, pues hoy la comunidad mediterránea aventaja a la atlántica en 4,8 millones de habitantes. 

Sin embargo, lo cierto es que en 1787 Galicia tenía más población que Cataluña: 1,3 millones de gallegos frente a 802.000 catalanes. Los saludables datos demográficos del confín finisterrano eran además un síntoma de pujanza. 

En el siglo XVIII algunos pensadores ilustrados presentaban a Galicia ante otros pueblos de España como un ejemplo de sociedad bien articulada económicamente. 

Bendecida por un clima templado y con generosos dones naturales, ya bien conocidos desde los romanos, buenos amigos de su oro y su godello, entre 1591 y 1752 se estima que Galicia duplicó su población. Su éxito se basaba en una agricultura autosuficiente, que recibió un empujón formidable con la perfecta y temprana aclimatación del maíz a los valles atlánticos. Pero había más. 

Una primaria industria popular, cuyo mejor ejemplo era el lino. Y también, claro, los recursos de las salazones de pescado, donde tanto ayudaron empresarios catalanes; la minería, las exportaciones ganaderas, el comercio de sus puertos… Todo ese edificio gallego, tan perfectamente ensamblado durante siglos y triunfal en el XVIII, entrará en crisis súbitamente en el XIX y se vendrá abajo. 

Fue un colapso de naturaleza maltusiana (Galicia se torna incapaz de atender las necesidades que genera su bum demográfico) y da lugar a un éxodo de magnitudes trágicas: desde finales del siglo XVIII hasta los años 70 del siglo pasado se calcula que un millón y medio de personas huyeron de la miseria de Galicia. Buenos Aires fue durante largo tiempo la segunda ciudad con más gallegos y ese gentilicio todavía es allí sinónimo de español.

¿Por qué se hunde Galicia en el siglo XIX? 

Porque decisiones políticas externas voltean su modo de vida tradicional. La apuesta por la industria del algodón mediterránea, que será protegida con reiterados aranceles por parte del Gobierno de España, arruina la mayor empresa de Galicia, la del lino. Los nuevos impuestos del Estado liberal, que sustituyen a los eclesiásticos, obligan al campesinado a pagar en líquido, en vez de en especie, y lo acogotan.

 Aislado del milagro del ferrocarril, el Noroeste languidece, lejano, ajeno a los nuevos focos fabriles, establecidos en Cataluña, con su monopolio de la industria del algodón, y en el País Vasco, cuya siderurgia pasa a ser también protegida como empresa de interés nacional.

Stendhal ante el proteccionismo

El declive de Galicia en el XIX coincide con el espectacular ascenso de Cataluña, debido al ingenio y laboriosidad de su empresariado y a su condición de puerta con Francia. Pero hubo algo más. En su Diario de un Turista, de 1839, Stendhal, el maestro de la novela realista, recoge con la perspicacia propia de su talento sus impresiones tras un viaje de Perpiñán a Barcelona: 

«Los catalanes quieren leyes justas –anota–, a excepción de la ley de aduana, que debe ser hecha a su medida. Quieren que cada español que necesite algodón pague cuatro francos la vara, por el hecho de que Cataluña está en el mundo. El español de Granada, de Málaga o de La Coruña no puede comprar paños de algodón ingleses, que son excelentes, y que cuestan un franco la vara». 

 Stendhal, que amén de escritor era también un ducho conocedor de la administración napoleónica, para la que había trabajado, capta al instante la anomalía: el arancel proteccionista, implantado por los gobiernos de España en atención a la perpetua queja –y excelente diplomacia– catalana, ha convertido al resto de España en un mercado cautivo del textil catalán, cuando es notorio que es más caro y peor que el inglés.  

Un premio colosal, pues no había entonces industria más importante que la del algodón, que será pronto matriz de otras, como la química. Esa descompensación primigenia, el arancel, reescribe toda la historia económica de España. 

A partir de esa discriminación positiva inicial, que le permite arrancar con ventaja frente a las otras comunidades, pues España era un páramo industrial, Cataluña va acumulando más y más espaldarazos por parte del Estado. Aunque también hay que ensalzar el ímpetu y la capacidad de la burguesía catalana. (...)

De hecho, el resto de España todavía aportará algo más: mano de obra masiva y barata para atender a la única industria que existía, la catalana (salvo el oasis de Vizcaya).
En el siglo XX llegaran más ventajas competitivas para Cataluña. En 1943, Franco establece por decreto que solo Barcelona y Valencia podrán realizar ferias de muestras internacionales. Ese monopolio durará 36 años. 

Fue abolido en 1979 y solo entonces podrá crear Madrid su feria, la hoy triunfal Ifema. Catalanas son las primeras autopistas que se construyen en España (Galicia completó su conexión con la Meseta en el 2001 y la unión con Asturias se culminó hace dos semanas). 

Cuando llegan las libertades económicas y se evaporan los aranceles y los monopolios, España logra crear, contra todo pronóstico, la mayor multinacional textil del planeta, Inditex. Resulta harto revelador que la compañía nazca en La Coruña, en el confín atlántico, y no en la comunidad que durante un siglo largo disfrutó del monopolio del algodón y el textil. Lo mismo sucede con las ferias de muestras de Barcelona y Madrid.

En realidad la libertad económica, unida al ensimismamiento nacionalista, sienta mal a Cataluña, acostumbrada a competir apoyada en la muleta del Estado intervencionista. Según la serie histórica de desarrollo regional de Julio Alcaide para BBVA, en 1930 la primera comunidad en PIB por habitante era el País Vasco y la segunda, Cataluña; Galicia se perdía en el puesto quince. (...)"               (Luis Ventoso, ABC, 11/02/2014)

26/6/15

Costureras gallegas contra el ‘made in China’

Mónica Mosquera (izquierda) y María Almazán, en la sede de Latitude en Santiago. / ÓSCAR CORRAL

"Mónica Mosquera, que heredó en sus manos la maestría de su madre al coser, lleva 15 años viendo cómo el sector textil europeo se derrumba a su alrededor. Desde su taller en Ordes (A Coruña) ha sido testigo de cómo las multinacionales sustituían la destreza gallega de las miles de espaldas encorvadas sobre las que levantaron su imperio por los ínfimos sueldos de trabajadores asiáticos explotados.

 Hoy, aliada con otras colegas y los socios del proyecto Latitude, se propone reconstruir la industria perdida, ofreciendo a las empresas lo que solo la aguja de las costureras de Galicia puede confeccionar: ropa de materiales ecológicos y de alta calidad.

 Son cuatro los talleres que se han unido para empezar a trabajar en red y resucitar la industria, todos ubicados en esa zona cero del textil que es Ordes. A su lado, las costureras tienen a otra mujer que, como ejecutiva de una multinacional, presenció los horrores de las fábricas a las que las glamurosas marcas de moda desplazaron la producción desde los ochenta. 

María Almazán, codirectora de Latitude, ha visto a niños asiáticos beber agua de ríos teñidos del mismo color de temporada que los escaparates de las tiendas europeas. A operarios con las caras quemadas trabajando a destajo en salas de corte. A enfermos de silicosis por manejar sin protección pistolas para desgastar vaqueros.

 “Tras esa experiencia decidí que no quería que mi aportación a la moda fuera esa. Un sector que quiere generar belleza no puede tener detrás algo así”, explica Almazán en la sede de Latitude en Santiago de Compostela. La moda generaba en los noventa 400.000 empleos en España; hoy 170.000.


Latitude arrancó en octubre pasado para ofrecer prendas fabricadas con criterios sostenibles a empresas de moda de toda Europa y sus fundadores eligieron Galicia porque solo en este territorio y en Cataluña quedaban escombros sobre los que cimentar la reconstrucción. 

En unión con los talleres, sus empleados se implican en todos los eslabones de la cadena (diseño, tejidos, confección, etiquetado y promoción comercial). “Trabajar en Asia es facilísimo, te lo dan todo hecho. La labor de cohesionar todo el proceso aquí es ingente porque la red que había se rompió”, apunta Almazán. Latitude tiene en marcha cuatro colecciones y está en conversaciones con 40 marcas.

El muestrario que se ofrece en bandeja a las marcas incluye fibras naturales como algodón, cáñamo, lino u ortigas; telas confeccionadas con restos triturados de otras telas y paños elaborados con botellas de plástico. 

De cada cinco diseñadoras que tocan los géneros, cuenta Almazán, a tres se les saltan las lágrimas. A las creadoras mayores, porque vuelven a sentir los “buenos materiales” que “se dejaron cuando todo se empezó a hacer mal”. A las más jóvenes, por las posibilidades que los tejidos abren a su ingenio.

El proyecto también se propone mejorar las condiciones laborales de esta profesión castigada, diseñando talleres con ambientes habitables y sanos. La fábrica de Mosquera da empleo a una plantilla variable de entre 20 y 45 personas, todas ellas mujeres, de 27 a 43 años, hijas de las costureras que subieron la moda gallega a las pasarelas. 

Uno de los retos es estabilizar la producción y el empleo de esta industria “cíclica”. Para afrontar las épocas de baja demanda, buscan empresas que no fabriquen al dictado de la temporada y proyectan una línea de merchandising sostenible.

 Cada camiseta de un pedido de 5.000 prendas traído de China le cuesta a una empresa 1,5 euros, frente a los 7,5 de una made in Galicia. ¿Están los ciudadanos dispuestos a tener menos ropa y pagar más por ella? Almazán percibe una creciente oposición al modelo salvaje de producción textil, tanto en los consumidores como dentro de las multinacionales. 

El codirector de Latitude, Fernando Gago, esgrime que China “ya no es lo que era” porque las demandas laborales de sus habitantes han empezado a subir los precios. El miedo económico a la desaparición total del sector en Europa, las imágenes de la fábrica que se derrumbó en Bangladés en 2013 y el avance de las alergias —“el 80% de los químicos de síntesis que se usaban en los ochenta en textil y cosmética están ahora prohibidos”— han abierto el camino hacia un cambio “gradual”. 

Almazán ve luz al final del túnel: “Nadie diría hace cuatro años que Carrefour iba a tener cuatro pasillos de comida ecológica. Se empieza por lo que comes y después vendrá la ropa. Es la tendencia”.            ( , El País, Santiago 22 JUN 2015)

14/1/14

Adiós al guardián del Entroido

Francisco Añel, en el centro de la imagen

"A Don Carnal lo prohibió Francisco Franco por pagano. Y en Laza, Francisco Añel lo salvó del olvido a base de puntadas. Paco O Xastre, un modisto emigrado a Cataluña y retornado a su pueblo tras el fallecimiento del dictador, ha muerto a los 82 años tras convertirse casi sin quererlo en un mesías que cosió desinteresadamente la historia del triángulo mágico del Entroido.

 Creció entre la segunda república y la dictadura en la minúscula aldea de Castro de Laza y heredó el oficio de la aguja de su padre. Sin embargo, fue su abuelo José el que le enseñó la confección del traje de peliqueiro, porque según él mismo contaba “su padre no tenía paciencia”. No fue por vocación, sino por un cáncer que le provocó una cojera de por vida. Pero el enganche fue tal que no dejó la aguja hasta 2011 por recomendación médica.

O Xastre se fue preocupado por la falta de jóvenes interesados en seguir con la complicada elaboración del traje. Nunca tuvo hijos y coser la indumentaria de los peliqueiros requiere una paciencia casi tan ancestral como el propio carnaval. En vida siempre recordaba la reiterada anécdota de los aprendices que abandonaban las clases tras la segunda sesión. “No aguantan” decía entre sonrisas. 

Su empeño sirvió para dejar atada la continuidad del oficio que borda un traje de una treintena de kilos. “Era un amante de la ortodoxia tanto en el traje como en el comportamiento y sentimiento con que debe llevarse el peliqueiro” recuerda el antropólogo y abogado Félix Castro.

Tras su vuelta al valle del Támega, Añel montó un pequeño taller en el que instruyó gratuitamente a todo el que se acercase. Traía buena fama de Barcelona, donde cosechó clientes y éxito entre los emigrados. Hace más de tres décadas que guardó como un tesoro los patrones originales de la careta o el pantalón que se enfundan peliqueiros y cigarrones.

 Las chaquetas llevan el sello personal de Añel, que decidió colocar los galones de una forma tan personal que debe ser enseñada con maneras de artesano. Y como asegura el dicho popular, detrás de un gran hombre hay una gran mujer. Su esposa Encarna Fraguas compartió con él la exclusiva de mantener viva la tradición carnavalesca en una pequeña aldea de la Serra de San Mamede a la que solo se va a propósito.

Castro explica que “a él se debe la elegancia y empaque actual del traje y la máscara, convirtiendo aun más al peliqueiro en símbolo del entroido con mayúsculas”. No es para menos ya que confeccionó a mano más de un centenar de trajes.

 El carnaval gallego da la vuelta al mundo por sus ancestrales modales, que en la comarca de Monterrei se han empeñado en conservar. Las prendas zurcidas por Paco O Xastre están expuestas incluso en el Museo del Carnaval de Osaka (Japón).

La filosofía de la figura del cigarrón va más allá de la vestimenta y rodea al personaje para convertirlo en el protagonista absoluto. Además de los sonoros seis chocos de hierro y bronce que anuncian su presencia, también llevan en una mano la zamarra.

 Es una fusta que usan contra aquellos que no respetan al peliqueiro interrumpiendo su camino. Ahora, el Entroido debe parte de su historia a un sastre humilde que remendó con sus puntadas los rotos y descosidos ocasionados por el paso del tiempo y el nacionalcatolicismo."                (La Voz de Galicia, 13/01/2014)

16/4/13

Caramelo presenta suspensión de pagos

"La firma de moda Caramelo ha solicitado esta mañana el concurso voluntario de acreedores en un juzgado de A Coruña por "la extrema situación" que atraviesa. Según la propia compañía, "esta decisión obedece a las recurrentes pérdidas" que ha sufrido en los últimos años y tras constatar que la caída de las ventas no solo no mejora, sino que ha empeorado en el arranque de 2013. 

 Además, anuncia que aplicará un expediente de regulación de empleo una vez se concrete el concurso.

El resultado de los tres primeros meses de 2013 "hace prever un volumen de déficit de caja para este ejercicio incluso superior al de 2012, que la compañía es ya incapaz de afrontar", añade la empresa en un comunicado.

Además, lamenta que "a pesar de haber contado para ello con importantes aportaciones extraordinarias por parte de su accionista principal de más de 16 millones de euros", este esfuerzo por recuperar la senda de la rentabilidad no ha conseguido invertir la tendencia negativa de las ventas.

"La actividad de Caramelo se ha visto seriamente dañada por la profunda crisis de consumo que afecta a toda Europa y, de forma particular a España, mercado al que la empresa ha estado excesivamente expuesta en los últimos años", reconoce la compañía.

Por este motivo, en los últimos meses, "ha intentado potenciar su crecimiento exterior, poniendo en marcha una estrategia de internacionalización que sirviese para compensar las dificultades en el mercado español, pero su tradicional presencia en los países del sur de Europa, sumidos en una profunda crisis, no ha facilitado dicho proceso de expansión internacional".

Con vistas al futuro, Caramelo afirma que hará "un profundo redimensionamiento de la empresa textil, con el objetivo de mantener únicamente las unidades de negocio que sean rentables para conseguir la viabilidad". También avanza que dará entrada a nuevos inversores "que puedan participar en la compañía y aportar sinergias de gestión".    (El País, 15/04/2013)

17/10/12

Nadie le ha hecho tanto daño a la industria gallega como el conselleiro Javier Guerra

"Consultar la Encuesta de Población Activa es más doloroso que caminar descalzo por un campo de cactus. La estadística escupe datos como el siguiente: desde el primer trimestre de 2009 hasta este año, en Galicia han desaparecido 43.100 empleos en la rama industrial y 32.000 en la construcción.

 El descalabro es de dimensiones espectaculares en el sector inmobiliario: la bolsa de viviendas vacías ha aumentado exponencialmente y el número de visados de obra nueva (que no llega a los 1.700 en el primer semestre), nos devuelve a lo que ocurría hace tres décadas. Esto sucede a pesar de que Galicia, según la patronal del sector, no fue la comunidad más castigada por el burbujeante despegue económico del ladrillo que causó la actual recesión.

Las políticas para revertir o, por lo menos, frenar la situación de la industria y la construcción han resultado abiertamente ineficaces. Empezando por el plan estrella de la Xunta de Galicia para hacer despegar sector eólico: iba a crear nada menos que 13.266 empleos gracias a una inversión privada de 5.953 millones, la mitad del presupuesto de la Xunta. 

Ni la propia patronal, EGA, disimula ya el estrepitoso fracaso del plan impulsado por el conselleiro del ramo, Javier Guerra, que supuso la anulación del reparto del gobierno bipartito —algo que, a la postre, fue tumbado en dos sentencias del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia—.

Tampoco se han cumplido los pomposos anuncios de recuperación de la mano de la inversión exterior, desde la fábrica de baterías para coches que iba a instalar Mitsubishi para crear 500 empleos en Salvaterra (Pontevedra) hasta el presentado como “firme compromiso”, de la compañía Xero para instalar una fábrica de coches eléctricos en Melón (Ourense).

“Nadie le ha hecho tanto daño a la industria como Javier Guerra”, sentencia el economista Manuel Lago Peñas. “Nadie, desde el conflicto de Sargadelos”, ironiza, en referencia al motín que se produjo a finales del siglo XVIII en Lugo que desembocó en el asalto de miles de campesinos a las fábricas en protesta por el consumo de madera del complejo siderúrgico (madera que necesitaban para actividades agrícolas y pesqueras).

 Aquello truncó la producción de acero en Galicia, y dos siglos después los incendios se divisan en muchos más frentes, desde la producción de energía a la construcción naval pasando por el ladrillo o el sector textil.

 Naval. La ausencia de financiación, las crisis en Barreras y Vulcano y la quiebra de constructores pequeños (M. Cíes, Factoría Naval), han puesto contra las cuerdas al sector. (...)

Textil. El sector de la moda, al que se han dedicado una buena parte de sus ayudas del Igape, ha perdido a industrias medianas de referencia y otras están gravemente tocadas. (...)

Construcción. Uno de los últimos ejemplos es el fracaso de los planes para dar salida a la bolsa de pisos vacíos que la Xunta impulsó a principios de año. De las 4.500 viviendas que, se pretendía, iban a encontrar comprador, apenas hay medio centenar. El plan era una de las promesas que Feijóo llevaba en su programa electoral en 2009 pero ya había fracasado una iniciativa parecida en el Madrid gobernado por Esperanza Aguirre. (...)

Energía. El cierre de la planta de Gamesa es el paradigma de lo que ha sucedido durante los últimos cuatro años en el sector. El polémico concurso eólico del bipartito fue sustituido por otro —también controvertido— reparto que se falló cuando la ventanilla de primas eólicas ya estaba cerrada en Madrid."             (El País, Galicia, 11/10/2012)

18/1/11

Así se tejió el imperio... de Zara... gracias a las mujeres gallegas



"Algunas de las mujeres que empezaron a trabajar con Amancio Ortega siguen cosiendo para Inditex en sus talleres de la provincia de A Coruña.

A comienzos de los ochenta, era normal encontrarse en las calles de A Coruña, en los barrios populares como Monte Alto o el Agra do Orzán, amas de casa que en el carrito de ruedas no llevaban la compra del día, sino telas ya cortadas para coser en casa, o en el local improvisado por un proveedor-intermediario de Zara, en el que se juntaban varias, según contaba un estudio sobre el empleo femenino en el textil en aquella época que realizó la especialista en materia sociolaboral Mar Iglesias (que tampoco ha atendido los requerimientos de este periódico).

También en los alrededores de la ciudad, sobre todo en la comarca de Bergantiños, se reproducía el fenómeno, que en seguida derivó hacia la creación de talleres, fuesen cooperativas o empresas. No tenían, ni tienen, rótulos, ni les hace falta, porque trabajan para un único cliente.

Se distinguen por la cantidad de coches aparcados en el exterior, y por el zumbido de las máquinas de coser que se filtra desde los bajos.

"Empecé hará 22 años esta Semana Santa. Yo tenía una academia de corte y confección y andaban por aquí buscando talleres. Me hablaron de poner uno, lo pensé y me decidí, con las alumnas que tenía.

Después me pidieron que lo aumentara, y de 22 chicas pasé a tener 60. Ahora son 45 o 50", dice Manuela Ures en el portalón de su casa de Pazos (Ponteceso), con el runrún de fondo que llega de dentro.

"Antes había un taller en cada casa, pero muchos desaparecieron. Algunos lo montaban y trabajaban en él después de sachar, y claro...". Manuela Ures, toda afabilidad, siempre se ha dedicado a las chaquetas (produce de 3.000 a 4.000 al mes, dependiendo de la dificultad del modelo), (...)

Cerca, ya en el término municipal de Malpica, el de Chelo do Xastriño fue uno de los primeros talleres, sino el primero. Incluso trabajaban con el producto pionero y mítico de Zara: la bata.

A Chelo, como el nombre de su familia indica, lo de coser no le era ajeno, e incluso cuando empezó, en 1978, venía de Francia de trabajar en la confección.

"Un señor de Coruña que tenía un chalé aquí nos lo comentó. Era tan al principio que venían a traer la tela y a recoger las prendas en un Renault 4L. 'Las manos, las de Francia, pero los precios, los de aquí' nos dijeron".

Con los precios de aquí, Chelo recuerda que "una chica que tuviera ansia de trabajar podía sacar entonces 100.000 pesetas al mes".

Entonces había mucha gente trabajando en las casas, pero ya no, salvo alguna excepción que se mantiene más que nada por una mezcla de tradición y fidelidad.

La propia empresa -es decir, las distintas empresas del grupo para las que cosían- estranguló el fenómeno del trabajo individual y la figura del intermediario que llevaba la parte del león, como un taxista de más allá de Ponteceso que se dedicaba a repartir el trabajo por las casas, y que tuvo que acabar montando un taller.

Tanto por cuestiones de legalidad (varias entrevistadas coinciden en que les exigen anualmente los certificados de estar al tanto en la seguridad social de las empleadas) como de eficacia (el ritmo de entrega no puede depender de la producción de personas aisladas).

Sin salir de un radio de 10 kilómetros, en Cances hay dos talleres. Uno, el de Dosinda, otra de las pioneras, que se acoge a la gripe para no decir más que "Don Amancio nos dio la vida a muchas". Otro, en un primero que no revela su actividad más que por los fardos de tela imitación de piel de leopardo que hay en el portal, y el desfile de chicas que a las 18.30, finalizada la jornada laboral, bajan por la escalera, es el de Isabel.

Tampoco le interesa dar a la prensa más datos que ella y una socia empezaron en el 92, por una tía que ya tenía un taller, y que llegó a tener 50 trabajadoras, pero ahora son solo 20. En Bergantiños Amancio Ortega no solo dio vida a las mujeres. La mayoría de los carpinteros y albañiles que se dedican a montar las tiendas por toda Europa fueron y siguen siendo de aquí.

En la casa de Chelo no hay más ruido de fondo que el de los perros. Lo dejó hace unos años porque "los precios de aquí" no le permitían afrontar los costes laborales. Tampoco en un taller de Coristanco, que producía entre 2.500 y 3.000 chaquetas al mes y lleva cerrado un año.

"Lo tendré que abrir de nuevo, porque mi bisabuelo era sastre, lo eran mi abuelo y mi padre y lo son mis hijos, y tengo 100 millones de pesetas en máquinas, pero no para Zara. Pagan como relojes, eso sí, pero poco, y cada vez menos.

A siete euros la chaqueta. Con sólo dos euros más sería rentable, pero es que en Marruecos, por dos euros se las hacen, se las planchan y se las empaquetan".

La deslocalización no es algo nuevo en el sector. Hace años, empresas ya desaparecidas, como Manusa, se llevaban parte de la confección de camisas a conventos de monjas de Valladolid y Zamora, pero nada que ver con lo de ahora.

A la propietaria de un taller coruñés le llegarían 50 céntimos más por pantalón para salir de deudas y evitar entrar a trabajar a las siete de la mañana y salir a las siete de la tarde, como pronto.

"Además, si te dan un modelo que necesita una máquina concreta, tienes que comprarla y a lo mejor no la vuelves a necesitar en dos años, aunque es cierto que a mí una vez me dieron ese tipo de trabajo hasta que pude pagarla", dice esa mujer, que lleva 25 años en el sector.

"Hace tiempo se convocó una reunión de talleres, y llamaron uno por uno para decirles que hicieran lo que quisieran, pero los precios iban a ser los que eran. No fue nadie", dice una de las personas entrevistadas. "Yo creo que, en diez años, aquí no habrá taller ninguno. No les interesa", considera otra.

"Si los mantienen es por fidelidad, o por imagen". "Deberían pensar que el imperio lo levantaron gracias a Galicia, no a China", terciaba la esposa del sastre de Coristanco, ante el escepticismo de su marido: "Lo que hacen aquí es una gota en el océano".

Durante otra de las conversaciones, llamaron a la puerta. Era una planchadora con experiencia para entregar su currículo. "Es el cuarto que recojo hoy", dijo la receptora. "Es cierto que están ayudando al tercer mundo, pero se está creando otro aquí". (El País, Galicia, 16/01/2011, p. 3)

8/11/08

Al parecer había cosas más importantes que hacer... que el clúster del textil

"As agullas xa non cosen no país.

Os empresarios piden axudas da administración para regular o emprego no país, ao tempo que foxen cara o estranxeiro para externacionalizar o traballo, sen pensar nas vantaxes dun clúster que leva dous anos paralizado." (Vieiros, 08/11/2008)