Mostrando entradas con la etiqueta Historia de las mujeres: trabajadoras: conservas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historia de las mujeres: trabajadoras: conservas. Mostrar todas las entradas

7/6/22

Mujeres en la mina desde hace más de 15 años: “Los compañeros me decían que no aguantaría el invierno”... Dos hermanas gallegas cuentan su experiencia manejando maquinaria pesada y explosivos en una cantera de Boiro, en A Coruña

 "De pura casualidad. Así fue como Manola Torrado Coto acabó un buen día de hace ya 17 años convertida en palista y manejando explosivos en su pueblo natal de Boiro (A Coruña). Una madrugada de 2005, al salir de trabajar de una fábrica de conservas con dos amigas, se planteó pedir trabajo en la mina. 

 “Eran las tres de la mañana, estábamos muy cansadas del trabajo en cadena en la conservera, limpiando pescados contrarreloj en una línea, y suspirábamos por algo menos duro”, rememora Torrado. Una de las amigas comentó que en el Grupo Nosa (Nemesio Ordóñez, SA), una empresa familiar del mismo Boiro, buscaban palistas para la cantera de tratamiento de áridos. Y allí se plantaron. Las contrataron.

Transcurridos más de 15 años, ella sigue subida a una pala o a un dumper (un camión de transporte y volteo de materiales ligeros) al igual que su hermana Fátima, que se incorporó tres años después. Aseguran que tienen la misma jornada, sueldo y oportunidades que sus compañeros varones y contarán su experiencia en el II Simposio Mujer y Minería que se celebrará a mediados de mes en Santiago, coincidiendo con la celebración, el 15 de junio, del Día Internacional de la Mujer en Minería.

Aquella madrugada de 2005 en la que las tres empleadas de la conservera de Boiro decidieron pedir trabajo en la mina, Manola Torrado tenía 34 años y dos hijos pequeños. “El jefe insistió en preguntarnos si estábamos seguras de que queríamos ese empleo. Nos dijo que nos pasáramos para ver en qué consistía y nos dio la oportunidad. No lo dudamos”, cuenta, aún agradecida. A sus amigas las destinaron a la zona de reciclaje y a ella la contrataron como palista. Jamás se había subido a semejante máquina así que dijo abiertamente que no sabía manejarla, pero el empresario fue claro: ”Si sabes andar en tractor ya sabes manejar esto”. Ella se había subido a un tractor mil veces desde pequeña. Ahora lleva 17 años manejando la pala y también ha trabajado con explosivos.

Si lo de Manola Torrado fue fruto de la casualidad, lo de su hermana Fátima, un año más joven, también. Como ella, estaba hastiada de su trabajo, en su caso como repartidora de pan por el pueblo. “No me enteré por Manola; a mí me comentó un vecino que buscaban a gente para la mina y eso no estaba para nada en mi mente”, cuenta la más joven de las Torrado de su experiencia, iniciada tres años después que su hermana.

La contrataron de inmediato para manejar una retroexcavadora y un dumper. “La retro me costó un poco, son 50 toneladas… Así que empecé en una más pequeña, pero ahora también manejo la que pica piedra y también explosivos. La empresa hace obra pública y cuando hace falta voy yo con la máquina del martillo y la verdad es que todo el mundo se queda flipando al verme ahí subida”, cuenta, tras 14 años de experiencia en la mina, una explotación a cielo abierto mediante grandes voladuras sobre una superficie de unos 200.000 metros cuadrados para la obtención de áridos.

Las hermanas Torrado aseguran haber sido acogidas con “completa normalidad” por el resto de sus compañeros pese a que son las únicas que trabajan en la mina, junto con otra compañera, de las más de 80 mujeres empleadas en la empresa, la mayoría en puestos de administración. “Es cierto que al principio les chocaba un poco. Yo empecé en septiembre y recuerdo que los compañeros me decían que no aguantaría el invierno con las lluvias y el frío trabajando a cielo abierto, pero no fue así”, explica la mayor de las Torrado, puntualizando que jamás ha sufrido acoso “sino todo lo contrario”: “Somos una familia”. Asegura la experta palista que les llama más la atención a los que vienen de fuera con camiones. “Al vernos a nosotras en las máquinas nos dicen que tengamos cuidado, no vayamos a darles un golpe…”, reconoce.

Si el machismo no está presente entre los compañeros de la empresa, sí está latente en el sector. Ver a mujeres en los puestos tradicionalmente masculinos de las minas es aún casi un espejismo. Según la estadística realizada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco) con datos referidos a 2019, solo el 8,53% de los empleados en este sector son mujeres. La plataforma Woman in Mining Spain cifra también en torno al 8% la presencia de mujeres en el sector de la minería en España. Y de ese 8% , casi el 30% ocupan puestos administrativos y técnicos y tan solo un 3% están en puestos de producción. El porcentaje aumenta algo en el caso de Galicia, que lidera los mercados nacionales e internacionales de exportaciones y facturación (unos 600 millones de euros anuales) con el granito y la pizarra como principales productos.

En la comunidad gallega el porcentaje de empleo femenino en el sector minero es del 9,74%, con 334 mujeres del total de 3.428 personas empleadas. La proporción es mayor en la pizarra, en donde hay 232 mujeres contratadas de los 1.625 empleados. No obstante, el mayor número de mujeres ocupa puestos técnicos y administrativos con un 28,57%, siendo prácticamente simbólico, un 3,35% el de las que desarrollan su trabajo en puestos de producción.

Para las familias de Manola y Fátima Torrado sus empleos son motivo de orgullo. Fátima, casada con un marinero que pasa largas temporadas navegando y regresa de vacaciones, recuerda el día en que su hijo hizo una reflexión cuando su madre llegó de trabajar con explosivos y su padre había hecho las tareas domésticas y tenía la comida en la mesa. “¡Hay que ver cómo cambiaron las cosas en esta casa!”, exclamó el niño, ahora programador informático de 31 años.

También están orgullosos los hijos de Manola. “A mi madre le costó un poco entenderlo pero enseguida empezó a presumir”, apunta su hija, que estaba ya en la Universidad (ahora tiene 31 años y es ingeniera química), lo valoró mucho. El pequeño, ahora especialista en telecomunicaciones, tenía solo ocho años. “Como aquí las mujeres trabajan en la conservera, me lo llevé un sábado a la mina para que viera dónde trabajaba su madre” y fue todo normalidad, relata.

Las dos hermanas dejan claro que no hace falta fuerza física sino destreza y determinación para desarrollar su trabajo. “Es todo cuestión de práctica; no es en absoluto un trabajo duro”, apuntan, felices de haber abandonado sus anteriores empleos. Son las cabezas visibles de un sector aún prácticamente inexplorado por las mujeres. No hay niñas al mando de un dumper ni de una retroexcavadora en los anuncios de juguetes. Las hermanas Torrado reconocen que de pequeñas jugaban con las muñecas Nancy aunque siempre les ha encantado conducir. Ambas aspiran ahora a jubilarse subidas a sus respectivas máquinas. “No nos imaginamos otro trabajo que no sea algo así”, zanjan."              (Cristina Huete , El País, 03/06/22)

4/2/22

Huelga en la conserva: “La patronal saca pecho con récords de beneficios con trabajadores cobrando 870 euros”

 "Los trabajadores y trabajadoras de la conserva están en pie de guerra. Galicia, espada del sector a nivel nacional, verá frenado uno de los motores de su economía este jueves y el viernes, después de que ni patronal ni sindicatos lograsen un acuerdo para firmar el nuevo convenio laboral. Los trabajadores se han manifestado esta mañana en Vigo.

 Galiciapress asiste a los piquetes de Jealsa Rianxeira, que parará este jueves su actividad, para charlar con Enrique Reino, de Comisiones Obreras y uno de los miembros de la negociación con ANFACO-CECOPESCA para lograr mejoras como reducir la temporalidad o acabar con la brecha salarial, cuya existencia niegan desde la patronal. 

Con sueldos que no llegan a ser mileuristas, los operarios tienen este 3 de febrero una oportunidad en las calles para que se oigan sus reclamaciones, que podrían impulsarse si se aprueba la reforma laboral. “Tanxugueiras dice aquello de ‘Veñen pra quedar’. Pues eso haremos los trabajadores de la conserva: vir pra quedar”. 

Como cada noche, a las puertas de Jealsa Rianxeira llegaron tres autobuses. Sin embargo, a diferencia del resto de días, estos venían vacíos. De ellos no se bajaron los hombres y mujeres del turno de noche. Hoy no se trabaja. La factoría boirense, un gigante del sector de las conservas y que abastece a supermercados de toda España, paraba sus máquinas por la huelga de los trabajadores que se reinicia este jueves 3 de febrero, después de un primer día de parón el pasado 21 de enero, y que tendrá su segundo asalto el viernes 4 de febrero. Dos días de huelga para reclamar salarios dignos, el fin de la brecha salarial, reducir la temporalidad y, en definitiva, un convenio digno.

Ayer ANFACO-CECOPESCA y los sindicatos estuvieron reunidos durante horas en una jornada maratoniana en la que intercambiaron propuestas desde las 9 de la mañana hasta la caída del sol. Se avanzaron en algunos puntos y se acercaron posturas, pero no se logró el objetivo final y las negociaciones se rompieron como en encuentros anteriores. La huelga era ya inevitable, con el plan de trabajo para jueves y viernes suspendido en las fábricas desde primera hora del miércoles.

Este jueves están llamados todos los operarios del Barbanza a acudir a las 12 horas a la Praza do Concello de Boiro para la manifestación y el viernes, a la misma hora y en el mismo punto, tendrá lugar una cacerolada. Protestas como está tendrán lugar en Vilagarcía de Arousa y Vigo, así como en otros puntos de España, donde también reivindican un convenio digno para el sector.

Con todo, fue un día de mucha incertidumbre entre los trabajadores, con mensajes cruzados y opuestos en los que se generó cierta confusión sobre si habían llegado o no a un acuerdo o si la huelga quedaba suspendida. Enrique Reino, de Comisiones Obreras, participó en la reunión y, nada más salir, se presentó en Jealsa, donde lideró los piquetes en la planta.

“Nosotros insistimos en nuestras peticiones: equiparación salarial, subir la remuneración como dios manda más los atrasos del año pasado y lo de este año, además de otras muchas como los planes de igualdad, demandados en las empresas -que dicen tener firmados, pero que nosotros no vemos-, o la temporalidad”, repasa del programa de CC.OO.

Tanto CIG como UGT, actores implicados en la negociación, coinciden, a grandes rasgos, es los aspectos fundamentales de la negociación, marcada en gran medida por las informaciones contradictorias que surgían a lo largo del día y que llegaban a los trabajadores.

Reino acusa de la confusión al “bombardeo de mensajes” sobre acuerdos como el alcanzado en Euskadi, donde las protestas lograron una importante subida salarial en el pacto con las patronales Cebek y Norpesco, o como el acuerdo de Pescanova “cuando Pescanova no pertenece al sector de la conserva”. “La gente estaba impaciente, querían dilatar este día de huelga para que no empezara el jueves”, indica Reino. De cualquier manera, con el pescado congelado, con acuerdo o sin él, las factorías apenas contarían con margen para poder trabajar mañana de forma óptima.

SUBIDA SÍ, PERO NADA MÁS

En el encuentro del miércoles, y tras el fiasco de la no reunión del pasado 27 de enero, la patronal se mostró abierta a negociar las subidas salariales, atendiendo a la demanda de alcanzar el 6,5% del IPC. Con todo, no satisfizo a las partes. “Los demás temas ni se tocaron, siguen negando que exista una brecha salarial, ni las categorías profesionales, ni el cuarto turno… Entonces dijimos que no podíamos aceptar esta propuesta”, relata Reino.

El acuerdo pudo llegar a última hora de la tarde, con una contraoferta con “una subida salarial importante”, pero “sin acuerdo para los siguientes años”. Tampoco convenció a los sindicatos, que hasta ese momento se mostraron unidos, sobre todo en aspectos como la igualdad salarial.

Este apartado es especialmente sangrante, sobre todo si consideramos que las mujeres son “el 80% de la conserva” y ponemos de ejemplo denuncias colectivas como la interpuesta contra Escuris hace casi diez años, en las que Inspección de Trabajo constató cómo las encargadas del grupo 1 tenían complementos que oscilaban entre 68 y 182 euros, frente a los complementos de cargo de sus compañeros varones de más de 1.300 euros, además de “cuantiosos efectivos”.

“Nada ha cambiado en una década. Una mujer que trabaja en el mismo puesto que un hombre no puede cobrar menos. Se amparan en que los grupos son diferentes. Pero esto no va que en el grupo 5 cobren más que en el 6, sino que en el grupo 5 hay hombres cobrando más que sus compañeras desempeñando la misma función. Las diferencias salariales deben marcarlas las categorías, y los salarios deben subir para todos y acabar con la brecha salarial”, sostiene. Una propuesta de los sindicatos incluso contemplaba la opción de alcanzar la igualdad en el siguiente convenio. La respuesta fue no.

PATRONAL ENROCADA: NI TEMPORALIDAD, NI BOLSA DE HORAS…

La ruptura de las negociaciones llegó con una amenaza: la última contraoferta tenía fecha de caducidad. “Ya veremos a partir del día 4”, dijeron. “Paramos para tener mejoras reseñables en un convenio que no se toca desde hace 36 años. Hubo negociaciones, la pérdida de la antigüedad y trienios, pero tiene que haber un punto de inflexión. Mientras, la patronal sale sacando pecho en la prensa con récords de facturación y beneficios. ¿Y qué llevamos nosotros? Hablamos de sueldos de 924 o 870 euros”, reprocha Reino.

La reclamación de aumentar la bolsa de 16 horas de médico para mejorar la conciliación, solo sería atendida a cambio del 4º turno de fin de semana salvo domingos y festivos. “Por ahí no pasamos”, zanja Reino, al tiempo que advierte que es un aspecto en el que su sindicato no quiere reflejar en el convenio y dejarlo a negociaciones entre los comités de empresa y las firmas que lo consideren necesario

Por su parte, en un apartado como la temporalidad, tan acuciante en comarcas como la de O Barbanza, donde la vida laboral de muchas personas se reduce a rebotar de fábrica en fábrica cada seis meses con contratos precarios, Reino reconoce que es difícil avanzar “sin meter mano a las ETT”. “Habría que abrir el melón de los convenios con las ETT”, admite.

¿Mejoraría esto con la reforma laboral? “Claro. Veremos si se aprueba de una vez y las mejoras que trae. La temporalidad viene marcada de Europa. Debería ser del 15%, pero dependiendo de la empresa se dispara a un 30, un 40 o un 50%. Lo que se había firmado era aumentar las plantillas de fijos y fijos discontinuos, y no la temporalidad como está pasando”, critica.

¿UNA HUELGA INDEFINIDA?

Cerqueira va a la huelga, Ignacio Montes va a la huelga, Jealsa va, en Frinsa van a ir a la huelga…aunque de aquella manera”, comentan desde Comisiones. Frinsa fue, precisamente, el “gran ausente” el pasado 21 de enero, cuando los sindicatos celebraron un seguimiento multitudinario de la huelga, salvo en la firma de Ribeira, la más importante del sector.

Aparentemente, salvo casos contados, la actividad se mantuvo inalterada en Frinsa. Esto se debe a presuntas presiones por parte de la compañía para que sus empelados no secundasen la huelga. “Con la Frinsa pasó lo que pasó. Está secuestrada por el comité de empresa y algunos compañeros se comunicaban en secreto, porque si los descubrían podían perder el empleo. Es tan triste como eso, porque hablamos de un derecho fundamental recogido en la Constitución”, reprende Reino.

Las cosas han cambiado y Frinsa parará -aunque no por la huelga- estos dos días. Los sindicatos animan a sus operarios a acudir a las manifestaciones para intentar que “se quede pequeña” la plaza boirense. “Esperemos que sea otro gran día de reivindicación y podamos dar todos un paso adelante. Que la gente acuda y se manifieste con libertad y tranquilidad, porque es muy necesario conseguir este convenio y no seguir 40 años como llevamos sin mejoras, con sueldos pírricos, como el único sector industrial que no va al alza como los demás… Pero hay que pelearlo y más aquí, en el Barbanza, donde somos la cabeza estatal de la conserva”

Por ahora, desde CC.OO. no quieren plantearse nada más allá del 4 de febrero. La posibilidad de una huelga indefinida la ven, por ahora, lejana. “Estamos en un mes de 28 días y ya vamos a parar dos. Con sueldos de 900 euros…No podemos pedirles a los obreros parar tantos días seguidos, porque algunos no pueden permitírselo”, lamenta con amargura. Con todo, no lo descarta, y emplaza a seguir negociando antes de tomar decisiones radicales. Para ello hace falta unidad como la de estos días, y se inspira en otras mujeres que, como las conserveras, rompen moldes: “Tanxugueiras dice aquello de ‘Veñen pra quedar’. Pues eso haremos los trabajadores de la conserva: vir pra quedar”.   

( , GaliciaPress, jueves, 3 de febrero de 2022)

21/1/20

Traendo á memoria os cantos das conserveiras contra os abusos dos seus patróns

"As mulleres das fábricas de conserva facían canción protesta, nin máis nin menos. Fronte ás inxustizas laborais, elas botaban poderosas coplas pola boca: "Nesta fábrica de Massó, me estou deixando a vida...". Aquí vai o proceso de descuberta desta historia silenciada, da man do escritor Xurxo Souto.

 Esta é unha historia de metaliteratura, dunha literatura que chamou por máis literatura, por máis historia. O escritor Xurxo Souto é o impulsor dela e o mar, o punto en común de todo canto a rodea. A andaina comezou cando o autor deu en publicar A gran travesía de Chiruca Macallás (Xerais, 2018), que conta as aventuras dunha patroa de pesca que capitaneaba nun gran sol. 

De aí en diante, todo foron fermosos descubrimentos. Xurxo Souto iniciou unha xira de presentación do seu libro á que chamou 'Ruta Vigocoruñenta' baixo a premisa de que Vigo e mais A Coruña son a mesma cidade. Ao longo deste camiño atlántico, a música foise facendo oco de maneira natural, e todo un cancioneiro propio das mulleres do mar que ata daquela permanecera agochado se foi abrindo paso entre conversa e conversa. Ás veces, resta con tirar un chisco do fío para descubrir grandes historias, para rescatar do esquecemento ou do silencio aquilo que durante anos quedou marxinado na memoria das nosas avoas, portas cara adentro. 

UN MAR DE MULLERES

Di Xurxo Souto que o libro é unha escusa para comunicarse e coñecer outras persoas en directo. Tamén para reivindicar as mulleres do mar e o seu xénero sonoro co que se foi atopando polo camiño. 'A gran travesía de Chiruca Macallás' fala dun mar onde as mulleres son as protagonistas. Trata, daquela, esa "dobre invisibilidade": o mundo do mar invisible e o mundo das mulleres invisibles. 

Diante de todas as dinámicas de localismos, Xurxo Souto procura facer ver que as galegas dunha punta e doutra non son tan alleas entre si. "A Coruña e Vigo son a mesma cidade", proclama con orgullo. A súa teima é superar tópicos para decatarse de que "unha rapaza do Calvario é cuspidiña a un rapaz dos Maios". Acontece que na terra reina o "negocio da incomunicación", que segundo di, leva por nome AP-9.

"Cando falamos do mar sempre nos poñemos bucólicos, pero non é un pasado bucólico, é o único futuro. O gran futuro. Coma o gando. Se lle dá un arrouto a Amancio Ortega leva Inditex para Singapur, pero en cambio o mar non se pode levar". Sempre está aí, el e mais as xentes que o traballan, resistindo á "educación terrícola" do mundo. Conta Xurxo Souto que na India, unha pequena achega económica da man das mulleres pode activar a sociedade enteira. "Iso é o que pasa nas rías galegas, xestionadas por mariscadoras que producen a excelencia". Por que non temos estas mulleres, daquela, como a referencia?

O UNIVERSO SONORO DAS MULLERES DO MAR

Xurxo Souto cita o estudoso sueco Staffan Morling: "Galicia non é a fin do mundo, é o centro do mar". Un mar cun universo sonoro á par del. Os cancioneiros galegos estan cheos de cantos de traballo, mais neles non veñen recollidos os cantos concretos das mulleres do mar, e moito menos, os das traballadoras das fábricas de conservas. Agora moitas delas xa van maiores, pero na súa memoria seguen resoando aquelas coplas que botaban contra os abusos e as explotacións dos seus patróns. Eran cantos rebeldes, empoderados. Era a palabra facendo fronte ás inxustizas laborais, á precariedade...

A nosa virxe do Carme
Fixo unha casa na ría ( bis)
Pa ver as de Tenaisié
Como fabrican sardiña (bis)
Veña sardiña, veña cabala
Veña tamén mixillón
Despois de máis de dez horas
Hai que ir cargar cameóns
Cando queres ir pra casa
Co corpo coma fariña (bis)
Alá vén señor Ribeiro
Aínda hai que aceitar sardiña (bis)
Cala a boquiña, anda lixeiriña
No esteas a protestar
Que como ábra-la boquiña
Mañá non vés traballar.

Isto cantaba Rosa, A Anaca, coa súa compañeira Carmen, A Cadela, as dúas traballadoras da fábrica de Tenaisié, no Grove. Carmiña, de Massó, entoaba estoutro...

Nesta fábrica Massó, me estou deixando a vida
Mira, mira Maruxiña, mira como veño eu.
De tanto empacar sardiñas, teño as manciñas perdidas
Mira, mira Maruxiña, mira como veño eu.
E cando pasa Manuel, e nos encontra charlando
Mira, mira Maruxiña, mira como veño eu.
Levanta a vista pra arriba, e baixa a vista pra abaixo
Mira, mira Maruxiña, mira como veño eu.
Nesta fábrica Massó, me estou deixando a vida

Nesta mesma fábrica, en Bueu, Maruxa traballaba ao tempo que cantaba...

Ahora que estabamos ben,
Dábamolo por ben feito
Chega o camión do bonito
A rebentarnos do peito.
E despois cando acabamos,
Vamos correndo pa riba
Alá vén o encargado,
Mándamos coller sardiña.

As mulleres da Guía (en Meira) tamén reivindicaban os seus dereitos laborais a través do canto. Botábanlle coplas coma esta:

Somos as da Guía
Aquí as estamos
Si non nos dan suba
Non lle traballamos

Apañar esta nosa historia serve para que tomemos consciencia da importancia deste sector operario, conta Xurxo, e tamén das condicións en que traballaban milleiros de mulleres nas fábricas que se espallan ao longo da costa, "dende Alfagene en Vigo ata La Pureza en Cariño". Para o escritor tamén foi todo un descubrimento. A primeira copla que escoitou foi unha de Carmiña de Cangas, traballadora da fábrica de Massó. 

 "Pensei que era unha anécdota, pero cando cheguei á Illa de Arousa, vin un rapaz que empezou a fozar no ollo. Díxome: 'Estou emocionado porque a miña avoa tiña unha canción igual para meterse co encargado que as explotaba na Goday, fábrica de conservas na illa". Daquela, Xurxo Souto tívoo claro: "Aquí hai un xénero".

Toda unha literatura sonora. Canción protesta feita por mulleres. "Ninguén se preocupou deste xénero porque eran mulleres, porque eran obreiras, e porque eran do mar", reivindica o escritor. Mais o valor destas palabras acompasadas coa música é inmenso. E por iso mesmo, un grupiño de xente no que tamén anda polo medio Xurxo Souto vén de crear o coro Boghino de Caión, que volve entoar estas poderosas cantigas na ruta 'Vigocoruñenta' coa que o autor presenta o seu libro, tece historias e fai memoria.

RECONSTRUÍNDO AS MITOLOXÍAS

Xurxo Souto propón a revolución das mulleres do mar. E nesta revolución, a mitoloxía tamén xoga o seu papel, pero reconstruída. "O gran mito do mar é o máis alá e a illa do paraíso", relata Souto, pero todos os que descubriron esa anhelada illa foron homes. "Que pasaría se as navegantes foran, pola contra mulleres?". Por estes novos mundos non andados - ou nadados - móvese o autor, que procura un mar onde elas sexan as protagonistas.

Está convencido de que hai que crear o mito da muller sol. "Na cosmovisión contemporánea todo está moi codificado. Ao home tócalle ser o centro da vida pública -o sol- e a muller ten o seu espazo, o doméstico - a lúa, a noite -. Non se trata de que as mulleres adquiran roles masculinos, senón de que se cree un mundo, unha cosmovisión, onde todas teñamos sitio", sentenza. Cómpre, daquela, navegar novos mares. Xurxo Souto remexeu nas memorias das traballadoras do mar para dignificar o traballlo de todas elas. Cómpre coñecermos a historia para camiñar cara a un futuro máis xusto. 

Este venres a Asociación Veciñal e Cultural Casco Vello, no Berbés (Vigo), acolleu boa festa a cargo das aventuras de Chiruca Macallás e o coro Boghino de Caión ás sete da tarde. E este sábado 28, Xurxo Souto viaxa ata A Coruña, concretamente ao Muro, onde convidará a guiso de choupas no mesón Chicote, acompañados tamén cunha sesión de "Cantos de traballo das mulleres do mar". Xa ás 18:00 horas, a festa trasladarase á Sacabeira de Sargadelos, en Cervo, na Mariña.
"E seguiremos!", di un Xurxo Souto entusiasmado. Queda tanta historia por contar."                   (Uxía Iglesias, Galicia Confidencial, 27/12/19)

4/4/11

"No lo sabíamos, no sabíamos que era un sindicato, llevábamos de casa el mandil, la tijera y el cuchillo y a trabajar. Insultarnos era una cosa normal


Protesta de trabajadoras de Alfageme en el barrio vigués de Bouzas, en 2010

"Formalmente era como si no existieran ni social ni laboralmente. No constaban en ningún registro oficial pese a ser trabajadoras desde la infancia. En el censo de población se les inscribía como amas de casa cuyo oficio era "sus labores". En las fábricas donde pasaron su vida enlatando productos del mar, ni siquiera estaban dadas de alta.

La lucha de varias generaciones de conserveras de las Rías Baixas por que se les reconozca sus derechos conforma el guión del edificante documental de Uqui Permui Rexistro de traballo. Un largometraje que desvela el pasado y el presente de una profesión silenciada, esencialmente femenina y siempre precaria.

"A las conserveras nos infravaloraron siempre, nos arrinconaron, ahora no es tan descarado como antes, pero sigue funcionando", cuenta Benita, la primera sindicalista de la secular fábrica ahora cerrada de Odosa, en Illa de Arousa. "Cuanto más veo el documental, más lloro, estamos en el mismo punto", se indigna Loli Romero, empleada del centro de Alfageme en Vilaxoán (Vilagarcía), cerrado en 2010 tras cuatro años de protestas. (...)

Y no oculta su rabia por el anuncio, esta semana, a bombo y platillo del acuerdo de la Xunta y el grupo cántabro El Consorcio para reflotar dos de las cuatro plantas que tenía Alfageme.

Con una fuerte inyección de dinero público "que pagamos todos los gallegos" (nueve millones de euros), los empresarios se comprometen a reabrir los centros de Ribadumia y Vilaxoán, en el Salnés, y garantizar 150 puestos de trabajo.

"Pero nos quitan nuestros derechos de trabajadoras fijas para hacernos fijas discontinuas, o sea que nos llamarán para trabajar sólo cuando lo crean necesario, y durante cinco años", denuncia Loli. "Nos cambian trabajos dignos y decentes por precarios, y encima tenemos que aplaudirles. ¿Dónde está el avance? Estamos casi como cuando cerró Odosa".

"Doli, doli, doli coas conserveiras", gritaba Loli en las manifestaciones de las trabajadoras de Odosa hace dos décadas. En realidad, la consigna era "solidaridad" con unas mujeres que pese a llevar la mayoría desde niñas trabajando en la conservera, algunas desde hacía más de 40 años, descubrieron con estupor, al anunciarse su cierre, que no tendrían derecho ni a paro, ni a nada porque nunca habían sido dadas de alta en ningún lado.

Aquel encierro de un centenar de mujeres durante un mes -cuatro de ellas en huelga de hambre- representó el despertar profesional de estas trabajadoras. Descubrieron que tenían derechos.

"No lo sabíamos, no sabíamos que era un sindicato, llevábamos de casa el mandil, la tijera y el cuchillo y a trabajar. Insultarnos era una cosa normal, no veías nada raro en ello".

Los testimonios de estas mujeres, ya jubiladas o no, resultan escalofriantes. La primera nómina data de 1979, y durante décadas ni siquiera reflejaba su salario real. "Te ponían en el seguro con el nombre de otra".

"Te mandaban cantar para que no comieras" el marisco que enlataban. Hasta el cierre, en 1989, los aseos de señora en la fábrica estaban restringidos, cerrados con llave.

Cuando había una baja por maternidad, "te daban en mano 3.000 o 4.000 pesetas y el encargado te decía: '¿Qué, otro polvo?". Durante el encierro en Odosa, "hubo que hacer turnos para atender las comidas y los niños porque si no teníamos guerra con los hombres".

"Nunca asumieron su papel de productoras", cuenta la realizadora del largometraje, "no existían, el sueldo de conservera era como un complemento del marido, cuando era en muchas ocasiones el único sustento de la economía familiar". (El País, Galicia, 01/04/2011, p. 16)