Mostrando entradas con la etiqueta p. Manuel Rivas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta p. Manuel Rivas. Mostrar todas las entradas

11/1/19

Vivos, muertos... y marineros

 

Marcos Alfeirán, marinero del 'Sazón', en el puerto de A Coruña.
"Hay un lugar en el mundo donde siempre rompe el mar. Malpica, en la Costa da Morte de Galicia.
A veces parece que no, que no rompe.

Como en la madrugada del pasado jueves, día 20. Salía de puerto el pesquero Silvosa, a faenar, y en la zona de compuertas una fuerte corriente hizo el efecto de embudo, lo zarandeó contra el muelle y acabó yéndose a pique. Llevaba cuatro tripulantes, y perdió la vida el patrón, Ángel Sanjurjo, de 48 años, con el cuerpo atrapado en los aparejos.

Unas horas antes, el mediodía del miércoles, y a pocas millas, también en la Costa da Morte, tras doblar el cabo de Fisterra, un golpe de mar rompió contra el Sin Querer Dos, que escoró y finalmente volcó. Con 10 tripulantes, venía de la costera del Cantábrico y se dirigía a su base de Portonovo. Seis marineros fueron rescatados con vida. Era un buen barco con un buen patrón, Manuel Serén, 47 años, uno de los fallecidos.

Marcos Alfeirán, 36 años, compone una presencia fuerte y apacible. Nació en el lugar donde rompe el mar. Podríamos decir que es de la estirpe del acantilado, del rompiente. Escuchar al joven patrón del Sazón es como oír las voces de los vivos y los muertos.

Conocía bien a Ángel, del Silvosa. Ha vivido las tragedias de esta semana como propias. “Me hacen revivir lo que pasamos en nuestra familia, sobre todo, cuerpos que nunca aparecen, y creo que solo quienes lo han sufrido saben lo que significa”.

“¿Y por qué a mí?”, se preguntó Marcos Alfeirán, en la noche del 27 mayo del 2011. Había tragado mucha agua. Con mucho esfuerzo, consiguió subir a la quilla de su barco volcado. Oía los gritos, pero le faltaban dos voces. Dos compañeros. Y había una historia detrás que emergía como un presente recordado, un dolor descosido, un rumor de epitafios sin tierra.

Todos los temporales se daban cita en Malpica. En las invernadas, el nido de pescadores se volvía un lugar anfibio. La espuma golpeaba los ventanales. Podían medirse los años por naufragios. También históricos, Malpica sufrió golpes humanos peores que el mar. Era un bastión republicano y hubo muchas represalias.

Así que el mar, el que rompe, fue también un camino de libertad. Malpica es célebre por la gran evasión. En tres fugas, en 1937 y 38, hasta 66 pescadores consiguieron huir en tres pequeñas motoras: Ciudad de Montevideo, San Adrián y Rocío.

Los evadidos llegaron a la Bretaña francesa. Algunos caerían en manos de los nazis, tras la ocupación, y murieron en campos de exterminio. Pero una mayoría cruzó el Atlántico y encontró una nueva vida en Chimbote, Perú, donde todavía viven descendientes dedicados a la pesca.

Con los años, se amplió el dique y se reforzó el puerto. Se pusieron puertas al mar. Hay quienes apuntan que fue un error eliminar la antigua rampla de piedra: “El mar también muere, a algún lado tenía que ir a morir, y el mar moría en la rampla”. A esa rampla llegó un día Marcos Alfeirán, con 11 años, remando en la chalana del abuelo. Había salido solo a la mar y traía sujeto al tolete un congrio de 23 kilos. La gente se arremolinó, asombrada.

 ¿Cómo lo había conseguido? El congrio lucha bravamente. Puede poner en fuga a un lobo de mar. Para muchos, ir al mar, ser marinero, es la última carta de la baraja. Marcos siempre pensó que tenía el as. Desde niño. Acompañaba a su abuelo, Xideu, por rocas y acantilados a la búsqueda del percebe.

Antonio y Estrella querían que sus hijos estudiaran. Antonio leía todo lo que encontraba a su alcance. Tal vez el instinto de la memoria. En tiempos de las Misiones Pedagógicas, había un barco-biblioteca, el Pindo, que recorría los nidos de pescadores. Estrella tuvo su primer hijo a los 17 años, al que pusieron el nombre del padre.

Aun así, Antonio tuvo que hacer el servicio militar obligatorio. A los 21 años, Estrella cuidaba ya de tres hijos. Antonio compartía una embarcación, pero la situación económica era insostenible. Decidieron emigrar a Suiza, pero los abuelos hicieron todo lo posible para que no marchasen. Le ayudaron a conseguir un pequeño barco, el Cousillas Sueiro. Luchó mucho y salió adelante.

Adquirió un nuevo barco, O Temporal, de 14 metros de eslora. Y luego afrontaron el gran sueño: la construcción de Os Tonechos. Cuando tenían un minuto, toda la familia iba a los astilleros de los Marciales, en la ría de Ponteceso, para ver crecer Os Tonechos. En gallego, Tonecho es hipocorístico de Antonio. El barco deseado, el que iba a cambiar la vida de la familia Alfeirán, llevaba el nombre del padre y del hijo mayor.

A los cinco meses de la botadura, en la noche del 4 para el 5 de octubre, Os Tonechos se hundió en los Baldaios, no lejos de Malpica. Uno de los mejores bancos de pesca, pero de alto riesgo, en mar abierto y con bajos peligrosos. Fallecieron ocho marineros, entre ellos, los dos Tonechos, Antonio padre, de 41 años, y Antonio hijo, de 21. Fue un año cruel en el mar. En los meses anteriores, ya habían muerto ahogados 49 marineros gallegos.

Aquel año, por vez primera, la familia entera se alejó de Malpica el día de la fiesta del Carmen. La madre no podía soportar ver la procesión marítima y que no estuviese allí Os Tonechos, engalanado de serpentinas y laurel, haciendo sonar la sirena.

 Del cuerpo del hermano apareció una pierna. El padre fue dado por desaparecido. En estas circunstancias, un eufemismo. Toma todo sentido la frase de Joseba Beobide, el cura vasco que se fue a Terranova a luchar por los derechos de la gente del mar, cuando en los barcos estaba congelada la condición humana. Decía: “Hay vivos, muertos... y marineros”.

 Estrella no daba por muerto a Antonio. Si no aparecía el cuerpo, tenían que pasar dos años para poder cobrar una pensión. Meses después, aparecieron restos de un cuerpo en Asturias y trajeron a enterrarlo en Malpica. Unos familiares creyeron reconocerlo por algunos detalles. Desde Asturias, otra familia lo reclamó.

 “Mi madre, preguntó a mi tío: ‘¿Por qué creéis que era Antonio?’. Por los zapatos de cordones. Antonio no llevaba zapatos de cordones. Mi madre dijo: ‘Hay que devolver ese cuerpo’. Y así se hizo”. Ella se vistió de luto y se fue a trabajar a la ribera. Un año así. Hasta que la hija, Concha, la convenció de que dejase de vestir de negro cada día: “Tienes 38 años, no te puedes enterrar en vida”.

 El otro hermano de Marcos, Nacho, estudiaba Veterinaria. Y Concha, Empresariales. Antonio estaba tan orgulloso que iba todas las semanas a hablar con los profesores. Después del naufragio, la situación económica volvió a ser insostenible. Concha emigró a Inglaterra. Allí trabajó y acabó sus estudios en Oxford.

Marcos quería ir al mar. Pese a la tragedia, era el libro que más le gustaba: “Leer el mar, las entradas del mar en las rocas, los vientos... Esa era mi obra preferida. Pero tenía 16 años y no quería causarle dolor a mi madre”. Así que Marcos siguió la ruta de Concha. Emigró a Inglaterra hasta a los 19 años. Uno de sus empleos fue limpiar las ventanas de los rascacielos, colgado como un alpinista urbano.

Todos los días hablaba por teléfono con sus amigos de Malpica. Él era y es un tipo alegre. Aprendió a tocar la gaita y levantaba todos los espíritus en las calles y tabernas. Hablaba por teléfono, pero sobre todo oía la llamada del mar. Volvió y quitó el título de patrón y mecánico. Pese al dolor, la madre lo apoyó. Hipotecó la casa para que pudiese comprar un pequeño pesquero, La Nueva Flor de España. Tenía a su cargo dos marineros.

 Y tenía a un sabio en la lectura del mar, y a quien no ha dejado nunca de oír: José O’Rubio, patrón del Xemevedes, y hoy jubilado. Todo fue muy bien con La Nueva Flor de España y Marcos decidió dar un salto. Se hizo con un barco de cerco más grande: el Nuevo Luz, de 15 metros de eslora. Todo fue bien durante cinco meses y medio.

 Hasta las 6.30 de la madrugada del 27 de mayo de 2011. Entre la Torre de Hércules, de Coruña, y el Prioriño ferrolano, cuando empezaban a salabardear, un golpe de mar metió aparejos y pescado en el barco y se taponaron los desagües. Fue todo de súbito. A Marcos, en el puente, solo le dio tiempo a impedir, de un salto, que se cerrase la puerta. Eso le salvó.

Buceó en oscuridad. Por dentro y por fuera. Vio los destellos del Faro. No estaba a muchas millas de donde habían naufragado su padre y su hermano. Y fue cuando le salió de las entrañas aquel grito a todo, al mar y a la existencia:

—¿Y por qué a mí?

Su hermano Nacho le dijo un día algo que le ayudó a dar la vuelta al pensamiento: “¿Y por qué no? Eres uno más en el mar”.

Marcos Alfeirán no quiso estar de baja. Se incorporó al pesquero Mar Caspio, un mes después del naufragio. En lugar de alejarse del mar, de huir de lo que parecía una maldición, se empeñó en seguir leyendo en las entradas del mar en las rocas. En el alfabeto de los salseiros, las espumas de los bajíos, las crestas de las olas, los signos todos.

Con ayuda de unos amigos, encontró un nuevo barco, el Sazón. Está casado con Ana y tiene una hija de 10 meses, Gabriela. Cuando puede, acude a un astillero donde están construyendo un nuevo sueño. Se llamará Pasa Aquí.

—Llevo una mochila de memorias sobre las espaldas. A veces pesa mucho, a veces te da alas.
Hubo un tiempo, que hoy es leyenda, en que en Malpica salían en ligeras embarcaciones a la caza de la ballena.

Hoy el cetáceo puede vivir relativamente tranquilo en esta parte del océano. Y se va haciendo cada vez más visible. A Marcos Alfeirán es un encuentro que le conmueve. Sentir esa presencia, el soplo, el salto en el crepúsculo.

—Reducimos máquina. Y todos nos quedamos en silencio, emocionados. El mar me ha quitado mucho, pero me ha dado todo.

Anoto en el cuaderno esas palabras. Me gustaría hacerlo en piedra. Siento que es la voz de alguien que encarna todo aquello en lo que puedes confiar. El mar lo ha golpeado y golpeado, muchas veces golpeado, pero nunca lo rompió."                       (Manuel Rivas, El País, 23/12/18)

4/1/11

Galicia ¿Sicilia?... lo fué... ¿ya no lo es?

"Fue en las Navidades de 1983. Estábamos en la recepción de una posada en lo alto del monte Faro, en el norte de Portugal. Preguntamos por él, por Sito (Carnicero), y el joven recepcionista respondió con un silencio inarticulado. Se abrió la puerta del salón de golpe y apareció él, el cíclope, con una piña de hombres a sus espaldas.

Nos dijo con voz demasiado amable: "¡Pasar, pasar!". Creo que lo interpreté de forma correcta. Lo que había que hacer era escapar, escapar. Cuando se cerró la puerta detrás de nosotros, Sito me agarró por el cuello y me levantó en vilo. En esa situación, cuando no circula el aire, es muy difícil ser convincente.

Sito, por su parte, lo era. Nos dijo, a mí y al fotógrafo Xurxo Lobato, a quien ya habían despojado de filmes, que nos largáramos sin mirar atrás al otro lado del río Miño o, de lo contrario, iríamos a parar a una ruta alternativa. El fondo de un barranco. Le hicimos caso, claro.

No sentía miedo. Era un estadio diferente al miedo, como cuando corría por las escaleras de un edificio en Bucarest, durante un terremoto. (...)

Los fugados a Portugal se habían puesto a salvo en la primera gran redada contra las organizaciones contrabandistas, después de largos años de tolerancia. En las pesquisas policiales se detectaron 500 presuntos implicados a distinto nivel. Fueron detenidos cerca de un centenar, 27 de ellos guardias civiles. Fue el famoso macrosumario 11/84, con 94 procesados.

Famoso, entre otras cosas, porque el juicio nunca llegaría a celebrarse. De haber sido otro el trayecto del 11/84, tal vez la historia habría sido muy distinta. Muchos de aquellos nombres reaparecerán como curtidos integrantes de las organizaciones criminales dedicadas abiertamente al narcotráfico.

La actuación policial de 1983 había sido impulsada por el joven gobernador socialista de Pontevedra, Virginio Fuentes. Hablé con él en aquellas agitadas Navidades de 1983: "La documentación incautada refleja una desarrollada estructura organizativa de la malla contrabandista, con implicaciones de bancos, de personas con muchos medios y con conexiones internacionales".

En el sumario 11/84 se citaba uno de esos contactos, Tonino (probablemente Antonio Bordellino, de la Camorra napolitana), que pasó un tiempo en Galicia. A la organización de Marcial Dorado se le atribuía una evasión de 102.656 millones de pesetas, lo que puede dar una idea del nivel de negocio que ya entonces se manejaba.

Fuentes era consciente de lo que estaba pasando y de lo que podía pasar: "Una organización que está trabajando en un momento determinado en el contrabando de tabaco puede cambiar a cintas de vídeo, pero también a drogas o armas (…) La Administración está a tiempo de abortar el nacimiento de una mafia".

La advertencia de Fuentes no fue oída en ese momento. Pasó tiempo. Demasiado. (...)

Viví, como periodista, el periodo histórico de lo que podríamos llamar la "fase superior del contrabando" en Galicia y el gran salto a la globalización delictiva: el narcotráfico. Durante un tiempo, cronistas, políticos, juristas o expertos policiales se vieron impelidos a especular sobre una hipótesis: la sicilianización de Galicia.

¿Estaba Galicia en camino de convertirse en una nueva Sicilia? Por supuesto, no era un debate sobre turismo, ni sobre calidades gastronómicas o la bondad del clima. Se hablaba de "malla contrabandista". Se hablaba de "redes". Se hablaba de "organizaciones".

¿Eran eufemismos o una forma reprimida de evitar el término mafia, la realidad de un poder oculto cada vez más potente? (...)

Y la respuesta es sí. Sí, Galicia estuvo a punto de ser otra Sicilia, en el sentido histórico de forjarse una "identidad delictiva". Estuvo muy cerca de que se consolidase un poder mafioso. Figuras o testaferros del contrabando, y luego del narcotráfico, llegaron a apoderarse de alcaldías.

Colocaron peones, se infiltraron y consiguieron controlar o influir en otras instituciones y formaciones políticas. Acumularon grandes patrimonios. Compraron voluntades insospechadas.

Los capos se movían en círculos de simpatía o de indiferencia. Eran triunfadores. Ídolos de plata y oro. En las escuelas, cuando se preguntaba a los niños por la profesión del futuro, no faltaba el entusiasta que decía: "¡Contrabandista!". Esto ya se ha contado más veces.

En realidad, lo más elocuente era el silencio de los otros niños. Había pilotos de veloces lanchas planeadoras, los transportistas, con la consideración de héroes. Los miles de millones, al principio, se hicieron notar en signos de ostentación, con la metamorfosis de dos querencias en la conquista del Oeste: el rancho y el caballo.

Grandes mansiones, que proclamaban el nuevo feudalismo del fume (tabaco) y la fariña (coca), una desmesura de kitsch neomedieval que debería figurar con méritos propios en la historia de la estética. Los coches de lujo, de importación, que relinchaban desafiantes al estilo rally de Montecarlo en la madrugada comarcal.

Los capos no necesitaron leer a Marshall McLuhan para captar de maravilla la idea de la "aldea global" ni asistir a un seminario neoliberal con Milton Friedman y Von Hayek para captar a la primera que el dinero no tiene patria y que se deprime una barbaridad con los impuestos.

A finales de los setenta, ya se movían por los bancos helvéticos como Perico por su casa. Y eran recibidos con júbilo en Amberes por los filántropos de las multinacionales tabaqueras. El cosmopolitismo delictivo alcanzaría horizontes infinitos en la década siguiente. Los carteles colombianos descubren Galicia como un paraíso ideal como gran desembarcadero de Europa.

Y los capos de los clanes gallegos del contrabando, reconvertidos al comercio de los polvos mágicos, aprenden a moverse como ases de la globalización por los paraísos fiscales. (...)

El tabaco representa ya otra escala. Hay algunos hilos entre los viejos contrabandistas fronterizos, los que hicieron fortuna con el volframio y el estraperlo, y los organizadores de los clanes que van a florecer, en el litoral de las rías, con el tabaco ilegal, conocido como tabaco de batea.

Esos hilos se activan, con tráfico de armas, cuando se produce la Revolución del 25 de Abril en Portugal y una parte de la policía política y de la nomenklatura de la dictadura portuguesa se refugia en Galicia. Otra historia oculta. Los ultras portugueses encuentran apoyos en la dictadura afín de Franco y planean incluso golpes armados que provoquen el enfrentamiento entre los dos países. Finalmente se puso freno a esa locura.

El negocio es el negocio. Cuando los contrabandistas gallegos consiguen tener su propia mamma, es decir, el subministro permanente de grandes cargueros frente a la costa, fuera de las aguas jurisdiccionales, Galicia abandona la prehistoria del tráfico ilegal y entra en una vertiginosa modernidad delictiva.

Como en otros campos, las leyes van por detrás de la realidad. Hay incluso voces de economistas y abogados que defienden el efecto "benéfico" del contrabando y los contrabandistas como abanderados del libre comercio. (...)

Ironías aparte, la tempestad del narcotráfico ha dejado una estela trágica que todavía pervive. Ni la ría de Arousa, que fue el epicentro histórico, ni otras partes tocadas del litoral encajan en el catálogo de zonas de pobreza o marginales. Más bien, eran, y son, espacios de una economía fértil y sostenible.

Como símbolos, los mejores vinos blancos y el mejor marisco del mundo. Esa parte de Galicia se distinguía además, en los años finales del franquismo, por una fuerte conciencia cívica. Era, en buena parte, una sociedad solidaria, con intensa actividad cultural y política. La onda expansiva del capitalismo mágico, delictivo, afectó a esos valores. Tuvo un efecto depredador sobre muchas conciencias. (...)

Sí, se estuvo muy cerca. ¿Quién lo evitó? Hay una primera respuesta que también podría formar parte de un relato de ficción, un final de apariencia inverosímil, de esos en que el narrador arruina la historia al cargar con la mano en un lado de la balanza, pero que no, que es documental puro y duro: un puñado de mujeres, las creadoras de las asociaciones de lucha contra el narcotráfico.

Hubo otros factores decisivos: la adecuación de las leyes, las declaraciones de arrepentidos, la creación de la Fiscalía Antidroga en Galicia, la formación de unidades policiales especializadas, Udyco y Greco, y en especial la Agencia Tributaria al investigar el origen de los patrimonios. Como bien sabía Al Capone, no hay nada más temible para estas fortunas mágicas que una inspección a fondo de la Hacienda pública.

La llamada Operación Nécora, dirigida por el juez Baltasar Garzón, fue un punto de inflexión decisivo. A pesar de la magra sentencia, que no tuvo en consideración las escuchas telefónicas, la instrucción significó el comienzo del declive para las organizaciones criminales.

Pero fue el retumbo insurgente de ese puñado de madres el que despertó a la ría. El que sacudió Galicia. El que sacó de su sopor a los representantes políticos y a la justicia." (Manuel Rivas: Cuando Galicia estuvo a punto de ser otra Sicilia. El País Semanal, 10/12/2010, p. 18 y ss.)

3/2/09

Otro suicidio, el lingüístico...

"O pobo xa ditou sentenza de morte para a lingua galega", declarou en recente entrevista Xesús Alonso Montero. Unha frase así, tan terminal e terminante, debería remover as augas todas da cultura en Galicia, e non só da cultura, agás que teña razón o délfico don Xesús e esteamos xa, conscientes ou sen sabelo, no barco de Caronte e pola lagoa de Estixia. É dicir, nun lingüístico corredor da morte.

Apocalíptico? Realista? Teña ou non razón, o que non ten X.A.M, dende logo, é a culpa de que o galego padeza un problema serio de insuficiencia respiratoria. El xa leva tempo, moito, dicindo que hai que metelo pola porta de Urxencias.

Desa mesma opinión vén sendo xente ben competente e activa na defensa do idioma, como Xosé Manuel Sarille, que mesmo ten parafraseado a García Márquez: Crónica dunha morte ten anunciada." (MANUEL RIVAS Luces: De Anne Marie Morris a Corina Porro. El País, ed. Galicia, , 30/01/2009, p. 10)

10/11/08

Un Presidente de la Xunta, Gerardo Fernández Albor, se reunió con los narcos ¿Para pedirles dinero?

"Fernández Albor responderá en el Parlamento sobre su reunión con contrabandistas en Portugal.

El presidente de la Xunta de Galicia, Gerardo Fernández Albor, comparecerá probablemente la próxima semana ante el Parlamento autonómico para responder personalmente a una interpelación socialista sobre una entrevista mantenida en el norte de Portugal con presuntos contrabandistas. La Xunta, por otra parte, considera zanjado satisfactoriamente el conflicto institucional abierto con el gobernador civil de Pontevedra, motivado precisamente por una alusión parlamentaria al contrabando.

Será el propio presidente Albor, según fuentes de la Xunta, y tal como pedían los socialistas, quien responda a las cuestiones suscitadas por una interpelación sobre un encuentro con personas procesadas por dirigir organizaciones contrabandistas en el sur de Galicia, y huidas a Portugal por ese motivo, presentada a finales de julio por el diputado pontevedrés Benito García Dorgambide y que figura en el orden del día de la sesión parlamentaria del próximo martes, día 27.

Aunque la primera pregunta planteada en su momento por los socialistas, que se hacían eco de diversos rumores, era si dicha entrevista existió realmente, un portavoz presidencial confirmaría que dicho encuentro, calificado de "totalmente involuntario", tuvo efectivamente lugar el 6 de julio en la localidad de Vilanova da Cerdeira, cerca de la frontera. Según esta versión, el presidente de la Xunta fue abordado por personas de las que desconocía su identidad y que resultaron estar procesadas por contrabando. Albor visitaba el norte de Portugal atendiendo una invitación.

El conselleiro de Ordenación del Territorio, Ángel Mario Carreño estuvo presente en Vilanova cuando tuvo lugar el encuentro y apareció citado como presunto mediador, aspecto que desmintió rotundamente a este diario. Según Carreño, que confirma la entrevista pero niega que fuera premeditada, los hechos ocurrieron en el establecimiento A Boega, limitándose el conselleiro "a dar traslado al presidente de una petición del dueño del local, que indicó que unos huéspedes gallegos querían saludarlo".

El Gobierno autonómico, por otra parte, considera zanjado satisfactoriamente el conflicto abierto con la Administración central, tras la entrevista mantenida el pasado jueves por su vicepresidente, Xosé Luis Barreiro, con el ministro del Interior, José Barrionuevo. Según el portavoz autonómico, el ministro pidió disculpas por el incidente provocado al enviar el gobernador civil de Pontevedra un telegrama de felicitación al diputado Anxel Guerreiro, que en el curso de un debate parlamentario se preguntó si la Xunta esperaba .sacar del contrabando financiación para las elecciones autonómicas". (Manuel Rivas, 24/11/1984)

"Las hemerotecas conservan, entre otras perlas cultivadas, un amplio reportaje publicado por el semanario Cambio 16 en su número 672, que salió a la calle el 15 de octubre de 1984, que se titulaba: «La mafia del contrabando es de Alianza Popular».

El texto comenzaba diciendo que «tres hombres fuertes de AP en Galicia son los principales dirigentes de la mafia del contrabando. A esta conclusión han llegado fuentes gubernamentales tras estudiar detenidamente un informe confeccionado por los servicios de seguridad del Estado y de Hacienda».

Nené Barral

Uno de los principales protagonistas de aquel reportaje era José Ramón Barral Martínez, Nené, quien ya por aquel entonces ocupaba la alcaldía de Ribadumia y que fue detenido el pasado martes por el SVA por su presunta relación con un importante alijo de contrabando confiscado en Vigo.

Otro protagonista de ese reportaje era el difunto Vicente Otero Pérez, Terito, socio, al menos en los negocios legales, de Nené. Terito ha pasado a la historia como el paradigma del estraperlista de la postguerra que en los sesenta se reconvirtió al contrabando de tabaco.

Vicente Otero lucía con orgullo la insignia de oro y brillantes de Alianza Popular. Pero todo lo bueno tiene su fin y la dirección del partido empezó a marcar las distancias con Terito tras la orden de detención dictada contra éste en la operación Nécora, aunque al final se demostró que había sido un lamentable error.

Nené, Terito y Ligero, el ex-alcalde de A Guarda, son los ejemplos más sonados de las amistades peligrosas que las formaciones políticas han fraguado en el entorno de la Ría de Arousa.

No eran los únicos. En los ágapes multitudinarios de los años ochenta en las precampañas electorales -nacionales y autonómicas-, los primeros espadas del contrabando compartían mesa y sobremesa con la clase política de Alianza Popular.

Las estrechas relaciones incluso llevaron a Gerardo Fernández Albor, el 6 de julio de 1984, cuando ocupaba la presidencia de la Xunta, a entrevistarse en Vilanova de Cerveira (Portugal) con los contrabandistas que habían logrado zafarse de la macrorredada policial de las Navidades del año 83.

Pablo Vioque

Pero las relaciones de la política con el contrabando saltaron hasta el narcotráfico en Vilagarcía en los años noventa. Es aquí donde aparece el nombre de Pablo Vioque, quien, cuando era el abogado de los capos de la ría, se hizo con la secretaría de la junta local de AP en Vilagarcía, tras una afiliación masiva de contrabandistas.

Luis Jueguen Vilas, vicepresidente de la Cámara de Comercio a comienzos de los noventa, procesado con Vioque por narcotráfico en 1998, fue presidente del PP en Vilagarcía.

Es cierto que en los últimos años, el Partido Popular se preocupó de hacer limpieza en sus filas, pero no lo es menos que cuando llegaron a José Ramón Barral, Nené, la norma se hizo excepción y se autoimpuso como cabeza de lista en las últimas municipales."

(J. ÁLVAREZ: Los contrabandistas históricos presumían de sus vínculos políticos. La Voz de Galicia, 18 de mayo del 2001)