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13/7/21

La catedral de Santiago se prepara para defenderse de los “días K”. La basílica recién restaurada estudia sistemas para calentar las bóvedas y un mecanismo que encapsule el Pórtico de la Gloria cuando sopla viento del sur y la condensación se vuelve letal para el monumento

 "La catedral de Santiago es un ecosistema. Un cuerpo gigante con achaques únicos, que no coinciden con los que sufren otros monumentos. Tiene su propio clima. Una orografía cargada de conflictos por la superposición de estilos arquitectónicos. Incontables formas de vida luchando por colonizarla, desde algas en las paredes hasta pinos en las gárgolas. 

Y una auténtica red hidrográfica sobre las cubiertas pétreas por las que se encauzan “millones de metros cúbicos” de lluvia. Hace 13 años empezaron a monitorizarse las condiciones ambientales del Pórtico de la Gloria, la obra cumbre del románico situada a los pies de la planta de cruz latina, y desde entonces, durante los trabajos de restauración casi integral de la basílica, se han acumulado estudios de todo tipo. 

Los hay hasta de botánica y zoología, por la vegetación y la fauna que prosperan entre las piedras en el corazón de una Galicia de naturaleza desbocada. Ahora las mediciones se efectúan en tiempo real en todas las naves y, después de tres años cruzando datos, el equipo técnico de la Fundación Catedral ha bautizado a su peor enemigo: el “día K”.

Daniel Lorenzo, párroco, miembro de la Real Academia de Belas Artes y director de la fundación creada para gestionar la basílica y su conservación, cuenta: “No le pusimos así por nada, pero de alguna manera había que llamarle”. Lorenzo, que es lo que desde antiguo se llama canónigo fabriquero (responsable del mantenimiento de “la Fábrica”, es decir, la catedral), explica que días K son aquellos en los que hay “viento sur o suroeste” y se dan “grandes oscilaciones de temperatura y humedad”.

 Estas variables desencadenan fuertes contrastes entre la base y las partes altas, la condensación se concentra bajo las bóvedas, y su efecto es desastroso. “Vivimos pendientes de la meteorología”, reconoce Lorenzo, “la catedral está completamente monitorizada. Además del flujo de personas, controlado por cámaras, se registran parámetros como el movimiento del aire, la temperatura, la humedad relativa...”. Es “fundamental” saber “qué horas y qué días” son nefastos, “pero hemos visto que no es tan fácil prever [lo que va a venir]”, admite el sacerdote, al frente de un equipo de especialistas que una vez rematadas las obras prepara sus propias armas para proteger el monumento.

La estrategia pasa por instalar un sistema escondido de la vista del público (con aparatos en la tribuna que recorre la parte superior de las naves) para “calefactar con energías sostenibles las bóvedas”, revela el responsable del Plan Director, que ha sacado adelante la restauración tras detectar 534 patologías. “Se está estudiando qué energía utilizar”. “Teorías hay muchas y muy conocidas”, añade, “pero en la catedral interesa la práctica; los equipos que han trabajado estos años han tenido que romper sus esquemas” ante esta “singularidad” ambiental.

Un Pórtico enfermo de contaminación química

Corre ya el primero de los dos años santos que ha decretado el Papa por la pandemia (algo que no ocurría desde la Guerra Civil), y también se busca, para instalar “en los próximos meses”, algún tipo de barrera “de quita y pon” que aísle de forma urgente el Pórtico del resto de la seo cuando las condiciones ambientales lo amenacen. De momento, este nártex ideado por el Maestro Mateo —que colocó los dinteles en 1188— está permanentemente encapsulado y separado del resto del templo con grandes paneles de madera. Se puede visitar gratis, pero hay que retirar la entrada en el museo de la catedral.

“Buscamos una intervención rápida, sistemas de aislamiento de fácil desmontaje para situaciones de emergencia, pero las distintas alternativas no nos convencen porque son aparatosas y complejas de instalar”, comenta Daniel Lorenzo: “Queremos que invadan lo menos posible”. Cuando se complete con las obras pendientes (fachada románica de Platerías, edificio claustral y alguna capilla), la restauración de la basílica compostelana rondará los 30 millones de euros, la mayoría procedentes de fondos públicos, mientras que la intervención en el Pórtico —6,2 millones durante 12 años— fue sufragada por la Fundación Barrié. En el proceso, según Lorenzo, “se estudió qué ventilar y cómo ventilar. Y resultó que la hiperventilación era malísima, sobre todo en los días K”.

 La espectacular policromía resucitada del conjunto escultórico situado tras la fachada del Obradoiro, ahora sellada, sufre una dolencia crónica por compuestos químicos (de los pigmentos aplicados en viejos repintados) que no se ha podido erradicar. La contaminación por cloro se activa con la humedad y destruye los colores desde dentro. Hay instalados dos grandes deshumidificadores que, ahora que el agua ya no entra desde las torres, tratan de combatir la condensación, porque a las heridas infligidas por el cloro se suma el daño de las sales del granito, que se mueven en función de la humedad y producen cristalizaciones.

Desde que comenzaron las tareas de restauración (Obradoiro y casi todas las fachadas, las torres, las cubiertas, el crucero, las naves, la capilla mayor y hasta el órgano) “han trabajado unas 50 empresas y arquitectos de toda España experimentados en restauración”, y todos estos equipos, explica el fabriquero, “aportaron informes”. Hoy, prosigue, “de pocos monumentos hay tanta información, y no encontramos muchas realidades parecidas en el mundo”. “Quisimos salir del tópico, buscar los datos, y así comprobamos que aunque en otras catedrales se acreditó que la presencia del público era significativa” para acelerar el deterioro, en general “en la de Santiago”, con un aforo permitido de 1.000 personas, “no es así”. Los visitantes y peregrinos “mojan el suelo y la piedra con sus chubasqueros”, pero no provocan esa humedad que se condensa y se convierte en “agua líquida en las fábricas del Pórtico”. En el tercer monumento más visitado de España, por detrás de la Sagrada Familia y la Alhambra, el mal venía de fuera y “de más arriba”.

Aquel “caparazón de cochambre” en la capilla mayor

Un día de hace 10 años, el deán de la época, José María Díaz, alzaba su brazo, y con el gesto sombrío y la nariz arrugada describía como “caparazón de cochambre” la bóveda de la capilla mayor. Por aquella época, salvo los canónigos más viejos, nadie en el templo recordaba que aquel cielo ennegrecido del altar de la basílica —situado sobre el sepulcro que es el kilómetro cero de todos los Caminos— ocultaba delicadas pinturas en dorado y lapislázuli. Ni siquiera el arzobispo, Julián Barrio. Porque una década después, al culminar las obras el pasado diciembre, se preguntaba “de dónde” había podido “salir tanta belleza”.

Después de años oculta por dentro y por fuera con andamios, lonas y plásticos, la catedral de Santiago ha recobrado los colores y, sobre todo, la salud. Aunque esta no deja de ser delicada. Además de por la edad (la construcción se inició en 1075), según Daniel Lorenzo, el canónigo fabriquero, las flaquezas del edificio se explican por la capilaridad de los materiales y por los continuos añadidos (románicos, góticos, renacentistas, barrocos, neoclásicos), muchos de los cuales fueron "poniendo trabas al natural discurrir del agua" por los tejados. Las nuevas cubiertas de piedra, sobre una capa aislante, consiguen evacuar el agua e impiden que la lluvia se estanque y empape los trasdós (parte exterior de las bóvedas), como sucedía.

Lorenzo explica que el nuevo sistema de cubiertas también ha puesto orden en las "geometrías endemoniadas" de los itinerarios de evacuación del agua, entorpecidos durante siglos. Aquí “manejamos millones de metros cúbicos”, recuerda acerca de las estaciones lluviosas en Santiago. “Con vientos de 40, 60 o 90 kilómetros por hora, el agua se abre paso y llega a los lugares más insospechados", a lo que ayuda una vegetación empecinada en instalarse en las juntas.

Ahora, en la catedral rejuvenecida esto no sucede, pero ya no se puede bajar la guardia porque la naturaleza manda. "Uno puede tener una visión romántica de la ruina o una perspectiva de la conservación", defiende el académico de Bellas Artes. “Podemos decir qué simpática, qué pintoresca la vegetación” desbordada que tapiza los edificios, "pero las zarzas y los pinos que nos crecen en este monumento tan vivo” —en el que “se acumula con extrema facilidad la materia orgánica”— ahondan sus raíces, "hacen desaparecer la cal que cerraba la juntas y causan graves daños". “Tenemos una piedra muy agradecida al sol y al agua, que alcanza toda la gama de grises, amarillos y dorados”, reivindica el director de la Fundación Catedral: "No necesita para nada estar cubierta de algas y líquenes para ser bella".              (Silvia R. El País, 25/05/21)

18/9/20

El Pórtico de la Gloria, visto en un detalle inédito La Fundación Barrié presenta una ’app’ que bucea en los secretos del monumento y permite apreciar detalles imperceptibles al ojo



"A plena vista, bajo una gruesa capa de mugre amontonada a lo largo del tiempo, se escondía un tesoro. Tras 12 años de trabajo, lo rescataron en 2018 los profesionales de distintas universidades europeas —desde arquitectos a geólogos, informáticos y físicos— que colaboraron bajo la dirección del Instituto de Patrimonio Cultural de España en la restauración del Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela.

Lo que destaparon bajo los restos de suciedad, sales o morteros de cemento que se acumulaban sobre los cuerpos y rostros de las figuras diseñadas en buena parte por el Maestro Mateo y su obrador en la segunda mitad del siglo XII fueron tres capas de policromía realizadas respectivamente en época medieval, en el siglo XVI y en el XVII: viejos colores recién descubiertos que aportan una nueva vida a una de las joyas de la escultura románica en España y que, como muchos monumentos antiguos, en realidad no vestía del gris al que nos tenía acostumbrados.

Ese azul lapislázuli primigenio, junto a los rojos de bermellón y cochinilla, verdes cobre y blancos de plomo y azul azurita de la segunda intervención y los mejor preservados tonos de la tercera pueden verse hoy con un detalle inédito con la app gratuita para Apple y Android que ha presentado este viernes la Fundación Barrié, financiadora también del proyecto de restauración del Pórtico, que costó 6,2 millones de euros.    

Las imágenes en súperalta resolución que se pueden ver en la aplicación posan una mirada inédita sobre la obra: por medio de 2.700 fotografías tomadas a lo largo de 14 horas del pasado mes de julio sobre los 200 metros cuadrados del Pórtico, resulta posible acercarse a las figuras con un detalle sorprendente. Desde la perspectiva de alguien que se encontrara de pie frente al Pórtico, se pueden apreciar con nitidez las pestañas de los personajes, los brocados de oro de las vestiduras, los prolijos gestos de aquellos que han encontrado la gracia y los que han quedado suspendidos en el limbo…

Más allá del zoom, la app proporciona otras cuantas herramientas para adentrarse en el monumento y sus recovecos desde la distancia, ya sea a través del móvil u otro dispositivo. Estas van desde un repaso resumido por la obra con parada en sus componentes principales (el limbo, el árbol de Jesé, la figura del apóstol Santiago, el Pántocrator, los evangelistas y los bienaventurados) y en los principales daños que hubo que tener en cuenta antes de acometer la restauración, hasta un recuento de sus figuras más destacadas, ente estas los ángeles de la Pasión, el profeta Daniel, el apóstol San Juan y los 24 ancianos del Apocalipsis, que sujetan entre todos 21 instrumentos musicales.

Como parte de los trabajos de restauración se incluyó precisamente un proyecto de reconstrucción en madera de álamo, abedul, tilo, cerezo, nogal y boj de esos objetos musicales de la época, testigos de excepción de la historia musical medieval cuyos sonidos se incluyen en la aplicación junto con reproducciones en 3D que permiten observarlos desde todas sus perspectivas. Desde que la fídula oval, el arpa-salterio, el laúd o el organistrum fueron devueltos a la vida a partir de sus imágenes esculpidas en piedra, han realizado varios conciertos y se ha grabado un disco con ellos.

Otra de las funciones que presenta la aplicación ofrece una comparativa de las fotografías del antes y el después de la restauración, en las que se puede apreciar el renacer del intenso colorido de las estatuas. Junto con imágenes de los trabajos de restauración, se incluye también un repaso de las fases de la rehabilitación del conjunto: análisis de materiales, intervención en la piedra y en la policromía, documentación… La visita virtual por el pórtico se puede hacer además en compañía de una audioguía, con parada en algunos de los detalles más llamativos de la composición, como las túnicas de los personajes, las escrituras que portan o sus logrados rostros."   (Silvia Hernando, El País, 04/09/20)

27/11/18

Santiago e o Camiño requiren un Pórtico da Gloria aberto

"Buliga estes días o debate en Santiago e Galicia sobre do cobramento futuro do acceso ao Pórtico de la Gloria. Mais non cómpre reducir este debate só ao custo ou gratuidade da entrada. O aceso pode ser gratuíto e asemade insatisfactorio. Non é o prezo somentes, é o modelo de acceso o que é preciso cuestionar. 

Persoalmente eu apoio as visitas a un Pórtico por enteiro aberto, sen quendas, a través das escalinatas do Obradoiro, sen crebar a continuidade co resto da catedral, sen romper a relación coa fachada principal e a Praza do Obradoiro, que permita facer fotos, e que achegue información básica ao visitante. 

Penso que esas terían que ser os eixes do debate preciso. Pero sospeito non ser tal o modelo no que se está pensando. Creo tamén equivocado centrar a resposta unicamente na demanda da gratuidade ou na discusión encol do prezo da entrada. Ao asentar a polémica nestes termos estamos asumindo os puntos de vista do Cabido e a Fundación Catedral, e a piques de aceptar as súas razóns.

A mediados de setembro fun visitar coa miña familia o Pórtico de la Gloria, antes de que o pechasen por mor do comezo da nova fase da reconstrución da Catedral. Aínda que a nosa intención primeira era realizar unha visita enteiramente familiar nunha mañanciña tranquila e pracenteira do final do verán, a punto de agromar o outono, os que nos dedicamos as ciencias sociais non somos quen de afastarnos un intre da observación reflexiva do mundo social que nos arrodea, que fica sempre devolvéndonos ao noso traballo investigador.

Máxime se un está entregado ao estudio do Patrimonio Cultural. As impresións da visita e a espectacularidade da limpeza do Pórtico, axiña se entremesturaron co debate encol do seu futuro. De feito, nas seguintes semanas xerouse este debate co gallo de avisar o Cabido que cobraría as entradas, logo de ter rematadas as labores de recuperación da Catedral, agora en marcha, e se reabra o Pórtico, previsiblemente no próximo Ano Santo, 2021.

Esta nova orixinou axiña respostas por parte dos grupos políticos do Parlamento de Galicia, e así mesmo do Goberno Municipal de Santiago, namentres que a Xunta de Galicia apoiaba en troques a posición do Cabido e da Fundación Catedral. Sen embargo, fóra dalgúns impactos nas redes sociais, este debate non implicou nin a especialistas, nin tampouco a cidadanía e veciñanza de Santiago.

O meu propósito é, xa que logo, intervir neste debate co fin de defender, dende o campo de traballo que me ocupa como profesional e director do Instituto de Ciencias do Patrimonio do CISIC con sede en Santiago de Compostela, formas alternativas de uso, valorización e gobernanza do Patrimonio. O que aquí está en xogo é algo máis que a sinxela idea (cuestionable polas razóns que argumentarei) do cobro da entrada ao Pórtico.

O peche do Pórtico, calquera que sexa a forma en que se produza, suporá crebar a súa inmanente unidade co conxunto da Catedral, coa experiencia da peregrinación, co entorno urbano no que se atopa (a Praza do Obradoiro), e mesmo co Finisterre do mundo medieval coñecido, co confín de Eurasia, algo que outorga fondura e sentido á Peregrinación como espazo cristiano que pecha xa non só Europa, senón a masa continental euroasiática.

Esta conexión está remarcada pola luz do solpor enriba dos ouros do Pórtico de la Gloria, e pola luminotecnia da estatua do Apóstolo cos raios solares que entran polo rosetón románico da fachada, pola fiestra do Cimborrio e por unha ventá das Platerías a hora do solpor en tódolos os días xacobeos, e só neles: 25 de marzo (matirio do Apóstolo), 23 de maio (batalla de Clavijo), 25 de xullo (“depósito” dos restos en Compostela) e 30 de decembro (data da “Traslatio”), segundo apuntan estudios arqueoastronómicos recentes realizados por Bieito Vilas Estévez e César González-García.

En cambio, no formato de visita que se ensaiou durante o verán, o acceso ao Pórtico da Gloria non é unha ventá as formas estéticas que nos precederon e a experiencia relixiosa que as alentou, senón unha demostración de forza e ubicuidade dun estado de orden e seguridade na que a omnipresencia dos vixiantes (privados) axigántase en prol dun principio teórico de salvaguarda e protección do Patrimonio.

 Non esaxero; calquera que teña visitado o Pórtico é testemuña disto, o que se pode dicir sen óbice da amabilidade e mesmo camaradería dese persoal. Con todo, alguén debería pensar o pouco axeitado que é que o persoal de seguridade teña máis visibilidade cas estatuas polícromas. Hoxe ámbalas dúas representacións do poder, a pretérita e a actual, (o Pórtico e os gardas) loitan sen querer por amosar cal delas é máis conspicua.

A Igrexa tería que reconsiderar a idea do peche e do cobro de entradas visto os problemas que ten para conectar cunha sociedade á que a miúdo lle virou as costas. Non ha ser doado que esta idea saiba aturar as críticas de privatización e comercialización duns bens patrimoniais que se senten propios, de todos, e que provoca un conflito nun espacio de tanto poder simbólico coma este.

De tódolos xeitos, se esta vai ser a opción final, polo menos tería que aceptarse que veciños de Santiago (ou todos os galegos) tivesen acceso gratis ao Pórtico. Requírense medidas paliativas diante da explosión turística da cidade, inevitable e ademais boa en moitos sensos. Aínda que prexudicial para as persoas que aquí vivimos.

 Se vivir nun destino de turismo e peregrinación mundialmente coñecido e exitoso non aporta ningunha vantaxe, que nos digan por qué temos que vivir aquí, comprometidos como veciños en aproveitar ese éxito en canto a construír unha cidade emprendedora e modélica.

Santiago de Compostela ten no “Camiño” e na peregrinación algo máis que unha fonte inesgotable de turistas e peregrinos. Ten a oportunidade de consolidar unha marca mundialmente recoñecida que debería facilitar o desenvolvemento integral da cidade.

 ¿É posible imaxinar unha cidade innovadora, en ciencia, en industria, en cultura vencellada á “marca Santiago”, que impulse nichos de actividade específicos relacionados cos valores desta marca? Isto implica recoñecerlle a Santiago unha identidade concreta que sexa compartida pola cidadanía, respectada polas loitas partidistas, e que integre a todos os sectores, mesmamente a Igrexa, e mesmo tamén a todos os que, estando aí, non encaixan no perfil reducido da cidade turístico-eclesial.

O compromiso coa conservación do Patrimonio no que se alicerza a marca, é unha condición de partida, irrenunciable. Cómpre esixir que non se tomen decisións unilaterais sobre do destino e xestión do Patrimonio, dun xeito illado. Atínxenos a todos. Interésanos a todos acadar que o Patrimonio de Santiago non sexa só un fósil ou un mero recurso, senón un carácter que goza de proxección universal e permite basear nel unha estratexia integral de cidade innovadora.

Emporiso, penso que en Santiago e Galicia hai un tema moito máis candente, que se ve escurecido polo debate sobre as entradas do Pórtico. Santiago é unha cidade de 10000 veciños, que soporta unha marca mundial, que atura 1500000 pernoctacións, e 300000 pergrinacións en 2017, que verá agrandar moito estas cifras en 2021 (próximo Xacobeo). Santiago (tal como recentemente analicei) tense que preparar para unha explosión xeométrica de fluxo de visitantes.

 Polo tanto, a cidade non só ha ter grandes gastos, e precisar fortes inversións para dar servicio a tanta xente, senón que as súas infraestructuras hanse ampliar e manter aptas para prestar un servicio de calidade e responder ás necesidades derivadas que noutra situación non se darían.

Quer dicir logo, que non é a entrada ao Pórtico a teima de mais importancia para a cidade. É asumir, de unha vez, que precisamos fixar como algo normal unha taxa turística que permitar pagar o custo que supón para a cidade e os seus veciños prover de servicios de calidade a un volume de visitantes que medra a un ritmo insostible, manter o patrimonio que disfrutan e, ¿como non?, beneficiar a cidade a través das inversións que a potencian, acrecentando así o benestar de todos, veciños e visitantes.

Mediante a necesaria taxa turística, o concello podería incluso permitirse destinar unha parte da recadación a Igrexa. Hase dicir que o concello non “pode” financiar a Igrexa, o que é certo. Máis non se trata diso. Trátase de que, fóra de populismos anticlericais, urxe que as diferentes institucións da cidade entendan que é ben harmonizar os intereses propios en prol do interés máximo común, cal é facer rendible o seu emprazamento institucional cara ao benestar da cidadanía, “laici ut seclari”, e o progreso do conxunto.

 Se botamos contas, decatámonos de que o problema é outro. Se se cobrase un euro de taxa á poboación que pernoctou na cidade o ano pasado, suporía 1,5 millóns de euros. Se se estima unha visita ao Pótico nos día de máis afluencia de 1000 persoas (100 á hora, multiplicado por 10 horas de visita), e se estima como media ese aforo durante 200 días (habería que engadir os restantes días do ano) multiplicado por 12 euros/visita, iso suporía 2,4 millón de euros.

Pero isto indica soamente que unha taxa de un euro é moi barata e que o negocio do peche do Pórtico é redondo. Encol destas contas, mesmo se podería plantexar á inversa, que sexa a Igrexa a que pague ao Concello onde está.

En realidade, é na taxa turística onde cómpre centrar o debate e a solución. En Berna, cidade suiza Patrimonio da Humanidade, con algo máis de poboación que Santiago, e un total de 5,1 millóns de pernoctacións en todo o cantón (no inverno a xente vai esquiar e no verán vai pasear) a taxa é de 4,6 euros por persoa e día.

 Páganse no canto de rexistrarse no hotel, e asemade danche un pase gratuçoto para o transporte público, que, de feito, ninguén emprega porque a meirande parte dos visitantes concéntranse no casco histórico. A diferencia na calidade de vida entre Suiza e Galicia, explícase tamén neste dato, e non só en ser o sumidoiro de todo o diñeiro negro mundial.

Felipe Criado-Boado, director do Instituto de Ciencias del Patrimonio (Incipit) do CSIC e presidente da Asociación Europea de Arqueólogos (EAA), quere abrir con este artigo o debate tamén no ámbito profesional do patrimonio sobre se é pertinente ou non pagar unha entrada por visitar o Pórtico da Gloria."                (Galicia Confidencial, 07/11/18)