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19/9/23

Mimatruck, o camión musical que conecta artistas e público... “Na MIMÁtruck poden actuar tanto djs como bandas emerxentes de ata 4 ou 5 persoas. Con ela tratamos de que sexa un evento itinerante e poder estar presentes en festas, festivais ou eventos culturais... dando cabida a picadiscos e distintas bandas locais”

Mimatruck concerto costa da morte

 "No tempo da dictadura da verbena, e nos últimos tempos da “disco móbil”, este verán na Costa da Morte naceu un concepto diferente de como levar música a túa festa. O Mimatruck, o camión da música itinerante, con D.O. de Muxía, percorreu Galicia este verán.

Xa estiveron por Moaña, Fisterra, Muxía, Corcubión, Carnota, Rianxo… e preparan o asalto á Santiña de Trasufre deste vindeiro sábado 23 de setembro.

Ao volante do camión estánAdrián Alcaina, Sergio Tarrela, David Fernández, Manu Nogueira, e Javier Toja, o técnico de son. “Na MIMÁtruck poden actuar tanto djs como bandas emerxentes de ata 4 ou 5 persoas. Con ela tratamos de que sexa un evento itinerante e poder estar presentes en festas, festivais ou eventos culturais. É un formato sinxelo, cunha estética de autor e onde queremos que haxa unha conexión entre público e artistas, por eso decidimos que o escenario sexa baixiño e esté casi a altura do chan”, explica Nogueira.

Intentan apostar polas bandas locais, e polo momento xa subiron á MIMÁtruck bandas como Leite con Jalletas, Los Wavy Gravies, Los Lunes al Sol, Rockolas, Calle Bailén e Lumieiras do Morrazo, ademais de numerosos djs da volta.

O grupo muxián esperan ir afiianzando a súa proposta para darlle un aite direrente ás festas e festivais do país. “A idea para un futuro é esa, ofrecer actuacións musicais onde o principal atractivo sexa a conexión entre público e artistas, dando cabida a picadiscos e distintas bandas locais”, sentenzan como carta de presentación."                    (Ubaldo Cerqueiro, Qué pasa na costa, 18/09/23)

28/8/23

Festival Agrocuir: el primer evento LGTBI de la España rural, en Monterroso, se niega a ser una máquina de hacer dinero

 "Esta es una historia a contracorriente. La viguesa Marta Álvarez Quintero fue la primera lesbiana declarada que se instaló en Monterroso, un pueblo de 3.500 habitantes del interior de Lugo. Llegó allí hace 26 años para poner en marcha una de las primeras granjas ecológicas de Galicia, un oasis de bienestar animal en el que las vacas pastan en libertad y son cuidadas con mimo. En 2014 volvió a hacer algo distinto, esta vez con humanos. Promovió junto a otros vecinos un evento cultural y sin ánimo de lucro pionero en España: el Agrogay, luego rebautizado como Agrocuir, el primer festival que desde el mundo rural se lanzó a reivindicar la diversidad sexual y de género. La idea fue un éxito, un enorme éxito, y en agosto pasado congregó a unas 4.000 personas, una muchedumbre mayor que la población del pueblo. Ante tan magníficas cifras, los promotores de la cita lo tienen claro: ha llegado el momento de decrecer.

El Agrocuir de Monterroso no quiere ser un macrofestival. Sus promotores se niegan a convertirlo en una máquina de hacer dinero prohibiendo la entrada de bebida y comida, repartiendo pulseritas recargables para pagar o montando palcos VIP para asistentes de bolsillos privilegiados. Rechazan también las montañas de residuos y el despilfarro energético que generan los eventos masivos. El crecimiento “exponencial” de la fiesta ha puesto al límite al pueblo, al patrimonio natural que lo rodea y a sus propios creadores. “Estamos en contra del hipercapitalismo de los grandes festivales. Queremos que el Agrocuir sea una romería libre, sostenible y sin mercantilizar”, explica Álvarez Quintero.

 La octava edición arrancó en la tarde de este viernes y termina este sábado. El Colectivo Agrocuir da Ulloa, la asociación de esta comarca agroganadera que se encarga de su organización, ha recortado el presupuesto a la mitad (40.000 euros) por decisión propia y lo mismo ha hecho con la programación. Si el año pasado había cinco escenarios, este hay solo uno. Únicamente funcionan dos foodtrucks y son autóctonas, al igual que el resto de productos que se sirven en el campo de la fiesta, todos de proximidad, incluido el vermut. Todo el mundo es libre de traerse la comida y la bebida de casa, se fomenta el uso compartido de vehículos particulares y se reparten vasos retornables. La cita se financia fundamentalmente vendiendo rifas y con ayudas de la Diputación de Lugo y del Ayuntamiento. Sus promotores no pueden optar a las “grandísimas inyecciones de dinero” que la Xunta otorga a los macrofestivales por no ser profesionales y “no trabajar con ciertas empresas”, lamenta Álvarez: “Las administraciones deberían trabajar para la cultura popular no para la de masas”.

 El Festival Agrocuir ha conseguido abrir las puertas de muchos armarios en la comarca de A Ulloa. Cada mes de agosto, las banderas arcoíris engalanan las calles de Monterroso, las casas y las muñecas de sus habitantes. “Mi madrina, que tiene 92 años, lleva puesta la pulsera multicolor desde ayer”, afirmaba este jueves Tatiana de Azevedo, presidenta de la Asociación Cultural Falcatrueiros. “Es un festival muy enriquecedor para el pueblo a nivel social y cultural. Y económicamente también. Cuando empezó no hubo ningún tipo de polémica. La gente mayor estaba expectante, pero no reticente. Esta gente [por sus promotores] fue muy valiente y han abierto muchas mentes”.

 Marta Álvarez aún recuerda a aquel chico procedente de una pequeña aldea de la zona que en la primera edición se acercó a ella para contarle que hacía poco que su hermano había comunicado en casa que era gay. Sus padres, le dijo, estaban preocupados por si su hijo sufría rechazo por parte de sus vecinos, pero el festival había sido un bálsamo: comprobaron que él no era ni mucho menos el único disidente sexual de la comarca. “En este tiempo ha salido mucha gente del armario. La libertad que veo ahora aquí durante todo el año, esas personas que se expresan libremente por las calles, es un regalo”, proclama la granjera.

 El Agrocuir no va de guetos. Su filosofía es visibilizar la diversidad sexual y de género en comunión con todos los habitantes de Monterroso. “El objetivo es que todo el mundo disfrute de una fiesta con gente diversa”, destaca el médico catalán Marc San, que conoció Monterroso en 2018 gracias al festival y en 2021 se vino a vivir a este municipio con su familia. Hoy forma parte del núcleo duro de la organización, con el que colaboran unos 50 voluntarios. Y ya cuenta su historia en lengua gallega. “En el rural puede haber espacios más diversos que en la ciudad y con redes de cuidado más potentes. Los prejuicios que hay son por desconocimiento”, esgrime.

Cuando el Colectivo Agrocuir da Ulloa se planteó el decrecimiento del festival, estaba sobre la mesa convertir el evento en bienal y no celebrar edición este año. Pero hubo algo que les hizo cambiar de idea: el ascenso de la ultraderecha. “Dijimos ‘no, ahora mismo, ni un paso atrás”, explican. Monterroso es ya un foco de resistencia a la retirada de derechos para las personas LGTBI que propugna Vox, tercera fuerza política en España, pero absolutamente ausente de las instituciones en Galicia. Hace un par de años, el pueblo amaneció con unas pintadas homófobas. El cierre de filas de los vecinos en defensa de la diversidad sexual y de género fue total. “La respuesta del pueblo fue maravillosa y nunca más volvió a pasar nada. Somos la capital del queer”, resalta Álvarez.

 En esta edición de decrecimiento, una parte fundamental del Festival Agrocuir sí ha ganado peso. Son los cantos de taberna, una alegre riada de gente que recorre los bares de Monterroso entonando canciones populares. Además de actuaciones musicales, la programación incluye talleres y el Cuirathlón, un campeonato de juegos tradicionales donde un equipo de vecinos del pueblo se enfrenta a otro integrado por visitantes. Se disputan un trofeo especial: el Sacho Dorado. El palco VIP frente al escenario está reservado para personas con diversidad funcional, gente mayor, mujeres embarazadas o asistentes que necesiten un espacio más cómodo por la razón que sea. Este pionero evento sigue muy vivo. “La gente tenía miedo de que, al parar máquinas, el festival se arriesgara a morir. Pero yo estoy convencida de que no será así”, defiende De Azevedo. “En este pueblo hay un gran orgullo por el festival y hay gente que no entiende nuestra decisión, pero lo que estamos haciendo es decrecer para hacerlo mejor”, apunta San. Álvarez, por su parte, aboga por que más pueblos repliquen festivales similares y su legado en Monterroso se expanda por Galicia adelante. Y propone: “Pon un Agrocuir en tu aldea”."                  (Sonia Vizoso, El País, 27/08/23)

27/1/23

Rogelio Groba, o compositor nacido na aldea ao que o pai xordomudo lle inculcou o amor pola música... o compositor de Agroglamour en Cans”... unha oda a aldea de Cans e ó seu festival

 "Unha tarde de 1999 tiven ocasión de conversar por vez primeira co compositor Rogelio Groba. Atopámonos nun plató de televisión. Eu era guionista e responsable das entrevistas nun programa diario en TVE- Galicia que se chamaba “Que Serán”, para o que me reclutara Xosé Manuel Pereiro.

Antes de que Groba pasase ó plató, a unha entrevista en directo, eu era o encargado de estar con él nos minutos previos e anticiparlle por onde ía ir a cousa. Tamén de propoñerlle algunhas pequenas gamberradas, seguindo o estilo do programa de entrevistas que triunfaba na altura, como era “Lo más plus”, no daquela fresco e atrevido Canal +. 

Propúxenlle o chiste que se nos ocurrira para meter no medio da entrevista, que era darlle unha batuta e que dirixise un pouco mentres sonaba de fondo a música do pasodobre “Ponteareas” de Reveriano Soutullo. Groba, que nacera en 1930, era daquela xa un señor maior para a miña idade e olloume de esguello dun xeito displicente. Tiven a sensación de que interiormente estaba mascullando “alucino co que me propón este idiota”, pero traguei saliva e seguín adiante co plan, tratando de convencelo, pois para iso me contrataran.

 “Non sei se sabe que eu hai xa moitos anos que non dirixo, que me adico só á composición”, díxome algo seco na trastenda daquel plató, nun xeito elegante de dicirme que non ía someterse a aquel tipo de trapalladas de guionistas inconscientes, que non sabían medir a dimensión real dos entrevistados. “Home, só é unha pequena broma, un xogo para a televisión, e ademáis pídello un veciño”, díxenlle impulsado pola miña insolencia xuvenil. Daquela Groba preguntoume de onde era. Respondín que de Cans, a aldea que está cerca de Guláns, onde el nacera, só separada no medio polo penedo do Monte Castelo. “Pois xusto en Cans é onde dirixín a banda de música de Guláns, por vez primeira na miña vida”, espetoume, cun dato que eu descoñecía ata aquel momento. A partir de aquí, iniciamos unha interesante conversa, ademáis de entrar no plató, agasallarnos cunha fermosa entrevista que lle fixo Paco Lodeiro e deixarse enredar polo sketch da batuta na súa man.

Na saída da entrevista, xa máis relaxado, tomamos algo. Groba contoume con calma as circunstancias de como un 26 de decembro de 1946, con 16 anos, dirixiu por vez primeira a Banda Union de Guláns, a histórica banda da súa aldea, no Torreiro de Cans. A data sabíaa de memoria, porque era nas festas patronais do Santo Estevo de Cans, sempre ó día seguinte do día de Nadal. Groba empezara case de neno na banda da súa aldea, unha das máis antigas de Galicia, fundada en 1870. Nos días previos á actuación en Cans, o director puxérase enfermo e alguén decidiu que o neno Roxeliño, ata ese momento un pequeno frautista que tocaba unha frauta de buxo, era un rapaz con talento para debutar dirixindo a banda nas festas de Cans. Pouco podía imaxinar que alí, movendo a batuta coas mans case conxeladas polo frío e cos pes mollados enterrados na lama do Torreiro de Cans, estaba a comezar unha exitosa carreira no mundo da música. 

En Guláns, unha aldea de Ponteareas de pouco máis de 700 habitantes, todo latexa ó ritmo da música. Cando un pasea polos seus camiños, de cada casa sae o o son dun instrumento diferente. Neste contexto rural é no que naceu e medrou o compositor Rogelio Groba, cuxa chama ven de apagarse ós 92 anos de idade, na derradeira noite do ano, xusto no tránsito cara o Aninovo. Sempre lúcido, cunha memoria prodixiosa e activo como creador ata as súas últimas semanas de vida, Groba é o máis relevante compositor de música clásica nacido en Galicia no século XX.

 Deixa un extenso corpus como creador de máis de 700 obras, pero tamén un legado transversal no ámbito da música. Ademáis de compositor, Groba foi un pedagogo musical, un investigador con alma de folklorista, escribiu varios ensaios, fixo incursións como editor musical e tamén un relevante xestor cultural musical, impulsando formacións como a Orquestra Sinfónica de Galicia.

Cando Groba naceu en Guláns en 1930, a Unión de Guláns xa tiña máis de medio século de vida e era o orgullo da aldea. O seu pai era barbeiro e rusto enriba da barbería ensaiaba a banda de música. O pai de Groba collía ó seu fillo e levábao con frecuencia ó piso de arriba. Podería ser o impulso natural dun pai que quere aprenderlle música ó seu neno. Mais o certo é que aquel era un pai moito máis especial que o resto dos pais: era xordomudo. Un xordomudo que amaba a música.

Cando coñecín a Groba, naquel plató de televisión a finais dos 90, faloume con moito orgullo de aquel pai xordomudo, da pasión que tiña pola música -que a sentía polos latexos- e de como teimou ata que esa pasión prendeu no pequeno Roxelio e nos seus irmáns.

 Despois de saber a historia de Groba e o seu vínculo emocional co Torreiro de Cans, onde en 1946 debutara como director da Unión de Guláns para orgullo do seu pai xordomudo, sempre pensei en volver lembrar aquel momento. E pensamos que a excusa e o marco perfecto podería ser o Festival de Cans. En 2013 propuxémoslle a Groba visitar Cans para que, case 70 anos despois, volvese exercer de director no Torreiro e rememorar aquel día histórico. Dixo que viría pero, unha vez máis, rexeitaba dirixir. Pero, unha vez máis tamén, convencémolo. Dirixiu simbolicamente unha peza coa Banda de Salceda e colocamos unha placa no Torreiro de Cans no seu honor, acompañados de músicos de diferentes estilos como Uxía, Julián Hernández ou Cristina Pato. Foi un día de gran emoción, no que tamén estiveron como convidados Dionisio e Xosé, dous dos músicos que tocaran con aquela banda o día do seu debú, había case 70 anos.

Ao cabo de poucos días chamoume Manrique Fernández, que daquela era xerente da Fundación Rogelio Groba, para trasladarme o agradecemento de Groba. Díxome que Groba viña tan emocionado e tan impresionado pola homenaxe e o recebemento, que estaba pensando en compoñer algo como agradecemento á aldea. Nunca máis pensara naquilo e, uns meses despois, volveron chamarme da súa fundación para pedirnos unha dirección postal. Uns días despois chegou unha partitura completa encadernada co seu título correspondente: “Agroglamour en Cans”, na descripción do Mestre Groba “unha oda a aldea de Cans e ó seu festival”. E en 2014, para pechar o círculo, volvemos convidar a Groba ó Torreiro de Cans. Esta vez, xa só en calidade de compositor, para asistir á estrea da súa obra, do legado que nos deixou. Por fin Rogelio Groba, o neno de Guláns fillo do barbeiro xordomudo, regresaba ó Torreiro de Cans como compositor. E por fin se pechaba o ciclo daquela conversa que comezara quince anos atrás na trastenda dun plató de televisión."                 (Alfonso Pato , eldiario.es, 03/01/23)

2/2/22

Tanxugueiras se ha convertido en un símbolo nacional... un símbolo emergente que expresa ambigüedad y encabalgamientos, contradicciones e identidades múltiples. Identidades posnacionales

 "Desde un punto de vista artístico, poca duda cabe de que Eurovisión es una astracanada comercial. Si en sus orígenes de posguerra cumplía una función, la de contribuir a crear una suerte de esfera pública europea, a cargo de Eurovisión, desde principios del siglo XXI, si no antes, se ha convertido en un espectáculo mediático y monetary, que diría Chanel. 

 Se intentó revitalizar mediante la apertura de las votaciones al público, y no dejarlo todo al albur de los jurados de cada país participante. Sigue siendo, con todo, considerado por muchos un escaparate del honor de cada país. Un escenario más o menos igualitario en el que Malta puede vencer a Alemania, y los pequeños ganar mientras los grandes se preguntan año tras año cómo evitar hacer el ridículo. 

 Una competición de orgullo nacional y europeo que, al tiempo, se ha desnacionalizado de modo galopante: no son muchos los países que envían canciones en sus propias lenguas, con lo que el morbo que tenía, pongamos por caso, escuchar a un grupo israelí cantar en hebreo, se ha desvanecido.

 Quedan, sin embargo, aldeas que resisten al invasor anglófono en la música. España, se supone, es una de ellas. O no. No cantar en inglés resta votos, opinan muchos. Pero es casi un axioma para muchos patriotas televisivos que hay que mantener la participación cantando en castellano, aunque se introdujesen ripios como Europe is living a celebration y otros barbarismos, bárbaramente pronunciados. ¿Y por qué no cantar en otras lenguas de España?

Serrat lo intentó. Pero eran tiempos de dictadura. El grupo Tanxugueiras lo ha intentado de nuevo, en buena lid y con un inusitado apoyo del público. Un producto musical con raíces populares, un alalá, debidamente modernizado, feminizado y con una puesta potente en escena. Pero, gran error, se trata de un tecno-folk inaceptable para muchos (la rumba de Peret sí lo era, por cierto), con sus aturuxos guturales, nada moderno, como lo que le gusta a la juventud de hoy. 

Y en gallego, que no lo van a entender, que seguro que el telespectador georgiano y la internauta lituana se van a dar cuenta de que no es castellano. Como, además, en Eurovisión lo que más importa es la profundidad e inteligibilidad de las letras, seguro que sería una mala representación de España.

 No entramos en si, desde un punto de vista musical, Tanxugueiras era mejor que Rigoberta Bandini o la canción ganadora. Cinco expertos tiene la Iglesia. Las preferencias del público quedaron claras, en todo caso. Lo fascinante para un observador poco interesado en Eurovisión y sus alharacas es la celeridad con la que Tanxugueiras se ha convertido en un símbolo nacional. De una nación sin Estado, la gallega, para muchos galleguistas, sin duda. 

Pero también de una nación plural o multicultural, la española, para buena parte de la ciudadanía española. El sábado 29 de enero por la noche eran muchas las personas de mi entorno que incitaban a votar por las Tanxugueiras; gente que nunca se había interesado por Eurovisión, y también poco sospechosa de simpatías galleguistas.

 En las redes sociales se sucedían comentarios jugosos. Algunos de ellos evidenciaban que, para una parte del nacionalismo español tradicional(ista), Tanxugueiras no podía representar a España en una tribuna internacional por el mero hecho de no cantar en castellano. A eso se añadían prejuicios: que si se expresaban en un idioma inventado, como medio sugirió una presentadora autocorrigiéndose; que si eran caballos de Troya del separatismo galaico.

 Que si eran unas paletas progres que no merecían representar la españolía en el mundo… y algún prejuicio antigallego que aún sale a relucir en ocasiones puntuales. Que a España la vaya a representar en Eurovisión una canción de cualidades líricas discutibles, con un sonsonete machista y en un spanglish de pacotilla tecnopija, no parece causar tanta reacción, aunque se espera la opinión de los defensores del castellano al respecto.

 El debate en Galicia no es menos fascinante. De repente, las Tanxugueiras son un hito más del síndrome da aldraxe, del ultraje, tan propio de la esfera pública galaica desde la Edad Moderna. España nos desprecia o nos tiene manía. En poco tiempo se ha unido a otras polémicas de menor eco, como que en el Estatuto de Asturias el gallego hablado en su parte oriental pase a ser “eonaviego”, por decisión de no se sabe qué instancias pseudocompetentes.

 Y por mucho que nos esforcemos y montemos Xacobeos, no nos quieren. Voilà, opinan otros, ¿qué más pruebas queremos? Que nos dejen irnos y quizá hablamos de un Estado asociado con Portugal, más aún si el país vecino estuviese dispuesto a que el trío gallego lo representase en Eurovisión.

 Personas que no moverían un dedo en movilizarse por que se incrementase el número de horas docentes en gallego en la enseñanza primaria y secundaria, que no hablan en gallego a sus hijos, o que en el fondo opinan que con la lengua propia no se va a ninguna parte, de repente están indignadas (al menos telemáticamente) por la discriminación hacia la lengua gallega a nivel simbólico. Una lengua que a fin de cuentas es cooficial.

 Hay quien estima que, ya que la ciudadanía galaica ha experimentado este subidón reivindicativo y ha encontrado un símbolo inesperado en un genial trío de artistas, hay que aprovecharlo y canalizar esa frustración por otras vías más trascendentes. Un procés tanxugueiro.

Quizá sea todo flor de un día. O no. A veces la historia se escribe con renglones inesperados. Más allá de su componente reivindicativa, feminista y en clave empoderada, y de la protesta por que la decisión de cinco personas tuerza el voto popular, dicen que para evitar Chikilicuatres (el pueblo, ya sabemos, se equivoca), dos lecciones rápidas se pueden extraer de la polémica.

 Primero, las Tanxugueiras son una buena muestra, por un lado, de la trivialización de las identidades, nacionales o regionales, y su conversión en objetos de consumo masivo y rápido. Imitar el peinado de las cantantes, o cantar sus “alalás” (lo del aturuxo es más difícil), puede convertirse en una profesión de fe que sustituya a la bandera albiceleste con o sin estrella roja. O quizás de una bandera republicana. Pues, por otro lado, el trío galaico también es una muestra de la ambigüedad de los símbolos. La galleguidad en masa, diáspora incluida, se movilizó el sábado 29 para votar por las que veía como sus representantes.

Segundo, fueron muchos los no gallegos y gallegas que votaron por ellas, o por Rigoberta, como muestra de que España podía verse representada por la periferia, en otras culturas e idiomas, exhibiendo un producto original con raíces autóctonas y variadas (exóticas, dirían algunos: a fin de cuentas, quizá los “alalás” vengan de África). Exhibiendo, en definitiva, su pluralidad por el mundo.

 Más allá de los criterios musicales y de las apuestas por productos de consumo masivo que puedan ganar, o de tongos y otros debates, las Tanxugueiras parecen ser un símbolo emergente de algunas paradojas nacionales de la España de hoy. Un símbolo que expresa ambigüedad y encabalgamientos, contradicciones e identidades múltiples. Identidades posnacionales. Pero parece que, parafraseando la excelsa letra ganadora de Benidorm, una parte de España no está ready. Ella se lo pierde."                           (Xosé M. Núñez Seixas, El País, 01/02/22)

21/9/21

Una cooperativa de orquestas quiere romper el monopolio de las fiestas de Galicia. Terremoto en el negocio millonario de las verbenas gallegas: "Es un sector muy oscuro"

 "Mueven 40 millones de euros por temporada, cientos de millones en servicios indirectos, y gozan del rango de estrellas de la música. Las multitudes se desplazan allá donde toquen sus ídolos, hay galas en televisión, 'rankings' de los mejores grupos y de los mejores solistas, cada concierto es un verdadero despliegue de sonido, luz y pirotecnia. 

Es el extravagante mundo de las orquestas de verbena de Galicia, un fenómeno de masas difícil de entender fuera de esa comunidad y que hoy vive una implosión interna provocada, precisamente, por varias de esas orquestas. Hay mucho dinero en juego y algunos se han cansado de un negocio que califican de opaco y cautivo, dominado con mano de hierro por un puñado de empresarios que hacen y deshacen a su antojo.

En realidad, el mundo de las orquestas lleva tiempo bajo sospecha. Hace 10 años, la Agencia Tributaria inició una investigación que resultó en condena de cárcel para sus dos grandes promotores. La Audiencia de Pontevedra condenó este pasado mes de junio, tras un procedimiento de años, a Ángel María Pérez ‘Lito’, el conocido como rey de las verbenas, a 27 meses de cárcel por defraudar 320.000 euros a Hacienda en concepto de IVA. Finalmente, el Tribunal Supremo le ha absuelto por mala praxis en la obtención de las pruebas. Junto a él, su socio Miguel Ángel García Souto también ha sido condenado a siete años y medio de cárcel y 1,5 millones de multa por el mismo delito. 

 Lito y García Souto eran los propietarios de las dos grandes orquestas gallegas, Panorama y París de Noia. Su condena confirma lo que todo el sector sabía en Galicia desde hace décadas: que en la contratación de las orquestas casi todo el dinero se movía sin declarar a Hacienda.

“Esto desde hace cinco años es otro mundo. Hoy, el 99% de las orquestas emiten su factura al cliente, ya sea el ayuntamiento o la comisión de fiestas. Tenemos a la Inspección de Hacienda encima nuestro, y encantados de que lo estén, así nos olvidamos de historias”, resume Víctor Rodríguez, propietario de Gaias Eventos, la oficina de representación de orquestas y bandas más poderosa de Galicia. Rodríguez es hoy el empresario que mueve los principales hilos tras la caída de Lito. Asegura que en el mundo de las verbenas se acabó el fraude fiscal, y por eso se sorprende de la iniciativa que justo acaba de surgir para batallar contra su monopolio: la Cooperativa de Orquestas Galegas (COOGA).

 COOGA “pretende romper con métodos tradicionales de contratación y representación de formaciones musicales, para poder acercar de forma más directa y sencilla nuestra música a los consumidores”, explica en su comunicado de presentación. “Las orquestas podrán prescindir de una aparatosa red de intermediarios para su contratación, pudiendo depositar su confianza en aquellos representantes que ellas crean pertinentes”.

 Estas palabras, que para alguien externo no tienen nada de especial, suponen para el mundo de las verbenas gallegas un auténtico revolcón. Dan a entender que el negocio millonario de las orquestas sigue infestado de comisionistas dudosos y que no siempre los pueblos y parroquias contratan a las orquestas que quieren, sino a las que les imponen. Muestra de que la cooperativa ha hurgado en la herida es que ninguna de las orquestas contactadas ha querido expresar en abierto sus opiniones en este artículo. ¿El motivo? Si la todopoderosa Gaias Eventos se entera de que simpatizan con la cooperativa, ya pueden ir despidiéndose de trabajar en el futuro.

"La gente está muy quemada, pero apoyando a la cooperativa te la juegas en lo laboral. No es una sensación de amenazas como en el mundo de la droga, pero te juegas quedarte sin contrataciones después de dos años de pandemia muy duros. Hay muchas orquestas que han desaparecido para no volver", cuenta un miembro de una orquesta.

“No queremos entrar en guerras, pero sí vemos que la actual forma de trabajar es oscura y queremos que sea transparente, que el cliente sepa cuánto cuesta cada orquesta y qué es lo que paga, no como ahora, que se le da un dinero al intermediario y este ofrece un paquete cerrado, con las orquestas que él tiene en cartera, y no hay claridad sobre ese dinero”, cuenta Manuel Carballo, presidente de la cooperativa. “Un ejemplo: una comisión de fiestas tiene un presupuesto de 40.000 euros y cierra una fecha con uno de estos intermediarios, pero nadie sabe exactamente cuánto paga por cada orquesta, ni sabes si tu orquesta recibe menos dinero del que debería ni por qué. Estamos en manos de intermediarios y lo que queremos es que quien nos contrata acceda a nosotros directamente, que conozca nuestras tarifas a través de una plataforma en internet. No puede ser que en el siglo XXI exista este retraso”.

 Este año, dos de las grandes orquestas de Galicia han salido de la órbita de Gaias Eventos para fundar su propia oficina de representación. Las orquestas Panorama y Combo Dominicano se unieron bajo el sello Go Music Management para ser ellas quienes vendan su calendario y controlen las comisiones y a los comerciales. La irrupción ahora de la cooperativa es otra grieta en un muro que parecía inquebrantable.

De media, una orquesta gana 3.000 euros por noche de verbena. Por supuesto, hay categorías. Las grandes cobran fácilmente 6.000 euros y se elevan hasta los 20.000 en las noches más señaladas de agosto, con una facturación anual que ronda los dos millones de euros. Las modestas se conforman con mucho menos. No existen tarifas oficiales, es un mercado salvaje de oferta y demanda, controlado al 90% por las oficinas de representación, principalmente Gaias Eventos.

Las orquestas consultadas formulan una sospecha que no se atreven a denunciar en abierto: la caída de Lito y de García Souto no ha limpiado del todo el fraude fiscal en las verbenas. Presuntamente, existiría una facturación en A y otro porcentaje en B sobre presupuestos de cientos de miles de euros. Medias de 70-30 o 60-40 sobre el importe total. El propietario de Gaias Eventos rechaza de forma tajante tal acusación: “Si alguien conoce algún fraude que lo denuncie y que me lo haga saber para no trabajar más con esa persona. Pero, si no, que dejen de embarrar y lanzar mierda sobre este sector. Llevamos dos años pasándolo muy mal y esto es lo último que necesitamos”. 

 La clave del negocio millonario de las verbenas son las comisiones de fiestas. Todo gira en torno a ellas. En Galicia hay 313 municipios ('concellos'), pero cerca de 3.000 comisiones de fiestas, todas dependientes de alguna parroquia, grande o pequeña. Un ayuntamiento gallego puede tener fácilmente siete u ocho parroquias y ermitas, cada una con su comisión de fiestas, su presupuesto y sus ganas de que la fiesta en honor de su santo sea mejor que la del santo del vecino. De ahí que las verbenas cuenten con buenos presupuestos, casi siempre a base de donativos de los vecinos a la comisión, que actúa como asociación sin ánimo de lucro. Eso, y las ganas de fiesta de los gallegos, explica por qué el sector de las orquestas es tan boyante en Galicia desde hace 50 años.

“Las verbenas forman parte de la sociedad gallega desde hace mucho tiempo, y las orquestas son el centro de la fiesta. En los últimos años se ha incorporado la juventud, que la ha dado un impulso muy grande. No todo son grandes conciertos con miles de personas como aparece siempre en las fotografías en prensa, la mayoría son fiestas tradicionales con poca gente. Una fiesta es la seña de identidad de una aldea o una parroquia y ponen todo su esfuerzo”, explica Manuel Fariña, presidente de la Asociación Galega de Orquestas (AGO). Para Fariña, este terremoto en el sector abre “una situación complicada”, ya que “cambia la forma de venta” y genera un cisma entre quienes están a favor de poner unas tarifas fijas en internet y quienes están en contra.

 Ninguna de las grandes orquestas se ha posicionado en favor de la cooperativa. Cierto es que varias de estas orquestas son propiedad de las oficinas de representación. Es decir, las oficinas son juez y parte del negocio, un hecho que solivianta a las orquestas más modestas y que es el germen de la cooperativa. “Por ahora somos cinco orquestas y un grupo, y hay dos grupos más que quieren entrar. Muchas orquestas nos reconocen en privado que les gusta nuestra iniciativa, pero que no se atreven a salirse de su oficina de representación porque la pandemia nos ha hecho mucho daño a todos, necesitan trabajar y no quieren jugársela”, explica Carballo.

El propietario de Gaias Eventos y referente de las verbenas les lanza un dardo para rebajar la importancia de este movimiento: "Por muy bonitas palabras que utilicen, esta cooperativa funcionará como una oficina de representación más, con sus orquestas y sus comerciales. Son cuatro o cinco orquestas las que impulsan esto. Me parece legítimo, pero no pueden poner en duda a todo el sector para buscar un beneficio".                     (David Brunat, El Confidencial, 27/08/21)

26/5/21

El Festival Bal y Gay reúne en pueblos de Lugo a virtuosos de renombre para “democratizar” la cultura. El olimpo rural de la música clásica

 "Los vecinos de A Mariña saben lo que es tomarse el aperitivo con una celebridad de la música clásica. 

Esta comarca lucense de 80.000 habitantes se ha convertido en los últimos años en punto de encuentro de algunos de los mejores instrumentistas del mundo. Recalan allí cada verano para ofrecer conciertos y clases magistrales, cenan con el público y se visten de turistas para descubrir, por ejemplo, que en este rincón del norte de Lugo se conserva la iglesia más antigua de España. El fenómeno es mérito del Festival Bal y Gay, fundado en 2014 por Enrique Rodríguez Baixeras, un melómano empeñado en “democratizar la cultura”.

Tras una vida profesional en la que fue pionero del cine en gallego durante la dictadura y trabajó en la Filmoteca Nacional, Rodríguez Baixeras decidió disfrutar de su jubilación en Nois, la aldea del municipio de Foz (Lugo) en la que nació hace 68 años. Junto a su hija Alba, clarinetista, gestora cultural y actual directora del Festival Bal y Gay, se lanzó a organizar unos cursos en el centro social de la parroquia que sirvieran para difundir la música clásica. “Pensamos en traer buenos profesores para así atraer también a buenos alumnos”, explica. Uno de aquellos maestros de renombre fue el valenciano Vicente Alberola, primer clarinete de la Mahler Chamber Orchestra, que se implicó con entusiasmo en el proyecto.

A las clases les seguían unos conciertos que se abarrotaban de lugareños. Para sorpresa de los promotores, la iniciativa despertó el interés de personas ajenas hasta entonces a la música clásica, que prorrumpían en aplausos entre movimiento y movimiento. En la tercera edición se disputó un concurso de clarinete y los tres finalistas interpretaron un concierto de Mozart que duró tres horas. “La gente”, recuerda Rodríguez Baixeras, “llenó el local y aguantó allí sin moverse”. Ahora, cuando va a tomar un vino al bar, los vecinos abordan al presidente de la Fundación Bal y Gal para preguntarle cuándo será el festival y qué virtuoso los honrará con su presencia. “Es gente que nunca se preocupó por la música clásica y que ahora la necesita para vivir”, celebra él.

Schubert resonó este fin de semana en A Mariña en una edición especial de primavera por el Año Xacobeo. El austriaco llegó de la mano, entre otros, de la pianista Judith Jáuregui o del tenor Christoph Prégardien, admirado mundialmente como cantante de lieder. Las entradas se agotaron en tres días. El pasado sábado decenas de vecinos esperaban a las puertas de la iglesia de San Salvador de Lourenzá para entrar a escuchar al Cuarteto Cosmos y al violonchelista Fernando Arias. Eliseo Rodríguez cuenta con orgullo que a la comarca “vienen los Messi de la música clásica”. “El verano pasado nos tomamos un vino con Floristán”, añade, refiriéndose al pianista Juan Pérez Floristán, que acaba de ganar el prestigioso concurso internacional Arthur Rubinstein. Manuel Fernández coincide: “Para profanos como nosotros poder disfrutar de artistas de este nivel es una maravilla”.

 El festival proseguirá su octava edición entre el 18 y el 26 de agosto, con un homenaje a Gershwin y el genio del pianista Javier Perianes, el guitarrista Pablo Sáinz-Villegas, el Cuarteto Casals o la Orquesta Sinfónica de Galicia. El objetivo es acercar la música clásica a las zonas rurales “sin desvirtuar las propuestas artísticas, respetando siempre la excelencia”, explica Alba Rodríguez, directora del festival.

En A Mariña la música clásica no resuena en grandes salas. Los artistas interpretan sus instrumentos arropados por una muchedumbre, al pie del altar de una iglesia o rodeados de árboles centenarios. Virtuosos acostumbrados a otear al público desde imponentes auditorios de Viena, Milán o Berlín “se sorprenden de la magia y la cercanía que pueden sentir en estos pequeños espacios, donde el cariño les llega más”, destaca la directora del festival.

El Festival Bal y Gay, que toma su nombre de un musicólogo de Lugo que perteneció a la Generación del 27 y fue amigo íntimo de Igor Stranvinsky, es mucho más que un programa de conciertos. Incluye talleres didácticos, conferencias y visitas culturales y ha constituido una orquesta de cámara “con los mejores músicos españoles que tocan en las mejores orquestas del mundo”, afirma Rodríguez Baixeras. Este dream team, compuesto por instrumentistas de la Orquesta Nacional de España, la BBC Scottish Symphony Orchestra o Les Dissonances, se reúne cada verano un par de días para ensayar y luego ofrece una actuación. Este verano alumbrará El Amor Brujo de Falla.

La fundación se propone ahora montar una ópera con estudiantes de colegios e institutos de la comarca. La entidad pondrá la orquesta y los chavales, el vestuario y sus voces para los coros. Rodríguez Baixeras busca crear comunidad, que niños y jóvenes de distintos municipios se relacionen: “Puede que de esto salga algún músico, pero lo que pretendemos es que los chavales se integren en la sociedad a través de la música”.                  (Sonia Vizoso, El País, 16/05/21)

12/5/21

María Soliña, torturada y acusada de brujería por la Iglesia para arrebatarle su riqueza

 "María Soliña sazonó con sus penas el Atlántico, entre cuyas olas arribaron los piratas berberiscos. El terror arrasó Cangas en 1617 y se llevó por delante a su hermano y a su esposo, Pedro Barba, quien contaba con un buen parné, fruto de su trabajo en un mar que le dio y le quitó la vida. 

María lloró cada noche su pérdida sobre la arena, donde suplicaba que el océano le devolviese sus cuerpos. Un acto de amor y la prueba del delito: ¿qué podía hacer una mujer sola en la playa más que procurar la carnalidad del diablo al amparo de la madrugada?

Tras el asalto de los otomanos a la costa pontevedresa, los poderes fácticos de la época vieron mermado su patrimonio, por lo que tanto la burguesía como la Iglesia la escogieron a ella para resarcirse. Aunque no era de alta cuna, poseía bienes y derechos, de los que fue desposeída a los setenta años tras ser acusada de brujería y juzgada en 1621 por el Tribunal de la Inquisición en Santiago de Compostela. María, más sola que su apellido —quizás en origen Soliño—, fue torturada hasta que se vio forzada a confesar para librarse del martirio.

Obviamente, no había hecho nada malo, pero quienes mandaban en el lugar querían seguir imponiendo su autoridad sobre el pueblo y, para ello, les hacía falta dinero. Sin embargo, no podían arrebatarle las riquezas sin levantar sospechas, por lo que también fueron detenidas otras mujeres humildes bajo la misma acusación. Algunas fueron ejecutadas, mientras que ella burló la muerte a costa del escarnio público, paseada tal vez por la misma calle que hoy lleva su nombre.

 Aquel personaje legendario, motivo de orgullo local al cabo de cinco siglos, inspiró al dramaturgo Xosé Manuel Pazos, quien esbozó su figura en una obra teatral que terminaría cimentando una ópera compuesta por Nacho Mañá. Cautivado con la representación, el músico se propuso fusionar el género clásico con el folclore gallego y, cuatro años después, la llevará a escena el 8 y el 9 de mayo en el Auditorio de Cangas, donde los vecinos de la localidad podrán conocer a una singular María Soliña.

"Fue una víctima de su tiempo, aunque también una mujer valiente y revolucionaria", cree la soprano Carmen Durán, quien da voz a una represaliada que se aleja de la visión mítica. "Celso Emilio Ferreiro la hizo famosa con su poema, pero no me interesa la María Soliña que está en el imaginario colectivo. Sobre las tablas, ella lee, usa la poesía como arma y se defiende de su acosador", explica a Público la cantante y presidenta de la asociación cultural O Muíño da Coutada, convencida de que hoy encarna a todas las que han sufrido abusos de poder a lo largo de la historia.

Para representar la tortuosa vida de esta viuda de los defensores de Cangas ante los corsarios otomanos, Mañá decidió folclorizar un género que podría ser considerado elitista para llegar a todos los públicos. El resultado de "esta dura y bonita batalla" es "un espectáculo escénico que huye de cualquier clasificación convencional y que podría quizás bautizarse bajo el nombre de ópera folk gallega", explica en un texto de su puño y letra el compositor cangués afincado en el Reino Unido.

En María Soliña. Ópera nun acto, la soprano Carmen Durán estará acompañada por el contratenor Christian Gil-Borrelli, por el bajo Antonio Alonso y por el tenor Jos Bustamante, aunque su intención de adentrarse en la cultura tradicional le ha llevado a incorporar al actor Lois Soaxe —quien da vida a un ciego— y a un coro integrado por vecinas del municipio. Junto a ellas, la Orquesta Sinfónica Vigo 430, dirigida por Roc Fargas y Castells.

Además, figuran como invitados el gaiteiro Anxo Lorenzo y el zanfonista Anxo Pintos, miembro del desaparecido grupo folk Berrogüetto. Basada en la obra de Xosé Manuel Pazos A defensa da Vila. María Soliña, J.R. Bustamante firma el libreto, Pilar Velasco se encarga de la iluminación y al frente de la dirección de escena se encuentra el cineasta Sigfrid Monleón, nominado en cuatro ocasiones a los Premios Goya en las categorías de mejor documental y de mejor guion adaptado.

Más allá del apartado musical e interpretativo, el ideario de la ópera ha sido apuntalado por la doctora en Filosofía Chis Oliveira Malvar, quien sostiene que la caza de brujas respondió a "una política de control social" y a una "violencia institucionalizada, sistemática y estructural contra las mujeres de carácter ejemplarizante: matar a algunas para asustar a todas". La también doctora en Pedagogía por la Universidade de Santiago de Compostela afirma que fue "el mayor feminicidio" de la historia, pese a que según ella apenas ha despertado interés entre los especialistas.

"No la quemaron, pero fue condenada a llevar durante seis meses el sambenito, el hábito de penitente que la marcaba como bruja proscrita. Y ya no sabemos más de ella, pero se mantuvo en la memoria colectiva, convirtiéndose en el símbolo del sufrimiento del pueblo de Cangas, aunque con una imagen deformada como bruja o loca", escribe Oliveira en María Soliña, miedo a la mujer sin miedo, donde recuerda que la filósofa Silvia Federici analiza el uso de la violencia como herramienta para que "hicieran el trabajo gratis sin protestar" durante la transición al capitalismo. Una tarea doméstica, invisible y sin remunerar.

Las transgresoras, añade la experta en educación sexual con perspectiva de género, fueron objeto de una caza de brujas en los siglos XVI y XVII. "Las víctimas fueron mujeres solas, que tenían conocimiento de la medicina tradicional, solteras o viudas, mujeres sabias que no estaban al servicio de ningún hombre. No resultaban útiles al sistema que se avistaba, y, por encima, daban mal ejemplo y resultaban subversivas para el nuevo orden social. La ignorancia presidía la vida cotidiana y, en aquel entonces, la magia, la brujería y todo lo sobrenatural, que no controlaba la religión, era considerado una amenaza para el poder", concluye Oliveira.

Así, María Soliña, una viuda que rogaba cada noche que las aguas le devolviesen a su marido y a su hermano, héroes de la defensa frente a los corsarios berberiscos que arrasaron Cangas, fue víctima de una superstición alentada por la Iglesia católica, según la catedrática de Filosofía en el Instituto Alexandre Bóveda de Vigo. "En el imaginario colectivo creado por el patriarcado, las brujas son mujeres sin esposo, llenas de maldad, celos y viejas. Sus poderes mágicos proceden del diablo y son para hacer el mal", explica Oliveira, quien subraya que la persecución prosigue en algunos países y en las redes sociales.

"Hoy desde el feminismo sabemos que las brujas fueron mujeres con poderes fruto de su inteligencia y conocimientos. Mujeres no domesticadas, sabias e independientes, parteras, curanderas y, en algunos casos, visionarias o chamanas; mujeres valientes que transmitían sus saberes de generación en generación", escribe la profesora. "Porque la bruja es un icono feminista, símbolo de la liberación. Siempre estuvo ligada a lo subversivo que no se pliega a las normas convencionales. Brujas podemos ser todas, porque nosotras somos las nietas de aquellas que quemaron y de las que no pudieron quemar", concluye.

Carmen Durán le dará voz a todas ellas el 8 de mayo en el pueblo donde purgó un pecado inexistente María Soliña, aunque el éxito de la convocatoria ha llevado a los organizadores del acto a ofrecer otra función al día siguiente. Los espectadores podrán descubrir a una legendaria vecina cincelada en clave contemporánea, diferente a la figura que habíamos conocido a través del relato oral transmitido de generación en generación. Algunos verán a un icono del feminismo antes del feminismo. Otros, como decía la protagonista en la obra de Xosé Manuel Pazos, asistirán a "un cantar de amor que traspasa barreras y tumbas".                  (Henrique Mariño, Público, 16/04/21)

13/5/19

Tanxugueiras e Os Azeitonas, autoras das mellores cancións de 2018

"Cinco mil votos determinaron que as mellores cancións do ano 2018 foron Que non mo neguen, das Tanxugueiras, e Efeito do Observador, dos Azeitonas. Así o recoñece o certame aRi[t]mar galiza e portugal, organizado pola Escola Oficial de Idiomas de Compostela.

As galegas Tanxugueiras parten da pandeireta e o baile tradicional pero abren a súa proposta para “conectar oriente e occidente”. “Cun empaste nas voces pouco común” e unha banda de directo formada por músicos de longa traxectoria -procedentes de Berrogüetto, Uxía, Budiño ou Alvariza-, Tanxugueiras tenden pontes entre “a tradición ibérica e o maxín atlántico e os cheiros de ultramar”.
Pola banda portuguesa, Os Azeitonas facturan power pop. Impulsados nos seus inicios por Rui Veloso, levan publicados seis discos.

Tras Os Azeitonas e Tanxugueiras, as artistas máis votadas foron Guadi Galego e Mariza; Nao e António Zambujo. “O certame voltou xerar moi boas expectativas e contou cunha alta participación popular”, explica o director da Escola Oficial de Idiomas Gonzalo Constenla.

aRi[t]mar galiza e portugal continúa co apartado de poemas, que se votarán entre abril e o 20 de maio.
aRi[t]mar galiza e portugal é un “proxecto didáctico cultural que ten por obxectivo divulgarmos a música e a poesía galego-portuguesas actuais e achegar a cultura e a lingua dos dous países”. Creado pola Escola Oficial de Idiomas, conta co patrocinio do Concello de Compostela, a Deputación da Coruña, a Xunta, o Agrupamento Europeo de Cooperación Territorial Galicia-Norte de Portugal e do Instituto Camões."                (Sermos Galiza, 21/03/19)

3/5/19

Un novo movemento de bailadoras e de escolas está a defender o baile tradicional galego como algo vivo estendendo foliadas onde mandan a espontaneidade e se abandonan os vellos xeitos folclorizantes

"Un novo movemento de bailadoras e de escolas está a defender o baile tradicional galego como algo vivo: desmontando estereotipos machistas ou estendendo foliadas onde mandan a espontaneidade e se abandonan os vellos xeitos folclorizantes. Cuestionan desde o feminismo o “isto sempre se fixo así” dos sectores máis “puristas”.     (...) 

Carme Campo é profesora de baile tradicional na Gentalha do Pichel (Compostela) e, xunto con Chus Caramés, impulsora do proxecto Andar cos tempos que busca “revisar o baile e a música tradicional con perspectiva de xénero”. 

A Gentalha é un centro social, entre outras cousas pioneiro no ensino do “baile tradicional espontáneo”, que cumpriu 15 anos de andamento no 2019. Campo deu clases de baile desde o comezo e, polo tanto, o de pioneira tamén vai por ela. “Cando comecei a dar aulas atopeime con que teño que analizar como trasmito, como ensino.

 Foron as miñas alumnas quen me preguntaron ‘como home como teño que por os brazos?’ ou ‘como muller teño que saltar máis ou menos?’. Eu tiña consciencia de xénero e pregunteime: ‘cal é o sentido de manter uns estereotipos que no resto da miña vida non son válidos?’ Ante esta pregunta véñenme coa resposta de sempre: téñense que manter estes estereotipos porque é o tradicional”, conta.  (...)

A Pontraga é un lugar da parroquia de Numide, concello de Tordoia. De aí é Carme Iglesias quen, ademais de profesora de baile e pandeireta, é integrante do grupo de música tradicional Bouba. A particularidade do lugar é que —a diferencia doutros sitios— conseguiron manter certa interxeneracionalidade. “Non dun xeito directo como hai 60 anos” aclara. 

“Os rapaces aprenden a bailar nas aulas, mais ao mesmo tempo están en contacto con xente maior que tocou e bailou sempre e tamén con nós —a miña xeración— que aínda que temos unha visión máis artística, valoramos o traballo comunitario e sobre todo o traballo no rural”, conclúe. 

“Cando comecei a bailar non tiña nen idea de que existían tipos distintos de baile. Con nove anos dinche: ‘a muller non baila, só acompaña’, ‘as rapazas só medio sorriso’, ‘non saltes tanto’… No momento non te dás conta, mais cando tes 14 ou 15 anos xa pensas que algo pasa”. No seu caso produciuse un antes e un despois cando a Asociación Cultural Brisas do Quenllo —fundada por catro amigos, entre eles seu pai— decidiu “falar coa xente da parroquia e xuntala, xente da que sabían que bailaban de mozos e tal”. 

“Cando vimos bailar a aquela xente flipamos. Nós tiñamos aulas na asociación que mantiñan o xeito de ensino tradicional da Sección Femenina e cando vimos aos vellos a improvisar, a mudar de posición e de parella… Non entendiamos o que estaban a facer. Ver iso fixo que comenzásemos a interesarnos e a partir de aí combinamos todos os domingos”, conta.

 Para Iglesias está claro que o texto da Declaración do BIC “só representa o espectáculo de escenario, non o baile que está vivo”. Ademais afirma que poñen como características propias do baile: “as dúas filas, unha de homes e unha de mulleres; o feito de que o home ten que ser quen saca sempre; o home salta máis, e leva os brazos mais arriba, a muller máis abaixo…”  (...)

“O baile folclorizado naceu a finais do século dezanove e comezos do vinte”, conta Carme Campo. “A transmisión da danza deixou de ser familiar e comezou a ser regrada, a través das agrupacións e dos coros. O obxectivo era subir ao escenario un espectáculo que obedecese a unha foto fixa –a romántica e costumista–. Marcouse o que se debera considerar tradicional, esencial da nosa identidade e do noso folclore”, conclúe. Isto mantívose até o franquismo, cando nacen os “Coros y Danzas” da “Sección Femenina”. 

Esta agrupación franquista fixo recollidas de campo, mais a súa finalidade non era amosar a realidade musical de Galiza. Beatriz Busto Miramontes, antropóloga cultural e musicóloga, nun artigo titulado O poder do folclore: os corpos en NO-DO (1943-1948) afirma que para ‘Coros y Danzas’, “non era en absoluto necesario recoller todos as variedades que se bailasen de xeito real nas vilas, senón que con achar un ou dous que resumisen a Galiza, incluso homoxeneizándoa ou estereotipando a súa música ou o seu baile, o obxectivo estaba cumprido”. 

Busto conclúe que estas agrupacións “non só representaban unha e outra vez os significados de xénero que xa existían na sociedade [...] senón que inventaron movementos concretos que evidenciaban máis ainda os roles de xénero asociados á muller: o coidado, a feminidade, a delicadeza, a pureza, a alegría, a dozura, a maternidade, a inxenuidade”. 

 Nos anos 70 moitas das persoas que traballaban coa “Sección Femenina” rompen con ela, voltan ás aldeas e “elaboran outras montaxes folclóricas, que consideran que son máis tradicionais”, continúa Campo. “É importante salientar que a xustificación destas agrupacións sempre é a mesma: achegarse máis ao tradicional. O problema é que as recollas dos 80 fixéronse co vello ideal decimonónico: a sociedade era machista, logo os códigos que se recolleron tamén” afirma.

 Na mesma liña, Iglesias comenta que cando comezou a dar aulas non quixo “manter certas cousas”. Daquela xa entrara en contacto co baile espontáneo. “Eu puña as nenas a sacar, dicíalles que levantasen a saia [para que se vise como sacaban o punto]… iso considerouse unha ofensa moi grande por parte das agrupacións folclóricas”, lembra. 

Aínda a día de hoxe, a transmisión de estereotipos de xénero no baile é habitual nas aulas. Non obstante, Xulia Feixoo ten claro que: “Se queremos seguir transmitindo o noso patrimonio temos que seguir facendo modificacións para que non sexa nocivo para nós. O tema do xénero é clave, temos que analizalo e revisalo”.  (...)

Desde o respecto cara o pasado, o noso patrimonio transfórmase grazas ás ópticas do presente. En palabras de Carme Iglesias: “É un movemento de volta ao baile espontáneo e que se nutre dunha serie de asociacións e de persoas que están a rachar cos roles”.             (Raquel C. Pérez, Roi Ribeira, O Salto, 26/04/19)

12/7/17

El Resurrection Fest convierte Viveiro en una de las capitales europeas del 'metal'

"Como tantas historias de éxito, el Resurrection Fest es el resultado de una frustración. Como en tantas historias de éxito, sin esa frustración no hubiera sido posible este cuento fantástico.

Es el año 2006. Un adolescente metalero sueña con traer a su pueblo, Viveiro, a su grupo favorito, los neoyorquinos Sick Of It All.

Se presenta en el Ayuntamiento con otro colega y una lista en la que, además de la banda de sus amores, se incluyen nombres como Twenty Fighters, Walls of Jericho, Anal Hard. El chico, Iván Méndez, tuvo suerte en el Ayuntamiento; el alcalde era Melchor Roel, miembro del Partido Comunista uruguayo, detenido en la dictadura de su país a los 18 años y expulsado a España después de tres años de cárcel.

Cercano al movimiento sindical, a las asociaciones juveniles y regidor durante diez años, hasta la muerte: un cáncer de pulmón que anunció en un pleno se lo llevó en cuestión de meses. Roel dejó un recuerdo imborrable en Viveiro, el más clamoroso de ellos su apuesta por Iván Méndez e Iván Pérez para organizar el Resu, un festival que ha llevado el nombre de Viveiro por todo el planeta.

El primer cartel era tan alucinante para el público gallego que muchos, reconoce Esteban Girón, miembro del equipo desde el principio, dijeron que no lo creerían hasta que no lo viesen. Y no lo vieron. Dos días antes de que empezase el que iba a ser Summer Fest, los Sick Of It All se dieron de baja y frustraron la fiesta.

Para los que no terminaban de creerse que unos chicos de 17 años armasen un cartel así en un pueblo desconocido para la escena del heavy metal, que se anunciase su suspensión por un problema médico de un integrante de Sick Of It All (Hartos de todo, traducido al español) era un cierre a la altura.

Ocurrió que volvieron a los pocos meses, ellos y los demás, y el festival ya no era Summer Fest: era el Resurrection.


Doce años después, por Viveiro, viejo esplendor del turismo del norte español, han pasado ya Iron Maiden, Offspring, Bad Religion o Rammstein, el grupo alemán que reventó este sábado el festival; un concierto épico que levantó del escenario al cantante, sobrevolándolo gracias a unas enormes alas que despedían fuego.

 Fue un espectáculo que trajo a Galicia 12 tráileres propios con los que llenaron de llamas y humo el Resurrection: el mayor del mundo del metal, y que se unió a Anthrax o Arch Enemy como cabezas de cartel. Una cita al nivel de lo que se ha convertido Viveiro en una década: una de las grandes capitales europeas del hardcore, del metal, del punk, del rock, un tranquilo pueblo turístico de 16.000 habitantes por el que pasan más de 80.000 personas en cuatro días.

Una logística brutal para poner a dormir y dar de comer y beber a un público procedente de más de 20 países, familias enteras que llegan a Galicia para vivir una pasión heredada de padres a hijos. Como Natalie y Sam, que el jueves esperaban su turno en la barra: "Es el tercer año. En este nos hemos encontrado con que hay espacio para los niños y la selección de música sigue siendo increíble. Por supuesto, seguiremos de ruta por Galicia", dicen. Vinieron con dos niños ("aún no se enteran mucho") y prefieren no probar el calimocho. "Somos de whisky". También son de Boston.

Ánxel Iglesias y Tino Arís, dos veteranos del Resu (Ánxel acude desde la primera edición), explican el proceso de adaptación. "La acogida siempre fue buena, pero al principio es normal que en el pueblo, sobre todo los hosteleros, se mirase con expectación a tantos tipos que llegábamos de fuera. Greñas, camiseta negra y cadenas, música muy ruidosa, mucha caña, mucho grito de Dios…", dice.

Hoy el Resurrection es una bendición —entre tanto canto al diablo y tanto apocalipsis— caída de cielo. Se calcula un retorno de más de diez millones de euros, falta tierra en la que poner una tienda de campaña y la comarca entera, A Mariña, se ve beneficiada.

En la historia de las religiones, la del metal es la única que llena conciertos para invitar a morir otra vez, y resucitar mejor."                   ( , El País, 09/07/17) 

30/5/11

"El denominado Método cardiofónico patentado por el doctor Miguel Iriarte... (con) nombres como Lesiones valvulares simples o Insuficiencia aórtica"


Germán Díaz en su estudio de Arneiro (Cospeito) junto al Método cardiofónico de Miguel Iriarte

"El músico Germán Díaz crea un espectáculo a partir de latidos registrados en 1933.

El estudio de Germán Díaz en Cospeito parece más el taller del excéntrico personaje de cómic Profesor Franz de Copenhague que el de un músico e investigador.

En medio de su gran colección de instrumentos de cuerda y de sus zanfoñas, se pueden detectar multitud de extraños instrumentos, desconocidos para un profano de la música, pero muy familiares para este músico vallisoletano, que vive en Galicia desde hace casi una década. (...)

La mayor parte de esta "cacharrería", como él la llama, son artefactos originales con nombres casi impronunciables como la rollmónica cromática o el playasax. "Soy un forofo de la cacharrería. Antes había un montón de juguetes musicales pensando en los niños que eran fascinantes", explica Díaz, que incluso tiene un vídeo colgado en su página web, donde va contando cómo se tocan estos singulares instrumentos.

En su constante búsqueda de instrumentos extraños, de músicas nuevas y de investigar con la improvisación, Díaz tuvo noticias de una grabación desconocida que lo fascinó: el denominado Método cardiofónico patentado por el doctor Miguel Iriarte.

Este prestigioso cardiólogo vasco tuvo en los años 30 del pasado siglo una iniciativa sin precedentes en esa época en España y, por lo que se conoce, posiblemente en el mundo. Decidió registrar los latidos de los pacientes con cardiopatías, para mostrar de esta forma a sus alumnos cómo el sonido de cada corazón era diferente según su disfunción.

Los cortes del vinilo editado por el doctor Iriarte poseen títulos que no son los más comunes entre las canciones de un disco: tienen nombres como Lesiones valvulares simples o Insuficiencia aórtica. (...)

"Me pareció algo insólito y de una intuición poética fascinante tener los latidos del corazón grabados en vinilo, y desde el principio vi claro que había una buena base rítmica", explica Díaz, que a partir de este registro ha diseñado un espectáculo que cuenta con una original puesta en escena.

Todo parte de un gramófono que reproduce los latidos del corazón que toma como base, y aplica simultáneamente un curioso mecanismo de cartones perforados que generan notas musicales.

"Enlacé esta base de los latidos con algunos de mis instrumentos mecánicos, un instrumento medieval como la zanfoña y un ordenador, y estoy muy satisfecho del sonido obtenido", comenta este músico que ha participado en numerosos proyectos, la mayoría con la zanfoña como parte central.

El resultado de esta puesta en escena entre la magia, la performance dadaísta y las artes escénicas es sorprendente: unas veces suena a música pop, otras a jazz, y a veces a música de raíz.

"Voy grabando todo en directo, con las aplicaciones de un ordenador y unas pedaleras, y voy improvisando por encima. Parece complicado pero es muy fácil" resume el artista vallisoletano sobre su particular reinterpretación del Método cardiofónico de Iriarte.

"Acabas asistiendo en directo a ese proceso mágico donde ves un cartón con agujeros, que al pasar el aire provoca música", comenta con entusiasmo Germán Díaz, que tanto charla sobre el uso de instrumentos inusuales como la caja de música o el órgano de Barbaria, como de la evolución de la reproducción fonográfica. (...)

Esta vez no contempla mostrar el Método cardiofónico del doctor Iriarte, que guardará en Cospeito hasta una mejor ocasión mientras cuida de sus gallinas, a las que también le inculca su pasión por la música: "Les pongo todo el día Radio Clásica, y después sacan unos huevos excelentes. Está comprobado". Y eso que las gallinas todavía no han experimentado el Método cardiofónico." (El País, Galicia, 27/05/2011, p. 16)

22/2/11

Os 144 instrumentos musicais dos campesiños galegos


Pablo Carpintero toca unha gaita de sabugueiro feita coa pelica dun cabrito, no taller de instrumentos da súa casa de Compostela

Gaita de sabugueiro cun fol feito a partir dunha vincha (vexiga) de porco previamente mazada e afumada para que quedase ben enxoita. Eran usadas por rapaces afeccionados á música como paso previo á gaita de fol

Violín de millo. O son producíase ao fregar dous talos de millo verde. Un deles fai de arco e outro leva catro cordiñas que permiten producir melodías sinxelas e moi débiles porque non existe caixa de resonancia. Carpintero só atopou referencias a este instrumento en abadín (Lugo)

Corneta. Corneta reconstruida por Carpintero. As cornetas foron documentadas na comarca de Melide e construíanse unindo cilindros de codia de castiñeiro. Case sempre levaban tres furados para os dedos que permitían emitir melodías sinxelas. O seu uso é exclusivamente masculino

Castañola de cana. Fabricabánse cunha cana fendido na súa parte superior. Ao ser batida coa man o extremo inferior, as dúas metades chocaban e producían un son que recordaba ao das castañolas. Malia que no pasado ocupaba unha área maior, hoxe só aparecen na Limia, O Ribeiro e O Salnés

Fungadeira. Fabricada cun óso de porco atravesado por un cordel que ao xirar produce un zunido xordo. Considerábase un xogo de nenos, pero é posible que tivera usos vencellados á morte, igual que o abellón, un son zoante emitido polos asistentes aos velorios, para marcar o inicio do loito

Gaita de fol de Juan Ferreiro, gaiteiro de Laroá (Xinzo de Limia), restaurada por Carpintero

"Un neno de hai corenta anos era quen de construir, e tocar, vinte ou trinta instrumentos musicais diferentes. O carrizo, o fungueiro, o reque-reque ou o roncollo eran algúns deles, os máis sinxelos, que máis que instrumentos foron xoguetes para cativos e mozos.

Eran baratos e doados de fabricar, porque estaban na propia natureza: cascas de noz, talos de millo verde ou codia de castiñeiro servían para xogar a facer música nos momentos de lecer. Pero os dos nenos son só unha parte, nada desprezable, dos máis de 140 instrumentos que durante o século XX se construíron e tocaron en Galicia.

A meirande parte deles desapareceron nas últimas dúas décadas, pero un longo traballo de investigación de Pablo Carpintero (Carballedo, Lugo), luthier, afeccionado e estudoso da música tradicional galega, vén de rescatalos do esquecemento.

Os instrumentos musicais na tradición galega
(Difusora de Letras, Artes e Ideas, 2009) documenta e describe os instrumentos galegos do século XX a través da memoria dos que os tocaron e construíron. (...)

Roscas, pipas de centeo, gaitas con vincha, charrascos e mirlitóns desapareceron conforme as aldeas foron quedando baleiras. O despoboamento do rural, acelerado nas últimas décadas, impuxo un cambio de hábitat letal para a creación de instrumentos tradicionais. Cambiaron as formas de ocio, e con elas o costume de crear música con obxectos cotiáns.

Divertirse era unha das finalidades, pero tamén aprender. Entre os 300 instrumentos que Pablo Carpintero atesoura na súa casa en Santiago -cos que lle gustaría, di, "facer no futuro un pequeno museo"- abondan as pipas de alcacén ou as gaitas de sabugueiro, chanzos intermedios cara a aprendizaxe da gaita de fol, o instrumento de maior estatus na tradición musical galega. Carpintero identificou os marcadores encubertos que explican as diferentes consideracións dos útiles empregados para facer música.

"Non é igual que se toque nunha foliada ou de xeito privado, como pasatempo ou adestramento, tampouco que o toque unha muller ou un home, un adulto ou un neno, unha nena ou un neno", afirma o autor, que dedicou os últimos 16 anos a falar con cantadoras, afeccionados e gaiteiros de toda Galicia.

Nesas conversas saíron a relucir as categorías inconscientes, nunca verbalizadas, relativas á filiación sexual e social dos instrumentos. "A maior parte dos útiles construídos para facer melodía están asociados aos homes, adultos ou nenos, como tamén o están aqueles que os acompañan ritmicamente", explica Carpintero.

Así, instrumentos como o tambor ou o bombo -unha parte nada desprezable dos vintedous membranófonos rexistrados na obra- son territorio masculino, como tamén o son os que acompañan o gaiteiro nas grandes celebracións.

A da muller, pola contra, é unha música máis cotiá, vinculada moitas veces ao traballo de fiado e a xuntanzas festivas de menor envergadura na que o instrumento -pandeiretas, cunchas, latas- acompaña á voz.

"No noso sistema de cultura tradicional existiu unha clara asociación entre o masculino e a melodía e entre o feminino e a voz", asegura Carpintero. Mesmo nalgunhas frautas moi sinxelas que elaboraban os cativos se aprecia a distinción. "Cando só pitan, fanas tamén as nenas, pero no momento en que se lle engaden buracos para producir melodía, é cousa de nenos", puntualiza.

Porén, hai excepcións que confirman a regra. Nos concellos de Piñor, O Irixo e O Carballiño, no noroeste ourensán, Carpintero documentou a existencia dun tambor exclusivamente feminino e habitual nas vodas, que os carpinteiros construían a petición das mulleres.

Tamén nos Ancares se teñen noticias deste instrumento, que debeu incorporarse á tradición galega en datas recentes, porque o tambor ten "unha longuísima tradición masculina".

A maioría dos útiles eran sinxelos: siringas (asubíos e chifres) fabricadas coas canas dos foguetes, tarrañolas (as castañolas dos nenos), estraloques de talo de millo que ao axitarse recordan ao estalido das flores de bilocroca e carrizos sen mais complicación que unha cavidade oca na que bate unha lingüeta de madeira.

A inclusión destes bens, que foron sobre todo enredos de cativos, na categoría de instrumentos musicais, parellos á gaita, á zanfona ou ao pandeiro, depende da finalidade coa que se usan e do virtuosismo do que toca. Como di Carpinteiro no libro, "o que toca a folla para facer un baile de xeito habilidoso é claramente un músico, e nese momento, a folla é o seu instrumento musical".

Mais na categoría final do instrumento e do propio músico interveñen outros marcadores, non sempre conscientes. Non é o mesmo tocar para un público nunha festa e cun contrato que facelo para un grupo de amigos e por simple pracer.

Con todo, é a gaita de fol a que acada a realización ideal na cultura tradicional galega: a súa semellanza con ela confire un estatus maior ao resto dos instrumentos.

A Fonsagrada (Lugo) conserva algúns dos instrumentos máis peculiares de Galicia. A trompa ou birimbau, un ferriño que contén unha palleta que vibra ao soprar sobre ela. A fabricación deste útil, empregado polos pastores nas horas mortas, era cousa de ferreiros especializados que chegaron a abrir talleres dedicados á súa produción.

Carpintero explica que o son da trompa -o canto de sapo, como lle chaman no concello lucense- se vincula á Amanita muscaria, un fungo alucinóxeno presente en rituais máxico-relixiosos durante o megalitismo.

O uso ritual dos instrumentos tradicionais tamén é evidente no charrasco, documentado na comarca do Ulla. O charrasco -un mastro de case dous metros de altura cruzado na súa parte superior por tres traveseiros con ferreñas- aparecía no Nadal e no Entroido acompañando aos requinteiros ou cantadores de concello como Teo, A Estrada ou Vedra.

Malia que perderon a súa morfoloxía orixinal, a súa inclusión en grupos de gaitas faille pensar a Carpintero que están a adquirir, "estatus de verdadeiros instrumentos musicais".

O rei David esculpido na fachada da catedral de Santiagoque dá ás Praterías sostén entre as mans o que podería ser unha viola medieval ou un rabel, presente na iconografía de numerosas igrexas e capelas de Galicia.

A Carpintero, o instrumento de Praterías recórdalle moito, pola forma e a maneira de agarralo, ao rabel de Porto, que aínda ten un tocador e construtor neste concello da comarca de Sanabria (Zamora) que ata o século XIX pertenceu á Galicia administrativa.

Presente nas Cantigas de Santa María, citado por Frei Martín Sarmiento e Xoán Manuel Pintos, o rabel tivo "certa presenza na música tradicional ata finais do século XIX". En Porto, porén, numerosas coplas proban a omnipresencia do rabel entre os pastores e nas festas familiares, como soporte da voz. Non hai no caso do rabel filiación sexual: tanto mulleres como homes o tocaron.

"Cando falaba con gaiteiros e lles preguntaba canto tempo botaran aprendendo a técnica, dicíanme que ao día seguinte de comprar a gaita xa a tocaban", relata Carpintero, sorprendido pola gran cantidade de frautas empregadas polos rapaces que aspiraban a tocar o instrumento galego de máis categoría.

En realidade, os mozos levaban tempo ensaiando con pipas de alcacén, avea ou centeo, gaitas de sabugueiro, roscas do Baixo Miño ou pitos de lata que aínda se podían comprar nas feiras ata ben entrado o século XX. Coa proliferación das bandas populares no século XIX incorporáronse certos tipos de saxofóns, pratiños e clarinetes alleos á tradición galega.

Menos traballados, algúns útiles cotiáns tiveron un uso musical coa popularización de certas marcas. Botellas labradas de anís e latas de pemento acompañaron o canto das fiadeiras na posguerra cando non había diñeiro para facerse cunha pandeireta." (El País, Galicia, 12/02/2010, p. 8/9)

14/2/11

El Ayuntamiento de Ferrol presta la plaza de la Magdalena como local de ensayo para los grupos musicales

"Jorge y Manu se conocieron en la escuela de música A Vaca de Ferrol. El primero se agarró a la guitarra eléctrica y el segundo al bajo. No tardaron en improvisar melodías con aroma a hard rock. Reclutaron a Diego para la batería y a Manuel para la segunda guitarra rítmica y se bautizaron hace siete meses como Wolfram.

Tienen 16 y 17 años, van al instituto, se mueven en bus con los instrumentos a cuestas y se explayan en las redes sociales. Los viernes por la tarde, sin falta, se reúnen para agitar las baquetas y poner los amplificadores al límite durante un par de horas.

Ensayan en el mercado de A Magdalena, en pleno centro de Ferrol, donde pueden hacer ruido gratis y sin complejos. Los antiguos puestos que ocupaban un lateral del mercado municipal son ahora pequeños locales de ensayo para Wolfram y otras 19 bandas noveles. El pasado verano, el Ayuntamiento de Ferrol completó las obras para reciclar los puestos vacíos del mercado, que transformó en cuatro habitáculos de 25 metros cuadrados y una sala de control y grabación.

La iniciativa se puso en marcha para dar respuesta a la insistente demanda de muchos ferrolanos que buscaban un lugar apropiado para dar rienda suelta a su pasión musical sin problemas con la vecindad y sin el peaje de alquilar un garaje. (...)

El techo de los cuatro cuartos se recubrió de corcho para absorber el ruido, pero las paredes y ventanas de aluminio carecen de aislante. Cada local está equipado con una batería "algo mediocre", un equipo de voces y dos amplificadores (bajo y guitarra).

La sala de control y de grabación ocupa dos locales contiguos, aislados con tarimas de madera para mejorar la sonoridad. A este proyecto de discográfica municipal de Ferrol todavía le falta la mitad del equipamiento básico. "Hay micrófonos de gran calidad, pero falta una buena mesa de mezclas", se quejan los usuarios, que ya se encontraron con algún equipo roto.

"La idea es formar a los jóvenes y enseñarles cómo grabar y editar su propia maqueta", explica Nuria, profesora de música en A Escola da Vaca, un centro que se encarga de gestionar los locales.

Sin embargo, si un grupo llegase a grabar una maqueta en el estudio ferrolano no podría lucrarse con la venta de ese disco, porque el recinto es propiedad municipal, apuntan. "Estos rockeiros ferrolanos son fieles y disciplinados. No faltan a un ensayo", dice Nuria, que les abrió el local "un 25 de diciembre y el 1 de enero". (...)

Inma y Vicky, de la banda juvenil de la OJE (Organización Juvenil Española), cuentan que en su grupo suenan cuatro gaitas y tres percusionistas. Para los siete, el local se les queda pequeño y no tiene ventanas.

Los días cálidos no tienen más remedio que ensayar con la puerta abierta. Su compañero, Bernardo Anatol, señala las paredes y los suelos desnudos y pide que se amueblen con "el mínimo equipamiento básico". Su queja ha tenido eco y después de seis meses apilando los abrigos en el suelo, hoy se colocarán percheros, papeleras y sillas made in Ikea. (El País, Galicia, 11/02/2011, p. 16)