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10/12/19

Feijóo y Caballero se enzarzan en el campo de fútbol. El PP apadrina una gran operación urbanística promovida por el Celta de Vigo que el alcalde socialista considera "ilegal"

"La trinidad del fútbol, la política y el ladrillo anda en Galicia más agitada que nunca. 

Abel Caballero, el socialista que dirige los designios de Vigo con la mayoría absoluta más rotunda de España, y Alberto Núñez Feijóo, el popular que disfruta también de tan altas cotas de poder en la Xunta de Galicia, libran su última batalla sobre el terreno de juego del Celta. El Gobierno gallego se ha aliado con el club para impulsar una gran operación urbanística que incluye ciudad deportiva y centro comercial y que se desarrollará en el vecino municipio de Mos, feudo del PP. El Ayuntamiento vigués la considera "ilegal".

El enfrentamiento ha estallado después de que el Celta colocase hace unos días la primera piedra del proyecto. Lo hizo su presidente y accionista mayoritario, Carlos Mouriño, en un acto con un millar de invitados y escoltado por la plana mayor del PP gallego. A la vera del empresario vigués, que hizo fortuna en México y dirige el club desde 2006, estaban el número dos de Feijóo en la Xunta, Alfonso Rueda; el responsable de Deportes del Gobierno gallego y expresidente del Consejo Superior de Deportes en el Ejecutivo de Mariano Rajoy, José Ramón Lete; y hasta la expresidenta del Congreso Ana Pastor.

 “No están [aquí] los que su palabra no tiene validez, los que mienten y se ríen de sus mentiras, los que cuando nos cruzamos con ellos, presumiéndose de poderosos, tienen que bajar su mirada porque sienten vergüenza de sí mismos”, atacó Mouriño desde la tribuna al ausente Caballero sin llegar a mentarlo. “Esos quieren a un Celta sometido a sus caprichos y veleidades”.

El proyecto cuenta con las bendiciones del actual presidente de la Federación Galega de Fútbol y todopoderoso líder del PP de Pontevedra entre 2000 y 2016, Rafael Louzán, y está envuelto en cifras faraónicas. Ocupará cerca de 900.000 metros cuadrados. La ciudad deportiva, en la que el Celta prevé invertir unos 30 millones, incluirá varios campos de fútbol y un estadio para el filial, una “universidad del deporte”, espacios para otros deportes, conciertos y festivales de música y hasta un spa. En una parcela de 150.000 metros cuadrados se levantará un centro comercial que aspira a ser el más grande de la provincia de Pontevedra. El complejo precisará 40 millones de dinero público para infraestructuras.

El Celta ya tiene los terrenos para la ciudad deportiva tras lograr un acuerdo con sus dueños y las obras están en marcha. Pero para hacer realidad el gran centro comercial que le permitirá financiarla necesita la ayuda de las Administraciones del PP. El Ayuntamiento de Mos está recalificando el suelo rústico de protección forestal para hacerlo urbanizable, un cambio pendiente del visto bueno de la Xunta, y plantea una expropiación a la que se opone la comunidad de montes de Tameiga. 

Los comuneros consideran la operación una “aberración” y un “pelotazo de libro” porque “favorece intereses particulares”, los del Celta, y perjudica las traídas de agua que surten los hogares de más de 1.000 familias. “No queremos que nos expropien las tierras en las que vivimos ni el agua que bebemos del monte que nos da la vida”, defienden los portavoces de los vecinos de Tameiga, que han denunciado el caso en la Fiscalía.

El Ayuntamiento de Vigo también pone en duda la legalidad de la actuación y ha presentado alegaciones. Sostiene que el gobierno popular de Mos no puede expropiar terrenos para luego entregárselos al Celta sin un concurso público. “Es claramente ilegal predeterminar quién es el adjudicatario”, reprocha la concejala de Urbanismo de Vigo, María José Caride, exconsejera encargada de Urbanismo en el Gobierno gallego que presidió el socialista Emilio Pérez Touriño.

Guerra también en Balaídos

El gobierno municipal de Caballero critica que se estén utilizando dos instrumentos urbanísticos que “en algunos casos son contradictorios” (una modificación puntual del plan general de Mos y un plan especial de infraestructuras y dotaciones en suelo rústico) para “colar por el camino un centro comercial”. Cuestiona que se haya celebrado un acto de primera piedra con presencia de la Xunta cuando ninguno de los dos documentos ha recibido el necesario visto bueno del Gobierno gallego. En Mos, sostiene Caride, se han realizado incluso obras “sin tener autorización”.

El Ayuntamiento de Mos opta por callar ante tales acusaciones pero el presidente del Celta no. “Nos habla de ilegalidades la misma persona a la que le tiraron el Plan General por ilegal”, ha contraatacado Mouriño. El Celta asegura que sí habrá un concurso público tras la expropiación de los terrenos asumiendo el riesgo de que el club no lo gane. "Y el Ayuntamiento de Vigo lo sabe", subraya. Todas las obras que está ejecutando, defiende, tienen licencia.

La guerra del fútbol entre Feijóo y Caballero también se libra en el estadio de Balaídos de Vigo, donde juega y seguirá jugando el primer equipo del Celta. El recinto, que Mouriño quiso comprar y no pudo por la negativa del alcalde a privatizar un edificio público, está inmerso en unas obras salpicadas de retrasos y sobrecostes. La reforma se financia con 15 millones de euros aportados por el Ayuntamiento y la Diputación de Pontevedra, dos instituciones presididas por el PSOE que exigen a la Xunta que colabore. La delegada de Feijóo en Vigo, Corina Porro, compareció el pasado verano para anunciar que el Gobierno del PP no piensa poner ni un euro porque el proyecto es una “chapuza”. Lo hizo enfundada en la camiseta del Celta."                (Sonia Vizoso, El País, 09/12/19)

12/6/19

A Coruña: el pueblo de pescadores que cayó en la ‘zaradependencia’

"Hace una década A Coruña sufrió una explosión en cadena. En esta península gallega de solo 38 kilómetros cuadrados, donde la escasez de suelo lo convirtió en oro y nació la potente promotora Fadesa, estalló con fuerza la burbuja inmobiliaria pero también la financiera, con la defunción de la caja de ahorros que en ella reinaba, y la comercial, con el cierre de grandes superficies recién levantadas. 

 Lo que un día fue un pueblo de navegantes y pescadores que creció gracias, por y para su puerto, ya llevaba tiempo transformada en una ciudad de servicios. Hoy vive sobre todo del gigante textil al que alumbró: Inditex.

Bajo la casa del fundador de Zara en la céntrica dársena de O Parrote, hace años que fondean yates y casi ningún pesquero. Desde la ventana de Amancio Ortega también se divisan los trasatlánticos cargados de turistas a los que la ciudad fía parte de su economía.


Y a lo lejos se ven los mercantes y petroleros que desde 2004 la ciudad intenta llevarse al puerto exterior, construido por más de 750 millones de euros a 15 kilómetros, en punta Langosteira, en el municipio de Arteixo donde también está la sede de Inditex.

Vaciar de actividad portuaria los muelles del centro de A Coruña para diseñar una nueva fachada marítima ha sido una operación costosísima y errática que aún no se sabe cuándo culminará. Se impulsó hace 15 años con el pretexto de alejar descargas insalubres y peligrosas, ya que los productos petrolíferos precisan un oleoducto que recorre el subsuelo coruñés hasta la refinería. “La construcción del puerto exterior fue injustificada porque, con ligeras modificaciones en la parte petrolera, la ciudad podría convivir con el puerto.

 A Coruña no queda libre de peligro porque los muelles estén en un costado y no en el centro”, sostiene Antón Luaces, periodista y presidente de Foro Cívico, un prestigioso club local de debate y reflexión.

Luaces, experto en información marítima, recuerda que hace más de una década vivían del puerto coruñés unas 3.000 personas y “ahora, como mucho, una tercera parte”. La ciudad era una “potencia pesquera” hasta que España ingresó en la Comunidad Económica Europea (CEE). Entonces una flota de 300 pesqueros faenaba en aguas europeas, apunta. Hoy sobreviven seis: “Ahora queda solo la pesca de bajura, pero entra más pescado en la lonja coruñesa por camión que por barco”.

En 2004, el Gobierno de José María Aznar, la Xunta con Alberto Núñez Feijóo de vicepresidente y el entonces alcalde de A Coruña, el socialista Francisco Vázquez, diseñaron una operación urbanística para financiar la mudanza al puerto exterior. La nueva dársena debía pagarse en buena parte con la venta a promotoras privadas del suelo de los muelles que se liberarían de actividad. El estallido de la burbuja inmobiliaria echó por tierra esos números y la Autoridad Portuaria ha acabado atrapada en una deuda de más de 300 millones.

Qué hacer con el medio millón de metros cuadrados junto al mar que serán recalificados y cómo pagar a los acreedores de la nueva dársena ya construida es uno de los grandes desafíos que tendrá que afrontar el gobierno local que salga de las urnas el 26 de mayo. Marea Atlántica, la candidatura de unidad popular que acabó en 2015 con la mayoría absoluta del PP y cuatro décadas anteriores de hegemonía socialista, plantea que ese suelo siga siendo “100% público”, con infraestructuras culturales, deportivas y de transporte y "actividades productivas limpias”. Solo admite viviendas en “situaciones puntuales de integración con la trama urbana” y sin privatizar el terreno.

El PP solo preservaría la titularidad pública de los muelles más cercanos al centro y en el resto promovería "edificios singulares", zonas de ocio y restauración y viviendas. El PSOE también aboga por un uso "mixto", con equipamientos públicos, deportivos y de transporte, oficinas, viveros de empresa y pisos, aunque reduciendo la edificabilidad prevista en 2004: "No hay que demonizar que existan viviendas porque garantizarían que hay vida en eses terrenos”. “Cien por cien uso público y sin vivienda”, contrapone el BNG, que situaría en esta área el intercambiador de transporte de la ciudad y un nuevo hospital.

Sobre la deuda de la Autoridad Portuaria de A Coruña, Marea Atlántica, PP y BNG defienden que el Gobierno central debe condonarla como hizo con la del Puerto de Valencia. El PSOE promete “luchar para encontrar una fórmula que permita reducirla”.

 

Comerciantes en jaque


La crisis económica golpeó el modelo de ciudad de servicios que desarrolló el socialista Vázquez durante sus 23 años de mandato. A la par que se desplomaba la compraventa y construcción de viviendas, se certificó la muerte de Caixa Galicia, una de las cajas españolas que más se entregó al ladrillo y gran financiadora del tejido empresarial, asociativo y cultural de la urbe donde tenía su sede. Pero no fueron los dos únicos pinchazos.

Mientras se proyectaban casas en todos los rincones, se expandieron los centros comerciales. En 2008 se abrió el complejo Dolce Vita como el más grande de Galicia, hoy una mole abandonada. En solo un bienio le siguieron otros dos, uno de ellos como el segundo mayor de Europa y el único que hoy sigue a pleno rendimiento. “No hay consumo y eso afecta al comercio pequeño y de barrio pero también a las grandes superficies”, afirma Mariló Fernández, presidenta de la asociación de comerciantes del barrio de O Castrillón, Eirís y Monelos. “La gente no tiene dinero y a nosotros los autónomos no dejan de subirnos los impuestos”.

La federación de comercio de la ciudad, señala Fernández, cifra en 1.500 los autónomos que han cerrado sus tiendas en lo que va de año en A Coruña. Quedan algo más de 6.000. “Hubo un repunte hace unos años, pero eran personas que habían perdido su trabajo e invertían el dinero del paro en un comercio; a los dos años cerraban”.

Fernández no ve en la multinacional Inditex una competencia sino un “imán de consumidores y una imagen” para la ciudad: “Más bien nos alimentamos de ella, porque sus empleados compran y al comercio que está alrededor de sus tiendas le suele ir bien”.

Los economistas lo tienen claro: A Coruña sufre zaradependencia. Según el informe Ardán del Consorcio de la Zona Franca de Vigo, Inditex es la fuente de más del 50% de la riqueza industrial generada en el área coruñesa en un año. Los clubes financieros de A Coruña y Santiago ven la dependencia del sector servicios y en su último informe de coyuntura económica llaman a “aumentar el peso de la actividad industrial” y a “diversificar más allá del textil”.         (Sonia Vizoso, El País, 22/05/19)

10/1/18

Como salvar as prazas de abastos...

"Aquí, en San Agustín, 60% dos postos están baleiros. Na cidade hai outros oito mercados, un deles, o das Conchiñas, de xestión privada, e case todos con baixa ocupación. Salvo o de Elviña, no que só quedan dous postos por adxudicar. 

O maior, o da praza de Lugo, reformado hai uns anos, tamén ten algo de turístico, situado nunha mazá en pleno centro con tendas de moda e mesmo unha gran distribuidora de libros e tecnoloxía. Tres están pendentes de reforma: os de Durmideiras, Monte Alto e Santa Lucía. En conxunto suman máis de catrocentos puntos de venda e dous terzos das concesións están en mans de mulleres. 55% da actividade é venda de peixe e de carne.

“A miña tataravoa vendía carne aquí, na praza dos Ovos, antes de que se construíra o mercado; foi a miña bisavoa a que comezou co peixe”, di Ángela Barrán despois dun café para tomar folgos após a conferencia de cinco responsábeis políticos de mercados municipais convidados polo Concello para contar aquí como se salva un mercado. Innovación e tradición, resume o cartel do evento.

 Un: ver, escoitar e aprender

Arranca a alcaldesa de Tomiño, Sandra González. Fala da recuperación do mercado da localidade (13.000 habitantes). Once postos e 17 empregos. Dúas illas de tendas: a illa da terra e a illa do mar. Antes, explica, a xente ía comprar produtos do mar á Guarda. A parte de arriba estaba de almacén.

Hoxe hai café, exposicións e mesmo manicura. “O primeiro que fixemos foi mirar como o fixeran outros. E abrimos un proceso de participación coas praceiras e veciñas. O mercado ten que funcionar en conxunto. E, unha vez reformado, hai que manter o nivel, saber colocar a mercadoría, ordenar as caixas, utilizar as bolsas…”

Dous: proximidade. 

Tomiño contratou unha empresa (arquitectos, interioristas…) para definir o concepto de proximidade que debía ter a praza. A proximidade, o rol que se reserva aos produtores locais, suscitou debate entre o público. Alguén lamentou que se falase moito de achegar os mercados aos cidadáns e moi pouco de achegar o rural aos mercados urbanos.

 “É un problema de país, que facemos co rural é o principal problema deste país”, dixo a concelleira en Pontevedra Anabel Gulías, responsábel de Promoción da Cidade, Urbanismo e Mercado, “mais non se pode cargar a culpa do que non se fai sobre os concellos”. En Tomiño, o concepto sintetizouse en dúas illas: postos de terra, “unha das mellores hortas do país”, segundo explicou desde o público a deseñadora, e postos de mar, alí ao lado.

Tres: sostíbeis. 

O mercado de Compostela é a segunda atracción turística da cidade. Leva tres séculos alí. Os sábados está a rebentar de xente. “Catros mil clientes e 60% da venda de peixe e marisco na cidade”, di Marta Lois, concelleira de Igualdade, Desenvolvemento Económico e Turismo. “O noso problema é non morrer de éxito”. Desde o ano 2000 a xestión é compartida coa cooperativa de praceiras, unhas 70. Veñen de abrir a nave número 5. Dez novos postos, oito xa ocupados.

 Nos pregos as condicións eran precisas: elaboracións con dous produtos que se vendan na praza. Mais a nave 5 estase convertido nun espazo de bares e petiscos. “Non é funcional”, di Lois e confesa que ese non era o inimigo co que contaban, que era o turismo e, por agora, están conseguindo certo equilibrio, que o mercado continúe a ser tamén da veciñanza.

 Catro: recuperar espazos para as persoas. 

“É outro debate, os mercados fan parte da cidade e afectan e vense afectados polo que sucede no entorno. As políticas de vivenda ou mobilidade tamén teñen que ver con eles. É unha cuestión estrutural”, di Marta Lois. Como a do rural. En Pontevedra, explica Anabel Gulías, comezaron en 1999 cunha teima: recuperar espazos públicos para as persoas. 

É a única cidade galega que non ten centro comercial no termo municipal, gábase a concelleira. Están en metade da reforma do mercado, “que inda dá perdas”, e buscando relevo xeracional na clientela a través de integrar novas actividades, como a Sétima Feira (arte e deseño) ou o Ganapán (espazo infantil).

Cinco: humanizar as cidades. 

En Lugo, conta Rosana Rielo, a tenente de alcalde, o Concello xestiona o mercado e a praza, separados por unha rúa. Levan investidos máis de dous millóns e medio de euros en reformas. “Xa se dixo aquí, hai que crear espazos cálidos para a xente volver aos mercados, aproveitar o espazo interior e abrir os espazos exteriores, con rúas peonís, por exemplo”. Van construír unha cuberta na rúa Quiroga Ballesteros, a que separa o mercado da praza, para unilos.

 “Despois da etapa neoliberal na que se nos dicía que os mercados urbanos non eran rendíbeis, que había que pechalos, podemos dicir que hoxe temos salvado os mercados”, apunta Sergi Martí, xerente de Turismo, Comercio e Mercados do Concello de Barcelona. 

E di que levan máis de vinte anos investindo nos 43 mercados da cidade, que dan traballo a 7.500 persoas e producen un volume de negocio de mil millóns de euros cada ano. “Todo o que explicaron as responsábeis políticas que me precederon é o que hai que facer: innovar en actividades; crear un mix co entorno, a proximidade e a humanización; e promover a gobernanza das praceiras”.

Seis: liderado público.

 “Pode que a dereita non tirase cos mercados e se vise obrigada a investir neles polo valor arquitectónico, mais tanto ten, o caso é que foron salvados… non pasou o mesmo cos teatros, por desgraza”, opina Martí. “E todo iso desde o liderado público municipal, con planificación estratéxica”. Martí concede que as políticas se centraron até hoxe en lograr esa proximidade coa veciñanza e esqueceron os produtores. 

En Barcelona, conta, están tratando de avanzar nese outro camiño a través dos mercados verdes, mercados nos que os praceiros certifiquen un produto de proximidade, “con todas as dificultades que iso ten nunha gran cidade”. A estratexia, din as políticas volvendo ao principio, consiste en ver, escoitar e aprender até dar coa identidade precisa de cada mercado, “porque son unha forma de estar no mundo e non son exportábeis”, conclúe Lois.

 “Adoitamos a pecharnos no nos, porén eu aprendo moitísimo escoitando as experiencias dos demais”, di Ángela Barrán, quinta xeración de praceiras, após da pausa para o café. “Pode que en Barcelona dean por salvados os mercados urbanos, aquí na Coruña… digamos que estamos en proceso… non de salvación, eu diría que en evolución”. 

Ángela Barrán tirou as súas propias conclusións a respecto do camiño que deben seguir os mercados galegos: “Ten que haber para todos os petos, non só para os de poder adquisitivo máis alto, eu de Barcelona non me quedo con La Boquería, prefiro o de Gracia ou do Clot, que teñen máis usos que o de gourmet e turismo; en Madrid o meu referente non é o de San Miguel, son os da Paz ou o das Maravillas”. E remata pedindo que as Administración aprendan “a comunicarse ben coas praceiras”, que algo terán que dicir e mesmo estaban antes cos mercados.

Ángela Barrán, Leonardo Tomé, dos praceiros de Elviña, Delmiro Hermida, xerente nas Travesas en Vigo, e Luisa Valadas, da Associação dos Comerciantes nos Mercados de Lisboa, debaterán na mañá desta sexta feira no escenario de San Agustín na xornada de encerramento do congreso."                (Sermos Galiza, 15/12/17)

2/10/12

Coruña caníbal: las grandes superficies, vacías ante la caída del consumo

"A su paso por el centro comercial Dolce Vita, en A Coruña, la línea número 11 de bus urbano ya no se vacía como hace años. Sus usuarios miran de reojo lo que un día fue el centro más grande de la ciudad, con 63.000 metros cuadrados de Superficie Bruta Alquilable (SBA), pero con la mirada puesta en el megacomplejo comercial que espera dos paradas más allá: Marineda City. 

Dolce Vita, la marca de la red de centros comerciales del grupo portugués Chamartín, aterrizó en A Coruña en octubre de 2008 con la pomposidad de los grandes eventos. Su inauguración, presidida por el entonces alcalde, el socialista Javier Losada, y bendecida por un sacerdote católico ante cerca de 2.000 invitados, daba el pistoletazo de salida a una nueva generación de megacentros comerciales que tendría su continuidad con Espacio Coruña, abierto en octubre de 2009, y con Marineda City, el complejo comercial más grande de España y el tercero de Europa, inaugurado en abril de 2011.

Ahora, cuatro años después del inicio de su boom, la burbuja comercial de A Coruña parece desinflarse. En el último año, Dolce Vita vio cómo algunas de sus marcas más importantes echaban el cierre: en mayo se marchó Sport Zone —hoy en Marineda—, en junio Sephora y en julio Eroski, este último dejando libre una superficie de 5.000 metros cuadrados.

El golpe más significativo llegó el pasado 31 de agosto, cuando las cinco tiendas del grupo textil Inditex —Zara, Pull&Bear, Oysho, Stradivarius y Bershka— pusieron fin a su aventura en Dolce Vita. Hoy, el número de tiendas abiertas rivaliza con el de locales desocupados, algunos de los cuales se transforman en improvisados escaparates de mueblería.

 Los trabajadores del complejo también miden el pulso de un negocio que va a menos. “La gente no tiene dinero, las tiendas se van y luego está Marineda, que se lo come todo. Por aquí no viene nadie”, apuntan dos empleadas de la limpieza. La dirección del centro no ha querido manifestarse.

 Pero no solo Dolce Vita pone rostro a esta crisis de las grandes superficies. Una imagen semejante ofrecen otros complejos de reciente inauguración. Bulevard del Papagayo, ubicado en el antiguo barrio chino y con un SBA más modesto de 8.800 metros cuadrados, resiste hoy, tras cuatro años en activo, gracias al empuje de un Mercadona al que rodean decenas de carteles de “se alquila” colgados sobre las lonas plásticas que esconden locales vacíos. 

En la otra punta de la ciudad, el Centro Comercial de Elviña, abierto en 2005, aguanta pese al cierre del que era su principal atractivo hace algo más de un año: la tienda de PC City, que se trasladó a Marineda y que a los días de ser inaugurada también cerró su local allí.

 Esta área comercial, en la que en 2003 se hablaba de habilitar salas de cine con más de 1.000 butacas, capea la sobreoferta de grandes superficies y la caída del consumo reconvirtiendo algunos de sus espacios inicialmente comerciales a fines administrativos: desde 2010 la Consellería de Traballo tiene allí instaladas sus dependencias en la ciudad ocupando más de 2.000 metros cuadrados.

 “Esto es insostenible”. Con esa claridad se expresa Roberto Pereira, decano del Colexio de Economistas de A Coruña. Y es que las cifras, a día de hoy, muestran una ciudad de 250.000 habitantes con 12 centros comerciales y 427.596 metros cuadrados de superficie bruta alquilable, lo que sitúa la ratio de metros cuadrados comerciales por cada mil habitantes en 1.725, una media que quintuplica la del estado.

 Todo ello teniendo en cuenta que, desde 2008, la superficie de metros cuadrados comerciales se incrementó un 257%, con la especial aportación de Marineda City, que alberga el 46% de la oferta total de la ciudad. Con este panorama “es lógico que las marcas opten por priorizar su presencia en determinadas superficies, desestimándola en otras”, arguye Pereira. (...)

También la Administración local, ahora en manos del PP, empieza a reconocer una realidad que no escapa a ojos de nadie. “Hay demasiadas áreas comerciales y su crecimiento se hizo sin tener en cuenta los intereses del pequeño comercio”, admite la concejala de Empleo y Empresa del Ayuntamiento de A Coruña, Luisa Cid.

 “Sobre Dolce Vita hay una profunda preocupación porque estamos hablando del trabajo de muchas familias”, aclara Cid. En medio de una crisis de consumo que por el momento no tiene visos de remitir, el futuro de algunos centros comerciales queda en el aire.

 Desde el Ayuntamiento se ofrece “ayuda y apoyo” a los complejos si bien se deja parte de su futuro en manos del mercado. Pereira se muestra tajante: Las cuentas de resultados negativas no se pueden sostener indefinidamente, por lo que las opciones son escasas: reconversión o cierre”.                (El País, 01/10/2012)