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15/5/20

Se burlaron de Esther. No sabían que era una pionera del vino ecológico

"A finales del siglo pasado brotó en la Ribeira Sacra, entre los viñedos que abrazan al río Miño, una peculiar revolución. Su líder y única insurrecta fue Esther Teijeiro Lemos, una labriega de Chantada (Lugo) que con más de 60 años decidió dejar de “envenenar” las vides con herbicidas. 

Sus colegas viticultores se rieron de ella. Le auguraron: “Vas a matar de hambre a tu familia”. Y advirtieron a su marido de que su esposa “se estaba poniendo sus pantalones”. Pero ella no cejó en su empeño. En 2003 recibió el primer sello de vino ecológico que se emitió en Galicia.

Esther, huérfana de madre y padre a los 15 años, alumbró su mentalidad ecologista por instinto, observando la tierra en la que su familia cultivaba uva desde sus bisabuelos. Recuerda aquel momento de inspiración sentada en la pequeña bodega de vino ecológico que creó en 2000, Adegas Diego de Lemos, con 84 años de vitalidad y varios premios en el cesto: “Me paré y pensé: ‘Esta tierra está enferma. No echa hierba’. Y me acordé de mis padres, de que ellos no usaban ni herbicidas, ni insecticidas. Ahí empezó todo, pero fue muy duro porque nadie creía en mí”.

Ni ella se explica cómo pudo aguantar el chorreo de burlas, papeleos y dificultades técnicas que afrontó. No tenía ni teléfono y llegó a recorrer a pie a diario el kilómetro que separaba su casa de una cabina para llamar a la Administración y completar trámites. Los funcionarios levantaban la ceja con escepticismo cuando veían a esta mujer menuda al otro lado de la ventanilla. Fueron tres años de reconversión de cepas y burocracia. La agricultura ecológica no estaba entonces en su vocabulario. Ella lo llamaba producir “sano”. 

“Lo hice sin permiso de mi marido y eso ya fue una revolución, pero estaba convencida de que era el futuro”, reflexiona. Empezó a proteger los cultivos de la contaminación química separándolos del resto con mamparas. Bajo sus vides brotó un manto verde. “Mira cómo florecen tus viñas, Esther”, bromeaban sus vecinos. El primer año bajó la producción porque “la tierra no estaba acostumbrada”, pero luego se recuperó, y resulta que nadie murió de hambre en casa de Esther.

La bodega Diego de Lemos, que toma su nombre del abuelo de la matriarca —y coincide con el de un líder de las Revoltas Irmandiñas que se produjeron en Galicia en el siglo XV—, da trabajo a sus dos hijos y a su nieto enólogo. Produce entre 10.000 y 13.000 botellas de tinto mencía y blancos godello y treixadura en unas viñas libres de química y maquinaria, y su fundadora sigue escalando sus escarpados viñedos. 

A la viticultura en esta ribera la llaman heroica por el esfuerzo que requiere acceder a las cepas. Antes los cestos de uva se bajaban al río para cargarlos en barcas; ahora se suben a la carretera y se meten en un camión. Ella le quita importancia al poderío de su cuerpo octogenario: “Ya solo trabajo 8 o 10 horas al día”.

Se enorgullece de “hacer algo que no perjudica la salud” y critica a quienes solo quieren producir mucho para enriquecerse. En mayor medida que los no ecológicos, su vino no sabe igual todos los años, depende de una impredecible combinación de horas de sol y humedad. “Es el azar, la naturaleza. Así tenía que ser todo”, suspira."                  (Sonia Vizoso, El País, 22/03/20)

27/12/18

Matriarcado gallego: mi madre en el amor no tuvo barreras. Vivió a la vez con dos hombres. Yo tuve tres padres en casa: ella, José, mi padre biológico, y Maximino. Desde siempre vi aquella situación como algo muy natural...

"(...) A pesar, incluso, de que ha tratado con naturalidad a la muerte en su entorno: “Desde que murió mi abuela Dolores, supe que eso podía ocurrir en cualquier momento. Yo tenía seis años y ella se fue demasiado joven”. También ha sido un año duro por la muerte de su madre en marzo pasado. “Muy triste… Ella me enseñó varios porqués fundamentales en mi vida”.

Del sacrificio a la tolerancia, nada se le ha escapado del ejemplo de doña Matilde: “Era ATS y podía salir de casa en cualquier momento a poner una inyección o atender a alguien. En el amor no tuvo barreras. Vivió a la vez con dos hombres. Yo tuve tres padres en casa: ella, José, mi padre biológico, y Maximino. Desde siempre vi aquella situación como algo muy natural”.

Esas experiencias explican muchos de los amplios horizontes con que se cocinan sus canciones. También que este año sienta algo especial al entonar Negra sombra, su diálogo poético en torno a la muerte con Rosalía de Castro como médium. Procura aguantar las malas pasadas de la emoción: “Noto que se me cae alguna lágrima a veces, pero eso no es llorar. Cuando puedes seguir sin atragantarte, no estás llorando”. (...)"                   (Entrevista a Luz Casal, Jesús Ruiz Mantilla, El País, 17/12/18)

30/10/15

Las mujeres gallegas son las más positivas y las más fuertes emocionalmente de entre todas las españolas

"Las mujeres gallegas son las más positivas y las más fuertes emocionalmente de entre todas las españolas. 

Este es uno de los principales datos del primer Barómetro de Autoestima de la mujer española, un estudio realizado por la firma de cuidado personal Dove que pone de manifiesto la importancia de seguir trabajando en este aspecto. 

Y es que según los datos de esta encuesta, este índice -que refleja la belleza, la emocionalidad, la competencia intelectual y profesional y la relación con los demás- se sitúa entre las españolas en un aprobado justo de 5,6 sobre 10.

Sin embargo, y aunque las gallegas son las mujeres más positivas, todavía queda mucho trabajo para mejorarla. Según este estudio, una de las principales carencias se centra en el territorio de la belleza. Un 50 % de las mujeres de la comunidad se define como natural, mientras que un 61 % lo hace como normal -una cifra ligeramente superior a los datos del resto de comunidades-; además, las gallegas son las que menos se definen como atractiva (16 %) o femenina (26 %). Tan solo un 15 % se define como guapa, mientras que un 4 % lo hace como sofisticada (frente al 8 % de madrileñas y andaluzas) y un pequeño 1 % se presenta como preciosa.

El resultado sorprende, ya que las gallegas son las que se muestran menos satisfechas con su belleza (solo el 61 % afirma estarlo) y las menos seguras con su físico (58 %). Si el físico es una de las principales flaquezas de las mujeres de la comunidad, la competencia intelectual es una de las fortalezas. Son las que más se definen como inteligente (46 %), solo por detrás de las madrileñas (47 %) y son las más satisfechas con su capacidad intelectual junto con las valencianas (16 %). 

Las emociones también juegan un papel importante dentro del día a día de las mujeres gallegas. Ellas son las más positivas y fuertes emocionalmente y las menos sensibles. El optimismo y la valentía son, además, dos de las características que más las definen."               (La Voz14 de octubre de 2015)

22/3/11

"Es el "malestar sin nombre" de las que fueron lavanderas, pescaderas, estraperlistas, armadoras, pujaron en las lonjas..."


Descarga de bacalao en la factoría de Pesquerías y Secadores de Bacalao de España (PYSBE), en Pasaia (Guipúzcoa)

"Rosa García-Orellán, hija de gallegos emigrados al barrio marinero de Trintxerpe (Pasaia, Guipúzcoa), usa el término acuñado por la feminista Betty Friedan en la década de los setenta para explicar el sentimiento de impotencia que, 40 años después y convertida en antropóloga, percibe en las mujeres con las que creció.

Es el "malestar sin nombre" de las que fueron lavanderas, pescaderas, estraperlistas, armadoras, pujaron en las lonjas e incluso subieron el precio de los alquileres haciendo de intermediarias en el arrendamiento de habitaciones. (...)

En teoría, las mujeres gallegas del barrio de Trintxerpe (Pasaia, Guipúzcoa) acompañaban a sus maridos o padres, embarcados en la costera del bacalao. Emigraban porque ellos también lo hacían.

En la práctica, y a pesar de que el régimen franquista no les reservaba otro papel que el de madres y esposas, se hicieron empresarias, ahorraron, especularon y llegaron a "sentirse libres".

García-Orellán, hoy profesora en la Universidad de Navarra, estudia desde 2006 el papel de la mujer en la configuración de este barrio marinero que en los años 60 fue conocido como la ciudad del dólar, la pequeña Galicia del País Vasco o "la quinta provincia", porque el 90% de sus habitantes procedían de las Rías Baixas.

Durante la II República, además, el Trintxerpe de los gallegos fue profundamente anarquista y proletario: una huelga por el incremento de salarios dejó seis muertos y numerosos heridos. El episodio lo estudió el historiador Dionisio Pereira. (...)

La historia de Trintxerpe, que desde mediados del siglo XX ha crecido tanto que hoy sus calles se mezclan con las de la ciudad de San Sebastián, arranca en 1916 de la negativa de los marineros vascos a faenar en las parejas de arrastreros. Fue entonces cuando llegaron los gallegos, atraídos por sueldos más altos.

"Es un barrio peculiar, que se configura en torno a la pesca industrial", explica García-Orellán. Los patrones eran vascos, pero en las calles se hablaba gallego y, al menos en la primera generación de marineros emigrados, la endogamia era tal que la mayoría de matrimonios se hacía dentro de la comunidad.

Pero cuando ellos embarcaban o morían faenando, Trintxerpe se convertía en dominio femenino. "Se agrupan, establecen turnos para pujar en las lonjas. Especulan con las viviendas, se hacen gestoras, toman el espacio público y crean pequeños nichos de negocio, como talleres de ropa de agua.

¿Dónde queda la ideología del Régimen cuando ellas discuten con los hombres o pujan con ellos en la lonja?", se pregunta la antropóloga, que sostiene que no es hasta la época de bonanza de los años sesenta - favorecida por los créditos blandos que la dictadura franquista concede a los armadores para aumentar la producción- cuando las mujeres empiezan a replegarse a la vida doméstica.

Para la segunda generación de marineros, criados o nacidos en el puerto, comienza a cobrar prestigio el hecho de emparentar con la población local. "Se aspira a casar a la hija con un buen patrón de pesca", reconoce. Los niños tienen prioridad sobre sus hermanas a la hora de estudiar y "todavía se constriñe el cuerpo de la mujer".

Pero algo está cambiando. Finiquitada la cartilla de racionamiento, el contrabando continúa con productos prohibidos. La píldora anticonceptiva entraba en Trintxerpe por la frontera francesa y las familias extensas dejan de ser la norma.

"El control de la natalidad llegó antes a Trintxerpe que al resto de Guipúzcoa", relata García Orellán, "porque las mujeres interiorizan que tener más de tres hijos es una miseria".

Su trabajo, sin embargo, pocas veces fue entendido como algo distinto al refuerzo de lo ganado en el mar: nunca cotizaron y hoy son, lamenta García-Orellán, un buen ejemplo "de la feminización de la pobreza".

La crisis del sector pesquero en los setenta y ochenta trajo a muchas familias de vuelta. Otras se quedaron, pero el éxodo de los marineros gallegos al País Vasco acabó. "El relevo se hace con marineros portugueses. Los jóvenes ya no quieren embarcarse.

Ser marinero es lo último". Los que se quedaron, cuenta García-Orellán, "se volvieron más vascos que los vascos". Se cambiaron los nombres, adoptaron el euskera como lengua principal y algunos llegaron a militar en partidos abertzales." (El País, Galicia, 19/03/2011, p. 8)